Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

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Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

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octubre 03, 2014

Reseña: «El mercader de Alejandría», de Santiago Blasco

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Los descendientes de la dinastía ptolemaica son retratados en esta novela histórica de Santiago Blasco.

La novela histórica es un género que me encanta, sobre todo si nos remontamos al periodo clásico. Para mí abrir una novela de este estilo es similar al abrir ventanas al pasado. Me siento protagonista y espectadora al mismo tiempo, y es muy, pero que muy difícil que el libro me aburra o que pase por mis manos sin pena ni gloria. Desgraciadamente, El mercader de Alejandría es la excepción que confirma la regla. No he disfrutado todo lo que cabría esperarse de una historia que prometía ahondar en la no muy conocida dinastía ptolemaica, llegando a aburrirme en muchas ocasiones.

¿Y quiénes eran estos ptolemaicos? Quizá dicho así, no os suenen. Pero si nombro a Cleopatra, la última reina de Egipto y última descendiente de este linaje faraónico de origen griego emparentado directamente con el mismísimo Alejandro Magno, seguro que nos situamos todos en el contexto histórico sin equivocación alguna.

Mi principal problema con la novela ha sido que mis expectativas y el argumento en sí no han ido parejas. La sinopsis de El mercader de Alejandría prometía un argumento cargado de política, intrigas familiares, endogamia, sangre y venganza. Es decir, la historia de un muchacho que escapa de un baño de sangre orquestado por su propio padrastro-tío y que, dado por muerto, juega con una doble identidad para llevar a cabo todos sus deseos de venganza bajo la brillante mirada de la ciudad de Alejandría. Y el caso es que sí, eso mismo es lo que nos da el autor. Pero tengo que decir, con todo el dolor de mi corazón, que he encontrado más pasión en los blogs de novela histórica donde he aterrizado para empaparme y escribir esta reseña que en la propia narración de la novela. El principal problema de El mercader de Alejandría, a mi humilde entender, es que tiene el mismo ritmo que un libro de texto y la misma voz que un catedrático de historia clásica, deteniéndose muchas veces en detalles aparentemente irrelevantes y despachando de un plumazo otros que darían mucho más juego de cara a ser novelados. Y este es el principal problema: la novelización de la historia. He sentido que falta acción, falta interacción entre los personajes, faltan diálogos creíbles, naturales, menos modernizados y más a tono con el periodo histórico que presentan, y sobran datos, muchos datos, que enlentecen el ritmo interno de la novela.


El estilo del autor tampoco ha casado conmigo: lo he notado poco fluido para mí gusto. Hay frases tan largas, construidas a base de oraciones subordinadas una detrás de otra, que llegas a pensar que el punto y seguido ha dejado de existir. También hay una serie de muletillas (“luego de”, por ejemplo) que me han hecho pensar en la necesidad de un buen corrector de estilo para que la novela hubiese brillado en consonancia con su prometedor argumento. No me entendáis mal, a nivel documental, la novela es sobresaliente: realmente hay un gran trabajo de investigación detrás y salta a la vista desde la primera página. El problema ha sido la forma tan textual y ensayística de presentarla, su escasez de diálogos y la falta de interacción entre los personajes. Además, no he conseguido desarrollar ningún tipo de empatía con ellos. Digamos que me daba un poco igual lo que el destino les tuviese deparado tanto a Ptolomeo como a su madre, Arsínoe. 

En realidad, mi problema general con la novela han sido estos pequeños puntos que, por separado, me hubiesen dado igual. Sin embargo, todos juntos han hecho que mi interés por la historia decayera continuamente hasta el final.

En cuanto a la edición de Algaida, sigue la tónica de todas sus publicaciones: tapa blanda reforzada con solapas, papel normal, buen interlineado, letra adecuada, mapas, un árbol genealógico imprescindible para entender los matrimonios endogámicos típicos de las dinastías faraónicas y un glosario de personajes, que he consultado varias veces y que me ha sido de mucha utilidad. En ese aspecto, no tengo queja alguna, palabra.

En definitiva, El mercader de Alejandría es una buena forma de acercarse a un periodo histórico poco conocido para el público en general: la dinastía ptolemaica. Dinastía que rigió los destinos de Egipto desde la muerte de Alejandro Magno hasta su anexión por el Imperio Romano, y cuyo mejor exponente es un desconocido príncipe que pasó gran parte de su vida dedicado a la venganza, moviendo los hilos de Alejandría, entre las sombras. 


Ficha técnica
Fecha de publicación: 15 mayo, 2014. Editor: Algaida Editores. Géneros: Novela histórica.
Traducción: -. Páginas: 472. Precio: 18 €. Electrónico: Sí. Correlación: Lectura independiente.
Valoración
★★☆☆☆

5 comentarios

Nota para Eilonwy:

Estimada señorita:

Mi nombre es Santiago Blasco, y como podrá imaginar soy el autor de la novela "El mercader de Alejandría", que recientemente ha criticado en su página de internet.
Créame que siento enormemente que no haya disfrutado con mi novela, pues cuando escribo la única intención que me mueve es precisamente que mis lectores disfruten con la lectura de mis obras.
Por otro lado, sé que no se puede contentar a todo el mundo, y siempre habrá detractores a los que no gusten mis trabajos. La lástima es que sólamente queden reflejadas las malas críticas, mientras las buenas siempre permanecen en el olvido porque a casi nadie se le ocurre hacerlas públicas, quizás por vergüenza, o tal vez por apatía. A este respecto, creo que he recibido entre llamadas telefónicas y correos electrónicos, alrrededor de cien felicitaciones. Muchas de estas personas se han sentido identificadas con el presonaje principal, y en cambio otras le han despreciado por sus frías y meticulosas tomas de decisiones. Pero a todos les ha encantado la trama y la agilidad de la prosa. Por eso, me extraña mucho que afirme la inexistencia de pasión en mi obra y el ritmo lento de la misma.
En cuanto a lo de su poca empatía con el personaje principal, reconozco que es una cuestión muy particular de cada lector y no puedo añadir nada al respecto, salvo que muchas veces los personajes aparecen en los relatos para que los lectores los odien porque son contrarios a sus principios. El caso es mover el corazón del lector hacia una posición u otra, cosa que evidentemente no he conseguido en su caso.
Creo sinceramente que existen diálgos suficientes en mi obra para satisfacer al lector más exigente, cosa que tampoco a usted le parece adecuado.
Dice que son pequeños puntos sin importancia que todos juntos hacen que la obra no le haya gustado. A este respecto, debo volver a lamentar que como vulgarmente se dice, no le haya enganchado.
Espero que para la próxima novela me pueda decir algo bueno, porque no quisiera perder a una lectora que se ha molestado en escribir una reseña sobre un trabajo mío.
Le quedo muy agradecido por su tiempo y a su entera disposición para cualquier aclaración al respecto. Y si me lo permite, quisiera abusar de esta primera intervención y rogarle con toda la humildad del mundo que por favor me hiciera un pequeño favor:
Me gustaría que volviera a releer la novela pero esta vez en condiciones distintas a las anteriores, porque creo sinceramente que ha habido un fuerte desencuentro desde el principio que ha marcado su opinión para el resto del contenido.
Sin otro particular, aprovecho la ocasión para saludarla muy atentamente.

Buenas tardes, Santiago.

Soy Loren, redactor jefe de La Espada en la Tinta y también propietario. En primer lugar, mandarle un saludo porque no son muchos los autores que se toman su tiempo en comentar la crítica de uno de sus trabajos, así que gracias de primera mano.

En segundo término, quisiera comentarle, que aunque obviamente esta crítica de su novela está redactada desde el punto de vista subjetivo del que la escribe (en este caso Eilonwy), no es más que eso: una crítica subjetiva de una novela, pero en la que también se le añaden comentarios totalmente objetivos, como hacemos con todas las reseñas que se publican en este medio, para así poder contactar con los lectores y saber lo que les gusta y lo que no.

Es decir, que una crítica constructiva cien por cien objetiva no existe, y no sería una crítica como tal porque el que la escribe tiene a la fueza que establecer una barrera de la que partir y así emitir un juicio en condiciones. En esta web no creemos que el análisis de por sí, el que únicamente expone lo que se encuentra en la obra y que está exento de cualquier tipo de opinión, merezca la pena; no tiene siquiera utilidad alguna a la hora de hacer que un lector se decida o no por una obra al llegar a la librería.

Siento que la crítica publicada no haya sido de su agrado, y comprendo perfectamente que se sienta de algún modo molesto con ella, pero no ha habido mala intención alguna por parte del redactor o de aquel que le ha dado visto bueno (en este caso yo). Comprendo a su vez que una novela conlleva mucho trabajo y en ningún modo se le critica esa faceta, sino que queda implícito en cualquier crítica que hagamos y publiquemos sobre cualquier tipo de obra, sea cómic, novela o película.

De nuevo, gracias por pasarse por aquí y le invitamos a que nos siga regularmente para leer otras críticas que hacemos y porqué no, formar parte de esta comunidad de lectores.

Estimado Loren:

No es que me sienta molesto por la critica, ni tan siquiera que no haya sido de mi agrado, aunque indudablemente a nadie le gusta recibir malas opiniones.
Lo que ocurre, a mi modo de ver y al de muchas personas más que han leído la novela, es que la crítica no se ajusta a la realidad que ha apreciado un colectivo de muestra, que le aseguro es bastante grande y de un nivel intelectual muy aceptable.
Piense que una editorial de la importancia de Anaya (Algaida es su sello editorial para novelas) no se lanza al mercado literario con un trabajo que no merezca la pena en todos los sentidos.
Posiblemente, en mi mensaje no he sabido trasmitir correctamente la información, pero lo que siento es únicamente sorpresa.
Los motivos los deconozco y por eso ha sido mi recomendación de volverla a releer; solamente por eso.
De todos modos, le agradezco su pronta respuesta y espero coincidir en persona con usted en una mejor ocasión.
Sin otro particular, reciba un afectuoso saludo.

Hola de nuevo, Santiago.

En ningún momento hemos criticado la labor de Algaida (sé que pertenece a Grupo Anaya, y este a su vez a Lagardère), ni tampoco su nivel intelectual, porque como habrá podido comprobar si se ha dado una vuelta por la página, hemos reseñado bastantes novelas publicadas por ellos y han tenido críticas bastante positivas: http://www.laespadaenlatinta.com/search/label/Algaida

(da la casualidad de que casi todas son de la misma redactora)

No es que su novela haya sido malinterpretada, leída con intenciones poco ortodoxas, con dolor de cabeza, con gripe o haciendo footing, todo eso serían factores que habría que tomar en cuenta a la hora de captar una opinión de un libro, sino que simplemente no ha sido del gusto de la redactora por las razones que ya habrá podido comprobar en la reseña.

Se ajuste o no a la realidad, eso ya es una cuestión subjetiva de todo aquel que la lea, y no hay duda de que ha habido muchas ocasiones en que esa realidad no sea la que haya pretendido el autor, el editor, o cualquiera que haya trabajado en un libro impreso o digital. Pero nuestra realidad es la que hay, y El mercader de Alejandría no ha gustado, pero no descartamos el leer una futura novela suya, donde estamos seguros sabrá subsanar los errores cometidos en esta.

Totalmente de acuerdo con la crítica. E l mercader de Alejandría, pese a tener un argumento interesante tiene el mismo estilo literario que una lista de la compra. Sus párrafos inacabables, la escasez y poca calidad de los diálogos (simples y poco creíbles) hacen de la lectura una tarea insufrible. A todo esto hay que sumar unos personajes que carecen de todo interés y carisma y que, como dice la reseña, son del todo indiferentes al lector. En definitiva una novela que adolece de todos los defectos posibles, por mucho que el autor nos venda sus virtudes.

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