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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

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19 de mayo de 2015

Guía para empezar a leer las novelas de Joe Abercrombie, de 'La primera ley' a 'Medio rey'


Joe Abercrombie, también conocido como Lord Grimdark, se ha ganado a pulso el ser uno de los autores de fantasía épica más leídos de la actualidad, y motivos no le faltan. La idea de este artículo es la de hacer un pequeño repaso a sus trabajos y llegar a alguna conclusión sobre si esta o aquella otra novela es mejor para empezar a leerle.

Lo ideal es empezar por el principio.

¿Quién es Joe Abercrombie?

Si habitualmente lees fantasía y no te suena de nada el apellido Abercrombie, hay que ponerse al día. Este británico originario de Lancaster que edita películas y ahora escribe novelas de fantasía a tiempo completo nació en el año setenta y cuatro, y después de pasarse un tiempo preparando té en una productora, se hizo freelance en esto de la edición de películas.


Todavía no han pasado ni diez años desde que Gollancz publicó La voz de las espadas (The Blade Itself), pero sí nueve. Curiosamente, el autor ya tiene en su haber nueve novelas escritas (la novena es Half a War y se publica dentro de dos meses en inglés), más un puñado de relatos ambientados en el mismo mundo de su primera trilogía fantástica.

Pero antes del éxito de crítica que supuso La voz de las espadas, Abercrombie se pasó varios años pensando en lo que él consideraría redefinir el género fantástico. La escritura de La voz de las espadas le llevó dos años y se pasó el siguiente aceptando negativas de editoriales que no querían aceptar su primera novela, hasta que fue Gollancz la editorial que finalmente dio el paso. El éxito del autor es palpable, y se ha llevado unas cuantas nominaciones como el premio John W. Campbell al mejor primer autor o el Locus. Los dos años que siguieron a la publicación de La voz de las espadas fue cuando se publicó el resto de la trilogía, a saber: Antes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes.

Yarvi, el personaje central de Medio rey según Jon McCoy

No hay de momento pruebas suficientes como para afirmar que los editores que rechazaron a Abercrombie al principio se hayan arrastrado hasta la casa del autor para pedir perdón por sus errores. "De vuelta al barro", como diría él.

Tras seis novelas para adultos, y dejar de momento aparcado ese terreno hasta nueva orden (el acuerdo ya está firmado de todas formas), el autor se adentró en la literatura juvenil (jóvenes adultos o young adult lo definiría mejor) con una nueva trilogía, "El Mar Quebrado", cuya primera entrega, Medio rey, acaba de publicar Fantascy en español.

El ámbito young adult queda atrás con la publicación en julio de Half a War, momento en que el autor pasará a escribir más novelas de fantasía para adultos.

"Seguiremos tu carrera con gran interés", dijo una vez alguien de La amenaza fantasma, porque con ese ritmo de escritura qué duda cabe de que estamos ante un autor bastante prolífico, y lo que le queda.

Algunos personajes de "La primera ley" en versión cómic

¿Por dónde empezar?

Hasta ahora las novelas de Abercrombie publicadas por Alianza eran lo único que se podía leer del autor en español (pero no "único" en el sentido de "madre mía qué poco", sino de bloque individual, ya me entendéis), pero entonces entra en escena HarperCollins (Fantascy en español) y publica la trilogía juvenil del Mar Quebrado.

La incursión del autor en el terreno juvenil abre el camino a nuevos lectores que se interesan por sus novelas, muchos de los cuales todavía no habían leído nada suyo o simplemente por ser young adult y tratarse de un terreno que dominan, en plan "hay-un-nuevo-autor-en-el-cotarro-al-que-seguir-la-pista", se lanzan a leer lo que ha preparado para ellos, pero sin que por eso deje de lado a sus fieles lectores.

La pregunta que ronda a los devoradores habituales de sus novelas para adultos de si les gustará habiendo leído sobre Logen, Bayaz, Ferro, Jezal, Glokta y compañía es lo primero que se oye en el viento. ¿Es Medio rey demasiado juvenil, merece la pena meterse en ese terreno? Por supuesto que sí, el estilo de Abercrombie es el mismo de siempre, con algunas diferencias fruto de adaptar su lenguaje y situaciones a un entorno más juvenil, y una trama algo más lineal.

Si eres de los que disfrutó como un enano leyendo "La primera ley" y sus tres spin offs (La mejor venganza, Los héroes y Tierras rojas), deberías acercarte a Medio rey sin miedo, merece la pena la experiencia porque no es tan juvenil como se pueda pensar, y el personaje protagonista (al menos de la primera novela) está muy bien caracterizado gracias a su defecto de nacimiento y los desafortunados encuentros que le toca vivir. Las desventuras de Yarvi siguen un patrón parecido al de Monza Murcatto en La mejor venganza, salvando las diferencias (si la has leído ya sabes a qué me refiero).

Es cierto, Medio rey recurre a la clásica historia de iniciación, algo que también estaba en "La primera ley" pero en mucha menor medida, aunque no deja de estar presente la cuestión "no me apetece nada hacer esto pero soy el rey y es mi obligación". La diferencia de esta trilogía juvenil con "La primera ley" es que en aquella los personajes son todos unos veteranos (salvo Jezal, protagonista indiscutible de la mencionada historia de aprendizaje y crecimiento), curtidos en mil historias, con unas habilidades combativas bastante altas, y sin una gota de la inocencia (salvo en contadas ocasiones porque son humanos) que caracteriza a la mayoría de personajes de historias young adult. La principal virtud de las novelas para adultos de Abercrombie es que sus personajes ya están crecidos y se saltan directamente el paso de aprendizaje.

Logen Nuevededos por Chris McGrath

¿Y qué pasa si todavía no habías leído a Abercrombie y quieres empezar por Medio rey? No pasa absolutamente nada, es una opción tan válida como cualquier otra, de hecho hasta tiene una cualidad muy positiva: si has terminado Medio rey y el estilo de Abercrombie te parece estupendo, sin duda querrás leer más cosas suyas. Podrás saltar directamente hasta "La primera ley" y leer un tipo diferente de fantasía, con otro tipo de personajes, pero una historia de fantasía al fin y al cabo con temas comunes (grupo de aventureros, mazmorras, magos, etcétera), pero con un grado de salvajismo y violencia acorde al tipo de público al que está dirigida.

Eso sí, hay una regla que debes cumplir tanto si vas a empezar a leer Abercrombie por su obra juvenil como su obra adulta: no empieces a leer directamente los spin offs, ya que estos dependen en gran medida de "La primera ley" y se cuentan detalles de aquella (sería empezar a leer Dragonlance por La tumba de Huma). Lee las novelas para adultos en el orden en que fueron concebidas. Si lees en inglés tampoco es aconsejable leer sus relatos así de primeras, ya que también se ambientan en el mundo de "La primera ley" (se recopilarán en una antología). Hay un cómic de La voz de las espadas, pero la novela es definitivamente mejor.

Una vez dicho eso ya estás preparado para leer al británico de Lancaster.

Medio rey no comparte mundo con La voz de las espadas

La trilogía "El Mar Quebrado" tiene lugar en un universo totalmente diferente al de "La primera ley". Medio rey tiene una ambientación nórdica muy obvia en cuanto abrimos el libro y empezamos a leer la primera página. Por supuesto que tiene su propio panteón de dioses, mares, reyes, países, ciudades, bosques y criaturas fantásticas.


Hablar de ambientación nórdica, o coloquialmente conocida como vikinga, puede confundir a más de uno, por lo que conviene aclarar que Medio rey no tiene para nada una ambientación histórica, como tampoco la tienen El Señor de los Anillos, Un mago de Terramar o los anteriores libros de Joe Abercrombie. Tanto Medio rey como La voz de las espadas, Tierras rojas o Los héroes tienen lugar en mundos de fantasía totalmente salidos de la imaginación del autor, y que sean de fantasía no quita que no podamos establecer símiles con la historia de nuestro mundo, e incluso leer un western adaptado a un entorno fantástico, como es el caso de Tierras rojas.

"¿Una de vaqueros? Puaj, no me gusta que se fundan géneros en las novelas de fantasía", podrían pensar algunos, a lo que se tiene el deber de responder que es algo totalmente natural que se lleva haciendo desde el inicio de los tiempos y podemos recurrir a un montón de ejemplos que son clásicos de la novela fantástica.

A diferencia del Cosmere de Brandon Sanderson, donde la mayoría de sus obras están de alguna forma relacionadas y forman parte de un multiverso, las novelas de Joe Abercrombie se ambientan en mundos separados, por lo que, y hasta que los lectores sepan, no hay posibilidad de que la trilogía "El Mar Quebrado" tenga lugar en algún rincón del mundo de "La primera ley", como pasaba con Al-Qadim, el escenario de corte árabe del Faerûn de Reinos Olvidados.

Que Yarvi sirva de inspiración para un futuro personaje de la nueva trilogía para adultos de Abercrombie es otra cosa.

El resumen de todo esto es que no necesitas haber leído Medio rey para disfrutar de "La primera ley", y viceversa. Cada obra es independiente de la otra y se sostienen por sí solas. Para que te hagas una idea, leer Medio rey sería como leer las novelas juveniles de Terry Pratchett: sabes que son young adult (o juveniles, si no te gusta el término en inglés), pero su estilo sigue siendo muy parecido como para que la diferencia no te importe lo más mínimo si ya sabes lo que tienes entre las manos.

¿Y ahora?

¿Ya tienes Medio rey? Léelo y disfrútalo al máximo, pero hazte luego con "La primera ley", no te arrepentirás. ¿Hace años que has leído La voz de las espadas y las novelas siguientes? Entonces acércate a una librería a por Medio rey, tampoco te arrepentirás.

mayo 19, 2015y

9 de abril de 2015

Guía de la literatura de terror. Segundo período: de 1940 hasta 1979. Los clásicos modernos


Las primeras décadas del siglo XX fueron la edad dorada del terror. Shelley, Stoker, Poe, Machen y los tres pistoleros de la Weird Tales dejaron un legado impresionante, casi inigualable. Y lo que es más interesante, enfocaron el horror desde tantos ángulos que parecía imposible encontrar nuevos terrenos a explorar.

☛ Libros y autores que podrás encontrar en esta guía

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard (Bloch, Leiber) toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas própias (Bloch con Psicosis sin ir más lejos), surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación (Straub, Blatty) y auténticos mastros del relato. La literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Tryon, Ray o Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos.

1. Malpertuis de Jean Ray (1943)
2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror de Robert Bloch (1947-58). Valdemar
3. Pesadilla a 20.000 pies de Richard Matheson (1951-69). Valdemar
4. La maldición de Hill House de Shirley Jackson (1959). Valdemar
5. La feria de las tinieblas de Ray Bradbury (1962). Minotauro
6. El quimérico inquilino de Roland Topor (1964). Valdemar
7. La semilla del diablo de Ira Levin (1967)
8. El exorcista de William Peter Blatty (1971). Ediciones B
9. El otro de Thomas Tryon (1971)
10. Nuestra señora de las tinieblas de Fritz Leiber (1977)
11. Fantasmas de Peter Straub (1979)
12. Ceremonias macabras de T. E. D. Klein (1984) 

Esta segunda mitad de siglo podría haber supuesto simplemente la modernización del género: recoger lo que ya se había hecho y actualizarlo, darle una capa de barniz para que encajara primero con el frío de los años cincuenta, lo experimental de los sesenta o con los relucientes años ochenta. En parte fue así: muchos imitaron a Lovecraft, algunos "alumnos" directos que habían conocido al ermitaño de Providence o habían trabajado en la Weird Tales, otros autores más tardíos que se apuntaron al carro de los mitos; de este modo el fenómeno de Cthulhu siguió creciendo y prosperando. Esta actualización de lo hecho previamente para adaptarlo a los nuevos tiempos era el camino fácil y en parte, el que se siguió. Pero autores de mucho talento lograron dar un paso más y al recoger el testigo de los grandes temas del terror llevaron la adaptación más lejos, hasta conseguir una transformación.

Una excepción a esta tendencia de recoger lo sembrado en la generación anterior y transformarlo fue la Malpertuis de Jean Ray, auténtica obra de culto que clama por una reedición de Valdemar desde hace décadas. Tengo una relación bastante personal con esta novela: la leí en un viaje a Gante, que es precisamente donde se ambienta la acción. No sé si visité la ciudad en un momento particularmente oportuno o se trata de la tónica habitual por estos lares, pero me tocó profundamente su ambiente lúgubre. Cielos grises, días lluviosos, andando por calles igualmente grises y rodeado de arquitectura medieval, altas torres góticas, la mole del Gravensteen, los fríos canales... y en el hotel, Malpertuis esperándome. Y al salir, Malpertuis acompañándome en el bolsillo de la chaqueta. Auténticamente adictiva, me metí completamente en el ambiente de la novela ayudado por las calles de la ciudad que encajaban tan bien con el escenario que Ray proponía. No se puede definir Malpertuis. Solo se puede intentarlo y confiar en que uno sea lo bastante elocuente como para incitaros algún deseo de leerla.

Malpertuis es el punto en que se cruza el atractivo de los mitos helénicos —con sus luces y sombras— con la oscuridad europea: es donde se encuentran el fervor vitalista de los escritores francófonos —en contraste con los anglosajones— con el terror abstracto, evocador, de un Alfred Kubin. En wsta, su mejor obra, Jean Ray nos lleva por donde quiere, como quiere, de la mano de su protagonista: con palabras elevadas, nos inspira y nos hace vibrar con la tensión, el pavor —el de tipo paralizante— que siente. Al final, al cerrar el libro, a uno le quedará, seguro, la sensación de haber leído un clásico inmortal. Al 1971 se adaptó al cine de mano de Harry Kümel; entre el casting destaca nada menos que Orson Welles.

Richard Matheson y Robert Bloch, dos autores punteros


Mientras Jean Ray escribía su obra maestra en la vieja Europa, en todo el mundo el cine y la televisión se consolidaban como un fenómeno  de masas: el vehículo al que uno debía subirse. El cómic americano perdió el tren, y no ha sido hasta muy recientemente que ha sabido aprovecharse de la gran pantalla para potenciarse hasta límites insospechados. El terror supo valerse mejor de los nuevos medios y ya desde los mismos inicios del cine nos estaba obsequiando con joyas como el Nosferatu de Murnau, el Freaks de Browning, el Drácula de Terence Fisher con Christopher Lee y Peter Cushing como estrellas principales, y más tarde series como The Twilight Zone

Es aquí donde entran dos nombres imprescindibles para entender estas décadas: Bloch y Matheson. Bloch fue un miembro tardío del círculo de Lovecraft; en sus inicios contribuyó con relatos propios al universo de los mitos (su novela El horror que nos acecha relata este fin de los tiempos que Lovecraft predijo con el despertar de Cthulhu) pero fue la novela Psicosis la que supondría un punto y aparte en su carrera. Es a partir de entonces cuando se centraría en temáticas más cercanas al terror psicológico mezclando la novela negra con lo sobrenatural. La antología de Valdemar Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror recoge muchos de los mejores relatos de este indiscutible maestro del terror y la intriga, incluyendo "Tren infernal" (That Hell-Bound Train), una historia de pacto fáustico entrañable que en 1959 ganó el premio Hugo al mejor relato corto.


Matheson, igual que Bloch, trabajó en la televisión, escribiendo muchos episodios de la mítica The Twilight Zone. El relato que da nombre a la antología que he seleccionado, Pesadilla a 20.000 pies, fue adaptado para un episodio memorable de la misma. Matheson tenía un estilo muy propio del guionista que escribe literatura: sencillo, directo, con un control perfecto de la atmósfera. Leyéndolo siempre he sentido como si estuviera ante un texto periodístico. Este método —que abandona lo barroco de muchos de sus predecesores— dio una frescura a sus obras que es su mayor signo de distinción. Destacar su aportación más importante al género: la vuelta de tuerca. Con La casa infernal, El hombre menguante y Soy leyenda recogió ideas y conceptos clásicos y los presentó bajo un nuevo punto de vista. Así nos brinda la rara posibilidad de seguir los pasos del último humano convertido en mito en un mundo de vampiros o explorar una casa demoníaca con criterio científico. Matheson supone para mi la personificación de lo que fue este segundo período del terror.

Shirley Jackson define el tema de las casas encantadas


Sin abandonar el tema de las casas encantadas, me parece claro que Matheson se inspiró en una obra anterior para redactar su Casa infernal. Hablamos de La maldición de Hill House de Shirley Jackson. La autora estadounidense dio forma en 1959 a la novela de casas encantadas definitiva, perfecta —con todo el respeto debido a la posterior obra de Matheson—. No le puedo encontrar un solo defecto a esta obra maestra que, sin derroches de sangre y víscera, sin efectismos, logra invocar el terror puro. ¿El método? una conexión real entre el lector y sus protagonistas, en particular Elanor, criatura sensible y trágica donde las haya. Se trata pues de terror psicológico que busca —y consigue— establecer una tensión que va in crescendo hasta el memorable final. Nada que ver por cierto con las adaptaciones al cine (la primera en 1963, el remake en 1999), que aún siendo potables, no llegan ni de lejos a la altura del material original.

La feria de las tinieblas es quizás una de las incorporaciones más cuestionables a esta lista. No por falta de mérito, que tiene mucho: simplemente por contraste con otras obras de Ray Bradbury. No hay duda de que Fahrenheit 451 es un clásico monumental de la distopía, y quien no se estremezca con la idea de los bomberos quemalibros no sé qué hace leyendo esto. Las crónicas marcianas seguramente sea su otra pieza fundamental. Bradbury es más conocido por su ciencia ficción que por cultivar otros géneros, y más por el relato que por la novela, pero con La feria de las tinieblas —primer libro que leí del autor— me impresionó muchísimo. El habitual lirismo de Ray Bradbury alcanza aquí unas cotas altísimas. Si uno lee solo el primer capítulo es imposible que pueda dejar de lado la lectura. La tormenta que se aproxima y el vendedor de pararrayos que la precede; dos muchachos de trece años que con la llegada de la feria van a verse envueltos en un enredo sobrenatural tan perverso y a la vez tan bello que no sé si describirlo como sueño o pesadilla. Amistad, tentación, pérdida de la inocencia: los grandes temas que aborda este clásico que ningún lector, conozca o no a Bradbury, debería perderse. En 1983 se adaptó de forma bastante decente al cine.

¿Has visto lo que hace la guarra de tu hija?


La semilla del diablo y El exorcista son obras archiconocidas gracias especialmente a sus adaptaciones al cine: pero lo que quizás no sea tan conocido es que ambas nacieron de sendas novelas. Estos cuatro títulos (las dos películas y las dos novelas en que se basan) suponen un fenómeno sorprendente por lo extremadamente inusual. Normalmente, cuando se adapta una novela a la gran pantalla uno puede asegurar que la novela es mejor en el noventa por ciento de los casos. Muy raramente se da el caso de novelas que se ven superadas por su versión cinematográfica: El padrino o Blade Runner, quizás El resplandor. Allí donde un libro requiere para triunfar de un solo autor inspirado, una película es una obra coral que necesita el trabajo de multitud de personas, presionadas todas ellas por las exigencias de las grandes compañías. Si el poner de acuerdo la visión de un director con el trabajo de productores, guionistas, directores de casting y actores es difícil, añadiéndole el peso de tener que obtener un producto que funcione en las salas y devuelva —y con beneficios— la inversión inicial, hacer una buena película parece un milagro. En el terror es especialmente difícil contentar a todo el mundo, y aquíes especialmente cierta la afirmación de que "la novela siempre es mejor".

Por ello resulta más interesante el fenómeno al que me refiero, y es que La semilla del diablo y El exorcista son dos novelas cuyas adaptaciones a la gran pantalla están a la altura con un equilibro tan perfecto que no soy capaz de decir si son mejores las unas o las otras.

Dicho esto, ¿qué decir de dos clásicos de esta talla? Seguramente todo el mundo ya ha visto por lo menos El exorcista. Ambas comparten una misma temática, la influencia del diablo sobre la vida de familias de clase media alta: cultos satánicos por un lado, posesiones demoníacas espontáneas por el otro. Ambos libros representan el máximo exponente de este subgénero.

Fritz Leiber se anticipa al New Weird


Con Nuestra señora de las tinieblas Fritz Leiber —autor multitarea recordado con muchísimo cariño sobre todo por su saga de Fafhrd y el Ratonero Gris— intenta un experimento que parece preceder el fenómeno del New Weird que tanto triunfa actualmente de la mano de China Miéville o Jeff VanderMeer. En su novela el protagonista se encuentra con una práctica tan original como surrealista: la megapolisománcia, o magia de las ciudades: en gran parte por pura casualidad se ve mezclado en una historia del tipo de las que solía firmar Lovecraft cuando una criatura —¿sobrenatural?— fija en él su mirada. Para escapar de su influjo, nuestro protagonista tiene que investigar la vida del fundador de esta ciencia oculta, en un recorrido tan barroco que también me recuerda mucho a Tim Powers y sus extrañas y efectivas mezclas de conceptos.

El quimérico inquilino y El otro son dos novelas que me impactaron muchísimo: poco conocidas quizás, y por ello más que necesitadas de reivindicación. La primera, obra de Roland Topor (escritor e ilustrador), es el mejor y más estremecedor relato del descenso en la locura que he leído nunca. El protagonista queda completamente alienado de la realidad: se mueve en un mundo que ni nosotros sabemos si es real o está dentro de su mente; y todo arranca desde un hecho tan banal como alquilar una habitación. Quizás lo más terrorífico es lo absurdo que resulta todo, un poco kafkiano, la completa incertidumbre que llega a sentir el protagonista acerca de su cordura. Otra vez surrealismo, y a la máxima potencia: desde el principio hasta el demoledor —en serio, brutal— final. En 1976 Roman Polanski lo adaptó a la gran pantalla.


El otro de Thomas Tryon es al subgénero del terror con niños de por medio lo que La maldición de Hill House lo es al de las casas encantadas. No comprendo como no se cita más a menudo. Aquí encontramos a dos hermanos gemelos que, en el seno de una familia de Nueva Inglaterra —paraíso estadounidense del terror— jugarán con el lector a uno de estos juegos retorcidos que enfrentan la inocencia con la maldad, la realidad y la percepción de la misma, el mundo de los niños y el de los adultos. Y éstos —niños y adultos, los gemelos, su abuela, su madre— son personajes del tipo con el que uno llega a enternecerse. Escrito con un estilo rico, descriptivo, es una obra sorprendente y más cuando se tiene en cuenta que supuso el debut de su autor. Por desgracia sería un one hit wonder. En 1972 se adaptó al cine con Uta Hagen como estrella principal.

Los años setenta empiezan a dar sus frutos


Acercándonos ya al final de esta Edad Media del terror, nos situamos en un momento —la segunda mitad de los setenta— en el que Stephen King ya empezaba a triunfar. Y al lado de Stephen King surgieron otros muchos autores norteamericanos que escribían en un estilo bastante similar y acerca de temas muy parecidos, aunque con menos fortuna. Dos de los que mejor le emularon —en cuanto a copar las listas de bestsellers del terror de la época— fueron Dean Koontz (autor infame que desaconsejo fervientemente) y Peter Straub. Este último es un autor irregular, que con Fantasmas alcanzó la cima de su carrera, y luego ya fue todo cuesta abajo. Fantasmas tiene muchas similitudes con una de las obras maestras de King, IT, a la que precede. Un grupo de amigos que se reúnen tras muchos años para enfrentarse a un enemigo del pasado al que temen con un horror absoluto, del que desearían rehuir, pero de cuyo exterminio se sienten responsables. Straub narra sus experiencias particulares con un tipo de terror arcaico; un depredador que les acecha a la vez que describe a la criatura con sencillez y efectividad logrando que resulte interesante e incluso cautivadora. Y si, también se adaptó al cine en 1981 con el título de Ghost Story.

Cerramos el repaso a la lista con la fantástica Ceremonias macabras de T. E. D. Klein, un gran desconocido que a mediados de los ochenta escribió un gran homenaje a todo un género y en particular a Arthur Machen. Comparte con las obras de aquel el foco en el contraste entre la vida rural y sus arcaísmos y la urbanita; antiguos cultos que van desarrollándose ante los ojos del joven protagonista que pasa de espectador a parte de ellos. Si no por sus cualidades como novela, leedlo por la riqueza de su trasfondo: Klein usa multitud de referencias a clásicos del género que resultan tremendamente útiles.

Mención honorífica merece Richard Laymon, autor muy prolífico en aquella época que por razones que no alcanzo a comprender goza de cierto estatus de culto. Como debo tener un vena morbosa o masoquista he leído muchos —demasiados— de sus libros esperando encontrar en alguno de ellos la razón por la que se le considera un nombre importante dentro del género. Y nada, no ha habido manera. Me parece que cada una de sus obras es un asombroso despliegue de machismo, obsesión sexual enfermiza, gore mal llevado y una demostración de que escribiendo de cualquier manera, sin talento, también se puede lograr publicar, lo cual siempre inspira optimismo. Si acaso alguien quiere adentrarse en su ficción sugiero la menos mala de las obras que le he leído, El espectáculo del vampiro, donde se le ve un poco contenido para beneficio de todos.

Conclusión

Comentaba al comenzar el artículo que esta era la época en que el terror consolidaba su presencia en el cine. Y si revisamos la lista, veremos que la mayor parte de estos títulos cuentan con una (o varias) adaptaciones a la gran pantalla. Más que retroalimentarse, es el cine el que bebe directamente de la literatura, y aquí queda más claro que nunca. Me parece interesante ver algunas de las películas, desde Malpertuis a El exorcista y comparar con las novelas.

Espero que os haya gustado este recorrido a una etapa sumamente interesante, y que nos ofreció de todo y para todos los gustos. Como siempre, os invitamos a que aportéis vuestras propias sugerencias a la lista, así como cualquier crítica que os parezca apropiada. Podéis consultar aqui la lista completa, y aquí el desglose del anterior período.

Estad atentos porque pronto publicaremos el articulo sobre el tercer y último período. Aprovechamos para recordaros que podéis consultar las guías anteriores en los siguientes enlaces: Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el géneroGuía de la literatura de terror. Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Las obras fundacionales.

abril 09, 2015y

20 de marzo de 2015

Los caminos de Mundodisco, o las diferentes formas de recorrer el mundo de Terry Pratchett


Un disco sostenido sobre las espaldas de cuatro inconmensurables elefantes de pie sobre la concha de una aún más descomunal tortuga: Gran A'Tuin, quien nada incansable por el vacío del espacio. Mundodisco es el más inverosímil de los mundos de fantasía y al mismo tiempo uno de los más coherentes. A lo largo de veinticinco años Terry Pratchett lo edificó novela a novela, añadiendo material de apoyo, ilustraciones, guías y mapas, que a su vez, en un fenómeno de universo expandido, generarían juegos de mesa, series, películas, merchandising y figuras. ¿Se habría imaginado en 1983 al publicar El color de la magia que le seguirían cuarenta novelas a cada cual más celebrada?

Sea como fuere, este legado tan vasto que ha dejado y que para tantos ha supuesto durante muchos años un placer recurrente es aún terreno desconocido para demasiados: y es que, cuando hablamos de series tan largas, a veces es difícil decidir por donde empezar o, peor aún, como seguir... Y aquí es donde entramos los lectores veteranos.


Antes de empezar con un breve repaso a las novelas de Mundodisco, comentar su tono general. Tenemos que tener claras dos cosas. Primera, Terry Pratchett fue un genio: requiere mucho talento el crear fantasía original que prescinda de los referentes de los que el resto de autores no saben alejarse. Terry Pratchett no es Tolkien, no es Dunsany, no es Peake, no es Branch Cabell: es una voz propia, única. Segundo, su fantasía es inseparable de lo satírico, y su sátira no tiene igual en el género. Para mi supera a Douglas Adams y su Guía del autoestopista galáctico, que sería el caso más similar que se me ocurre. Y la sátira de Pratchett no está vacía: construida con ingenio y la habilidad de un gran escritor esconde un mensaje, una forma de ver la vida asombrosamente práctica, vitalista, cargada de una especie de sabio cinismo del que sabe ver lo absurdo del mundo en que vivimos y aún así amarlo. 

Dicho esto, empecemos con el listado. Podemos considerar que las cuarenta novelas que conforman Mundodisco se agrupan por sagas, que comparten unos mismos personajes y normalmente un mismo emplazamiento. Cada una de estas sagas la podemos imaginar como un camino que uno puede tomar para recorrer el imaginario de Pratchett: a veces estos caminos se cruzan brevemente, en otras ocasiones recorren el mundo entero sin llegar a tocarse, pero siempre avanzan y a medida que recorremos cualquiera de ellos avanzamos en la cronología general de Mundodisco.

La saga de Rincewind o saga de los magos


Me asustan los suelos.
Querrás decir las alturas —dijo Conina—. Y deja de hacer el tonto.
¡Ya sé lo que quiero decir! ¡Son los suelos los que te matan!”
Rechicero

Con El color de la magia nace Mundodisco. Todo gira al principio en torno al personaje de Rincewind, aunque a medida que los secundarios van ganando personalidad la serie enfoca la vista en otros individuos: en las últimas novelas de la subsaga el archicanciller Mustrum Ridcully ya está en primera línea. Quizás es la saga que muestra un tipo de humor más absurdo, estrafalario, acorde a sus histriónicos protagonistas. Los magos de Terry Pratchett son seres fatuos, hedonistas, niños cargados de poder: todo lo que los rodea tiende al caos. La componen los siguientes libros, por orden cronológico:

  1. El color de la magia
  2. La luz fantástica
  3. Rechicero
  4. Fausto Eric
  5. El país del fin del mundo
  6. Tiempos interesantes
  7. El último héroe
  8. El Atlético Invisible
Resulta difícil escoger un o dos títulos a destacar. Quizá los dos primeros son merecedores de más atención, ya que con ellos empezó todo. Aparte de la visión tradicional del mago, del héroe y la heroína, Pratchett satiriza brillantemente a Lovecraft. Otra muy destacable novela es Rechicero, con un poco más de pirotécnica mágica. Mucha atención a Rincewind: pocas veces el patetismo resulta tan entrañable. Merecen mención aparte el archicanciller, el bibliotecario de la universidad, Gaspode el Perro Maravilla y Cohen el Bárbaro.

La saga de las brujas


¿Qué clase de persona —dijo Salzella con paciencia— se sienta y escribe una risa maníaca? ¿Y ves todos esos signos de exclamación? ¿Cinco? Un signo claro de alguien que lleva los calzoncillos en la cabeza. La ópera le puede hacer eso a un hombre.”
Mascarada

Teóricamente, este camino nace con Ritos iguales, primera aparición de Yaya Ceravieja; pero la forma definitiva no llega hasta Brujerías, cuando se le unen Tata Ogg y Magrat Ajostiernos en un triunvirato que parodia el de la triple diosa (doncella, madre y anciana) y las brujas de Macbeth. Intentando aislar un elemento muy característico de cada serie, si en la de los magos era el poder y el caos, diría que aquí el concepto central es "cabezología", la particular metodología de Yaya para tratar a la gente: a veces a personas con psicologías un poco alteradas, a menudo psicópatas, como la duquesa de Brujerías o la reina de los elfos.

  1. Ritos iguales
  2. Brujerías
  3. Brujas de viaje
  4. Lores y damas
  5. Mascarada
  6. Carpe Jugulum
De esta saga recomendar en especial los tres primeros títulos. En Ritos iguales Pratchett parece que aún no tenía del todo claro como iba a enfocar el tema de las brujas. Yaya hace de tutora de Eskarina, la primera maga del Disco. Como tal da muestras de capacidades mágicas de una naturaleza que no vuelve a aparecer en la saga, particularmente en el apoteósico final. Todo parece una referencia en clave femenina a la película de Disney Merlín el encantador (o del libro de T. H. White, que va antes), batalla entre Merlín y Madame Mim incluida.

Brujerías es una divertidísima revisión de la historia de Macbeth con uno de los mejores comienzos que Pratchett ha escrito y Brujas de viaje es, quizá, una de las dos o tres novelas más divertidos de Mundodisco, donde las tres brujas parten hacia Genua para deshacer un entuerto de cuento de hadas. Cabe destacar muy especialmente a Yaya Ceravieja, mi personaje favorito y uno de los mayores logros de Pratchett, sin olvidarse de Tata (su perfecto contrapunto) o la moderna Magrat. ¿La invocación de un demonio en el lavadero? Memorable. 

La saga de la Muerte


SOY LA MUERTE, NO LOS IMPUESTOS. YO APAREZCO SOLAMENTE UNA VEZ.”
Pies de barro

La Muerte era un invitado recurrente en las sagas de otros personajes hasta que en Mort pasó a un papel protagónico. El más flemático de todos los grandes personajes de Pratchet es también el más difícil de manejar: demasiado poder y una función muy concreta de la que no puede alejarse demasiado. Por ello a menudo el protagonismo recae en sus allegados: Susan Sto Helit o Albert.

  1. Mort
  2. El segador
  3. Soul Music
  4. Papá Puerco
  5. Ladrón del tiempo
Destaco especialmente El segador con la primera aparición de la Muerte de las Ratas y los Auditores de la Realidad (los villanos más aburridos del universo; en el buen sentido), o Papá Puerco, donde estas criaturas vuelven a meterse en el camino de los conceptos antropomórficos como la propia Muerte o, en este caso, el equivalente a Mundodisco de Papá Noel. 

La saga de la guardia


“Estaba resultando uno de esos días... uno de esos que le tocan a uno todos los días.”
El quinto elefante 

Todas las sagas de Mundodisco muestran una gran calidad, pero la que mantiene un nivel más estable es la de la guardia: cada entrega es memorable. Al principio parece que la carga protagónica recae en el nuevo recluta Zanahoria, después se desplaza al capitán Vimes —otro gran hallazgo de Pratchett—. Vimes va prosperando a lo largo de esta saga y bajo su mando prospera la guardia de la ciudad y la ciudad misma. Así, la Ankh-Morpork oscura, decadente y sucia de ¡Guardias! ¡Guardias! acaba convirtiéndose en la abierta, avanzada, diversa e igualmente sucia ciudad que vemos en ¡Zas! o Ronda de noche. Cada novela gira normalmente en torno a algún caso policial que la guardia debe resolver.

  1. ¡Guardias! ¡Guardias!
  2. Hombres de armas
  3. Pies de barro
  4. ¡Voto a brios!
  5. El quinto elefante
  6. Ronda de noche
  7. ¡Zas!
  8. Snuff
Recomendados especialmente la primera novela, ¡Guardias! ¡Guardias!Pies de barro y Ronda de noche. Este último hará las delicias de los más devotos al ofrecernos una visita a la antigua Ankh-Morpork pre-Vetinari, visita que Pratchett aprovecha para describir una brillante revuelta popular. ¿Personajes clave? Zanahoria, la cabo Angua, el propio Vimes o, cómo no, el extraordinario Vetinari, destilación perfecta de la esencia de El príncipe de Maquiavelo. 

La saga de Húmedo von Mustachen


“—¡Maestre, protesto! ¡La banca no es un juego!
—Querido señor Doblado, es un juego, un juego muy viejo que se llama "A ver hasta dónde cuela”
Dinero a mansalva

El pícaro: visto en retrospectiva sorprende el hecho de que de todos los arquetipos de personaje Pratchett tardara tanto en darle protagonismo a uno de estos vividores que, espoleados por la mala suerte, van huyendo hacia adelante y acaban metiéndose en embrollos tan imposibles como imposibles parecen sus métodos para salir de ellos.

  1. Cartas en el asunto
  2. Dinero a mansalva
  3. Raising Steam
Todas las novelas son buenas, y como hay pocas en esta saga, no me parece necesario remarcar ninguna en especial. Buenísimo el modo en que Pratchett logra que resulte interesante (¡y divertido!) el montar una casa de la moneda, o peor aún, un sistema de correos.

Las novelas independientes


Es un hecho generalmente conocido por todos que nueve décimas partes del cerebro no se utilizan y, como la mayoría de los hechos generalmente conocidos por todos, también es falso. Ni siquiera el Creador más estúpido se tomaría la molestia de hacer que la cabeza humana fuese por el mundo cargando con un par de kilos de gelatina grisácea innecesaria si el único propósito real de dicha gelatina fuese, por ejemplo, servir de exquisitez gastronómica a ciertas tribus remotas que viven en valles todavía no explorados.
Dioses menores

La inmensa mayoría de las novelas de Pratchett se encuadran en alguna de las grandes sagas, pero unas pocas quedan a un lado. A veces tienen lugar en escenarios conocidos (Ankh-Morpork o Uberwald) y personajes de otras sagas hacen sus cameos (el archicanciller, la omnipresente Muerte) pero en general cuentan historias independientes con protagonistas que no tendrán continuidad. Es discutible que por ello pueda ser buena idea escoger alguna de estas obras para iniciarse en el Mundodisco.

  1. Pirómides
  2. Imágenes en acción
  3. Dioses menores
  4. La Verdad
  5. El asombroso Mauricio y sus roedores sabios
  6. Regimiento monstruoso
El motivo de que sean novelas sueltas se debe quizá a que ninguna fue lo bastante buena o tuvo el gancho necesario como para iniciar una saga. Dioses menores es de las obras más profundas de Pratchett, y quizás algo más densa de lo normal. Regimiento monstruoso se me hizo pesada —la sátira es menos sutil y por demasiado obvio el mensaje subyacente me resulta poco atractiva—. Pirómides es, y en general hay consenso, la peor novela del Mundodisco.

La saga de Tiffany Dolorido


“Las mascotas son siempre de gran ayuda en tiempos de estrés. Y en tiempos de hambruna también, por supuesto.”
Dioses menores

Si se quiere invitar a un lector joven a que lea Mundodisco esta es posiblemente la mejor serie. Tiffany Dolorido parece una versión 2.0 de Eskarina, la aprendiz de Yaya Ceravieja que apareciera en Ritos iguales y que no se mencionara en ningún otro libro. Tiffany es una joven bruja que cual Harry Potter va progresando en el mundo de la magia de la mano de la genial tutora Yaya Ceravieja, viviendo las acostumbradas aventuras. En su momento deploré que Pratchett dedicara tiempo a la fantasía juvenil en lugar de invertirlo en escribir más novelas "adultas" de Mundodisco, pero visto en retrospectiva estos son también libros muy meritorios que el lector adulto puede disfrutar y al más joven le servirán perfectamente de introducción.

  1. Los pequeños hombres libres
  2. Un sombrero de cielo
  3. La corona de hielo
  4. Me vestiré de medianoche   
Espero que esta guía os haya parecido útil e interesante. Podéis dejar vuestras sugerencias o comentarios sobre la misma en el hilo de mensajes de abajo, pero no sin antes preguntaros: ¿cuál es vuestra subsaga favorita de Mundodisco?

marzo 20, 2015y

16 de marzo de 2015

Guía de la literatura de terror. Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Las obras fundacionales


Encontrar el inicio de cualquier género literario es difícil, sobre todo si se pretende reducirlo a una sola obra. Si miramos muy atrás en el tiempo, el elemento de terror ha existido seguramente desde los mismos orígenes de la literatura. Partes de la “Orestíada” de Esquilo son estremecedoras, como lo es el gore desenfrenado de Tito Andrónico de William Shakespeare. Y aunque su finalidad fuera otra —moralizante— la tradición popular iba cargada en sus inicios de cuentos crueles a los que hoy en día pondríamos calificación para mayores de dieciocho años.

Como género o tendencia, escribir obras de terror seguramente empieza en el siglo XVIII con la aparición de la literatura gótica: El castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, considerada la primera novela de esta corriente, deja el camino abierto a Vathek de William Beckford, Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe, Melmoth el errabundo de Charles Maturin, El monje de Matthew Gregory Lewis y tantos otros, novelas de terror enmarcadas en el romanticismo con todas sus virtudes y defectos. A partir de aquí queda abierta la veda: el terror literario ha madurado, ha crecido y se ha enriquecido y está preparado para establecerse por su cuenta.

Guía de temas, obras y autores
Extraído de: Literatura de terror: guía rápida para adentrarse en el género

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos —quienes usan el folclore popular— y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte —o silencio— de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror.

  1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814). Valdemar.
  2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Valdemar.
  3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1846). Libros del Zorro Rojo.
  4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta.
  5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar.
  6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial.
  7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896).
  8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar.
  9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar.
  10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909).
  11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo.
  12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.

Frankenstein y Drácula, dos clásicos necesarios

Escoger una de estas novelas góticas del XIX para abrir esta primera etapa de mi cronología no ha sido tan complicado como podría parecer. Es una cronología subjetiva porque puedo basarme en mis gustos personales. Así, puedo esquivar la santísima trinidad de la literatura gótica —Los misterios de Udolfo, El monje y Melmoth el errabundo— que, salvo la obra de Maturin, siempre me ha aburrido bastante con sus infinitos devaneos internos acerca de la moralidad, la consciencia el desespero y la tentación e ir directo a la única de estas obras ancestrales que realmente me gusta: Manuscrito encontrado en Zaragoza, la cual combina lo mejor de la literatura gótica con la tradición de la picaresca española. Sin entrar en valorar si sus cualidades la hacen una obra más o menos meritoria que las otras tres que mencionaba, sin duda la hacen más cercana, más accesible para el lector actual.


A partir de este primer libro el resto se desgrana fácilmente. Frankenstein y Drácula son referencias tan inevitables como necesarias: ambas establecen la base de dos iconos del terror que perviven aún hoy en día. Ambas están intrínsecamente relacionadas desde el principio desde Villa Diodati: una directamente —pues nació allí de la mano de Mary Shelley— y la otra por herencia —El vampiro de Polidori vendría a ser el abuelo literario de Drácula—. Ambas novelas, aunque tengan tanto en común, son opuestas en su planteamiento. Frankenstein es el monstruo que quiere ser hombre, creado por la mano del Doctor Frankenstein cuando juega a ser Dios. Drácula es el hombre que se hizo monstruo y depreda a la humanidad. De las dos obras, seguramente Drácula tiene más detractores: suele afirmarse que la primera mitad del libro es muy superior a la segunda, y aunque es objetivamente cierto, el todo me sigue pareciendo un libro sumamente disfrutable, más que Frankenstein, que si bien excelente y muestra clara de virtuosismo literario, es más lento y atmosférico.

Los relatos de los maestros

Los cuentos de Poe, los de Machen y James son otra apuesta segura; de Poe no hay nada que decir, si se repite hasta el hartazgo que King es el rey del terror —algo muy discutible por otra parte— Poe es Dios, y la distancia entre Dios y cualquier otro autor del género es sideral. Por mencionar solo unos pocos ejemplos, “La mascara de la muerte roja", “El barril de amontillado”, “El corazón delator” o “El gato negro” son obras maestras de una elegancia macabra que nadie ha igualado o se ha acercado a igualar. No solo es terror: el terror se presenta con una estética —estas habitaciones de colores en el baile de máscaras de "La máscara de la muerte roja"— que fusiona la prosa y la poesía. La historia en sí es más que suficiente como para estremecer a cualquiera, pero si es posible haceos con la edición de los Cuentos de imaginación y misterio de Libros del Zorro Rojo, con traducción de Cortázar como debe ser y las ilustraciones de Harry Clarke. Para mi es la mejor edición disponible con diferencia.


Arthur Machen y M. R. James son otros dos grandes maestros del relato de terror: Machen tiende a lo poético, a relatos complejos y literariamente muy elevados —a veces complicados de digerir—; Los tres impostores es un libro sumamente interesante que parece compuesto de relatos independientes que, en realidad, se estructuran en torno a un mismo nexo. Pocos relatos de terror se han escrito que puedan compararse a los que podemos encontrar aquí. Machen se mueve entre lo visible y lo invisible, la civilización y lo que se esconde entre sus costuras, lo olvidado y lo presente. Alta literatura que una vez asimilada convierte a Machen en uno de estos autores de cabecera. James es más accesible, y aparte del cuento que da título a la antología de Valdemar que recomiendo —Corazones perdidos: Cuentos completos de fantasmas— siempre me ha gustado mucho “El fresno”. Ambos autores beben del folklore británico y al situar —como solían hacerlo— sus historias en el campo les dan un aire arcaico, rural, nostálgico del viejo mundo preindustrial. James lo hace con un tono más desenfadado, quizás, a veces con algún toque de humor negro.

Otros clásicos a tener en cuenta

La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas ha sido un descubrimiento reciente; Lovecraft, que en sus ensayos sobre el género era muy parco en halagos, lo considera uno de los mejores. Edward Bulwer-Lytton combina la moda del espiritismo y el mesmerismo con habilidad para construir una historia que parece bastante simple —arranca con el clásico escenario donde un individuo decide pasar la noche en una casa considerada encantada— y al final acaba resultando sorprendentemente compleja y original.


La casa en el confín de la tierra de William Hope Hodgson y La otra parte de Alfred Kubin son obras curiosas; el terror apunta hacia el surrealismo, el desconcierto, la desconexión con la realidad. William Hope Hodgson es muy conocido por sus relatos de horror en el mar, pero me parece que para potenciar la diversidad en la lista, prefiero recomendar esta novela suya que, además de ser su obra más singular, también es mi favorita. Influenció poderosamente a Lovecraft y en el nacimiento del horror cósmico. Es un libro desconcertante, como un sueño delirante que pagina a pagina va superándose a si mismo hasta un final perfecto; como con la obra de Bulwer-Lytton que comentaba antes, la premisa inicial parece bastante sencilla (un hombre se traslada a una casa aislada donde empieza a verse acosado por lo sobrenatural) pero aquí va escalando de un modo que no tiene parangón: el acoso de las criaturas bestiales, los viajes ¿mentales? del protagonista, la sensación de pavor al sentirse suspendido por un hilo sobre un abismo de negrura...Recientemente la novela ha sido adaptada al cómic con arte de Richard Corben.



La otra parte de Kubin es otra obra onírica aún más delirante, si es que esto es posible. Puede que sea una de las incorporaciones en esta lista potencialmente más polémicas y de las más desconocidas: sumamente meritoria sin embargo, pero no se puede definir fácilmente. Digamos que presenta la peculiar experiencia del narrador en un país nuevo surgido de la imaginación de un millonario artista henchido de mesianismo. Los simplemente excéntricos conviven allí con los rematadamente locos: algo en el lugar les transforma —o ellos transforman el lugar— hasta que éste parece una entidad viviente completamente demente. El lenguaje, todo el concepto, está revestido de una cualidad poética, de ensueño, que le da un aire de sueño o pesadilla que ninguna otra obra que haya leído se acerca a igualar.


La isla del Dr. Moreau puede sorprender en esta lista, pero siempre me ha parecido un libro escalofriante, a su modo. H. G. Wells fue tan visionario como Jules Verne, pero allí donde lo que previó Verne ya lo hemos vivido hace tiempo, las visiones de Wells quizás aún estén por llegar. La resolución de La guerra de los mundos nos habla de guerra biológica y terraformación. La de La maquina del tiempo antecede las primeras distopías de la ciencia ficción y sienta las bases para el subgénero del viaje temporal. En La isla del Dr. Moreau lo que vemos es una versión primitiva de la experimentación genética, otra representación muy gráfica del complejo de dios. Las criaturas torturadas física y espiritualmente que surgen del bisturí del Doctor, su casa del dolor... no son cosas que uno olvide fácilmente, y me parecen de las más perturbadoras que he leído. Para mi es el mejor libro de Wells.

La puntada final

Para terminar tenemos a Clark Ashton Smith y a Howard Phillips Lovecraft. La llamada de Cthulhu es una antología tan buena como casi cualquier otra. Todos los relatos de Lovecraft han sido publicados entre antologías temáticas, ediciones íntegras y demás, pero de todas ellas la que me parece más satisfactoria es la primera que leí, la de Acervo en dos tomos titulada Obras escogidas. Aquí se recopilan casi todos los mejores relatos del maestro de Providence, con lo que tenemos una antología más completa que muchas otras, pero se prescinde de los relatos “malos” o muy alejados de los mitos —como los de Herbert West, que por otra parte recomiendo aunque no sean lo que uno suele asociar a Lovecraft—. Dudo que pueda decir algo que no se sepa ya sobre por qué leer de Lovecraft, pero para tener una idea de por qué el terror es actualmente como es si solo hay que leer a dos autores, tienen que ser Lovecraft y Poe.


Smith es mi favorito de los tres mosqueteros de la Weird Tales: sus cuentos tiran mucho hacia la fantasía pero sin alejarse demasiado del terror. Desbordan exotismo sensual propio de las mil y una noches, y un tono decadente que se aprecia mucho más si uno lo contrasta con la mojigatería de HPL. Esta mezcla entre el escenario fantástico y el sobrecogimiento del terror es ideal y, curiosamente, menos común de lo que podría parecer; es quizás una vía muerta —por desgracia— muy vinculada al pulp, que solo siguieron unos pocos y durante poco tiempo, y de todos ellos el mejor siempre fue Smith. Se nota en su prosa que él se consideraba eminentemente poeta; consigue que lo macabro resulte bello. Y si os apetece y tenéis ocasión de encontrar alguna de sus poesías —“The hashish eater”, por ejemplo— veréis a qué me refiero: sus contemporáneos lo comparaban con Byron y Shelley, con lo que el que cayera en el olvido resulta aún más triste

Espero que os haya gustado la lista, y lo dicho; cualquier duda, sugerencia o queja, aquí estamos. Recordad que podéis consultar la lista completa en el siguiente enlace: Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el género.

marzo 16, 2015y

5 de marzo de 2015

Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el género

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».
© Dave McKean

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».


Hay dos criterios que merece la pena comentar antes que nada. En primer lugar, he escogido una sola obra por autor, aún cuando muchos de ellos cuentan con varios títulos imprescindibles en la historia del género. Me ha parecido más adecuado diversificar y así evitar que un período pueda quedar copado por uno o dos autores prolíficos, sugiriendo otros nombres quizás menos conocidos. En segundo lugar, las obras escogidas varían entre recopilaciones de relatos y novelas: esto puede ser muy criticable, pero o se hace una lista mixta donde se mencionen relatos individuales al lado de novelas o se escoge alguna antología emblemática, y a ser posible, no descatalogada; he optado por esa segunda posibilidad. Y además:

  • Cuando ha sido posible, los libros que figuran en la guía están disponibles en cualquier librería, unos cuantos –demasiados– están descatalogados en español, y en estos casos no recomiendo ninguna editorial en concreto.
  • Cuando se trata de material antiguo puede haber varias ediciones disponibles en distintas editoriales bajo títulos ligeramente distintos: menciono aquellas ediciones que me parecen mejores en cada ocasión.
  • Las antologías escogidas que no fueron configuradas como tales por sus respectivos autores las incluyo al considerar que recogen lo mejor del autor en cuestión.

Finalmente, decir que hacer listas siempre es más complicado de lo que parece: si uno no quiere alargarse infinitamente hay que acotarlas según algunos criterios, la mayoría de los cuales ya he expuesto más arriba, y todo ello provoca que haya omisiones muy dolorosas pero necesarias. Se puede argumentar que falta más presencia de literatura gótica, o criticar que no esté Robert E. Howard, incluso discutir si alguna de las obras que menciono es realmente de terror o no. Puedo estar de acuerdo con todo ello: animo a discutirlo a través de los comentarios.
En los próximos días, publicaremos un artículo centrado en cada uno de los tres períodos, comentando los títulos que constan en cada uno y los temas que tratan. Vayamos, sin más preámbulos, con este modesto repaso a la historia del terror literario.

Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Edad de Oro: obras fundacionales

© Harry Clarke

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos –quienes usan el folclore popular– y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte – o silencio – de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror .

  1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814) - Valdemar.
  2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Ed. Valdemar.
  3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1946). Libros del zorro rojo.
  4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta.
  5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar.
  6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial.
  7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896).
  8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar.
  9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar.
  10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909).
  11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo.
  12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.
Segundo período: de 1940 hasta 1979. Edad de Plata: clásicos modernos

Fragmento de la portada de Pesadilla a 20.000 pies (Valdemar)

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard –Bloch, Leiber– toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas propias –Bloch con Psicosis sin ir más lejos–. Surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación –Straub, Blatty– y auténticos maestros del relato: la literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Thomas Tryon, Ray Bradbury o Roland Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos. 

  1. Malpertuis, de Jean Ray (1943).
  2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror, de Robert Bloch (1947-1958). Valdemar.
  3. Pesadilla a 20.000 pies, de Richard Matheson (1951-1969). Valdemar.
  4. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson (1959). Valdemar.
  5. La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury (1962). Minotauro.
  6. El quimérico inquilino, de Roland Topor (1964). Valdemar.
  7. La semilla del diablo, de Ira Levin (1967).
  8. El exorcista, de William Peter Blatty (1971). Ediciones B.
  9. El otro, de Thomas Tryon (1971).
  10. Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber (1977).
  11. Fantasmas, de Peter Straub (1979).
  12. Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein (1984).
Tercer período: de 1984 hasta la actualidad. Terror contemporáneo

Ilustración original para los Libros de sangre de Clive Barker

Abrimos el período del terror contemporáneo. A principios de la década de los ochenta Stephen King ya había escrito varias obras importantes, pero con IT se consolida como el «Rey del Terror » que reinará sobre por lo menos una década. El gore y la transgresión de Clive Barker o Chuck Palahniuk, la sutileza de Thomas Ligotti y la crueldad de Dan Simmons; todo se vuelve más brutal, King pierde el trono después de un largo declive y su hijo Joe Hill entra pisando fuerte aspirando quizás a heredar la corona de su padre

  1. Libros de sangre, de Clive Barker (1984-1985). La Factoría de Ideas.
  2. La canción de Kali, de Dan Simmons (1985).
  3. IT, de Stephen King (1986). Debolsillo.
  4. La chica de al lado, de Jack Ketchum (1989). La Factoría de Ideas. 
  5. Noctuario, de Thomas Ligotti (1985-1994). Valdemar. 
  6. El sol de medianoche, de Ramsey Campbell (1990).
  7. Muerte al alba, de Robert McCammon (1991).
  8. The Ring, de Koji Suzuki (1991). Literatura Random House.
  9. Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004). Planeta.
  10. Fantasmas, de Chuck Palahniuk (2005). Literatura Random House, Debolsillo.
  11. John muere al final, de David Wong (2007). Valdemar.
  12. Cuernos, de Joe Hill (2010). Punto de lectura.
Hasta aquí llega la guía rápida. ¿Qué novelas o antologías incluiríais vosotros en la lista? Estad atentos a los próximos días porque nos iremos adentrando en profundidad en cada uno de los periodos de esta lista.

marzo 05, 2015y


 

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