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Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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9 de abril de 2015

Guía de la literatura de terror. Segundo período: de 1940 hasta 1979. Los clásicos modernos


Las primeras décadas del siglo XX fueron la edad dorada del terror. Shelley, Stoker, Poe, Machen y los tres pistoleros de la Weird Tales dejaron un legado impresionante, casi inigualable. Y lo que es más interesante, enfocaron el horror desde tantos ángulos que parecía imposible encontrar nuevos terrenos a explorar.

☛ Libros y autores que podrás encontrar en esta guía

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard (Bloch, Leiber) toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas própias (Bloch con Psicosis sin ir más lejos), surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación (Straub, Blatty) y auténticos mastros del relato. La literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Tryon, Ray o Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos.

1. Malpertuis de Jean Ray (1943)
2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror de Robert Bloch (1947-58). Valdemar
3. Pesadilla a 20.000 pies de Richard Matheson (1951-69). Valdemar
4. La maldición de Hill House de Shirley Jackson (1959). Valdemar
5. La feria de las tinieblas de Ray Bradbury (1962). Minotauro
6. El quimérico inquilino de Roland Topor (1964). Valdemar
7. La semilla del diablo de Ira Levin (1967)
8. El exorcista de William Peter Blatty (1971). Ediciones B
9. El otro de Thomas Tryon (1971)
10. Nuestra señora de las tinieblas de Fritz Leiber (1977)
11. Fantasmas de Peter Straub (1979)
12. Ceremonias macabras de T. E. D. Klein (1984) 

Esta segunda mitad de siglo podría haber supuesto simplemente la modernización del género: recoger lo que ya se había hecho y actualizarlo, darle una capa de barniz para que encajara primero con el frío de los años cincuenta, lo experimental de los sesenta o con los relucientes años ochenta. En parte fue así: muchos imitaron a Lovecraft, algunos "alumnos" directos que habían conocido al ermitaño de Providence o habían trabajado en la Weird Tales, otros autores más tardíos que se apuntaron al carro de los mitos; de este modo el fenómeno de Cthulhu siguió creciendo y prosperando. Esta actualización de lo hecho previamente para adaptarlo a los nuevos tiempos era el camino fácil y en parte, el que se siguió. Pero autores de mucho talento lograron dar un paso más y al recoger el testigo de los grandes temas del terror llevaron la adaptación más lejos, hasta conseguir una transformación.

Una excepción a esta tendencia de recoger lo sembrado en la generación anterior y transformarlo fue la Malpertuis de Jean Ray, auténtica obra de culto que clama por una reedición de Valdemar desde hace décadas. Tengo una relación bastante personal con esta novela: la leí en un viaje a Gante, que es precisamente donde se ambienta la acción. No sé si visité la ciudad en un momento particularmente oportuno o se trata de la tónica habitual por estos lares, pero me tocó profundamente su ambiente lúgubre. Cielos grises, días lluviosos, andando por calles igualmente grises y rodeado de arquitectura medieval, altas torres góticas, la mole del Gravensteen, los fríos canales... y en el hotel, Malpertuis esperándome. Y al salir, Malpertuis acompañándome en el bolsillo de la chaqueta. Auténticamente adictiva, me metí completamente en el ambiente de la novela ayudado por las calles de la ciudad que encajaban tan bien con el escenario que Ray proponía. No se puede definir Malpertuis. Solo se puede intentarlo y confiar en que uno sea lo bastante elocuente como para incitaros algún deseo de leerla.

Malpertuis es el punto en que se cruza el atractivo de los mitos helénicos —con sus luces y sombras— con la oscuridad europea: es donde se encuentran el fervor vitalista de los escritores francófonos —en contraste con los anglosajones— con el terror abstracto, evocador, de un Alfred Kubin. En wsta, su mejor obra, Jean Ray nos lleva por donde quiere, como quiere, de la mano de su protagonista: con palabras elevadas, nos inspira y nos hace vibrar con la tensión, el pavor —el de tipo paralizante— que siente. Al final, al cerrar el libro, a uno le quedará, seguro, la sensación de haber leído un clásico inmortal. Al 1971 se adaptó al cine de mano de Harry Kümel; entre el casting destaca nada menos que Orson Welles.

Richard Matheson y Robert Bloch, dos autores punteros


Mientras Jean Ray escribía su obra maestra en la vieja Europa, en todo el mundo el cine y la televisión se consolidaban como un fenómeno  de masas: el vehículo al que uno debía subirse. El cómic americano perdió el tren, y no ha sido hasta muy recientemente que ha sabido aprovecharse de la gran pantalla para potenciarse hasta límites insospechados. El terror supo valerse mejor de los nuevos medios y ya desde los mismos inicios del cine nos estaba obsequiando con joyas como el Nosferatu de Murnau, el Freaks de Browning, el Drácula de Terence Fisher con Christopher Lee y Peter Cushing como estrellas principales, y más tarde series como The Twilight Zone

Es aquí donde entran dos nombres imprescindibles para entender estas décadas: Bloch y Matheson. Bloch fue un miembro tardío del círculo de Lovecraft; en sus inicios contribuyó con relatos propios al universo de los mitos (su novela El horror que nos acecha relata este fin de los tiempos que Lovecraft predijo con el despertar de Cthulhu) pero fue la novela Psicosis la que supondría un punto y aparte en su carrera. Es a partir de entonces cuando se centraría en temáticas más cercanas al terror psicológico mezclando la novela negra con lo sobrenatural. La antología de Valdemar Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror recoge muchos de los mejores relatos de este indiscutible maestro del terror y la intriga, incluyendo "Tren infernal" (That Hell-Bound Train), una historia de pacto fáustico entrañable que en 1959 ganó el premio Hugo al mejor relato corto.


Matheson, igual que Bloch, trabajó en la televisión, escribiendo muchos episodios de la mítica The Twilight Zone. El relato que da nombre a la antología que he seleccionado, Pesadilla a 20.000 pies, fue adaptado para un episodio memorable de la misma. Matheson tenía un estilo muy propio del guionista que escribe literatura: sencillo, directo, con un control perfecto de la atmósfera. Leyéndolo siempre he sentido como si estuviera ante un texto periodístico. Este método —que abandona lo barroco de muchos de sus predecesores— dio una frescura a sus obras que es su mayor signo de distinción. Destacar su aportación más importante al género: la vuelta de tuerca. Con La casa infernal, El hombre menguante y Soy leyenda recogió ideas y conceptos clásicos y los presentó bajo un nuevo punto de vista. Así nos brinda la rara posibilidad de seguir los pasos del último humano convertido en mito en un mundo de vampiros o explorar una casa demoníaca con criterio científico. Matheson supone para mi la personificación de lo que fue este segundo período del terror.

Shirley Jackson define el tema de las casas encantadas


Sin abandonar el tema de las casas encantadas, me parece claro que Matheson se inspiró en una obra anterior para redactar su Casa infernal. Hablamos de La maldición de Hill House de Shirley Jackson. La autora estadounidense dio forma en 1959 a la novela de casas encantadas definitiva, perfecta —con todo el respeto debido a la posterior obra de Matheson—. No le puedo encontrar un solo defecto a esta obra maestra que, sin derroches de sangre y víscera, sin efectismos, logra invocar el terror puro. ¿El método? una conexión real entre el lector y sus protagonistas, en particular Elanor, criatura sensible y trágica donde las haya. Se trata pues de terror psicológico que busca —y consigue— establecer una tensión que va in crescendo hasta el memorable final. Nada que ver por cierto con las adaptaciones al cine (la primera en 1963, el remake en 1999), que aún siendo potables, no llegan ni de lejos a la altura del material original.

La feria de las tinieblas es quizás una de las incorporaciones más cuestionables a esta lista. No por falta de mérito, que tiene mucho: simplemente por contraste con otras obras de Ray Bradbury. No hay duda de que Fahrenheit 451 es un clásico monumental de la distopía, y quien no se estremezca con la idea de los bomberos quemalibros no sé qué hace leyendo esto. Las crónicas marcianas seguramente sea su otra pieza fundamental. Bradbury es más conocido por su ciencia ficción que por cultivar otros géneros, y más por el relato que por la novela, pero con La feria de las tinieblas —primer libro que leí del autor— me impresionó muchísimo. El habitual lirismo de Ray Bradbury alcanza aquí unas cotas altísimas. Si uno lee solo el primer capítulo es imposible que pueda dejar de lado la lectura. La tormenta que se aproxima y el vendedor de pararrayos que la precede; dos muchachos de trece años que con la llegada de la feria van a verse envueltos en un enredo sobrenatural tan perverso y a la vez tan bello que no sé si describirlo como sueño o pesadilla. Amistad, tentación, pérdida de la inocencia: los grandes temas que aborda este clásico que ningún lector, conozca o no a Bradbury, debería perderse. En 1983 se adaptó de forma bastante decente al cine.

¿Has visto lo que hace la guarra de tu hija?


La semilla del diablo y El exorcista son obras archiconocidas gracias especialmente a sus adaptaciones al cine: pero lo que quizás no sea tan conocido es que ambas nacieron de sendas novelas. Estos cuatro títulos (las dos películas y las dos novelas en que se basan) suponen un fenómeno sorprendente por lo extremadamente inusual. Normalmente, cuando se adapta una novela a la gran pantalla uno puede asegurar que la novela es mejor en el noventa por ciento de los casos. Muy raramente se da el caso de novelas que se ven superadas por su versión cinematográfica: El padrino o Blade Runner, quizás El resplandor. Allí donde un libro requiere para triunfar de un solo autor inspirado, una película es una obra coral que necesita el trabajo de multitud de personas, presionadas todas ellas por las exigencias de las grandes compañías. Si el poner de acuerdo la visión de un director con el trabajo de productores, guionistas, directores de casting y actores es difícil, añadiéndole el peso de tener que obtener un producto que funcione en las salas y devuelva —y con beneficios— la inversión inicial, hacer una buena película parece un milagro. En el terror es especialmente difícil contentar a todo el mundo, y aquíes especialmente cierta la afirmación de que "la novela siempre es mejor".

Por ello resulta más interesante el fenómeno al que me refiero, y es que La semilla del diablo y El exorcista son dos novelas cuyas adaptaciones a la gran pantalla están a la altura con un equilibro tan perfecto que no soy capaz de decir si son mejores las unas o las otras.

Dicho esto, ¿qué decir de dos clásicos de esta talla? Seguramente todo el mundo ya ha visto por lo menos El exorcista. Ambas comparten una misma temática, la influencia del diablo sobre la vida de familias de clase media alta: cultos satánicos por un lado, posesiones demoníacas espontáneas por el otro. Ambos libros representan el máximo exponente de este subgénero.

Fritz Leiber se anticipa al New Weird


Con Nuestra señora de las tinieblas Fritz Leiber —autor multitarea recordado con muchísimo cariño sobre todo por su saga de Fafhrd y el Ratonero Gris— intenta un experimento que parece preceder el fenómeno del New Weird que tanto triunfa actualmente de la mano de China Miéville o Jeff VanderMeer. En su novela el protagonista se encuentra con una práctica tan original como surrealista: la megapolisománcia, o magia de las ciudades: en gran parte por pura casualidad se ve mezclado en una historia del tipo de las que solía firmar Lovecraft cuando una criatura —¿sobrenatural?— fija en él su mirada. Para escapar de su influjo, nuestro protagonista tiene que investigar la vida del fundador de esta ciencia oculta, en un recorrido tan barroco que también me recuerda mucho a Tim Powers y sus extrañas y efectivas mezclas de conceptos.

El quimérico inquilino y El otro son dos novelas que me impactaron muchísimo: poco conocidas quizás, y por ello más que necesitadas de reivindicación. La primera, obra de Roland Topor (escritor e ilustrador), es el mejor y más estremecedor relato del descenso en la locura que he leído nunca. El protagonista queda completamente alienado de la realidad: se mueve en un mundo que ni nosotros sabemos si es real o está dentro de su mente; y todo arranca desde un hecho tan banal como alquilar una habitación. Quizás lo más terrorífico es lo absurdo que resulta todo, un poco kafkiano, la completa incertidumbre que llega a sentir el protagonista acerca de su cordura. Otra vez surrealismo, y a la máxima potencia: desde el principio hasta el demoledor —en serio, brutal— final. En 1976 Roman Polanski lo adaptó a la gran pantalla.


El otro de Thomas Tryon es al subgénero del terror con niños de por medio lo que La maldición de Hill House lo es al de las casas encantadas. No comprendo como no se cita más a menudo. Aquí encontramos a dos hermanos gemelos que, en el seno de una familia de Nueva Inglaterra —paraíso estadounidense del terror— jugarán con el lector a uno de estos juegos retorcidos que enfrentan la inocencia con la maldad, la realidad y la percepción de la misma, el mundo de los niños y el de los adultos. Y éstos —niños y adultos, los gemelos, su abuela, su madre— son personajes del tipo con el que uno llega a enternecerse. Escrito con un estilo rico, descriptivo, es una obra sorprendente y más cuando se tiene en cuenta que supuso el debut de su autor. Por desgracia sería un one hit wonder. En 1972 se adaptó al cine con Uta Hagen como estrella principal.

Los años setenta empiezan a dar sus frutos


Acercándonos ya al final de esta Edad Media del terror, nos situamos en un momento —la segunda mitad de los setenta— en el que Stephen King ya empezaba a triunfar. Y al lado de Stephen King surgieron otros muchos autores norteamericanos que escribían en un estilo bastante similar y acerca de temas muy parecidos, aunque con menos fortuna. Dos de los que mejor le emularon —en cuanto a copar las listas de bestsellers del terror de la época— fueron Dean Koontz (autor infame que desaconsejo fervientemente) y Peter Straub. Este último es un autor irregular, que con Fantasmas alcanzó la cima de su carrera, y luego ya fue todo cuesta abajo. Fantasmas tiene muchas similitudes con una de las obras maestras de King, IT, a la que precede. Un grupo de amigos que se reúnen tras muchos años para enfrentarse a un enemigo del pasado al que temen con un horror absoluto, del que desearían rehuir, pero de cuyo exterminio se sienten responsables. Straub narra sus experiencias particulares con un tipo de terror arcaico; un depredador que les acecha a la vez que describe a la criatura con sencillez y efectividad logrando que resulte interesante e incluso cautivadora. Y si, también se adaptó al cine en 1981 con el título de Ghost Story.

Cerramos el repaso a la lista con la fantástica Ceremonias macabras de T. E. D. Klein, un gran desconocido que a mediados de los ochenta escribió un gran homenaje a todo un género y en particular a Arthur Machen. Comparte con las obras de aquel el foco en el contraste entre la vida rural y sus arcaísmos y la urbanita; antiguos cultos que van desarrollándose ante los ojos del joven protagonista que pasa de espectador a parte de ellos. Si no por sus cualidades como novela, leedlo por la riqueza de su trasfondo: Klein usa multitud de referencias a clásicos del género que resultan tremendamente útiles.

Mención honorífica merece Richard Laymon, autor muy prolífico en aquella época que por razones que no alcanzo a comprender goza de cierto estatus de culto. Como debo tener un vena morbosa o masoquista he leído muchos —demasiados— de sus libros esperando encontrar en alguno de ellos la razón por la que se le considera un nombre importante dentro del género. Y nada, no ha habido manera. Me parece que cada una de sus obras es un asombroso despliegue de machismo, obsesión sexual enfermiza, gore mal llevado y una demostración de que escribiendo de cualquier manera, sin talento, también se puede lograr publicar, lo cual siempre inspira optimismo. Si acaso alguien quiere adentrarse en su ficción sugiero la menos mala de las obras que le he leído, El espectáculo del vampiro, donde se le ve un poco contenido para beneficio de todos.

Conclusión

Comentaba al comenzar el artículo que esta era la época en que el terror consolidaba su presencia en el cine. Y si revisamos la lista, veremos que la mayor parte de estos títulos cuentan con una (o varias) adaptaciones a la gran pantalla. Más que retroalimentarse, es el cine el que bebe directamente de la literatura, y aquí queda más claro que nunca. Me parece interesante ver algunas de las películas, desde Malpertuis a El exorcista y comparar con las novelas.

Espero que os haya gustado este recorrido a una etapa sumamente interesante, y que nos ofreció de todo y para todos los gustos. Como siempre, os invitamos a que aportéis vuestras propias sugerencias a la lista, así como cualquier crítica que os parezca apropiada. Podéis consultar aqui la lista completa, y aquí el desglose del anterior período.

Estad atentos porque pronto publicaremos el articulo sobre el tercer y último período. Aprovechamos para recordaros que podéis consultar las guías anteriores en los siguientes enlaces: Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el géneroGuía de la literatura de terror. Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Las obras fundacionales.

abril 09, 2015y

5 de marzo de 2015

Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el género

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».
© Dave McKean

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».


Hay dos criterios que merece la pena comentar antes que nada. En primer lugar, he escogido una sola obra por autor, aún cuando muchos de ellos cuentan con varios títulos imprescindibles en la historia del género. Me ha parecido más adecuado diversificar y así evitar que un período pueda quedar copado por uno o dos autores prolíficos, sugiriendo otros nombres quizás menos conocidos. En segundo lugar, las obras escogidas varían entre recopilaciones de relatos y novelas: esto puede ser muy criticable, pero o se hace una lista mixta donde se mencionen relatos individuales al lado de novelas o se escoge alguna antología emblemática, y a ser posible, no descatalogada; he optado por esa segunda posibilidad. Y además:

  • Cuando ha sido posible, los libros que figuran en la guía están disponibles en cualquier librería, unos cuantos –demasiados– están descatalogados en español, y en estos casos no recomiendo ninguna editorial en concreto.
  • Cuando se trata de material antiguo puede haber varias ediciones disponibles en distintas editoriales bajo títulos ligeramente distintos: menciono aquellas ediciones que me parecen mejores en cada ocasión.
  • Las antologías escogidas que no fueron configuradas como tales por sus respectivos autores las incluyo al considerar que recogen lo mejor del autor en cuestión.

Finalmente, decir que hacer listas siempre es más complicado de lo que parece: si uno no quiere alargarse infinitamente hay que acotarlas según algunos criterios, la mayoría de los cuales ya he expuesto más arriba, y todo ello provoca que haya omisiones muy dolorosas pero necesarias. Se puede argumentar que falta más presencia de literatura gótica, o criticar que no esté Robert E. Howard, incluso discutir si alguna de las obras que menciono es realmente de terror o no. Puedo estar de acuerdo con todo ello: animo a discutirlo a través de los comentarios.
En los próximos días, publicaremos un artículo centrado en cada uno de los tres períodos, comentando los títulos que constan en cada uno y los temas que tratan. Vayamos, sin más preámbulos, con este modesto repaso a la historia del terror literario.

Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Edad de Oro: obras fundacionales

© Harry Clarke

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos –quienes usan el folclore popular– y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte – o silencio – de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror .

  1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814) - Valdemar.
  2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Ed. Valdemar.
  3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1946). Libros del zorro rojo.
  4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta.
  5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar.
  6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial.
  7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896).
  8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar.
  9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar.
  10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909).
  11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo.
  12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.
Segundo período: de 1940 hasta 1979. Edad de Plata: clásicos modernos

Fragmento de la portada de Pesadilla a 20.000 pies (Valdemar)

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard –Bloch, Leiber– toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas propias –Bloch con Psicosis sin ir más lejos–. Surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación –Straub, Blatty– y auténticos maestros del relato: la literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Thomas Tryon, Ray Bradbury o Roland Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos. 

  1. Malpertuis, de Jean Ray (1943).
  2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror, de Robert Bloch (1947-1958). Valdemar.
  3. Pesadilla a 20.000 pies, de Richard Matheson (1951-1969). Valdemar.
  4. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson (1959). Valdemar.
  5. La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury (1962). Minotauro.
  6. El quimérico inquilino, de Roland Topor (1964). Valdemar.
  7. La semilla del diablo, de Ira Levin (1967).
  8. El exorcista, de William Peter Blatty (1971). Ediciones B.
  9. El otro, de Thomas Tryon (1971).
  10. Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber (1977).
  11. Fantasmas, de Peter Straub (1979).
  12. Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein (1984).
Tercer período: de 1984 hasta la actualidad. Terror contemporáneo

Ilustración original para los Libros de sangre de Clive Barker

Abrimos el período del terror contemporáneo. A principios de la década de los ochenta Stephen King ya había escrito varias obras importantes, pero con IT se consolida como el «Rey del Terror » que reinará sobre por lo menos una década. El gore y la transgresión de Clive Barker o Chuck Palahniuk, la sutileza de Thomas Ligotti y la crueldad de Dan Simmons; todo se vuelve más brutal, King pierde el trono después de un largo declive y su hijo Joe Hill entra pisando fuerte aspirando quizás a heredar la corona de su padre

  1. Libros de sangre, de Clive Barker (1984-1985). La Factoría de Ideas.
  2. La canción de Kali, de Dan Simmons (1985).
  3. IT, de Stephen King (1986). Debolsillo.
  4. La chica de al lado, de Jack Ketchum (1989). La Factoría de Ideas. 
  5. Noctuario, de Thomas Ligotti (1985-1994). Valdemar. 
  6. El sol de medianoche, de Ramsey Campbell (1990).
  7. Muerte al alba, de Robert McCammon (1991).
  8. The Ring, de Koji Suzuki (1991). Literatura Random House.
  9. Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004). Planeta.
  10. Fantasmas, de Chuck Palahniuk (2005). Literatura Random House, Debolsillo.
  11. John muere al final, de David Wong (2007). Valdemar.
  12. Cuernos, de Joe Hill (2010). Punto de lectura.
Hasta aquí llega la guía rápida. ¿Qué novelas o antologías incluiríais vosotros en la lista? Estad atentos a los próximos días porque nos iremos adentrando en profundidad en cada uno de los periodos de esta lista.

marzo 05, 2015y

28 de marzo de 2014

Fotoreseña: Así es la antología de Richard Matheson que publica hoy Gigamesh


El primer volumen de los cuentos fantásticos de Richard Matheson recopilados por Gigamesh está desde hoy en todas las librerías, y si bien el otro día anunciábamos su publicación y dábamos el índice de relatos completos, hoy toca echar un vistazo fotográfico a los detalles de su edición física para que todos los lectores puedan ver de antemano el volumen antes de lanzarse a por él.

En primer lugar, decir que Nacido de hombre y mujer, y otros relatos espeluznantes recoge un total de cuarenta y dos relatos en un volumen en rústica con solapas. Son 592 páginas de auténtico Matheson al precio de 29,95 doblones. La traducción del inglés de los cuentos para esta edición corre a cargo de Pilar Ramírez.

ACTUALIZADO: Al parecer, diversos ejemplares de Nacido de hombre y mujer tienen la página 173 duplicada, faltando la página 172. Desconocemos el alcance del fallo, si tan sólo se trata de unos pocos ejemplares concretos o de toda la tirada. Pero en cualquier caso, Gigamesh está trabajando en una solución.

Fotoreseña


Para presentar el libro no hemos podido evitar hacerlo con nuestra vanitas particular, porque estamos ante "un Matheson" y porque el volumen es un imprescindible tanto para los seguidores del fantástico como para los lectores casuales que quieran leer buena literatura de terror y conozcan al autor tan sólo de oídas (una buena toma de contacto, por otra parte).


La ilustración de la cubierta es obra de Alejandro Terán, quien ha resumido mediante una única imagen el sentimiento que debe provocar el volumen. ¿Una criatura espiando (quizá a nosotros) desde quién sabe qué dimensión desconocida? Sumamente inquietante.

El libro no se diferencia en absoluto de las publicaciones habituales de Gigamesh, lo que quiere decir que es una buena edición que los lectores seguidores de la editorial reconocerán inmediatamente en la librería (o bien pueden hacerse una idea en el caso de que únicamente se tenga en la biblioteca particular uno o dos ejemplos). El libro se presenta en rústica con solapas, con una encuadernación sólida y buen papel que respeta el medio ambiente, el que siempre utiliza Gigamesh en todas sus ediciones, libre de ácido y procedente de fuentes responsables.


Un primer vistazo al índice de relatos que vienen incluidos en el libro (y que se completarán con la segunda entrega de la antología en un futuro).


La presentación del volumen, dos páginas que nos introducen en la lectura y que es habitual encontrar en las ediciones de Gigamesh, detalle que a mi particularmente me parece atractivo porque quiero saber algo más sobre el texto que estoy dispuesto a leer (aunque los detalles sobre el autor es posible que se sepan de antemano, seguramente no sepas lo que quiere contar el autor de la misma). Luis Pestarini (Terra Nova, vol. 2) es en esta ocasión el encargado de escribir las palabras dedicadas al escritor estadounidense.


Una vez leída la presentación es el momento de pasar a la introducción, una de las más completas de cuantas podemos leer en todo el catálogo de Gigamesh (otra de las importantes fue, por razones de género, la "Autobiografía literaria" de George R. R. Martin). Unas diez páginas escritas por el propio Richard Matheson en abril de 1998 (para el Richard Matheson: Collected Stories, Vol. 1) y donde explica un poco su obra y en definitiva lo que vamos a encontrar en el volumen. Tratándose de una publicación "de autor", es más que bienvenida esta introducción, completando a su vez la edición.


El cuento que abre la antología no es otro que "Nacido de hombre y mujer" (Born of Man and Woman), y que da el título a esta primera entrega de la duología. El cuento consta de unas tres páginas y fue publicado en 1950 dentro de la revista Magazine of Fantasy and Science Fiction.


La antología cierra sus últimas páginas con un completísimo apéndice bibliográfico en el que podemos encontrar, ordenados de manera cronológica, todos los relatos de Richard Matheson escritos durante los años cincuenta. Termina con otro apéndice con todas sus novelas (Soy leyenda y La casa infernal, por ejemplo), antologías, guiones de cine y adaptaciones fílmicas.


La contracubierta de Nacido de hombre y mujer, y otros relatos espeluznantes, con la continuación de la ilustración de Alejandro Terán. En la imagen de abajo puede verse un detalle del lomo, característico de las ediciones de Gigamesh.


En definitiva, estamos ante un volumen imprescindible que destaca en primer lugar por todo el material incluido, canela fina para todos los fans de Richard Matheson. En segundo lugar, por presentarse en una buena edición como nos tiene acostumbrados Gigamesh, lo que conlleva buen papel, encuadernación duradera, así como una ilustración de cubierta llamativa y acorde con el contenido. Estoy convencido de que se convertirá en uno de los lanzamientos estrella del año y en uno de los más vendidos de este mes, del siguiente, y puede que también de los que vienen después.

marzo 28, 2014y


 

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