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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

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16 de marzo de 2015

Guía de la literatura de terror. Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Las obras fundacionales


Encontrar el inicio de cualquier género literario es difícil, sobre todo si se pretende reducirlo a una sola obra. Si miramos muy atrás en el tiempo, el elemento de terror ha existido seguramente desde los mismos orígenes de la literatura. Partes de la “Orestíada” de Esquilo son estremecedoras, como lo es el gore desenfrenado de Tito Andrónico de William Shakespeare. Y aunque su finalidad fuera otra —moralizante— la tradición popular iba cargada en sus inicios de cuentos crueles a los que hoy en día pondríamos calificación para mayores de dieciocho años.

Como género o tendencia, escribir obras de terror seguramente empieza en el siglo XVIII con la aparición de la literatura gótica: El castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, considerada la primera novela de esta corriente, deja el camino abierto a Vathek de William Beckford, Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe, Melmoth el errabundo de Charles Maturin, El monje de Matthew Gregory Lewis y tantos otros, novelas de terror enmarcadas en el romanticismo con todas sus virtudes y defectos. A partir de aquí queda abierta la veda: el terror literario ha madurado, ha crecido y se ha enriquecido y está preparado para establecerse por su cuenta.

Guía de temas, obras y autores
Extraído de: Literatura de terror: guía rápida para adentrarse en el género

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos —quienes usan el folclore popular— y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte —o silencio— de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror.

  1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814). Valdemar.
  2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Valdemar.
  3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1846). Libros del Zorro Rojo.
  4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta.
  5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar.
  6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial.
  7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896).
  8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar.
  9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar.
  10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909).
  11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo.
  12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.

Frankenstein y Drácula, dos clásicos necesarios

Escoger una de estas novelas góticas del XIX para abrir esta primera etapa de mi cronología no ha sido tan complicado como podría parecer. Es una cronología subjetiva porque puedo basarme en mis gustos personales. Así, puedo esquivar la santísima trinidad de la literatura gótica —Los misterios de Udolfo, El monje y Melmoth el errabundo— que, salvo la obra de Maturin, siempre me ha aburrido bastante con sus infinitos devaneos internos acerca de la moralidad, la consciencia el desespero y la tentación e ir directo a la única de estas obras ancestrales que realmente me gusta: Manuscrito encontrado en Zaragoza, la cual combina lo mejor de la literatura gótica con la tradición de la picaresca española. Sin entrar en valorar si sus cualidades la hacen una obra más o menos meritoria que las otras tres que mencionaba, sin duda la hacen más cercana, más accesible para el lector actual.


A partir de este primer libro el resto se desgrana fácilmente. Frankenstein y Drácula son referencias tan inevitables como necesarias: ambas establecen la base de dos iconos del terror que perviven aún hoy en día. Ambas están intrínsecamente relacionadas desde el principio desde Villa Diodati: una directamente —pues nació allí de la mano de Mary Shelley— y la otra por herencia —El vampiro de Polidori vendría a ser el abuelo literario de Drácula—. Ambas novelas, aunque tengan tanto en común, son opuestas en su planteamiento. Frankenstein es el monstruo que quiere ser hombre, creado por la mano del Doctor Frankenstein cuando juega a ser Dios. Drácula es el hombre que se hizo monstruo y depreda a la humanidad. De las dos obras, seguramente Drácula tiene más detractores: suele afirmarse que la primera mitad del libro es muy superior a la segunda, y aunque es objetivamente cierto, el todo me sigue pareciendo un libro sumamente disfrutable, más que Frankenstein, que si bien excelente y muestra clara de virtuosismo literario, es más lento y atmosférico.

Los relatos de los maestros

Los cuentos de Poe, los de Machen y James son otra apuesta segura; de Poe no hay nada que decir, si se repite hasta el hartazgo que King es el rey del terror —algo muy discutible por otra parte— Poe es Dios, y la distancia entre Dios y cualquier otro autor del género es sideral. Por mencionar solo unos pocos ejemplos, “La mascara de la muerte roja", “El barril de amontillado”, “El corazón delator” o “El gato negro” son obras maestras de una elegancia macabra que nadie ha igualado o se ha acercado a igualar. No solo es terror: el terror se presenta con una estética —estas habitaciones de colores en el baile de máscaras de "La máscara de la muerte roja"— que fusiona la prosa y la poesía. La historia en sí es más que suficiente como para estremecer a cualquiera, pero si es posible haceos con la edición de los Cuentos de imaginación y misterio de Libros del Zorro Rojo, con traducción de Cortázar como debe ser y las ilustraciones de Harry Clarke. Para mi es la mejor edición disponible con diferencia.


Arthur Machen y M. R. James son otros dos grandes maestros del relato de terror: Machen tiende a lo poético, a relatos complejos y literariamente muy elevados —a veces complicados de digerir—; Los tres impostores es un libro sumamente interesante que parece compuesto de relatos independientes que, en realidad, se estructuran en torno a un mismo nexo. Pocos relatos de terror se han escrito que puedan compararse a los que podemos encontrar aquí. Machen se mueve entre lo visible y lo invisible, la civilización y lo que se esconde entre sus costuras, lo olvidado y lo presente. Alta literatura que una vez asimilada convierte a Machen en uno de estos autores de cabecera. James es más accesible, y aparte del cuento que da título a la antología de Valdemar que recomiendo —Corazones perdidos: Cuentos completos de fantasmas— siempre me ha gustado mucho “El fresno”. Ambos autores beben del folklore británico y al situar —como solían hacerlo— sus historias en el campo les dan un aire arcaico, rural, nostálgico del viejo mundo preindustrial. James lo hace con un tono más desenfadado, quizás, a veces con algún toque de humor negro.

Otros clásicos a tener en cuenta

La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas ha sido un descubrimiento reciente; Lovecraft, que en sus ensayos sobre el género era muy parco en halagos, lo considera uno de los mejores. Edward Bulwer-Lytton combina la moda del espiritismo y el mesmerismo con habilidad para construir una historia que parece bastante simple —arranca con el clásico escenario donde un individuo decide pasar la noche en una casa considerada encantada— y al final acaba resultando sorprendentemente compleja y original.


La casa en el confín de la tierra de William Hope Hodgson y La otra parte de Alfred Kubin son obras curiosas; el terror apunta hacia el surrealismo, el desconcierto, la desconexión con la realidad. William Hope Hodgson es muy conocido por sus relatos de horror en el mar, pero me parece que para potenciar la diversidad en la lista, prefiero recomendar esta novela suya que, además de ser su obra más singular, también es mi favorita. Influenció poderosamente a Lovecraft y en el nacimiento del horror cósmico. Es un libro desconcertante, como un sueño delirante que pagina a pagina va superándose a si mismo hasta un final perfecto; como con la obra de Bulwer-Lytton que comentaba antes, la premisa inicial parece bastante sencilla (un hombre se traslada a una casa aislada donde empieza a verse acosado por lo sobrenatural) pero aquí va escalando de un modo que no tiene parangón: el acoso de las criaturas bestiales, los viajes ¿mentales? del protagonista, la sensación de pavor al sentirse suspendido por un hilo sobre un abismo de negrura...Recientemente la novela ha sido adaptada al cómic con arte de Richard Corben.



La otra parte de Kubin es otra obra onírica aún más delirante, si es que esto es posible. Puede que sea una de las incorporaciones en esta lista potencialmente más polémicas y de las más desconocidas: sumamente meritoria sin embargo, pero no se puede definir fácilmente. Digamos que presenta la peculiar experiencia del narrador en un país nuevo surgido de la imaginación de un millonario artista henchido de mesianismo. Los simplemente excéntricos conviven allí con los rematadamente locos: algo en el lugar les transforma —o ellos transforman el lugar— hasta que éste parece una entidad viviente completamente demente. El lenguaje, todo el concepto, está revestido de una cualidad poética, de ensueño, que le da un aire de sueño o pesadilla que ninguna otra obra que haya leído se acerca a igualar.


La isla del Dr. Moreau puede sorprender en esta lista, pero siempre me ha parecido un libro escalofriante, a su modo. H. G. Wells fue tan visionario como Jules Verne, pero allí donde lo que previó Verne ya lo hemos vivido hace tiempo, las visiones de Wells quizás aún estén por llegar. La resolución de La guerra de los mundos nos habla de guerra biológica y terraformación. La de La maquina del tiempo antecede las primeras distopías de la ciencia ficción y sienta las bases para el subgénero del viaje temporal. En La isla del Dr. Moreau lo que vemos es una versión primitiva de la experimentación genética, otra representación muy gráfica del complejo de dios. Las criaturas torturadas física y espiritualmente que surgen del bisturí del Doctor, su casa del dolor... no son cosas que uno olvide fácilmente, y me parecen de las más perturbadoras que he leído. Para mi es el mejor libro de Wells.

La puntada final

Para terminar tenemos a Clark Ashton Smith y a Howard Phillips Lovecraft. La llamada de Cthulhu es una antología tan buena como casi cualquier otra. Todos los relatos de Lovecraft han sido publicados entre antologías temáticas, ediciones íntegras y demás, pero de todas ellas la que me parece más satisfactoria es la primera que leí, la de Acervo en dos tomos titulada Obras escogidas. Aquí se recopilan casi todos los mejores relatos del maestro de Providence, con lo que tenemos una antología más completa que muchas otras, pero se prescinde de los relatos “malos” o muy alejados de los mitos —como los de Herbert West, que por otra parte recomiendo aunque no sean lo que uno suele asociar a Lovecraft—. Dudo que pueda decir algo que no se sepa ya sobre por qué leer de Lovecraft, pero para tener una idea de por qué el terror es actualmente como es si solo hay que leer a dos autores, tienen que ser Lovecraft y Poe.


Smith es mi favorito de los tres mosqueteros de la Weird Tales: sus cuentos tiran mucho hacia la fantasía pero sin alejarse demasiado del terror. Desbordan exotismo sensual propio de las mil y una noches, y un tono decadente que se aprecia mucho más si uno lo contrasta con la mojigatería de HPL. Esta mezcla entre el escenario fantástico y el sobrecogimiento del terror es ideal y, curiosamente, menos común de lo que podría parecer; es quizás una vía muerta —por desgracia— muy vinculada al pulp, que solo siguieron unos pocos y durante poco tiempo, y de todos ellos el mejor siempre fue Smith. Se nota en su prosa que él se consideraba eminentemente poeta; consigue que lo macabro resulte bello. Y si os apetece y tenéis ocasión de encontrar alguna de sus poesías —“The hashish eater”, por ejemplo— veréis a qué me refiero: sus contemporáneos lo comparaban con Byron y Shelley, con lo que el que cayera en el olvido resulta aún más triste

Espero que os haya gustado la lista, y lo dicho; cualquier duda, sugerencia o queja, aquí estamos. Recordad que podéis consultar la lista completa en el siguiente enlace: Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el género.

marzo 16, 2015y

5 de marzo de 2015

Literatura de terror: Guía rápida para adentrarse en el género

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».
© Dave McKean

La literatura de terror es un campo enorme que ha progresado mucho desde la literatura gótica del siglo XIX: del gótico al horror cósmico, pasando por el gore, el surrealismo y el terror psicológico. Me ha parecido interesante establecer una cronología formada por las obras que, a mi juicio totalmente subjetivo, han marcado el terror literario y la he dividido en tres bloques según se trate de obras «fundacionales» –de Edgar Allan Poe a Clark Ashton Smith–, «clásicos modernos» y «terror contemporáneo».


Hay dos criterios que merece la pena comentar antes que nada. En primer lugar, he escogido una sola obra por autor, aún cuando muchos de ellos cuentan con varios títulos imprescindibles en la historia del género. Me ha parecido más adecuado diversificar y así evitar que un período pueda quedar copado por uno o dos autores prolíficos, sugiriendo otros nombres quizás menos conocidos. En segundo lugar, las obras escogidas varían entre recopilaciones de relatos y novelas: esto puede ser muy criticable, pero o se hace una lista mixta donde se mencionen relatos individuales al lado de novelas o se escoge alguna antología emblemática, y a ser posible, no descatalogada; he optado por esa segunda posibilidad. Y además:

  • Cuando ha sido posible, los libros que figuran en la guía están disponibles en cualquier librería, unos cuantos –demasiados– están descatalogados en español, y en estos casos no recomiendo ninguna editorial en concreto.
  • Cuando se trata de material antiguo puede haber varias ediciones disponibles en distintas editoriales bajo títulos ligeramente distintos: menciono aquellas ediciones que me parecen mejores en cada ocasión.
  • Las antologías escogidas que no fueron configuradas como tales por sus respectivos autores las incluyo al considerar que recogen lo mejor del autor en cuestión.

Finalmente, decir que hacer listas siempre es más complicado de lo que parece: si uno no quiere alargarse infinitamente hay que acotarlas según algunos criterios, la mayoría de los cuales ya he expuesto más arriba, y todo ello provoca que haya omisiones muy dolorosas pero necesarias. Se puede argumentar que falta más presencia de literatura gótica, o criticar que no esté Robert E. Howard, incluso discutir si alguna de las obras que menciono es realmente de terror o no. Puedo estar de acuerdo con todo ello: animo a discutirlo a través de los comentarios.
En los próximos días, publicaremos un artículo centrado en cada uno de los tres períodos, comentando los títulos que constan en cada uno y los temas que tratan. Vayamos, sin más preámbulos, con este modesto repaso a la historia del terror literario.

Primer período: del siglo XIX hasta 1939. Edad de Oro: obras fundacionales

© Harry Clarke

Aquí vamos del auge de la literatura gótica –Potocki, Shelley– donde lo sobrenatural se mezcla con lo romántico hacia el advenimiento de Edgar Allan Poe y lo macabro, la aparición de los grandes autores británicos –quienes usan el folclore popular– y cerramos con el fin de la primera oleada del terror pulp, mucho más colorido, tras la muerte – o silencio – de los tres mosqueteros de la Weird Tales encabezados por Lovecraft. Allí donde la literatura gótica usaba el ambiente del Romanticismo, el pulp usa la literatura de aventuras como vehículo para el terror .

  1. Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1814) - Valdemar.
  2. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1818). Ed. Valdemar.
  3. Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe (1834-1946). Libros del zorro rojo.
  4. La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton (1859). Impedimenta.
  5. Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas, de M. R. James (1895-1931). Valdemar.
  6. Los tres impostores, de Arthur Machen (1895). Alianza Editorial.
  7. La isla del Doctor Moreau, de H. G. Wells (1896).
  8. Drácula, de Bram Stoker (1897). Valdemar.
  9. La casa en el confín de la tierra, de William Hope Hodgson (1908). Valdemar.
  10. La otra parte, de Alfred Kubin (1909).
  11. Lovecraft. Obras escogidas I y II, de H. P. Lovecraft (1924-1931). Acervo.
  12. Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith (1932-1953). Valdemar.
Segundo período: de 1940 hasta 1979. Edad de Plata: clásicos modernos

Fragmento de la portada de Pesadilla a 20.000 pies (Valdemar)

El panorama se diversifica enormemente; los primeros herederos de Lovecraft y Howard –Bloch, Leiber– toman el relevo aún aferrados a los mitos y crean leyendas propias –Bloch con Psicosis sin ir más lejos–. Surgen con mucha fuerza nuevas voces en la novela con obras que exploran los senderos de la condenación –Straub, Blatty– y auténticos maestros del relato: la literatura poética, de gran belleza y por ello más chocante de Bradbury o la originalidad de Matheson. Y para terminar, aparecen varias obras muy singulares que cuesta encasillar: las de Thomas Tryon, Ray Bradbury o Roland Topor. Quizás es el período más experimental, que cerramos con la brillante obra de Klein, que gira hacia el pasado recuperando el ambiente de los mitos. 

  1. Malpertuis, de Jean Ray (1943).
  2. Dulces sueños... 15 historias macabras del maestro del horror, de Robert Bloch (1947-1958). Valdemar.
  3. Pesadilla a 20.000 pies, de Richard Matheson (1951-1969). Valdemar.
  4. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson (1959). Valdemar.
  5. La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury (1962). Minotauro.
  6. El quimérico inquilino, de Roland Topor (1964). Valdemar.
  7. La semilla del diablo, de Ira Levin (1967).
  8. El exorcista, de William Peter Blatty (1971). Ediciones B.
  9. El otro, de Thomas Tryon (1971).
  10. Nuestra señora de las tinieblas, de Fritz Leiber (1977).
  11. Fantasmas, de Peter Straub (1979).
  12. Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein (1984).
Tercer período: de 1984 hasta la actualidad. Terror contemporáneo

Ilustración original para los Libros de sangre de Clive Barker

Abrimos el período del terror contemporáneo. A principios de la década de los ochenta Stephen King ya había escrito varias obras importantes, pero con IT se consolida como el «Rey del Terror » que reinará sobre por lo menos una década. El gore y la transgresión de Clive Barker o Chuck Palahniuk, la sutileza de Thomas Ligotti y la crueldad de Dan Simmons; todo se vuelve más brutal, King pierde el trono después de un largo declive y su hijo Joe Hill entra pisando fuerte aspirando quizás a heredar la corona de su padre

  1. Libros de sangre, de Clive Barker (1984-1985). La Factoría de Ideas.
  2. La canción de Kali, de Dan Simmons (1985).
  3. IT, de Stephen King (1986). Debolsillo.
  4. La chica de al lado, de Jack Ketchum (1989). La Factoría de Ideas. 
  5. Noctuario, de Thomas Ligotti (1985-1994). Valdemar. 
  6. El sol de medianoche, de Ramsey Campbell (1990).
  7. Muerte al alba, de Robert McCammon (1991).
  8. The Ring, de Koji Suzuki (1991). Literatura Random House.
  9. Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004). Planeta.
  10. Fantasmas, de Chuck Palahniuk (2005). Literatura Random House, Debolsillo.
  11. John muere al final, de David Wong (2007). Valdemar.
  12. Cuernos, de Joe Hill (2010). Punto de lectura.
Hasta aquí llega la guía rápida. ¿Qué novelas o antologías incluiríais vosotros en la lista? Estad atentos a los próximos días porque nos iremos adentrando en profundidad en cada uno de los periodos de esta lista.

marzo 05, 2015y

14 de junio de 2009

"Frankenstein", de Mary Shelley


Una de las novelas más conocidas del género gótico, y dicen que la primera en tratar la ciencia-ficción. Mary Wollstonecraft Godwin (más conocida como Mary Shelley), nacida en Londres el año 1797, era narradora, dramaturga, ensayista y biógrafa, y más conocida por escribir la novela que ahora nos ocupa. Describir todos los pormenores y penurias que pasó durante su vida nos llevaría varias páginas, por lo que haré un resumen de todo lo importante.

Tras el fallecimiento de su madre al darle a luz, Mary y su hermana fueron prácticamente sirvientas para su padre, William Godwin. Este, casado con Claire Clairmont (tan sólo ocho meses menor que la escritora), dio a Mary una educación que la instó a instruirse en las teorías políticas liberales. Y fue en 1814 cuando inició una relación con el ya casado Percy Bysshe Shelley (seguidor político del padre de Mary). Los dos, junto a su hermanastra Claire (casada con su padre, no lo olvidemos), viajaron por toda Francia, hasta que volvieron a Inglaterra, Mary ya embarazada. Vivieron una vida llena de deudas y préstamos, de miseria, principalmente por el fallecimiento de su primera hija. Percy y Mary contrajeron matrimonio en 1816, tras el suicidio de la primera esposa de él.

Pero el inició de Frankenstein llegó cuando Percy, Mary, Claire y John Polidori (médico personal de la pareja) hicieron una visita a Lord Byron en su villa de Suiza. Ese año de 1816 fue un año sin verano, debido a la erupción del Tambora, situado en Indonesia, en las Indias Orientales, y que sumió a todo el hemisferio norte en un año de invierno volcánico, debido a la cantidad de polvo que invadió la atmósfera. Por culpa de esto, la luz del Sol no ejercía su función y se echaron a perder todas las cosechas del norte de Europa y del nordeste de Estados Unidos debido a la drástica disminución en la temperatura. Pero volviendo al tema, decíamos que ese año surgió la idea de crear la novela Frankenstein. Tras leer una antología alemana de relatos de fantasmas, Byron propuso a los Shelley y a Polidori la creación de un relato de terror (supongo que también inducido por dicho año fatídico). Aunque solamente Polidori lo completó, fue la semilla de la novela más famosa de Mary. El avance en su escritura se debió a diversos motivos. Primero por una pesadilla que tuvo una noche, y segundo, por las conversaciones que Polidori y su marido sostenían acerca de los avances científicos de Darwin y Galvani. Percy le ayudó a completar su obra revisando los errores gramaticales y la fluidez del texto, llegando a publicarse de forma anónima en 1818 (en una edición en tres volúmenes con una tirada de 500). En 1823 se hizo una segunda edición en dos volúmenes, esta vez con el nombre de la escritora. Pero en 1831 reescribió la novela, algo que ya tenía pensado desde antaño. Le añadió un prefacio mucho más extenso y un comienzo mucho más embellecido. Volvió entonces a publicarse ese año, siendo hoy en día la versión más conocida, aunque la edición de 1818 sigue publicándose, y mucha gente la prefiere.
Mary Shelley y su marido abandonaron Inglaterra en 1818, mudándose a Italia, donde su segundo y tercer hijo murieron. Su último y cuarto hijo sobrevivió, Percy Florence (llamado así por haber nacido en Florencia). Percy Shelley murió en 1822 al hundirse su barco durante una tormenta. Mary regresó entonces a Inglaterra al año siguiente para dedicarse a educar a su hijo, así como a la carrera de escritora profesional. Los últimos diez años de su vida estuvieron plagados de enfermedades, terminando con ella en 1851, a los 53 años de edad.

Tras esta trágica vida, ¿qué podemos decir de Frankenstein que no se haya dicho ya? Siempre he querido leerla, pero nunca le he encontrado el momento hasta ahora, quién sabe si por esas causas mayores en la que diversas obras van guardándose en un aparte hasta el momento adecuado. Frankenstein reune muchos elementos propios de la novela gótica. De clara influencia romántica, en ella encontramos la clásica disensión entre el Bien y el Mal, simbolizadas por el monstruo de Frankenstein y el mismo doctor, así como claras referencias a la locura, al salvajismo, lo irracional o las características ultraterrenales. Junto a la exageración de situaciones y personajes, la contraposición entre terror y éxtasis, o esa profunda descripción (y diálogos) donde se nos queda patente la idea del abismo, de las tinieblas insondables, de la exaltación de la muerte... hallamos una de las piezas claves dentro del género gótico. Incluso ese componente oriental propio del género está presente (por lo misterioso), aunque en mucha menor medida y solamente de pasada.

Situada en una época de cambios científicos y religiosos, la novela nos plantea otro tipo de cuestiones aparte de la envoltura, y es la lucha o la sublevación de la criatura ante el creador. Un conflicto que ahora se ha convertido en todo un clásico y que vemos representado en muchas obras (qué si no son los robots que se revelan contra sus amos). La criatura es superior a dicho creador en capacidad física, aunque en inteligencia están muy igualados. Pero el creador debería mostrar mayor raciocinio, porque el medio para terminar con ella (a la criatura me refiero) no difiere mucho de los empleados por el monstruo en su espiral de violencia y crímenes (y eso sin contar la irresponsabilidad de haber creado tal monstruo sin haber hecho una mejor reflexión), ante su reivindicación del derecho a la vida y querer parecerse al ser humano, aunque en el fondo sepamos que no puede verse cumplido su deseo. Es por tanto un ser que me ha inspirado tristeza y compasión al principio, pero que me ha causado rechazo al terminar de leer la novela, no ya porque su causa esté perdida en un mundo donde se tiene miedo a lo desconocido, sino porque sus actos me han parecido totalmente viles, sin posibilidad alguna de justificación.

La estructura de la novela es lo que más me ha llamado la atención, puesto que la desconocía totalmente y pensaba que el proceso de creación del monstruo se describiría con más detalle, pero no es así en absoluto. Se trata solamente de pasada, como un medio para desarrollar todo lo que viene después. La narración en primera persona, a modo de carta (así comienza y así termina) y la fluidez del texto, ha hecho que la novela me resulte francamente entretenida, sin ningún punto donde flaquee, tal es el interés que me ha suscitado los monólogos del monstruo o el relato de la vida del Dr. Frankenstein. Incluso hay cierto componente de aventura o de viaje, en ese recorrido que se hace por tierras extrañas, además de la persecución del monstruo por Europa y más allá. El motivo del viaje, del desplazamiento en pos de una meta justa, del Bien.


Se han hecho muchas adaptaciones de esta obra, y ahora recuerdo unas cuantas, aunque para ser sincero, no recuerdo prácticamente nada de ellas (salvo la comedia de Mel Brooks y algo de la adaptación de Kenneth Branagh), por lo que tendré que efectuar un repaso al haber leído ya la novela. Pero lejos de adaptaciones, la novela de Frankenstein se merece un buen puesto en las lecturas habituales de cualquier lector que se precie.

14 de Junio de 1709...


------------Ficha------------

Colección/Serie: Independiente

(La edición ya dependerá de los gustos del lector, puesto que existen muchas en el mercado. Lo mejor es echarles un vistazo a todas ellas y elegir la que mejor se ajuste a nuestras necesidades del momento). En estos momentos dispongo de la edición de Edimat, que por lo demás, es correcta, muy barata, y posee una buena traducción.

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junio 14, 2009y


 

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