Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
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Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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noviembre 18, 2013

Reseña: «La casa y el cerebro», de Edward Bulwer-Lytton

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Título original: The House and the Brain.
Edición: 108 págs. Impedimenta, noviembre 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 14,95 € (rústica con solapas).
Traducción: Arturo Agüero Herranz.
Temática: Terror, fantasmas.
Correlación: Independiente.


Cuando estás cansado de traducciones con erratas en libros por cuyos precios éstas deberían estar ausentes; cuando una encuadernación barata que se deforma al más leve toque deja el lomo de tus libros como un acordeón; cuando te encuentras leyendo de un papel de tal gramaje que transparenta y ves, en un momento de trágica claridad, que cada vez quedan menos editoriales con proyectos firmes que no bailen al son de los best sellers, puedes llegar a creer que efectivamente el libro físico está muerto o en agonía. Entonces un día descubres la editorial Impedimenta y recuperas la fe, el ánimo y la ilusión... Porque cada edición de Impedimenta –les sigo desde hace años– es un canto al amor por la literatura e incluso diría por la bibliofília. Todo, desde las sobrecubiertas agradablemente rugosas de diseño sobrio y elegante al cremoso y consistente papel de las páginas habla de tranquila precisión, de atención al detalle, de cuidado y de respeto a sus lectores. Cuando uno finalmente se sienta en su butaca favorita, dispuesto a adentrarse en lo que el autor le ofrezca, Impedimenta hace la transición a la ficción aún más fácil brindando en cada tomo una interesante introducción, de tal modo que, con las ideas en orden, establecido un contexto y en compenetración con el autor, el lector pueda emprender su viaje.

Podría pensarse que, con tanta dedicación a su trabajo, Impedimenta debe ser una editorial poco pródiga; que ofrecería sus publicaciones muy de vez en cuando, como bocados selectos y exclusivos, y en su exclusividad, escasos. Nada más lejos de la realidad. De hecho, su ritmo es extraordinario; tanto como la calidad de su catálogo, en el que se puede encontrar de todo, desde terror al humor más refinado, de la mejor literatura europea a ciertos clásicos orientales bastante desconocidos para el público occidental.


Lo que yo he encontrado hoy– y aparco por un momento esta especie de oda de fetichista bibliofília– es la novedad que nos traen este mes de noviembre: La casa y el cerebro, de Edward Bulwer-Lytton. Antes de leerlo, ya me llama muchísimo la atención primero por quien lo firma, un autor que, aún sin conocer yo personalmente muchas de sus obras, me consta como uno de los más influyentes de la literatura inglesa; y segundo quien lo avala –según la sobrecubierta– nada menos que dos grandes de lo fantástico: Lafcadio Hearn y, sobre todo, H. P. Lovecraft.

“En la literatura de terror hay muchos miedos que se pueden invocar para crear malestar al lector”
H. P. Lovecraft, aparte de autor del ciclo de mitos de Cthulhu –y por ello, una de las figuras más influyentes del terror– era un crítico despiadado y certero, y su aval tiene mucho peso para mi; de modo que fui a consultar mi ejemplar de su ensayo “El horror sobrenatural en la literatura” (reeditado recientemente por Valdemar en su colección "Gótica") para ver qué decía exactamente al respecto. Y, en efecto, parece que a Lovecraft le encajaba la definición de “La casa y el cerebro” como una de las mejores historias de casas encantadas de todos los tiempos. Seguía hablando –en el ensayo– sobre la obra de Bulwer-Lytton en general, y aunque no es tan elogioso con “Zanoni, o el secreto de los inmortales” (también editado por Valdemar "Gótica", y que aún espera su turno en mi estantería), criticando su tono romanticista y su excesiva permisividad con los fenómenos del mesmerismo o el espiritismo, valora muy positivamente las ideas y aportaciones de Lytton al género, tales como la del inmortal heredero de antiguas tradiciones, o la siniestra figura que, en “Zanoni”, guarda el umbral al saber de otros mundos; el “Morador del umbral”, figura de la que el propio Lovecraft se apropia parcialmente usándola en algunos de sus relatos del ciclo de Kadath e identificándola, más tarde, con el primigénio Yog-Sothoth.

Las palabras de Hearn me parecen más precisas, y me gustaría citarlas tal y como lo hace Arturo Agüero Herranz, el traductor de "La casa y el cerebro" en la introducción: “Les mencioné el otro día –dice Hearn– una narración breve de Bulwer-Lytton (“La casa y el cerebro”) calificándola como la mejor historia de fantasmas en lengua inglesa. Es el mejor cuento de este género porque reproduce con asombrosa fidelidad las vivencias de una pesadilla. El terror de los grandes cuentos sobrenaturales es el terror de una pesadilla proyectado dentro de la consciencia despierta”. Lafcadio Hearn es, recordemos, el autor de varios libros de temática fantasmagórica, y un gran divulgador del antiguo japón fantástico (recomiendo el tomo En el Japón espectral, editado por Alianza).


Con tales avales, mi predisposición antes de leer La casa y el cerebro no podría ser mejor. Y ahora, al sentarme a escribir la reseña tras pasar poco más de una hora entre sus páginas –se trata de una historia realmente breve– la sensación sigue siendo extremadamente positiva. Y esto es lo peculiar; cuando algo te viene tan recomendado, se crea un fenómeno, el llamado hype, por el cual al encontrarte con la realidad a veces ésta te decepciona, simplemente por haberte creado unas expectativas excesivas. No ha sido el caso, y que sea esto aún otro aval.

La estructura de la novela (el termino inglés para este tipo de obras tan breves me parece más adecuado; novelette), en cuanto a la narración, es clásica, aunque hablando de algo escrito en 1859 se trataría de obras como esta las que establecen “lo clásico”; un gentleman inglés se entera, por un amigo, de la existencia de cierta casa donde éste se ha hospedado, que goza de la fama de estar encantada. Inmediatamente, se despierta su interés, y se dispone a alquilarla para pasar unos días y experimentar en primera persona los fenómenos que, dicen, suceden allí. No hay nada como ser un caballero inglés para poder permitirse este tipo de impulsos ociosos, que después dan para tantas novelas. Acompañado de su criado y de un perro, nuestro protagonista se instala en la casa. Como es normal, el casero le ha advertido del hecho de que ningún inquilino ha aguantado más de dos noches; que incluso la presencia de algo sobrenatural puede sentirse durante el día. Pero él sigue adelante con su plan, con buen humor y este tipo de actitud entre escéptica y abierta de mente que es propia de su arquetipo.

Hasta aquí, todo sigue un esquema muy familiar. Lo que ya no es tan frecuente es como el terror empieza a atacar enseguida; no hay una lenta escalada de sucesos inexplicables que acaben en un apoteósico final. Prácticamente desde el mismo momento en que ponen un pie en el edificio, éste reacciona a su sobrenatural manera; y la forma como Lytton lo narra crea escenas de gran belleza siniestra. 

Y como se suele decir, hasta aquí puedo leer, sin desvelar detalles de la trama. Lo que sí puedo decir es que logra –como ya avisa Hearn– transmitir la sensación de pesadilla; que la atmósfera, construida rápidamente, es sorprendentemente efectiva, precisamente por la sencillez con que se construye. Aunque me consta que Bulwer-Lytton tenía cierta afición a divagar o a perderse en florituras, aquí es directo y conciso, talmente como si el protagonista estuviera narrando lo que ha vivido allí dentro a otro amigo, lo que añade realismo al relato.


“Como tanta gente de la alta sociedad de su época, Bulwer-Lytton sentía interés por el ocultismo”
En la literatura de terror hay muchos miedos que se pueden invocar para crear malestar al protagonista, y a través de este, al lector; el miedo a la decadencia (enfermedad, pobreza, hambre), el miedo a la muerte, el miedo al dolor o al daño físico, el miedo a la locura o (muy íntimamente relacionado) el miedo a la pérdida de la voluntad. Hay un fenómeno real, que algunos hemos padecido a veces, sobre todo de pequeños, donde te despiertas en medio de la noche y te encuentras paralizado; consciente, pero sin poder moverte. Tienes la sensación de que hay algo en la habitación y quieres encender la luz, pero no puedes. Es como si una voluntad ajena te mantuviera sujeto. Parece ser que tiene que ver con encontrarse en un estado medio entre la consciencia y el sueño, algo así como un “falso despertar”. Es una sensación muy desagradable. Y es el tipo de miedo que Bulwer-Lytton invoca; una poderosa presencia maligna que, a parte de las acostumbradas señales poltergeist, es capaz de clavarte a la cama con una sola mirada y robarte la posibilidad de reaccionar.

Este tipo de imposición de una voluntad ajena está relacionado obviamente con el mesmerismo, la hipnosis, que como decía Lovecraft, estaba muy de moda en vida de Lytton (y siguió de moda durante bastante tiempo, como atestigua el mismo Bram Stoker en su Drácula, publicado cuarenta años después). Este tema, la voluntad como un poder que se puede ejercer no solo sobre los demás sino también sobre el propio cuerpo o sobre el entorno es el gran tema de fondo, junto con el de las sociedades herméticas, el ocultismo. Ambos tienen un peso clave en la trama y su desarrollo, junto con la existencia de individuos “especiales”, dotados de capacidades quizás no necesariamente superiores pero desde luego poco comunes, aislados por ellas del común de los mortales. Y ambos suponen, quizás, su punto más cuestionable; Bulwer-Lytton hilvana una teoría para explicar los hechos que, si bien suena plausible y añade realismo, también supone enseñar sus cartas, sus creencias personales, que a la luz del racionalismo actual pueden resultar inocentes o rebuscadas. Esta última parte, la de la explicación, se eliminó de algunas ediciones, inicialmente según petición del propio autor, después imagino que por inercia; la de Impedimenta es la versión entera. Lytton solo eliminó este tramo al creer que podía interferir con otra de sus historias, no porque creyera que era superflua o incorrecta, por lo que mantenerla ahora que se reedita me parece lo correcto. Y mas cuando en ella encontramos algunas de las mejores y más evocadoras ideas de la novela. Para entender de donde vienen, convendría repasar brevemente la biografía del autor, que desconocía, y que resulta tan interesante que bien podría ser teatralizada:

Edward Bulwer-Lytton nació en 1858 en una familia acomodada; su padre murió siendo él muy joven, y la influencia de la madre se expandió a un nivel casi excesivo (como también sucedió con Robert E. Howard, por ejemplo). Destacando en los estudios, sus primeras creaciones fueron antologías poéticas que autopublicó. Después de casarse con Rosina Doyle Wheeler, a quien la señora Lytton desaprobaba hasta el punto de cortarle la asignación a su hijo, se vió obligado a incrementar su volumen de trabajo, llegando a unos extremos verdaderamente maratonianos entre novelas, relatos, teatro y poesía, sin contar con su carrera política que le mantuvo en el parlamento durante más de una década. De tales actividades Bulwer-Lytton sacó una fortuna considerable y un enorme respeto popular, comparable a la uno de sus amigos, Charles Dickens. Su matrimonio fue un fracaso absoluto; el matrimonio, afectado por las infidelidades y por tal ritmo de trabajo finalizó en 1836. Rosine publicó un libro riéndose de la hipocresía que veía en su ex-marido, y llegó al extremo de escarnecerle públicamente mientras él se postulaba como candidato para el parlamento, tras lo cual Lytton le negó la asignación y el acceso a los hijos, aunque más tarde entraría en razón. En 1862, su popularidad era tal que se le ofreció la corona de Grecia tras la abdicación del rey, que él rechazó; y en 1866 la corona británica le concedió el título de Par y Barón Lytton. Las excentricidades biográficas no terminan aquí; en 1867 la sociedad de Rosacruces inglesa le aclamó públicamente como su líder, algo que al parecer le sorprendió y rechazó. Su vinculación con esta sociedad secreta, fuera o no real, se puede deducir rápidamente de su “Zanoni”, donde usa abundante transfondo ocultista. Finalmente, el 18 de enero de 1873, murió por las complicaciones de una infección en el oído, poco antes de cumplir 70 años.


Creo que algunos aspectos de esta biografía tan singular pueden apreciarse en la novela. Para empezar, creo que como tanta gente de la alta sociedad de su época sentía un interés entre serio y ocioso, entre intelectual y morboso, por el ocultismo; lo mismo puede decirse de su protagonista. La presencia femenina, en esta novela, es casi nula; quizás es buscarle tres pies al gato, pero que la única mujer que aparezca en el libro tuviera tendencias criminales se podría leer como resentimiento misógino, quizás. El mismo Lytton podría haber protagonizado esta historia; está construida desde la óptica de un gentleman acomodado, que por lo frecuente en este tipo de historias, nos podría llevar a pensar que los fantasmas solo visitan a la clase alta.

El impacto de Lytton en la cultura posterior es indudable. Los últimos días de Pompeya es quizás su obra más conocida para el gran público, y ha sido adaptada a varios medios repetidas veces. Para mencionar un par de anécdotas, le debemos frases tan archiconocidas como “La pluma es más fuerte que la espada” (de su obra teatral Richelieu, 1839) o Perseguir el todopoderoso dólar. Su Strange Story (1862) fue una de las fuentes de las que bebió el Drácula de Stoker; y en The comming race”(1871), donde presenta a una raza de seres subterráneos esperando a reclamar la superficie, establece uno de los tópicos más recurrentes tanto del terror como de la ciencia ficción, de donde parten desde Lovecraft y sus criaturas infrahumanas en ciudades subterráneas a Stan Lee y su hombre topo en Los 4 Fantásticos.

En cuanto a “La casa y el cerebro”, constituye una base, un punto clave, iniciático, a un tema recurrente en el terror, el de la casa encantada, que explotan desde Algernon Blackwood en uno de sus episodios con John Silence, investigador de lo oculto (Valdemar Gótica) a Richard Matheson con La casa infernal (La Factoría de Ideas) o Shirley Jackson, con su excelente La maldición de Hill House (también Valdemar "Gótica"). Me ha impresionado hasta tal punto que en cualquier futura referencia a este subgénero no olvidaré mencionarla.

Si os encontráis cualquier día en una “oscura y tormentosa noche...” (“It was a dark and stormy night”), otra de sus frases clave, que abre su novela Paul Clifford (1830), y os apetece una de estas historias inquietantes y bien narradas, una historia de fantasmas victoriana como reza el subtítulo, pero que ha envejecido perfectamente, espero haberos convencido por lo menos un poco de que “La casa y el cerebro” es la elección ideal.

4 comentarios

A mí me has convencido, sin duda ;) Este libro tiene una pinta estupenda, no sólo por quién lo firma (como bien dices), sino porque atrae desde el primer instante que lo ves: la portada que han escogido es magnífica y acompaña a la perfección el género del relato.

Gracias también por las recomendaciones que nos has ofrecido. Tendré que ponerme algún día con este autor :)

Yo no voy a decir que me pongo en la lista de los "futuros" el libro, porque es tan extensa que creo que no me dará tiempo a acabarla antes de picharla. Lo que sí que puedo decir es que me encanta leer las reseñas que haces porque nos enseñas siempre algo que no sabemos. ^^ Así que mi más sincera enhorabuena. He disfrutado leyéndola.

Por cierto, me molan las imágenes. *.*

Todos los libros de Impedimenta son una oda a las bibliotecas. Son unas ediciones tan cuidadas, tan bonitas, tan bien traducidas, tan ..... de todo, que son una maravilla.

Eta novela no me llama en particular, no soy muy de leer novelas de terror, pero los clásicos británicos me pierden. A ver si puedo conseguirla y echarle un ojo.

Gran reseña, por cierto.

Pues a mí me has predispuesto totalmente a leerla. Me atrae este enfoque del género de terror y no he leído nada del autor (desconocía que fuera el artífice de Los últimos días de Pompeya), pero parece un referente anglosajón muy interesante.

Por lo demás, suscribo por completo tus sensaciones acerca de las impecables ediciones de Impedimenta. En efecto, libros así de bien hechos demuestran que el ebook no puede desterrar por completo a las ediciones en papel.

Le echaré un vistazo en la librería y es posible que se venga a casa.

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