Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

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Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

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junio 22, 2014

Reseña: «Steelheart» (Trilogía Reckoner 1), de Brandon Sanderson

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Durante muchos años he podido ir viendo cómo el género zombi tiene un auge increíble. Desde los primeros juegos de Resident Evil, los distintos cómics y temporadas de la serie de The Walking Dead, hasta las miles de novelas que se publican a día de hoy relacionadas con este tema. En todos los casos hemos visto distintas causas por las que comienza la enfermedad, la infección, la plaga o directamente el fin de todas las cosas. Lo que nunca he visto es utilizar una enfermedad como la que podría justificarse en un libro de zombis para explicar la aparición de superpoderes que llevase a unos cuantos elegidos de toda la población afectada a convertirse en eso sobre lo que hemos leído tantas veces. Personas con fuerza sobrehumana, seres capaces de volar, de teleportarse, de crear ilusiones, de preveer el peligro o de convertir todo lo que les rodea en acero –al más puro estilo Rey Midas pero en el siglo XXI–. Vale, estaréis pensando en que realmente esto no es tan original como parece a simple vista. Todos los que somos amantes de los cómics de superhéroes y que hemos crecido leyendo casi todo lo que ha publicado Marvel, ya hemos visto casos parecidos. Fijaos por ejemplo en el Capitán América o en Hulk. Los dos personajes son producto de una extraña mutación genética por culpa de algo externo: el grandullón verde por culpa de la radiación gamma y en el caso del Capitán América por causa del suero del supersoldado. Si lo pensáis bien, esto es lo más cercano que ha estado la Marvel de desvelar lo que Sanderson propone en Steelheart.

〈〈 ¿Qué pasaría si al otorgar superpoderes el virus Calamity sacase lo peor de las personas y las convirtiese en malvadas? 〉〉
Según se puede entrever en la narración –aunque a duras penas, porque en este primer libro prácticamente no se menciona nada al respecto–, alguien seguramente relacionado con el gobierno o con los laboratorios farmacéuticos más poderosos creó un virus llamado Calamity. Como podéis imaginaros, como todo lo que se crea en el más absoluto secreto –al igual que pasó con el virus C,T y G de Resident Evil–, terminó saliendo a la luz contaminando a la gran mayoría de los ciudadanos. Hubo quienes lo resistieron sin sufrir ningún tipo de efecto y hubo otros tantos que experimentaron un tremendo cambio. Estamos hablando de algo parecido a lo que sufren los X-Men, para que tengáis en mente a lo que me refiero. Como os podréis imaginar, si esto pasase mañana mismo, la mitad de las personas que contemplasen tal cataclismo evolutivo pensarían en estos ejemplos que os he puesto, por lo que cuando apareciesen los villanos de turno rompiéndolo todo a su paso -como los niños sin amor y con problemas que siempre han sido-, lo primero que esperaríamos es precisamente que apareciese una Liga de la Justicia, un grupo de Vengadores, o algún vecino que sea superhéroe en sus ratos libres como Spiderman para salvarnos de la masacre. Alguien a quien vitorear mientras suelta frases que parecen haber sido ensayadas delante del espejo, pero que después de actuar se retirase discretamente a un segundo plano, intentando compaginar a duras penas su vida de héroe con su aburrida vida diaria.


Esto precisamente es lo que más me gustó de esta historia de la que vengo a hablaros. La primera frase que leemos en la novela, "He visto sangrar a Steelheart", nos habla de un ser realmente impresionante, músculos que parecen a punto de romperle la ropa, un mentón cuadrado que le da un aspecto más resolutivo que el que tiene una montaña y una mirada acerada con la que podría atravesar el plomo. Si a esto le sumamos que mide prácticamente dos metros y pico y que va con un traje blanco y una larga capa que ondea detrás suya, tenemos una imagen que recuerda al mismísimo Kal-El. Es algo premeditado, evidentemente.

Hemos leído historias como las de Superman: Hijo rojo en las que se nos plantea un camino alternativo, algo tan sencillo como el ¿qué habría pasado si la nave del superhombre hubiese caído en el corazón de la URSS? En la novela de Sanderson, lo que se nos plantea es algo parecido. Es un: ¿qué pasaría si al otorgar superpoderes el virus Calamity sacase lo peor de las personas y las convirtiese en malvadas? Eso es algo que veremos a lo largo de todo el libro, ya que en el prólogo seremos testigos de cómo el padre de nuestro protagonista, David, es víctima de su propia esperanza. Cuando un Épico –que es como se llama a estos superhéroes– empieza a destruir el banco y a todas las personas que allí trabajan por puro placer, cree firmemente que hay que hacer algo para darles tiempo «a los buenos» para que lleguen y se encarguen del problema. Desgraciadamente, el único que hace aparición en aquella matanza es Steelheart, pero para hacerle una invitación al asesino de que se una a sus filas. Steelheart declara entonces abiertamente su intención de nombrarse a sí mismo Emperador de la futura Chicago Nova, pero ocurre algo que no esperaba: es herido accidentalmente a manos de ese padre, -el cual lleva puesta una camiseta del Capitán América- que únicamente es capaz de pensar en su hijo de ocho años que hay escondido en uno de los departamentos del banco, presenciando todo con mudo horror.

Estoy obligada moralmente a deciros que el libro tenía para mi gusto un planteamiento chulísimo, pero a medida que se desarrolla la trama va perdiendo fuelle. No digo que sea malo, ni mucho menos, es entretenido, pero creo que se ha desperdiciado un recurso argumental como éste de forma lamentable. Creo que es realmente impresionante la explicación que a lo largo de toda la novela da Sanderson de cómo uno de los secuaces de Steelheart sume la ciudad de Chicago en una oscuridad permanente, también la conversión de toda la ciudad en acero por la explosión de furia que sufre nuestro villano principal aquel día en el banco, y cómo se desarrolla la vida bajo tierra, gracias, entre otras cosas, al mercado negro de armas de fuego–.


Sin embargo, no creo que explique bien la labor de los Zapadores –máquinas con inteligencia artificial que terminaron enloqueciendo y construyendo un verdadero laberinto/queso gruyere bajo la ciudad de Chicago Nova–, ni tampoco creo que haya sido capaz de revestir a la sociedad que vive en esta era de opresión de un realismo patente. La aparición de los Reckoners –un grupo de asesinos con armamento paramilitar dedicado a la labor de ofrecer resistencia e impartir justicia a los Épicos matando de forma selectiva a algunos de ellos en el proceso– considero que tampoco está bien explotada. En ningún momento se nos aclara si únicamente están ellos en todo el planeta, si hay más células que podrían ayudarles en el caso de fracasar en su misión, al igual que tampoco nos indican si hay algo organizado a escala planetaria para luchar contra todos los Épicos que hay por el mundo. Falta concretar muchos detalles que podrían haber sido matizados en esta primera entrega de la Trilogía Reckoner. En mi opinión, hacia la mitad del libro las cosas empiezan a decaer hasta tal punto en que te daría igual que matasen al protagonista, a su amiga antipática –hablo de Megan– o incluso al mismo jefe de este grupo de asesinos, el Profesor Jon Phaedrus, o a Tia, su ayudante.

Tengo la ligera sospecha de que al autor le está pasando factura tener tantos frentes abiertos y ser tan prolífico. En el caso de Cody y Abraham –los únicos miembros de los Reckoners a los que les cogí verdadero afecto– podría perfectamente relacionarlos con Brisa o Hammond de la serie Nacidos de la Bruma. Sus psiques se han creado de tal forma que en alguna ocasión me he descuidado y me he visto a mí misma esperando a que entren Vin o Kelsier por la puerta. Esto creo que es algo grave, ya que como consecuencia, todos los que lean Nacidos de la Bruma después de esta serie –que será lo más probable ya que esta trilogía es young adult y está escrita pensando en conseguir nuevos lectores–, verán como se repite el proceso y podrían considerar la trilogía de las brumas como algo secundario y de baja calidad, fruto de una copia consecuencia de una falta de creatividad. No todo el mundo tiene porqué saber el orden cronológico en el que han sido publicados los libros ni tampoco tienen porqué querer leerlos de esa forma.


Es una pena pues, que un concepto tan interesante como el del virus Calamity se vea afeado por esa manera tan apresurada de resolver los acontecimientos al final de Steelheart. Un recurso deus ex machina por aquí y unas cuantas sorpresas de última hora creo que no le dan al libro el peso y el valor que podría haber tenido. Sí, es entretenido, fácil de leer y no tiene erratas. Pero al fin y al cabo no deja de ser una novela apta únicamente para leer como descanso entre lecturas, en la playa o en la piscina, o durante esos días de calor en los que tu cerebro funciona a un escaso 2% de su capacidad.

En diciembre de 2013 se publicó en electrónico y en inglés una novela corta titulada Mitosis y que se sitúa entre Steelheart y Firefight –segunda entrega de la trilogía–. Según parece, en Mitosis podemos ver cómo David se centra en sus investigaciones para descubrir los puntos flacos de los diversos Épicos que asolan el mundo. Una forma quizás de atar cabos ante un final apresurado que no aclara nada, como ya os he contado. Imagino que Sanderson se habrá dado cuenta de que no podía hacer una introducción decente a la segunda parte sin haber esclarecido ciertos datos que aún me siguen llamando la atención, como es la extraña relación que tenían Conflux, Firefight y Nightwielder con Steelheart, el descubrimiento de la tecnología de los tensores, cómo apareció el virus Calamity o de dónde consiguen sus fondos los Reckoners. Espero que Ediciones B decida sacar esta novela corta si se plantea publicar los siguientes dos libros de la trilogía para que no nos quedemos con preguntas sin respuesta.

Información adicional
Editado por Ediciones B en mayo de 2014.
Rústica con solapas, 416 págs, 21 €.
Traducido por Rafael Marín Trechera.
Primera entrega de la 'Trilogía Reckoner'.
Nuestra valoración: 

9 comentarios

Estoy bastante de acuerdo con tu reseña. En mi opinión el gran fallo en las novelas de Sanderson suelen ser sus personajes, aunque creo que más que ser similares a los de Nacidos de la bruma, lo que pasa es que crea a los personajes a base de tópicos y al final todos son muy parecidos.

Un saludo.

A mí me encantó "Steelheart". Como novela juvenil, le da mil vueltas a la basurilla que puebla últimamente las estanterías de las librerías, aún con esa estética de película de superhéroes. De hecho, me gustó mucho "la vuelta de tuerca" del final.

Lo de los personajes es típico de Sanderson. El primero que me leí de él fue Elantris, y para mí, los protagonistas siempre son los mismos: Raoden y Sarene, con distinto nombre. Les termino poniendo hasta las mismas caras en todos los libros, como si fueran el mismo actor interpretando distintos papeles. En ese aspecto, sí que peca de tópico este hombre.

Pero por lo demás, su forma de diseñar mundos y sistemas de magia me parece de lo más rompedora :)

Estoy como loca por leer el segundo :)

A mi me ha gustado bastante, pero como lo que es: un lectura sencilla de aventuras, mucha acción (sobre todo al principio y al final). Un lectura perfecta para el verano.
Y cierto, los personajes de Sanderson tienden a parecerse (a mi Kelsier y Kaladin me parecen el mismo), pero es normal teniendo en cuenta el gran número de frentes que tiene abiertos este hombre.

el ritmo de publicacion que tiene que hombre es increible espero que se centre mas en la saga de Stormlight Archive
haber cuando pubrican el Words of Radiance en español

Me alegra ver que no soy la única que salió un tanto decepcionada con este libro. Como bien comentas, la idea es fabulosa pero la argumentación es flojísima y no sirve como excusa que sea un libro juvenil. Leo muchos libros juveniles y que tenga que usarse un lenguaje más sencillo o unas ideas más simples/claras no debería afectar a personajes o tramas.

A mi la verdad me dejo un poco fría, es un libro veraniego y entretenido, pero no es de los mejores.

A ver, todo esto como ya sabéis es una opinión personal. Me alegro de que haya a quienes os ha encantado, yo particularmente espero que en los siguientes libros la cosa cambie. No creo que se deba asociar la literatura juvenil con una argumentación previsible. Personalmente, salvo algún que otro detalle al final, a la mitad del libro ya tenía la respuesta a la que tantas vueltas le estaban dando los protagonistas. No sé si a tod@s os pasó lo mismo. Podría haber tenido la cosa algo más de intríngulis pero... no se yo, se quedó en palillo cuando iba destinado a ser cucharón. xDD

Duda: con respecto a la referencia del comiemzo.... ¿no se puede donsiderar que Wild Cards también se anticipa a Steelheart con respecto a la creación de superhéroes por enfermedades?

Hola Juan Jesús, si te soy sincera, como no he tenido aún la ocasión de leer ningún libro de los de Wild Cards, no tenía ni idea de que también obtuviesen sus poderes mediante un virus (me dicen que es uno alienígena xD). Así que quizás Sanderson está acusando mucho más de lo que yo creía la carga de trabajo que está teniendo durante estos últimos años. Eso... o que le dio coraje que el coordinador de los libros de Wild Cards no contase con él... xDDD. Gracias por hacer esa reflexión, muy interesante si señor.

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