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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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17 de noviembre de 2021

Distinguir al héroe del villano no es fácil en ‘Batman: Caballero Blanco’, un pata negra con un buqué especial


¿Cómo saber quién es el héroe, quién el villano?

Seguro que conocéis el sello DC Black Label, pero por si alguien no lo sabe, dejad que diga que se trata de una colección con lo mejorcito que se ha escrito y dibujado en el universo DC —aunque también abarca obras del sello Vertigo como 100 Balas, Scalped, o V de Vendetta—, y además no requiere tener una excelsa cantidad de información o conocimiento previo sobre el universo, ya que todas las historias que se editan —y quedan por editar— son independientes de la línea de continuidad del universo DC. Esto quiere decir que los artistas que han participado en esas historias lo han hecho con plena libertad creativa y, como ya se sabe, no hay nada mejor que dejar trotar a la bella musa de la inspiración para que los resultados sean cuanto menos... interesantes. 

Uno de los títulos más llamativos publicados en DC Black Label es Batman: Caballero Blanco, que en el momento de esta reseña llegó a su segunda edición y está a punto de salir la tercera. El volumen se presenta en formato de tapa dura, tiene 232 páginas, e incluye los números 1 a 8 de las grapas publicadas en Estados Unidos entre 2017 y 2018 (también en España por ECC). Al dibujo y guion se encuentra Sean Murphy, al que conoceréis entre otras muchas cosas por trabajos en series como Hellblazer y American Vampire, junto a una buena cantidad de números de series de DC dedicadas a Batman. Pese a que el título Caballero Blanco pueda recordar al Dos Caras de las películas de Christopher Nolan, no va a ser este el caso: es al propio Joker a quien veremos desarrollarse de una forma nunca antes vista. 


El Joker, por Sean Murphy.
DC Comics

Para no darle demasiadas vueltas al tema, y a título personal, puedo decir abiertamente que Batman: Caballero Blanco me ha encantado desde todos los puntos de vista, ya sea en el apartado artístico gracias al color que Matt Hollingsworth aplica a los dibujos de Murphy, así como en la variedad y riqueza argumental del guion. Aquí no hay una historia plana en la que nos movemos del punto A al punto B —con muchos kapaw, punch o ploc entre medias—, sino que tenemos entre manos un argumento meditado que ya empieza a tirar desde el principio de recursos narrativos de primer nivel (véase la llamada analepsis o flashback): al poco se sigue el ansiado “hace un año...”, la clásica pero muy interesante forma de anticipar acontecimientos sin que entendamos en realidad nada de lo que está sucediendo, hasta el momento en que, siguiendo la línea temporal, llegamos justo a ese instante ya mencionado —tranquilos, que esto no es spoiler—. 

Se puede percibir cómo las viñetas van girando cada vez más cerca del propio Batman, acosándolo y encerrándolo hasta el desenlace final.
Otro de los factores más interesantes a tener en cuenta en Batman: Caballero Blanco es que se muestra un lado del Joker que estamos poco acostumbrados a ver: su lado más íntimo y personal, no solo en su relación con Harley Quinn, sino también con otras personas de su entorno. De esta forma se nos permite entender hasta dónde llega la locura del personaje y cual era la dinámica que podía acontecer en su vida sobreviviendo a un día normal —se entiende que sin matar a nadie ni volar nada por los aires—. Sinceramente, me ha parecido magistral el modo en el que las tendencias, sobreprotectoras por un lado, autodestructivas por el otro, de Batman, se combinan con otras de tipo obsesivo como la que caracteriza al Príncipe Payaso del Crimen. 


Sean Murphy.
Dark Horse

Otros personajes del repertorio como Batgirl, Nightwing, el Comisario Gordon, el detective Bullock, la propia Harleen y el mismo Mr. Frío, también muestran actitudes y tendencias que nos hacen preguntarnos cosas como ¿realmente Batman es un héroe, o sólo es otro demente más mimado por Gordon? ¿Es posible que la megalomanía no sea algo solo propio de los villanos, sino que también pueda padecerla el propio Batman? O... ¿qué pasaría si el Joker se curase y pudiese enfocar su inteligencia para conseguir un determinado fin? ¿Será todo esto el fin de Batman? Como podéis ver, son muchísimos los interrogantes que se plantean en esta entrega de Batman.

Otra de las cosas que me gustaría destacar de Batman: Caballero Blanco es la importancia de que sea el propio Sean Murphy el que dibuje y guionice el cómic. Con esto me refiero a que hay ocasiones en que no tiene por qué salir bien —a veces quien es bueno dibujando es malo escribiendo, y viceversa—, pero en el caso de Murphy esto es algo que supera perfectamente: se puede percibir cómo las viñetas van girando cada vez más cerca del propio Batman, acosándolo y encerrándolo hasta el desenlace final. 


Joker, Harley y Gordon.
DC Comics

En mi humilde opinión, pocos cómics he visto tan perfectos, tan bien hilvanados y tan interesantes. Lo mejor del apartado artístico en este caso es que esa intención se traduce precisamente en los escenarios: verdaderos contrapicados y escenas de acción que te hacen volar por las páginas gracias a la especial importancia que se le da a los fondos de dichas escenas. Sin ir más lejos, esto me recuerda bastante a los trabajos de Mark Buckingham para Fábulas y a muchas otras historias del Universo Marvel, a lo que he de sumar el haber encontrado máquinas de escribir a lo largo de la trama —a un tamaño normal, no como parte del entorno como se hacía antiguamente con el fin de reclamar la autoría de Bill Finder frente a Bob Kane en su lucha por los derechos de Batman—. Pensando que la historia está narrada en una época en la que mayoritariamente se usan ordenadores, el hecho de que aparezcan máquinas de escribir me parece un detalle sutil e indicativo.


Batman: Caballero Blanco

Batman: White Knight, 2018. Sean Murphy. Traducción de Víctor Ibáñez. ECC Ediciones, 2020, 232 págs. Tapa dura, 25 €.
En definitiva, Batman: Caballero Blanco es un cómic de esos dignos de recordar y que puede leer cualquier persona con los conocimientos básicos sobre Batman. Aquí se incluye conocer a los villanos más relevantes como el Joker, la forma que tiene Batman de sobreproteger a su equipo, saber quién es Batgirl, quién el comisario Gordon, quién Harley Quinn, o la razón por la cual Mr. Frío mantiene a su mujer en una probeta gigante. No hace falta siquiera saber que ha habido varios chicos en el papel de Robin, que Nightwing es el segundo, y que el primero, Jason Todd, se cree que fue asesinado por el Joker. Si mientras leéis el cómic enchufáis además la banda sonora de alguno de los videojuegos de Batman de Rocksteady Studios, puedo garantizaros una inmersión total en la historia, y que os sentiréis como si vuestra casa estuviese en mitad de la ciudad de Gotham, a salvo, claro está, de que un maníaco arranque vuestra casa de cuajo, os lave el cerebro u os utilice para fastidiar a Batman. ¿De verdad os lo vais a perder?

noviembre 17, 2021y

1 de diciembre de 2020

‘Un poco de odio’ de Joe Abercrombie: un vals de odio, humo y engranajes


Lord Grimdark nos brinda la posibilidad de descubrir desde un palco de lujo la presión de una incipiente Revolución Industrial gracias a una novela que se ha quedado a medio fuelle por culpa de un cuarteto amoroso y en la que los personajes parecen cortados por un patrón ya conocido.

El funeral de la ambientación medieval fantástica, aquella que siempre nos mostró el camino de los propósitos elevados y a los héroes de capa y espada que trataban azarosamente de recorrerlo; el de las damiselas en apuros, dulces y etéreas, asediadas por el inefable monstruo azuzado por el diablo; la que nos presentaba a los hechiceros como seres de habilidades sorprendentes y brillantes, viva encarnación de lo pecaminoso y malvado, o de la lucha entre lo bondadoso y cristalino, ya fue celebrado por Lord Grimdark cuando dio a luz «La primera ley». Es el escritor que inaugura un nuevo concepto: el de la paradójica fantasía realista.

A aquellos que aún no conozcan al bueno de Joe les puedo decir que fue precisamente eso lo que me cautivó. Historias que me daban algo distinto a lo que solía leer dentro del género fantástico, una magia alejada del concepto de Dragones y mazmorras y que se basa en las habilidades reales que puede tener una persona especialmente astuta, descripciones realizadas a golpe de metrónomo para reflejar ciudades que existen o existieron en nuestra realidad con la habilidad propia del arquitecto que controla de forma magistral el plano bajo la escuadra y el cartabón. Temas como el desnudo, la sangre, el sexo, o la violencia se convirtieron en escenas tan habituales como la descripción de una cena o una caminata por el bosque. El honor entendido per se, el conseguido por enfrentarse al Mal, o el obtenido por defender al terrateniente de turno, es ahora considerado como una forma más de los poderosos y de las convenciones sociales para aplastar las esperanzas y el libre albedrío del hombre. Las conspiraciones políticas ya no entienden de blasones, reinos y altos ideales, sino que tiende a la más pura ambición contada sin ambages. Abercrombie utiliza el espejo de nuestra propia historia para que entendamos cuál es la evolución racional en su Círculo del Mundo, y de paso ha demostrado con creces ser uno de los escritores de fantasía más originales de su tiempo.


El artista John Anthony Di Giovanni retrata una escena de la novela.
Subterranean Press

Es esa originalidad la que le ha llevado a tener una gran producción literaria, habida cuenta de que existen un total de siete libros ambientados en este universo —ocho contando el aquí presente—, y lo que ha propiciado que hoy venga a hablar sobre su penúltima novela, Un poco de odio, primera entrega de una nueva trilogía ambientada en el mundo de «La primera ley» y que se ha bautizado como «La era de la locura». Esta serie de libros se presenta como una nueva ocasión de captar adeptos a las historias de Abercrombie, pese a que a título personal, y habiendo leído solamente Un poco de odio —para devorar The Trouble with Peace en español habrá que esperar un poco más—, creo que está ligeramente desaprovechada.

Para que os hagáis una composición de lugar, Un poco de odio se puede dividir perfectamente en tres partes bien diferenciadas:

  1. Una introducción de personajes en la que conoceremos a muchos de los descendientes de los protagonistas de «La primera ley» y su posición geográfica con tal de comprender dónde se encuentra cada uno y como toman parte en los acontecimientos a lo largo de la historia.

  2. La muestra de cómo comienza la industrialización a mellar la confianza y la esperanza de un pueblo hastiado de luchar en sucesivas guerras, obligado a bajar la cabeza y ceder ante eso que llaman «progreso», unido a las invasiones del Norte sobre algunos protectorados que la Unión consiguió en los últimos conflictos armados.

  3. El nudo amoroso compuesto por cuatro de los personajes principales, que amenaza con seguir desarrollándose en futuras entregas.

En cuanto al primer punto, puedo ser poco explicativa en este aspecto, porque para aquellos que no hayan terminado aún los primeros libros puedo revelar accidentalmente la aparición de ciertos personajes de «La primera ley». Pasamos directamente al segundo punto. 

A este respecto, tras lo sucedido en la anterior trilogía podremos ver el mundo sumido en profundas turbaciones ocasionadas por la industrialización. Al igual que sucediera en nuestra historia durante la segunda mitad del siglo XVIII, la construcción de fábricas empieza a marchar sin descanso, destruyendo bosques y praderas, llenando de un humo denso las ciudades, contaminando ríos e implementando en aras de una mayor productividad la construcción de un ferrocarril que una el Norte con la Unión. Para lograrlo, deben expropiarse numerosas tierras que la bestia de acero se encontrará en el camino —para más información, recomiendo el visionado de la película dirigida por Henry King, Jesse James (1939), aka Tierra de audaces, con Tyrone Power y Henry Fonda en el reparto—, provocando con ello que la gran crisis económica obligue a gran cantidad de población a emigrar del campo a las grandes ciudades para así poder encontrar sustento. 


Personajes de la novela según John Anthony Di Giovanni.
Subterranean Press

Como os podéis figurar, toda esta mano de obra desesperada termina en las garras de un nuevo tipo de depredador —éste no tiene dientes afilados ni escupe fuego—, el de un nuevo estamento social denominado burguesía, que pese a no ser de sangre real como aquellos que antaño se enriquecían cobrando los diezmos y tributos a los campesinos, será quien exprima a los emigrantes convertidos en obreros. Estos nuevos amos son los que van a esgrimir el látigo en los latifundios levantados sobre las tierras de los mismos que ahora trabajan en ellas; los que alzarán las fábricas en las que mueren hombres y niños bajo el rotar imparable de sus engranajes, o los que controlan los bancos que desahucian a los que se endeudan y no encuentran trabajo para poder pagar las facturas. Es el caldo de cultivo perfecto para que las tripas de la revolución empiecen a sonar con ruido ronco reclamando alimento y creando un odio destilado que puede provocar un auténtico estallido, una materia prima que en manos de Joe Abercrombie no puede sino hacernos salivar.

Mientras tanto, y para variar, la cosa anda algo descontrolada en el Norte. El panzudo Scale Mano de Hierro y su astuto hermano Calder el Negro, padre de Stour Ocaso “El Gran Lobo”, tratan de reconquistar los territorios que la Unión consiguió en la última guerra, presionando a las tropas dirigidas por algunos personajes especialmente relevantes en el bando de la Unión y que conoceremos previamente en la trilogía «La primera ley» —y que no quiero mencionar para no chafar sorpresas—, abanderados por Finree dan Brock y Leo dan Bron, alias “El Joven León”, entre otros. Se trata de un conflicto que, según sospecho, apunta a los movimientos nacionalistas que surgieron durante todo el siglo XIX, aunque reconozco que aún es pronto para asegurarlo, ya que lo que sucede en Un poco de odio no es suficiente todavía como para poder afirmarlo con rotundidad.


La aplicación de la ley, por John Anthony Di Giovanni.
Subterranean Press

Puedo decir sin lugar a dudas que es el primer libro de fantasía donde veo que la historia de nuestro mundo es especialmente relevante a la hora de narrar los acontecimientos aquí descritos. Así que como historiadora que soy no puedo más que decirle a Joe Abercrombie que lo ha clavado. No sólo porque es capaz de describir a la perfección la laxitud y la ambición con la que los “nuevos nobles” contemplan todo el proceso de convertir a seres humanos en meras piezas de sus sistemas de producción, sino que tenemos de primera mano una visión de cómo surgen esos primeros movimientos obreros. Ojo al dato: lo más interesante de esto es que podréis entender cómo es posible que haya trabajadores que, partiendo de las mismas demandas, estén en extremos opuestos en cuanto a la forma de exigir justicia para su situación. Sinceramente, me ha parecido una referencia fantástica a la mítica reunión entre mencheviques y bolcheviques, cuando Mártov y Lenin se enfrentaron por el control del Partido Socialdemócrata de Rusia. Evidentemente, al ser esto una obra de ficción, se mezclan ciertos conceptos de forma algo libre y no se necesita ningún conocimiento previo para poder entender estos hechos. Diría más, Abercrombie se toma la libertad de hacer destacar a los dos grupos enfrentados que participan en este proceso revolucionario, anarquistas unos, nuevos socialistas los otros. De cualquier manera, no dejan de ser unos guiños magistrales.

Por esta razón me ha costado escribir esta reseña de forma objetiva, y es que tras lo que acabo de explicar no puedo evitar reconocer que me he sentido algo defraudada con el libro. Me explico: cuando leo una obra con una dificultad narrativa de este tipo y veo que todo encaja como si fuesen engranajes perfectamente engrasados, me chirría el hecho de que algunos personajes parezcan malas copias de otros ya creados y descritos por el mismo autor en otros libros. Ya lo hice notar en mi comentario sobre la «Trilogía del Mar Quebrado», algo que al fin y al cabo achaqué a que esa trilogía está destinada a aquellas personas con poco o ningún contacto con «La primera ley» —se ambientan en un mundo totalmente distinto—, y que además son de estilo young adult gracias a lo cual, y para no complicar la cosa en exceso, se rebaja la cantidad de información aportada a la historia. Sin embargo, Un poco de odio se ha tratado a este respecto como si fuese un reinicio de los libros anteriores, y que para ser sincera, aborrezco con todo mi corazón.


La era de la locura, vol. 1. Un poco de odio

A Little Hatred, 2019. Joe Abercrombie. Traducción de Manu Viciano. Alianza Editorial, col. Runas, 2020, 680 págs. Tapa dura con sobrecubierta, 24,90 €.
Tengo entendido que ha sido el propio autor quien ha incentivado la idea de poder leer la trilogía sin haber leído la anterior, independientemente de las razones obvias de marketing. No solo me parece que empobrece la historia, tan lograda hasta el momento, sino que puede hacer que muchos de los que llevamos largo tiempo acompañando a Lord Grimdark por sus andanzas literarias nos quedemos con cara de pazguatos cuando descubramos a un Gunnar que es igualito a Logen Nuevededos, un Stour Ocaso clavadito a Dow el Negro, un Leo dan Brock calcado a Jezal, una Savine al estilo de la Serpiente de Talins, y así sucesivamente. De hecho, es realmente frustrante reencontrarse con personajes míticos de la primera trilogía a cuyos roles se les despoja de personalidad. Lo siento, pero esto deja muy mal sabor de boca. Y si a esto le sumamos el que la última parte de la novela está dedicada a los “amoríos de corte” entre cuatro de los personajes principales, y que detesto profundamente las historias romanticonas sin lógica ni sentido común, la ecuación arroja el resultado de una obra que me ha costado acabar y que en mi humilde opinión debería haber proseguido en la línea sobre la que marchaba al principio, pero que al final ha terminado cayendo en barrena.

Aún así, pienso que Un poco de odio es interesante desde el punto de vista de cómo está escrito, por la forma en la que se introducen los cambios sociales derivados de una primera revolución industrial y por la capacidad que tiene Abercrombie de entrecruzar determinadas tramas para que todo fluya con una ligereza difícil de encontrar en otras obras del estilo. Es, al fin y al cabo, la fantasía fresca a la que nos tiene acostumbrados Lord Grimdark, por lo que espero de todo corazón que para las siguientes entregas solucione ciertas cosas que me chirrían. Errar es de humanos, y después de todo creo que tras una trayectoria estelar no hay que tener la piel muy fina si al bailar un vals con él Joe Abercrombie nos pega un pisotón. Se ha ganado con creces la carta de la segunda oportunidad: repongámonos y tratemos de seguir su ritmo.

diciembre 01, 2020y

26 de marzo de 2020

‘The Expanse’ nos muestra el salto de fe hacia la inmensidad en ‘La puerta de Abadón’


Habiendo madurado lo que pensaba contar de La puerta de Abadón, la cuarta entrega de ‘The Expanse’ de James S. A. Corey, he llegado a ciertas conclusiones que me han parecido relevantes. En un mercado sobresaturado de reediciones, novelillas sencillitas para los jóvenes que se inician en el vicio de la lectura y de un montón de libro-morralla, ‘The Expanse’ se destaca como una estrella brillante en mitad de un mar opaco y sin demasiada vida. Resulta obvio que Daniel Abraham y Ty Franck —como sabéis, James S. A. Corey es un pseudónimo— han conseguido encontrar ese punto intermedio que es necesario en toda obra literaria de cierto éxito: ser directa, interesante y lo suficientemente sencilla como para ser fácilmente asimilable para cualquier lector y que a la vez tenga poco margen para meter la pata, una medida, en mi humilde opinión, bastante inteligente.

Me considero una lectora algo particular: no me gusta que cambien los personajes protagonistas entre un libro y otro; tampoco me gusta que cambie el narrador, y bajo ningún concepto me agrada que el género se “contamine” al hacer uso de elementos de ambientaciones diferentes. Para expresarme de la forma más nítida posible, pondré como ejemplo una novela con trasfondo medieval en la que de pronto se abren portales a lo Stargate por los que empiezan a brotar Panzers de la Segunda Guerra Mundial. Hay a quienes estas mezclas le gustan y le permiten tener un espectro más amplio en que distraer su mente. En mi caso lo único que consigue hacer es molestarme y obligarme a dejar de leer lo que tengo entre manos.

A consecuencia de esto, “The Expanse” me está resultando una saga especialmente cómoda. Los personajes protagonistas siguen siendo los mismos, a diferencia de esos pequeños secundarios que, como en libros anteriores, enriquecen el plantel de actores con una mayor gama de matices. Podría decirse que lo único que altera la norma en esta nueva entrega es el escenario, aunque es verdad que al ser una space opera, lo más lógico es que los personajes estén moviéndose constantemente por el “mapa” en busca de misiones con las que complicarse la vida. Sin embargo, en este caso la cosa cambia.


La Roci con cien cañones por banda
© SyFy

Antes de entrar en materia, un pequeño aviso para navegantes: es inevitable que, al hablar de una cuarta entrega, se haga un poco de spoiler —o al menos microspoilers—. Si todavía no habéis llegado hasta este punto y lo que estáis intentando averiguar es si utilizar esta saga para empezar a leer ciencia ficción, es mejor tener en cuenta dos cosas importantes: la primera es que, efectivamente, la recomiendo de corazón, y la segunda es que es mejor leer antes la crítica de la primera entrega, El despertar del Leviatán.

En La puerta de Abadón, los protagonistas se ven inmersos en una batalla legal que les puede llegar a costar su nave, la Rocinante. Como podéis imaginar, mucho han tardado los de Marte en reclamarla, en vista de que es capaz de realizar hazañas dignas de mención, mucho más teniendo en cuenta que Holden y compañía han trabajado más en la órbita de la APE que no en la de La Tierra o la de Marte. Han tratado siempre de mantener su independencia y una aparente neutralidad, pero de nuevo Corey vuelve a sorprendernos al mostrar la irremediable tendencia de los problemas al poner entre interrogaciones las convicciones morales de la antigua tripulación de la Canterbury. Esto es justo lo que hace de “The Expanse” una space opera muy atractiva. Mantener la neutralidad, o en este caso, seguir un estricto código de honor en plena crisis intergaláctica, es algo digno de leer. Son los problemas con la titularidad de la nave —lo que afecta directamente al único hogar que comparten todos los protagonistas—, la moral de la tripulación —que evidentemente ha tenido serios contratiempos para mantenerse a flote— y los trabajos que necesitan realizar como escolta para poder sobrevivir —lo que provoca que a ojos de muchos se hayan terminado convirtiendo en poco menos que en mercenarios— , sumado a las presiones de los distintos bandos a los que no les gusta que la tripulación de la Rocinante sea un elemento imprevisible en el aparente orden espacial, son los ingredientes que al fin y al cabo configuran esta nueva entrega como algo impactante a lo que dedicarle con gran placer nuestro escaso tiempo libre.


Miller en “The Expanse”
© SyFy

Si no tenían bastante con todos los problemas que han afrontado hasta ahora, el hecho de que la protomolécula haya creado un anillo que parece proteger una especie de estación orbital tras haber esquilmado Venus, lo único que nos ofrece como lectores es la definitiva confirmación de que aún no sabemos nada de nada de lo que parece querer ese extraño virus o infección extraterrestre: no sabemos para qué se creó, ni quienes lo hicieron, tampoco sabemos lo que pretende y, evidentemente, el hecho de que la Tierra, la APE y Marte quieran matarse en cuanto cambia la dirección del viento no hace sino complicar aún más la trama y crear verdaderos picos de tensión. En esta entrega, los autores enfocan mucho la atención sobre la miserabilidad humana y cómo ésta es capaz de mandar todo al traste. El miedo, la ira, el odio, el impulso que ofrece la venganza, y la necesidad de demostrar nuestro orgullo por encima del de los demás, puede provocar una verdadera catástrofe.

Pero no todo es truculento. De hecho, me gustaría hablaros de los nuevos secundarios, Anna y Toro —también llamado Sr. Vaca—. En el caso de Anna, reconozco que no me he entusiasmado con ella como lo hice con el famoso botánico de Ganímedes, pero cierto es que no deja de tener una especial importancia en la historia, en mi opinión una relevancia algo cansina y descafeinada, pero una presencia necesaria al fin y al cabo para la evolución de los personajes. En el caso de Toro, creo que la forma de desarrollar el personaje ha sido algo que podría calificarse como “acelerado-pasivo” o, lo que viene a ser lo mismo, un personaje que podría haber sido especialmente chulo pero al que finalmente no le ha dado tiempo a mostrar su verdadero peso y carácter.


The Expanse, vol. 3. La puerta de Abadón

Abaddon's Gate, 2014. James S. A. Corey. Traducción de David Tejera Expósito. Nova, 2019, 576 págs. Rústica con solapas, 21,90 €.
Como he dicho antes, de fondo está lo que sea que la protomolécula ha construido en mitad del espacio, un anillo con su propia área de gravedad alterada a la que Holden bautiza como “la zona lenta” y que en esta entrega pondrá a prueba a todos los implicados. Es un cambio que a muchos se les puede hacer pesada, dado que la capacidad de describir este extraño lugar por parte de los escritores es especialmente intensa, permitiéndote vivir al cien por cien con los personajes la sensación de estar supeditado a ella. Por otra parte, me alegra que la siguiente entrega, La quema de Cíbola, sea más amena y abra todo un horizonte de posibilidades. No estoy diciendo que La puerta de Abadón sea una novela aburrida, sino que transmite una sensación opresiva realmente extraordinaria —de forma intencionada, evidentemente—. En cierta forma es muy interesante que esa sensación sea algo que queda residual en tu mente cuando vuelves a repasar algunos pasajes del libro. Para mí, el hecho de que una obra literaria sea capaz de transmitir esa sensación es lo que la hace destacar como parte de esa "“literatura de calidad”.

Antes de poner el punto y final he de comentar que he detectado alguna que otra errata puntual, algo que no había visto en anteriores entregas. No me han parecido faltas de especial relevancia, pero igualmente habría que tener en cuenta de cara a una posible reedición. Respecto a la traducción, no puedo más que volver a quitarme mi escafandra imaginaria: David Tejera es, de nuevo gracias a su magnífico trabajo, capaz de “hacerme olvidar que estoy leyendo”, y estoy segura de que esta calidad se mantendrá durante mucho tiempo. Es bueno recordad de vez en cuando que la posibilidad de bucear por las sensaciones que provoca una obra escrita depende a partes iguales del escritor que realiza la obra —en este caso escritores—, y de la figura que traduce, encargada de adaptarla a la lengua madre de cada uno. Espero que en un futuro, editoriales como NOVA decidan colocar al traductor en portada, por ser un puesto muy merecido.

marzo 26, 2020y

11 de octubre de 2019

‘El Bestiario de las Catedrales’, un viaje por un zoo sagrado


Una de las razones por las que me decidí a estudiar la carrera de Historia del Arte fue la gran impresión que tuve tras visitar con mis padres una iglesia muy antigua —a día de hoy no sabría decir cual—, en la que mi padre fue señalando cada uno de los animales que decoraban los capiteles de la logia de una especie de claustro y todos los que había dispersos por las naves laterales, junto a las capillas. Deduzco que con la corta edad que yo tenía, ese juego fue la única opción que se le ocurrió a mi padre para entretener a su hija al borde de una pataleta y un ataque de llanto, en una época en la que no existían los móviles para evitar estos males menores.

A partir de aquello empecé a colarme en nuestra biblioteca y a ojear todos los libros que él tenía relacionados con el tema. Así fue como nada más entrar al instituto ya me había leído los diez libros de arquitectura de Vitruvio, los cuatro de Palladio y todos los libros de románico, gótico y barroco de la editorial Taschen. Todavía tengo algunos folios en papel cebolla con los calcos que hacía a mis ocho años de algunas de las estructuras que podía encontrar en esos libros. Después me alucinó todo lo que tenía que ver con el urbanismo y la misma evolución de las ciudades, pero eso es otra historia.

El caso es que cuando pude leer El bestiario de las catedrales de Mario Agudo Villanueva descubrí que había realizado un excelente compendio que todo amante de los estilos medievales debería leer. He de reconocer también las dificultades que la lectura de un libro como éste puede suponer a alguien que no esté familiarizado con un vocabulario artístico, o que no sea capaz de aguantar la incesante enumeración de infinidad de ejemplos en cada una de las secciones del libro. De hecho, yo misma he tenido que consultar varias cuestiones y he descubierto nuevos lugares de los que nunca antes había escuchado hablar. Es por lo tanto un libro que empieza de forma suave, pero que va aumentando su complejidad técnica, pudiéndose llegar a hacer algo denso.


El bestiario de las catedrales

El bestiario de las catedrales: Animales y seres fantásticos del mundo antiguo al Medievo cristiano, 2019. Mario Agudo Villanueva. Almuzara, 2019, col. “Historia”, 312 págs. Rústica con solapas, 17,00 €.
No obstante, se trata de un libro realmente interesante, pero no para leerlo de un tirón —desde la primera página hasta la trescientas y pico—, sino para seleccionar en cada ocasión el animal que más interés os pueda suscitar. Además, considero que debe diferenciarse entre un libro novelado y una obra divulgativa, ya que ésta última requiere que el lector dedique un tiempo considerable a comprender lo que en ella se expone. Con El bestiario de las catedrales no sólo se puede aprender mucho sobre las costumbres constructivas, especialmente del románico o del gótico —aunque de este quizá mucho menos—, sino que al mismo tiempo también se puede aprender mucho sobre mitología. Al fin y al cabo, las esculturas de los templos medievales eran los libros de un pueblo que no sabía leer ni escribir y era una forma de contar historias del modo más visual posible. Hoy en día no nos extraña ver libros adaptados a la pequeña y gran pantalla, ni tampoco la forma que tiene el cómic de presentar una historia. En este caso, eran las esculturas, los bajorrelieves y la misma forma de disponer las diversas estructuras las que permitían que diversas historias, mitos y leyendas fueran transmitidas al pueblo llano, aunque todas ellas giren siempre alrededor de la misma religión.

Por las razones antes expuestas, recomiendo que si tenéis interés en hacer alguna ruta cultural por algunos de los sitios más impactantes de los que habla Villanueva, le deis una oportunidad al libro. Lo único negativo que puedo decir es que las ilustraciones sean blanco y negro, pero al fin y al cabo publicar un libro de este tipo con fotos en color únicamente aumentaría el precio cuando a lo que incita el libro es a visitar físicamente los lugares descritos, lo cual hace de El bestiario de las catedrales una gran guía que llevar siempre con nosotros.

octubre 11, 2019y

16 de mayo de 2019

Atisbando en lo desconocido con ‘La guerra de Calibán’ de James S. A. Corey


Hay ocasiones en las que un libro nos marca especialmente, no solo por su historia o sus personajes, sino también por sus implicaciones, por proporcionarnos algo sobre lo que pensar. Es verdad que esto está directamente relacionado con el argumento, pero no todos los escritores saben hacer discurrir los acontecimientos de una forma tan natural como es capaz de hacerlo James S. A. Corey —el seudónimo de los escritores Daniel Abraham y Ty Franck—.

No es ningún misterio el que me guste la forma de escribir de Corey, como ya dije en Anhelando las estrellas con El despertar del Leviatán de James S. A. Corey, y es que cuando esto sucede y me conquistan con cierta facilidad, ya sea por la trama, la ambientación o, por qué no decirlo, por las excelentísimas portadas de Daniel Dociu, todo hace que mis ojos se abran como platos, hable sin parar del susodicho libro y quiera saber algo más de los autores que me gustan. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que me he vuelto mucho más exigente con sus siguientes libros. Por tanto diré que La guerra de Calibán, segunda entrega de “The Expanse”, no solo mantiene el nivel de la primera parte, sino que la mejora introduciendo el elemento impredecible de la protomolécula. El ritmo sigue a una velocidad constante y con buen rumbo.

“No todos los escritores saben hacer discurrir los acontecimientos de una forma tan natural como es capaz de hacerlo James S. A. Corey”
He decir sin ambages que La guerra de Calibán me ha parecido tan bueno como El despertar del Leviatán. Es fenomenal cómo el autor ha insertado en la trama a personajes como Bobbie —a la que ya vimos aparecer de forma fugaz en el primer libro—, y al botánico Prax. Es más, considero que la verdadera fuerza de esta novela reside precisamente en ellos: por un lado tenemos la evolución de Bobbie después de lo de su experiencia —no voy a dar más detalles para no hacer spoiler—, y encima en un entorno que ella no controla en absoluto. Es como intentar que Rambo te haga la manicura, lo cual seguramente te solucionará el problema arrancándote media mano. Por otro lado está Prax, con quien me he quedado verdaderamente sorprendida debido a la capacidad de Corey de explicar a la perfección lo que debe significar vivir en un estado de sitio. Corey transforma a Prax, de la noche a la mañana, en un refugiado dentro de tu propia ciudad: te hace sentir como es perder a aquellos a quienes más quieres y que no hay posibilidad de escapar de aquel lugar salvo por un atrevido golpe de suerte, tener que confiar en la bondad de los demás y hacer uso de los medios de los que ya no dispones para reunirte con tus seres queridos, pasar hambre, desesperación y frío, mientras la mente se sume cada vez más y más en un agujero que se dirige en caída libre hacia la locura, y todo por algo que tú no has provocado y que no puedes solucionar, acontecimientos que jamás has hecho nada para merecer. ¿No os recuerda a algo? ¿A miles de desplazados por la guerra? ¿A refugiados vagando hacia donde se supone que les van a ayudar para que luego los dejen morir entre el barro? A esto me refiero. Las  novelas de “The Expanse” son tan buenas porque pese a ser una historia ficción, se basa en conceptos, actitudes y sentimientos muy reales.

Avasarala es otro de los personajes que me parece especialmente interesante, uno que ha cambiado de manera excepcional a la hora de ser representado en un medio o en otro —novela o televisión—, un caso muy similar al de Amos, el mecánico fortachón. Quiero dejar claro a los que vean la serie de televisión que la actriz escogida por el equipo de casting (Shohreh Aghdashloo) suple con su imponente presencia lo suavizadas que han quedado sus intervenciones respecto a La guerra de Calibán, nada que ver con la imagen de frágil ancianita india de la novela y que desaparece con un dramático bamf cada vez que abre la boca sin dejar de soltar órdenes y tacos. Como digo, es una forma fantástica de analizar cómo se han convertido las novelas en los llamados “productos transmedia”, viendo cómo mutan y se adaptan a otro recipiente que no es el de las páginas de papel o las pantallas de un reader.


The Expanse, vol. 2: La guerra de Calibán

The Expanse: Caliban's War, 2012. James S. A. Corey. Traducción de David Tejera Expósito. Nova, 2017, 640 págs. Rústica con solapas, 21,50 €.
Aprovechando la oportunidad que me brinda este momento, me gustaría hacer una advertencia para aquellos que están siguiendo seguir la historia mediante la serie de televisión. Tened en cuenta, tal y como ya comenté en El despertar del Leviatán, que hay cosas que se están “adaptando” al ritmo del formato televisivo. Siempre tenéis tiempo de volver a lo seguro y leeros estas novelas. Estoy convencida de que Nova seguirá publicando “The Expanse” por muchos años, aunque el futuro de la serie haya pasado por un bache en su emisión —sí, la Rocinante ha zarpado del muelle de SyFy para guarecerse en Amazon—.

Antes de concluir tampoco no quiero dejar pasar la ocasión de comentar la excelente labor de traducción de David Tejera, porque al igual que en otros libros traducidos por él —como por ejemplo El despertar del Leviatán—, no he tenido ningún problema a lo largo de la lectura, lo que significa que cuando un traductor es bueno se convierte para mí en el avatar perfecto del autor.

En definitiva, La guerra de Calibán es un libro que hay que leer si os gusta la ciencia ficción, si os mola que os hagan pensar, y si por supuesto queréis leer algo diferente de lo que normalmente se publica. No creo que os defraude.

Cyram fuera.

mayo 16, 2019y

15 de abril de 2019

‘Capitana Marvel’, un mensaje feminista desde la ciudadela de la testosterona


Son muchos años viendo las películas del UCM (Universo Cinematográfico de Marvel), gracias a las cuales hemos paladeado los inicios de cada uno de los superhéroes —en el caso de Spiderman, y para nuestra desgracia, más de una vez— que han seguido la mecánica de la colección de cómics “100% Marvel”. La destrucción y la violencia en general han hecho acto de presencia en repetidas ocasiones, mostrándonos un mundo en el que parece que la cantidad de villanos algo desquiciados es directamente proporcional a la cantidad de héroes dispuestos a arriesgar su vida por el bien de la humanidad. Se nos ha hecho un recorrido no solo por los orígenes de algunos de ellos, sino también por los acontecimientos que les han llevado a unirse y conformarse —los Vengadores en este caso— como la única fuerza capaz de poner freno a todo tipo de amenazas, incluso las que llegan desde más allá de nuestras fronteras terráqueas. 

Pero, ¿os habéis fijado en cuántas mujeres aparecen en estas películas protagonizadas por los Vengadores? Está la Viuda Negra, quien utiliza sus dotes de sigilo para cumplir su cometido de espía, y la Bruja Escarlata, la cual nada más aparecer usa sus poderes para manipular a Iron Man —en Vengadores: La era de Ultrón—, mostrándose en siguientes entregas como una mujer vulnerable y temerosa de sus capacidades. Es cierto que hay otras féminas presentes en las películas como Shuri, la científica de Black Panther a la que no le llega Tony Stark ni a la altura del betún—, Gamora y Nebula de los dos volúmenes de Guardianes de la Galaxia, Hope Van Dyne como la Avispa, y otras más secundarias como Mantis, la guerrera okoye, Maria Hill y otras tantas que podrían llenar casi toda la pantalla. ¿Os habéis fijado en que todas son provocativas y que siempre tienen que tener a un hombre alrededor que las defienda/proteja, sin el cual no habrían tenido ningún protagonismo en la historia?


Es evidente que el mundo del cómic siempre ha tenido en mente un papel muy concreto para la figura de la mujer y aunque en la gran pantalla se intente compensar en cierta forma esta tendencia mostrando a estas heroínas como parte indispensable —como las de Los Vengadores—, no es algo que hasta el momento motivase la creación de una película independiente para explicar los inicios de ninguna de estas mujeres superheroicas. Como mucho un leve flashback o la confesión de algo especialmente traumático en el pasado utilizando siempre para ello un momento de evidente vulnerabilidad. La única película en la que la figura femenina cobró algo más de protagonismo fue en Ant-Man, y la Avispa, al fin y al cabo, era coprotagonista junto al Hombre Hormiga. Hasta ahora. 

La Capitana Marvel —no os voy a decir nada de su devenir por las distintas colecciones, ya que nunca se sabe qué está leyendo la gente y pretendo spoilear—, tras surgir en los años 70, ha ido adaptándose a distintos arcos argumentales. Ha habido algunos de ellos en los que ha sido una verdadera fuerza del cosmos, y otros en los que básicamente se ha dedicado a realizar labores que podría haber desempeñado cualquier funcionario secundario con un parche en el ojo. El común denominador en todas estas etapas es que se nos muestra a Carol Danvers como una mujer que sobrevivió en un universo de hombres para al final llegar a lo más alto de su carrera militar y convertirse en una de las mejores oficiales del ejército; en unos casos piloto, en otros la misma jefa de seguridad de Cabo Cañaveral. Un accidente —como suele ser normal en Marvel, y a cuyos miembros supongo que no habrá compañía de seguros que le quiera hacer una póliza— le permitió tener los poderes que podemos contemplar de forma bastante explícita en la película.


En mi opinión, la cinta representa bastante bien a esta heroína, adaptándola a un entorno cargado de testosterona y en el momento oportuno, justo después del “incidente Thanos” en Vengadores: Infinity War. Cierto es que, como siempre, a la mujer se le otorga la capacidad de enarbolar la luz de la esperanza, ya sea por sus poderes o por su actitud ante la adversidad, pero no hay que olvidar que el personaje se encuentra en el bando de los buenos y que los héroes tienen que desempeñar esta actividad y mostrar esta cualidad a tiempo completo. No es algo opcional. Así que no lo destaco como algo de evidencia sexista.

“No hay que olvidar que el personaje se encuentra en el bando de los buenos y que los héroes tienen que desempeñar esta actividad y mostrar esta cualidad a tiempo completo.”
La película presenta a Carol Danvers (también llamada Vers, a quien da vida Brie Larson) como una cadete en el Imperio Kree, sirviendo en la Fuerza Estelar bajo las órdenes de Yon-Rogg (Jude Law). Nada más empezar vemos cómo Vers tiene un talento especial que parece ser que controla con la ayuda de un chip mental externo y con el apoyo incondicional de su mentor, Yon. El argumento comienza a encaminarse hacia su apogeo cuando una serie de pesadillas la acechan y provoca que sus poderes se vuelvan algo más inestables con previsibles consecuencias en mitad de una misión de la Fuerza Estelar contra los llamados “terroristas Skrull”. Durante este ejercicio, Vers es capturada y le intentan sondear la mente en busca de información, pero logra escapar por los pelos para aterrizar a lo Hancock en un Blockbuster, en la Tierra, en los ochenta. Es ahí donde verdaderamente empieza la película.

Tras todas estas entregas a lo “100% Marvel” mostrando los inicios de los personajes, he de decir que no ha sido una cinta especialmente relevante ni sorprendente, más bien todo lo contrario: ha sido bastante predecible y, de hecho, su final es demasiado esperado —al contrario de lo que sucedía en Ant-Man y la Avispa— tras la escena postcrédito de Vengadores: Infinity War en la que Nick Furia manda un mensaje de ayuda a alguien indeterminado —salvo que se conozca el logo, claro— con un busca del año de la polca.


No es que Capitana Marvel pueda calificarse como una mala película, porque cuando uno sabe lo que va a ir a ver, lo ve asumiendo que lo que desfila delante de sus ojos es algo ya calculado, pero es cierto que esperaba algo más, tanto en la actitud de la misma Carol Danvers —quien por desgracia me ha parecido muy aniñada y en ocasiones forzadamente inocente— como en el devenir de los acontecimientos. Lo que de veras me parece interesante es la nota humorística que impone Nick Furia (Samuel L.Jackson) y el “gato” Goose, aunque considero que se desmitifica en cierta forma a este personaje, quitando a propósito ese aura de misterio del que siempre hace gala el espía.

Está claro que en lo que más destaca Capitana Marvel es en los efectos especiales, tanto en los poderes de la Capitana como en su traje. Es uno de los personajes que más se parece a su homónimo en los cómics y por tanto deja patente su razón de ser en la gran pantalla en esta época de necesaria evasión. También me ha encantado que sea una amiga y no un amigo a quien ella recurre en la película, y que efectivamente sea una mentora y no un mentor la que le haga de ancla moral. Es posible que la historia tienda a envilecer en cierta forma la figura masculina y puede que al fin y al cabo la entrega sufra el cansancio que producen esta sucesión sin pausa de historias iniciáticas y que sea mejor de lo que parece. Habrá que verlo en un futuro tras un necesario revisionado y tras comprobar si efectivamente este personaje ha sido correctamente introducido en el grupo de los Vengadores. Esperemos que este spin-off no haya sido más que una mera excusa para darle después un papel secundario detrás de un amasijo de músculos.


Capitana Marvel

Captain Marvel, 2019. Dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck. Interpretada por Brie Larson, Samuel L. Jackson, Ben Mendelsohn, Jude Law y Annette Bening. Producida por Walt Disney Pictures y Marvel Studios. Estreno: 8 de marzo de 2019. Duración: 123 min.
Mis esperanzas tras ver la película residen en ver cómo esto puede servir para que haya papeles femeninos de mayor importancia, porque pese a ser una historia basada en una superheroína con poderes cósmicos, Capitana Marvel no es otra cosa sino una historia de autosuperación que viene a irrumpir de forma algo cogida por los pelos —si pensamos desde dónde surge, entre otras cosas como una respuesta a la película Wonder Woman de DC—, en una sociedad que aunque sea a pasos demasiado pequeños, está empezando a reconocer el verdadero papel de la mujer en ella.

Aunque algo forzada, puede decirse que se trata de una declaración de intenciones por parte de una industria que siempre ha sido especialmente machista, muy cómoda en una sociedad sobre todo peyorativa hacia la figura de la mujer y su indispensable papel igualitario en la sociedad. Como primer gesto no está mal, aunque podría haber llegado antes. Eso sí, creo que Carol Danvers también gritaría aquello de “ni sumisa ni devota, sólo libre”.

abril 15, 2019y


 

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