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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

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26 de marzo de 2020

‘The Expanse’ nos muestra el salto de fe hacia la inmensidad en ‘La puerta de Abadón’


Habiendo madurado lo que pensaba contar de La puerta de Abadón, la cuarta entrega de ‘The Expanse’ de James S. A. Corey, he llegado a ciertas conclusiones que me han parecido relevantes. En un mercado sobresaturado de reediciones, novelillas sencillitas para los jóvenes que se inician en el vicio de la lectura y de un montón de libro-morralla, ‘The Expanse’ se destaca como una estrella brillante en mitad de un mar opaco y sin demasiada vida. Resulta obvio que Daniel Abraham y Ty Franck —como sabéis, James S. A. Corey es un pseudónimo— han conseguido encontrar ese punto intermedio que es necesario en toda obra literaria de cierto éxito: ser directa, interesante y lo suficientemente sencilla como para ser fácilmente asimilable para cualquier lector y que a la vez tenga poco margen para meter la pata, una medida, en mi humilde opinión, bastante inteligente.

Me considero una lectora algo particular: no me gusta que cambien los personajes protagonistas entre un libro y otro; tampoco me gusta que cambie el narrador, y bajo ningún concepto me agrada que el género se “contamine” al hacer uso de elementos de ambientaciones diferentes. Para expresarme de la forma más nítida posible, pondré como ejemplo una novela con trasfondo medieval en la que de pronto se abren portales a lo Stargate por los que empiezan a brotar Panzers de la Segunda Guerra Mundial. Hay a quienes estas mezclas le gustan y le permiten tener un espectro más amplio en que distraer su mente. En mi caso lo único que consigue hacer es molestarme y obligarme a dejar de leer lo que tengo entre manos.

A consecuencia de esto, “The Expanse” me está resultando una saga especialmente cómoda. Los personajes protagonistas siguen siendo los mismos, a diferencia de esos pequeños secundarios que, como en libros anteriores, enriquecen el plantel de actores con una mayor gama de matices. Podría decirse que lo único que altera la norma en esta nueva entrega es el escenario, aunque es verdad que al ser una space opera, lo más lógico es que los personajes estén moviéndose constantemente por el “mapa” en busca de misiones con las que complicarse la vida. Sin embargo, en este caso la cosa cambia.


La Roci con cien cañones por banda
© SyFy

Antes de entrar en materia, un pequeño aviso para navegantes: es inevitable que, al hablar de una cuarta entrega, se haga un poco de spoiler —o al menos microspoilers—. Si todavía no habéis llegado hasta este punto y lo que estáis intentando averiguar es si utilizar esta saga para empezar a leer ciencia ficción, es mejor tener en cuenta dos cosas importantes: la primera es que, efectivamente, la recomiendo de corazón, y la segunda es que es mejor leer antes la crítica de la primera entrega, El despertar del Leviatán.

En La puerta de Abadón, los protagonistas se ven inmersos en una batalla legal que les puede llegar a costar su nave, la Rocinante. Como podéis imaginar, mucho han tardado los de Marte en reclamarla, en vista de que es capaz de realizar hazañas dignas de mención, mucho más teniendo en cuenta que Holden y compañía han trabajado más en la órbita de la APE que no en la de La Tierra o la de Marte. Han tratado siempre de mantener su independencia y una aparente neutralidad, pero de nuevo Corey vuelve a sorprendernos al mostrar la irremediable tendencia de los problemas al poner entre interrogaciones las convicciones morales de la antigua tripulación de la Canterbury. Esto es justo lo que hace de “The Expanse” una space opera muy atractiva. Mantener la neutralidad, o en este caso, seguir un estricto código de honor en plena crisis intergaláctica, es algo digno de leer. Son los problemas con la titularidad de la nave —lo que afecta directamente al único hogar que comparten todos los protagonistas—, la moral de la tripulación —que evidentemente ha tenido serios contratiempos para mantenerse a flote— y los trabajos que necesitan realizar como escolta para poder sobrevivir —lo que provoca que a ojos de muchos se hayan terminado convirtiendo en poco menos que en mercenarios— , sumado a las presiones de los distintos bandos a los que no les gusta que la tripulación de la Rocinante sea un elemento imprevisible en el aparente orden espacial, son los ingredientes que al fin y al cabo configuran esta nueva entrega como algo impactante a lo que dedicarle con gran placer nuestro escaso tiempo libre.


Miller en “The Expanse”
© SyFy

Si no tenían bastante con todos los problemas que han afrontado hasta ahora, el hecho de que la protomolécula haya creado un anillo que parece proteger una especie de estación orbital tras haber esquilmado Venus, lo único que nos ofrece como lectores es la definitiva confirmación de que aún no sabemos nada de nada de lo que parece querer ese extraño virus o infección extraterrestre: no sabemos para qué se creó, ni quienes lo hicieron, tampoco sabemos lo que pretende y, evidentemente, el hecho de que la Tierra, la APE y Marte quieran matarse en cuanto cambia la dirección del viento no hace sino complicar aún más la trama y crear verdaderos picos de tensión. En esta entrega, los autores enfocan mucho la atención sobre la miserabilidad humana y cómo ésta es capaz de mandar todo al traste. El miedo, la ira, el odio, el impulso que ofrece la venganza, y la necesidad de demostrar nuestro orgullo por encima del de los demás, puede provocar una verdadera catástrofe.

Pero no todo es truculento. De hecho, me gustaría hablaros de los nuevos secundarios, Anna y Toro —también llamado Sr. Vaca—. En el caso de Anna, reconozco que no me he entusiasmado con ella como lo hice con el famoso botánico de Ganímedes, pero cierto es que no deja de tener una especial importancia en la historia, en mi opinión una relevancia algo cansina y descafeinada, pero una presencia necesaria al fin y al cabo para la evolución de los personajes. En el caso de Toro, creo que la forma de desarrollar el personaje ha sido algo que podría calificarse como “acelerado-pasivo” o, lo que viene a ser lo mismo, un personaje que podría haber sido especialmente chulo pero al que finalmente no le ha dado tiempo a mostrar su verdadero peso y carácter.


The Expanse, vol. 3. La puerta de Abadón

Abaddon's Gate, 2014. James S. A. Corey. Traducción de David Tejera Expósito. Nova, 2019, 576 págs. Rústica con solapas, 21,90 €.
Como he dicho antes, de fondo está lo que sea que la protomolécula ha construido en mitad del espacio, un anillo con su propia área de gravedad alterada a la que Holden bautiza como “la zona lenta” y que en esta entrega pondrá a prueba a todos los implicados. Es un cambio que a muchos se les puede hacer pesada, dado que la capacidad de describir este extraño lugar por parte de los escritores es especialmente intensa, permitiéndote vivir al cien por cien con los personajes la sensación de estar supeditado a ella. Por otra parte, me alegra que la siguiente entrega, La quema de Cíbola, sea más amena y abra todo un horizonte de posibilidades. No estoy diciendo que La puerta de Abadón sea una novela aburrida, sino que transmite una sensación opresiva realmente extraordinaria —de forma intencionada, evidentemente—. En cierta forma es muy interesante que esa sensación sea algo que queda residual en tu mente cuando vuelves a repasar algunos pasajes del libro. Para mí, el hecho de que una obra literaria sea capaz de transmitir esa sensación es lo que la hace destacar como parte de esa "“literatura de calidad”.

Antes de poner el punto y final he de comentar que he detectado alguna que otra errata puntual, algo que no había visto en anteriores entregas. No me han parecido faltas de especial relevancia, pero igualmente habría que tener en cuenta de cara a una posible reedición. Respecto a la traducción, no puedo más que volver a quitarme mi escafandra imaginaria: David Tejera es, de nuevo gracias a su magnífico trabajo, capaz de “hacerme olvidar que estoy leyendo”, y estoy segura de que esta calidad se mantendrá durante mucho tiempo. Es bueno recordad de vez en cuando que la posibilidad de bucear por las sensaciones que provoca una obra escrita depende a partes iguales del escritor que realiza la obra —en este caso escritores—, y de la figura que traduce, encargada de adaptarla a la lengua madre de cada uno. Espero que en un futuro, editoriales como NOVA decidan colocar al traductor en portada, por ser un puesto muy merecido.

marzo 26, 2020y

16 de mayo de 2019

Atisbando en lo desconocido con ‘La guerra de Calibán’ de James S. A. Corey


Hay ocasiones en las que un libro nos marca especialmente, no solo por su historia o sus personajes, sino también por sus implicaciones, por proporcionarnos algo sobre lo que pensar. Es verdad que esto está directamente relacionado con el argumento, pero no todos los escritores saben hacer discurrir los acontecimientos de una forma tan natural como es capaz de hacerlo James S. A. Corey —el seudónimo de los escritores Daniel Abraham y Ty Franck—.

No es ningún misterio el que me guste la forma de escribir de Corey, como ya dije en Anhelando las estrellas con El despertar del Leviatán de James S. A. Corey, y es que cuando esto sucede y me conquistan con cierta facilidad, ya sea por la trama, la ambientación o, por qué no decirlo, por las excelentísimas portadas de Daniel Dociu, todo hace que mis ojos se abran como platos, hable sin parar del susodicho libro y quiera saber algo más de los autores que me gustan. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que me he vuelto mucho más exigente con sus siguientes libros. Por tanto diré que La guerra de Calibán, segunda entrega de “The Expanse”, no solo mantiene el nivel de la primera parte, sino que la mejora introduciendo el elemento impredecible de la protomolécula. El ritmo sigue a una velocidad constante y con buen rumbo.

“No todos los escritores saben hacer discurrir los acontecimientos de una forma tan natural como es capaz de hacerlo James S. A. Corey”
He decir sin ambages que La guerra de Calibán me ha parecido tan bueno como El despertar del Leviatán. Es fenomenal cómo el autor ha insertado en la trama a personajes como Bobbie —a la que ya vimos aparecer de forma fugaz en el primer libro—, y al botánico Prax. Es más, considero que la verdadera fuerza de esta novela reside precisamente en ellos: por un lado tenemos la evolución de Bobbie después de lo de su experiencia —no voy a dar más detalles para no hacer spoiler—, y encima en un entorno que ella no controla en absoluto. Es como intentar que Rambo te haga la manicura, lo cual seguramente te solucionará el problema arrancándote media mano. Por otro lado está Prax, con quien me he quedado verdaderamente sorprendida debido a la capacidad de Corey de explicar a la perfección lo que debe significar vivir en un estado de sitio. Corey transforma a Prax, de la noche a la mañana, en un refugiado dentro de tu propia ciudad: te hace sentir como es perder a aquellos a quienes más quieres y que no hay posibilidad de escapar de aquel lugar salvo por un atrevido golpe de suerte, tener que confiar en la bondad de los demás y hacer uso de los medios de los que ya no dispones para reunirte con tus seres queridos, pasar hambre, desesperación y frío, mientras la mente se sume cada vez más y más en un agujero que se dirige en caída libre hacia la locura, y todo por algo que tú no has provocado y que no puedes solucionar, acontecimientos que jamás has hecho nada para merecer. ¿No os recuerda a algo? ¿A miles de desplazados por la guerra? ¿A refugiados vagando hacia donde se supone que les van a ayudar para que luego los dejen morir entre el barro? A esto me refiero. Las  novelas de “The Expanse” son tan buenas porque pese a ser una historia ficción, se basa en conceptos, actitudes y sentimientos muy reales.

Avasarala es otro de los personajes que me parece especialmente interesante, uno que ha cambiado de manera excepcional a la hora de ser representado en un medio o en otro —novela o televisión—, un caso muy similar al de Amos, el mecánico fortachón. Quiero dejar claro a los que vean la serie de televisión que la actriz escogida por el equipo de casting (Shohreh Aghdashloo) suple con su imponente presencia lo suavizadas que han quedado sus intervenciones respecto a La guerra de Calibán, nada que ver con la imagen de frágil ancianita india de la novela y que desaparece con un dramático bamf cada vez que abre la boca sin dejar de soltar órdenes y tacos. Como digo, es una forma fantástica de analizar cómo se han convertido las novelas en los llamados “productos transmedia”, viendo cómo mutan y se adaptan a otro recipiente que no es el de las páginas de papel o las pantallas de un reader.


The Expanse, vol. 2: La guerra de Calibán

The Expanse: Caliban's War, 2012. James S. A. Corey. Traducción de David Tejera Expósito. Nova, 2017, 640 págs. Rústica con solapas, 21,50 €.
Aprovechando la oportunidad que me brinda este momento, me gustaría hacer una advertencia para aquellos que están siguiendo seguir la historia mediante la serie de televisión. Tened en cuenta, tal y como ya comenté en El despertar del Leviatán, que hay cosas que se están “adaptando” al ritmo del formato televisivo. Siempre tenéis tiempo de volver a lo seguro y leeros estas novelas. Estoy convencida de que Nova seguirá publicando “The Expanse” por muchos años, aunque el futuro de la serie haya pasado por un bache en su emisión —sí, la Rocinante ha zarpado del muelle de SyFy para guarecerse en Amazon—.

Antes de concluir tampoco no quiero dejar pasar la ocasión de comentar la excelente labor de traducción de David Tejera, porque al igual que en otros libros traducidos por él —como por ejemplo El despertar del Leviatán—, no he tenido ningún problema a lo largo de la lectura, lo que significa que cuando un traductor es bueno se convierte para mí en el avatar perfecto del autor.

En definitiva, La guerra de Calibán es un libro que hay que leer si os gusta la ciencia ficción, si os mola que os hagan pensar, y si por supuesto queréis leer algo diferente de lo que normalmente se publica. No creo que os defraude.

Cyram fuera.

mayo 16, 2019y

12 de mayo de 2018

La Rocinante se queda por ahora en el muelle: SyFy cancela ‘The Expanse’


Parece que de momento, y solo de momento, la tripulación de la Rocinante tendrá que esperar a que le den luz verde para despegar una vez más del muelle de atraque, porque SyFy va a cancelar la serie una vez termine la tercera temporada que actualmente está en emisión. La cadena por cable ha decidido poner punto y final a la ópera espacial basada en los libros de James S. A. Corey —seudónimo con el que escriben Daniel Abraham y Ty Franck— y no renovar por una cuarta temporada. Sin embargo, la noticia no es tan mala como parece, ya que según cuenta Deadline, la productora, Alcon Television Group, anda a la caza de un nuevo comprador.

No son pocos los que ven The Expanse como el sucesor de Battlestar Galactica, el primer y gran éxito de SyFy, y pese a ser una de las series de televisión más aclamadas —aun contando con un presupuesto limitado de 4 o 5 millones de dólares por episodio—, no ha servido como para ganarse una cuarta temporada, al contrario que The Magicians, otro éxito de SyFy que sí sigue adelante.


Por lo visto, la decisión de cancelar The Expanse se debe al constante cambio al que se ven sometidas las series de televisión hoy en día, ya que la forma en que los espectadores las consumen evoluciona cada año. Sin ir más lejos, el acuerdo de SyFy en relación a The Expanse se limita únicamente a los Estados Unidos —ni que decir tiene que en Europa se vende separadamente—, por lo que la cuota de pantalla de la serie es sumamente lineal y hace que The Expanse lo tenga más difícil en el tema de ganarse las habichuelas. 

La gota que ha colmado el vaso ha sido la tercera temporada, cuya cuota de pantalla ha sido menor que la de la segunda temporada, y también ha sido menor comparándola con otras series de SyFy como The Magicians o Krypton.


“Estamos muy decepcionados de que la serie no siga en SyFy”, han dicho Andrew Kosove y Broderick Johnson, cofundadores y coproductores ejecutivos de Alcon Entertainment. “Respetamos la decisión de SyFy de terminar con el acuerdo, pero dado el éxito comercial y de crítica de la serie, tenemos intención de buscar otras oportunidades para esta escalofriante y original propiedad intelectual.”


Todavía quedan muchas novelas por adaptar de la saga de James S. A. Corey, por lo que la barra de vida The Expanse aún estaría lejos de agotarse. ¿Será Amazon el nuevo comprador de The Expanse? Ciertamente, es uno de los probables ya que el gigante de Jeff Bezos tiene en su poder algunas propiedades intelectuales muy interesantes como El Señor de los Anillos, Conan el Bárbaro, El problema de los tres cuerpos, Snow Crash, Mundo Anillo y La Rueda del Tiempo, entre otras. Quién sabe, quizá veamos The Expanse engrosando sus filas en un futuro.

mayo 12, 2018y

12 de octubre de 2017

Anhelando las estrellas con ‘El despertar del Leviatán’ de James S. A. Corey

La primera entrega de la obra de ciencia ficción en que se basa la serie de televisión The Expanse es un compendio de personajes carismáticos y escenarios inabarcables que encantará a los seguidores del género.


No me considero una experta en lo que a ciencia ficción se refiere. He leído muchas cosas a lo largo de mi vida, pero siempre me he decantado por la vertiente más fantástica de la literatura —y creedme cuando digo que no voy a discutir sobre las teorías que algunos tienen sobre si la ciencia ficción es también otra forma de fantasía o no—. El caso es que mi despertar al género no se dio con la literatura, sino con los videojuegos, más concretamente con la saga “Mass Effect”. Está plagada de referencias literarias y cinematográficas de esta temática y me hizo descubrir un mundo verdaderamente infinito de emociones, sensaciones y reflexiones.

Tras deglutir algún que otro clásico del género de aquí y de allá —véanse Dune, Fundación, El juego de EnderLas estrellas son la estigia y algún otro—, pasé directamente a The Expanse, la famosa serie que emite Syfy, y como no puede ser de otra manera esto fue lo que me lanzó directamente a los brazos de James S. A. Corey y su El despertar del Leviatán en cuanto me comentaron que era la novela en la que se basaba la serie de televisión.


Como buena novata que soy en esto, rezaba por no encontrarme miles de datos científicos complejos que dificultasen la lectura a lo largo de la narración, que hubiese intrigas y politiqueos sin volver a sumergirme en una saga del estilo de Dune y que se alejase del concepto de space opera que había podido llegar a paladear con algunas novelas de Star Wars que, por suerte o por desgracia, han pasado por mis manos. Esperaba, precisamente, algo más del estilo “Mass Effect”, algo que tuviese acción y exploración, peligro hacia lo conocido y lo desconocido, que me hiciese contener el aliento cuando hubiese operaciones en el vacío espacial o que mostrase en cierta forma la evolución que podía haber tenido la humanidad, teniendo en cuenta que en realidad solo habían llegado hasta “la puerta de casa”.

Los límites terrestres se habían cruzado, pero aún no existía la tecnología suficiente como para poder salir de nuestra galaxia; quería tener información de primera mano sobre cómo reaccionan las personas cuando han conseguido llegar a poblar Marte y ocupar el cinturón de Ceres, aún sin haber descubierto nada como la velocidad de curvatura, los relés de masa o la velocidad de la luz. Deseaba algo que pese a ambientarse en el espacio y en un futuro lejano, me pareciese a la vez real y quizás hasta realizable. Eso lo conseguí fácilmente con la serie. Lo que hizo el libro sin embargo fue aumentar mi perspectiva, otorgarme mil detalles y ricas descripciones, hacer que mi cerebro explotase como si se encontrase en un entorno despresurizado y no pudiese absorber aún más información. Puedo decir sin rubor que El despertar del Leviatán ha plantado en mí la semilla con el gusanillo por las novelas de ciencia ficción, y se ha convertido en uno de los mejores libros que he tenido el placer de leer en los últimos años.


Es inevitable hacer una comparativa con la serie, sobre todo pensando que los personajes cambian levemente de un formato a otro. En el caso de Miller, por ejemplo, se ha suavizado su mal carácter, su vida torturada, sus prácticas de policía corrupto y sus sentimientos de impotencia, obsesión y soledad. Sin embargo, otros protagonistas como Amos han sufrido un proceso opuesto: en la novela no es un grandullón agresivo sin cerebro con ciertos problemillas de autocontrol. En cambio podemos identificarlo como un soldado no especialmente listo, pero tampoco una masa de músculos sin cerebro y vicioso, un hombre pragmático que también hace labores de mantenimiento mecánico de las naves espaciales en las que sirve y que siente obsesión con Naomi, la segunda al cargo de la famosa Rocinante —la cual por cierto, pasará a la historia junto con otras naves épicas como el Halcón Milenario, la Enterprise o la Normandy—. Tanto a Naomi como al capitán Holden se les ha dejado más o menos igual en la serie, salvo por la relación especial que mantienen entre ellos.

The Expanse, un apunte
Para los que alberguéis dudas sobre si leer el libro mientras veis la serie, hay que tener en cuenta que los guionistas han utilizado una forma curiosa de adaptar la historia a las pequeña pantalla. La primera temporada equivaldría a la primera mitad del libro —página arriba, página abajo—, por lo que la segunda temporada de The Expanse en realidad mostraría la segunda mitad del primer libro y la primera mitad del segundo, La guerra de Calibán. Esto no va a ser un problema para los que vean directamente la serie, pero si también pensáis leer los libros tened en cuenta que será mucho mejor que los leáis antes de ver The Expanse.
La serie de televisión The Expanse es una buena forma de comprobar cómo evolucionan determinadas obras escritas hacia un medio como puede ser la pequeña pantalla. Es la necesidad que tienen los guionistas que adaptan toda la narración, de simplificar los roles de los protagonistas y de sintetizar ciertos contenidos, como si dejasen claro que las personas que eligen el formato cinematográfico no fuesen capaces de entender los conceptos de la misma forma que los comprenden quienes leemos la novela. Esto, por cierto, daría para una muy buena conversación junto a unas cervezas.

En resumen, animo a todas las almas que estén leyendo esta reseña o que hayan mostrado cierto interés en ella a que se lancen de cabeza a leer El despertar del Leviatán. Las razones están bien claras: no es solo una historia atípica con unos personajes carismáticos y un entorno inabarcable, sino que se tocan temas tan importantes como la moral, el honor, el respeto, la duda, el miedo, la desesperación, el desafío y la supervivencia. La forma en la que está escrito no requiere precisamente saber hebreo bíblico. Es apto para cualquier persona que tenga un poquito de interés, mucho más para todos los que nos enamoramos de las lecciones sobre el universo de Carl Sagan o que flipamos con cualquier serie, película o videojuego donde salga el espacio en toda su magnitud.


The Expanse, vol. 1: El despertar del Leviatán

The Expanse: Leviathan Wakes, 2011. James S. A. Corey. Traducción de David Tejera Expósito. Nova, 2016, 608 págs. Rústica con solapas, 21,50 €.
Además, no sé si sabéis que aparte de no tener prácticamente erratas, la traducción a cargo de David Tejera es perfecta: no hay gazapos en los términos más complejos y no os vais a complicar la vida intentando dilucidar si tal o cual escena no la habéis entendido bien porque el traductor haya tenido alguna que otra ida de olla. Está niquelado de principio a fin y eso hace que te sumerjas tanto en la historia que en realidad te olvidas de que estás leyendo una obra traducida, lo cual siempre es bueno.

También recomiendo El despertar del Leviatán porque aparte de naves espaciales que se disparan entre sí, también hay politiqueos como los que surgen cuando la guerra parece alzarse entre la Tierra y Marte, porque paladearéis ese sabor que os dejan las historias policíacas cuando sigáis la investigación de Miller sobre Julie Mao, y pasaréis verdadero miedo cuando cierta molécula decida dar un golpe “sobre la mesa” y decir “aquí estoy yo”. Es un libro imprescindible, fácil de leer, regalar y recomendar, una pasada de lectura.

octubre 12, 2017y


 

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