Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
definiciónde
Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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enero 23, 2014

Reseña: «La guardia de Jonás», de Jack Cady, terror marítimo en Insomnia

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Título originalThe Jonah Watch: a True Life Ghost Story in the Form of a Novel.
Edición: 288 págs. Valdemar, col. "Insomnia", diciembre 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 22 € (tapa dura con sobrecubierta).
Traducción: José María Nebreda.
Temática: Terror.
Correlación: Lectura independiente.


Uno a veces sucumbe en la tentación de considerar a una editorial como una simple fábrica de libros. Su tarea, simplificada, parece ser solamente el editar libros que se puedan vender rápido y bien. Del mismo modo, para algunas editoriales el comprador (ya ni siquiera lector, comprador, a secas) es de igual modo simplificado, objetivado; es un consumidor, sujeto a las modas, influenciable. La idea es conseguir que suelte el dinero ahora, e idear nuevas formas de conseguir que siga haciéndolo en el futuro, gastando lo mínimo posible en el proceso. Es esa mentalidad mercantil (comprensible por otra parte) la que provoca, más que ciertas razones peregrinas que esgrimen los expertos, la desafección creciente de la población al mundo de la literatura; añádele un enfoque muy incorrecto al mismo desde la más tierna infancia, y tendrás una población que lee cada vez menos. Sin embargo, no está aún todo perdido.

Sigue habiendo –pocas, luchadoras, dedicadas– algunas editoriales con por lo menos dos cosas que considero esenciales: proyecto y respeto al lector. El proyecto implica –para mí– tener un plan editorial concreto, bien definido, al que ser fiel, en el que uno pueda confiar sabiendo que se seguirá un criterio y se buscará unos valores concretos. Pasa por trabajarse unas ediciones cuidadas, revisadas, limpias de erratas, con buenas traducciones, buenas encuadernaciones y un cierto valor estético. El respeto al lector es el dedicarle una atención; mantener la comunicación, escuchar sus sugerencias o quejas si las tiene, y el tener en consideración la confianza que éste deposita en la editorial (y mantenerla, entre otras cosas, acabando las series que se empiezan). No es fácil, y puede que económicamente no resulte tan rentable a corto plazo como el desprecio que muestran las fábricas de libros. A la larga, sin embargo, forja lealtades irrompibles y un cierto eco de leyenda bibliófila. Han pasado ya muchos años desde que cerraron las colecciones de "Anaya Ultima Thule" o "Siruela Ojo sin Párpado", pero siguen muy presentes. Quien tenga la suerte de tener algunos de sus títulos, los atesora; y quien los conoce solo de oídas, los busca con dedicación. Algunas editoriales o colecciones siguen hoy su estela, y como aquellas, se guían por un proyecto firme y muestran un gran respeto. Impedimenta es una de ellas. Otra, ya mítica, es Valdemar.

“un marco inmejorable para una historia de terror”
Sita en Madrid, la editorial Valdemar lleva veinticinco años ofreciéndonos un catálogo envidiable y variopinto. En él encontramos entre otras la colección “Avatares”, que se centra en la literatura de aventuras y los clásicos juveniles; “Clásicos”, que presenta los grandes hitos de la literatura universal en espléndidas ediciones anotadas (recomiendo especialmente su Moby Dick); la reciente “Frontera”, que recupera el western, género que nunca muere; y por supuesto, la joya de la corona: la colección "Gótica”, un sueño para los amantes del terror clásico. En tapa dura, bien encuadernada, en hojas color crema, a menudo con punto de tela y siempre con espectaculares portadas, encontraremos entre sus títulos a los maestros de la literatura gótica; a los conocidos y a los que, no tan renombrados, Valdemar nos descubre con buen criterio. A medida que crece la colección, abarca todos los grandes maestros del terror en un marco temporal que va desde (con algunas excepciones) E.T.A. Hoffman (Los elixires del diablo) a los grandes nombres del terror pulp: Lovecraft (“Obras completas”, en dos volúmenes), Howard (Canaan negro) y Ashton Smith (Zothique). Pero Valdemar es una editorial muy ambiciosa. No contenta con ser la referencia en cuanto a terror clásico, ahora presenta la nueva línea “Insomnia”, que visto su primer volumen, que enseguida empezaré a reseñar, va camino de convertirse también en el referente en cuanto a terror contemporáneo.

Como con "Gótica", "Insomnia" comparte la edición en tapa dura, esta vez con sobrecubierta, cuya ilustración para cada tomo correrá a cargo de renombrados artistas; el diseño es realmente atractivo, con un tamaño algo más manejable que el de "Gótica". El concepto es tremendamente ambicioso: José Maria Nebreda nos habla de ello en la presentación al primer tomo. La intención es traer al lector español un cierto tipo de novelas que por las modas del momento han quedado injustamente arrinconadas; las de terror puro, de autores “nuevos”, actuales. Y es que, como bien dice, lo que nos llega es sobre todo literatura fantástica o de ciencia ficción, y mucha novela negra. Hacía mucha falta una colección que apostara por este campo, y creo que "Insomnia" va a ser un gran éxito... sobre todo cuando leo, en esta presentación, que se buscará sacudir los cimientos del género y recurrir a lo transgresor, a superar las fronteras que tradicionalmente lo acotan. Al fin y al cabo, ¿no se basa precisamente el terror en sacudirnos bruscamente de nuestros marcos de referencia? ¿Qué mejor premisa para una colección terrorífica?

Para abrir “Insomnia”, Valdemar ha escogido La guardia de Jonás, de Jack Cady, cuyo nombre (desconocido en España) es sinónimo de calidad, como en el resto del mundo ya sabían y aquí pronto descubriremos. Valdemar ya tiene experiencia en los relatos de terror marítimos, y de hecho tiene en catálogo algunos tomos imprescindibles como Los mares grises sueñan con mi muerte y Cuentos completos de terror en el mar (Valdemar "Gótica"), de William Hope Hodgson, quizás el escritor más relevante en este subcampo. Jack Cady llevó una de estas vidas que podemos calificar como “coloridas”, al estilo de Jack Vance. Marinero, camionero, leñador, profesor de literatura; polifacético cuanto menos.

En La guardia de Jonás, obra con un punto autobiográfico, Cady nos presenta un escenario sumamente atractivo; el del salvamiento marítimo, cuerpo al que él mismo perteneció cuando la guerra de Corea. El marco del que prácticamente no nos moveremos en todo el relato son las lanchas de la guardia costera. Una lancha, desde mi punto de vista sumamente amateur, es un aparato de un mundo ajeno; un sitio plagado de cables con nombres propios cuyas funciones o utilidades se me escapan por completo, y que al parecer requieren de constante atención por parte de los marinos; un lugar extraño, de metal o madera gastados, sucios de alquitrán y una costra de sal, llenos de redes, sacos y percebes. Ver un barco así, un barco de trabajo, no un bote de ocio, me recuerda mejor que nada lo ajeno que es el mar, por cuanto no comprendo nada de lo que se requiere para navegarlo y explotar sus criaturas. El mar, de hecho, es en cierto modo un territorio de frontera, y los que viven de él me parecen equiparables a los colonos o a los pilotos de una nave de exploración; por lo menos cuando hablamos de una era casi pre-tecnológica. A menudo se recurre al tópico del terror de explicar que, en los sitios donde la realidad es más “débil”, donde los límites entre mundos son más tenues, es donde lo sobrenatural emerge; en este sentido, ¿qué mejor sitio que la inmensidad del océano? 

El sobrecogedor espanto del vacío, que nos hace constatar la insignificancia humana –que Lovecraft resaltaba tan bien en sus narraciones, y fue precisamente el mar que Lovecraft escogió para esconder a su Cthulhu– es palpable en el océano, forma parte de la vida del marino que navega en un barco endeble en la superficie de una monstruosa masa de agua de profundidades insondables, más frías y oscuras cuanto más lejanas. En ellas se han perdido millones de vidas; en ellas, otros millones nadan, acechan, invisibles. Es un marco inmejorable para una historia de terror; o, como Cady la define, por una historia de fantasmas real narrada en forma de novela.


En efecto, con una sobriedad y un realismo propios de Hemingway, Cady nos narra una serie de hechos que suceden entorno a la lancha Adrian de la guardia costera de Maine; empezarán con la llegada de un nuevo recluta, Brace, o quizás un poco antes, con la muerte del maquinista Jensen. Con un punto de vista coral que se reparte entre varios de los marinos, Cady pinta una historia sencilla y efectiva, usando de trasfondo el mito bíblico de Jonás –aquel profeta cuya desobediencia desató la cólera divina sobre el barco donde viajaba, amenazando con hundirlo hasta que Jonás se lanzó por la borda– y el uso que los marineros dan al nombre, para señalar a aquel de entre ellos que consideran atrae la mala suerte.

La guardia de Jonás no es una novela particularmente fácil de empezar; el lenguaje técnico, propio del mundo marítimo –que en una iniciativa no muy frecuente Valdemar traduce a pie de página con entradas de la RAE– y el modo narrativo repartido entre varios personajes requiere de cierto tiempo para aclimatarse. Es, de hecho, algo positivo, ya que a la vez que uno se va acostumbrando a tal argot, la historia avanza y uno se sumerge en la atmósfera melancólica, siniestra, que avanza desde finales de verano hasta su culminación a finales de diciembre. El avance del frío y el mal tiempo parecen una metáfora del desarrollo de la tragedia, que igual que el clima, se encrudece a medida que avanza el libro.

Pero no creamos que en La guardia de Jonás encontraremos momentos gore, violencia o excesos de los que el terror actual parece incapaz de prescindir; es una historia de fantasmas a la vieja usanza, climática, que juega con lo que alguien ve o cree ver, con las interpretaciones que le da y con los efectos que éstas tienen sobre la tripulación. Apartando por un momento lo sobrenatural, La guardia de Jonás es una excelente novela que recrea un mundo –el de los hombres de mar– solo al alcance de los grandes escritores, y en el que te permite sentirte incluido por unos momentos. Sus personajes son complejos; Lamp, el cocinero, que como todos los cocineros desde Volturno es orondo, hablador y supersticioso; Dane, primer contramaestre, que como tantos oficiales grita más que habla; Levere, el capitán, competente y algo distante; Howard, que parece ser el alter ego de Cady; Brace, el novato, patoso e irritable. Pero si bien de entrada parece que estos personajes correspondan a ciertos arquetipos muy vistos, Cady les da la vuelta y los vuelve muy humanos y mucho más redondos de lo que a primer vistazo puedan parecer. De este modo, incluso aquellos para quienes la etiqueta de “terror” no es un atractivo podrán disfrutar de la novela.

En resumen; espero –lo considero ya un hecho– que con este tomo Valdemar abra una nueva era del terror. No hay duda que, si el resto de libros de la colección mantienen este nivel, lo va a conseguir. Hay tanto a publicar, tanto a leer, que al pensarlo uno siente un vértigo equiparable al de la contemplación de una fosa abisal. Empecemos poco a poco: espero haberos convencido de hacerlo con La guardia de Jonás.

3 comentarios

Pues a mi sí me has convencido. Compraré mi primer Insomnia, gracias.

Muy de acuerdo con tus apreciaciones sobre las "fábricas de libros" y las editoriales verdaderamente entregadas con sus lectores y sobre un proyecto al que se aplican con dedicación. En este sentido, me viene a la cabeza -además de Valdemar- las bellas ediciones de Impedimenta, por ejemplo.

Da la casualidad que ando con ganas de meterme más a fondo en terror (propósito este año de indagar en géneros que conozco menos), sobre todo en el que utiliza más la tensión y las intrigas que los elementos gore. Y este parece un título muy interesante desde esa perspectiva... Por no mencionar que esta nueva línea augura futuras publicaciones a las que habrá que estar muy atentos.

Gracias por la recomendación. ;)

A mi este libro me lo recomendó un librero muy mayor y tras leer lo que has escrito... lo mismo le doy una oportunidad. Sobre todo por lo que dice Jolan, hay que hacer propósitos de año nuevo para intentar introducirse poco a poco en géneros que aún o no se han tocado o de haberlo hecho, ha sido algo meramente anecdótico. ^^

Y sí, se nota cuando una editorial piensa con detenimiento cómo quiere tratar a sus lectores, si como simples números que puedan aumentar sus beneficios o como personas con raciocinio que son capaces de disfrutar con un libro.

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