} -->

Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

Publicación independiente de fantasía, por y
para lectores de espadas y conjuros. La
fantasía es la poción mágica de la literatura.

Cultura fantástica
La fantasía es
la poción mágica
de la literatura.
Has descubierto un camino
lateral y entrado en un sitio
de La Espada en la Tinta. Pulsa
aquí para volver al principio
#Aquí hay fantasía

Publihechizo

9 de febrero de 2015

Reseña: 'John muere al final' de David Wong, surrealismo al cuadrado

Comunicarse con el más allá mediante una salchicha Bratwurst parece más fácil que reseñar John muere al final. En su primer capítulo ambos protagonistas se enfrentan a una criatura demoníaca espontáneamente compuesta por piezas de carne congeladas pertenecientes a varios animales, y eso ya podríamos usarlo como metáfora para describir a su autor, David Wong.

Wong es como un monstruo hecho con partes de Terry Pratchett potenciado con el gamberrismo de Mark Millar, con trozos de Lovecraft y Clive Barker aquí y allá, la cabeza de Kevin Smith y una buena pátina del surrealismo de Grant Morrison. Al igual que el monstruo al que se enfrentan Dave y John, Wong choca al principio, pero una vez te has aclimatado y aceptas la atmósfera pesadillesca –en su sentido más literal John muere al final sigue la lógica de los sueños, es decir, ninguna, y salta de un tema a otro con su misma facilidad– te das cuenta de que estás en el libro más disfrutable de lo que llevamos de Valdemar Insomnia.

Reconozco que en prácticamente cada reseña que hago de Insomnia vengo a decir lo mismo: pero es que es cierto que siguen subiendo y subiendo el listón. ¿Hasta cuando, Valdemar? ¿Hasta cuando abusarás de nuestros bolsillos, obligándonos a comprar y comprar todo lo que edites? Ya he dejado de lado toda pretensión de objetividad: estoy encantado. Gótica es una colección sumamente interesante y solvente, pero con Insomnia nos has rematado: es justo lo que el escenario fantástico español necesitaba, alguien que trajera obras actuales y de calidad. Hay mucho aquí del que otras editoriales podrían aprender en cuanto a seleccionar obras adecuadas, editarlas con un formato de calidad y seguir con ello sin bajar el ritmo.


Pasada esta primera reflexión generalista a la que me sentía obligado por pura gratitud, vamos a intentar analizar un poco esta excentricidad que tenemos entre manos.

John muere al final es al parecer la primera novela de David Wong, guionista y editor de webs humorísticas, y bien podría haber sido la última porque varios editores rechazaron publicarla. La historia de como llegó a ver la luz merece la pena por sí misma; la edición de Valdemar la incluye en forma de dos prólogos a cargo del propio autor y del director de culto Don Coscarelli, quien tras leer el libro inmediatamente lo llevó al cine. Este rechazo inicial no sorprende, se trata de un material muy personal, más perturbado que perturbador; más chocante que reflexivo, más divertido que terrorífico, y sin embargo, terrorífico, perturbador y reflexivo. Inclasificable, y por tanto, primera obra de su propio género. Podríamos decir que Wong es al terror lo que Pratchett a la fantasía y Adams a la ciencia ficción, pero sería una injusticia para con los tres porque en lo único en que coinciden es en la sensación de «no sé lo que acabo de leer, pero quiero más» que despierta en el lector.


La historia en sí es retorcida: no sigue una estructura lineal ni se enfoca a un hecho concreto como suele pasar con las novelas de terror. Está narrada en retrospectiva por uno de los protagonistas –el propio David– y cubre varios años de su vida. Este tipo de retrospectiva permite multitud de pseudo-cliffhangers del tipo «si entonces hubiera sabido lo que pasaría después, habría hecho tal cosa y tal otra», que quizás llegan a ser un poco excesivos, problema que siempre padecen las narraciones de este tipo. A grandes rasgos, se nos cuenta como a partir de que Dave y John consuman una droga sumamente peculiar llamada “Salsa de Soja” después de un concierto, sus mentes se abren a un nivel de percepción inhumano que les sumerge en la locura de un multiverso poblado de seres grotescos esperando traspasar la membrana que les separa de nuestra realidad. Hasta aquí nada inusual, todos sabemos que es una membrana finísima y que al otro lado acechan toda clase de seres que no tienen nada mejor que hacer que esperar a que se rompa.

Lo verdaderamente extraño empieza cuando en lugar de volverse inmediatamente locos como les pasaría si los hubiera descrito Lovecraft, empiezan a volver loco al lector arrastrándole a una sucesión de hechos entre absurdos y geniales: por algún motivo hay que ir a Las Vegas, y para ello las criaturas de otra dimensión secuestran a los consumidores de Salsa de Soja, acompañados por una perra que no se sabe de donde sale ni a donde va. Por el camino se cruzan con un mentalista experto en lo oculto, estalla gente y huyen de criaturas crustáceas con peluca.

Don Coscarelli ha llevado John muere al final al cine, mira el tráiler abajo:


Lo que los protagonistas hacen en Las Vegas  pone punto final a la primera parte del libro, que aún tiene mucho, mucho más que ofrecernos: ni lo que acecha en el espacio interdimensional ha acabado con los protagonistas ni David Wong con nosotros. Digamos que esta primera parte de la aventura establece el tono general de lo que seguirá y sirve de experiencia iniciática para Dave y John, quienes a partir de este momento pasan a convertirse en algo similar a cómo sería John Constantine si lo que fumara no fuera tabaco.

Y así, con esta pareja de "Constantines" torturados, John muere al final va escalando hacia un final que no podemos prever; es asombroso como hasta en los últimos capítulos encontramos escena tras escena que nos descolocan completamente. Cuando creíamos haber captado la naturaleza del enemigo, Wong se ríe de nuestra arrogancia y le da un vuelco, y cuando pensamos que todas las piezas se van a configurar del modo debido para ofrecernos una clausura clásica donde todo es otra vez si no normal, por lo menos confortable, error otra vez. Y cerramos el libro con una ancha sonrisa con solo un poco –casi imperceptible– tick nervioso.

Para acabar, que no se me entienda mal: aquí hay diversión, surrealismo y humor absurdo, a raudales. Pero también hay gore y terror. Hay escenas y conceptos que analizados fuera del contexto extravagante en el que se nos presentan ponen los pelos de punta, desde las criaturas que se pueden percibir solo a medias y su lenta pero segura invasión de nuestra realidad, a los seres de sombra que pueden trastear con el espacio-tiempo. Las muertes de algunos personajes son brutales, y solo de imaginarme como Coscarelli las ha podido plasmar en la pantalla grande ya me muero de ganas de ver su película. Hay puntos que bordean la ciencia ficción distópica, y muchos, muchos momentos que parecen homenajear la multitud de referentes subculturales de los que Wong bebe tan ávidamente como nosotros.


Sin embargo y pese a todos sus muchos puntos fuertes, el que prefiero destacar por encima de todos es el que podría parecer más trivial: la extrema humanidad de Dave, John y el resto de personajes. Son creíbles, son reales, son personas rotas –las que me resultan interesantes–, y sus reacciones y decisiones, en medio de este caos, son completamente comprensibles. Y habría sido muy fácil que no lo fueran: en esta novela todo es tan extremo, tan extraño, que bien podría Wong haberse dejado llevar por todo ello y parir unos protagonistas títere, meros complementos usados para tirar adelante con la historia, y más siendo un autor novel. Y no lo ha hecho, por lo que cuando juntamos ambas cosas, una aventura delirante que se convierte en una vida delirante porque la vive un personaje real, el resultado es fantástico. Tanto que espero que cualquier día Valdemar no nos sorprenda en absoluto anunciando que va a editar This Book is Full of Spiders, su continuación, que deseo con tantas ansias como espero las de Malaz o con tanto temor como deseo poder leer el final de "Canción de hielo y fuego" antes de mi jubilación.

Como última advertencia, id con cuidado al enfrentaros a este libro: solo es apropiado para quienes puedan dejarse llevar por sus páginas sin ninguna clase de arraigo a lo cotidiano o a lo establecido por tantas otras obras del fantástico.  

febrero 09, 2015y

21 de octubre de 2014

Reseña: «El rito», de Laird Barron, uno de los mejores autores del terror actual

El autor consigue estremecernos con los aspectos más cotidianos, pero también con sus secundarios de lujo.

Laird Barron es el Robert E. Howard moderno con la capacidad por lo macabro de un T. E. D. Klein (una de sus principales influencias según la nota biográfica). Antes de leer El ritual, quinta entrega de la colección “Insomnia” de Valdemar, solo conocía a Barron por su relato “El Broadsword”, incluido en la antología (también de Valdemar) Alas tenebrosas. 21 nuevos cuentos dehorror lovecraftiano, que reseñamos el mes pasado; allí lodestacaba como uno de los mejores del libro, por lo original y lo terrorífico. De El ritual lo destacable no es tanto la originalidad –como lo era en aquel relato– sino la ejecución, que me parece soberbia.

El primer capítulo es casi un relato independiente que al estilo de Angela Carter toma uno de sus cuentos infantiles que todos conocemos y lo retuerce para contarnos “lo que pasó realmente” y establecer el tono enfermizo, y parte del trasfondo, en el que se basará todo el libro. Es solo el primer capítulo, y ya nos ha atrapado: nada de introducciones largas y lentas. Frank Frazetta podría haber ilustrado estas páginas por cuanto tienen en común con sus cuadros de fantasía voluptuosa.

Este primer capítulo lo sitúa cronológicamente en algún momento indeterminado del pasado, en alguna parte de la Europa medieval; el siguiente, en el México de los años cincuenta, donde Don Miller y su esposa están disfrutando de unas vacaciones pagadas de las que uno pasa sin salir mucho del hotel; ambos son estudiosos (ella antropóloga, él geólogo). Pero cuando a Michelle la convocan a una inesperada conferencia sobre unas ruinas que acaban de descubrir, Donald no sospecha nada extraño; solo pasadas unas horas empieza a preocuparse y emprende su búsqueda, una búsqueda que cambiará su vida. Lo que sucede en México nos confirma que estamos ante uno de los mejores autores del terror actual.


A partir de aquí, los capítulos repiten el mismo esquema de saltos temporales. Los de Don Miller transcurren parte en el presente parte en momentos de su pasado que van descubriéndose como piezas de un puzzle que a medida que lo vamos componiendo enseña una imagen más y más horrible cada vez. Él no recuerda muchos de estos episodios: lo que sucediera tantos años ha en México le afectó la memoria. Ahora, en el presente, vive una vida aburrida; al borde de la jubilación ha abandonado los estudios de campo para pasar la mayor parte del tiempo en un despacho, asesor de una importante compañía. Lleva muchos años casado felizmente, con dos hijos ya mayores y bien situados, y se ha trasladado con Michelle a la que fuera su casa de veraneo, heredada de la familia de ella: los Mock. La gran casa, atestada de trastos acumulados durante generaciones, le parece algo ajena, malsana, pero los vecinos son agradables, grandes amigos de él y su esposa y los días transcurren con esta tranquilidad propia de la vida en el campo. Solo que hay algo debajo: acecha, y él solo lo ve a medias.

No es Don, inicialmente, quien percibe que algo va realmente muy mal: somos nosotros los lectores. A nosotros se nos introduce a estas vivencias que él ha olvidado; así, cuando se nos lleva de vuelta al presente, captamos señales y referencias que a él le pasan desapercibidas. Es una labor detectivesca, reconstruir el pasado del personaje, y me parece un planteamiento muy astuto por parte de Barron.

La historia en sí, la que vamos descubriendo, es en el fondo un clásico del terror pulp: implica adineradas familias estadounidenses, del tipo que en los libros de Lovecraft se llamaban “Marsh” y aquí son los Mock o los Wolverton; su tradicional decadencia de aristócrata entronca con tradiciones perversas, que chocan con un protagonista mucho más normal, un poco perdido entre tanto culto secreto. Hay, como en los clásicos de los mitos, lugares sagrados sumamente siniestros, libros prohibidos, símbolos que se rodean de tal aura de terror que su sola sugerencia nos estremece, e incluso hibridación entre humanos y criaturas muy poco agradables. No falta una entidad que encaja perfectamente en el concepto de los primigenios lovecraftianos, aunque con un aire aún más divino, inabarcable por el entendimiento humano: “La gran sanguijuela”, el gusano, la serpiente, el Uróboros. Es una de esas criaturas que tienen algo, una carga simbólica y una capacidad para inspirar repugnancia que lo hacen omnipresente en este género literario que adoramos. Lovecraft, sí, pero también Howard, Bram Stoker en La guarida del Gusano Blanco o Stephen King (con uno de sus mejores relatos, “Los misterios del gusano”). Es una larga tradición a la que Barron se apunta, y lo hace convirtiéndose automáticamente en uno de sus máximos exponentes. Pero si bien escribe sobre temas que habrían encajado perfectamente en la Weird Tales, Barron está muy lejos de la mojigatería de H. P. Lovecraft; esto es pulp de nuestra era, gore cuando debe serlo, sexual cuando conviene, convincente.


Y a convencer, a ayudarnos a creernos esta historia, ayudan unos secundarios de lujo; es uno de esos libros que, aparte del elenco principal, te ofrece una selección de secundarios a los que no llegamos a ver más que muy brevemente y que resultan sumamente interesantes. No me parecería disparatado que, tras presentarnos a cada uno de ellos, Barron usara el «pero esto es una historia para ser contada en otra ocasión» de La historia interminable y se los reservara para otro libro, porque muchos son memorables. Luther, el abuelo de Donald, se intuye como una personalidad fortísima y sumamente interesante sin siquiera aparecer directamente, solo por como lo describen quienes lo conocieron. El burócrata mexicano que ayuda (a su manera) a Donald cuando éste buscaba a su esposa entonces perdida; los agentes de alguna agencia gubernamental que en algún momento contactan con Donald; El enano; Argyle, el hombre de la nariz de oro. Este libro es una gozada de principio a fin, y en parte lo es por cosas como esta, detalles no solo en las escenas de terror, que las hay, y muchas, y de las que perturban, sino también en los aspectos más cotidianos.

Finalmente, una mención especial al “ritual” que da nombre a la novela: escalofriante. No solo por lo que representa, es el como pervive a lo largo de la historia y el como se perpetua. Y sobre todo la forma en que nos sentimos nosotros, en el agridulce final del libro, respecto a quienes lo llevan a término. Es un buen trabajo el del escritor que consigue que el lector se implique con sus personajes; con los buenos y con los malos, queriendo a unos y detestando a otros. Aquí querremos y odiaremos. Pero sobre todo, creo, disfrutaremos mucho con su lectura.

octubre 21, 2014y

15 de mayo de 2014

Reseña: «La joven ahogada», de Caitlín R. Kiernan

El primer volumen de la colección "Insomnia", La guardia de Jonás, me pareció muy bueno; La joven ahogada, tercera entrega de la colección me ha deslumbrado. Como el nivel siga así (y reconozco que aún no he leído ni El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante ni Extraños eones) voy a hacer exactamente como hacía con la colección "Gótica", es decir, comprar cada volumen religiosamente, a veces sin siquiera leer previamente la sinopsis. Es el hechizo en el que nos tiene atrapados Valdemar.

Y es precisamente de hechizos y compulsiones de lo que trata La joven ahogada, aunque no tan agradables. Dice mucho de la habilidad de Kiernan el que haya conseguido que su novela, que no es nada convencional ni sigue una estructura narrativa fácil, se lea con la misma misteriosa compulsión que afecta a su protagonista; considerémoslo uno más de los trucos que la escritora usa para crear una complicidad entre la historia y el lector. Hay fragmentos que se repiten, por lo que crean cierto ritmo, musicalidad; otros se cuentan desde distintas ópticas. Cuando la protagonista (que es quien narra en primera persona, en el esquema clásico de la literatura de fantasmas por el cual la “víctima” u observador del fenómeno cuenta su vivencia en retrospectiva) está confusa o alterada, eso se refleja en el texto que escribe, a veces simplemente introduciendo una palabra incorrecta que nos remite a su subconsciente. Hay la confusión propia de un texto redactado bajo la forma de un monólogo interno y la mezcla de sensaciones y hechos que es propia de un sueño: todo, en conjunto, crea una historia que fluye como una canción, un canto de sirena. 

“Mezcla el terror ambiental y la
 sensualidad con 
algunos hechos reales 
sobrecogedores”
La joven ahogada? Su protagonista, Imp, la define como “una historia de fantasmas”; de los fantasmas que la han hechizado, o bajo cuyo hechizo ha caído; de la forma en que han influido en ella y han pasado a formar parte de su historia personal. Pero la historia de fantasmas de Imp no es para nada convencional. Sus fantasmas no son los de M. R. James, criaturas etéreas, ni los conjuros en los que queda atrapada son los de Lovecraft; aquí son trampas mentales, memes, o como ella los define, "contagios sociales" que pueden transmitirse desde una fotografía, un escrito, o como en su caso, una pintura. Un cuadro obra de un pintor torturado que, usando más terminología del libro, abre una ventana a través de la cual Imp percibe una realidad subyacente y a la vez es percibida por otra criatura, Eva Canning. Canning es punto común entre dos historias, dos vivencias, que Imp no puede o no sabe separar, que se mezclan en su mente; una joven desnuda que recoge en su coche una noche de julio (o noviembre, quizás). ¿Es lobo o sirena? Intentará contarnos ambas versiones, quizás encontrar la verdad por el camino. La narración danza a dos ritmos, mezcla dos historias que son una, que pueden ser ambas auténticas o serlo solo una de ellas; donde la percepción está distorsionada. Donde la propia protagonista se habla a sí misma, en tercera persona, creando otro nivel en la historia.

Ilustración de Matthew Jaffee para el cuento de Albert Perrault Fecunda Ratis. En el texto situado abajo a la izquierda puede leerse “No one is coming for you” (Nadie viene a por ti).

Si este esquema es peculiar, Imp (acrónimo de India Morgan Phelps) tampoco es una protagonista convencional. Le afecta una esquizofrenia heredada; hija y nieta de suicidas, vive el presente dedicada al arte, a la pintura, sin mucha vida social hasta que conoce a Abalyn y empiezan un romance. Y su romance es otro de los puntos fuertes del libro; sin que de hecho nos den muchos detalles del mismo, impacta, consigue ser entrañable; es muy curioso que en tan relativamente poco espacio Kiernan pueda establecer un slice of life que realmente importe al lector de tal modo que cuando queda alterado por la visita de Eva Canning se refuerce la atmósfera de tristeza y melancolía. Como lector, uno no se limita a leer sobre la añoranza de Imp; siente también esta añoranza por el statu quo previo a la llegada del canto de sirena. Y temor, mezclado con la melancolía, puesto que no sabemos realmente hacia donde vamos, donde nos va a llevar Kiernan, tan magistralmente mezcla la cronología y dosifica la información.

No se puede encasillar La joven ahogada, es algo nuevo. Mezcla el terror ambiental (que va in crescendo a medida que avanza la demencia de la protagonista, hasta llegar a cierto capítulo terriblemente opresivo) y la sensualidad con algunos hechos reales sobrecogedores; el asesinato de la Dalia Negra, el turbulento bosque de Kuroi Jurai (entre cuyos árboles se han suicidado centenares de personas), la historia de la Inconnue de la Seine o las distintas versiones e interpretaciones de los cuentos clásicos de la Caperucita Roja y "La sirenita". Todo cargado con significados ocultos, subyacentes a este tipo de historias, y simbolismos. Como Lovecraft, construye una serie de referentes ficticios que mezclados con los reales quedan completamente verosímiles; Albert Perrault y sus siniestras creaciones es el Pickman de Kiernan (y sobre Pickman precisamente escribió en su relato “El otro modelo de Pickman” que abría la antología Alas tenebrosas: 21 nuevos cuentos de horror lovecraftiano, también en Valdemar). Como Lovecraft, usa el arquetipo del personaje sensible y cerebral, artístico, soñador, con antepasados aquejados de locura, y el marco de Providence para desarrollar la historia: ya podemos considerar Providence la capital sobrenatural de Estados Unidos. A diferencia de los personajes de Lovecraft, sin embargo, Kiernan va mucho más allá de esta superficie de tópico y nos presenta a Imp como un personaje profundo y complejo, muy real, muy humano, con toques autobiográficos. Kiernan en este sentido posee la sensibilidad y la visión por lo oscuro de Lovecraft, pero a diferencia de aquel, es emocional, no solo racional; los personajes de Lovecraft eran como él, ermitaños encerrados en ellos mismos. Cuando lo irracional les asaltaba, colapsaban y la locura acababa con ellos. Cuando lo irracional asalta a Imp, y la locura la embarga –el canto de la sirena que puede llevarla a estrellarse contra las rocas–, puede tener salidas, vías de escape; la cuestión es si duran, o si las cuerdas que la atan al mástil serán lo bastante resistentes.

No puedo ser suficientemente enfático al recomendar La joven ahogada; va directa a mi lista personal del mejor terror contemporáneo. Habrá quedado claro que no es una novela de terror al uso: es original, en cierto sentido experimental, muy personal, y muy ambiental. E inmensamente disfrutable. Es sin duda de esos libros sobre los que uno reflexiona, y sigue reflexionando días después de haberlos terminado; y algunas de las imágenes que evoca (Fecunda Ratis) o lo que envuelve la Contradanza del Bogavante de Carroll (que aquí se rodea de un sentido y un contexto siniestros) son de las que perduran. Es duro publicar una obra así entre los primeros números de una colección, porque parece difícil que se pueda superar el listón... pero no dudo de que nos llevaremos muchas sorpresas en los años venideros en el marco de "Insomnia".  
Información adicional

Terror Literatura Novela

La joven ahogada.
(The Drowning Girl).
Traducción de Marta Lila Murillo.
Valdemar, abril de 2014.
392 páginas.
No disponible en ebook.
26 € (tapa dura con sobrecubierta).
Lectura independiente.

Primeras páginas

mayo 15, 2014y

23 de enero de 2014

Reseña: «La guardia de Jonás», de Jack Cady, terror marítimo en Insomnia

Título originalThe Jonah Watch: a True Life Ghost Story in the Form of a Novel.
Edición: 288 págs. Valdemar, col. "Insomnia", diciembre 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 22 € (tapa dura con sobrecubierta).
Traducción: José María Nebreda.
Temática: Terror.
Correlación: Lectura independiente.


Uno a veces sucumbe en la tentación de considerar a una editorial como una simple fábrica de libros. Su tarea, simplificada, parece ser solamente el editar libros que se puedan vender rápido y bien. Del mismo modo, para algunas editoriales el comprador (ya ni siquiera lector, comprador, a secas) es de igual modo simplificado, objetivado; es un consumidor, sujeto a las modas, influenciable. La idea es conseguir que suelte el dinero ahora, e idear nuevas formas de conseguir que siga haciéndolo en el futuro, gastando lo mínimo posible en el proceso. Es esa mentalidad mercantil (comprensible por otra parte) la que provoca, más que ciertas razones peregrinas que esgrimen los expertos, la desafección creciente de la población al mundo de la literatura; añádele un enfoque muy incorrecto al mismo desde la más tierna infancia, y tendrás una población que lee cada vez menos. Sin embargo, no está aún todo perdido.

Sigue habiendo –pocas, luchadoras, dedicadas– algunas editoriales con por lo menos dos cosas que considero esenciales: proyecto y respeto al lector. El proyecto implica –para mí– tener un plan editorial concreto, bien definido, al que ser fiel, en el que uno pueda confiar sabiendo que se seguirá un criterio y se buscará unos valores concretos. Pasa por trabajarse unas ediciones cuidadas, revisadas, limpias de erratas, con buenas traducciones, buenas encuadernaciones y un cierto valor estético. El respeto al lector es el dedicarle una atención; mantener la comunicación, escuchar sus sugerencias o quejas si las tiene, y el tener en consideración la confianza que éste deposita en la editorial (y mantenerla, entre otras cosas, acabando las series que se empiezan). No es fácil, y puede que económicamente no resulte tan rentable a corto plazo como el desprecio que muestran las fábricas de libros. A la larga, sin embargo, forja lealtades irrompibles y un cierto eco de leyenda bibliófila. Han pasado ya muchos años desde que cerraron las colecciones de "Anaya Ultima Thule" o "Siruela Ojo sin Párpado", pero siguen muy presentes. Quien tenga la suerte de tener algunos de sus títulos, los atesora; y quien los conoce solo de oídas, los busca con dedicación. Algunas editoriales o colecciones siguen hoy su estela, y como aquellas, se guían por un proyecto firme y muestran un gran respeto. Impedimenta es una de ellas. Otra, ya mítica, es Valdemar.

“un marco inmejorable para una historia de terror”
Sita en Madrid, la editorial Valdemar lleva veinticinco años ofreciéndonos un catálogo envidiable y variopinto. En él encontramos entre otras la colección “Avatares”, que se centra en la literatura de aventuras y los clásicos juveniles; “Clásicos”, que presenta los grandes hitos de la literatura universal en espléndidas ediciones anotadas (recomiendo especialmente su Moby Dick); la reciente “Frontera”, que recupera el western, género que nunca muere; y por supuesto, la joya de la corona: la colección "Gótica”, un sueño para los amantes del terror clásico. En tapa dura, bien encuadernada, en hojas color crema, a menudo con punto de tela y siempre con espectaculares portadas, encontraremos entre sus títulos a los maestros de la literatura gótica; a los conocidos y a los que, no tan renombrados, Valdemar nos descubre con buen criterio. A medida que crece la colección, abarca todos los grandes maestros del terror en un marco temporal que va desde (con algunas excepciones) E.T.A. Hoffman (Los elixires del diablo) a los grandes nombres del terror pulp: Lovecraft (“Obras completas”, en dos volúmenes), Howard (Canaan negro) y Ashton Smith (Zothique). Pero Valdemar es una editorial muy ambiciosa. No contenta con ser la referencia en cuanto a terror clásico, ahora presenta la nueva línea “Insomnia”, que visto su primer volumen, que enseguida empezaré a reseñar, va camino de convertirse también en el referente en cuanto a terror contemporáneo.

Como con "Gótica", "Insomnia" comparte la edición en tapa dura, esta vez con sobrecubierta, cuya ilustración para cada tomo correrá a cargo de renombrados artistas; el diseño es realmente atractivo, con un tamaño algo más manejable que el de "Gótica". El concepto es tremendamente ambicioso: José Maria Nebreda nos habla de ello en la presentación al primer tomo. La intención es traer al lector español un cierto tipo de novelas que por las modas del momento han quedado injustamente arrinconadas; las de terror puro, de autores “nuevos”, actuales. Y es que, como bien dice, lo que nos llega es sobre todo literatura fantástica o de ciencia ficción, y mucha novela negra. Hacía mucha falta una colección que apostara por este campo, y creo que "Insomnia" va a ser un gran éxito... sobre todo cuando leo, en esta presentación, que se buscará sacudir los cimientos del género y recurrir a lo transgresor, a superar las fronteras que tradicionalmente lo acotan. Al fin y al cabo, ¿no se basa precisamente el terror en sacudirnos bruscamente de nuestros marcos de referencia? ¿Qué mejor premisa para una colección terrorífica?

Para abrir “Insomnia”, Valdemar ha escogido La guardia de Jonás, de Jack Cady, cuyo nombre (desconocido en España) es sinónimo de calidad, como en el resto del mundo ya sabían y aquí pronto descubriremos. Valdemar ya tiene experiencia en los relatos de terror marítimos, y de hecho tiene en catálogo algunos tomos imprescindibles como Los mares grises sueñan con mi muerte y Cuentos completos de terror en el mar (Valdemar "Gótica"), de William Hope Hodgson, quizás el escritor más relevante en este subcampo. Jack Cady llevó una de estas vidas que podemos calificar como “coloridas”, al estilo de Jack Vance. Marinero, camionero, leñador, profesor de literatura; polifacético cuanto menos.

En La guardia de Jonás, obra con un punto autobiográfico, Cady nos presenta un escenario sumamente atractivo; el del salvamiento marítimo, cuerpo al que él mismo perteneció cuando la guerra de Corea. El marco del que prácticamente no nos moveremos en todo el relato son las lanchas de la guardia costera. Una lancha, desde mi punto de vista sumamente amateur, es un aparato de un mundo ajeno; un sitio plagado de cables con nombres propios cuyas funciones o utilidades se me escapan por completo, y que al parecer requieren de constante atención por parte de los marinos; un lugar extraño, de metal o madera gastados, sucios de alquitrán y una costra de sal, llenos de redes, sacos y percebes. Ver un barco así, un barco de trabajo, no un bote de ocio, me recuerda mejor que nada lo ajeno que es el mar, por cuanto no comprendo nada de lo que se requiere para navegarlo y explotar sus criaturas. El mar, de hecho, es en cierto modo un territorio de frontera, y los que viven de él me parecen equiparables a los colonos o a los pilotos de una nave de exploración; por lo menos cuando hablamos de una era casi pre-tecnológica. A menudo se recurre al tópico del terror de explicar que, en los sitios donde la realidad es más “débil”, donde los límites entre mundos son más tenues, es donde lo sobrenatural emerge; en este sentido, ¿qué mejor sitio que la inmensidad del océano? 

El sobrecogedor espanto del vacío, que nos hace constatar la insignificancia humana –que Lovecraft resaltaba tan bien en sus narraciones, y fue precisamente el mar que Lovecraft escogió para esconder a su Cthulhu– es palpable en el océano, forma parte de la vida del marino que navega en un barco endeble en la superficie de una monstruosa masa de agua de profundidades insondables, más frías y oscuras cuanto más lejanas. En ellas se han perdido millones de vidas; en ellas, otros millones nadan, acechan, invisibles. Es un marco inmejorable para una historia de terror; o, como Cady la define, por una historia de fantasmas real narrada en forma de novela.


En efecto, con una sobriedad y un realismo propios de Hemingway, Cady nos narra una serie de hechos que suceden entorno a la lancha Adrian de la guardia costera de Maine; empezarán con la llegada de un nuevo recluta, Brace, o quizás un poco antes, con la muerte del maquinista Jensen. Con un punto de vista coral que se reparte entre varios de los marinos, Cady pinta una historia sencilla y efectiva, usando de trasfondo el mito bíblico de Jonás –aquel profeta cuya desobediencia desató la cólera divina sobre el barco donde viajaba, amenazando con hundirlo hasta que Jonás se lanzó por la borda– y el uso que los marineros dan al nombre, para señalar a aquel de entre ellos que consideran atrae la mala suerte.

La guardia de Jonás no es una novela particularmente fácil de empezar; el lenguaje técnico, propio del mundo marítimo –que en una iniciativa no muy frecuente Valdemar traduce a pie de página con entradas de la RAE– y el modo narrativo repartido entre varios personajes requiere de cierto tiempo para aclimatarse. Es, de hecho, algo positivo, ya que a la vez que uno se va acostumbrando a tal argot, la historia avanza y uno se sumerge en la atmósfera melancólica, siniestra, que avanza desde finales de verano hasta su culminación a finales de diciembre. El avance del frío y el mal tiempo parecen una metáfora del desarrollo de la tragedia, que igual que el clima, se encrudece a medida que avanza el libro.

Pero no creamos que en La guardia de Jonás encontraremos momentos gore, violencia o excesos de los que el terror actual parece incapaz de prescindir; es una historia de fantasmas a la vieja usanza, climática, que juega con lo que alguien ve o cree ver, con las interpretaciones que le da y con los efectos que éstas tienen sobre la tripulación. Apartando por un momento lo sobrenatural, La guardia de Jonás es una excelente novela que recrea un mundo –el de los hombres de mar– solo al alcance de los grandes escritores, y en el que te permite sentirte incluido por unos momentos. Sus personajes son complejos; Lamp, el cocinero, que como todos los cocineros desde Volturno es orondo, hablador y supersticioso; Dane, primer contramaestre, que como tantos oficiales grita más que habla; Levere, el capitán, competente y algo distante; Howard, que parece ser el alter ego de Cady; Brace, el novato, patoso e irritable. Pero si bien de entrada parece que estos personajes correspondan a ciertos arquetipos muy vistos, Cady les da la vuelta y los vuelve muy humanos y mucho más redondos de lo que a primer vistazo puedan parecer. De este modo, incluso aquellos para quienes la etiqueta de “terror” no es un atractivo podrán disfrutar de la novela.

En resumen; espero –lo considero ya un hecho– que con este tomo Valdemar abra una nueva era del terror. No hay duda que, si el resto de libros de la colección mantienen este nivel, lo va a conseguir. Hay tanto a publicar, tanto a leer, que al pensarlo uno siente un vértigo equiparable al de la contemplación de una fosa abisal. Empecemos poco a poco: espero haberos convencido de hacerlo con La guardia de Jonás.

enero 23, 2014y


 

© 2009-2016 La Espada en la Tinta. Todos los textos y arte son propiedad de sus respectivos autores.
La web

La Espada en la Tinta lleva desde 2009 acercando la literatura fantástica a
los lectores de habla hispana apasiona-
dos por el género.
Síguenos

No dejes de visitarnos en nuestras
redes sociales.

Nosotros


Editor/Redactor
jefe
Loren Sparrow

Más


Qué es
La redacción
Contacto
Política de
comentarios

En breve
activamos
esta sección
Gracias por aceptar las cookies. Cierra este mensaje o lee más sobre el tema. Más información · Las cookies


Top

Contáctanos

Menú

Lee más:

‘La canción de Cazarrabo’ en Grim Oak Press

Literatura

Cómics

Contacto

Grimorio

Libros & literatura

Cómics

Cine & TV

Juegos

Lecturas

Noticias

Arte

SW

Literatura

Cómics

CineTV

Juegos

Lecturas

Noticias

Arte

Contáctanos

Libros Cómics CineTV Juegos