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3 de junio de 2013

Jack Vance (1916-2013): Homenaje a uno de los grandes de la literatura fantástica

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Jack Holbroock Vance, que nos ha dejado este 26 de mayo del 2013, era un creador de mundos y lo que llamaríamos “un hombre hecho a sí mismo”. Nacido el 28 de agosto de 1916 en San Francisco, tras la separación de sus padres se trasladaría con su madre a la granja de los abuelos cerca del delta del Río Sacramento. Estudió ingeniería de minas, física, periodismo e inglés en la universidad de Berkeley, graduándose en 1942; con una vista pobre, sería declarado no apto para el servicio militar, aunque trabajó como electricista en Pearl Harbour hasta un mes antes del ataque. Fue carpintero, marinero y aparejador, entre otros muchos oficios; dice la leyenda que empezó a escribir los cuentos de la que sería – para mí – su obra magna, La saga de La Tierra moribunda, en los ratos libres a bordo de un carguero de la marina mercante. ¿Qué mejor lugar, con ese aire romántico –alejado de la realidad, posiblemente– para emprender tal viaje de portentosa imaginación? ¿Cuántas horas de soledad fueron necesarias para espolear hasta tal punto su creatividad?

Fuera como fuese, en 1950 Hillman Books publicó La tierra moribunda, marcando el inicio de la carrera como escritor de uno de los hombres más ingeniosos, imaginativos e influyentes que han cultivado el género fantástico. No sería hasta los 70, sin embargo, que se dedicaría a escribir profesionalmente. Diversificó sus escritos usando seudónimos a menudo; Jack Vance cuando escribía fantasía o ciencia ficción; Jack Holbrook Vance cuando se dedicaba al misterio e incluso escribió tres obras bajo el nombre de Ellery Queen.

Su obra se enmarca dentro de la ciencia-ficción llamada sociológica, más cercana a Le Guin que a Asimov, y sobre todo, en el space opera. Escribió principalmente ciencia ficción, aunque no le gustaba la etiqueta, ni perder el tiempo en digresiones acerca de hipotéticas tecnologías y avances científicos inciertos. Para él, la verdadera incógnita, el verdadero interés oculto en nuestro futuro era la evolución de nuestra propia sociedad, o su capacidad para evolucionar de forma divergente. Le gustaba plantear escenarios donde, bajo el influjo de determinadas condiciones, una misma raza humana podía evolucionar y desarrollar sociedades completamente distintas.


"La tierra moribunda marcó el inicio de la carrera como escritor de uno de los hombres más ingeniosos, imaginativos e influyentes que han cultivado el género fantástico"
Seguramente, “individualismo” sería  una palabra adecuada para definir a Vance o a su filosofía; sus protagonistas solían ser externos a las sociedades que visitaban, viajeros, observadores por lo tanto; y como tales, independientes, pues no padecían de las limitaciones que la costumbre o la tradición habían impuesto sobre los demás. A veces, esta condición les permitía ver más claramente las reglas del juego y así interpretarlas a su favor; otras, romperlas directamente. Sus héroes, empecinados en proyectos personales, podían rodearse de amantes o de amigos, pero en ultima instancia se enfrentaban solos a sus destinos y eran solo sus capacidades las que les llevarían al éxito o al fracaso. A veces, eran incomprendidos, insistiendo en ir contra marea para hacer lo que consideraban necesario. Como sus personajes, Vance nunca aceptó ser encasillado. La comunidad de escritores de CF suele ser bastante compacta, es frecuente que, por lo menos entre los veteranos, se conozcan todos de encontrarse en convenciones y charlas, orgullosos en cierto modo de su etiqueta de autores de CF; aunque amigo de Poul Anderson, por ejemplo, Vance siempre se mantuvo aparte (en unas escuetas introducciones a El ultimo castillo y Hombres y dragones, ambos ganadores del Hugo, Asimov lo reconoce como un autor importante al que nunca ha visto personalmente); sus escritos no lo definían, como tampoco se consideró católico, ni adscrito a ninguna ideología política. De algún modo, como sus personajes, Vance era un individuo libre.

La influencia de sus lecturas de juventud se nota especialmente en sus primeras sagas; no es difícil hacer un paralelismo entre las aventuras de John Carter en Marte con las de Adam Reith en Tschai, ni notar en su fantasía un regusto a Dunsany o a Clark Ashton Smith, de raíces seguramente más orientales (las mil y una noches) que las sagas nórdicas o los mitos artúricos que alimentan la fantasía más convencional. De hecho, Vance posiblemente leyó a los tres grandes del pulp (Robert E. Howard, Howard Philips Lovecraft y Clark Ashton Smith), buques insignia de la Weird Tales a mediados de los años treinta. En su sentido del humor refinado y muchas veces absurdo, casi siempre negro, encontramos a Woodehouse, y un toque de crueldad que recuerda a Robert W. Chambers. Otro gran nombre entre sus favoritos es el de James Branch Cabell, de quien, a lo mejor, heredó el gusto por la fantasía picaresca (Cabell, como no, ha sido muy mal publicado en España, pese a ser un grande del género; Jurgen (1919), completamente descatalogado, es el único libro que podemos encontrar traducido).


Escribiendo, era capaz de algo extraordinario; con unas breves líneas podía crear un escenario cautivador, haciéndolo a la vez exótico y creíble, y dotarlo de unos personajes atractivos y frescos, lo cual es mucho más difícil de lo que parece (en particular, cuando uno escribe material de género fantástico, donde es fácil perderse en extravagancias y olvidarse de la coherencia interna, o peor aún, pecar de falta de originalidad). Lo lograba sin profundizar demasiado en la psique de sus creaciones y dejando que fuera la aventura la que las definiera; el resultado era entretenimiento puro.

Son característicos de su trabajo los escenarios surrealistas, auténticamente alienígenas, y las sociedades de costumbres pintorescas completamente ajenas a lo acostumbrado, donde los personajes corren aventuras y sostienen diálogos delirantes llenos de humor e ingenio. Leyendo a Vance, uno realmente tiene la sensación de estar observando lo ajeno; una maravillosa sensación de extrañeza que rara vez se encuentra en la CF, donde debería ser tan frecuente. Su obra, en resumen, es de las que generan lealtad y devoción. Por ella recibió el World Fantasy Award for "Life achievement" (1984), fue nombrado el catorceavo "Grand Master" por la asociación Science Fiction & Fantasy Writers of America (1997), entró en la Science Fiction Hall of Fame (2001), pese a que consideraba que no escribía CF ni le gustaba el termino, ganó el Hugo por The Dragon Masters (bajo la categoría “Best short Story”, en 1963), el Hugo por The last castle (bajo la categoría “Best novelette” en 1967) y el Hugo por This is me, Jack Vance!. Ganó también el Nebula por The last Castle (1966), el Jupiter Award (1975), el World Fantasy Award por Madouc (1990) y el Edgar por The man in the cage.

Por desgracia, si bien se reconoce bastante de su mérito a través de todos estos premios, Vance es uno de estos escritores injustamente desconocidos por el gran público, ignorado por la mayor parte de la critica especializada e incluso por gran parte de los asiduos al mundillo de la CF y la fantasía, donde cuenta sin embargo con el estatus de autor de culto entre un grupo de devotos irreductibles. Gracias en parte a una labor editorial poco arriesgada, que publica infinidad de obras clónicas cada año, la suya, tan original y sorprendente, pasa desapercibida. Similar destino sufren otros autores de similares características, como Clark Asthon Smith (bajo la sombra de Lovecraft), Dunsany o Chambers, sin los cuales el género no sería lo que es hoy en día pero relegados no ya a un segundo, sino a un tercer o cuarto plano. Es otro el paradigma imperante, el marcado por Tolkien y derivado de las sagas escandinavas y los mitos artúricos, inspirado por la historia europea.

Reseñaré algunas de sus obras principales, solo un puñado entre su producción (fue un autor muy prolífico), que me parecen imprescindibles. Otras muchas quedarán en el tintero, como Emphyrio, donde Vance explora la temática de la lucha de clases, Los lenguajes de Pao, donde trata la sociolinguistica (para muchos su obra más filosófica), El ultimo castillo / Hombres y dragones (publicados bajo un solo tomo), Alastor y son igualmente merecedoras de atención, si tenéis oportunidad de leerlas.

En primer lugar, La saga de La Tierra moribunda (publicada en cinco tomos por Ultramar); En segundo lugar, la saga de Tshai, el planeta de la aventura (publicada en cinco tomos por Ultramar); En tercero, la saga de Los príncipes demonio (Ediciones B la publicó en dos tomos recopilatorios “Los principes demonio” I y II. Gigamesh anunció su reedición, pero el proyecto parece estar en el limbo); En cuarto, la trilogía de Lyonesse (publicada en españa primero por Ediciones B, después por Gigamesh).

La saga de La Tierra moribunda


The dying Earth (1950). "La tierra moribunda".
The eyes of overworld (1966). "Los ojos del sobremundo".
Cugel's saga (1983). "La saga de Cugel".
Rialtho the marvellous (1984). "Rialtho el prodigioso".

"La magia parece haber vuelto; y los magos, como arqueólogos, buscan los conocimientos perdidos"
En "La saga de La Tierra moribunda" encontramos un escenario similar al del Zothique de Clark Ashton Smith (los relatos del ciclo de Zothique fueron publicados en la Weird Tales entre 1932 y 1953, por lo que es muy posible que Vance leyera alguno de ellos): la tierra, transformada (o desgastada) por el paso de incontables eones, orbita un sol rojo y moribundo, constante recordatorio del fin cercano, de la muerte. El peso del pasado es aplastante para los pocos humanos que aún perseveran, habitantes de ciudades construidas sobre ruinas de ciudades, sobre ruinas de civilizaciones enteras, que comparten con esquivas criaturas de origen incierto.  Ha pasado tanto tiempo que bien podría ser otro planeta, ya que no queda nada de nuestro presente. La magia parece haber vuelto; y los magos, como arqueólogos, buscan los conocimientos perdidos, tal vez deseando el poder para salvarse del inminente fin. Fin, no destrucción; porque la tierra muere lentamente, en una larga agonía, apagándose y volviendo a la oscuridad plagada de monstruos e incertidumbre.

Leyendo sobre este mundo crepuscular, tendremos que especular sobre si los monstruos que lo habitan surgieron algún día de un laboratorio, hijos de la radiación, o son seres sobrenaturales; si los mismos magos son tales, o se trata de usuarios de alguna tecnología olvidada. Los protagonistas de la media docena de relatos que componen el primer libro de la serie viven como pueden en este mundo decadente y peligroso, protagonizando historias que van desde la reflexión existencialista a la aventura al servicio de la clásica doncella en apuros. Le encuentro un tono profundamente melancólico y poético a este primer volumen.

En los siguientes dos tomos, publicados bastante más tarde, Vance narra las aventuras de Cugel, un vividor amoral y mezquino, a quien un mago al que intenta robar envía como castigo y por arte de magia a una costa lejana. El viaje de vuelta, cargado de contratiempos y situaciones rocambolescas, pone a prueba todo el ingenio y la suerte de Cugel, decidido a vengarse. Se trata de fantasía picaresca, de tono muy distinto al de los relatos del primer tomo. De Cugel, Vance ha dicho que se trata de, posiblemente, su personaje favorito; y no es por menos.

En el tercer tomo Vance retoma el formato del relato con las aventuras de Rialtho, un mago parte de una sociedad arcana con un toque muy de club britanico, donde todos los hechiceros compiten entre si por las migajas de poder, completamente faltos de escrúpulos. Rialtho, como Cugel, ha de valerse de su astucia para superar las intrigas en que se ve envuelto.

Gary Gigax, creador de Dungeons & Dragons, se inspiró en esta obra para crear los sistemas de conjuros y ambientaciones fantásticas de su juego de rol; algunos hechizos o objetos mágicos son los mismos que en la obra de Vance.

Tshai, el planeta de la aventura


City of Chasch (1968). "Los Chasch".
Servants of the wankh (1969). "Los Wankh".
The Dirdir (1969). "Los Dirdir".
The Pnume (1970). "Los Pnume".

"El planeta de la aventura es la quintaesencia de Vance: un protagonista desterrado a un entorno desconocido"
Adam Reith forma parte de una expedición terrestre enviada para investigar una llamada de socorro emitida desde un lejano planeta. La distancia y la tecnología implicadas pueden significar que el mensaje fue enviado hace siglos, pero sigue siendo un enigma digno de estudio. Mientras Reith baja a la superficie para una exploración inicial, un proyectil destruye la nave y el resto de la tripulación.

Aunque abandonado en Tshai, un planeta completamente desconocido, Reith, hombre práctico y cargado de recursos, no desespera; un solo objetivo marca su rumbo: volver a la tierra. Intenta mantenerse en su camino, pero como suele pasar en estos casos, infinidad de dificultades se interponen. Entre ellas, el que los humanos sean en Tshai una raza inferior, esclava de cuatro poderosas razas alienígenas: los Chasch, Wankh, Dirdir y Pnume.

El planeta de la aventura es la quintaesencia de Vance: un protagonista desterrado a un entorno desconocido, con su astucia y habilidades como únicas armas. Un planeta dominado por cuatro razas extraterrestres, donde los humanos son sus esclavos y han evolucionado diferentemente según la influencia de cual de las cuatro se encuentren. Terriblemente entretenido, emocionante y plagado de originalidad; la cacería de humanos y el método económico Dirdir, los asfixiantes túneles Pnume, las siniestras Jaurías, los hombres emblema...

Si “La tierra moribunda” me recordaba a Zothique, Tshai me hace pensar en el ciclo de Barsoom de Burroughs. El actualmente más que polémico Orson Scott Card seguramente había leído Tschai antes de emprenderla con su Un planeta llamado Traición.

Los príncipes demonio


The star King (1964).
The killing machine (1964).
The palace of love (1967).
The face (1979).
The book of dreams (1981).

"El individualismo encaja perfectamente en el personaje vengativo, quien no repara en nada ni en nadie más que en sus objetivos"
Kirth Gersen y su abuelo sobrevivieron a la masacre donde cinco criminales interestelares liquidaron a todo su pueblo; en aquel entonces, Kirth solo pudo atestiguarlo, oculto; pero como hombre adulto, educado por su abuelo en el arte de la venganza (para lo cual ha dominado la lucha y la ingeniería, y mil conocimientos y habilidades útiles) se convierte en un vengador implacable, dispuesto a buscar a aquellos criminales para asesinarlos. En el incomparable escenario del Oikumene, el equivalente espacial al far west, Gersen persigue su objetivo, melancólico, sabiendo que en el camino de la venganza pierde su humanidad y sin plantearse qué va a ser de su vida al concluir su misión. Gersen es un hombre frío; deja atrás el amor, la oportunidad de ser feliz, pasa indiferente por mundos de gran belleza, fija su mirada en la venganza. Como suele pasar en estos casos, lo que Gersen podría haber sido murió aquel día a manos de los príncipes demonio, que no le dejaron otra opción que vengarse.

La saga de "Los príncipes demonio" es el equivalente en el space opera de “El Conde de Montecristo”, “Tito Andrónico” o “Kill Bill”, una epopeya galáctica donde la formula Vance es especialmente efectiva; el individualismo encaja perfectamente en el personaje vengativo, quien no repara en nada ni en nadie más que en sus objetivos. Ni necesita, de hecho, a nadie más, armado como está por su inigualable ingenio a lo Edmond Dantés. La venganza es uno de los grandes temas de la humanidad, y recomiendo a quien pudiera acusar a Vance de personajes planos el leerse esta saga. Figuran en ella todos los grandes rasgos: la venganza es autodestructiva (“Todo hombre que emprende una venganza debe cavar dos tumbas”), la venganza a veces es irracional, pero también es enormemente satisfactoria.

La trilogía de Lyonesse


Suldrun's Garden (1983). "El Jardín de Suldrun".
The green pearl (1985). "La perla verde".
Madouc (1989). "Madouc".

"Un tejido complejo de estratégicas militares y conspiraciones que incorpora la belleza del medievo idealizado con la mitología celta y rusa"
En las míticas islas Elder, al noroeste de Galícia, varios reyes se disputan el dominio del trono Evandig, que ocupara un rey legendario; de todos ellos, el más taimado es el rey Casmir, cuyas ambiciones no tienen límites. A través de su hija Suldrun, Casmir comete un agravio contra el príncipe Aillas sin conocer su auténtica identidad. Aillas, naturalmente, querrá venganza, y qué mejor manera de lograrla que reclamar para sí el premio que Casmir ansía; el dominio sobre  las islas.

El conflicto entre los reyes oculta otro conflicto entre los magos isleños, quienes por orden de Murgen, el mayor de todos ellos, tienen prohibido intervenir en asuntos mundanos. Sus intrigas se mezclan con las de los monarcas, y el resultado es un tejido complejo de estratégicas militares y conspiraciones que incorpora la belleza del medievo idealizado con la mitología celta y rusa (de la que Vance se confesaba admirador).

Pese a ser su gran obra de fantasía clásica, en la saga de Lyonesse se encuentra todo lo que hace particular a Vance. No es el guerrero, en el terreno militar, el que logra protagonismo, sino el príncipe astuto que sabe jugar bien sus cartas y adaptarse. La épica se mezcla con el cuento de hadas; y no las hadas edulcoradas de Disney, sino las de los cuentos antiguos, a menudo crueles. Diría que el submundo de las hadas es uno de los mayores encantos de la saga. El humor, como no, está muy presente; y de un tono marcadamente irreverente, cosa que no era nada frecuente en la fantasía del siglo XX, que si acaso pecaba era de mojigata.

Conclusión

Vance ha marcado no solo a lectores, sino también a por lo menos un par de generaciones de autores. Algunos de ellos le homenajearon en 2009 con la antología Songs of the Dying Earth: Stories in Honor of Jack Vance, de Subterranean Press, a cargo de George R. R. Martin. Veintidós autores aportaron relatos ambientados en el mundo crepuscular creado por Vance, y entre ellos encontramos nombres tan relevantes como el del propio Martin, Robert Silverberg, John C. Wright, Lucius Shepard, Tad Williams, Glen Cook, Tanith Lee, Dan Simmons o Neil Gaiman (e introducción por Dan Koontz). Maravillosamente ilustrada por Tom Kidd (el ilustrador ideal para ocuparse de este proyecto, basta con ver la portada para la primera edición en tapa dura), es un libro imprescindible para cualquier seguidor de Vance. Su influencia sobre estos y otros tantos autores es innegable (no hace falta decir que este tomo no ha sido traducido).

En 1999, arrancó otra iniciativa muy atractiva; el The Vance Integral Edition, una recopilación de todas sus novelas y relatos en 44 volúmenes de edición limitada, terminada en 2006, fruto del trabajo de más de 300 voluntarios vía internet. Actualmente se está pasando este material a formato e-book.

Si a nivel internacional no se le ha reconocido todo lo que se debería, en España esto es especialmente sangrante. De todos los maestros olvidados de la CF o la fantasía, tal vez sea Jack Vance el que ha recibido peor trato. Autor de culto, sus obras están mayoritariamente descatalogadas o directamente no han sido traducidas; en caso de querer disfrutarlas, tenemos muy poco donde elegir, pero haríamos sabiamente en buscar.

En 2004 la editorial Gigamesh reeditó la trilogía de Lyonnesse; previamente había editado un par de obras menores, Maske: Taeria y Lámpara de noche. En aquel entonces constaba en lista de títulos “en preparación” los libros Ports of call y Lurulu, y más tarde ambos volúmenes de "Los príncipes demonio"; pero llegó la ola George R. R. Martin y arrasó con todo, copando aparentemente todo su calendario de publicaciones hasta la fecha. La edición del 2000 de Mundo azul a cargo de Plaza & Janés o la de Emphyrio a cargo de Eliseu Climent ya están agotadas y no han sido reeditadas.

Por suerte (por decirlo de algún modo) si se sabe buscar aún se puede encontrar algunas viejas ediciones de obras cumbre como “Tschai, el planeta de la aventura”, "La saga de La Tierra moribunda”, “Los príncipes demonio”, Alastor o la edición de Orbis que junta sus relatos ganadores del Hugo, Hombres y dragones y El ultimo castillo, no siempre en buenas condiciones y muchas veces a precios altos. Y eso es todo. ¿Merece Jack Vance algo más? Muchos estamos convencidos de que sí; el tiempo dirá, aunque desgraciadamente, ya será un reconocimiento póstumo.

No podría terminar este artículo sin una nota personal, y es que para mi Jack Vance ha sido un  pilar fundamental en mi amor por el género. Durante años, he buscado y coleccionado, leído y releído todo el material suyo que he podido encontrar, siempre a la espera de que, tal vez, un día alguien se decidiría a continuar traduciendo lo que mi nivel de inglés aún no me permitía disfrutar. Con Vance se va el último de los autores que verdaderamente he idolatrado, y aunque pobre, no tan completo como se merecería, he querido alzarle un último homenaje. ¡Hasta siempre, maestro! Tal vez nos veamos en el fin de los tiempos, bajo los cielos de la tierra moribunda...

Texto: Albert Font Roca (Nyarla),
30 de mayo de 2013.
Maquetación: Loren.

12 comentarios

Magnífico homenaje. Y como con cualquier escritor que nos deja, la menor forma de rendirle tributo es leer su obra. Siempre me quedé con ganas de Lyonesse. Puede que ahora lleguen reediciones y sea una buena oportunidad para adquirir algunos de sus mejores títulos.

D.E.P. Jack Vance.

Un artículo muy completo, sí señor. Esto me sirve para profundizar más en su obra, porque gracias a que no se han prodigado mucho editando las novelas de Jack Vance, a casi todos los lectores creo yo que se nos escapan mínimo alguna. Por supuesto, la que más le debe sonar al lector últimamente es la trilogía de Lyonesse, gracias a que Gigamesh reeditó la trilogía completa hace unos cuantos años ya (que rápido pasa el tiempo), para el Día del Libro. Una obra imprescindible, ya estás tardando en leerla, Jolan.

Me quedé con las ganas de leer "Los Príncipes Demonio" porque Gigamesh anunció que la iba a reeditar, aunque todavía no sabemos nada. Quizá nos den la sorpresa un día de estos.

En definitiva, excelente artículo en homenaje a un grande del género. De paso te doy la bienvenida a esta página, Nyarla. :)

Muchas gracias a ti, tanto por la maquetación como por la bienvenida :)

¡Estupenda reseña, Nyarla y bienvenido! La verdad es que, aunque suene a herejía, no he leído nada de Vance. Me he anotado Lyonesse en la lista de futuribles, que parece ser de los más fáciles de encontrar por aquí :)

Bueno bueno, primero me gustaría empezar citándote Nyarla: Con Vance se va el último de los autores que verdaderamente he idolatrado, y aunque pobre, no tan completo como se merecería, he querido alzarle un último homenaje.

Sinceramente, no considero que hayas hecho un intento pobre de alzarle un último homenaje, todo lo contrario. Considero que has realizado una obra maestra de despedida, expresado todo con un calidad y una expresividad como la que únicamente puede salir desde el corazón. Es evidente que para ti, Jack Vance era alguien muy especial, lo has transmitido perfectamente y por eso quiero darte las gracias. Las cosas escritas desde el corazón son siempre las que más llegan a la gente que las lee, y a mi por lo menos me ha llegado.

Con respecto a sus obras... yo también debo de reconocer al igual que ha hecho Eilonwy, que me encuentro entre este grupo de herejes que por h o por b aún no se han leído nada de sus escritos. También me planteé empezar Lyonesse (más que nada después de la cantidad de veces que me lo ha repetido Loren, en la que me miraba con horror). A parte, también me ha llamado mucho la curiosidad La Saga de la Tierra Moribunda. Espero que alguna editorial decida coger el relevo y finalmente llevar a cabo una re-edición de algunos títulos. Algo que también hemos hablado todos en alguna ocasión con nuestros más cercanos, pensando en novelas que nos hayan supuesto un antes y un después en nuestra afición.

No me queda más que desear pues, un gran "descanse en paz" para este hombre que, al igual que todos los grandes, parece haber elegido este año para marcharse. ¿Os imagináis una reunión en el "cielo" de Gary Gygax, Jack Vance y Ray Bradbury? Me gustaría mucho saber qué saldría de ahí. xD

Ah y lo más importante, que se me olvidaba. ¡¡¡Bienvenido!!! Es agradable ver como aunque pase el tiempo nos reencontramos con caras conocidas de antaño. ^^

haha muchas gracias a todos (y lo mismo digo, Cyram!)
Lo cierto es que como dices este fue un artículo muy emocional, tenía algo a medio redactar, encallado, pero al enterarme de su muerte decidí publicarle un homenaje y brotó de forma completamente natural (y muy rápida).


Qué me dices!!!
No lo sabía! Me he quedado de piedra O.o
Un gran escritor y una buena entrada, muy emotiva y completita =)

Besotes

Un emotivo y completo homenaje a un personaje tan importante y no siempre conocido en profundidad y que ahora nos descubres.

Pienso que esta forma de recordarlo es el mejor regalo que se le puede hacer para acompañarlo en este trascendental viaje. Seguro que le habrá encantado. ¡Felicidades por tan buen trabajo¡

Me ha parecido un artículo magnífico, Nyarla. Un gran homenaje a un escritor excelente. ¡Felicidades!

Como Jolan, siempre me he quedado con las ganas de leer la trilogía de Lyonesse. Ahora sería una buena oportunidad para hacerlo.

Por cierto, ¡bienvenido! Te recuerdo de Sedice ;)

Excelente homenaje a uno de los más grandes autores de cualquier género que haya habido en el siglo XX. El mundo no sabe lo que ha perdido con la muerte de este genio, es una pena. Me inicié en los mundos de Vance con las Crónicas de Cadwal, pero es que cualquier cosa suya que leas te engancha y no puedes dejar de leer. Gracias por este artículo que me ha hecho descubrir más obras suyas.

Tenia 20 años cuando en una batea de libros usados encontre un libro llamado La Saga de Cugel. Me dio curiosidad y lo compre. Al otro dia, volvi para ver si estaban los 2 libros anteriores. Y los compre. Hoy, a mis 41, sigo revolviendo bateas, comprando por internet, o de la manera que sea. Nunca, pero nunca, encontre un escritor de ciencia ficcion que haya creado tantas sociedades distintas en sus libros. Ojala llegaran a Argentina mas ediciones en español. Sin duda, mi escritor fetiche. Gran homenaje! Felicitaciones. Ariel

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