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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba? ¿Dónde están el yelmo y la coraza, y los luminosos cabellos flotantes? ¿Dónde están la mano en las cuerdas del arpa y el fuego rojo encendido? ¿Dónde están la primavera y la cosecha y la espiga alta que crece? Han pasado como lluvia en la montaña, como un viento en el prado; los días han descendido en el oeste en la sombra de detrás de las colinas. ¿Quién recogerá el humo de la ardiente madera muerta, o verá los años fugitivos que vuelven del mar?

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da a mano
y el hechizo aprendido, abrir la puer-
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9/10/11

Reseña: 'La torre de los siete jorobados', de Emilio Carrere, pulp a la máxima expresión

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La torre de los siete jorobados del poeta y periodista Emilio Carrere (1881-1947) es una de esas novelas que transcurrido todo este tiempo desde su publicación en las primeras décadas del siglo XX, se sigue leyendo con gusto. Esa mezcolanza de géneros de que hace gala, como la fantasía, el misterio, o la novela de aventuras, la convierte en un pulp sano del tipo que cultivó Carrere a lo largo de su carrera literaria. Este tipo de literatura le sirvió para ganarse unas perras durante los los muchos años que faltaban hasta la guerra civil, aunque con la ascensión del franquismo su obra fue en cierta manera olvidada.

La torre de los siete jorobados es una de esas novelas que cualquier aficionado a la literatura fantástica con un gusto latente por la aventura y lo misterioso debería leer. Partiendo de la premisa del asesinato del doctor Don Robinsón de Mantua —también conocido como señor Catafalco—, quien se le aparece a un tal Basilio Beltrán con el fin de que este halle al ejecutor de su muerte, Basilio hace de investigador y aventurero con el fin de resolver el enigma que se oculta tras la muerte del doctor, para de paso involucrarse en otros fregados que irán surgiendo por el camino como una serie de robos encadenados o desapariciones inesperadas, todo ello junto a un periodista, "el Duende", y un detective.


El estilo sencillo, pero no exento de detalles, y la agilidad narrativa envidiable son las principales virtudes de La torre de los siete jorobados; se lee en un par de tardes con esmero, en pos de una resolución a cada cual más fantástica e imaginativa. Es un verdadero folletín, con todos los recursos propios del mismo: capas, puñales, pistolas, malvados jorobados, puertas secretas, magia, rituales satánicos, sociedades secretas e investigaciones, es lo que nos espera en esta novela que Emilio Carrere, como dato curioso, no llegó a terminar nunca —ni siquiera hizo de ella algo digno de editar—. Es por eso que la novela fue escrita casi en su totalidad por Jesús de Aragón, a cuya autoría se le atribuye totalmente el texto, pues es gracias a su persona el que podamos leer la novela tal y como se edita hoy en día. Tal es la pericia de Aragón a la hora de rellenar los huecos que dejó Carrere en el texto —si es que se les puede llamar así—, que estos enormes parches pasan totalmente desapercibidos para el lector, gracias a que Aragón estudió a conciencia el estilo de Carrere con el fin de por aquel entonces La torre de los siete jorobados fuese algo publicable. En la excelente introducción para la edición de Valdemar, Jesús Palacios explica todos estos detalles, amén de distinguir cuales son los capítulos de Carrere y cuales los de Aragón, algo de agradecer para los más interesados en el tema.

La torre de los siete jorobados tuvo además una adaptación cinematográfica que se estrenó en 1944, dirigida por Edgar Neville —castizo hasta la médula, a pesar de su nombre extranjero— que se interesó enormemente por el fantástico texto —Félix de Pomés interpreta en la cinta al señor Catafalco—. El estilo cinematográfico de Neville para esta película bebe directamente del expresionismo alemán: tétrico, oscuro, trufado de peligros, lúgubre y una iluminación mortecina. Cineastas precursores del género como Fritz Lang —Metrópolis, 1927—, Murnau —Nosferatu, 1922)— o Robert Wiene  —El gabinete del doctor Caligari, 1919—, son muchos ejemplos de este tipo de cine que surgió tras la Gran Guerra. Por eso la versión cinematográfica de La torre de los siete jorobados se considera todo un clásico del cine fantástico español, y su origen en novela todo un folletín digno de ese nombre, pulp en estado puro y entretenimiento de los auténticos.

Valdemar. Rústica, 304 páginas, 10,50 €.

4 comentarios

Jeje, buen apunte.
Tengo la novela pendiente desde que vi la película, que me encantó.

Pues es hora de atacarla entonces, ya verás como no te arrepientes. ;)

Yo he leído la novela y he visto la película, pero mientras la película me gustó mucho, la novela me pareció muy mal escrita, con grandes fallos de estilo. Como es la única novela de Emilio Carrere que he leído, no puedo decir si ese es su estilo o no. Para mí, este es uno de los casos atípicos en que la película me gusta mucho más que la obra adaptada. Normalmente es al revés.

La gracia que le veo yo a la novela es precisamente esa: que en realidad Carrere no la escribió, sino que fue Jesús de Aragón quien la terminó y rellenó la enorme cantidad de huecos que había. La introducción en la edición de Valdemar es muy concisa en eso y nos ofrece un vistazo a la diferencia de estilos. Para mí el segundo autor hizo un trabajo muy bueno, y creo que si Carrere hubiera terminado la novela no hablaríamos de ella en la misma medida.

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