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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba? ¿Dónde están el yelmo y la coraza, y los luminosos cabellos flotantes? ¿Dónde están la mano en las cuerdas del arpa y el fuego rojo encendido? ¿Dónde están la primavera y la cosecha y la espiga alta que crece? Han pasado como lluvia en la montaña, como un viento en el prado; los días han descendido en el oeste en la sombra de detrás de las colinas. ¿Quién recogerá el humo de la ardiente madera muerta, o verá los años fugitivos que vuelven del mar?

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23 de septiembre de 2017

‘Conan Red Sonja’, lejos de ser el crossover del año

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El cimmerio de Aquilonia y la diablesa de Hyrkania trabajarán juntos para desbaratar los planes de dominación del mundo del brujo Thoth-Amón.



Estamos en una época en que eso de juntar personajes de diferentes orígenes —no solo narrativos, sino también editoriales— se ha puesto de moda: desde las Tortugas Ninja y Batman, o el Hombre Murciélago con la Sombra, pasando por Tarzán en el planeta de los simios, Conan con Wonder Woman, Conan y Groo, Hellboy y los innumerables crossovers dentro del Mignolaverso, hasta los incontables cruces dentro del cableado de Marvel. Si tiramos del carro, hasta Fafhrd y el Ratonero Gris se han pasado por Fábulas. Por esa misma razón, la idea de juntar a Conan con Red Sonja no era nueva, habida cuenta de que ambos personajes ya han coincidido en ocasiones anteriores, siempre dentro del marco de las viñetas porque, recordemos, Robert E. Howard creó al personaje de Sonia la Roja en un contexto totalmente diferente. Para más señas, Conan Red Sonja incluye los cuatro números de la miniserie original publicada por Dark Horse, y la edición española de Planeta es la misma que la americana, con buen papel y una sólida encuadernación en tapa dura.

Conan Red Sonja, hablando en plata, viene a ser lo que se llama un McGuffin, pero en lugar de situarlo en el mundo del cine, lo enclavamos en la industria del cómic. Es algo que se da muchas más veces de la cuenta, y obedece a un intento por parte de la editorial correspondiente de vender a los seguidores de determinadas series —en este caso la de Conan de Dark Horse y la de Red Sonja de Dynamite Entertainment— un cómic independiente que reúna las cualidades de ambas. Conan Red Sonja, sin ser un cómic nefasto, no es el cómic que los seguidores de Conan o Red Sonja querrían leer por encima de todo, dejando de lado otras lecturas.


El problema principal que tiene Conan Red Sonja es que arranca medianamente bien, con algunos cruces de personajes bastante interesantes —como juntar a Red Sonja con Conan y Bêlit, la reina de la Costa Negra— y un sentido de la aventura que se dirige siempre hacia adelante, con una presentación y enfrentamiento de los personajes muy bien llevado. Y digo problema porque pese a la simpleza de su propuesta, que básicamente se reduce a coger la espada y liarse a tajos con el malo de turno —en este caso el hechicero Thoth-Amón, uno de los villanos recurrentes de los cómics de Conan—, esas características iniciales no se mantienen y va perdiendo fuelle conforme nos acercamos al ecuador de la historia, en la que se da un salto narrativo que, para mi gusto y aunque no se desvía de la trama principal, interrumpe bruscamente el ritmo de un guión bien encaminado.

Gail Simone y Jim Zub escriben a cuatro manos el guión, pero mientras que la primera parte —justo antes del mencionado coitus interruptus— está dibujada por Dan Panosian —cuyo estilo me parece muy ágíl y dinámico—, es a partir de la página cincuenta y uno cuando le toca a Randy Green, momento en que llega el bajón de Conan Red Sonja, tanto visual como narrativo. Es en esa parte de la historia cuando Conan Red Sonja se viene abajo y se convierte en un mero enfrentamiento entre dos guerreros y un brujo, que en esta situación podrían ser dos anónimos cualquiera y no nos daríamos ni cuenta. No es siquiera un buen enfrentamiento, que conste, y tampoco es culpa de Green, sino de un guión que parece escrito con prisas.

Es como si al juntar ambos personajes en una misma historia las posibilidades de ambos se redujesen a tan solo un veinte por ciento.

Pero los problemas de Conan Red Sonja no acaban ahí, ya que aparte de tener algunos detalles que no encajan en el canon de la Era Hiboria —o por lo menos en el canon de los cómics—, es como si al juntar ambos personajes en una misma historia las posibilidades de ambos se redujesen a tan solo un veinte por ciento, algo perfectamente normal en películas como Los mercenarios, donde por muy bueno que sea el guión no se le sacará todo el jugo a tanta estrella del cine de acción de hace unas décadas. Pero Conan Red Sonja solo tiene a dos personajes acarreando el peso de la trama, por lo que está claro que dejarse las neuronas en el guión no era una de las prioridades del cómic.


Muchos pensarán que Conan y Red Sonja son únicamente dos guerreros sin cerebro que solo saben desenvainar y soltar espadazos a diestro y siniestro. Craso error. Los que han leído las historias originales de Robert E. Howard sabrán de sobra que siempre hay algo más. Incluso en los cómics hay algo más. Pero Conan Red Sonja es tan solo una sombra de lo que son ambos personajes: no hay reflexión sobre la destrucción de la civilización —o por lo menos es muy leve y apenas imperceptible—, y las aspiraciones y reflexiones de los personajes no existen. No hay nada en Conan Red Sonja que pueda llamar la atención de los veteranos que llevan años leyendo historias del cimmerio y de la diablesa de la espada. Y es una pena, porque Conan Red Sonja podría haber sido uno de los crossovers del año, pero se ha quedado en agua de borrajas y en un cómic a olvidar. El único elemento aprovechable son las páginas de Dan Panosian, quien nos regala algunas viñetas muy bien ejecutadas.

La crítica de internet lo ha puesto francamente bien, cosa incomprensible. Los lectores de cómics merecemos lecturas mejores, y los que se inician en el género de la espada y brujería, también. Esto no quiere decir que tenga que ser una de las maravillas del noveno arte, pero tampoco insultar a la inteligencia y, por lo menos darte un rato entretenido sin mandar a pasear las neuronas —algo que siempre se confunde, el entretenimiento con la baja calidad literaria—. En mi lista personal de historias protagonizadas por dúos de la espada y brujería coexisten personajes como Hadrian y Royce de Michael Sullivan, Bram y Weasel de la serie Bribones —posiblemente la serie de cómic que más eleva el listón en estas lides, gracias a sus interesantes planteamientos y humor a mansalva— y, por supuesto, Fafhrd y el Ratonero Gris. En el momento en que Conan Red Sonja está muy por debajo de cualquiera de ellas, es que la cosa no pinta nada bien. Y eso que aún no he mencionado series míticas como “La Espada Salvaje de Conan”, el máximo exponente de lo que debe ser un bárbaro en el mundo de las viñetas. También está la posibilidad de que Conan Red Sonja sea meramente un cómic de tortas, en cuyo caso todo el comentario anterior tendría la misma validez, ya que una cosa es la el propósito y otra la calidad de la obra en sí, independientemente de lo primero.


CONAN RED SONJA
Gail Simone, Jim Zub (guión), Dan Panosian y Randy Green (dibujo)
Trad. de V. M. García de Isusi
Planeta Cómic, septiembre de 2017
Tapa dura, color, 104 págs.
14.95 €

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