Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
definiciónde
Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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enero 26, 2015

Reseña: 'A ciegas' de Josh Malerman, no abras los ojos

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El autor debuta con una novela de terror que pone a prueba los sentidos de los protagonistas.

Cuando este libro llegó a casa no lo hizo en un sobre normal: me llegó en una caja de cartón envuelta en papel donde había sujetas dos hojas finísimas junto a la etiqueta donde indicaba mi dirección. Extrañada, abrí la caja y me topé con el siguiente mensaje:

Pon a prueba tus sentidos. 

1. Coloca la venda sobre tus ojos (una venda negra), no puedes ver nada. Estás a ciegas... 
2. Con los cuatro sentidos restantes, experimenta lo que siente Malorie, la protagonista de esta historia. 
3. Busca bien y descubre toda la verdad. Puede que te sorprenda...

Como os podréis imaginar, la sorpresa fue mayúscula porque era un libro que no había solicitado por prensa, por lo que en ningún momento me imaginé de qué iba el juego. Hice lo que ponía la etiqueta, pero de forma sorprendente, mis deducciones no fueron tan tenebrosas la primera vez que lo intenté –cerré la caja para no ver el interior, ya que quería intentarlo otra vez más adelante– como cuando volví a hacerlo una vez acabé el libro. Es asombroso el poder de la mente humana. Jamás habría pensado que lo que estaba tocando en el interior de esa caja de cartón podrían ser dientes o trozos de huesos. Josh Malerman es quien te lleva por una senda de estrés y terror hasta esa deducción: juega con tu mente gracias al miedo que muchos hemos tenido siempre a la oscuridad. ¿Qué puede ser más horrible que no poder ver nunca más la luz del sol? El hecho de no poderse asomar a una ventana para ver el cielo o ir por la calle contemplando cada detalle es algo que día a día le sucede a muchas personas que han perdido la visión, pero no en las circunstancias en las que se encuentra Malorie, la protagonista de A ciegas.


Todo comienza con una noticia espeluznante que dan por la televisión en la que se comunica que unas cuantas personas en territorio ruso se han vuelto locas y que o bien han matado a los que los acompañaban o se han suicidado de una manera horrible. Nadie sabe qué es lo que puede haber motivado esta reacción y empiezan a surgir diversas teorías, expertos que hablan del estrés, la contaminación, la autosugestión y mil justificaciones del estilo. Argumentos que no pueden evitar la aparición de nuevos casos por todo el mundo. Inicialmente todos piensan que es la histeria colectiva, hasta que el último de esos casos sucede en Alaska, ya en territorio estadounidense. Es el momento en el que Shannon, la hermana de Malorie, comienza a tapar todas las ventanas con mantas oscuras y a atrancar la puerta. A partir de ese instante, todo lo que vive Malorie podría considerarse propio de un mal sueño: no saber qué es lo que ocurre en el exterior o hacia qué lugar puedes dirigirte para conseguir ayuda cuando todo el mundo parece haber muerto.


“Es un libro realmente impactante, en todos los sentidos.”
Debo reconocer que no albergaba grandes expectativas por este libro. Soy de esas personas a las que les gusta una buena portada –es lo que me impulsa a leer pese a que digan que no hay que juzgar un libro por su portada, yo no puedo evitarlo–. En este caso, la cubierta de A ciegas se compone por una serie de letras en braille sobre un fondo blanco. Es cierto, el primer impacto es bueno, porque llamándose A ciegas, lo que te esperas es algo parecido a lo que ya estás viendo en la portada. Sin embargo, después de terminar el libro creo que le habría quedado mucho mejor la portada americana, en la que aparece el título original del libro (Bird Box o "Jaula de pájaros") escrito tras lo que parece ser una venda oscurecida y donde se puede leer debajo «Don't open your eyes» –no abras los ojos–.

Independientemente de ese detalle, admito que el libro me ha gustado. Me lo ha hecho pasar muy mal, en especial por mi miedo a la oscuridad, que ayuda bastante a meterse en la piel de Malorie, pero sobre todo porque el no saber qué está pasando es algo que siempre tienes de fondo a medida que avanzas página a página. Sin embargo, llega un momento en el que esa sensación de inquietud ante lo desconocido se sustituye por lo que sí lo es. Lo que más te preocupa –tanto a ti como lector, como a la protagonista– no son esas criaturas –o eso se cree– que hay ahí fuera: lo peor son las personas que sobreviven. Los que hayáis seguido los cómics o la serie de The Walking Dead sabéis perfectamente a lo que me refiero. El problema no son los muertos, son los vivos y en lo que su mente les transforma ante una situación límite como esa.


Quizás el único inconveniente que podría encontrarle al libro es que no parece autoconclusivo. Podría formar perfectamente parte de una trilogía en la que sigamos viviendo en la piel de Malorie y conozcamos las razones que han llevado a la humanidad a su casi completa extinción. Posiblemente esté destrozando el propósito de la obra que es que una vez acabas la historia sigas pensando qué es lo que pudo haber pasado, pero a mi personalmente me gustan las cosas finitas. Lo que sí que me ha encantado es la forma en la que Josh Malerman consigue escribir miles de descripciones durante las trescientas páginas del libro, sin que la protagonista pueda ver –salvo el interior de su refugio–. Todo se organiza en base a las sensaciones de Malorie y para ello el autor usa un estilo muy particular, con frases cortas y muy directas. En A ciegas no hay lugar para la recreación, porque hacerlo puede llevarte a la locura. Es un libro realmente impactante, en todos los sentidos.


Dejadme pues que os lo aconseje: haced la prueba en vuestra casa, si tenéis jardín o al aire libre –en una zona controlada, claro está–. Poneos una venda en los ojos –mejor tras leer el libro, porque el hecho de poneros la venda ya os dará repelús–, y probad a sentir y paladear lo que ocurre a vuestro alrededor. Vuestra mente hará cosas raras, os lo aseguro, da igual que no le tengáis miedo a la oscuridad, al fin y al cabo a lo que tendréis miedo será a quitaros la venda y volver a abrir los ojos.

4 comentarios

Lo he acabado esta mañana,y la verdad es que se lee de un tirón,aunque el final es muy abierto y para mi gusto un poco simplón,se hecha de menos un poco mas de información sobre que está sucediendo y porqué.Recomendado.

¿Dónde compraste el libro para que te lo mandasen con todo eso tan chulo? ¿En la Casa del Libro?

Esoooooo??????

No lo terminé, no pude soportar saltarme del capítulo 14 al 43 pero me encantó aunque el final, el final me hizo querer no haberme enterado, es demasiado X. No soy especialista en libros pero me esperaba más del final, en cierta parte se rompió mi corazón </3 Quiero saber como eran las criaturas, cómo fue que murió Tom y....Todo, de dónde salieron las criaturas, etc.

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El legendario artista de fantasía heroica y ciencia ficción podría haber ilustrado El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, pero el proyecto nunca salió adelante.

Ilustración

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