Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
definiciónde
Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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marzo 02, 2015

'El Ministerio del Tiempo', gran debut televisivo de ciencia ficción

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Se ha convertido de la noche a la mañana en una serie de moda, por lo menos para aquellos que gusten del fantástico, y en todo un ejemplo a seguir de cara a como hacer una serie de estas características en España. El Ministerio del Tiempo era (y todavía lo es, ya que queda muy poco para que se emita el segundo capítulo) una apuesta arriesgada porque su argumento no tiene necesariamente que gustar a todo el mundo (como al fin y al cabo tampoco Victor Ros o Isabel, y son obras de gran éxito), y precisamente ahí radica su triunfo: por la valentía mostrada a la hora de lanzar a la audiencia de este país un producto fantástico, lo que no es decir cualquier cosa.

El argumento de El Ministerio del Tiempo es tan sencillo como sumamente atractivo y lleno de posibilidades: bajo tierra se oculta un departamento que vela por la seguridad de la historia a lo largo de todas las épocas, gracias al cual todos los mortales que desconocemos su existencia podemos respirar tranquilos y seguir con nuestras efímeras vidas. El Ministerio tiene agentes repartidos por toda la historia, los cuales se encargan tanto de mantener la seguridad en sus respectivos periodos históricos como de servir de enlace con el presente.


Hasta aquí parece una idea atractiva, pero lo es aún más por la manera en que los creadores de la serie se han servido de la premisa de la serie para narrarnos una historia ágil con montones de situaciones que o bien nos sacan la sonrisa o nos mantienen pegados al televisor para querer saber lo que pasará a continuación.

Es gracias a su mezcla de géneros que El Ministerio del Tiempo se mantiene por sí sola: aventura, historia, ciencia ficción y fantasía, todo a partes iguales y sin una gota que salpique a los demás. En conjunto todo ello da al espectador lo que busca, que se entretenga mientras espera ver qué personaje histórico asoma por la esquina. Porque no negaremos que es muy divertido ver a Velázquez paseando entre habitantes del siglo 2015 dentro del propio Ministerio, ver a dos franceses de la época napoleónica entrando en una famosa librería madrileña en busca de información y que luego salgan pitando con un libro en las manos (¿la manera de presentar la escena no os recordó a El día de la bestia de Álex de la Iglesia?), o que las naranjas (o puede que fueran mandarinas) que comen los personajes en el Ministerio tengan que ser importadas de una huerta valenciana de otra época (toma chascarrillo). Ese tipo de situaciones son las que en realidad gustan al espectador, el colocar elementos en apariencia tan dispares entre sí, pero que casan muy bien juntos. Es el gusto por lo extraño, por la maravilla, por lo diferente, ¿acaso no es esa la sensación que buscamos cuando leemos fantasía o vemos una película de ciencia ficción?


El tema del tiempo es uno de los factores que sin duda más llaman la atención en El Ministerio del Tiempo, ya que hace que el espectador se plantee diversas cuestiones como por ejemplo qué pasaría si alguien hubiera impedido la Segunda Guerra Mundial asesinando a Hitler antes de que comenzara el mayor drama del siglo XX, o si nunca hubiera habido una Revolución Francesa. Ese tipo de cosas son las que hacen trabajar el cerebro del espectador, lo que lo mantienen despierto, atento y curioso. El gran acierto y el motor que impulsa El Ministerio del Tiempo.

Los personajes, por lo demás, han sido muy bien retratados, tanto que enseguida nos familiarizamos con ellos, sobre todo gracias en lo tocante al buen nivel actoral que tiene la serie: todos ellos actúan de manera muy natural, soltando de vez en cuando expresiones coloquiales («no va a ser bueno el jodío, si es Velázquez»). Julián Martínez (Rodolfo Sancho), Amelia Folch (Aura Garrido) y Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) forman la tríada protagonista de El Ministerio del Tiempo y sus correspondientes caracterizaciones no han podido ser más acertadas: un habitante de 2015, una de las primeras mujeres que asistieron a una universidad española a finales del siglo XIX y un soldado español de los tercios de Flandes de 1570 componen el grupo de agentes a los que por ahora vamos a seguir la pista. Cada uno tiene una perspectiva del mundo totalmente diferente debido a la época de la que proceden, por eso son valiosos para determinado tipo de misiones.


El trabajo de Garrido y Sancho son notables, pero la impresión que tengo es que el personaje interpretado por Nacho Fresneda ha causado una sensación especial, sobre todo por su parentesco con el capitán Alatriste, a quien mencionan en varias ocasiones mostrando incluso un ejemplar de la primera novela escrita por Arturo Pérez-Reverte (y que el propio personaje roba de una librería para leerlo más tarde en su propia época, ya que no tiene ni idea de a qué viene que todo el mundo le llame Alatriste; ahí va la paradoja temporal). Hemos de reconocer que sin Alonso de Entrerríos la serie no sería lo mismo, porque le da ese punto aventurero que de otra forma quizá no tendríamos en igual medida, sin por supuesto desmerecer a los otros personajes. No por nada El Ministerio del Tiempo comienza con él, con una forma muy acertada en mi opinión de introducir al espectador en la serie.

En relación a esto quiero recalcar el clásico ejemplo de grupo de personajes con habilidades diversas que terminan trabajando juntos, como en las aventuras de toda la vida o en juegos de rol como Dragones y Mazmorras, por poner un ejemplo. El enfermero del SAMUR bien podría ser el sacerdote con aptitudes curativas, la chica universitaria es la sabia del grupo (la que aporta conocimientos arcanos históricos y populares) y Alonso de Entrerríos es la fuerza bruta, el guardián que protege a los demás y se encarga de los aspectos más puramente físicos de la misión.

En resumen, el primer episodio de El Ministerio del Tiempo ha sido una gran toma de contacto con una serie que, espero, se mantenga durante muchas temporadas con el mismo nivel que ha demostrado. El nivel de actores es muy notable, los efectos especiales son sobresalientes y las posibilidades que ofrece son tremendas, como siempre que el tema temporal e histórico terminan juntos. Por lo demás, es agradable saber que los creadores de la serie son fans de autores que han cultivado la novela fantástica sobre viajes en el tiempo, como Tim Powers, y que bien saben los que han leído Las puertas de Anubis.

«El tiempo es el que es», dice uno de los personajes de la serie. Y no le falta razón.

6 comentarios

A mí me ha sorprendido muy gratamente. Ojalá siga por ese buen camino por el que ha comenzado :)

Saludos!

Gran serie. Ojalá empiece ya a subir de audiencia y haga los datos que se merece.

A mi me encanta, ciertamente. Ese Alonso de Entrerríos me tiene loquita *,*

Buenas,

El argumento está calcado de la novela de Poul Anderson Time Patrol (1991) traducida como los Guardianes del tiempo o La patrulla del tiempo.

Muy recomendable, especialmente por las paradojas que plantea.

Por ahora me está gustando mucho, para ser una serie de ciencia-ficción está bastante bien.

Zarpass.

Por fin una serie española que no recurre a la zafiedad ni el humor grueso. Y además de corte fantástico - ciencia ficción. Yo ya me he enganchado, y hacía mucho que no me ocurría con una serie de producción nacional.

Conversaciones




Si Frank Frazetta hubiera ilustrado la Tierra Media

El legendario artista de fantasía heroica y ciencia ficción podría haber ilustrado El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, pero el proyecto nunca salió adelante.

Ilustración

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll.
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