Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
definiciónde
Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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julio 17, 2013

Reseña: «Vigilantes del pasado», de Orson Scott Card

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Título original: Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus.
Edición: 320 págs. Alamut Ediciones, mayo 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 20,95 € (rústica con solapas).
Traducción: Rafael Marín.
Temática: Ciencia-ficción, histórica, viajes en el tiempo.
Correlación: Independiente.


El viaje por el tiempo es uno de los temas que siempre ha fascinado al hombre. ¿Cómo sería viajar miles, o quizá millones, de años en el futuro? ¿Conocer el destino de la Tierra, de las galaxias? ¿Retroceder hasta el pasado para aprender más de las costumbres humanas? ¿Más de los acontecimientos que marcaron el devenir de la especie? Esa fascinación por la temporalidad, además del interés por la historia, le sirve a Orson Scott Card para componer una novela donde se nos plantea la existencia de un grupo de científicos que se hace llamar Vigilancia del Pasado, donde todos ellos aúnan sus esfuerzos para crear un mundo mejor tras los desastres acontecidos en los siglos anteriores. Pero la intención de construir ese mundo perfecto, o mejorable, no es lo único que importa para algunos miembros del grupo. Diko es una de esas personas, empeñada en cambiar la misma historia, encontrar el punto de inflexión donde la raza humana se convirtió en esclava de ella misma. Y ese torcimiento no es otro que el descubriento de América a manos de Cristobal Colón.

¿Qué pinta el famoso descubridor en el asunto? Para empezar, la novela se centra en su figura, gran parte de la misma se dedica a establecer los motivos de su viaje a las Américas –todos sabemos que quiso descubrir otra cosa, algo que la novela deja bien claro–, sus esfuerzos por que los Reyes Católicos sufraguen el viaje a tierras lejanas y quizá yermas, pero también ahondando en la psicología de un hombre profundo, de firmes creencias y propósitos. Para seguir, fue gracias a él que América se convirtiese en un mina de esclavos, de riquezas y de tierras a colonizar, ignorando los derechos de sus habitantes originales, interfiriendo en sus vidas de una forma totalmente desastrosa para sus culturas –también debemos tener en cuenta que muchas de esas culturas mesoamericanas llevaban a cabo genocidios entre su propia gente, en honor a los dioses–. Es por tanto, un juego biográfico de un momento concreto de la vida de Cristóbal Colón, y gracias a esa premisa, Orson Scott Card juega al juego de la utopía alternativa, o eso creen los personajes de la novela, quienes trabajan para que el actual presente donde viven los actores de Vigilantes del pasado pueda convertirse en una ucronía con todas las de la ley. Pero el autor plantea una duda moral gracias a las líneas temporales, siendo ésta la base subyacente de toda la novela: ¿merece la pena sacrificar los millones de vida del actual presente para cambiar el pasado y así crear un nuevo futuro? Los personajes de Vigilancia del Pasado se plantean así un tremendo dilema moral para el que la solución no parece fácil. Pero si queréis saber más no tendréis más remedio que leer Vigilantes del pasado, pues cualquier comentario sobre el argumento sería estropear la sorpresa.


La novela puede decirse que está construida en torno a dos partes bien diferenciadas. Por un lado, tenemos un primer segmento, en el que los personajes se plantean, descubren y estudian las posibilidades de sus actos, además de generarnos una perspectiva sobre Cristóbal Colón como si de una novela histórica se trarase. Y una segunda parte donde confluye la trama principal, y donde se resuelve todo el tinglado previsto en la novela. El género histórico se conjuga con la ciencia-ficción para crear un híbrido que en algunas ocasiones parece algo descompensado por la densidad con la que el autor nos explica cada una de las acciones o pensamientos de Colón –aunque estas sirvan para dar mayor peso al personaje–, pero por otro lado, la agilidad con la que se nos explica los hechos científicos, así como la explicación del funcionamiento de la maquinaria de Vigilancia del Pasado, hace que la novela viaje a un ritmo más acelerado en según qué momentos. En esto depende el gusto de cada lector por un género u otro, porque no cabe duda de que tenemos ante manos un producto que viaja muy bien entre ambos géneros, pero que el resultado puede parecer extraño para según qué público.

Los personajes son uno de los platos fuertes de Vigilantes del pasado. Las motivaciones con las que el autor ha dotado a cada uno de ellos, sea Diko, Kemal o Hunahpu, sirve para que les cojamos un apego especial más allá del mero distanciamiento del espectador que quiere un productor rápido para pasar a otra cosa. Queremos saber lo que les ocurrirá a lo largo del libro, nos interesamos por sus acciones, por sus diatribas o relaciones personales, queremos saber adónde conduce todo lo planteado, si habrá un futuro o si éste desaparecerá. En este punto tenemos que tener muy claro si nos gustan los viajes temporales, porque aunque la novela no es realmente un continuo ir y venir de viajes por las diferentes épocas (como puede llegar a sugerir el título de la última reedición de la novela a manos de Alamut Ediciones), el momento trascedente es tan importante para el desarrollo de la obra, que cumple con creces las carencias anteriores en cuanto a una mayor cantidad de desplazamientos temporales se refiere.


Pero Orson Scott Card maneja muy bien el sentido de la maravilla y es capaz de producir un interés real en el lector con cada una de sus novelas –por lo menos, en hechos concretos, que es a lo que me refiero–. Estoy hablando del concepto en el cual, mediante una máquina de tecnología totalmente avanzada e imposible para nuestra era, seamos capaces de observar en tiempo real el desarrollo de la historia. Si abriésemos una ventana a un momento determinado de la historia, no importa si fuese el Pleistoceno o la Edad Media, para seguir la pista a determinados habitantes, ver como se desarrollan los acontecimientos (cualquier acontecimiento), estudiar las causas de algunos actos, observar culturas, ¿querríamos despegarnos de la máquina? ¿Nos sentiríamos en la obligación de dejar de lado esa gran habilidad por sentirnos unos auténticos voyeurs? Creo que el autor ha elaborado un concepto de infinitas posibilidades que bien valdría una serie o una enciclopedia de gargantuescas proporciones. Esa interacción con la historia, esa posibilidad abierta ante la capacidad de ser testigo de todo lo acontecido, es lo mejor que podemos encontrar en Vigilancia del pasado, algo que no deja de asombrarme aún habiendo pasado un tiempo desde la lectura de la novela.

Pero más allá de todo lo expuesto en el párrafo anterior, lo que el lector querrá saber cuando lea Vigilancia del pasado, además de esa infinita posibilidad de interacción con la historia –y que a mi me gustaría ver expandida– es el desarrollo de la novela, las conclusiones a las que llegan los protagonistas, de si se embarcan en una gran cruzada humana y social, o si simplemente se quedarán como meros observadores en sus puestos de vigilancia, seguros en sus máquinas y en un futuro que se plantea como una distopía con pocas posibilidades. ¿Qué se necesita para crear una utopía? ¿Es la historia una sucesión de acontecimientos que pueden cambiarse, o una vez ocurridos se quedan fijos para siempre? Vigilancia del pasado plantea estos y muchos otros interrogantes, pero responde quizá a solo unos pocos, porque los lectores están ahí para sacar sus propias conclusiones. Estamos ante una interesante reflexión e intrusión de Orson Scott Card en un híbrido poco habitual, no es una de sus novelas más redondas, pero profundiza de una manera excelente en un personaje histórico como es Cristobal Colón, mientras sugiere la posibilidad de que la historia está ahí para aprender de ella y no cometer los mismos errores.

3 comentarios

Hola, está interesante ese viaje al pasado, y seguro que es muy instructivo a la vez que entretenido leerlo. De este autor solo he leído El juego de Ender.

Saludos ;)

Creo que este libro lo tiene mi hermano. Así que me da que se lo voy a quitar jijiji...

Este libro es de lo mejor que leí este año. También me leí Ender. Supongo que para gustos colores, pero los vigilantes del pasado me pareció mucho más divertido en todos los sentidos.

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