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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba? ¿Dónde están el yelmo y la coraza, y los luminosos cabellos flotantes? ¿Dónde están la mano en las cuerdas del arpa y el fuego rojo encendido? ¿Dónde están la primavera y la cosecha y la espiga alta que crece? Han pasado como lluvia en la montaña, como un viento en el prado; los días han descendido en el oeste en la sombra de detrás de las colinas. ¿Quién recogerá el humo de la ardiente madera muerta, o verá los años fugitivos que vuelven del mar?

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25 oct. 2012

Agincourt. El arte de la estrategia – Juliet Barker. "Conmemorando el aniversario de la célebre contienda"

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Título original: Agincourt. The King, the Campaign, the Battle.
Edición: 544 págs. Ariel, noviembre 2009.
Disponible en ebook: No.
Precio: 9,95€.
Traducción: Lara Vilà.
Temática: Historia medieval.
Correlación: Volumen independiente.



¡Señor, rogamos a Dios que os dé larga vida y la victoria sobre nuestros enemigos!
Así respondieron las tropas inglesas al discurso que Enrique V les ofreció aquella fría y lluviosa mañana. Era un 25 de octubre de 1415. Un día decisivo. Faltaban pocas horas para que el ejército inglés se encontrara frente a frente con su más célebre enemigo: los franceses. ¿El lugar? Una llanura al noreste de Francia, entre las localidades de Tramecourt y Maisoncelle, en lo que ahora se conoce como el departamento del Pas-de-Calais. Allí se iba a producir una de las batallas más famosas y contundentes de la historia: la batalla de Agincourt. Exhaustos por el viaje, debilitados por la enfermedad, los ingleses blandieron su espada para defender el derecho al trono francés de su rey, Enrique V. 

Las pretensiones de Inglaterra sobre la corona de Francia se remontaban hasta el siglo XII. El matrimonio de Enrique II, el primer rey de la dinastía Plantagenet, con Leonor de Aquitania, le aseguró el ducado de Aquitania, Gascuña y Guyena, además del de Normandía y Anjou, que ya poseía con anterioridad. Aunque debía rendir vasallaje al rey francés Luis VII, Enrique y sus sucesores crearon un imperio –conocido como imperio angevino– que se extendía desde Irlanda e Inglaterra hasta los Pirineos. La rivalidad territorial existente entre ingleses y franceses, sin embargo, se complicó en 1328, cuando quedó vacante el trono de Francia. Carlos IV (1322-1328) murió sin un descendiente varón, lo que dejaba a Eduardo III Plantagenet –hijo de Eduardo II de Inglaterra e Isabel de Francia– como único descendiente directo. No obstante, fue reconocido como rey de Francia a Felipe VI de Valois, primo del anterior rey. Esta sucesión, cuestionada por Eduardo III, fue la que desencadenó la Guerra de los Cien Años, de la que Agincourt fue una de sus batallas más importantes.

No quiero abrumaros más, si puedo, con genealogías interminables. Dejadme decir brevemente que Ricardo II (1367-1400) fue el último rey inglés de la dinastía Plantagenet, derrocado por el usurpador Enrique IV de Lancaster, padre de Enrique V, el rey que lideró la campaña de Agincourt. Así que situémonos ya en el reinado de Enrique V y dejemos a un lado las conspiraciones, tan frecuentes en aquella época, pero tan necesarias para entender el proceso histórico. Entendamos tan sólo que a Enrique V se le metió en la cabeza recuperar lo que creía legítimo por herencia: la corona de Francia. Hemos visto que sus antepasados poseyeron allí extensos territorios, e Inglaterra aún conservaba Aquitania y la ciudad de Calais –un puerto importantísimo situado en el Canal de la Mancha, frente a la costa inglesa–. ¿Creéis realmente que tenía derecho a reclamar esta herencia? Su padre era un usurpador que había encarcelado y dado muerte a Ricardo II en el castillo de Pontefrac, en Yorkshire. Enrique V sentía, entonces, la necesidad de legitimar su reinado. Y eso sólo lo conseguiría con una victoria en territorio francés. Puesto que los esfuerzos diplomáticos no sirvieron para nada, se puso en marcha la invasión inglesa.

El domingo 11 de agosto de 1415, alrededor de las tres en punto de la tarde, Enrique V dio la señal que lanzó la invasión de Francia. Quinientos navíos (una flota doce veces mayor que la Armada española) levaron anclas, izaron velas y se abrieron paso por el canal desde el refugio de Southampton. Su destino: Harfleur, una importante ciudad comercial de la costa de Normandía.


Los ingleses pensaron que Harfleur no resistiría el asedio demasiados días. Se equivocaban. Necesitaron un mes para que esta poderosa ciudad amurallada se rindiera. Las consecuencias del asedio fueron graves: el ejército inglés quedó mermado por la disentería –una enfermedad muy común entre las tropas en campaña de guerra–. Con sus tropas debilitadas, y reducidas a la mitad, Enrique V emprendió el regreso a casa por tierra. Debía llegar hasta Calais para poder embarcar al resto de su ejército. No obstante, los franceses, como es de suponer, aparecieron antes de que pudieran llegar. El resultado de su encuentro ya es conocido por nosotros: se libró una de las batallas más espectaculares e imprevisibles de la historia. ¿Por qué fue inesperado? Pues porque los ingleses, al límite de sus fuerzas, ganaron a un ejército francés, fresco y seguro de sus posibilidades, que les doblaba en número. La batalla de Agincourt –que así pasó a llamarse por haberse desarrollado en el lugar del mismo nombre, también conocido como Azincourt– se convirtió en un símbolo de la identidad de este pueblo y durante seis siglos se ha celebrado como el triunfo del más débil frente a una adversidad aparentemente insuperable. Con esta victoria, Enrique V pudo demostrar que su causa era justa y legítima. En su corona, además del reino de Inglaterra, iba a recaer aquel por el que tanto habían anhelado sus antepasados: Francia.

A la izquierda, el rey Enrique V con su armadura completa, en la que se aprecian los emblemas de Francia e Inglaterra: la flor de lis y el león rampante. A la derecha, Charles d'Albret, condestable de Francia, preparado para la batalla. Lideró las tropas francesas y murió en Agincourt.


Es cierto que había muchas otras razones que condicionaron su victoria. Aquí tan sólo puedo esbozar algunos de los hechos más significativos. Si os interesa el tema, leed el libro de Juliet Barker. Esta mujer, doctora en historia por la Universidad de Oxford, y autora de diversos libros sobre historia medieval inglesa –además de una monografía sobre las hermanas Brontë–, compone un fresco espléndido e impresionante de la época en la que transcurrió la batalla. En una primera parte, titulada El camino a Agincourt, nos cuenta la vida de Enrique V: desde su nacimiento hasta su llegada al trono, de su deseo de apoderarse de Francia y de los preparativos necesarios para que su invasión pudiera llevarse a cabo. En la segunda parte, La campaña de Agincourt, nos sumerge de lleno en el desarrollo de la expedición: desde la salida de la flota de Southampton hasta el desenlace de la batalla. Finalmente, en la tercera parte, Las consecuencias de la batalla, expone el resultado del encuentro y el retorno del rey a Londres, rodeado de lujo y magnificencia.

Ilustración de la batalla de Agincourt extraída de la crónica de Enguerrand de Monstrelet (1400-1453)


Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro a todos aquellos que estén interesados en la historia medieval de Inglaterra. A mí me ha parecido magnífico. Juliet Barker tiene un talento narrativo extraordinario. A pesar de que hace referencia a un gran número de personajes -implicados tanto directa como indirectamente en la historia- que nos pueden llegar a abrumar, su lectura nos atrae irremediablemente. Es amena, rigurosa y exhaustiva. Pone sobre la mesa las causas y las consecuencias de una manera clara, y reconstruye un panorama de corrupción y perversión digno de cualquier novela histórica. Además, ofrece interpretaciones, compara documentos oficiales, se basa en las fuentes originales. Un placer para los amantes de la historia. Soberbio, como lo es también la edición de Ariel que aquí os presento: en tapa blanda con solapas, letra legible, manejable, ocho páginas con ilustraciones a color, a un precio irresistible y, lo más importante, con una traducción impecable.

La batalla de Agincourt contribuyó a sembrar de cadáveres esta preciosa región del noreste de Francia. No sólo en la Edad Media vivió episodios terribles. También en el siglo XX los alrededores del Somme volverían a presenciar la tragedia de la guerra.

3 comentarios

A mi me gusta bastante el tema de la batalla de Agincourt (siempre digo Azincourt, por la novela de Bernard Cornwell, más que nada XD), aunque pensándolo mejor, todo el periodo de la Guerra de los Cien Años me llama bastante.

Ha sido una buena coincidencia el tema de la reseña de este libro con el día que tuvo lugar la batalla.

Creo que la autora ha escrito más libros relacionados, ¿no? Me parece que hay una segunda parte que habla de los reinos ingleses en Francia...

Sí, Juliet Barker es especialista en historia medieval. A parte de este libro sobre Agincourt, también ha escrito otro relacionado que, como bien dices, puede pasar por ser su segunda parte: "Conquest: The English Kingdom of France, 1417-1450", en el que trata el último período de la Guerra de los Cien Años (desde la segunda invasión a Francia de Enrique V en 1417).

Además, tiene algunos libros interesantísimos sobre torneos medievales (una de sus especialidades) que no han sido publicados en castellano. De hecho, creo que sólo está traducido el de Agincourt.

Pensaba que se trataría de una novela histórica, con bastante uso de ficción, ambientada en la famosa batalla (que, por cierto, yo también he dicho siempre Azincourt), pero veo que se trata más bien de uno de esos divulgativos que tanto me gustan. Lo tendré en cuenta, porque la Guerra de los Cien Años también es un periodo que me apasiona. Aunque, en realidad, casi cualquier evento del periodo medieval me atrae bastante.

Saludos!

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