Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

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Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

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febrero 11, 2014

Reseña: «El rey Arturo. El hijo del dragón», revisitando el ciclo artúrico de M. K. Hume

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Título original: The King Arthur Trilogy Book One: Dragon's Child.
Edición: 480 págs. (rústica con solapas) / 560 págs. (bolsillo). Alianza Editorial, junio 2011.
Disponible en ebook: Sí.
Precio: 18,10 € (rústica con solapas) / 4,99 € (electrónico) / 10,90 € (bolsillo).
Traducción: Juan Carlos Mirre Gavaldá.
Temática: Histórico, novela.
Correlación: Primera entrega de la trilogía "El rey Arturo".


Uno de los ciclos míticos más importantes de la cultura occidental es el de la llamada “Materia de Bretaña”, que trata las leyendas celtas y varias historias fundacionales sobre las Islas Británicas, sus tierras y sus gentes; el núcleo lo constituyen las narraciones que tratan, directa o indirectamente, del rey Arturo –ya se centren en la vida y muerte de éste o en las aventuras a la búsqueda del Grial de sus caballeros–. Tal es su importancia y su historia se ha repetido tantas veces, que allí donde pocos han oído mencionar a Eneas o a Perseo, todos conocen al Rey Arturo; sin embargo, la suya no es en absoluto una narración cerrada, sino una en constante evolución y reinterpretación, de tal modo que la versión más conocida –la de T. H. White– guarda poco o ningún parecido con la original.

Introducción al mito artúrico

Ésta surgió seguramente en el siglo VI de mano del monje Gildas, quien usó la figura de Ambrosius Aurelianus para narrar el enfrentamiento de los Britones post-romanos contra los sajones; Nennius tomó el personaje y lo incluyó en The History of the Britons en el siglo IX, mencionando por primera vez el nombre de Arturo, presentándolo como un gran caudillo que libró doce grandes batallas contra los Sajones; tengamos en cuenta que esto lo escribió Nennius trecientos años después de la muerte de este supuesto personaje. En el siglo XII, Geoffrey de Monmouth usó esta referencia de Nennius en su The History of the Kings of Britain, ampliando la información acerca de Arturo y sus antecesores Uther y Ambrosius y vinculándolos con la diáspora de héroes griegos después de la caída de Troya. Una práctica común, ya que Virgilio hizo lo mismo, estableciendo que los fundadores de Roma descendían de Eneas, héroe de aquella guerra Troyana (de este modo, dos grandes ciclos, el de Roma y el de Bretaña, se entrelazan).


“siempre los mismos grandes elementos: amor, traición, perseverancia y honor”
La versión que conocemos hoy en día se la debemos sobre todo a Sir Thomas Malory, que en el siglo XV dió su versión con Le Morte d'Arthur, en una narración vivaz y completamente anacrónica , situándola en una cronología ficticia en la que Arturo era anglosajón, en lugar de un caudillo de los enemigos de éstos, los celtas britones, y situándolo en un contexto, el de caballería, que no sería común hasta más de seiscientos años más tarde. Esta versión fue de la que en gran parte bebieron Tennyson (s. XIX, Idylls of the King, "Idilios del rey") o Marc Twain (s. XIX, A Connecticut Yankee in King Arthur's Court, "Un yankee en la corte del rey Arturo"), y la que T. H. White usaría para su pentalogía “The once and future king”, cuya primera parte, The Sword in the Stone ("La espada en la piedra", 1939), sería adaptada a un musical, Camelot, en 1960, y en una famosa película de Disney, "The Sword in the Stone" en 1963 (Merlín el encantador en España, siempre fue mi película de Disney favorita). Gracias a la calidad del trabajo original y de las adaptaciones, se convertiría en la rama principal de la leyenda en nuestros días.

Otros autores han tratado desde entonces el tema; algunos, como Mary Stewart, lo han reformulado manteniendo el tono levemente fantástico, tratando a la vez de darle un enfoque distinto, centrándose en el punto de vista de personajes concretos (Merlín). Otros, como Marion Zimmer Bradley han dado el protagonismo a los a menudo maltratados personajes femeninos del ciclo (Morgana, Ginebra), en una saga memorable (“Las nieblas de Avalón”) que supone una de las cimas de la literatura fantástica; otros han buscado un enfoque realista, como John Steinbeck (Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros). Aparte de en la literatura, la materia de Bretaña se ha llevado al cine en innumerables ocasiones, desde la inolvidable Excalibur de Boorman a la muy prescindible El primer caballero, de Jerry Zucker, con Richard Gere como Lancelot y Sean Connery como Arturo; varias otras veces se ha producido para la gran pantalla, como en la reciente serie de la BBC Merlín, muy exitosa, o Camelot, cuyo mayor mérito es contar con la presencia de la gran Eva Green como Morgana.

La historia de Arturo, por tanto, ha sido narrada infinidad de veces y sigue muy viva, pero sea cual sea la óptica bajo la que nos la cuenten, contiene siempre los mismos grandes elementos: amor, traición, perseverancia y honor. Si es un autor romántico quien escribe, enfatizará la galanura de los caballeros y sus ideales; si es un autor con tendencia a lo épico, narrará con especial interés las batallas y conquistas. Puede tratarse de un autor filósofo que buscará transmitir un mensaje sobre la condición humana, sobre los deseos que la impulsan y la tragedia que conlleva, sobre la sabiduría, o hacer una metáfora sobre como, brevemente, triunfa la sabiduría y el orden por encima de la barbarie para al fin volver a ella, en un ciclo trágico que acompaña y define a la civilización humana. La materia de Bretaña contiene todo esto y más.

El mito artúrico según M. K. Hume

Habiéndolo dicho todo T. H. White, Stewart o Zimmer Bradley en cuanto al mito Artúrico como novela de fantasía, y siendo difícilmente superables en este campo, parece que lo que se busca actualmente es el otro enfoque: el realista. Las raíces de la leyenda. La verdad subyacente.


Es este camino, el de intento de recreación histórica, el que sigue M. K. Hume, profesora e investigadora del mito artúrico, en el libro que nos ocupa (primera parte de la trilogía “El rey Arturo”).  Y esto puede ser tanto su gran acierto como su principal defecto, según se mire. Dice la contraportada: “[...] en ella despoja al personaje de todo aspecto mágico para convertirlo en un hombre de carne y hueso. Lo traslada de la leyenda a la historia que pudo ser”. Aquí no encontraremos el brillante Camelot. El Arturo de Hume se llama Artorex, y vive en una Britania aún marcada por la caída de Roma –estableciendo, en este sentido, un escenario vagamente similar al que presenta Valerio Massimo Manfredi en su La última legión–, acosada por los invasores sajones. De este modo, Hume va directa a la fuente original; a la raíz del mito que escritos posteriores fueron modificando. Su Artorex es el protagonista de una historia que otros convirtieron en leyenda, el núcleo puro y duro al que el paso de los siglos y el romanticismo convirtieron en algo muy distinto; es, pese a ello, una historia épica. Pocas trazas de la versión de Malory o White se pueden encontrar aquí; las que existen, son muy leves, y no conozco lo bastante estas fuentes tan antiguas que usa Hume (Gildas, Nennius) como para saber si en ellas figuraba algún hermanastro llamado “Keu” o “Kay” de Artorex/Arturo (lo dudo) o si se trata de un guiño de Hume a estos otros autores.

Hume crea una imagen clara de como debieron ser aquellos tiempos en los extremos más lejanos de un imperio romano que se deshacía; esta es quizás la mayor virtud del libro, la puntillosa recreación de un período histórico muy convulso y que la mayor parte del público actual desconoce por completo. Sus personajes, substitutos de los de la versión mítica, consiguen entidad propia, y resultan interesantes, reales; cosa nada fácil cuando tienen que competir con aquellos.

Este libro, en resumen, si bien trata un tema que como decía ya ha sido tratado antes por mejores escritores, me ha parecido entretenido y recomendable para todo el mundo en general pero especialmente recomendado para dos tipos de lectores: los que gusten del ciclo Artúrico y los que disfruten con la novela histórica. Los primeros, entre los que me encuentro, disfrutan de cualquier añadido a esta larga serie de obras sobre Camelot; los segundos, agradecerán una obra meticulosa, bien documentada, detallada y atenta.

Sin embargo, siempre hay un pero, y es que aunque lo he disfrutado, el suyo no es el tipo de enfoque que me gusta. Explota una idea que de entrada parece muy atractiva; ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Qué hay tras la leyenda? ¿Qué pasó en la Britania del siglo V? ¿Que inspiró tales leyendas? ¿Qué figura histórica real hay detrás? Dicho de otro modo, con una analogía; ¿cómo funciona el truco de magia? El problema es que si bien es interesante planteárselo, llegar a descubrirlo puede ser decepcionante. A veces es más divertido hacerse la pregunta que llegar a responderla. Uno puede descubrir que prefiere la ilusión a la realidad; la eterna dicotomía entre románticos y realistas. Hume apela a estos últimos, pero en su intento hay un defecto, y es que por muy rigurosa y bien documentada que intente hacerla, El hijo del dragón sigue siendo sobre todo especulación pura y dura; la existencia o no del Rey Arturo y las “bases reales” de la materia de Bretaña son hipótesis, no historia contrastada. Como mucho, son una aproximación tan real como se puede a lo que, quizás, pudo haber pasado. Hay demasiados condicionales. Si bien es cierto que cuando tratamos con hechos transcurridos hace cientos o peor aún, miles de años, gran parte es especular, hay otros hechos, otros temas, a los que la novela histórica puede recurrir para construirse con mucho más fundamento que éste en particular.

Esto sitúa a la trilogía de Hume en el terreno gris entre una auténtica novela histórica y la novelización de un mito, rechazando las partes fantásticas de este, a las que al fin y al cabo ya estábamos acostumbrados. Es como si al narrar la historia de Perseo, uno omitiera la paternidad de Zeus o el rescate de Andrómeda; podría estar bien, pero no sería lo mismo. En este sentido, personalmente prefiero las versiones del mito artúrico que incluyen lo fantástico. Soy conservador, y en este sentido, romántico: al leer sobre Arturo, me gusta que haya una Ginebra, un Merlín, unos caballeros y una mesa redonda; que todo termine con Mordred y una mano blandiendo por última vez a Excálibur sobre las aguas del lago antes de desaparecer para siempre, mientras la barca con el cuerpo inerte de Arturo se funde con la niebla. A esta formula, dale las vueltas que quieras, nárrala desde distintas perspectivas o añade elementos nuevos; hazla más o menos realista, pero no modifiques su esencia. Si lo haces, tienes un Artorex, no un Arturo, y la historia que narras no es la de Camelot.

Dicho esto, y una vez aclarado que se trata de una historia nueva, o una vieja pero jamás contada, creo que merece la pena leerla; yo recomendaría dejar que se sostenga por si sola, no como otra recreación del mito sino como una buena y solida novela que puede darnos muy buenos momentos.

2 comentarios

Wola Nyarla. Sinceramente, la forma en la que te has explicado en la reseña me ha gustado mucho y doy fe de que me has picado la curiosidad con el libro. Además, el argumento en sí ya es uno de mis preferidos por lo que estoy convencida de que este se va directamente hacia la lista de los pendientes.

Reconozco que siempre me ha tirado mucho más la historia creada por Sir Thomas Malory quizás por mi gusto "romantizado" de la misma edad media y que cuando dimos en Mitología Artúrica el tema en el que se solía encuadrar a Arturo como un caudillo local surgido de los reductos de la ya caída Roma... nunca me lo imaginé correctamente. Veremos a ver si a la hora de leerlo sigo teniendo el mismo problema o no. xD

¡Increíble entrada!Me ha gustado mucha toda la información extra complementaria de los trabajos anteriores y el origen de la leyenda.
Sin duda me haré con esta trilogía si disfruto de la pluma de la autora en Batalla de reyes, la cual se centra más en la parte fantástica, que es lo que a mi más me tira.
Esther.

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