Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
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Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

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septiembre 05, 2013

Reseña: «Las doce moradas del viento», de Ursula K. Le Guin

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Título original: The Wind's Twelve Quarters.
Edición: 352 págs. Literatura Fantástica RBA, marzo 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 18 € (rústica con solapas).
Traducción: Maria Elena Rius Pastor.
Temática: Ciencia-ficción.
Correlación: Recopilación independiente de relatos.


Hablar de Ursula K. Le Guin es hacerlo de una escritora que, a sus 83 años de edad, tiene ganado un indiscutible puesto de honor en el Olimpo de los autores de la fantasía y la ciencia ficción. Es cierto que su exclusivo estilo, donde la novela echa raíces en géneros como la poesía o el ensayo, a los que también ha dedicado parte de su carrera, puede no resultar del gusto de todo lector que cultive sus intereses en el fantástico. Pero nadie sería capaz de revocarle a la californiana su condición de uno de los nombres más influyentes del siglo XX en el campo de la ficción literaria.

De un tiempo a esta parte hemos venido observando cómo se reeditaban sus obras completas, o casi, tal vez como síntoma del intento por cubrir el vacío editorial al que la Le Guin nos ha relegado en los últimos años. Unas pocas editoriales, en particular Minotauro, la han mantenido tenazmente y con mimo en su catálogo al ofrecernos periódicas nuevas tiradas o ediciones ómnibus de algunos de sus títulos más emblemáticos (con la excepcional serie de “Terramar” o los distintos libros que componen el ciclo del Ekumen o Hainish siempre en cabeza), a los que se han ido añadiendo otros de más reciente creación, tales como la “Saga de la Costa Oeste” o el volumen independiente, de pinceladas mitológicas, Lavinia.

"Una brillante mujer a la que basta conceder un poco de atención para darse cuenta de su enorme porvenir"
La colección Literatura Fantástica RBA se une ahora a quienes prestan voz a la autora en nuestro país, y hace aproximadamente un año publicaba una selección donde se integraban dentro de un único volumen sus tres primeras novelas del Ekumen (El mundo de Rocannon, Planeta de exilio y Ciudad de ilusiones), algunas de las cuales yacían desde hace largo tiempo fuera de nuestro mercado, facilitando así a los aficionados el acceso a las primeras entregas del corpus principal de su producción en la vertiente más orientada a la ci-fi. No son las historias más renombradas de este ciclo, que tiene en La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos sus títulos más simbólicos, pero sin lugar a dudas el lector encontrará en ellas un delicioso repertorio de una brillante mujer a la que basta conceder un poco de atención para darse cuenta de su enorme porvenir en el momento de elaborarlos.

Precisamente, la antología que nos ocupa –nueva y afortunada incursión de la colección de RBA en la prosa de Ursula– ahonda de nuevo en sus primeros pasos al dar cabida a un conjunto de textos primitivos, redactados entre 1963 y 1974, que constituyen el auténtico germen de las que se convertirían en sus obras maestras años después. Claves para comprender las motivaciones e inquietudes que la conmueven, así como para ampliar la dimensión de sus postreras publicaciones, estos diecisiete relatos de fantasía y ciencia ficción marcan una línea de partida que resulta igual de apta tanto para aquellos que se inician en el recorrido de su obra, como para quienes ya han tenido la fortuna de paladear sus trabajos más importantes y conocidos.

Las doce moradas del viento aporta así, en palabras de la escritora, «una revisión cronológica aproximada de los cuentos que escribí en la década que siguió a mi irrupción en las letras de molde», anticipando en buena medida las ideas que acabaría por plasmar en algunos de sus best sellers y que llevaban ya un tiempo bullendo en su cabeza. No se trata, lógicamente, de un resumen completo y exhaustivo de sus primeros manuscritos, pero sí de una muestra bastante representativa de un estilo en ciernes que ya por entonces apuntaba señales claras de pericia en el oficio.

Con Le Guin se produce frecuentemente cierta controversia al enmarcar sus escritos en un campo u otro del género, según sus distintas vertientes. Si algunas de sus publicaciones de mayor renombre, como “Terramar”, se inscriben claramente dentro de la fantasía (la popular saga de Ged no omite detalles en cuanto a espectros, magia o dragones), no faltan voces discrepantes debido al tono lírico y carente de acción que la definen. Más crítico todavía es ese rasgo en cuanto a sus relatos de ciencia ficción (desdeñados incluso por ciertos sectores), que se sirven de los matices más puramente científicos y tecnológicos del subgénero para centrarse en narrar historias afirmadas en lo social y psicológico.

Claro que, en realidad, nada de esto último es relevante. Porque cuando uno empieza a leer a Ursula K. Le Guin se dejan de lado todas estas consideraciones para sumergirse en su apasionante y singular punto de vista de las cosas. Pero no deja de ser significativo que la autora haya huido en general de los tópicos más arraigados y posea una personalidad literaria libre de esas ataduras. Pues bien, en esta antología que navega entre los dos campos citados, vemos ya claramente indicios de esa tendencia a desmarcarse de los cánones más comunes y recurrentes.

Pero vamos a lo que realmente nos importa, que es el contenido propiamente dicho de esta apreciable selección de textos. Tras un acertado y lúcido prólogo de Rosa Montero, nos embarcamos en el primer relato, El collar de Semley, más cercano a la fantasía de lo que parece sugerir inicialmente. Este capítulo ya sirvió de introducción en si misma de anteriores ediciones de El mundo de Rocannon, primera novela de la autora, y por más que se apunta como uno de los más flojos del conjunto, lo cierto es que a mí me parece que la combinación de estilos y la fuerte expresión de su protagonista hacen de ella una historia sublime, poderosa, melancólica. Con un precedente tal, uno piensa que lo que sigue no puede sino ser de una calidad formidable. Ciertamente no todos los cuentos están a la misma altura, e incluso hay algunos que diría mediocres (“Un viaje a la cabeza” es raro a más no poder), pero desde luego encontraremos una buena cantidad de ellos de los que extraer una valoración muy alta.


“La palabra que desliga” y “El poder de los nombres” suponen un primer acercamiento al maravilloso mundo de “Terramar”, con el que Le Guin alcanzó más tarde los laureles en el terreno fantástico y donde se asientan algunos de los aspectos fundacionales del archipiélago y de sus señas de identidad. El segundo, en concreto, resulta especialmente ocurrente e inesperado por el giro de su desenlace, así como la familiaridad con las aventuras de Gavilán.

"Uno de esos imprescindibles del género fantástico que hay que leer al menos una vez en la vida"
En la categoría de lo que la escritora estadounidense define como psicomitos, o relatos que tratan de explicar realidades trascendentes y hondos dilemas por medio de parábolas un tanto difusas, dejándonos llegar a nuestras propias conclusiones, se enclavan relatos como “La caja de oscuridad”“Cosas” y otro par de cuentos semejantes en su concepción de lo científico: “Los maestros” “Las estrellas en la roca”. Tal vez se trate de las líneas más borrosas y reflexivas de este libro, pero varias de ellas nos regalan los mejores momentos de su lectura. “Los que se marchan de Omelas”, que también podría englobarse en esta escala narrativa, queda como uno de los relatos más impactantes de toda su creación literaria. Una historia que comienza siendo muy descriptiva, florida, aparentemente vana y utópica, pero que se precipita hacia un final que arrolla al lector dejándole sin aliento, planteándole infinidad de preguntas: ¿Cuál es el coste de nuestra felicidad –o comodidad vital, si se prefiere– actual?

Los personajes que pueblan esta compilación no pueden ser más dispares. Si en “Dirección de la carretera” el narrador mismo de la historia es un árbol que nos detalla su vida al pie de una autopista, en unas tenemos como protagonistas a curiosos científicos incomprendidos, o en otras a un grupo de expedicionarios galácticos compuesto por una panda de perdedores sociópatas (“Más vasto que los imperios y más lento”) que bien podría recordarnos en un principio a ciertas flotas espaciales famosas. Por cierto, que ambos relatos anteceden las filias de su artífice hacia el entorno natural y la ecología, cuestiones posteriormente tratadas en su bibliografía, como por ejemplo en El nombre del mundo es bosque.

Pero desde luego que también hay un lugar para aquellos cuentos establecidos sobre la ciencia ficción más pura, como en “Nueve vidas” (que, explorando los esquemas de la clonación humana, roza levemente los hilos del terror psicológico) o el formidable –para gusto del que escribe–, aunque algo confuso al comienzo, “El rey de Invierno”. Quien lea este último no podrá evitar la tentación de probar suerte con La mano izquierda de la oscuridad, en cuyo mismo mundo está basado. Y si uno de los elementos estrella de esta temática es el del viaje en el tiempo y el espacio, no faltan tampoco, siempre bajo la peculiar percepción de la autora, argumentos que lo abordan, por ejemplo en “Abril en París” o “El viaje” (mental en este caso, bajo los efectos alucinógenos de las drogas).

Para concluir esta relación de cuentos y dado que entre las preocupaciones esenciales de Le Guin se descubren las reacciones humanas ante discusiones sobre religión o política, así como el modo en que el individuo interviene en estas facetas universales de la vida, ponemos el punto final a este repaso con “Campo de visión”, una suerte de atrevida pataleta teológica, y el relato con el que se cierra el volumen: “El día anterior a la revolución”. Estas líneas embrionarias de las ideas en torno al anarquismo más idealista que (no es un secreto) la autora siempre ha defendido, muestran el ocaso de la mujer impulsora del sistema que aparece ya instaurado en el planeta donde tiene lugar Los desposeídos, una de sus obras más ensalzadas.

¿Me habré dejado llevar en exceso por un trato de favor hacia Ursula con estos textos creados durante sus años como escritora primeriza? Es posible. Uno podrá estar más o menos de acuerdo acerca de su visión global sobre temas que abarcan disciplinas tan diversas como la antropología, la sexualidad, la religión, la psicosociología, los problemas de la sociedad contemporánea... pero lo que ya queda patente desde sus inicios en el mundo de las letras, reflejado en este tomo, es que posee un admirable estilo personal, con un sentido literario de la estética tan elevado que la convierten en uno de esos imprescindibles del género fantástico que hay que leer al menos una vez en la vida.

Así que... ¿por qué no empezar por esta selecta recopilación de cuentos (algunos de los cuales recibieron, entre otros, los premios Hugo y Nebula) que ahora tenemos la ocasión de leer nuevamente? Relatos cortos, entre las cinco y veinte páginas, que poseen un contenido profundo, a menudo enigmático, casi siempre inspirador. Personajes ricos y carismáticos, definidos con unos pocos trazos. Mundos inverosímiles y a la vez tan cercanos al nuestro que arrojan preguntas inquietantes. Quienes se dejen atrapar por su esencia, serán seguidores de Le Guin para siempre. Y los que no, al menos habrán descubierto una forma diferente de hacer fantasía y ciencia ficción que seguro no les habrá dejado impasibles. Para terminar, creo que es interesante enlazar con la entrevista más reciente en un medio español, que la autora concedió hace ahora casi un año a Jacinto Antón para el diario El País.

5 comentarios

Para los que os haya llegado el anterior comentario, eliminadlo de vuestra mente. He tenido una ida de olla grandiosa. xD

Con respecto a esta autora, no me avergüenza decir que me quedé en el segundo de Terramar, el de Las Tumbas de Atuán, y que me resultó tan denso que se me quitaron las ganas de seguir leyendo nada escrito por ella. Es cierto, es injusto juzgar la labor de un escritor por un par de libros, pero supongo que no me pilló en un momento muy lúcido. Por lo cual declaro que la presente reseña me ha servido para motivarme de nuevo con ella y darle otra oportunidad, a ver que tal va la cosa. ^^

Yo tengo la edición publicada por Edhasa. Me la compré hace bastantes años, y aún no me la he leído. También tengo en bolsillo los dos volúmenes de "Terramar". Tampoco me los he leído. ¡Están echando raíces en la estantería! A ver si con tu reseña me animo y empiezo (algún día) por estos relatos cortos.

Gracias por tu excelente reseña, Jolan :)

Es justo eso a lo que me refería al comienzo del artículo, Cyram. Hay mucha gente a la que Le Guin se le hace espesa: es una autora que o te encanta o no se puede con ella. No te culpes porque no te haya cautivado; simplemente tiene un estilo narrativo que no a todos los seguidores de la fantasía les cuaja. Te animaría a probar con los relatos cortos, pero la verdad que si Terramar no te ha enganchado (que, para mí, es de lo mejorcito que ha escrito en el campo del fantástico), será mejor que la dejes de lado. ¿O quizá algo de ci-fi de ella te atraiga más..? No sé, cuestión de tantear, supongo. :)

Belz: si tienes Terramar, comienza por esa saga cuando decidas embarcarte en Le Guin. Allí se condensa lo esencial del estilo de la autora y comprobarás si va contigo o no. Si lo haces por estos relatos, aunque algunos sean ideas preliminares de sus obras posteriores, quizá te pueda saber raro este volumen. No obstante, tampoco es mala opción al ser cuentos cortitos. Ya me contarás qué tal. ;)

Pues pensando en lo que me has dicho Jolan... quizás debería tantearla con la ci-fi... ^^ ¡gracias!

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