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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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5 de septiembre de 2013

Reseña: «Las doce moradas del viento», de Ursula K. Le Guin

Título original: The Wind's Twelve Quarters.
Edición: 352 págs. Literatura Fantástica RBA, marzo 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 18 € (rústica con solapas).
Traducción: Maria Elena Rius Pastor.
Temática: Ciencia-ficción.
Correlación: Recopilación independiente de relatos.


Hablar de Ursula K. Le Guin es hacerlo de una escritora que, a sus 83 años de edad, tiene ganado un indiscutible puesto de honor en el Olimpo de los autores de la fantasía y la ciencia ficción. Es cierto que su exclusivo estilo, donde la novela echa raíces en géneros como la poesía o el ensayo, a los que también ha dedicado parte de su carrera, puede no resultar del gusto de todo lector que cultive sus intereses en el fantástico. Pero nadie sería capaz de revocarle a la californiana su condición de uno de los nombres más influyentes del siglo XX en el campo de la ficción literaria.

De un tiempo a esta parte hemos venido observando cómo se reeditaban sus obras completas, o casi, tal vez como síntoma del intento por cubrir el vacío editorial al que la Le Guin nos ha relegado en los últimos años. Unas pocas editoriales, en particular Minotauro, la han mantenido tenazmente y con mimo en su catálogo al ofrecernos periódicas nuevas tiradas o ediciones ómnibus de algunos de sus títulos más emblemáticos (con la excepcional serie de “Terramar” o los distintos libros que componen el ciclo del Ekumen o Hainish siempre en cabeza), a los que se han ido añadiendo otros de más reciente creación, tales como la “Saga de la Costa Oeste” o el volumen independiente, de pinceladas mitológicas, Lavinia.

"Una brillante mujer a la que basta conceder un poco de atención para darse cuenta de su enorme porvenir"
La colección Literatura Fantástica RBA se une ahora a quienes prestan voz a la autora en nuestro país, y hace aproximadamente un año publicaba una selección donde se integraban dentro de un único volumen sus tres primeras novelas del Ekumen (El mundo de Rocannon, Planeta de exilio y Ciudad de ilusiones), algunas de las cuales yacían desde hace largo tiempo fuera de nuestro mercado, facilitando así a los aficionados el acceso a las primeras entregas del corpus principal de su producción en la vertiente más orientada a la ci-fi. No son las historias más renombradas de este ciclo, que tiene en La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos sus títulos más simbólicos, pero sin lugar a dudas el lector encontrará en ellas un delicioso repertorio de una brillante mujer a la que basta conceder un poco de atención para darse cuenta de su enorme porvenir en el momento de elaborarlos.

Precisamente, la antología que nos ocupa –nueva y afortunada incursión de la colección de RBA en la prosa de Ursula– ahonda de nuevo en sus primeros pasos al dar cabida a un conjunto de textos primitivos, redactados entre 1963 y 1974, que constituyen el auténtico germen de las que se convertirían en sus obras maestras años después. Claves para comprender las motivaciones e inquietudes que la conmueven, así como para ampliar la dimensión de sus postreras publicaciones, estos diecisiete relatos de fantasía y ciencia ficción marcan una línea de partida que resulta igual de apta tanto para aquellos que se inician en el recorrido de su obra, como para quienes ya han tenido la fortuna de paladear sus trabajos más importantes y conocidos.

Las doce moradas del viento aporta así, en palabras de la escritora, «una revisión cronológica aproximada de los cuentos que escribí en la década que siguió a mi irrupción en las letras de molde», anticipando en buena medida las ideas que acabaría por plasmar en algunos de sus best sellers y que llevaban ya un tiempo bullendo en su cabeza. No se trata, lógicamente, de un resumen completo y exhaustivo de sus primeros manuscritos, pero sí de una muestra bastante representativa de un estilo en ciernes que ya por entonces apuntaba señales claras de pericia en el oficio.

Con Le Guin se produce frecuentemente cierta controversia al enmarcar sus escritos en un campo u otro del género, según sus distintas vertientes. Si algunas de sus publicaciones de mayor renombre, como “Terramar”, se inscriben claramente dentro de la fantasía (la popular saga de Ged no omite detalles en cuanto a espectros, magia o dragones), no faltan voces discrepantes debido al tono lírico y carente de acción que la definen. Más crítico todavía es ese rasgo en cuanto a sus relatos de ciencia ficción (desdeñados incluso por ciertos sectores), que se sirven de los matices más puramente científicos y tecnológicos del subgénero para centrarse en narrar historias afirmadas en lo social y psicológico.

Claro que, en realidad, nada de esto último es relevante. Porque cuando uno empieza a leer a Ursula K. Le Guin se dejan de lado todas estas consideraciones para sumergirse en su apasionante y singular punto de vista de las cosas. Pero no deja de ser significativo que la autora haya huido en general de los tópicos más arraigados y posea una personalidad literaria libre de esas ataduras. Pues bien, en esta antología que navega entre los dos campos citados, vemos ya claramente indicios de esa tendencia a desmarcarse de los cánones más comunes y recurrentes.

Pero vamos a lo que realmente nos importa, que es el contenido propiamente dicho de esta apreciable selección de textos. Tras un acertado y lúcido prólogo de Rosa Montero, nos embarcamos en el primer relato, El collar de Semley, más cercano a la fantasía de lo que parece sugerir inicialmente. Este capítulo ya sirvió de introducción en si misma de anteriores ediciones de El mundo de Rocannon, primera novela de la autora, y por más que se apunta como uno de los más flojos del conjunto, lo cierto es que a mí me parece que la combinación de estilos y la fuerte expresión de su protagonista hacen de ella una historia sublime, poderosa, melancólica. Con un precedente tal, uno piensa que lo que sigue no puede sino ser de una calidad formidable. Ciertamente no todos los cuentos están a la misma altura, e incluso hay algunos que diría mediocres (“Un viaje a la cabeza” es raro a más no poder), pero desde luego encontraremos una buena cantidad de ellos de los que extraer una valoración muy alta.


“La palabra que desliga” y “El poder de los nombres” suponen un primer acercamiento al maravilloso mundo de “Terramar”, con el que Le Guin alcanzó más tarde los laureles en el terreno fantástico y donde se asientan algunos de los aspectos fundacionales del archipiélago y de sus señas de identidad. El segundo, en concreto, resulta especialmente ocurrente e inesperado por el giro de su desenlace, así como la familiaridad con las aventuras de Gavilán.

"Uno de esos imprescindibles del género fantástico que hay que leer al menos una vez en la vida"
En la categoría de lo que la escritora estadounidense define como psicomitos, o relatos que tratan de explicar realidades trascendentes y hondos dilemas por medio de parábolas un tanto difusas, dejándonos llegar a nuestras propias conclusiones, se enclavan relatos como “La caja de oscuridad”, “Cosas” y otro par de cuentos semejantes en su concepción de lo científico: “Los maestros” y “Las estrellas en la roca”. Tal vez se trate de las líneas más borrosas y reflexivas de este libro, pero varias de ellas nos regalan los mejores momentos de su lectura. “Los que se marchan de Omelas”, que también podría englobarse en esta escala narrativa, queda como uno de los relatos más impactantes de toda su creación literaria. Una historia que comienza siendo muy descriptiva, florida, aparentemente vana y utópica, pero que se precipita hacia un final que arrolla al lector dejándole sin aliento, planteándole infinidad de preguntas: ¿Cuál es el coste de nuestra felicidad –o comodidad vital, si se prefiere– actual?

Los personajes que pueblan esta compilación no pueden ser más dispares. Si en “Dirección de la carretera” el narrador mismo de la historia es un árbol que nos detalla su vida al pie de una autopista, en unas tenemos como protagonistas a curiosos científicos incomprendidos, o en otras a un grupo de expedicionarios galácticos compuesto por una panda de perdedores sociópatas (“Más vasto que los imperios y más lento”) que bien podría recordarnos en un principio a ciertas flotas espaciales famosas. Por cierto, que ambos relatos anteceden las filias de su artífice hacia el entorno natural y la ecología, cuestiones posteriormente tratadas en su bibliografía, como por ejemplo en El nombre del mundo es bosque.

Pero desde luego que también hay un lugar para aquellos cuentos establecidos sobre la ciencia ficción más pura, como en “Nueve vidas” (que, explorando los esquemas de la clonación humana, roza levemente los hilos del terror psicológico) o el formidable –para gusto del que escribe–, aunque algo confuso al comienzo, “El rey de Invierno”. Quien lea este último no podrá evitar la tentación de probar suerte con La mano izquierda de la oscuridad, en cuyo mismo mundo está basado. Y si uno de los elementos estrella de esta temática es el del viaje en el tiempo y el espacio, no faltan tampoco, siempre bajo la peculiar percepción de la autora, argumentos que lo abordan, por ejemplo en “Abril en París” o “El viaje” (mental en este caso, bajo los efectos alucinógenos de las drogas).

Para concluir esta relación de cuentos y dado que entre las preocupaciones esenciales de Le Guin se descubren las reacciones humanas ante discusiones sobre religión o política, así como el modo en que el individuo interviene en estas facetas universales de la vida, ponemos el punto final a este repaso con “Campo de visión”, una suerte de atrevida pataleta teológica, y el relato con el que se cierra el volumen: “El día anterior a la revolución”. Estas líneas embrionarias de las ideas en torno al anarquismo más idealista que (no es un secreto) la autora siempre ha defendido, muestran el ocaso de la mujer impulsora del sistema que aparece ya instaurado en el planeta donde tiene lugar Los desposeídos, una de sus obras más ensalzadas.

¿Me habré dejado llevar en exceso por un trato de favor hacia Ursula con estos textos creados durante sus años como escritora primeriza? Es posible. Uno podrá estar más o menos de acuerdo acerca de su visión global sobre temas que abarcan disciplinas tan diversas como la antropología, la sexualidad, la religión, la psicosociología, los problemas de la sociedad contemporánea... pero lo que ya queda patente desde sus inicios en el mundo de las letras, reflejado en este tomo, es que posee un admirable estilo personal, con un sentido literario de la estética tan elevado que la convierten en uno de esos imprescindibles del género fantástico que hay que leer al menos una vez en la vida.

Así que... ¿por qué no empezar por esta selecta recopilación de cuentos (algunos de los cuales recibieron, entre otros, los premios Hugo y Nebula) que ahora tenemos la ocasión de leer nuevamente? Relatos cortos, entre las cinco y veinte páginas, que poseen un contenido profundo, a menudo enigmático, casi siempre inspirador. Personajes ricos y carismáticos, definidos con unos pocos trazos. Mundos inverosímiles y a la vez tan cercanos al nuestro que arrojan preguntas inquietantes. Quienes se dejen atrapar por su esencia, serán seguidores de Le Guin para siempre. Y los que no, al menos habrán descubierto una forma diferente de hacer fantasía y ciencia ficción que seguro no les habrá dejado impasibles. Para terminar, creo que es interesante enlazar con la entrevista más reciente en un medio español, que la autora concedió hace ahora casi un año a Jacinto Antón para el diario El País.

septiembre 05, 2013y

25 de julio de 2013

Reseña: «Trueque mental», de Robert Sheckley

Título original: Mindswap.
Edición: 198 págs. Literatura Fantástica RBA, abril 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 17 € (rústica con solapas).
Traducción: Nieves Gamonal.
Temática: Ciencia ficción, humor satírico, surrealismo.
Correlación: Independiente.


¡Grumetillos, pillad una toalla y vuestra guía de autoestopista galáctico, que nos vamos por esos universos de Dios a liarla parda! Uys, no. Espera. ¿Eso no es con otra novela? No importa, para el caso, es lo mismo. De la mano, o la mente, de Marvin Flynn, un anodino habitante de la Tierra, nos vamos a meter de cabeza en una disparatada historia sobre intercambio de cuerpos y la levedad del ser, que tiene miga el asunto. Esta es una de esas novelas que te gustan o no, sin término medio. Yo aún no sé en qué bando me sitúo. En ocasiones, me veo recordando el libro mientras ando por la calle, riéndome tontamente o rumiando algunas de las verdades que suelta, y otras no paro de pensar “¿pero qué demonios…?.” Lo que es impepinable es que este libro va a generar reacciones, para bien y para mal, por lo que considero que es una lectura interesante, de esas que persisten en tu cabeza aún varios días después de haberla leído, machacona, sorprendente, molesta, desesperante… ¡Vamos, que indiferentes no os vais a quedar!

¿Qué nos vamos a encontrar en Trueque mental? Podríamos decir que una disparatada historia sobre un turista terrestre que, por accidente, extravía su cuerpo, y va saltando de raza alienígena en raza alienígena, en una carrera contrarreloj contra su misma existencia. Digamos que iremos yendo de situaciones de aparente normalidad, como la aburrida y cotidiana vida de una persona común en una ciudad periférica de Norteamérica, a escenas del surrealismo más alegórico y metafísicamente absurdo, llegando a alcanzar cotas de verdadera incomprensión lectora, especialmente los últimos capítulos, que son como un viaje psicodélico y onírico westeriano a ninguna parte, sin pies ni cabeza, sin estructura, sin anestesia, vamos. 

Portada: McMillan

Lo grandioso de Scheckley es que todo esto lo hace con un dominio del lenguaje y la estética de los escenarios brutal, y, aunque al principio parece que hay cierta conexión con el lector, después toma una vía distinta y queda la sensación de quedarnos totalmente excluidos de la lectura, como si al autor, de pronto, le diera igual o no que le estuviésemos acompañando en el viaje de Marvin por las galaxias, entrando en una vorágine surrealista total, incomprensible, llena de teorías propias tales como “la deformación metafórica”, “la teoría de búsquedas” o “el mundo retorcido”, que pueden llegar a ocupar varias páginas de explicación sinsentido lógico real, o no. Llegados a este punto, recomiendo usar lápiz y papel, porque es llegar al final de la quinta página de explicación y volver al principio, ¡palabra!

Quiero decir con todo esto que aunque parezca un libro de fácil lectura, y lo es durante una gran parte, el último tramo es de órdago. Además, soterrado entre todas estas capas de humor absurdo y satírico, hay muchísima crítica social sobre el individualismo al que estamos yendo abocados (estamos más conectados que nunca al prójimo, pero no levantamos la vista del teléfono para ver que pasa a nuestro alrededor, y da escalofríos al pensarlo fríamente), la estupidez humana, la burocracia, la justicia y los sistemas legales, la empatía por los demás y el qué pasa cuando, literalmente, nos metemos en la piel de otro.

¿Qué pega podría encontrarle a la novela? Quitando el grado más o menos surrealista descabellado que llega a alcanzar en la última parte, y que para gustos, mil colores, lo único que se le podría achacar a la novela es que ha quedado un poco desfasada en nuestros días. Sheckley la publicó en 1965, y ciertos conceptos que deberían haber causado un poco más de desconcierto o maravilla en el lector, los tenemos más que asumidos. En ese aspecto, no ha envejecido muy bien.


Robert Sheckley

Tengo que partir una lanza a favor de la traducción de Trueque mental. Si en ocasiones, leerla y sacar lo que tenía entretejido el mensaje es una cuestión titánica, no quiero ni imaginar lo que habrá supuesto tener que traducir semejante texto, en los que en ocasiones, no había ni pies ni cabeza, ni tampoco por donde cogerlo. No hablo de que gramaticalmente sea caótico, Sheckley es un maestro, sino por los berenjenales mentales en los que termina sumergido el autor. Creo que la traducción es fantástica y se merece un gran, pero que un gran y merecidísimo aplauso. Haber sobrevivido a los juegos de palabras, los dobles sentidos, el humor satírico sinsentido, las teorías absurdas y caóticas… ¡plas, plas, plas! En cuanto a la edición, ya sabéis que mimo tiene RBA Libros con esta colección de fantasía y ciencia ficción. ¡Me chifla! Y esas portadas de Alejandro Colucci, son de lo mejor de lo mejor.

Resumiendo, Trueque mental, de Robert Sheckley, es una novela ágil y refrescante en ocasiones, que puede tener una primera lectura superficial como historia absurda de aventuras en el espacio, y una segunda lectura, más atenta y profunda, con gran carga de crítica social y mucha, muchísima ironía. Desde luego, puedo deciros que no os dejará indiferentes, la amaréis o la odiareis, o una semana después, seguiréis sin decidiros. ¡Disfrutadla!

Podéis leer un avance en la web de Literatura Fantástica RBA.

julio 25, 2013y

28 de junio de 2013

Reseña: «Las sucias calles del cielo», de Tad Williams


"Un ángel completamente alejado de su clásica representación pura, inocente, y cargado de una lealtad y una fe ciega"
Un detective buscando información en un barrio marginal, una gabardina arrugada y algo descuidada que oculta una Smith & Wesson del 38, una conspiración urdida por grandes personalidades y un tugurio de mala muerte donde nuestro protagonista ahoga sus penas con compañeros de profesión. Vaya, cualquiera diría que estamos hablando de una típica novela negra en la que no vamos a encontrar nada diferente. Sabemos que habrá violencia, sexo y un lenguaje propio del camionero de la más baja estofa. Veremos cómo nuestro detective tiene que dormir en los moteles más destartalados de la ciudad y cómo tendrá que acudir a informadores con un pasado bastante peculiar para poder conocer más detalles de la investigación, que como en casi todas las novelas del género, pone en peligro su propia supervivencia.

Hasta aquí creo que todos los que seáis amantes de la novela negra no tendréis ningún aliciente para empezar a leer Las sucias calles del cielo. Pero... ¿y si os digo que el escritor es Tad Williams, que es su primera  novela del género y que el personaje protagonista es un ángel? Ahora quizás estoy empezando a despertar levemente vuestra curiosidad, pero dejadme que tire un poco más de la cuerda.¿Si encima os digo que su oficio no es ser investigador privado, si no que es un "abogado celestial" que tiene que defender las almas de los fallecidos recientes frente a la llamada Oposición, y que ésta está formada por demonios? Es posible que estéis pensando en "echarle un ojo al libro", pero me gusta meterme de lleno en faena, por lo que voy a poner toda la carne en el asador. ¿Os pensáis qué revuelo podría causar tanto en el Cielo como en el Infierno que todas esas almas por las que se pelean los dos bandos de repente decidan no presentarse a su "juicio por la eternidad"? Estoy plenamente convencida de que a estas alturas querréis no sólo leer el libro sino que lo haréis como yo en un tiempo récord. Me dedicaré pues a comentaros ahora por qué me ha encantado y cuáles son las razones –aparte de las que ya os he dado– que justifican que no solo  lo leáis sino que queráis regalárselo a vuestras mejores amistades para que conozcan los azares del buen Bobby Dollar, nuestro alado protagonista.


Inicialmente no estaba muy segura de si el libro me gustaría o no. Ya he comentado en otras ocasiones que soy bastante cerrada en cuanto a los géneros que toco en mis lecturas, algo que últimamente estoy tratando de corregir de la forma más ardua posible. Es cierto, es Tad Williams, pero no soy de la opinión por la cual considere que todo lo que da a luz un renombrado escritor, llámese este como se llame, tenga que ser un diamante en bruto o algo que cambie mis percepciones sobre tal o cual género, sea este el que sea. Lo que busco en una novela, aparte de que me divierta, es que intente mostrarme algo que no sea lo típico. Conste que no he utilizado la palabra tópico. He tenido entre mis manos libros cargados de tópicos de verdaderos grandes escritores y he disfrutado como la que más, pero en ocasiones lo que necesito es algo que me pulse la patata y me haga entusiasmarme por lago nuevo. A todos os habrá pasado, que habéis leído tantas cosas una tras la otra, que a la hora de echar cuentas sobre las horas invertidas en la tarea, no conseguís sacar nada en claro y os percatáis, no sin cierto asombro, que realmente ha habido pocas cosas que os hayan motivado de verdad o que lo hayan hecho como cuando comenzasteis a amar la literatura. En mi caso reconozco que las dos últimas cosas que he tenido el placer de leer, me han motivado de formas totalmente distintas la una a la otra, siendo capaces de llegar a ese rinconcito recubierto con una gruesa capa creada a base de leer cosas con las que quizás un "alzamiento de hombros" y un "no está mal" sean bastantes elocuentes para reflejar mi entusiasmo con ellas.

Es muy posible que los títulos de los capítulos como por ejemplo: "Algo diferente de lo que enseñan en catequesis" o "Boom Boom" sean una de las cosas que ya predisponen al lector para asimilar que va a leer algo que no está dentro de la normalidad. Cada uno de ellos apuntan hacia algo de lo que podemos encontrar dentro de esos capítulos, pero no siempre será de la forma en la que creamos inicialmente. Evidentemente, algo así hace que cada avance en el libro sea un reto que Tad Williams te lanza a ti, para que intentes averiguar lo que va a suceder y para el propio Bobby Dollar, el cual os aseguro que le encantaría vengarse del autor si pudiese salir del libro y hacerse realidad –aunque ahora que lo pienso, nadie asegura que no lo sea...–. Además de la propia mitología que rodea al mismo Cielo y el Infierno, también podremos ver como en la historia aparecen todo tipo de personajes y seres curiosos, como una pareja de abuelas inglesas de principios del siglo XX que se dedica a vivir su condena en el Purgatorio en forma de fantasmas, un hombre que intentó jugar al más puro estilo de Fausto con los poderes de la Oposición y terminó convertido en una especie de hombre-cerdo, y algún que otro sujeto, en este caso un asiático albino con un traje cinco tallas superior a la suya, difícil de situar en ningún tipo de leyenda urbana y que tiene por costumbre bailar mientras habla de una forma un tanto perturbadora.


Como podréis comprobar, esta novela puede homenajear en cierta forma a series de cómic tan antiguas como Hellblazer, en el que el protagonista es un mago-exorcista que tiene que enfrentarse a hordas demoníacas e investigar ciertos sucesos escabrosos, con un tono muy propio del mismo Jim Butcher, con su serie de novelas del investigador Harry Dresden, pero siempre manteniendo intacto el estilo del que ha sido siempre famoso Tad Williams. Da igual que esta haya sido su primera obra dentro de la novela negra o de fantasía urbana, considero que ha sabido captar su estilo y la atención sobre la historia gracias a que todo nos será narrado por el propio Bobby Dollar en primera persona. Cargado de descripciones realmente impresionantes pero sin llegar al empacho, el autor es capaz de mostrarnos la personalidad del protagonista como el de un ángel completamente alejado de su clásica representación pura, inocente, y cargado de una lealtad y una fe ciega. Nuestro abogado será un ángel acostumbrado a hollar el plano material, al que le encantarán todos los vicios que hacen de los humanos lo que son. El alcohol, alguna que otra droga, el tabaco y alguna que otra relación íntima esporádica con alguna compañera de trabajo. Veremos que se planteará miles de porqués en relación tanto al Cielo como al Infierno, convirtiendo el caso que le trae entre manos en una prueba de fuego para sus convicciones y una forma de introspección que le ayudará a conocerse un poco más así mismo.

En definitiva, otro trabajo brillante de Tad Williams que nadie debería perderse y el cual recomiendo. Más que nada porque es una forma de intentar adentrarse en un género tan vasto como es el de la novela policíaca que no hay que dejar pasar de largo, ya que este primer volumen es autoconclusivo.

LAS SUCIAS CALLES DEL CIELO
The Diry Streets of Heaven
Literatura Fantástica RBA, junio de 2013.
Domingo Diego de los Santos, por la traducción.
432 páginas, 20 € (7,99 € en electrónico).
Fantasía urbana, género negro.
Primera entrega de la "Trilogía de Bobby Dollar", pero de carácter autoconclusivo.


Bobby Dollar es un ángel que sabe más sobre el pecado de lo que debería por su misión como abogado de las almas atrapadas entre el Cielo y el Infierno. Cuando las almas de los que acaban de morir empiezan a desaparecer, tomando por sopresa tanto al Cielo como al Infierno, las cosas empiezan a ir muy mal. Tanto como para anunciar el fin del mundo. Atrapado entre las furiosas fuerzas del Infierno, la arriesgada y peligrosa estrategia de su propio bando, y un alma monstruosa y vengativa que le persigue para arrancarle la cabeza, Bobby va a necesitar la ayuda de todos los amigos que pueda conseguir en el Cielo, en la Tierra y en cualquier otro lugar. Nunca nos habíamos encontrado con un ángel como Bobby, ni él se podía imaginar que el fin del mundo podía llegar a ser semejante pesadilla.

Tad Williams se adentra en el género de la fantasía urbana con un éxito enorme, y obtiene como resultado esta novela mezcla de fantasía, espionaje y aventuras que hará disfrutar a un gran número de lectores.

junio 28, 2013y

6 de mayo de 2013

Reseña: «Los caballos celestiales», de Guy Gavriel Kay


» Guy Gavriel Kay resume de manera 
impactante toda la dinastía Tang



Hace unas cuantas semanas, terminé de leer Los caballos celestiales, uno de los primeros títulos publicados por la colección Literatura Fantástica RBA en septiembre del año pasado. La razón de que no haya hecho la reseña hasta hoy se debe a que quizás me cueste más trabajo hablar sobre un libro que no me ha entusiasmado mucho que no sobre otro que sí lo haya hecho. No obstante, dejadme explicaros esto, pues no quiero adelantaros acontecimientos.

"El protagonista de nuestra historia es Shen Tai, hijo del general Shen Gao, un verdadero héroe de guerra"
Todos sabréis que la trilogía de fantasía épica "El tapiz de Fionavar" lanzó al estrellato la carrera de Guy Gavriel Kay como escritor. Posteriormente escribió otra novela, ésta autoconclusiva, titulada Tigana, sobre la cual hay muchas personas que la consideran entre las mejores obras de fantasía jamás escritas. En este espacio hemos reseñado la obra, por lo que quien tenga curiosidad le animo a que entre en este enlace y la lea. Lo sorprendente de su evolución como autor es que no prosiguió en la línea de la fantasía pura y dura, sino que se decidió por evolucionar dentro de un subgénero de la fantasía como tal llamado fantasía histórica. Tras haber acudido a algunos certámenes de novela histórica y tras haber leído bastantes cosas de fantasía propiamente dichas, me he planteado cuáles podrían ser las diferencias entre los libros de Guy Gavriel Kay o los de otros autores que toman también la historia como un referente para llevar a cabo sus tramas. Para los que os guste la novela histórica, tendréis que asumir que el autor toma como referencia un determinado periodo histórico y a ciertos personajes, pero a los que luego cambiará el nombre y tratará de adaptar de la mejor forma posible a los acontecimientos para poderos explicar, como ha sido en este caso, el final de la Novena Dinastía, la Dinastía Tang y cómo dio lugar a un nuevo periodo histórico llamado Las Cinco Dinastías y los Diez Reinos.

Evidentemente, Kay se plantearía en su momento qué podría ser mejor, hacer una novela histórica seria, con los nombres de los protagonistas tal y como fueron en realidad, dedicándose a realizar una ardua labor de investigación para hacer coincidir las ciudades y algunas villas con sus localizaciones actuales, para quizás llenar todo el libro de notas a pie de página y una bibliografía interminable al final, o directamente utilizar los datos históricos como un pretexto para narrar una buena aventura. Según he podido comprobar, decidió escoger la segunda opción, para mi gusto la que mejor podría haber escogido, ya que enfrentarse a una carga de documentación tan intensa como la que pudo tener la Dinastía Tang –a la cual se le ha otorgado el privilegio de abanderar una época dorada para el comercio, la literatura y el arte–, podría haber sido realmente inabarcable. Si aún no tenéis una idea aproximada de qué es lo que supuso este periodo para el mundo en general, fijaros en que hasta el cine se ha hecho eco de esta época con películas como La casa de las dagas voladoras o La maldición de la flor dorada.


Antes de empezar a comentaros más cosas sobre el argumento de Los caballos celestiales, permitidme que os revele un dato que puede tener mucha relevancia a medida que vayáis leyendo el libro. El título original es Under Heaven, lo que viene a ser "Bajo el Cielo". Es cierto que en español el nombre habría quedado un poco raro, pero creo que aún así habría sido mejor que el que se ha elegido, ya que a lo largo de toda la historia no veremos que los llamados "caballos celestiales" tengan una especial relevancia, por lo que este nombre nos puede llevar a error. No obstante, el título en inglés sí que nos hace mención a algo que saldrá de forma recurrente en el libro, que nos resumirá de forma realmente impactante toda la Dinastía Tang y que además hará hincapié en la nobleza y la aristocracia en general. "Bajo el cielo" es como se denomina a la familia imperial y a todos los que orbitan en su entorno. Es por lo tanto una descripción mucho más precisa de los acontecimientos que iremos descubriendo a medida que avancemos en la lectura.

"Animales que alcanzarían el rango de místicos dentro de la mitología china por su resistencia y sus aptitudes, han sido retratados incluso en grandes excavaciones de la época Tang"
El protagonista de nuestra historia es Shen Tai, hijo del general Shen Gao, un verdadero héroe de guerra. A la muerte de éste, cada uno de los hijos del general correrá una suerte distinta, formando así los hilos conductores de tres tramas diferenciadas que poder seguir a lo largo de la narración. Hundido por la pena y agobiado por las obligaciones tan estrictas de la gran ciudad, Tai decide pasar su duelo en el valle de Kuala Nor, un lugar en el que los muertos yacen insepultos con sus huesos brillando bajo el sol. Pese a que todos los que le conocieran pudieran pensar que cada vez que enterraba a uno de esos huesos sin nombre enterraba a su padre, no sabían que por las noches los muertos que aún no habían sido atendidos por el hijo del general gemían su pena a los cuatro vientos clamando por descansar finalmente bajo tierra. Como recompensa, la Emperatriz decidirá hacerle un verdadero regalo: doscientos cincuenta caballos de la lejana Sardia, a cobrar por él en persona por su labor a la hora de darle sepultura a tantas almas en pena, ya fueran del enemigo o de su propia patria.


Inicialmente todo parece ir bien, hasta que todos los poderes activos en el imperio Kitan –que es como se llama al imperio poseído por la Novena Dinastía– desean hacerse con los caballos para distintas maniobras políticas. Estos, verdaderos animales que alcanzarían el rango de místicos dentro de la mitología china por su resistencia y sus aptitudes, han sido retratados incluso en grandes excavaciones de la época Tang, por lo que os podréis hacer una idea del lío en el que meten a nuestro personaje. Un estudiante para los exámenes de mandarín realmente pésimo, un soldado que únicamente dirigió una vez a un pelotón en una ocasión y de cuya experiencia no resultó nada contento consigo mismo y un estudiante de la Montaña del Tambor de Piedra al que expulsaron porque tenía problemas para seguir las normas.Como podréis comprobar, nuestro protagonista no es un "héroe" típico, como el que podríamos encontrar en otras novelas de un corte un tanto más clásico, por lo que quizás personalmente esperaba que el libro fuese algo más parecido a El reino prohibido, no una descripción tan fidedigna del final del periodo de los Tang.

Para mi gusto quizás le falte algo a Los caballos celestiales, ya que considero que tiene un final un tanto precipitado. Es posible que Guy Gavriel Kay estuviese presionado por la entrega de la obra o quizás lo que le ocurrió es que no supo cómo encajar los destinos de nuestros tres protagonistas en el comienzo de Las Cinco Dinastías y Los Diez Reinos, como en el caso de nuestro querido An Li "Roshan", al que considero que le da un corte bastante brusco en cuanto a su trama se refiere. No creo que se deba de dar a entender al lector que un personaje es de "x" manera y que de repente, le cambies completamente su rol de la forma más absurda, en mi opinión. El caso es que a mi particularmente me pareció entretenida, pero quizás me habría esperado que el tema fantástico, encarnado por el personaje de Meshag, la manada de lobos que le sigue, la magia de los chamanes, las mujeres zorro, los cisnes espías y los mismos muertos de Kuala Nor, no abarcase quizás doscientas páginas en total de las seiscientas y pico que tiene el libro. Al igual que las intrigas palaciegas, en las cuales creo que el autor se ha confiado mucho en su recreacionismo, ya que considero que una dinastía tan poderosa y a la vez tan corrupta como la Tang, no habría urdido traiciones tan evidentes como las que aparecen en la historia. Quizás les falte un poco de picardía a algunos personajes y otros es posible que si desapareciesen el lector no llegaría a notar su ausencia por la falta de atención que tiene el autor con ellos. Los grandes damnificados en mi opinión son los personajes llamados Bytsan Sri Nespo –al cual considero que se le podría haber dado un mayor protagonismo, ya que su fuerza argumental inicial era bastante considerable. Una pena que no aparezca más que en tres o cuatro páginas en el total de la historia– y Sima Zian, un poeta llamado "El Desterrado Inmortal", ya que el autor lo describe de una forma bastante cercana al papel que desarrolla Jackie Chan en la película que ya os he citado antes, El reino prohibido.

No quiero con esto dar a entender que el libro no me ha gustado, quizás me dejé influenciar demasiado por el título de Los caballos celestiales, ya que como bien os he dicho, en las excavaciones arqueológicas se les daba un valor casi mágico. Esta información, junto con las primeras escenas acontecidas en el entorno del valle de Kuala Nor, quizás me llevó a la errónea conclusión de que la historia sería más fantástica que no histórica, por lo que no descarto que ahora que sabéis esta información y que conocéis el auténtico título del libro, los amantes de la novela histórica podáis llegar a pasar un muy buen rato con la novela.


Título original: Under Heaven.
Edición: 616 págs. Literatura Fantástica RBA, septiembre 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 21 € (rústica con solapas).
Traductor: Francisco García Lorenzana.
Temática: Fantasía, histórica, dinastía Tang.
Correlación: Independiente.


El emperador Taizu de la Novena Dinastía gobierna sobre Kitai, el reino más rico y poderoso del mundo. Su poder se extiende gracias al empuje de sus ejércitos y a la burocracia de los mandarines, que han traído décadas de paz. En Kuala Nor, un campo de batalla en medio de las montañas, Shen Tai, hijo del difunto general Shen Gao, honra la memoria de su padre enterrando a los muertos, amigos y enemigos, de incontables batallas libradas en esa llanura. Los fantasmas le hablan por las noches, apenados o furiosos, hasta que entierra sus huesos y acalla sus voces. Por su labor recibe el fabuloso regalo de 250 Caballos Celestiales. Este regalo cambiará su vida y le lanzará al torbellino de las intrigas políticas y militares de finales del reinado del anciano emperador.

mayo 06, 2013y


 

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