Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

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Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

Russ Nicholson

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diciembre 09, 2013

Reseña: «El Vivo», de Anna Starobinets

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Título original: Живущий.
Edición: 384 págs. Nevsky Prospects, noviembre 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 24 € (rústica con solapas).
Traducción: Raquel Marqués García.
Temática: Ciencia ficción, distopía.
Correlación: Novela independiente.


Podría acabar esta reseña muy rápidamente. En realidad podría decir “leed todo lo que saque Anna Starobinets”, y seguramente sería la síntesis perfecta de la idea de fondo y el mejor consejo que podríais sacar de toda la parrafada que sigue. Pero como sería un poco arrogante por mi parte pretender que aceptéis esta conclusión sin llegar a argumentarla, ahí vamos...

Anna Starobinets (Moscú, 1978) quedó finalista en 2006 en el prestigioso premio Natsionalni Bestseller con su recopilación de relatos Una edad difícil (Nevsky Prospects, 2012), y que tuve el placer de leer el verano pasado. El relato homónimo es de los mejores y más perturbadores que he leído recientemente, y va directo a mi top diez personal de los mejores relatos de terror del siglo XXI. Starobinets, que parece encontrarse muy cómoda en la frontera entre el terror y la ciencia ficción (muchos de los relatos de aquella antología encajaban en ambos géneros) empieza a ser conocida como “La reina rusa del terror”; pese a ello, dos de los siete libros que lleva publicados van destinados al público infantil. Compagina su tiempo entre el trabajo periodístico (ha trabajado en el Gazeta.ru, en Argumenty i Fakty y en Expert; actualmente es reportera en el Russki Reporter) y su carrera como novelista y guionista. Yo la clasifico como uno de estos autores jóvenes a los que poco a poco empezamos a conocer y que sin duda marcarán la pauta en los próximos años, tales como China Miéville o Paolo Bacigalupi.

“La distopía se basa
en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera”

El Vivo, su novela más importante, toma el nombre del conjunto de la sociedad del futuro: tres mil millones de habitantes, ni uno más, ni uno menos. Tres mil millones de seres humanos que viven en el mejor de los tiempos posibles, habiendo logrado la inmortalidad (mediante un sistema simple y encantador; al morir, el sistema transfiere lo que podríamos llamar “el alma” de uno al cuerpo de un nonato), con plena libertad para vivir según les plazca y experimentar con todo lo que deseen en los niveles de consciencia ampliada de los que gozan gracias a la misma tecnología que les garantiza la vida eterna. Todos forman parte de “El Vivo”, son como sus células, partes pequeñas pero importantes de un enorme organismo. El sistema les permite estar en contacto constante, gracias a algo similar a un internet interiorizado: cada uno puede mantenerse ocupado en sus redes sociales simplemente en una segunda (o tercera, o cuarta) capa de consciencia. Este mismo sistema garantiza una educación de calidad (con bajarse un programa educativo directo a una de estas capas basta) y una “memoria” perfecta, puesto que las experiencias vitales se pueden almacenar igual que archivos en un PC y disponer de ellas –o eliminarlas– cuando plazca. Sin duda, algunos sacrificios se han tenido que hacer para llegar a tal situación ideal. En los tiempos previos a "El Vivo" hubo guerras, hambruna y plagas. Infinidad de especies animales perecieron, y las que sobreviven –vacas, perros, cerdos– están extremadamente protegidas en refugios especiales. Rehuyen, sin embargo, la humanidad; la presencia de cualquier humano les aterroriza. En cambio con los insectos parece que no hay problema –los insectos, especialmente los insectos “sociales”, parecen ser un tema recurrente en Starobinets– por lo que se los ha adoptado como mascotas.

Es en este sistema ideal nace Cero, un niño marcado con una peculiaridad única: está fuera del ciclo de reencarnaciones por las cuales cada ser humano es inmortal. Cuando uno muere en "El Vivo", no es más que una desconexión temporal, ya que renace al cabo de poco. Por ello no hay personas nuevas, salvo él. Cero se convierte en el mesías involuntario del cambio, en el profeta de los descontentos, muchos de los cuales ni siquiera eran conscientes de su descontento. Su sola existencia cuestiona el sistema. Pero Cero no tiene interés en destruir ni cambiar nada; Cero quiere encajar, quiere ser uno más. Por su peculiaridad, no se le conectó al nacer con el tejido virtual que conecta a todos los demás. Está solo. No puede compartir lo que los demás. Y las circunstancias le empujan a convertirse en lo que no quiere.

Muy resumido, esto es El Vivo. Pero como las capas de consciencia de sus protagonistas, se trata de una novela con muchas lecturas; la más reciente de una larga tradición de novelas distópicas.
La distopía se basa en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera; la advertencia, mostrando como “si esto sigue así...” las cosas pueden acabar muy mal. Y viendo como la mayoría de las distopías se centran en un protagonista enfrentado al horror de un gobierno totalitario, el totalitarismo debe ser el principal miedo de la sociedad. El totalitarismo significa, en última instancia, la pérdida absoluta de la voluntad individual; la sumisión completa a la voluntad de otros, unos líderes ocultos, que pueden disponer como se quiera de tu vida. Y a partir de aquí, quieras o no, convertirte en cómplice de sus actos y decisiones.

“La empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada”
Los protagonistas de una distopía suelen ser gente trágica, dividida entre la obediencia y el respeto a unas normas, y la disidencia que crece en su interior amenazando con convertirles en mártires. No siempre acaban bien, las distopías. Al fin y al cabo, de algún modo son un cuento de terror; enfrentan la esperanza del protagonista –y del lector– con “la dura realidad”; y es que al final, parece decir la moralina, es muy difícil romper un sistema, o salir de él (ninguna lo ejemplifica mejor que la durísima 1984 de Orwell). Mejor, por lo tanto, no llegar a crearlo. Mejor vigilar muy bien, estar atentos, para no despertarnos algún día en medio de una distopía, si es que no estamos ya en una.

Grandes ejemplos de este subgénero son 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley o Farenheit 451, de Ray Bradbury. Forman la sagrada trinidad de las distopías, y diría que todas ellas, de un modo u otro, forman parte de “El Vivo”. Elementos que trata el libro ya aparecían en aquellas. Hay sin embargo otra obra, mucho menos conocida, y que sería quizás el primer ejemplo auténtico del subgénero, que es la principal referencia de Starobinets; se trata de Nosotros, de Yevgeni Zamiatin. Publicada clandestinamente en 1921 (la primera edición legal Rusa no llegaría hasta 1988) Nosotros ya planteaba los grandes temas distópicos: control absoluto del estado, con represión a los disidentes, e incluso a los disidentes potenciales; destrucción de la intimidad (vigilancia continuada); el “yo” se diluye en el “nosotros”, destrucción completa de la individualidad, asignando incluso números a las personas, en sustitución de sus nombres.

La portada original rusa de la novela es inquietante.

Nosotros es pues la principal influencia de El Vivo, pero yo diría que no la única. La idea de la reencarnación como método para lograr la inmortalidad, de tal modo que cada niño nacido lleva la personalidad de un individuo muerto, el cual a la vez llevaba la de otro y así hasta el inicio del sistema, ya aparece en La ciudad y las estrellas de Arthur C. Clarke, y tratado de un modo bastante similar, con un niño “mesías” que nace sin, al parecer, contener ninguna vida pasada. Y esta es una forma muy hábil de Starobinets de mostrarnos a su humanidad deshumanizada; la que empatiza con los insectos y aterroriza a los mamíferos.

En resumen, El Vivo me ha gustado. Toca todos los temas distópicos clásicos, desde la alienación del protagonista (que me parece muy interesante; en este caso, queda al margen por ser de algún modo primitivo; en otras novelas, como Juan Raro, de Olaf Stapledon, pasa al revés; uno queda marginado por ser superior al resto, un grado más allá en la escala evolutiva) a la existencia de un gobierno totalitario cuyas prácticas quedan al margen de lo que se exige a los demás. Es como una actualización de las ideas de Orwell o Zamiatin, sazonadas con proyecciones a partir de las tecnologías actuales, como internet, de la que cada día somos más dependientes. La gente, por ejemplo, ya no desarrolla la memoria; gracias a sus facultades internas análogas a las de un PC, no la necesita. Y al poder estar conectado las 24 horas con las redes sociales, y ver cuando quiera toda clase de series o películas –que de paso aprovechan para hacer propaganda del sistema– va alejándose de “la primera capa”, la realidad física, perdiéndose en la realidad virtual. Me parece un tema muy interesante y Starobinets lo trata brillantemente. E imprime su sello personal, siniestro, en todas partes; la empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada.

Lo que no me ha gustado tanto es que en el fondo parece que se nota cierto mensaje conservador. Se lamenta el que las familias ya no existan, pero parece como si lo que se buscara es el regreso a la familia tradicional. Uno de los modos a través de los que se expresa el descontento es a través de empezar a negarse a adorar a "El Vivo" como a una deidad, volviendo al dios triple –obviamente, el dios cristiano trinitario–. Es como si Starobinets pensara que la religión es parte natural de las cosas. Lo cierto es que las distopía son un tipo de ciencia ficción muy realista –aunque yo soy de los que, ante una acusación de pesimismo, se defienden alegando ser realistas–, los futuros distópicos me parecen más creíbles que los que sugieren otros autores. Es decir, la ciencia ficción tradicional para mí es más fantasiosa, más ficción que ciencia.

Vivimos en una era de pesimismo plenamente justificado, y creo que nuestra literatura lo refleja perfectamente. En los últimos años, los tres géneros fantásticos se han oscurecido notablemente. En la ciencia ficción triunfa más que nunca la distopía, incluso en su vertiente más juvenil con “Los juegos del hambre”. En el terror, la literatura de zombis parece ser la perfecta metáfora de una sociedad atontada y decadente. En la fantasía, se busca “el realismo”, con la llamada “fantasía oscura”, que prescinde del tono a cuento, a sueño, que venía siendo lo habitual; no ya en Tolkien, incluso en la fantasía de los ochenta y noventa primaba este mismo tipo de mundo medieval romántico. Ahora este sueño se ha roto y en la fantasía hay sangre y muerte por doquier; en el terror, seres descerebrados más hambrientos que nunca, y en la ciencia ficción, el futuro que nos espera es una pesadilla.Vivid la pesadilla de lo que vendrá, leed El Vivo”.

3 comentarios

Parece muy interesante, me ha encantado cuando nombras otros libros para hablarnos de este. Me lo apunto, que tengas un buen día.

Pensando que la sociedad rusa es algo que siempre me ha llamado la atención, no he tenido más remedio que fijarme en esta escritora. Encima, el argumento que nos has explicado me parece súper interesante, sobre todo cuando has estado hablando de que le tienen fobia a otras personas, algo que ya he visto reflejado en libros como Clorofilia en cierta forma (también de un escritor ruso) y en Ready Player One, ya que prefieren estar conectados a la red donde tienen un paraíso de posibilidades que no centarse en la pobreza que les rodea en el mundo real.

Me llama bastante la atención, por lo que este libro también va derechito a la lista de mis futuribles. ^^ Por cierto... me encantan tus reseñas *.* siempre aprendo algo, y no me voy a cansar de decírtelo. xD

haha muchas gracias :D
Creo que es el mejor cumplido que se le puede hacer a un reseñista, de modo que te lo agradezco mucho ^^

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El legendario artista de fantasía heroica y ciencia ficción podría haber ilustrado El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, pero el proyecto nunca salió adelante.

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