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octubre 17, 2013

«Uzumaki», de Junji Ito: Horror en espiral

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“Una vez uno ha disfrutado de Ito, nunca tiene suficiente”
Cerca de una pequeña bahía y rodeado de oscuros bosques se encuentra el pueblo de Kurouzu (“remolino negro”) donde Kirie Goshima, que intenta llevar la vida normal e incluso anodina de una adolescente típica, será testigo de como a su alrededor empiezan a girar una serie de hechos inexplicables y terroríficos cuando sus vecinos y amigos vayan cayendo víctimas de la maldición de la espiral. Alguna clase de fuerza o retorcida inspiración opera sobre Kurouzu, y nadie parece darse cuenta hasta que ya es demasiado tarde.

De esta premisa parte Uzumaki, y de entrada puede parecer un argumento típico. Pensamos que habrá adolescentes, una población aislada y, en algún momento, alguna clase de entidad diabólica empezará a actuar despiadadamente; los protagonistas se enfrentarán a ella, algunos morirán de forma horrible pero tarde o temprano los que queden vencerán. Lo hemos visto antes, miles de veces. Creemos saber a qué atenernos. Gran error. Esto es Uzumaki, de Junji Ito. No tiene comparación. No hay paralelismos. Uzumaki (“vórtice”) no le concede nada a sus lectores; no les permite acomodarse. Les arrastra, les desconcierta, les perturba y cuando termina, ni siquiera les permite alejarse; Uzumaki sigue allí, instalada en la parte de nuestro cerebro que reservamos a aquellas experiencias lectoras que nos marcan, girando como un remolino ante el que cualquier otro cómic de horror palidece.

Si tuviera que elaborar una lista con mi top 10 personal en cuanto a cómic de terror se refiere (para que nos vamos a engañar, ya he hecho esta lista muchas veces, a los frikis nos encanta listar cosas) Uzumaki estaría claramente en el primer puesto. Adoro esta obra de arte provocadora y surrealista, y qué mejor forma de agradecerle el impacto que me causó cuando lo leí hace casi una década que dedicarle un pequeño artículo.

Junji Ito, el autor: de técnico dental a maestro
del terror

Dando la razón a todos los que le tienen fobia a la consulta del dentista, Junji Ito (1963) demostró que entre aquella y el horror solo hay un paso. Si ya es infrecuente que aparezca “de la nada” un gran escritor o un gran actor, un gran artista, una de estas personas que descubren su verdadera vocación relativamente tarde, parece aún más raro que uno se descubra de pronto como mangaka; no solo como guionista capaz de crear argumentos, diálogos y situaciones creíbles e interesantes, sino también como hábil dibujante con un estilo que encaje con sus guiones, y triunfe en este nuevo campo.


En Japón el manga es omnipresente, en revistas o en su versión animada; los niños crecen rodeados de sus infinitos derivados (anime, merchandising, juegos) y parece que Junji Ito no fue una excepción. Nacido en la prefectura de Gifu, desde adolescente –influenciado por grandes autores de terror como Hideshi Hino, Kazuo Umezu o el omnipresente Howard Phillips Lovecraft– solía dibujar en sus tiempos muertos, como tantos otros, y, como para tantos, era un simple hobby. Y en un hobby podría haber quedado, privándonos a todos de su talento, pero en 1987 algo le impulsó a enviar a la Gekkan Halloween (una revista de shojo manga) un trabajo suyo: Tomie.

Por Tomie, Junji Ito fue galardonado con el premio Kazuo –en honor a éste mangaka legendario, al que el propio Junji Ito consideraba una de sus principales influencias y que, además, formaba parte del jurado– y con el éxito cosechado tras esta primera entrega, no le fue difícil serializarla, con una periodicidad relajada a la que pondría punto y final en el año 2000.

Uzumaki, la que considero su mejor obra, se serializó entre 1998 y 1999 en la revista Big Comic Spirits de la editorial Shogakukan. Tras finalizar en 1998, como es habitual en la industria del manga, se agruparon los capítulos en tres tomos. El impacto de Uzumaki quizás fue menor que el de su debut, pero creo que podemos achacarlo a que se tratara de una obra bastante más complicada y definitivamente no para todos los gustos.

A parte de Tomie y Uzumaki, Ito ha creado varias historias cortas independientes y alguna que otra más compleja como Hellstar Remina o Gyo. Pocas, quizás, para un marco temporal que abarca desde que decidiera dedicarse profesionalmente al manga a principios de los 90 y la actualidad. Con pocos seguidores –por lo menos comparado con las legiones que matarían por su siguiente chute de “Naruto”– pero fieles, ostenta ya el título de “autor de culto”; y como suele pasar con aquello que se considera “de culto”, su obra no es fácil de conseguir ni es suficientemente reconocida. Si, sus principales mangas –Uzumaki y Tomie– han sido editados en varias lenguas, pero el resto de sus trabajos son de más difícil acceso (no han sido traducidos al castellano, por ejemplo).

¿Qué habría sido de nosotros si Junji Ito se hubiera limitado a tratar mandíbulas en alguna clínica dental desconocida? Es curioso como a veces la vida real sí es como nos la presentan en los cuentos, y uno puede descubrirse como un genio de la noche a la mañana y alcanzar su sueño.

Tomie y otros títulos reseñables

Tomie cuenta con un argumento bastante retorcido. Tomie parece ser una chica de la que uno no puede evitar enamorarse, y una vez en sus manos, ella manipula a los incautos para que caigan en los más profundos celos, hasta el punto de volverse lo bastante locos como para matar a sus rivales (reales o imaginados) por su amor. Y, eventualmente, acabar matándola a ella. Pero a diferencia de sus víctimas, se regenera tras cada muerte, volviendo siempre de la tumba para seguir con su corrosiva existencia. ¿De dónde viene Tomie? ¿Es un fantasma vengador? ¿Un espíritu maligno cuya única finalidad es castigar a los hombres? ¿Un súcubo que saca lo peor de sus víctimas, una fuerza de la naturaleza? O quizás simplemente una fuerza destructora sin más razón de ser que arruinar vidas aleatoriamente. 


Hay cierta discrepancia entre los seguidores de Ito acerca de si su obra maestra es Tomie o Uzumaki; lo cierto es que Tomie es la obra por la que se le suele conocer. Fue su primer trabajo y esto siempre marca. Pero en el fondo, por mucho que me guste, creo que Tomie es una obra con un concepto atractivo pero también muy limitado, que no creo que dé para una serie tan larga. Hay un número limitado de veces en que puedes poner a distintos personajes en posición de conocer a una chica diabólica que les va a destrozar la vida antes de que el asunto se vuelva repetitivo, e Ito supera este límite. Hacia el final se me hace un poco cansina. Uzumaki, por el contrario, me parece un manga mucho más completo, redondo y original. Como además me resulta mucho más perturbador, no dudo en ponerlo en el primer puesto.

A parte de estas dos grandes, Gyo también ha tenido mucha repercusión. Presenta la historia de unas extrañas criaturas que emergen del océano, cuerpos de peces y criaturas abisales con delgadas y afiladas patas metálicas. Como si de un peculiar homenaje a La guerra de los mundos se tratara, con sus máquinas alienígenas montadas en trípodes, empiezan a causar estragos entre la población. Tras su existencia se esconden oscuros secretos que se remontan a la Segunda Guerra Mundial, aunque la premisa, una vez se desentrañan ciertos aspectos de la misma, es algo más tópica de lo que uno podría esperar tratándose de Ito: acaba resultando una historia entretenida y bastante recomendable. En el mismo volumen en que se publicó Gyo se incluye una obra muy superior; una pequeña historia llamada “El enigma de la falla de Amigara”. Imaginaos que un terremoto deja al descubierto una pared de roca, y que en ella hay centenares de agujeros con la forma exacta de siluetas humanas. ¿Como puede existir tal cosa en una roca que había estado enterrada durante milenios? La gente empieza a peregrinar a Amigara y... prefiero no dar más detalles para evitar spoilers; solo comentar que impacta.

Muchas otras historias cortas de Junji Ito merecen la pena; pero es imposible comentarlas todas. Centrémonos pues en Uzumaki de una vez.

Uzumaki, un manga retorcido

Cada capítulo de Uzumaki es el relato de uno de estos incidentes que pasan en Kurouzu y de los que Kirie es testigo y a veces víctima; podrían incluso leerse independientemente, especialmente los primeros, de tal modo que si uno se compra el primer tomo y no le gusta lo bastante como para seguir, ni siquiera dejará una historia a medias (si, además de ser una gran obra, resulta práctica: lo tiene todo para que uno se anime a leerla).

A parte de Kirie Goshima, hay un puñado de personajes recurrentes; el principal es Shuichi, otro adolescente y vecino de Kirie, además de su novio. Shuichi estudia en otra población, y por el hecho de salir cada día de Kurouzu parece menos afectado que los demás por su maldición. Sin embargo, es perfectamente consciente de que algo va mal y de que no puede hacer nada para evitarlo; su papel es el más trágico de lejos, tanto por su dilema personal (dejar Kurouzu y a Kirie, o quedarse y sufrir el mismo destino que ellos) como por ser su familia la principal damnificada cuando empiezan los problemas. Además, está la familia de Kirie, sus padres y hermano, que al principio sirven solo para establecer un trasfondo de normalidad al que Kirie puede volver tras cada experiencia traumática, pero que más adelante adquieren un poco más de peso en la trama. 


A medida que avanza el manga, los sucesos paranormales empiezan a relacionarse entre si y sus efectos –sobre la comunidad de Kurouzu y en cuanto al desgaste psicológico de los personajes– son acumulativos, de tal modo que la ciudad va quedando cada vez más degradada y atrapada en su locura. Literalmente, como un vórtice; ancho al principio, en la superficie, pero a medida que avanzamos hacia sus profundidades se va estrechando, dejando menos espacio a la cordura hasta que ya no es posible escapar. Al final, es caos puro, convirtiéndose en un infierno descontrolado; pero es en este caos donde algunas piezas empiezan a encajar por fin. Vemos que mucho de lo que parecía aleatorio en realidad forma parte de un plan, y la maestría de Ito nos conduce a un final imprevisible, surrealista y magistralmente narrado.

Aunque el tema de las espirales es el trasfondo, cada uno de estos capítulos lo desarrolla de distinto modo, afectando de distintas maneras a la gente. Es de un surrealismo absurdo, kafkiano, ver a un padre de familia empezar a coleccionar toda clase de cosas que contengan espirales hasta acabar deseando convertirse él en una, o una chica tan obsesionada con su bello pelo rizado que al final este acaba tomando vida propia sorbiendo la de ella. Te descoloca desde el principio. Y una vez descolocado, Junji Ito remata el golpe con escenas verdaderamente desagradables, visualmente impactantes; su estilo de dibujo es tétrico de por sí, pero cuando llegamos al clímax del horror en cada capítulo, al apogeo, demuestra una capacidad y una imaginación para perturbar a las que no veo igual. Especialmente destacables en este sentido me parece la historia que se desarrolla en el hospital durante el verano, mientras Kirie está ingresada; deja algunas de las escenas y conceptos más increíbles de todo el manga. O el chico que se levanta de la tumba como uno de estos muñecos de muelle que saltan cuando levantas la tapa de la caja; pocos podrían hacer de algo tan simple e infantil una historia grotesca tan efectiva.


Otra especialidad de Ito –quizás la más importante– es la habilidad para establecer conexiones que parecen salidas de una mente enferma, y la misma elección del tema de fondo (“las espirales”) es el mejor ejemplo de ello. Es un experto en coger ideas simples y transformarlas en algo delirante; en hacer pasar por normales las actitudes más disparatadas, en presentarnos como una actitud “racional” algo que no lo es en absoluto: sigue su propia lógica interna, y este tipo de lógica pervertida es la de un loco. Y la presenta de un modo que nos hace sentirnos enfermos porque por un momento es una lógica que compartimos. Es el concepto de “lógica retorcida”; y cuando sus personajes la aplican sabemos que la maldición ha hecho mella en ellos.

Uzumaki es, sí,  retorcido y enfermizo. Obsesión. Este es el tema principal; hay monstruos, o algo similar a no muertos en algún capítulo; hay transformaciones físicas que reflejan las transformaciones mentales, pero todos son en Uzumaki un actor secundario, una pequeña pieza en el engranaje; el verdadero espanto es la vorágine de locura, de frenesí en la que lentamente se va hundiendo la ciudad a medida que el horror avanza, y la sensación de desamparo de sus protagonistas, que quedan a merced de fuerzas incompresibles. Aquí es donde más se nota la influencia de Umezu y su “Aula a la deriva”; del mismo modo que aquellos niños lanzados a una dimensión desconocida llena de peligros, Kurouzu es un barco que se hunde en la locura arrastrando a todos con él, sin razón aparente, ni forma de detenerlo.


Empezar a leer Uzumaki puede ser una experiencia desconcertante; los personajes hablan con total seriedad de las espirales como si fueran una entidad consciente, una fuerza contaminante y tóxica cuya cualidad hipnótica atrapa y lleva a la locura mediante la obsesión a base de potenciar los defectos o debilidades de cada uno. Esta actitud frente a las espirales, en parte temor, en parte incredulidad, la sensación de desconcierto cuando lo que dicta la razón como imposible choca contra la evidencia de lo que te está pasando (este dilema se refleja sobre todo en Shuichi y en menor medida, en Kirie) es el gran tema de fondo lovecraftiano. El terror a lo ajeno. Tan ajeno que no hay forma de adaptarse. Contra este tipo de amenaza no valen balas de plata, ni estacas afiladas, ni hay normas absurdas o rituales aprendidos a ultima hora que puedan salvarnos. Es el terror de saberse insignificante, de no ser siquiera un objetivo sino un mero “daño colateral” en el paso de fuerzas inmensas, sobre las que no tenemos el menor control y que nos arrastran hacia la perdición. Y lo sabemos, pero no podemos hacer nada; y esta incapacidad nos enloquece, es demasiado para la mente, que se rompe en mil pedazos. Esto es Lovecraft, y esto es Uzumaki.

El modo como se describe el poder contaminante de las espirales me recuerda mucho, además, el relato “El color caído del espacio”, una de las mejores creaciones de Lovecraft, no muy conocida; y el final del manga, que obviamente no comentaré, tiene mucho de lovecraftiano.

La construcción de Uzumaki: narración y dibujo

En cuanto a la narración, en pocas palabras; la implicación y la percepción de la maldición en Uzumaki está magníficamente construida en (por lo menos) cuatro distintos niveles, como las sucesivas vueltas de un vórtice. En el nivel más profundo, están las víctimas o protagonistas directos de los acontecimientos sobrenaturales, los desdichados que caen presa de la locura o de lo sobrenatural, que aplican la “lógica retorcida” y que por ello, en el transcurso de un capítulo veremos como son tragados por el vórtice.

En un siguiente nivel, Kirie, que es testigo, y a menudo víctima, que ha vivido siempre en el pueblo y está tan implicada que ni siquiera es realmente consciente de todo lo que va mal; es el espectador atontado por lo surrealista e incomprensible de todo lo que pasa, que es tanto que no lo acaba de procesar y sigue intentando vivir con normalidad sin saber reaccionar. Ella aún no ha sido tragada, pero comprendemos que poco a poco ella y sus seres queridos se dirigen al fondo; caen más lentamente, pero su curso es inexorable.


En un nivel superior, está la perspectiva del trágico Shuichi. Él estudia fuera de la localidad, pasa menos tiempo que los demás en Kurouzu, y la maldición parece no haberle afectado tanto. No está tan implicado en el pueblo, y por ello es un espectador algo más distanciado. Él se da cuenta, igual que nosotros, de la profunda anormalidad en que se encuentran; le perturba e inquieta. Tiene la distancia suficiente para ver la imagen de conjunto que los demás, al estar tan adentro, no pueden percibir; pero a la vez está demasiado implicado como para huir, pese a lo mucho que lo desearía. Su amor por Kirie se lo impide, e intenta racionalizar lo que están viviendo, estudiarlo y así encontrar la forma de, si no detenerlo, por lo menos atenuarlo o evitarlo. Su personaje es como el de una tragedia griega, tocado por la fatalidad.

Y en el nivel externo (pero todavía dentro de la espiral, del vórtice) estamos nosotros, los verdaderos testigos, los lectores, que vemos como las pobres almas atrapadas dentro son arrastradas a una perdición imposible de detener. Nuestra implicación, por fortuna, será solo emocional. Garantizo sin embargo que será emocionalmente intensa.

Esta construcción de la perspectiva en niveles de implicación y el hecho de que la misma obra en conjunto esté organizada como un vórtice (al principio, la espiral es ancha, pero a medida que desciende se estrecha, deja menos espacio a la cordura, hasta que cerca del final reina el caos más absoluto) es una genialidad más de Ito, que no busca solo construir relatos de terror interconectados, usando algo tan abstracto como las espirales, sino darle a toda la obra, incluyendo sus métodos narrativos, un aire a espiral; tan lejos llega con su metáfora. Por lo menos así me lo parece, puesto que reconozco que todo esto es pura teoría personal mía.


El diseño y dibujo tanto de los personajes como del escenario de fondo (Kurouzu) obedece a la intención de transmitir una sensación de opresión, condenación inexorable; todo se potencia al idear Kurouzu como una comunidad pequeña y limitada, con el mar por un lado, y con las montañas por el otro. Ito dibuja un cielo encapotado, amenazante, de nubes retorcidas, que parece inspirado por el paisaje de fondo de El grito, de Munch, y como en el famoso cuadro, refleja la angustia personal de los protagonistas. Así, quedan encerrados dentro de este microuniverso tan delimitado (de hecho, se hace referencia a veces al “mundo exterior” más allá de Kurouzu, pero en ningún momento la narración abandona el pueblo) y todo acaba pareciendo una pesadilla sin final.

Todo el arte de Ito parece inspirado por esta obra de Munch. Sus delgados y expresivos personajes; el modo en que dibuja sus rostros cuando gritan presa del terror, la fatiga de un depresivo, del insomne, que se refleja en sus caras (sobre todo, una vez más, en el pobre Shuichi). Y sus cuerpos deformados por las mutaciones inspiradas por las espirales, que son especialmente terroríficos; Ito plaga las páginas de Uzumaki de monstruosidades dibujadas de un modo increíblemente siniestro y perturbador. Tanto ellas como los fondos están dibujadas de forma puntillosa, muy detallista; muy cargado de sombras, con lo que se contribuye a construir esta atmósfera de fatalidad.

Desde un punto de vista estrictamente técnico, el dibujo de Ito tal vez no es perfecto respecto a las proporciones anatómicas; pero es ideal como medio para transmitir desasosiego. Incluso en escenas “normales”, cuando el horror aún no ataca, la palabra “inquietante” encaja perfectamente. El look de sus personajes tiene un aire retro; quizás no nos identifiquemos plenamente con sus miradas tristes o su aire frágil, pero no tiene la menor importancia, porque la emoción la transmite como nadie. Mirad los rostros de los protagonistas en Uzumaki. El horror hace mella en ellos. Los desgasta. Es como una droga psicodélica que los va corroyendo lentamente; y nadie refleja mejor esta corrosión que –otra vez– Shuichi.

Uzumaki: La película

Siempre que un cómic o un libro funcionan o parecen tener potencial aún por explotar, aparece algún cineasta dispuesto a llevarlos a la gran pantalla; y en esta conversión de un medio a otro, rara vez la versión cinematográfica sale beneficiada. Uzumaki tristemente no es una excepción. En el año 2000 se adaptó en una película faltada completamente de gancho, que no recomiendo en absoluto. Poco llega a transmitir de lo que es el manga. Siendo justos, no creo que podamos atribuirlo únicamente a una incompetencia del director, guionistas o actores; Uzumaki es difícil de definir, incluso escribir un artículo sobre ella resulta difícil. Hacer una pelicula, o una buena película, y hacerla bien tiene que ser casi imposible, se pusiera quien se pusiera a ello. Quizás un anime, o incluso una miniserie habrían sido más adecuados.


Otras obras de Ito han sido adaptadas al cine; “Tomie”, por ejemplo, al estilo de las grandes sagas de terror norteamericanas, acumula ya nueve entregas entre 1999 y 2011. No puedo criticarlas todas porque no he sido capaz de ver más que un par, pero en general diría que son otra adaptación fallida. “Gyo” es la más reciente de estas adaptaciones, y como película, me parece más exitosa que las basadas en otros mangas. Si alguno quiere saborear el universo Ito sin empezar aún con el manga, creo que la adaptación de “Gyo” sería seguramente la mejor opción.

Junji Ito editado en España

En la edición española de Uzumaki (2004) Planeta DeAgostini dividió en dos cada uno de los tres tomos originales, resultando en seis volúmenes con un formato un poco endeble en el marco de su colección “Biblioteca Pachinko”. A parte del formato y la división de volúmenes, es una edición correcta sin problemas de traducción ni márgenes mal colocados –que por desgracia son bastante frecuentes en los tomos manga–. Estos seis tomos no han sido reeditados, pero siguen pudiéndose encontrar con relativa facilidad en tiendas especializadas a 4,95 doblones cada número. Tomie en España la editaría La Cúpula, en dos tomos recopilatorios. Y me temo... que eso es todo. Ni Gyo, ni ninguna recopilación de historias cortas que sin embargo sí han sido publicadas en inglés o francés (por ejemplo, Museum of terror por Dark Horse; en sus primeros dos tomos recoge las historias de Tomie, y en el tercero empieza ya con las historias cortas) han sido nunca editadas en España.  

Y es triste, porque actualmente vivimos en una buena época para el manga de terror, con muchos títulos disponibles en las librerías, supongo que como consecuencia del boom del terror asiático a partir del éxito de Ringu, “The Ring”). Pero lo que triunfa aquí es aparentemente el “ero-guro”, un tipo de manga de terror que mezcla el surrealismo con el gore y el contenido erótico. El máximo exponente de esta corriente es sin duda Suehiro Maruo, cuyos cómics pueden llegar a ser tan extremadamente desagradables (mezclando sexo, escatología y tortura) que a veces cuesta terminarlos. O Shintaro Kago, que aún dentro del “ero-guro”, prefiere la experimentación visual y lo surrealista. Editores de Tebeos (EDT, antes Glénat en España) parece decidida a editar todo lo publicado por ambos autores, y en parte me parece una gran noticia porque aunque personalmente no me gusten, cuanto más se edite, mejor; el lado negativo es que copando el mercado con este tipo de producto acaba identificándose “ero-guro” con “terror japonés”, del mismo modo que por sus dos películas de terror más conocidas (Ringu y Ju-on). La gente suele creer que todo el cine asiático de terror se basa en chicas siniestras de largo pelo negro. 

En resumen, el “ero-guro” me parece a menudo un género simplista que ni siquiera necesita argumento. Lo único que parece buscar es el impacto, y lo consigue juntando los dos clásicos antagonistas que desde siempre han inspirado la ficción: Eros y Tánatos, sexo y muerte. Me parece un recurso barato usar esta dualidad de forma tan literal, y creo que a veces se confunde el rechazo que puede provocar según qué tipo de imágenes con la inquietud que nos causa el auténtico terror.


En cualquier caso, Junji Ito es uno de los perjudicados por esta moda del “ero-guro”  que es casi absoluta. Por suerte, aún tenemos la labor de editoriales no tan mainstream que están rescatando material del olvido; tenemos Ponent Moon, que publicó entera la saga de “Aula a la deriva” del maestro del horror Kazuo Umezu, y que tanto gustaba a Ito; o La Cúpula, que editó varios tomos de Hideshi Hino (ambos influencias reconocidas de Ito); o la más reciente dedicación (que nunca podré agradecer lo suficiente) de Astiberri por publicar material de Shigeru Mizuki, en cuyas obras (siendo la más conocida Kitaro) se mezclan el humor negro con lo macabro de un modo inocente y delicioso. Se trata de autores clásicos; quizás cuando acaben con su catálogo, sigan adelante y le acabe tocando el turno a Ito. 

Mientras tanto, deberemos conformarnos con Tomie y Uzumaki, que no es poco; pero una vez uno ha disfrutado de Ito, nunca tiene suficiente. Espero, en este artículo casi interminable, haber conseguido transmitir un poco de mi pasión por Uzumaki, y si sirve para que alguno se anime a leerlo, habrá merecido la pena.


Texto: Albert Font Roca (Nyarla),
18 de octubre de 2013.
Maquetación: Loren.

5 comentarios

La verdad es que el género de terror no es lo mío. No soy de los que le gusta pasarlo mal, y menos pagar por ello. También es verdad que no me quiero cerrar las puertas a nada sin haberlo probado antes.

Hace ya algún tiempo que le puse el ojo encima a "Uzumaki", en una de estas visitas a las tiendas en las que te sientes algo más generoso de lo normal y decides pegar un vistazo por géneros que sabes que no son los tuyos. Creo que me gustaría probar al menos una buena obra de manga terror antes de cerrar la puerta definitivamente, y por cómo lo planteas Uzumaki parece una opción excelente. Lo único que lamento (salvo que haya leido mal la reseña) es que no hayan sacado una edición recopilatoria en un solo tomo. Ya tengo Monster en esa edición, y la verdad es que no me gusta mucho.

Gracias por la reseña, en esta casa siempre se puede encontrar algo diferente ^^

Excelente artículo! Me ha gustado cómo has redondeado toda la obra de Junji Ito, compartiendo todo lo que se puede encontrar de él en español. Yo soy una gran admiradora de Uzumaki, de Gyo y en menor grado de Tommie. Hace poco me he leído sus "relatos cortos" y me han gustado mucho. Ito tiene una originalidad tan característica, sumado a una gran destreza plástica, con lo que nos regala obras únicas y maravillosas, por lo retorcidas y escalofriantes. Enhorabuena, por artículos como el tuyo es que se llega a conocer autores tan interesantes como Junji Ito. Me tomaré la libertad de compartir tu artículo con algunos amigos que gustan de Junji Ito.

es gore pero no me gusta la descripcion aunque sea en blanco y negro lo encuntro muy grafico!!

Un artículo excelente. No podría estar mas de acuerdo con tu opinión. Es de agradecer que ECC se haya lanzado a editar manga con Ito y que nos vayan a traer Gyo y Black Paradox. Ojalá que las ventas acompañen y nos sigan deleitando con obras de este grandísimo autor.

Wow ! Increíble articulo !
Estoy leyendo Uzumaki y me descoloco desde un principio jeje tiene eso que te hace quedar un tanto perturbado pero a la vez no quieres salir de eso. Es una obra muy buena, con una forma de dibujo tétrica y atrapante (al menos para mi) en fin, No hay forma de describir esta excelente obra.

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