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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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22 de noviembre de 2017

Un bárbaro, una pícara y un biberón en ‘Bribones: Padres extraños’


Les hemos visto escalar torres, adentrarse en catacumbas, viajar a bordo de un barco frío y hacer frente a una maldición gallinácea, pero nunca antes se habían enfrentado a un portento de la naturaleza, a una criatura capaz de llevar sus habilidades al límite, a un ser que no derrocha maldad pero que se nutre de la fuerza vital de los seres vivos. Hablamos, como no, del bebé que a Bram y Weasel les ha tocado en suerte, puesto mediante entrega directa en el portal de su casa. Puede que Bram o Weasel lleguen a ser unos padres decentes, si se lo propusiesen y por separado, pero desde luego no será ahora y menos con el estilo de vida que llevan. Quizá algún día.

En Padres extraños los lectores van a poder disfrutar de lo mejor que venía ofreciendo hasta ahora la serie “Bribones”, si bien la cosa se presenta algo distinta ya que esta vez Bram y Weasel —y al igual que en El barco frío, historias completas dentro de un mismo volumen— van a tener que hacer frente a un único problema en una narración, del tirón y sin pausa. Pero lo más importante de esta nueva entrega de “Bribones” es que El Torres sigue en plena forma a la hora de mostrar los mejores clichés de la fantasía heroica, construyendo al mismo tiempo una buena historia de fantasía que se desarrolla en torno a dos personajes concretos de ese universo creado específicamente para “Bribones” —cuyo eje es la ciudad de Gerada— y todo un ejemplo a seguir dentro del mundo del cómic por la inventiva, agilidad y diversión que demuestra la serie y que todo cómic debería tener entre sus objetivos a cumplir.

La vida en Gerada
La ciudad donde viven Bram y Weasel es a fin de cuentas la típica urbe de los mundos de fantasía donde coexisten, en el término más suave de la palabra, gremios de ladrones, asesinos, mercenarios, magos, brujos y otros especímenes de dudosa reputación. Como Lankhmar en las historias de Fafhrd y el Ratonero Gris, la ciudad de Gerada es donde Bram y Weasel se mueven como peces en el agua, y aunque no sea precisamente la ciudad que mejor huele del planeta y donde cuesta llegar a fin de mes, es probable que jamás la abandonen ya que al fin y al cabo es su hogar y hay una reputación que mantener.
Empero, y según me parece a mí, el auténtico corazón de Padres extraños no es la propia narración que se presenta, sino el tono de parodia que abunda en la cuarta entrega de “Bribones”. Si bien en las tres entregas anteriores de la serie —La maldición de la gallina, El barco frío y De dioses y tumbas— pudimos contemplar numerosas alusiones a temas de la fantasía que han sido explotados hasta la saciedad —“Bribones” también cae en ese saco, he ahí la gracia—, pasando por situaciones y tipos de personaje que no pasan desapercibidos a los que leen, ven o juegan fantasía, en Padres extraños El Torres toma un concepto tan moderno y al mismo tiempo tan viejo dentro del mundo lúdico como son las cartas coleccionables —tanto en físico como en digital— y hace una parodia de todo lo que tiene que ver con el tema que es para troncharse. Pero no creáis que es una parodia de mal gusto, no penséis mal, sino que está hecha desde el respeto y el cariño, mostrando la realidad de este tipo de juegos.



Es posible que el volumen vaya de cómo un bárbaro y una pícara se hacen cargo de un bebé mientras intentan matarles y todo lo demás, pero para mí el revoltijo del libro radica en esa imaginativa parodia de los juegos de cartas y en los poderes mágicos que tratan de evitar a toda costa que Bram y Weasel protejan con éxito a la criatura que les ha tocado proteger. Estad atentos porque puede que Padres extraños tenga la mayor colección de alusiones a la literatura fantástica que hayamos visto hasta ahora.


Bribones, vol. 4: PAdres extraños

Rogues: Odd Parenthood, 2015. El Torres, Verónica López, Nacho Tenorio y Sergio Mora. Traducción de -. Dibbuks, 2017, col. “Aventúrate”, 120 págs. Rústica, 16,00 €.
Poco más se puede añadir a una entrega que se suma a la colección de historias de Bram y Weasel que seguramente El Torres oyó de boca de algún bárbaro norteño o algún bardo con ganas de conseguir unas monedas, como no, al calor del fuego de una taberna de esas que abundan en los caminos o en las ciudades. Es probable que Padres extraños no sea la mejor entrega de “Bribones”, no por nada en especial, sino porque el nivel de las anteriores historias era ya muy alto, pero igualmente estamos ante una muy divertida historia de fantasía que los habituales de la serie no pueden perderse.

En el apartado artístico nada que objetar. “Bribones” se caracteriza por presentar mucha diversidad en ese aspecto, y tras Juanjo RYP (a quien debemos el dibujo de los dos primeros volúmenes), por “Bribones” han pasado Lolita Andrea (El barco frío) y ahora Nacho Tenorio y Sergio Mora, quienes junto al color de Verónica López, dan vida a cuatro manos a las peripecias de Bram y Weasel por Gerada, en la que no faltan magos, cartas mágicas, concubinas, vampiras y hasta un gólem de piedra.

noviembre 22, 2017y

13 de mayo de 2016

'Doggy Bags 2', el regreso de la diversión más salvaje

El segundo volumen de Doggy Bags es todavía más bestia que el anterior y sigue rindiendo homenaje a las historias para adultos de mediados del siglo pasado con tres relatos llenos de violencia explícita.


Que no os engañe la chica tatuada y ligera de ropa de la portada, porque Doggy Bags esconde entre sus tapas una nueva ración del pulp más bestia en forma de viñetas y que tan buen gusto nos dejó la primera entrega. El fin último de este segundo Doggy Bags sigue siendo el mismo que en la anterior ocasión, es decir, entretener por entretener y homenajear un género que no se estila mucho desde hace décadas (o por lo menos no en este formato). Que no nos extrañe si después de leer sus algo más de cien páginas tenemos que coger un paño de la cocina o una toalla para quitarnos la sangre de la cara, porque esta vez han duplicado la cantidad de hemoglobina por página. Los censores del Comics Code Authority estarían subiéndose por las paredes si un cómic así cayera en sus garras, pero por fortuna el pedigrí de Doggy Bags es europeo.

Doggy Bags no es un cómic para niños, eso está claro, basta con echar un ojo no solo a la ilustración de la cubierta, sino a todos esos detalles del diseño de portada, contracubierta e interiores que los aficionados a las historias pulp encontrarán sumamente tentadores. La temática ya de por sí lo dice todo: sexo, violencia explícita y personajes con una mentalidad debidamente perturbada que pueden dar mucho juego en una historia de horror y violencia.
¿Y de qué va Doggy Bags? Este segundo volumen, y al igual que su predecesor, presenta tres historias cortas, cada una con un tema distinto pero que en conjunto comparten algo en común. ¿He dicho ya violencia, sangre y personajes perturbados? En Elwood and the 40 Freak Bitches, Antoine Ozanam y Kieran nos presentan a un tipo que trabaja en una gasolinera y cuya aburrida vida pronto da un giro al creer que ha sido bendecido por la gracia divina para reventar a escopetazo limpio, o con lo que tenga más a mano, a todas las mujeres sospechosas de no pertenecer a este mundo. En The Border, Run y Guillaume Singelin nos hablan de la violencia en la frontera de Méjico con Estados Unidos, aunque lo que allí se cuece no termina demasiado bien para los tres arrojados Minutemen de gatillo fácil que creen hacer un bien a la tierra de las oportunidades. Por último, Vuelo Express 666 de Run y Matthieu Bablet es posiblemente el relato más inquietante de todos ya que mediante el uso del flashback pone de manifiesto la desesperación humana y lo que esta puede llegar a lograr cuando da rienda suelta a los instintos más primarios y egoístas.


El apartado artístico anda al mismo nivel que su predecesor, o quizá podría considerarse un peldaño por debajo si tenemos en cuenta que esta vez no participa Madoux de Freaks’ Squeele, pero con tres historias que cuentan con grandes dibujantes que han decidido darle a la cosa un toque menos agraciado visualmente hablando con tal de enfatizar lo grotesco y lo exagerado de la propuesta, con un uso del color perfectamente adecuado a lo que los guionistas quieren contarnos. Está también dentro del apartado artístico, así que igualmente hay que mencionar los numerosos detalles del diseño interior, tales como anuncios de revistas y misceláneas varias, así como información que complementa la historia que acabamos de leer, y que añaden al cómic un grado más de diversión, por no decir del olor a tinta que desprende el libro nada más abrirlo por una página al azar. ¿Es que vosotros no oléis las páginas de un libro o un tebeo nuevo?

En resumen, Doggy Bags sigue manteniendo el espíritu de lo prometido y regresa con tres planteamientos originales no especialmente vistos en las tiendas de cómics y donde los personajes van a directamente a lo que dicta el relato. Los que gusten de las historias pulp encontrarán una fuente de diversión regada con violencia mesurada y delimitada por el marco de lo que se quiere contar, que es mucho y poco al mismo tiempo, aunque termina pronto y nos deja con ganas de tener ya un Doggy Bags 3 en nuestras mugrientas manos.

Este cómic ha sido publicado por Dibbuks y editado en rústica con solapas, con 112 páginas y un precio de 14 doblones. Se puede leer independientemente de la primera entrega si se prefiere.

mayo 13, 2016y

11 de junio de 2015

Reseña: 'Doggy Bags' de Run, Madoux y Singelin, diversión en pequeñas dosis


Doggy Bags es el cómic que los que gusten de arte en viñetas sin censuras, con libertad creativa y que recuerde a los tebeos americanos de los años cincuenta, deben leer. Partiendo de esa base, Florent Madoux (Freaks' Squeele), Guillaume Singelin (The Grocery) y RUN (Mutafukaz) han escrito y dibujado tres historias que tienen un nexo común: violencia gratuita, ciertas dosis de sexo (nada explícito, de momento) y el entretenimiento como base fundamental de cualquier historia, y que no busca el rollo metafísico en un cómic (eso se lo dejamos a Watchmen, con lo que nos gusta).

En esta primera entrega de Doggy Bags (pelotas perrunas) tenemos un total de tres historias. Bajo el lema "¡Suspense, escalofríos y horror!" las tres se presentan cada una como un relato corto que rápidamente pone al lector en situación.


En Fresh, Fresh & Hot Chrome de RUN tenemos una banda de moteros cuyos miembros resultan ser hombres lobo, de quienes huye una joven que se niega a ser uno de ellos. Es la que inspira la portada y me he quedado con ganas de más, pero el apartado gráfico le viene como anillo al dedo.


Masiko de Madoux está protagonizada por una madre soltera que protege a su pequeño mientras reparte leña a diestro y siniestro en un interesante homenaje a las historias de artes marciales ambientadas en el Japón moderno. A Madoux ya lo conocemos por su serie Freaks' Squeele y es quizá (según los gustos de cada uno) el que más destaca de todo el volumen, con su estilo fuertemente influenciado por el manga, un colorido y unos detalles totalmente recomendables.

Por último, Vivo o muerto de Singelin es el relato de un policía duro, de los que están cuadrados como un armario ropero y prácticamente viven en las carreteras de los desiertos estadounidenses, que se topa con un criminal que termina por dar la vuelta a la tortilla al relato. Es la típica historia (en principio) de tipo de duro, pero que sin embargo está salpicado de tintes sobrenaturales y Quentin Tarantino podría hacer perfectamente una película con esto.


Entretenimiento en pequeñas píldoras, no podíamos esperar otra cosa de este Doggy Bags. La colección ya tiene publicados varios volúmenes más en Francia, y desde aquí animamos a Dibbuks a que publique los siguientes. La edición española es idéntica a la francesa, con todos los minidetalles visuales que tiene el libro (tanto la cubierta como el interior), haciendo que sea un gusto para los sentidos y el tacto. Solo por eso ya merece la pena echarle un vistazo.

Doggy Bags es un divertido ejercicio porque este es el cómic que podríamos haber leído en los años cincuenta y que, máquina del tiempo mediante, ahora mismo lo tenemos entre las manos, una especie de revival que se ha saltado a la torera la poco recomendable censura del Comics Code Authority. La suerte es que Doggy Bags no es americano, sino europeo.
DOGGY BAGS 1
Fecha de lanzamiento — Mayo 4, 2015
Editor — Dibbuks

Edición — Rústica con solapas, 112 págs
Precio — 14 €
Traducción — Lorenzo F. Díaz
Serie — Autoconclusivo


El concepto de esta obra es reunir en cada volumen a dibujantes para que nos cuenten una historia al más puro estilo de los cómic para adultos publicados allá por los años cincuenta, con la idea de ensalzar otra vez este tipo de obras donde la violencia gráfica era la reina y la censura no existía. En este primer volumen, Singelin nos introducirá en una banda de moteros, Florent Maudoux (Freaks' Squeele) nos trasladará a Japón para luchar contra sicarios y Run nos mostrará lo duro que puede ser el desierto cuando te persigue la policía. Cada uno de ellos nos ofrece una historieta fiel a su característico estilo pero que consigue forjar un volumen compacto y coherente en el que las palabras horror, terror, sangriento y extraño no son baldías. Salvaje, brutal y... delicioso.

junio 11, 2015y

14 de abril de 2015

Reseña: 'Bribones: La maldición de la gallina y otras historias', aventuras pícaras con sabor a Fritz Leiber

En el panorama comiquero no se publican muchas historias de fantasía heroica, y mucho menos en el español. Es por eso que es doblemente bienvenida la intención de Dibbuks a la hora de presentar al público español las aventuras Bram y Weasel, una pareja de ladrones (o pícaros, término que popularizó la tercera edición del juego de rol Dungeons & Dragons) que opera en la ciudad de Gerada y que comenzó su andadura en Estados Unidos de la mano de su creadores: Juan Torres García (El Torres) y Juan José Rodríguez (Juan José Ryp).

Esta pareja de ladrones comenzó su andadura en la revista Barbarian allá por los años noventa, y después de un largo proceso evolutivo (como bien explica El Torres en la introducción del cómic), con más trompicones que alegrías en todos estos años transcurridos, se está editando en Estados Unidos a través de Amigo Comics, la editorial independiente fundada por El Torres y Ryp —quienes han publicado el presente volumen en inglés bajo el título Rogues! The Curse of the Chicken and Other Stories—.

Bribones es un cómic especialmente dirigido a los que les gusta la fantasía heroica, y la referencia a Fritz Leiber no es en absoluto gratuita. Ya lo dice El Torres en la introducción del volumen: "de una extraña conjunción de una tarde de juegos de rol y de las novelas de Fritz Leiber, nacieron los Bribones." 


Los paralelismos con las aventuras de Fafhrd y el Ratonero Gris —una de las parejas más brillantes que tiene la literatura fantástica— son abundantes: una ciudad que sirve como entorno recurrente en las aventuras de la pareja; problemas con el gremio de ladrones local; encuentros de índole sobrenatural (hechicería u otros menesteres) y una fama que va en aumento (tanto buena como mala) mientras se suceden las aventuras del dúo. Bribones funciona de una forma muy parecida: Gerada es la versión bribona de Lankhmar, el bárbaro Bram sirve como suplente de Fafhrd y el nombre de Weasel (la Comadreja) tiene un origen animal como el del Ratonero Gris.

Las dos parejas se dedican al noble arte del latrocinio y se ocupan de diversas tareas y encargos mientras surja la oportunidad (es lo propio, ya que el dinero no llueve del cielo). Ahí es donde acaban las similitudes, porque mientras Bram es el guerrero del grupo y la fuerza bruta heredada de Fafhrd y otros bárbaros que ha dado la literatura fantástica (con gusto por las armas y el relatar las hazañas en la taberna aderezándolo todo con mucha imaginación), Weasel añade la parte sensual a los relatos de Bribones —aunque ella no se queda corta a la hora de repartir estopa, puede que incluso más que Bram—, pero sin caer en el mal gusto ni en el derroche de escenas de índole sexual como pudiera pensarse sabiendo que los autores vienen del cómic erótico —algún pecho descubierto, alguna pose sugerente, y poco más—; todo lo contrario, Bribones tiene una muy ligera carga erótica, pero es ínfima en comparación con lo abundante del humor y las aventuras en torres de hechiceros, resolución de misterios y persecuciones por los tejados que ofrece el cómic. ¿Cuántos personajes de fantasía heroica no han tenido escarceos amorosos ni se han echado al hombro jóvenes mozas como si fueran un trofeo?


Bribones: La maldición de la gallina recoge un puñado de historias, entre ellas la más celebrada y que da título al volumen. Es aquí donde los que leyeron las primeras historias del dúo pueden saber como termina la historia de la gallina y como los personajes se libran de ella.

Este recopilatorio de Bram y Weasel tiene un apartado artístico muy sobresaliente en general —como siempre, habrá dibujantes que nos gusten más que otros—, con homenajes a cierta franquicia mutante —¡y ¡He-Man!—, destacando sobre todo en la construcción de escenarios típicos de la fantasía heroica (la escalada de la torre de un mago, la expedición a una tumba llena de tesoros, con guardián incluido, etcétera), en el humor (fantástica la secuencia donde los protagonistas no paran de encontrarse a la maldita gallina que les trae de cabeza) y en la caracterización de los personajes, con los que simpatizamos nada más adentrarnos en las primeras páginas.

¿Te gusta la fantasía heroica? ¿Y el sabor de las grandes historias del género? Entonces es probable que te apetezca echarle un vistazo a este regreso a las librerías españolas de los Bribones: reúne todos los ingredientes del género, está narrado desde la perspectiva del humor, y leer sobre un bárbaro y una ladrona bastante agradable a la vista supone un aliciente. Bribones: La maldición de la gallina es una oferta diferente de todo cuanto se publica hoy en día en el mundo del cómic, y solo por su punto refrescante (pero a la vez clásico) y el buen hacer con lo que se consigue eso, ya merece dedicarle una tarde.

¡Queremos más bribones!

Dibbuks. Rústica, 144 páginas en color, 14 €.

abril 14, 2015y

7 de marzo de 2015

Reseña: 'Los Campbell: Inferno' de José Luis Munuera, los piratas se lo pasan en grande

El artista murciano José Luis Munuera es siempre una caja de sorpresas con cada álbum que presenta al público. Recientemente ha sorprendido a los lectores de BD con Sortilegios, una serie fuertemente inspirada en la tradición folclórica de los cuentos y ahora tenemos entre manos Los Campbell, una serie de aventuras, humor y piratas que recurre a la extensa tradición del género para presentarnos personajes carismáticos, situaciones muy divertidas y multitud de homenajes al género –tanto de aventuras como de la propia BD, con versión pirata de los hermanos Dalton incluida–. En el centro de todo, una familia con una larga trayectoria de piratería y abordajes, Los Campbell, cuyo cabeza de familia se ha tenido que hacer cargo de sus dos hijas tras la muerte de su esposa: una adolescente que gusta de la lectura y una niña pequeña revoltosa que gusta de las travesuras.

Los que amen el género de aventuras y que encima sean lectores habituales de la BD –o mejor todavía, sigan de cerca los pasos de Munuera– tienen que hacerse de cualquier manera con esta serie: no solo encontrarán una lectura ampliamente satisfactoria, sino que les hará esbozar una sonrisa con cada una de las situaciones que presenta este primer álbum.


Munuera recurre a los flashbacks y a la dosificación de información para presentarnos poco a poco a los personajes que forman el entramado de Los Campbell, donde no faltan los buenos muy buenos –o los buenos de dudosa moralidad– y los malos malísimos, del estilo del capitán Garfio y similares capitanes piratas cuyas espantosas hazañas les persiguen allá donde van –¿qué sería del género sin ellos?–.

La otra razón destacada para leer Los Campbell reside en su apartado artístico: no solo es notable el nivel de recreación de la época dorada de la piratería, sino que Munuera lo adereza con ingredientes de cosecha propia –los cuales no sobresalen como algo negativo, sino todo lo contrario–, creando una mezcla que se refleja muy bien en las islas caribeñas, tesoros enterrados y abordajes en alta mar que aparecen en cada una de las páginas del álbum. El apartado artístico es algo diferente –también lo es el tipo de historia– respecto a los anteriores trabajos del dibujante, debido a que tanto el tratamiento del dibujo como del color –con un impecable Sedyas a quien ya hemos disfrutado en Sortilegios– se acercan más a la BD clásica. Pero mantiene todas las virtudes a las que Munuera nos tiene acostumbrados en cuanto a creación de personajes y escenarios se refiere: fiel a su propio estilo.

En resumen, si te gustan las historias de piratas y disfrutaste con La isla del tesoro o Monkey Island, te gusta el tratamiento del género desde un punto de vista humorístico –y dramático cuando tiene que serlo–, esta es tu BD; no te la pierdas porque te lo vas a pasar muy bien.

Los Campbell: Inferno
Aventuras, piratas, cómic
Dibbuks. 56 págs. 14 €

marzo 07, 2015y

19 de noviembre de 2014

Reseña: «Moby Dick», de Olivier Jouvray y Pierre Alary

Una versión libre del clásico de Herman Melville que se centra más en el carácter demente del capitán Ahab.

«Llamadme Ismael». Así comenzaba la obra cumbre de Herman Melville y así es como empieza también la adaptación que el guionista Olivier Jouvray y el dibujante Pierre Alary llevan a cabo de esta clásica novela de aventuras del autor estadounidense, publicada en 1851. Una vez más, el cómic se revela un medio idóneo para (re)contar una historia que, siendo de sobra conocida por el público en general, adquiere nuevos matices desde su perspectiva gráfica. Cuando además el título llevado hasta el mundo de las viñetas es de procedencia universal, como en el caso de la célebre narración que nos ocupa, se diría que el valor añadido de su enfoque ilustrado es aún mayor.

Por tanto es Moby Dick, la gran historia de aventuras de Melville que han disfrutado varias generaciones, la que conoce ahora su versión adaptada de la mano de Jouvray (autor de Lincoln, también en Dibbuks) y con los sublimes pinceles de Alary. Y es Dibbuks, editorial que siempre ha apostado fuerte por el dibujante francés (Belladona, Simbad, Silas Corey) quien presenta este bello volumen único que a partir de ahora permitirá acercar a los lectores —que no lo hubieran hecho ya en su formato convencional— a este clásico indiscutible de la literatura. Para aquellos que en cambio ya lo conocieran, seguro que será una agradable sorpresa revisitar el mítico relato gracias a esta adaptación.

El tomo se divide en tres partes y se inicia con la llegada de Ismael al puerto de Nantucket (Massachussets) para enrolarse en el barco ballenero Pequod junto al pecualiar Queequeg, arponero procedente de las antípodas, a quien conoce de forma accidentada en la víspera de la singladura marítima y vital. Dejando atrás sus experiencias en la marina mercante, el joven marinero busca un cambio de aires que dé sentido a su existencia, así como vivir emociones fuertes a bordo de uno de los navíos que parten en busca de los grandes monstruos de los océanos. Pero la travesía en busca del aceite que proporcionan estas gigantescas criaturas abisales se convierte en la historia de una persecución obsesiva, la del capitán del barco, Ahab, tras los pasos de la famosa ballena blanca que años atrás le arrebató una pierna y el resto de su cordura. Ismael, Queequeg, Starbuck y el resto de la variopinta tripulación asisten a la caída en el abismo de su capitán mientras surcan inexorablemente el horizonte austral sin más rumbo que el marcado por la locura del desquiciado comandante.


“Se lee con intensidad y constituye un modo ameno y una elección visual muy interesante”
No es esta la primera ni única adaptación existente de la búsqueda del cachalote albino, pero Olivier Jouvray está a la altura del relato y consigue darle un giro con una versión libre que se centra en el carácter ofuscado y demente del capitán, prescindiendo de las connotaciones técnicas del oficio naval que incorporaba el relato original. Pero como parece lógico, es Pierre Alary el que aporta a la historia la belleza que le es propia a toda la imaginería que rodea la novela, con atardeceres deslumbrantes en alta mar, recreaciones de impresionantes veleros y escenas que parecen sacadas del mismo cuaderno de bitácora de un navegante con ese toque aventurero que define el perfil del ilustrador, y que deleitará tanto a sus seguidores como a los amantes de las estampas marineras.

Si hay algo que destacar por sentido propio en esta adaptación es evidentemente el dibujo realizado por Alary. Y si tenemos que resaltar algo del mismo, enseguida salta a la vista que en esta ocasión ha optado por un intencionado trazo abocetado, que apenas entra en detalles ni definiciones expresivas (exceptuando quizás al propio Ahab), pero que pretende arrancarle fuerza a las páginas, particularmente en las secuencias de mayor acción y dinamismo, como las cacerías de ballenas. Para el color, del que ya hemos destacado los espectaculares crepúsculos que se vislumbran desde la borda del Pequod, ha contado con la colaboración de Didier Gonord, que ayuda a contrastar esa plácida calma que precede a la tormenta originada por la enajenación de Ahab y la impotencia de sus hombres hasta el momento del trágico desenlace esperado.


Sin embargo, siendo seguidor de la trayectoria profesional de Alary, que se recrea en su faceta Disney con títulos como Simbad, o se muestra como un excelente exponente de línea europea actual en la genial historieta de aventuras que creó durante la primera entrega de Silas Corey, he de admitir que objetivamente me esperaba un enfoque gráfico distinto en éste Moby Dick, su último cómic hasta la fecha. Y es que llama mucho la atención, poniendo sobre la mesa los anteriores trabajos del autor, que nos encontremos viñetas enteras en las que raya el mero bosquejo, y que a secuencias de indiscutible vigor y belleza les sigan otras donde cierta llaneza gráfica salta a la vista.

Es tal vez ese aspecto el que hace que mi apreciación de la obra en su conjunto no alcance el esplendor que hubiera imaginado inicialmente. Queda clara la intención de otorgar a esta adaptación un sentido ágil, con la omisión de detalles propios de manual enciclopédico por lo que respecta al guión y con ese diseño deliberadamente precipitado del dibujo. Pero tal planteamiento acarrea una falta de profundidad que ha supuesto que la valoración de esta novela gráfica tampoco haya sido especialmente entusiasta en su mercado de origen. Falta el ardor de la novela en la que se inspira, aunque uno no quiera entrar en comparaciones entre libro y cómic.


No obstante lo dicho, el álbum se lee con intensidad y constituye un modo ameno y una elección visual muy interesante para conocer esta famosa historia de gran carga filosófica. Si bien es cierto que nos hubiera gustado encontrar aquí al Alary más puro de obras anteriores, no se puede reprochar que el autor haya querido darle una vuelta a su estilo y desarrollar un encuadre diferente esta vez, no exento —que quede claro— de calidad.

Una lectura recomendable, que no consigue alcanzar la globalidad del título al que versiona, pero tampoco lo necesita para hacernos disfrutar de su contenido. Un buen tomo más que pasa a engrosar nuestra colección Alary, niño mimado con pleno derecho de Dibbuks (muy correcta edición, por cierto, como es costumbre) al que sin duda todavía le queda mucho más por ofrecer, aunque este no constituya su mejor trabajo. A fin de cuentas, la segunda parte de Silas Corey ya está a la vuelta de la esquina.

MOBY DICK
Olivier Jouvray, Pierre Alary
Dibbuks
Trad. Diego Álvarez Fernández.
124 págs. 18 €

noviembre 19, 2014y

18 de mayo de 2014

Reseña: «Green Manor: 16 encantadoras historietas criminales», de Denis Bodart & Fabien Vehlmann

No voy a mentir diciendo que cuando acudo a mi tienda de cómics de siempre voy con una idea preconcebida de lo que quiero ver y comprar. Normalmente dejo que mi "radar" me guíe hacia algo con lo que suelo acertar. Tampoco suelo prestar mucha atención a los autores –cosa que por cierto, no sólo me pasa con los cómics, sino que también me pasa con los libros y con algunos artículos de distintos medios de prensa–. Para mí siempre ha predominado la obra sobre el creador, por lo que seguramente pueda hablaros de centenares de títulos que me han encantado, pero si me preguntáis por quién la ha creado, se me quedará cara de tonta. Tampoco hago una gran labor de investigación de las cosas que me podrían interesar en cada momento, más que nada porque las visitas que hago a mi librería no suelen estar planeadas. Únicamente miro alguna que otra lista de novedades cuando estoy siguiendo una saga –ya sea película, cómic o libro–, para poder planificar su compra. Por esta razón reconozco que tengo un alto porcentaje de "sorpresa" cuando con este método, me encuentro con verdaderas joyas.

Éste ha sido el caso del cómic que Dibbuks publicó en el año 2011. Un integral titulado Green Manor: 16 encantadoras historietas criminales de mano del guionista Fabien Vehlmann y del –en este caso dibujante– Denis Bodart. Lo primero que me llamó la atención del cómic fue su aspecto. Da la impresión de ser un libro muy antiguo, de esos de finales del siglo XIX, con la portada en imitación de cuero y tela, un poco desgastado y con una especie de camafeo en el que aparece uno de los personajes del interior. El lomo tampoco estaba nada mal, ya que también tenía el aspecto avejentado y desgastado de la tapa y la contracubierta. Entre medias, una guía de lectura de tela –lo siento, pero son mi debilidad–, una gran cantidad de páginas de un gramaje de excelente calidad y un premio en forma de bocetos al final.


“Muchos de los casos son realmente impactantes”
La historia comienza en una viñeta a página completa en el que no nos encontraremos los márgenes de un cómic normal; se nos presenta a un señor que parece haberse bajado de un carruaje para ser recibido en la puerta por lo que tiene todos los visos de ser un guardia. Un título en el margen superior izquierdo de la primera viñeta de la siguiente página reza: "Londres. Hospital psiquiátrico de Bethlehem, 1899". Los fondos que englobarán a los personajes durante esta primera parte de la historia serán bastante interesantes, ya que mostrarán detalles precisos que nos hagan ambientarnos de forma perfecta con ese entorno tétrico y ceniciento que se suele relacionar con aquella época. El colorista –Scarlett (capítulos 1 a 11)– usará un tono sepia para indicarnos el inicio de esas dieciséis historias que podremos leer a partir de ese prólogo. Una forma de indicarnos que viajaremos atrás en el tiempo para conocer los acontecimientos que llevaron al señor Thomas Below a estar encerrado con una camisa de fuerza atada a la pared –o lo que podremos deducir que lo provocó, todo es posible–.

Una vez pasado este prólogo, podremos leer todas las historias que componen el volumen, cada una ambientada en un año distinto que nos mostrará una gran variedad de casos detectivescos. Por orden serán: "Un escalofrío de placer" (Octubre de 1879), "Postdata" (Agosto de 1882), "Modus Operandi" (16 de Julio de1882), "21 alabardas" (Marzo de 1893), "Sutter 1801" (Abril de 1872), "La balada del Doctor Thompson" (1878), "Juego de niños" (Marzo de 1871), "La marca de la bestia" (1885), "Últimas voluntades" (1876), "La sombra del centurión" (Julio de 1897), "Noche vudú" (Diciembre de 1870), "El final de la partida" (Junio de 1871), "La musiquita del crimen" (1867), "En la mente de William Blake" (Agosto de 1827), "Duelo en la cumbre" (Mayo de1859) y "El testamento" (1872).


Debo ser sincera reconociendo que no he leído mucha novela negra a lo largo de mi vida, me he centrado más en el género fantástico, pero doy fe de que muchos de los casos son realmente impactantes. No me refiero al hecho de que maten a tal o cual persona de una manera u otra, sino de mi total imposibilidad de descubrir al asesino o el modus operandi hasta que no he llegado al final de cada relato. Cada uno es original a su manera, lo que os hará sorprenderos un poquito más conforme avancéis la lectura. Además, otros coloristas aparte del que antes mencioné como Étienne Simon y el mismo Denis Bodart, le darán a cada escena el tono adecuado con el que poder interpretar a los personajes que se nos describen. El club Green Manor siempre tiene tonos cálidos; las escenas en los hogares y despachos de algunos protagonistas tienen una predominancia de verdes o amarillos –colores que se suelen asociar a la envidia o a otro tipo de emociones nada sanas–; las escenas nocturnas estarán cargadas de azules y aquellas en las que se nos explique alguna que otra conspiración o la preparación del crimen, pueden llegar a estar plasmadas mediante tonos cercanos al gris. Para explicar la ambientación del cómic, creo que lo mejor es que transcriba al texto de contracubierta que posee este integral:

         El crimen no es nada sin un mínimo de elegancia.
         A primera vista el muy selecto Club Green Manor se parece a cualquier otro club inglés. Sin embargo, detrás de sus espesas paredes, en sus mullidos sillones, se esconde la mayor pandilla de estafadores, canallas y asesinos que la Reina Victoria ha conocido jamás.

Como habréis podido comprobar con esta breve descripción, todos los crímenes estarán en muchas ocasiones perpetrados por miembros del club que consideran un reto superar a su predecesor llevando a cabo un crimen aún más espectacular y de mayor vileza. Todos ellos serán capaces de las mayores crueldades para salvaguardar su honor de caballeros que, como estudiosos de los crímenes de la época –y fans empedernidos de Sherlock Holmes, el personaje creado por Conan Doyle– podrían hacerles pasar a la historia de su club, siempre y cuando consigan salir indemnes. En definitiva, un cómic no recomendado para pequeñajos, pero que puede motivar el interés hacia un género como la novela negra a chavales que quizás no saben muy bien qué género elegir para comenzar una larga trayectoria como lectores, ya sea de novela o cómics. A los que ya tenéis cierta experiencia en estas cuestiones, pensad que no hay ningún cómic como éste que tenga ese dibujo, una encuadernación parecida, y únicamente por veinticuatro doblones; no me parece nada caro pensando en la gran cantidad de historias que tendremos para leer. Ah, y por cierto, se presta a una relectura para intentar utilizar la deducción lógica ahora que ya sabéis "las pistas" de cada caso. Así que os animo a que miréis si en vuestra librería más cercana aún lo tienen y a que simplemente le echéis un ojo. Seguramente os sorprenderéis, os acordaréis de lo que os he dicho y os lo llevaréis a casa. No tengo ninguna duda.
Información adicional

Crimen Cómic

Green Manor.
(Green Manor, intégrale tomes 1 à 3 : 16 Charmantes historiettes criminelles).
Traducción de Lorenzo Félix Dáz Buendía.
Dibbuks, col. "Aventúrate", abril de 2013.
160 páginas, color.
No disponible en ebook.
24 € (encuadernación holandesa).
Lectura independiente.

mayo 18, 2014y

11 de diciembre de 2013

Reseña: «Consejo Real: Paz e impuestos», de Josep Busquet y Roc Espinet

Título original: Consejo Real: Paz e impuestos.
Guión: Josep Busquet.
Dibujo: Roc Espinet.
Color: -.
Edición: 88 págs, b/n. Dibbuks, noviembre 2013.
Precio: 16 € (tapa dura).
Traducción: Obra original en castellano.
Temática: Humor, fantasía.
Correlación: Lectura autoconclusiva.


Que el cómic es un medio de expresión tan válido como cualquier otro para reflejar coyunturas sociales y problemas de actualidad, desde la óptica de las viñetas, no hay duda. Si se le añade que atravesamos un gravísimo bache socioeconómico, donde la limitación de derechos civiles y el hostigamiento persistente de los poderes supone un caldo de cultivo –hartos como estamos de tanto atropello– para toda manifestación de rebeldía ciudadana, incluido desde una perspectiva artística, no es de extrañar que en los últimos años hayan surgido obras que testimonien estas penosas circunstancias. Así, además de las habituales tiras gráficas y gags en periódicos y en las conocidas revistas que ironizan sobre los titulares que son noticia, últimamente hemos podido ver y leer unos cuantos tebeos españoles que son una clara muestra de lo dicho anteriormente.

“Una sociedad en forma de distopía medieval que no difiere mucho de la nuestra ”
Entre los más recientes se encuentran, por ejemplo, el ácido estudio llevado a cabo por Aleix Saló sobre la actuación de las clases dirigentes durante esta interminable recesión (Españistán, Simiocracia), o acerca de los efectos de la misma sobre la gente de la calle en el novedoso Crisis (de ansiedad), de Juanjo Sáez, y de la respuesta colectiva para hallar una salida con Manel Fontdevila en su No os indignéis tanto. En un ámbito que participa de ideas comunes, pero desde una apariencia ciertamente más amable y desenfadada, Josep Busquet y Roc Espinet dan paso a su Consejo Real; un divertido cómic en el que salen a relucir todos los trapos sucios imaginables de nuestros políticos y cuyos protagonistas son una parodia en clave de hipérbole (¿o no tanto..?) de éstos.


Yo diría que Consejo Real no pretende (al menos de una forma tan abierta como en los títulos citados) cargar las tintas con nombres y apellidos hacia quienes nos gobiernan, o tal vez no busca hacerlo asumiéndolo como una lucha declarada, sino queriendo aportar la visión cómica de una situación a la que realmente no es fácil sacarle chiste. Pero en lo que desde luego no se corta es recurriendo a unos personajes que simbolizan el arquetipo, real como la vida misma, de aquellos que dicen representar nuestros intereses, sean del signo y color que sean. Este, desde mi punto de vista, es uno de los mejores métodos para combatir el cinismo y devolverles el desprecio, dejando en evidencia su deplorable conducta, por desgracia de la mayoría de la clase política, a través de un merecido escarnio humorístico.

De ahí que la historieta de ochenta y cinco páginas que nos presenta Dibbuks no pierda un ápice como sátira corrosiva de primer orden y goce de rabiosa validez, sólo que para ello utiliza una sociedad en forma de distopía medieval que no difiere mucho de la nuestra en determinados aspectos. En esta primera entrega bajo el epígrafe de "Paz e impuestos", los autores introducen la situación de partida de la que podría llegar a convertirse en serie regular si hay aceptación por parte de los lectores (apoyo con el que, por mi parte –ya lo adelanto–, cuentan). Veamos:

Durante una de las frecuentes correrías nocturnas junto a su guardia personal, el rey de Brekemburgo sufre un desafortunado incidente y muere de forma un tanto absurda. Sus hombres, en parte por cubrirse las espaldas y al mismo tiempo tratando de sacar tajada de la adversidad, deciden espontáneamente erigirse en el Consejo Real y tomar el control del reino. El problema es que Johan, Alastor, Zeke, Lazarus y Otto no son precisamente un dechado de virtudes, sino el perfecto exponente de la peor calaña del feudo. Para sostener su coartada y mantenerse al mando, acusan a un país vecino del asesinato del monarca y no sienten el menor tapujo en declararle la guerra para hacer y deshacer según sus caprichos y ambiciones personales. Pero las mieles del poder son tentadoras, así que tendrán que recurrir a todo un arsenal de trucos y rastreras artimañas para alargar el conflicto y permanecer en su cómodo status recién adquirido.


Josep Busquet vuelve a componer un ocurrente guión, donde el tono de aventura medieval amena y disparatada cobra gran peso, en la más pura tradición de historieta europea, y que entretiene de principio a fin. El humor mordaz y la mala leche están presentes casi en cada página. Su enfoque de la decepcionante realidad institucional nos ayuda a enfrentar el cariz de la escena política actual con otro ánimo (cuando no directamente con la carcajada) y, por qué no decirlo, a pensar que en el fondo las cosas pueden cambiar a mejor (así de optimista se muestra él en su dedicatoria) vista la inutilidad de gran parte de aquellos que están instalados en sus poltronas.

La gracia del argumento reside en buena parte en reconocer y asociar todo el conjunto de trapacerías a las que se entregan con entusiasmo los protagonistas, con la podredumbre, las corruptelas y los politiqueos que vemos a diario en los informativos encontrando aquí su fiel reproducción, pero también con algunos juegos de palabras (como un gentilicio que no acaba de encontrar definición) y guiños a ciertos episodios chuscos del panorama nacional (pienso en diversas salidas de tono del veleidoso soberano de Takistán). Claro que la sociedad secreta, encabezada por el antiguo administrador real, que hace oposición al Consejo Real no es menos patética que los depravados integrantes del gabinete de gobierno. Para completar el reparto, entran en la historia dos inusuales princesas y una asesina que tampoco tienen desperdicio.


¿Pero tan malas piezas y crápulas son los improvisados miembros de este Consejo Real? Pues sí, eso y más. Johan, como un primer ministro y jefe de vida licenciosa, es quien suele mover los hilos del equipo y decreta algunas de las medidas más viles y traicioneras. Le sigue el juego Alastor, que propone todas las órdenes relativas a asuntos exteriores en materia militar; un tipo sádico y obsesionado con la guerra. Lazarus, que seguramente a más de uno le recuerde a cierto mezquino ministrillo de hacienda, es embaucador y chantajista, pues las finanzas y los sobornos son su especialidad. Zeke es experto en cuestiones de intendencia, economía y contrabando, siempre dispuesto a regatear y a toda clase de maniobras de usura. En cuanto a Otto... bueno, digamos que cuando no queda otra opción, el grupo decide enviar a Otto: un matón muy bestia que, sin embargo, tiene su corazoncito y nos procura varios de los momentos más jocosos.

Para el dibujo creo que no podía haber un perfil mejor que el trazo caricaturesco de Roc Espinet, que dota a los personajes de un buen repertorio de muecas y ademanes exagerados perfectos para su psicología (posiblemente herencia de su trayectoria en la animación) e imprime a la aventura un ritmo enérgico. Ha elegido la escala de grises, en lugar del color, con efecto intencionado de trama de puntos, que podrá gustar más o menos, pero la verdad es que no le va mal a la historieta. Creo, no obstante, que el color le hubiera podido dar un valor añadido al cómic, pero ya digo, es una cuestión de preferencias. El caso es que el dibujante tiene un estilo que particularmente me ha encantado y que espero revisitar en futuras peripecias de esta pandilla de locos corruptos.


Queda abierta por tanto la posibilidad de leer nuevos episodios de Consejo Real, según sus autores, bien en forma de breves apariciones en alguna publicación periódica o fanzine, bien en otra historieta larga como la presente. Esperemos que Dibbuks tenga a bien editar más entregas si se diera el caso, manteniendo el bonito formato en tapa dura (con unas detalladas y originales guardas en sepia) de este primer y, de momento, único volumen. Desde luego, ideas no faltan para que podamos ver más aventuras de lectura independiente, ya que el crisol del que surge toda esta retahíla de abusos, injusticias y ruindades atribuibles a sus personajes parece no tener fin (basta observar la degeneración moral a la que siguen entregándose cada día nuestros gobernantes electos y líderes políticos). Mientras exista la alternativa de soportar el ciclo lamentable que atraviesa nuestro país con el humor de tebeos divertidos e ingeniosos como éste, algo nos queda...

Antes de terminar me gustaría hacer mención a la campaña navideña que Josep Busquet ha puesto en marcha, gracias a la cual podéis conseguir un dibujo dedicado por el autor por la compra de cualquiera de sus cómics en alguna de las librerías asociadas. Tenéis toda la información en este enlace y el plazo para participar es hasta el próximo 10 de enero. Por otra parte, los lectores francófonos están de enhorabuena, ya que desde principios del año que viene podrán disfrutar de La révolution des pinceaux ("La revolución de los pinceles"), una de las obras más aclamadas del guionista, con el dibujo de Pere Mejan. ¡Les deseamos toda la buena suerte que se merecen!


diciembre 11, 2013y

12 de noviembre de 2013

Reseña: «Silas Corey. La red Aquila», de Fabien Nury y Pierre Alary

Levita, guantes y traje a medida; repeinado, con bastón y revólver. Altivo, observador, en ocasiones tramposo, petulante, descreído, mordaz hasta el extremo y, sobre todo, increíblemente sagaz. Así es Silas Corey. Su "tarjeta de presentación" editorial lo dice todo: «Detective. Espía. Asesino. Canalla o héroe. Eso depende del cliente...». Dibbuks bien puede anotarse un tanto por el acierto de traernos en un integral, de exquisito formato, las dos historietas que componen las aventuras hasta ahora publicadas del personaje creado por Fabien Nury y Pierre Alary, apenas unos meses después de su aparición en Francia gracias a Glénat. Genuino cómic de detectives, con un brillante protagonista central (como exige el género), combina en la misma receta un regusto a clásico de intriga –atmósfera de época incluida– y expresión de BD renovadora. No me cuesta nada afirmar que estamos sin duda ante uno de los mejores tebeos del año.

Con ese porte de antihéroe y de figura atribulada por su pasado del que acostumbran hacer gala los intérpretes de género negro, Silas Corey cuenta con las singularidades necesarias para codearse con otros personajes famosos de la literatura universal de ficción detectivesca y del cómic sobre investigadores de todo pelaje. No en vano le bastan un puñado de viñetas para mostrarnos su atractiva arrogancia y sus dotes de sabueso.


Protagonista carismático, revestido del mohín cínico y del halo misterioso que rodea a sus análogos –a quienes no tiene nada que envidiar– aúna la enjuta compostura y el talento de la talla de Sherlock Holmes (también gusta, por cierto, de la pipa de fumar) con métodos de lucha criminal propios de un Dick Tracy. Por supuesto que también posee el típico doble fondo y ese carácter excéntrico tan común en su especie: si Poirot ocultaba tras su proceder intachable y escrupuloso una serie de desquiciantes manías obsesivo-compulsivas y Philip Marlowe no podía disimular su estampa de lobo solitario, en Silas, tras esa fachada de gentleman aséptico y reservado, hay una codicia por el mejor pagador a la vista y cierta irreverencia que constituyen sus señas de identidad. En todo caso, como le recuerda Nam, su criado y ayuda de cámara vietnamita, es un "tipo con recursos".

París, 1917. La Primera Guerra Mundial ha llegado a un punto de desgaste en el que ninguno de los bandos avanza posiciones y los muertos se cuentan por millones a ambos lados de las trincheras, que aguantan a duras penas los embates armados en tanto que las maniobras de espionaje y toda clase de conspiraciones políticas tratan de inclinar la balanza hacia una facción u otra. Un periodista llamado Hector Casella intercepta un sello con un mensaje cifrado que podría suponer un vuelco completo a la contienda. Pero agentes alemanes irrumpen en su apartamento y el informador debe darse a la fuga.


“Un extenso trabajo de documentación que recurre a personajes e instituciones reales, así como eventos y anécdotas”
En la redacción de su periódico, el patriota Georges Clemenceau, principal opositor del extenuado gobierno francés, cita al otrora reportero y posterior soldado desmovilizado Silas Corey, que impone onerosas condiciones para encontrar a Casella. Su misión: recuperar el misterioso sello que confirme los indicios colaboracionistas del actual presidente del consejo, en connivencia con la influyente viuda Zarkoff, dueña de la más poderosa industria armamentística de la época y sospechosa de vender secretos de estado al enemigo. Al aceptar la oferta, Corey se introduce en una red de maquinaciones y se verá trabajando al mismo tiempo para muchos de los implicados, entre los que surgen nuevos y ávidos competidores como los agentes del servicio de inteligencia del ejército, un antiguo romance del pasado... y Aquila, un adversario a la altura de su ingenio.

El ciclo completo que compone la trama de La red Aquila con sus dos álbumes puede encontrarse en este volumen integral de tamaño europeo que, afortunadamente, nos permite leer la historia de un tirón, sin tener que aguardar con impaciencia a que se reanude en siguientes entregas alargadas en el tiempo, ni caer en la intranquilidad de que la aventura quede descolgada por avatares editoriales. El relato se extiende con habilidad a lo largo de estas dos partes, adquiriendo poco a poco su ritmo, siendo la primera una exposición de la trama, donde además se coloca convenientemente a todos los peones en juego sobre el tablero, y su continuación, aunque no haya un paréntesis muy apreciable que marque la separación entre una y otra (no hubiera estado de más añadir la portada original del segundo tomo), en la que ya se dispara la acción.

Fabien Nury rubrica aquí su trabajo más reciente tras demostrar con Érase una vez en Francia (por Norma Editorial) su soltura en el género negro, los enredos históricos y los guiones de inspiración bélica. El contexto histórico no puede estar mejor descrito: los mismos personajes (ayudados por un bienvenido apéndice en las páginas finales) son los encargados de ponernos al corriente de la coyuntura por la que atraviesa el deprimido país durante el conflicto militar, pero sin que dichas explicaciones ralenticen la cadencia de la aventura, ni mucho menos. Antes bien, el autor maneja un thriller incansable de espías y agentes dobles, donde las investigaciones del protagonista discurren simétricamente a una acción in crescendo.


Todos los ingredientes que aparecen en cómics de corte policial o de espionaje (como la archiconocida "XIII", en cuya serie derivada Nury ha participado poniendo letra a uno de sus álbumes) los podemos encontrar también en "Silas Corey": huidas y persecuciones pistola en mano, juegos de diplomacia, ardides conspiratorios, asesinatos, trampas que se tienden los principales rivales en sus desencuentros, rencillas políticas... con la omnipresente aventura amorosa que sale a flote de nuevo. El argumento no será el colmo de la originalidad, pero compone un puzzle muy ameno donde todas las piezas acaban encajando, aunque al principio nos sintamos un poco perdidos en el planteamiento de relaciones y lealtades. Quizás ésa sea la única pega que se le pueda poner al guión; es lo bastante enrevesado como para exigir que la lectura sea atenta y reflexiva.

El marco histórico de la Gran Guerra, como también se denominó al primer enfrentamiento armado a escala global, ofrece un sinfín de posibilidades que los autores han sabido exprimir a fondo, a pesar de que las fuentes acostumbren ser menos prolijas con este episodio bélico que con el subsiguiente que tendría lugar entre 1939 y 1945. La recreación infundida en las páginas de esta obra certifica un extenso trabajo de documentación que recurre a personajes e instituciones reales, así como eventos y anécdotas (las primeras escuchas telefónicas, la utilización de gases letales, la Oficina Segunda, los duelos en el aire entre aeroplanos enemigos que evocan las hazañas del Barón Rojo, etc.) recogidas directamente de las crónicas de dicho periodo. Una de las virtudes de este cómic en ese aspecto es que, una vez leído, se trata de los que te hacen acudir a la enciclopedia (bueno, más bien a internet hoy en día) para confirmar tal o cual detalle, e indagar acerca de determinados personajes verídicos que intervienen en la aventura, lo cual es un mérito del que no todo tebeo pretendidamente histórico puede presumir.

El conjunto de personajes también puede parecernos el típico de una historieta basada en esta vertiente de suspense y acción, donde alrededor del incorregible y perspicaz galán –además de la femme fatale de turno, que encarna en este caso la seductora Marthe Richer– orbita una galería de secundarios, de quienes es fácil caer en la tentación de establecer sus álter ego con la ejemplarizante obra de Conan Doyle. Así, el servicial Nam vendría a ser una especie de Dr. Watson, el coronel Ledoux haría las veces de inspector Lestrade o el insidioso Aquila, temible agente del Kaiser, pasaría tal vez por Moriarty. Pero todos cumplen su papel ganándose una identidad propia, así que no por previsibles se les puede achacar la menor falta ni caer en símiles que no conducen a ninguna parte.


En cuanto al excelente trabajo de Pierre Alary, pocas (por no decir ninguna) pega se le puede poner. En un repaso rápido, basta echar un vistazo a Belladona y a Simbad (ambos títulos editados también por Dibbuks en castellano) para comprobar que ya en su trayectoria anterior el dibujante exhibe una manifiesta calidad gráfica. Con "Silas Corey" su evolución es notable y Alary se supera a sí mismo gracias a un trazo magnífico y fluido que no deja nada al azar, y sin olvidar sus orígenes en el campo de la animación consigue aportar a los personajes una genial caracterización.

Pero no se queda sólo ahí, ya que la recreación de ambientes y vistas del París de la época, tanto de interiores (mención especial a la escena que se produce dentro de las Galerias Lafayette) como de planos más generales es igualmente admirable. La guinda del pastel la pone la variada paleta del colorista Bruno García que logra arrancar las tonalidades adecuadas según el escenario y el momento, con planchas que se suceden entre las sombras nocturnas de los callejones parisinos a los alboreados paisajes de las trincheras. No es necesario por tanto incidir en que dibujo y color son uno de los grandes atractivos de este cómic, que además se permite algún que otro guiño a la historieta francobelga más clásica (ese botones de hotel se da un aire demasiado cercano a Spirou para pensar que el parecido sea puramente casual). No hay duda que Pierre Alary se convierte en un autor de referencia y un nombre destacado de la BD actual, de quien cabe esperar un trabajo de altura con la adaptación de Moby Dick en la que se encuentra inmerso.

Con Alary como autor de la casa y una agenda de lanzamientos entre los que últimamente siempre hay propuestas cuando menos llamativas, Dibbuks está consolidando un portfolio realmente efectivo. La edición de "Silas Corey" ha resultado ser idónea, en tapa dura y a tamaño grande, con el epílogo de notas acompañadas de unos cuantos bocetos del dibujante para cerrar este elegante volumen. Un díptico que todo amante de los relatos de detectives no debería perderse y cuya relectura seguro que arroja nuevos matices.

Tengo el pálpito de que el buen hacer de sus autores y la estupenda acogida del personaje nos traerán más Silas Corey en un futuro. Entretanto, regálense una grata aventura que reivindica el tebeo directo y absorbente, recomendado hasta la fecha por librerías y crítica de toda índole, pero sobre todo por los lectores, los primeros en responder favorablemente. Y no es para menos: comprobadlo por vosotros mismos.


noviembre 12, 2013y

23 de septiembre de 2013

Reseña: «Pigeons from hell», de Joe R. Lansdale y Nathan Fox

Título original: Pigeons from Hell.
Guión: Joe R. Lansdale.
Dibujo: Nathan Fox.
Color: Dave Stewart.
Edición: 120 págs, color. Dibbuks, julio 2013.
Precio: 12,95 € (rústica).
Traducción: Juan Torres García.
Temática: Terror.
Correlación: Independiente, basado en el relato homónimo de Robert E. Howard.


Siempre lamento que el género de terror –uno de mis favoritos– no tenga más peso en el mundo del cómic. Puede que sea por el estigma sobre los cómics de EC y la estúpida polémica que terminó con la Comics Code Authority (y que ahora se repite, parece, con los videojuegos). O por las características del medio en sí; a mitad de camino entre la literatura y el cine, ni deja tanto a la imaginación como el primero ni es tan visualmente impactante como el segundo. Quizás este es el problema, y quizás en el terror este problema se magnifique al ser un género que a diferencia de otros busca la reacción visceral constante; es posible que hacer buen cómic de terror requiera más talento que el necesario para triunfar en otros campos.

Pese a esta escasez, hay obras muy buenas que merece la pena conocer (tanto entre el cómic americano como entre el europeo o el japonés), sobre todo cuanto más retrocedemos en el tiempo. Los muertos vivientes (The Walking Dead), de Robert Kirkman, From Hell, de Alan Moore, Uzumaki, de Junji Ito, las selecciones de cómics de “Creepy” y “Eerie”, o las recientes antologías de “Flinch”. Pigeons from hell forma parte de una nueva ola de terror que adapta clásicos literarios de los maestros del pulp o de Edgar Allan Poe, con lo que ya de entrada dispone de una base de éxito asegurada; su edición original americana corre a cargo de Dark Horse, una de las editoriales “alternativas” más interesantes (entre otras, destaca su “Hellboy”, que también suele usar temas de los Mitos de Cthulhu) y la que ahora nos ocupa, la edición española, es obra de Dibbuks, editorial con una línea de publicaciones cada vez más interesante. La edición, por cierto, me parece muy cuidada, sin problemas en la traducción, y con una sección de notas y esbozos al final que siempre resulta interesante.


Pigeons from hell, de Joe R. Lansdale, Nathan Fox y Dave Stewart se basa en el relato homónimo de Robert E. Howard (conocido sobre todo por ser el padre de Conan), considerado bastante unánimemente como una de sus mejores obras; si a alguno le interesa, puede leerse en la estupenda antología Malos sueños de la editorial Valdemar (que no debería faltar en ninguna biblioteca), o en Los gusanos de la tierra, en su la colección “Gótica”.

En esta adaptación, los guionistas han escogido algunas partes del original y las han adaptado a lo que se suele pedir actualmente del género; más gore y más espectáculo, potenciando el componente zombi que aún sigue de moda (gracias sobre todo a Los muertos vivientes), todo ello ambientado en una ruinosa mansión sureña afectada por una maldición vudú. El resultado contiene muchos de los tópicos del género: empieza con un grupo de estudiantes (siempre en grupo, así al ir muriendo se pueden mostrar escenas variadas de descuartizamiento) que visitan un sitio claramente poco acogedor y, antes que se den cuenta, se ven enredados en una pesadilla de la que, como espectadores, ya podemos imaginar el final. La formula es simple, pero si se usa tantas veces es porque es efectiva y si se utiliza bien, puede dar historias muy entretenidas. Hay mil formas de sazonarla, y el guionista procura usarlas; los personajes no son del todo planos, hay diálogos ocurrentes y giros sorpresa, y se logra establecer un trasfondo tan interesante como la historia misma mediante breves flashbacks.

El dibujo acompaña; crudo, desgarbado, dinámico y sugerente; le hace justicia a los sombríos paisajes de la plantación. Algunas escenas –el árbol del anciano vigilante, la casa vista a lo lejos– son realmente impactantes; otras, quizás un poco anti-climáticas–, los espíritus  escondiéndose (cuyo diseño, por cierto, parece inspirado en el manga-anime), pero no se puede tener todo. Como adaptación, no me parece del todo buena, pero es que soy un purista: siempre las preferiría literales, y rara vez se puede transferir una historia concebida para un medio a otro sin estropearla o cambiarla. En este caso han logrado lo segundo, y me alegro.


septiembre 23, 2013y

10 de julio de 2013

Reseña: «Lección de pesca», un cuento de Heinrich Böll e ilustrado por Émile Bravo


Autor contracorriente de la BD contemporánea, el dibujante de origen español Émile Bravo se ha caracterizado desde el inicio de su carrera profesional en el mundo de la historieta por seguir una tendencia al servicio de los estándares más clásicos del tebeo europeo. No ya sólo por su estilo artístico, abiertamente deudor de la línea clara iniciada por Hergé y asimilada por una generación más o menos reconocible de dibujantes posteriores, sino también por recuperar el espíritu de aquellas viñetas con las que casi todo aficionado al cómic hemos disfrutado durante nuestra niñez. Un espíritu de la aventura en su sentido más transparente y con un buen grado de inocencia, es cierto, pero no exento de toques innovadores y colmado por igual de grandes dosis de vivacidad y dinamismo.

Esta propensión a una vertiente del cómic, digamos, más inclinada a la distracción de un público joven –aunque no por ello falta de aspiraciones– le ha valido la etiqueta de autor para niños dentro del medio. Y eso formándose y habiendo compartido estudio creativo con nombres de la talla de Lewis Trondheim (Lapinot, La Mazmorra), Joann Sfar (Las olivas negras, El gato del rabino), Marjane Satrapi (Persepolis) o Christophe Blain (Isaac el pirata, Quai d'Orsay), entre otros, que definitivamente emprendieron un camino muy diferente al suyo; de ahí que haya comenzado por hablar de lo divergente de su vocación. El lector inteligente sabrá distinguir bajo esa fachada de relativa sencillez gráfica y de un cierto candor narrativo una grandísima virtud sólo al alcance de unos pocos.


Buen ejemplo de lo dicho es precisamente su realización más reciente: Lección de pesca, adaptando un guión escrito por Heinrich Böll que acaba de publicar Dibbuks, reproduciendo impecablemente la edición original de Glénat en su colección jeunesse. No vamos a negar ahora lo que resulta evidente: esta Lección de pesca es un cuento ilustrado especialmente orientado para niños que destaca por una lectura clara y llana, perfectamente asequible por los más pequeños. Pero, como en casi toda la producción de Émile Bravo, el relato se guarda un segundo mensaje en la recámara que despliega en el mismo instante de pasar sus páginas, sin trucos ni ilusionismos pretenciosos. Y, por supuesto, para aquellos que seguimos al autor franco-español de un tiempo a esta parte, es todo un placer revisitar la expresión de su dibujo diáfano, sus trazos luminosos y llenos de vida.

La idea de este breve cuento ilustrado (en tan sólo 36 páginas) viene, como decíamos, de un relato del escritor alemán Heinrich Böll (1917-1985), Premio Nobel de Literatura en 1972, con motivo del día del trabajo para un medio audiovisual de la época. En concreto proviene del “Anekdote zur Senkung der Arbeitsmoral” (Anécdota sobre la disminución de la conciencia laboral), una ácida crítica al sistema capitalista y la sociedad de consumo moderna, que contrapone la filosofía del éxito inmediato y sus voraces mecanismos herméticos, a la libertad y la disposición para disfrutar de las cosas buenas que nos rodean, al margen de codicias estériles y, a menudo, engañosas.


Dada la concisión de la obra, no cabe que os describa más detalles de su argumento que los aportados por la editorial en la sinopsis correspondiente:

¡Una fábula sabrosa y pertinente, para recordar que la felicidad no es tan difícil de encontrar! Esta es la historia de un pescador que se está echando una agradable siesta después de su pesca matinal. Llega un turista, algo estresado e intrigado. Despierta al pescador para poder interrogarle. ¡Tiene un montón de ideas! Le propone pescar más a menudo para comprar más barcos y tener empleados. ¿Pero, por qué? le pregunta el pescador incrédulo...»

Estructurado en ilustraciones a página completa que se alternan con bloques de entre dos y cuatro viñetas, el dibujo colorista y alegre de Bravo, que inevitablemente evoca tanto la imagen de Hergé (¿podríamos ver en un turista y pescador a unos improvisados Tintin y Haddock?) como de otros grandes de la línea clara (a mí personalmente siempre me ha recordado un poco a Yves Chaland) acompaña deliciosamente a la ingeniosa alegoría de Böll, que no se queda en una historieta trivial, sino que incita a la reflexión y deja el regusto agradable de su moraleja. Vivir el tiempo presente. Alcanzar la felicidad en las cosas sencillas.

Ahora, gracias a Dibbuks, ya contamos con una pieza más del catálogo de publicaciones de Émile Bravo que se une a otros títulos del autor aparecidos en nuestro país. La editorial ha mantenido el formato apaisado en cartoné y traslada al milímetro todos sus aspectos: el tamaño, la agradable paleta de colores planos, propia del estilo línea clara, las guardas con motivos ícticos, y una adecuada traducción del escueto diálogo de sordos que se traen entre sí los singulares protagonistas.


«Desde la más tierna infancia percibimos el carácter absurdo de nuestra sociedad, así que debemos afirmar a los niños en su intuición para salvarles del conformismo y hacer evolucionar nuestro mundo. ¡Ellos son nuestro futuro, qué diablos! [...] ¡Conservad vuestro espíritu y vuestra sensibilidad de niños! ¡Os serán mucho más útiles de lo que nos quieren hacer creer, puesto que con ellos se construye nuestro libre albedrío!» –Émile Bravo.

No quisiera dejarlo aquí sin antes incitar a todo interesado en la obra de este fabuloso dibujante y contador de historias a que se anime a indagar un poco entre sus otros cómics. Por eso me gustaría realizar un ligero repaso a lo principal de su bibliografía, tanto la que, por suerte, se encuentra publicada aquí, como el resto de sus trabajos que aún permanecen inéditos.

Las aventuras de Spirou y Fantasio: 
Diario de un ingenuo


Retomando a un gran clásico del cómic europeo, dentro de la serie de one-shots publicados por distintos autores en los que se homenajea al sin par Spirou, este álbum narra los orígenes del famoso botones creado en 1938 por Rob-Vel. Por supuesto, también aparecen Fantasio y la ardilla Spip, compañeros inseparables del protagonista. El dibujo y el color son exquisitos, y cuenta con una estética de época (está ambientado justo antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial; momento del que la aventura proporciona una visión excelente), que hace de este cómic una verdadera maravilla. Imprescindible tanto para los seguidores incondicionales de Spirou como para aquellos que nunca hayan leído nada del personaje, pues en realidad va más allá de éste. La edición en español fue publicada por Planeta deAgostini. El autor se encuentra actualmente preparando una segunda parte.

Mi mamá está en América 
y ha conocido a Buffalo Bill


Con guión de Jean Regnaud, 'Mi mamá...' es una historia entrañable sobre la infancia y la defensa de la inocencia que marca esta etapa de la vida. A pesar del fondo dramático, el relato está enfocado bajo un prisma de melancolía que implica una lectura cercana y agradable. El sencillo dibujo de Bravo, junto al precioso contraste de tonalidades, nos cuenta los pensamientos de Jean, un niño de cinco años, desde su primer día de colegio a las experiencias rutinarias con su familia y amigos; episodios en los que siempre pende una pregunta para la que el pequeño parece haber hallado una excusa plausible. Se encuentra publicado por Ponent Mon, recogido en un bello tomito en tapa dura que os encantará.

El próximo 23 de octubre es la fecha prevista para el estreno en Francia de la adaptación en forma de largometraje de animación de este cómic, del que os adelantamos a continuación el trailer, presentado oficialmente en el Festival de Annecy de este año.


Una asombrosa aventura de Jules (integrales 1 y 2)


Esta serie abierta es quizás aquella en la que Émile Bravo da mayor rienda suelta a un tipo de historieta de corte tintinesco, donde el protagonista es la versión en preadolescente moderno del célebre reportero y vive increibles aventuras que abarcan de su propio barrio al espacio exterior. Cada tomo integral, en una edición muy correcta también a cargo de Ponent Mon, contiene tres álbumes completos con un fantástico nivel gráfico y plagados de humor, que recopilan la totalidad del material publicado sobre Jules, apto para toda clase de públicos. Os invito a no dejarlo pasar, porque veréis que las opiniones sobre esta serie siempre son favorables y no os va a defraudar en absoluto; todo lo contrario.

Los siete osos enanos


Es sin duda su colección de enfoque más visiblemente infantil. Existen algunos números publicados en español por SM, pero creo que la mayoría de ellos permanecen inéditos en España. Bravo, que emplea aquí un dibujo más simpático y espontáneo que nunca, recurre a un guiño a los cuentos clásicos para contar las divertidas anécdotas de un grupo de osos mineros que harán las delicias de los más pequeños de la casa.

Las verdaderas aventuras de Aleksis Strogonov


Uno de los grandes pendientes en la trayectoria de Émile Bravo por ser descubierto en nuestra lengua. También en colaboración con el guionista Jean Regnaud, el dibujante describe las vicisitudes de un joven revolucionario durante los conflictos bélicos de la primera mitad del s.XX, pero de nuevo lo hace tirando de la sátira y el humor, donde el doble mensaje que poseen sus trabajos, al que nos referíamos antes, adquiere una posición destacada en las entretelas del relato. Los rumores apuntan a que, de nuevo, podría ser Ponent Mon quien decida lanzarse a publicar esta serie. Un integral con sus tres únicos álbumes, a imitación del realizado en francés por Dargaud, le iría que ni pintado.


Título original: La leçon de pêche.
Guión: Heinrich Böll.
Dibujo: Émile Bravo.
Color: Émile Bravo.
Edición: 36 págs, color. Dibbuks, junio 2013.
Precio: 12 € (tapa dura).
Traducción: Diego Álvarez Fernández.
Temática: Infantil, ilustración, cuento.
Correlación: Independiente.

julio 10, 2013y


 

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