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Mi espada, mi conjuro.
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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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14 de mayo de 2014

Reseña: «Las crónicas de Legión», de Fabien Nury, Mathieu Lauffray, Tirso Cons y otros

Los aficionados al género vampírico encontrarán en los cuatro actos en que se divide Las crónicas de Legión una interesante propuesta que presenta el recurso de la ficción histórica y la importancia que el vampiro han tenido desde la Edad Media, refiriéndose para ello al mito de Drácula desde un punto de vista distinto gracias al guionista Fabien Nury. No es la primera vez que un autor llega para contar la enésima versión del vampiro romántico e hiperpoderoso, pero Nury plantea las cosas de una manera diferente, más enfocada hacia la idiosincrasia y valores del vampiro como criatura solitaria, que como el típico monstruo plagado de clichés que ha visto potenciada su popularidad a lo largo del siglo XX.

Las crónicas de Legión, serie de cuatro álbumes que Yermo Ediciones ha recopilado en un único y grueso volumen en tapa dura, tiene la particularidad de que va alternando entre diferentes épocas, para contarnos una trama que se alarga en el tiempo, y que de alguna u otra manera se relacionan entre sí gracias a los diferentes personajes que la pueblan. Las crónicas de Legión toma como punto de partida el siglo XV (época que sirve de introducción en lugar de ser una periodo central), y pasa por otras etapas de la historia del mundo como son el siglo XVI, la guerra napoleónica en las estepas rusas de principios XIX, hasta mediados y finales del siglo XIX en plena época victoriana. Cada una de dichas épocas está retratada de manera magistral, no sólo por la indumentaria de los personajes, escenarios o elementos propios del lugar, sino que cada uno de los dibujantes que participa en los cuatro álbumes de la serie original francesa han aportado su estilo personal a la hora de retratarla esos periodos. Por ejemplo, tenemos a un Mathieu Lauffray que sienta las bases con su impecable estilo en la Edad Media (artista del que, por cierto, me declaro seguidor incondicional gracias a la serie "Long John Silver"); a un Mario Alberti que se dedica a plasmar con sus pinceladas el salvajismo de la América precolombina (muy bien escogido este autor por su estilo menos limpio que el resto de los artistas involucrados); a Tirso Cons (con el color de Javier Martín) por retratar la aglomeración de elementos propios de la Inglaterra del siglo XIX en cada una de las viñetas, el detalle de cada libro, candelabro o pinta de cerveza; y por último Zhang Xiaoyu, quien con su estilo más colorido pone imagen a la época napoleónica, con especial atención al cromatismo de los uniformes de los soldados, los fuegos de campamento o las oscuras tonalidades de la noche. Por último, Éric Henninot, quien hace una magnífica representación de un tablero de ajedrez, tan brillante en mi opinión, que es una pena que este artista no tenga más protagonismo en el resto de álbumes.


“Destacar el sentido por la diversidad pictórica y el tratamiento del vampiro como figura eterna y solitaria”
Esta diferenciación de artistas no hace sino destacar el apartado artístico de un volumen que se caracteriza precisamente por eso: dar a cada época un aspecto diferente e indentificativo. Los vampiros siempre han sido criaturas inmortales, pero Fabien Nury los retrata de una manera diferente, dotándolos de esa inmortalidad que únicamente funciona si ellos hacen algo por abandonar el cuerpo actual por uno más joven o que sirva a sus propósitos. Es por tanto habitual encontrar con que Drácula y su hermano Radu viajan constantemente a través de las épocas expuestas anteriormente dentro de cuerpos de diferente complexión y aspecto, no importa si son hombre o mujer, y siempre manteniendo el enfrentamiento fraternal que se les atribuye en la historia real.

Personalmente, siempre me ha gustado que los autores jueguen o trasteen con la historia alternativa (véase la saga de videojuegos "Assassin's Creed"), colocar personajes o criaturas ficticias que han ayudado a moldear los acontecimientos tal como los conocemos, y Las crónicas de Legión satisface mis expectativas no sólo por el interesante apartado artístico, sino por la naturalidad con la que Fabien Nury va alternando las épocas según sirva a los propósitos de la trama. Es frecuente encontrar que de la América precolombina y la lucha que allí ocurre entre los dos hermanos, saltamos al Madrid del siglo XIV o a la época victoriana, apreciando de paso los avances tecnológicos, sociales y culturales. Pero también destaca los detalles (y los homenajes) con los que el guionista hace partícipes de los acontecimientos a diversas figuras históricas. Lord Byron, por citar uno de los más relevantes, es aquí un vampiro ancestral en busca de sucesor, a quienes Nury dota de ficción pero siendo coherente hasta cierto punto con la historia verídica y motivaciones del personaje (que se vió involucrado en diversas revueltas de Grecia e Italia).


Las crónicas de Legión es un cómic realmente notable y del que se pueden destacar muchas cosas, en especial el sentido por la diversidad pictórica y el tratamiento del vampiro como figura eterna y solitaria, que se involucra en la historia de nuestro mundo de una manera más o menos activa, y que pierde por el camino esa humanidad que en principio les caracteriza con tal de seguir progresando hasta completar sus objetivos; es también una constante alusión a Drácula y un punto de vista diferente del mítico vampiro. Como apunte negativo, quizá podamos argumentar que gracias a esa diversidad artística nos sabe a poco algunas de las épocas retratadas (hubiera querido ver más el Madrid del siglo XIV) y que nos hubiera gustado mucho más deleitarnos en cada una de ellas; pero entonces no estaríamos hablando de una serie cerrada de cuatro álbumes, sino que podría haberse extendido hasta ocho, diez o quizá doce álbumes en total, perdiendo esa intención autoconclusiva y centrada en aspectos concretos de la figura del vampiro a lo largo de unas épocas determinadas. Por lo demás, la edición española quizá pueda parecer que tiene un precio algo elevado tratándose de un volumen integral (aunque ninguno de sus álbumes han sido publicados antes por separado), pero lo compensa la calidad del papel, la reproducción del color y el dibujo.
Información adicional

Vampiros Cómic Historia

Las crónicas de Legión.
(Les chroniques de Légion).
Yermo Ediciones, diciembre de 2013.
232 páginas.
No disponible en ebook.
45 € (tapa dura).
Lectura independiente.

mayo 14, 2014y

12 de noviembre de 2013

Reseña: «Silas Corey. La red Aquila», de Fabien Nury y Pierre Alary

Levita, guantes y traje a medida; repeinado, con bastón y revólver. Altivo, observador, en ocasiones tramposo, petulante, descreído, mordaz hasta el extremo y, sobre todo, increíblemente sagaz. Así es Silas Corey. Su "tarjeta de presentación" editorial lo dice todo: «Detective. Espía. Asesino. Canalla o héroe. Eso depende del cliente...». Dibbuks bien puede anotarse un tanto por el acierto de traernos en un integral, de exquisito formato, las dos historietas que componen las aventuras hasta ahora publicadas del personaje creado por Fabien Nury y Pierre Alary, apenas unos meses después de su aparición en Francia gracias a Glénat. Genuino cómic de detectives, con un brillante protagonista central (como exige el género), combina en la misma receta un regusto a clásico de intriga –atmósfera de época incluida– y expresión de BD renovadora. No me cuesta nada afirmar que estamos sin duda ante uno de los mejores tebeos del año.

Con ese porte de antihéroe y de figura atribulada por su pasado del que acostumbran hacer gala los intérpretes de género negro, Silas Corey cuenta con las singularidades necesarias para codearse con otros personajes famosos de la literatura universal de ficción detectivesca y del cómic sobre investigadores de todo pelaje. No en vano le bastan un puñado de viñetas para mostrarnos su atractiva arrogancia y sus dotes de sabueso.


Protagonista carismático, revestido del mohín cínico y del halo misterioso que rodea a sus análogos –a quienes no tiene nada que envidiar– aúna la enjuta compostura y el talento de la talla de Sherlock Holmes (también gusta, por cierto, de la pipa de fumar) con métodos de lucha criminal propios de un Dick Tracy. Por supuesto que también posee el típico doble fondo y ese carácter excéntrico tan común en su especie: si Poirot ocultaba tras su proceder intachable y escrupuloso una serie de desquiciantes manías obsesivo-compulsivas y Philip Marlowe no podía disimular su estampa de lobo solitario, en Silas, tras esa fachada de gentleman aséptico y reservado, hay una codicia por el mejor pagador a la vista y cierta irreverencia que constituyen sus señas de identidad. En todo caso, como le recuerda Nam, su criado y ayuda de cámara vietnamita, es un "tipo con recursos".

París, 1917. La Primera Guerra Mundial ha llegado a un punto de desgaste en el que ninguno de los bandos avanza posiciones y los muertos se cuentan por millones a ambos lados de las trincheras, que aguantan a duras penas los embates armados en tanto que las maniobras de espionaje y toda clase de conspiraciones políticas tratan de inclinar la balanza hacia una facción u otra. Un periodista llamado Hector Casella intercepta un sello con un mensaje cifrado que podría suponer un vuelco completo a la contienda. Pero agentes alemanes irrumpen en su apartamento y el informador debe darse a la fuga.


“Un extenso trabajo de documentación que recurre a personajes e instituciones reales, así como eventos y anécdotas”
En la redacción de su periódico, el patriota Georges Clemenceau, principal opositor del extenuado gobierno francés, cita al otrora reportero y posterior soldado desmovilizado Silas Corey, que impone onerosas condiciones para encontrar a Casella. Su misión: recuperar el misterioso sello que confirme los indicios colaboracionistas del actual presidente del consejo, en connivencia con la influyente viuda Zarkoff, dueña de la más poderosa industria armamentística de la época y sospechosa de vender secretos de estado al enemigo. Al aceptar la oferta, Corey se introduce en una red de maquinaciones y se verá trabajando al mismo tiempo para muchos de los implicados, entre los que surgen nuevos y ávidos competidores como los agentes del servicio de inteligencia del ejército, un antiguo romance del pasado... y Aquila, un adversario a la altura de su ingenio.

El ciclo completo que compone la trama de La red Aquila con sus dos álbumes puede encontrarse en este volumen integral de tamaño europeo que, afortunadamente, nos permite leer la historia de un tirón, sin tener que aguardar con impaciencia a que se reanude en siguientes entregas alargadas en el tiempo, ni caer en la intranquilidad de que la aventura quede descolgada por avatares editoriales. El relato se extiende con habilidad a lo largo de estas dos partes, adquiriendo poco a poco su ritmo, siendo la primera una exposición de la trama, donde además se coloca convenientemente a todos los peones en juego sobre el tablero, y su continuación, aunque no haya un paréntesis muy apreciable que marque la separación entre una y otra (no hubiera estado de más añadir la portada original del segundo tomo), en la que ya se dispara la acción.

Fabien Nury rubrica aquí su trabajo más reciente tras demostrar con Érase una vez en Francia (por Norma Editorial) su soltura en el género negro, los enredos históricos y los guiones de inspiración bélica. El contexto histórico no puede estar mejor descrito: los mismos personajes (ayudados por un bienvenido apéndice en las páginas finales) son los encargados de ponernos al corriente de la coyuntura por la que atraviesa el deprimido país durante el conflicto militar, pero sin que dichas explicaciones ralenticen la cadencia de la aventura, ni mucho menos. Antes bien, el autor maneja un thriller incansable de espías y agentes dobles, donde las investigaciones del protagonista discurren simétricamente a una acción in crescendo.


Todos los ingredientes que aparecen en cómics de corte policial o de espionaje (como la archiconocida "XIII", en cuya serie derivada Nury ha participado poniendo letra a uno de sus álbumes) los podemos encontrar también en "Silas Corey": huidas y persecuciones pistola en mano, juegos de diplomacia, ardides conspiratorios, asesinatos, trampas que se tienden los principales rivales en sus desencuentros, rencillas políticas... con la omnipresente aventura amorosa que sale a flote de nuevo. El argumento no será el colmo de la originalidad, pero compone un puzzle muy ameno donde todas las piezas acaban encajando, aunque al principio nos sintamos un poco perdidos en el planteamiento de relaciones y lealtades. Quizás ésa sea la única pega que se le pueda poner al guión; es lo bastante enrevesado como para exigir que la lectura sea atenta y reflexiva.

El marco histórico de la Gran Guerra, como también se denominó al primer enfrentamiento armado a escala global, ofrece un sinfín de posibilidades que los autores han sabido exprimir a fondo, a pesar de que las fuentes acostumbren ser menos prolijas con este episodio bélico que con el subsiguiente que tendría lugar entre 1939 y 1945. La recreación infundida en las páginas de esta obra certifica un extenso trabajo de documentación que recurre a personajes e instituciones reales, así como eventos y anécdotas (las primeras escuchas telefónicas, la utilización de gases letales, la Oficina Segunda, los duelos en el aire entre aeroplanos enemigos que evocan las hazañas del Barón Rojo, etc.) recogidas directamente de las crónicas de dicho periodo. Una de las virtudes de este cómic en ese aspecto es que, una vez leído, se trata de los que te hacen acudir a la enciclopedia (bueno, más bien a internet hoy en día) para confirmar tal o cual detalle, e indagar acerca de determinados personajes verídicos que intervienen en la aventura, lo cual es un mérito del que no todo tebeo pretendidamente histórico puede presumir.

El conjunto de personajes también puede parecernos el típico de una historieta basada en esta vertiente de suspense y acción, donde alrededor del incorregible y perspicaz galán –además de la femme fatale de turno, que encarna en este caso la seductora Marthe Richer– orbita una galería de secundarios, de quienes es fácil caer en la tentación de establecer sus álter ego con la ejemplarizante obra de Conan Doyle. Así, el servicial Nam vendría a ser una especie de Dr. Watson, el coronel Ledoux haría las veces de inspector Lestrade o el insidioso Aquila, temible agente del Kaiser, pasaría tal vez por Moriarty. Pero todos cumplen su papel ganándose una identidad propia, así que no por previsibles se les puede achacar la menor falta ni caer en símiles que no conducen a ninguna parte.


En cuanto al excelente trabajo de Pierre Alary, pocas (por no decir ninguna) pega se le puede poner. En un repaso rápido, basta echar un vistazo a Belladona y a Simbad (ambos títulos editados también por Dibbuks en castellano) para comprobar que ya en su trayectoria anterior el dibujante exhibe una manifiesta calidad gráfica. Con "Silas Corey" su evolución es notable y Alary se supera a sí mismo gracias a un trazo magnífico y fluido que no deja nada al azar, y sin olvidar sus orígenes en el campo de la animación consigue aportar a los personajes una genial caracterización.

Pero no se queda sólo ahí, ya que la recreación de ambientes y vistas del París de la época, tanto de interiores (mención especial a la escena que se produce dentro de las Galerias Lafayette) como de planos más generales es igualmente admirable. La guinda del pastel la pone la variada paleta del colorista Bruno García que logra arrancar las tonalidades adecuadas según el escenario y el momento, con planchas que se suceden entre las sombras nocturnas de los callejones parisinos a los alboreados paisajes de las trincheras. No es necesario por tanto incidir en que dibujo y color son uno de los grandes atractivos de este cómic, que además se permite algún que otro guiño a la historieta francobelga más clásica (ese botones de hotel se da un aire demasiado cercano a Spirou para pensar que el parecido sea puramente casual). No hay duda que Pierre Alary se convierte en un autor de referencia y un nombre destacado de la BD actual, de quien cabe esperar un trabajo de altura con la adaptación de Moby Dick en la que se encuentra inmerso.

Con Alary como autor de la casa y una agenda de lanzamientos entre los que últimamente siempre hay propuestas cuando menos llamativas, Dibbuks está consolidando un portfolio realmente efectivo. La edición de "Silas Corey" ha resultado ser idónea, en tapa dura y a tamaño grande, con el epílogo de notas acompañadas de unos cuantos bocetos del dibujante para cerrar este elegante volumen. Un díptico que todo amante de los relatos de detectives no debería perderse y cuya relectura seguro que arroja nuevos matices.

Tengo el pálpito de que el buen hacer de sus autores y la estupenda acogida del personaje nos traerán más Silas Corey en un futuro. Entretanto, regálense una grata aventura que reivindica el tebeo directo y absorbente, recomendado hasta la fecha por librerías y crítica de toda índole, pero sobre todo por los lectores, los primeros en responder favorablemente. Y no es para menos: comprobadlo por vosotros mismos.


noviembre 12, 2013y


 

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