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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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Publihechizo

24 de diciembre de 2015

'Refugio 3/9', terror a base de injusticias sociales

Hay dos buenos motivos para hacerse con la última novela de Anna Starobinets, Refugio 3/9. El primero es que al hacerlo directamente desde la editorial Nevsky Prospects todo el importe de la compra se destina a contribuir al pago del tratamiento del marido de la autora, Sasha Garros, al que se le ha diagnosticado un cáncer que no puede tratarse en Letonia. La carta explicando el caso la difundió la propia Nevsk (la podéis leer en este mismo enlace). Es un gesto altruista el de Nevsky, al que podemos contribuir, y esperamos darle aún más difusión desde La Espada en la Tinta aunque nos pongamos a ello un poco tarde. El segundo motivo es previsible, y es que el Starobinets no defrauda en absoluto. Se consolida libro tras libro, y aunque Una edad dificil no fue un One-hit wonder, creo que Refugio 3/9 es su mejor obra tras aquella que supuso su debut.

En Francia, una fotoperiodista amargada experimenta una transformación a lo Orlando y se convierte en un mendigo; la situación la impulsa a emprender el camino del emigrante hacia su Rusia natal. La moral y los escrúpulos los va perdiendo por el camino. Su viaje no es, sin embargo, una simple huida: se dirige a un concepto, al hogar, al refugio 3/9, sea lo que sea esto. En su viaje se encuentra con referencias a un inminente fin del mundo, que diezmará a la humanidad sin posibilidad de salvación salvo para unos pocos elegidos, aquellos que logren encontrar antes el Refugio. ¿Qué hay de real y qué de paranoia en todo esto?


Paralelamente, se nos revela la historia de un niño que, tras quedar en coma por un accidente en un parque de atracciones, acaba recluido en un sanatorio infantil. Allí, incapaz de interactuar con el mundo de la vigilia, vive en un mundo onírico poblado por personajes inspirados en el folclore ruso y la desbocada imaginación de Starobinets. Para ellos es una especie de mesías, algo que estaban esperando desde hacía miles de años. Su historia se entrelaza con la de María, la fotógrafa, de un modo que habrá que ir descubriendo a medida que avance la historia. Lo mismo sucede con un tercer personaje, introducido hacia la mitad del libro: el padre del chico, clave para colocar las piezas que faltan en el puzle.

Refugio 3/9 se puede leer de varias formas. Podemos entender que se trata de una novela de ciencia ficción con tintes distópicos, y que la parte sobrenatural es fruto de la alucinada mente de un niño, que entrelaza realidad y sueño para crearse algo que pueda entender. O nos la podemos tomar de un modo más literal y considerarla una novela de fantasía urbana. A esta ambigüedad ayuda el que Starobinets entrelace critica social —sobre Rusia y su presidente, sobre Europa, sobre el drama del que vive en la calle y del emigrante—, simbolismo y el humor ácido que la caracteriza.

"Starobinets juega con la idea del que, sin buscarse ninguna clase de problema [...] sufre porque la pura casualidad lo ha puesto en el peor sitio en el peor momento"
Una vez más, el terror está presente, como en otras historias de la autora, pero quizás un poco más sutil. En el relato homónimo de la antología Una edad difícil un inocente sufría un destino horripilante y en su condenación arrastraba a sus allegados: el desencadenante (sin poder revelar nada del argumento) no podía ser más sorprendente. En El vivo el terror era el del individuo encajado a la fuerza en la maquinaria de una sociedad injusta. Starobinets juega con la idea del que, sin buscarse ninguna clase de problema, sin esperarlo, sin tentar al destino, sufre porque la pura casualidad lo ha puesto en el peor sitio en el peor momento. Es así con los protagonistas de Refugio 3/9; es así con la pobre enfermera Írochka, cuyo padecimiento es de lo más crudo del libro. Es así con el padre de Maria, que lleva una vida normal, quizás incluso feliz, hasta que un mendigo que dice ser su hija irrumpe en ella y con una frialdad absoluta rompe su vida en pedazos. Todos, en la obra de Starobinets, sufren por un sinfín de injusticias. Este es el tipo de terror que le gusta evocar, y es uno en el que todo el mundo puede identificarse.

Merece un aparte el personaje de Liusi, de lejos el más memorable de esta historia. La bruja mala, la titiritera, una encarnación particularmente atractiva (y repulsiva a la vez) del caos. El atractivo de una historia épica a menudo depende del carisma de un buen villano —y Refugio 3/9, sea ciencia ficción o fantasía urbana tiene la épica de un cuento de hadas con damisela dormida y héroe predestinado incluidos—. Liusi llena este rol y lo desborda.

Como decía, Refugio 3/9 es uno de los imprescindibles de este final de año, no debéis dejarlo escapar. Y si os es posible, compradlo en la tienda online de la editorial para contribuir a una buena causa.

REFUGIO 3/9 | Nevsky Prospects
Rústica, 360 págs. 23€

diciembre 24, 2015y

6 de junio de 2015

Reseña: 'Retrofuturismos, antología steampunk', ciencia ficción contada con engranajes


El título lo dice todo. El steampunk como subgénero literario ha conseguido en los últimos años montones de adeptos que lo ven como (y aquí me permito citar textualmente a Marian Womack, editora), "un progreso científico alternativo, una revolución industrial en la que la máquina impulsada a vapor se convierte en la reina absoluta", pero además (sigue Womack), "se trata de algo más que un movimiento estético, literario y artístico." Y eso es solo lo ultrabásico del steampunk, porque no hay ninguna duda de que estamos ante un género con derecho propio que cada vez más se expande hacia otros horizontes (aunque en alguno de ellos lleva años establecido con notables ejemplos) como el cómic, la música o los videojuegos (a ver cuando da el salto de verdad al cine).

Bajo esta premisa no podemos más que quitarnos el sombrero ante lo original y atrevido de las propuestas que encontramos entre las tapas de Retrofuturismos: Antología steampunk. Prefiero no comentar cada uno de los relatos porque entonces no dejaríamos de sacarles punta y esta reseña sería interminable, pero lo de "atrevido" y "original" no son términos gratuitos para adornar el comentario de un libro, sino que de verdad los autores que han participado en esta nueva antología tras aquella buena muestra del género que fue Steampunk: Antología retrofuturista en 2012 (dirigida por Félix J. Palma) lo han dado todo y vamos a encontrar alguna que otra historia que reivindica la cultura del libro y la palabra escrita en una sociedad (y mundo) que se ha ido al garete ("La cicloteca de BubbleLon" de Sofía Rhei, en mi opinión uno de los relatos más redondos del volumen), o la historia sobre viajes en el tiempo de Guillermo Zapata Romero, relato que entra muy bien sobre todo después de ver el último capítulo de El Ministerio del Tiempo (y que también habla de Luis Buñuel y de García Lorca), porque el ejercicio televisivo de los hermanos Olivares parece inspirado en él.

Pero no solo hay relatos (o novelas cortas en algunos casos) que critican el terreno cultural relacionado con la poesía, la literatura o el cine en un marco histórico más bien distópico, sino que también vamos a encontrar lecturas con un mayor alivio cómico como la de Laura Fernández, e incluso un homenaje de Alfredo Álamo ("El óxido del sombrerero") a los libros de Alicia de Lewis Carroll (¿qué sería del steampunk sin leer de vez en cuando una historia de gatos, locos, meriendas y liebres de marzo?), pasando por historias más dramáticas como la de Jesús Cañadas en "Tiros a la barriga" o el relato aventurero de Félix J. Palma "La princesa del centro de la Tierra", especialmente dirigido a los lectores de su Trilogía Victoriana, aunque lo puede disfrutar cualquiera.

Lo que queda más claro que el agua tras zambullirse en los primeros relatos de la antología, y continuar avanzando por ella con esa sensación de maravilla que solo consiguen determinados géneros literarios, es que Retrofuturismos hace especial hincapié en la historia alternativa, en la ciencia ficción contada desde el punto de vista de los pistones, los engranajes y las gafas de aviador. Lo aderezamos con parques de atracciones rocambolescos, autómatas, autobuses voladores, un escenario español en algunos casos, indeterminado en otros, y tenemos una receta que sabe mezclar a la perfección todos sus ingredientes para dar como resultado uno de los mejores brebajes de autores españoles que podemos encontrar en las librerías. Podemos o no quedar del todo satisfechos con el final de ciertos relatos, aún cuando su transcurso nos ha parecido superior, pero eso ocurre hasta en las mejores antologías de ciencia ficción, fantasía o noir, y aún así el conjunto sigue siendo sobresaliente.

En cuanto a la edición, nada que objetar en el terreno físico (excelente papel, buena encuadernación y fuente escogida para el texto), salvo que en determinados relatos hay una generosa cantidad de erratas (por lo menos en la primera edición), que aún sin dificultar del todo la lectura del texto, está claro que hubiera sido preferible su erradicación de lo que podría haber sido un libro redondo al cien por cien (más teniendo en cuenta que la edición ha contado con un corrector externo). Pero no vayamos a exagerar con el tema de las erratas: las hay en determinados puntos y son en realidad una excepción, pero como digo, se olvidan rápidamente en cuanto los relatos conectan con nuestro cerebro.

La antología, editada por Nevsky en su sello Fábulas de Albión, forma junto a Steampunk: Antología retrofuturista, una duología perfecta y con una más que generosa selección (la primera de Palma y editada en colaboración con Luis García Prado, la segunda de la propia Womack, editora de Nevsky, y con mayor cantidad de páginas), con dos portadas de Colucci que juntas forman un cuadro fácilmente reconocible en cualquier librería donde las veamos (y si no es de cara que sea gracias al lomo de la tetera de Fábulas de Albión), sino porque, y es lo más importante, ambas selecciones de relatos, aún sin repetir ningún autor, se complementan totalmente por la variedad de situaciones y temas que tocan, y al final nos queda la sensación de que son como una bilogía que coexisten pacíficamente y en armonía en el hueco de nuestras estanterías.
RETROFUTURISMOS: ANTOLOGÍA STEAMPUNK
Fecha de lanzamiento — Octubre 13, 2014
Editor — Nevsky Prospects, Fábulas de Albión

Edición — Rústica con solapas, 420 págs
Precio — 22 €
Serie — Lectura independiente



El steampunk español se ha hecho mayor. Sin dejar de rendir homenaje a las postales victorianas y a los maestros del proto-steampunk en los que se inspiraron sus paisajes de bielas, engranajes y turbinas a vapor, los escritores españoles del género han interiorizado la estética y la ideología del steampunk para narrarnos momentos claves de nuestra historia moderna, el auge de nuevos movimientos sociales, o denunciar la injusticia social. El steampunk está aquí para quedarse. Y su fórmula de nostalgia por un pasado “inventado” junto a su inclinación por la rebelión, por la revolución (el “punk” que acompaña al “steam”) quizá sea la forma más sincera de hacernos pensar de dónde venimos y de hacernos reflexionar hacia donde vamos.
del postfacio de Marian Womack

junio 06, 2015y

8 de mayo de 2015

Marian Womack: 'Podemos publicar lo que nos gusta, aquello en lo que creemos'


Para los best sellers que encarnen la moda del momento, los libros de autoayuda, las novelizaciones de videojuegos y las obras de los escritores mediáticos ya tenemos las grandes editoriales, y editando este tipo de material son incansables ya que cubren una necesidad.

Para cubrir aquella otra necesidad, la de las obras de calidad, experimentales o de interés minoritario, cada vez estoy más convencido: las editoriales pequeñas son de las pocas esperanzas que quedan. Impedimenta, Valdemar, Alamut, Gigamesh... Proyectos personales cuyos catálogos crecen poco a poco, vigilados atentamente por los ojos de editores con una idea clara de lo que les interesa.

Hasta hace poco Nevsky Prospects, de la mano de James y Marian Womack, prometía mucho. Pero ahora ya da a manos llenas y se sitúa lentamente en este selecto club de editoriales de referencia. Hace muy poco estuvimos en la presentación en la librería Gigamesh de su última novedad, Nido de pesadillas de Lisa Tuttle, y tuvimos la oportunidad de conocerles en persona y la aprovechamos para hacerles un par de preguntas sobre las particularidades de su proyecto.

Ana Starobinets, Nina Allan y ahora Lisa Tuttle. Todas escritoras del género fantástico, todas multipremiadas. Hasta la llegada a Nevsky, todas ellas era en gran medida desconocidas en España, algo particularmente lamentable cuando hablamos de escritoras de la talla de Tuttle. Usando un término de la propia autora, ¿forma parte de la política de Nevsky balancear la situación dando a conocer estas autoras? ¿Es España un país donde este balance entre escritores y escritoras de terror, fantasía o ciencia ficción está especialmente descompensado?

Nunca nos hemos planteado tener una política específica, seguimos nuestros gustos, nuestros intereses. Es obvio que la línea que se sale de los clásicos tenga escritoras porque la lleva una editora. Lo bueno de ser una editorial independiente, no adscrita a ningún grupo editorial, es que podemos publicar lo que nos gusta, aquello en lo que creemos. No buscamos específicamente autoras, pero tampoco las "ignoramos", algo que sí parece que ocurre en otros ámbitos. Nuestra línea sigue un proceso natural, orgánico, de acuerdo con nuestras lecturas y preferencias estéticas. Sobre si esto está descompensado en España… únicamente diríamos que hay muchas cosas descompensadas en nuestro país, también en el ámbito editorial, por supuesto. Pero esto también ocurre en otros sitios: en el ámbito anglosajón lo que está descompensado es la traducción. Sólo el 3% de lo que se publica es literatura en traducción, un porcentaje a todas luces insuficiente.

Hace poco hice una lista de los que, en mi opinión, eran 36 libros excelentes para adentrarse en el género. Y, lamentablemente, en ella solo figuraban dos escritoras. Ello se debe a que, en parte, llegan pocas obras de autoras de terror —hasta hace poco no había nada editado de Lisa Tuttle, a pesar de ser uno de estos autores básicos— y a que de las que llegan muchas me parecen más cercanas a otros géneros que al terror. ¿Crees que iniciativas como esta demuestran que hace falta más reivindicación en clave feminista?

Tal vez no haría falta una reivindicación en clave feminista si el mercado estuviera más equilibrado... Pero nosotros tampoco somos conscientes de estar reivindicando nada; de veras que nos limitamos a hacer lo que hemos hecho desde el principio, seguir una línea acorde con nuestros intereses estéticos, publicar a autores y autoras que creemos que merecen la pena. Lo que a nosotros nos preocupa es el contenido de un libro, el texto en sí, no quien lo escribe ni cuándo ni en qué país.


Cualquiera que esté metido en el mundillo conoce el nombre de Lisa Tuttle, pero la de Nevsky es la primera edición española de su obra, dejando de lado algunas colaboraciones o relatos sueltos en antologías. ¿Cómo sienta el ser embajadores para el público castellanoparlante de una escritora de su talla?

Es una responsabilidad, y algo que trae muchas satisfacciones. Una vez nos entrevistaron y el título de la entrevista era “Los editores que descubrieron a Anna Starobinets”. Nos encantó, la verdad, aunque para ser sinceros Anna ya había publicado muchísimos libros en Rusia antes de que nosotros la leyéramos… Pero sí, trae satisfacciones. Esperamos haberle hecho justicia a Nido de pesadillas, uno de los mejores libros de terror jamás publicados.

En la línea de la pregunta anterior, ¿tenéis previsto publicar más material suyo?

Normalmente, cuando apostamos por algún autor nos gusta la idea de poder repetir con él, de hacer “política de autor” en la editorial. Nos acercamos a Lisa también con esa idea, pero es una autora que genera mucho interés y que, como bien has mencionado, ya ha sido publicada por otras editoriales en antologías. En este caso tal vez fuera complicado repetir.

Del catálogo de Nevsky destaca inmediatamente la difusión que estáis haciendo de la literatura rusa. Tengo la sensación de que más allá de los grandes nombres clásicos éste es un campo desconocido en occidente. ¿Crees que es la gran asignatura pendiente del lector occidental?

Abrirse a nuevos nombres, sin duda. Confiar en un criterio editorial y comprar el libro de un autor desconocido que no tenga nombre anglosajón. Desgraciadamente, la edición rusa de nicho era inviable para nosotros, y la razón nos la dieron los libreros: los lectores españoles sólo leen la “sota, caballo y rey” de los rusos, Dostoievski, Tólstoi y Chéjov, con la posible excepción de algún otro nombre clásico y reconocible como el de Turguénev, por ejemplo. Cuesta mucho para el lector apostar por un Alexander Bogdánov, o por un Odóievski, simplemente porque no nos suena. Una pena. Aunque nosotros continuaremos insistiendo. Una apuesta reciente ha sido Vladímir Lórchenkov, un excelente autor moldavo que estamos muy orgullosos de haber publicado por primera vez en España.


Dejando de lado la literatura rusa "generalista", la de género en particular (ciencia ficción con los hermanos Strugatski, fantasía con Lukanienko, terror-cienciaficción con Starobinets) empieza a despertar mayor interés, muy lentamente. Vuestras ediciones, los volúmenes de ciencia ficción rusa que recientemente ha editado Alba. ¿Destacarías algún rasgo como característico de la literatura de género rusa?

La literatura rusa siempre ha tenido un componente político, y creemos que hasta cierto punto todo el ámbito literario ruso siempre se ha visto a sí mismo conectado a un discurso político. “La literatura en estado puro”, como la entendían Flaubert o Joyce, no es la idea de literatura que se tiene en un país como Rusia. Los rusos están acostumbrados a ver por todas partes alegorías. Durante el período soviético, lo político se vio relegado a los géneros supuestamente “menores”, como la ciencia ficción o la fantasía, y es en ellos donde pueden encontrarse las críticas más duras al régimen. Piensa por ejemplo que incluso la novela 1984 se inspiró en cierta medida en Nosotros, de Yevgueni Zamiatin.

Siguiendo con vuestro catálogo, ¿qué tal han funcionado vuestras incursiones en este género en auge que es el Steampunk? ¿Váis a seguir editando obras de este tipo?

Sin duda. Somos muy fans del movimiento steampunk, cuya ideología nos encanta. Sus visiones del pasado serán la ciencia ficción del futuro.

Ahora mismo ¿cual es vuestro buque insignia? Autor o libro concreto, cual está funcionando mejor.

Los libros de El joven Moriarty de Sofía Rhei han sido un bálsamo para nosotros. El maestro y Margarita es nuestro pequeño primer “bestseller”. Y debo mencionar La tercera cara de la Luna, del joven autor Ángel Luis Sucasas. Reimprimimos en apenas diez días, lo cual fue muy gratificante. No podríamos haber inaugurado mejor una línea nueva que apuesta por autores españoles de género.


En lo personal, me muero de ganas de leer El maestro y Margarita, que habiendo leído otras obras de Búlgakov sé seguro que me va a gustar, o Starobinets, cuyo relato "Una edad difícil" —y que da nombre a la antología—, me pareció uno de los mejores que ha visto el género de terror. ¿Algún titulo de vuestro catálogo, acompañen o no las ventas, os inspira un cariño especial?

Sentimos un cariño muy especial por el título Una noche con Claire, de Gaito Gazdánov, uno de nuestros autores favoritos no sólo de nuestro catálogo, sino de toda la literatura universal. Nos apena que tal vez no lo recuperamos en el momento indicado: ahora lo ha editado Acantilado, y está teniendo bastante más repercusión que cuando nosotros apostamos por él, hace ya cuatro años. Nos consuela por lo menos haber publicado el que consideramos su mejor libro con diferencia.

Parece precipitado cuando la edición de Nido de pesadillas es tan reciente, pero ¿podéis avanzar algo acerca de futuras publicaciones?

Estamos terminando de preparar un libro muy especial y que nos hace mucha ilusión, los Cuentos Completos de Nikolái Gógol, que publicaremos en otoño de este año. Gógol es, además de un gran clásico, un importante precursor del género fantástico, y un autor fetiche para nosotros. Será una edición como la de El maestro y Margarita, en tapa dura y con el objetivo de perdurar en el tiempo y ser la edición definitiva de la obra breve de Gógol.

Para terminar, Nevsky es una editorial aún pequeña y, se intuye, un proyecto muy personal. Este tipo de proyectos dependen quizás de una relación muy estrecha con las redes sociales, la blogosfera, el boca oreja y las colaboraciones. ¿Estás de acuerdo? Y si es así, ¿como está
funcionando? ¿Qué mejorarías?

La verdad es que nuestro “community management” es bastante defectuoso, porque lo hacemos nosotros y lo tratamos como si fuera nuestro Facebook, nuestro twitter. Con esto quiero decir que utilizamos estos canales para comunicarnos cuando hay algo que comunicar, sin ningún “plan” pre-establecido. Todos nuestros procesos son muy orgánicos, y esto también lo es. Sabemos que podríamos mejorar mucho ese aspecto, la verdad. Las redes sociales, los blogs y los foros son los puntos de encuentro naturales de los lectores, no hay nada ahora mismo más importante. Pero nosotros, como en todo, no podemos evitar hacer las cosas a nuestra manera…  

mayo 08, 2015y

4 de mayo de 2015

'Nido de pesadillas' de Lisa Tuttle, ración de terror cotidiano e introspectivo

Lisa Tuttle es un misterio que Nevsky Prospects está empezando a descifrar en España. Y, como comentábamos en la crónica de su visita a la librería Gigamesh hace unos días, ya tocaba. Tuttle, autora premiada con los mayores galardones de su especialidad y reconocida influencia fundamental del terror y la ciencia ficción desde mediados de los ochenta, no contaba con siquiera un solo libro suyo editado en España, salvo la colaboración con George R. R. Martin en Refugio del viento.

Cuando tuve ocasión de escucharla en su breve paso por Gigamesh lo que oí acerca de sus relatos me sugería que seguramente serían muy de mi gusto, pero no imaginaba hasta qué punto. Ahora, apenas una semana más tarde, y habiendo terminado este Nido de pesadillas, siento que he descubierto otro autor de cabecera de los que se prestan a múltiples lecturas.

Nido de pesadillas es una colección de relatos brillante que se centra en explorar un tipo de horror cotidiano e introspectivo. Hay muy poco elemento sobrenatural, y el que hay –y esto me parece fascinante– suele prestarse a interpretaciones. ¿Era realmente un monstruo lo que ha visto nuestra protagonista? ¿O ha visto lo que su mente perturbada le ha sugerido? Nido de pesadillas habla de mujeres sometidas al estrés de una relación que no funciona o al de la maternidad, al reto de compaginar ésta con la vida laboral y la pasión por el arte, o el vivir con una baja autoestima, de gente sometida a personas posesivas y absorbentes. ¿Qué pasa cuando en este estado mental agotado, desgastado, susceptible y sugestionable aparece algo extraño? Puede que la imaginación lo retuerza y le de fuerza hasta convertirlo en una pesadilla, o puede que realmente sea una pesadilla encarnada.


Incluso en aquellos relatos cuyos finales parecen más drásticos queda aún la opción de considerar que todo no es nada más que la interpretación del narrador —el narrador sugestionado— de algo si no normal, por lo menos no necesariamente terrorífico. Otra característica que comparten es que muchos tienen una lectura alegórica: a veces parecen el fruto de una mente violada que intenta explicarse el trauma que ha vivido y le da forma de fantasía. Todo expresado con una sutileza y una elegancia que refuerzan la ambigüedad del relato y así lo hacen mucho más penetrante que si se recurriera a un festival gore.

Como no me suele parece buena idea ir comentando los relatos uno a uno, ya queanalizarlos todos al detalle requeriría más espacio del que disponemos, voy a hablar de los que más me han impactado, e intentaré agrupar el resto por temáticas generales.

“El señor de los caballos”, “La memoria de la madera” y, sobre todo, “La otra madre”, exploran el tema de la maternidad, deseada o no, y la forma en que absorbe tanto de la vida de la madre que a veces ésta pierde sentido. En “El señor de los caballos” una pareja se traslada a vivir a la casa de unos antepasados del marido; en “La memoria de la madera” otro matrimonio compra un arcón en una venta de garaje, para decorar su nueva casa. La gente que se muda a un nuevo hogar es algo recurrente en la ficción de Lisa Tuttle, según veo, la tensión de encajar en un lugar nuevo lo convierte en un punto de partida ideal para sus relatos. En el primer caso, la familia descubre que en el establo adyacente a la casa ocurrió hace décadas un grotesco asesinato; en el segundo, el arcón recién adquirido emite un hedor a podredumbre espantoso que solo se percibe unos instantes al abrirlo y luego se desvanece. En ambos casos son los niños los que contactan con lo que se esconde detrás del establo y del baúl y los padres —las madres en particular— quienes padecen las consecuencias. “La otra madre” sigue en esta línea: se trata de una historia brillante (una de las mejores de este tomo) donde la protagonista, recién divorciada y con dos niños a su cargo, intenta reconectar con su antigua pasión por la pintura. En las orillas del lago en cuya orilla se alza su hogar, conectará con algo más salido de los viejos mitos galeses.

Siguiendo aún con las parejas, destacar otro de mis favoritos, “Bienes compartidos”, una historia brutal tanto por sus implicaciones como por el modo tan sencillo y descarnado con que Tuttle describe un proceso de divorcio y la forma de afrontar la separación: como nace y muere el amor de la pareja, si es que de amor se trata, y de las consecuencias de éste. O, como su título indica, del sentimiento de propiedad y sus consecuencias. Muy remarcable el modo como se usa el lenguaje para enfatizar la hipocresía (cobarde y cruel) de la pareja; cuando insisten en hablar de "dormir" en lugar de "matar" Tuttle consigue que les odiemos aún más. 

Dos de las historias más violentas y agradablemente desagradables son “Nido de bichos” (que me recuerda muchísimo el “Una edad difícil” de Starobinets) y “Sun City”. El primero, que abre la colección, es el relato de una chica que, pasando por un momento difícil en su matrimonio, decide alejarse de todo visitando a su tía en su casa cerca del mar. La casa —que parece abandonada desde el exterior–— está en realidad mucho más poblada de lo que se imaginaba; el final de esta historia es profundamente perturbador. “Sun City” se parece un poco a “El corazón delator” de Poe: una mujer languidece después de un matrimonio fallido, un trabajo fallido y resumiendo, una vida fallida. Y en su existencia crepuscular, empieza a perseguirla lo que parece el fantasma de la culpa por lo que hizo — o no hizo— en México durante su luna de miel. Aquí encontramos un poco de este sabor mitológico que Jesús Palacios mencionaba en su introducción. Y bien documentado por cierto.

En el otro extremo del espectro, hay tres historias profundamente emocionales y cien por cien psicológicas: “Recorriendo el laberinto”, “Necesidad” y “Cuando te necesita un amigo”. Más que relatos de terror —aunque el segundo tiene una escena que parece inspirada en “La pata del mono” de W. W. Jacobs, uno de los relatos de terror más célebres de la historia— son relatos de nostalgia, desamor y poesía con un toque fantástico. En el mismo sentido podríamos analizar el que cierra el tomo y da origen a la ilustración de la portada: “El nido”, otra de a las obras maestras de la colección. Es una historia que encarna a la perfección el “estilo Tuttle” de hacer terror: todo es subjetivo. El narrador –la mayor de dos hermanas que se trasladan a una casa de campo hasta entonces abandonada– nos habla de la decadencia, del desvío de su hermana pero ¿cual de las dos es realmente la desviada? Y a qué nido hace referencia el título realmente?

Dejo para el final “Vuelo a Bizancio”, que junto a “El nido” y “La otra madre” es lo mejor de lo mejor de este libro. Lisa Tuttle nos contó —a los que asistimos a su charla en Gigamesh— que en parte lo había basado en hechos reales. Especificó que solo en parte, y me alegro, porque lo que padece la escritora que protagoniza este cuento es una pesadilla que solo los que hemos vivido en algún momento sintiéndonos marginados podremos entender en su plenitud. Más que elemento sobrenatural aquí hay surrealismo desbocado: una autora (Tuttle) que basándose en hechos reales escribe sobre una autora (la protagonista) que, tras escribir su primera novela y recibir una invitación para la convención de ciencia ficción de Bizancio en Texas, llega a un sitio que parece sacado directamente de los rincones más oscuros de su cabeza, peligrando su cordura.

Analizado el contenido, demos una ojeada al continente. La edición es estéticamente muy bonita, con un diseño de portada espectacular y un papel color crema muy agradable. El problema —que tampoco es un gran problema— llega con algunos detalles de la traducción que llaman la atención. En la mayor parte de los relatos hay alguna que otra errata, falta de ortografía; y lo que más llama la atención es que dos de los relatos tienen un título distinto según si cogemos el que figura en el índice y la contraportada o el encabezado del relato. Así, en portada e índice consta como “El señor de los caballos” el relato que en el interior se titula “El dios caballo”. O “Cuando un amigo te necesita” (contraportada e índice) contra “Cuando te necesita un amigo” (encabezado). Nada que desmerezca el tomo en absoluto, pero que hace falta comentar.

En resumen, recomiendo fervientemente Nido de pesadillas con la advertencia de que, este sí, es un libro peligroso: el estilo de Tuttle es impactante, sincero e intimista. Uno llega a conectar con sus protagonistas, sus miedos e inseguridades, sus problemas, sus desgracias; y esto lleva a reflexionar sobre los propios. Esto es terror de primera clase, que a veces me recuerda a Machen (“Recorriendo el laberinto”, “El señor de los caballos”, “La otra madre”) por sus contrastes entre civilización y mundo rural, a veces a Poe (“Sun City”), que siempre sorprende con su extrema sutileza y ambigüedad, y que —y aquí disiento con el prólogo de Jesús Palacios— no tiene demasiado que ver con el horror cósmico, salvo cogiendo un poco por los pelos el tema de los miedos atávicos, de los monstruos del inconsciente colectivo, si aceptamos que puedan considerarse entidades externas a uno mismo con las que se pueda establecer contacto.

Nevsky Prospects, mayo 2015
Traducción de Marian Womack
Rústica con solapas, 288 págs. 19 € 

mayo 04, 2015y

23 de abril de 2015

Lisa Tuttle: "El terror externo me parece menos efectivo que el que viene de uno mismo"

Llego cerca de las 17:30 a la librería Gigamesh, pero todavía queda una hora para que empiece el evento del día: la presentación de Nido de pesadillas, la última novedad de la editorial Nevsky Prospects. Nido de pesadillas, de la gran Lisa Tuttle.

Nido de pesadillas es una antología de relatos de terror, publicada originalmente en 1986 y que Nevsky ha decidido editar para rescatar a una de las grandes autoras en lengua inglesa como es Lisa Tuttle. Por increíble que parezca, hasta ahora no se le había editado ni una sola obra —salvo Refugio del viento junto a George R. R. Martin—. Tan lamentable situación, y viendo la cuidada edición que me tiende su editora, Marian Womack, parece que va a empezar a arreglarse pronto.

Mientras espero que a las 18:30 empiece el asunto, hojeo el libro. El prólogo, de Jesús Palacios, transmite una admiración sin reservas para esta escritora veterana que, como decimos más arriba, ha colaborado con George R. R. Martin. En 1974 ganó el "John W. Campbell Award for Best New Writer", en el "BSFA Award for Short Fiction" en 1989 por In translation y en 1982 el Nebula a la mejor historia corta por The Bone Flute. Este último lo rechazó por una cuestión de principios.

En el prólogo Palacios establece una distinción dentro del terror entre el horror cósmico (de quien H.P. Lovecraft sería el principal referente) y el horror mórbido, cuyo mayor adalid sería Edgar Allan Poe. Entre terror a lo externo, a la insignificancia de la humanidad frente al abismo, de los seres que acechan en los rincones oscuros del cosmos y el terror interno, que surge de nuestras propias fobias, nuestras paranoias y la locura que anida en el fondo del inconsciente. Tuttle —comenta Palacios— logra un equilibrio casi inédito entre ambos, cuando escribe sobre situaciones en que sus personajes se enfrentan al horror de problemas cotidianos y factibles, en cuyos entresijos a veces encuentran ecos de miedos atávicos de estos que explota el terror cósmico. Me avergüenza reconocer que no he leído nada de Lisa Tuttle, y ya me siento ávido de Nido de pesadillas.

Empieza con puntualidad la presentación en la sala de conferencias de la librería Gigamesh: presidiendo la mesa tenemos a Lisa Tuttle flanqueada por Jesús Palacios y James Womack, quien ejerce de traductor. La sala se va llenando lentamente, y tras una breve introducción por parte del editor y otra de Palacios —quien resume lo que comenta en el prólogo— se abre una ronda de preguntas.


"Me interesa mucho el enfoque que da Lisa Tuttle a sus relatos", comenta el prologuista en una de las ocasiones, a lo que Tuttle responde que para ella el terror externo (el típico escenario de criaturas malignas atacando una familia me viene a la mente), si bien le interesa, le parece menos efectivo que el proveniente de uno mismo o del círculo personal de amistades, familiares, etcétera. ¿Qué hay más terrorífico que el sentir como la cordura se aleja de ti, a medida que lo que te rodea deja de tener sentido? ¿Qué puede impactar más que el terror derivado de lo cotidiano, de circunstancias que pueden llegar a darse en la vida real? Me parece una reflexión muy interesante: el terror psicológico copa la mayor parte del debate.

La comparación de Palacios con La semilla del diablo de Ira Levin es muy acertada; allí (en el libro o en la adaptación al cine) asistimos al progresivo declive de una mujer que acaba de ser madre, que al final llega a creer que los que la rodean son parte de una secta satánica y su hijo, el propio diablo. Pero, ¿es realmente así, o está todo en su cabeza, como síntoma de una extrema depresión posparto? Este tipo de dilemas son los que encontraremos en la obra de Tuttle.


Tener tan cerca a una autora que ha significado tanto para el desarrollo del género de terror me resulta un poco frustrante: quisiera poder preguntarle algo, hablarle de algún detalle de sus relatos pero como comentaba, no he leído ninguno. Soy un asiduo del género de terror: básicamente devoro todo lo relacionado con el mismo, desde cine, serie y cómics, hasta novelas, relatos y ensayos. Y me resulta extraña esta sensación de absoluto desconocimiento. ¿Qué ha pasado para que alguien así permanezca oculto a los ojos del lector durante tanto tiempo? —Lector español, se entiende—. Estoy convencido de que Lisa Tuttle será uno de mis autores de cabecera, todo lo que he oído esta tarde así me lo indica.

Estoy convencido una vez más de que son las editoriales pequeñas como Nevsky las que pueden salvar de la banalidad a un género cada vez más masificado, más centrado en el bestseller, y que está olvidando que cantidad —de ventas, de seguidores— no equivale a calidad.


El evento de ayer  no será la única ocasión en la que se podrá conocer a Lisa Tuttle, ya que para esta tarde, y con motivo del Día del Libro, hay preparadas sesiones de firmas con ella y con otros autores publicados por Nevsky en la librería Gigamesh (echad mano de la imagen de arriba).

Nido de pesadillas se publica el 4 de mayo en rústica con solapas, 288 páginas y un precio de 20 doblones.

abril 23, 2015y

5 de octubre de 2014

Reseña: «Máquinas del tiempo», de Nina Allan

La primera obra de Nina Allan traducida al español, donde nos habla con pasión de esos complejos mecanismos que son los relojes.


El viaje en el tiempo, clásico tema de la ciencia ficción. Los autores amantes de la historia mandan a sus personajes al pasado, normalmente solo como observadores de hechos trascendentes (con la gran advertencia «¡no toques nada!» pesando siempre sobre ellos). Si se busca un efecto de inquietud, incluso de terror, se puede recurrir a visitar futuros distópicos, con un tono admonitorio; o peor aún, a castigar al insensato que recorre la línea temporal a contracorriente con la visión de lo que su injerencia ha provocado, presentar un escenario terrible en el clímax –y desenlace– del relato. Desde obras maestras fundacionales como La máquina del tiempo de Wells, Un yanqui en la corte del rey Arturo de Twain y clásicos modernos como El libro del día del juicio final de Connie Willis, El fin de la eternidad de Asimov o El ruido de un trueno de Bradbury a intentos mediocres como la reciente 22/11/63 de Stephen King o Rescate en el tiempo (1999-1357) de Michael Crichton, el subgénero del turismo temporal nos ha acompañado siempre; como novela juvenil (Cruzada en jeans de Thea Beckman es un buen ejemplo) o reflexiva ciencia ficción hard, nunca ha dejado de estar en boga.

Como muchos de los grandes temas, al final ya no queda nada original por decir; todas las posibilidades, todas las interpretaciones, todas, se han tratado previamente, con mayor o menor acierto. A veces el viaje en sí y sus aspectos técnicos es el centro de la trama; otras, una mera excusa para disfrutar de épocas pasadas o futuras desde la perspectiva actual.


El cambiar el pasado es un peligro a evitar o un método seguro de crear un futuro mejor, el viaje es obra de un genio solitario o la labor supervisada de una agencia secreta atemporal. La gracia consiste en buscar un enfoque, una revisión y renovación de los clásicos que tenga la suficiente personalidad propia como para sustentarse por si misma. Esto no lo consiguió un autor de tanto renombre como King con su libro sobre Kennedy, que era tópico, previsible y lleno de contradicciones y situaciones poco creíbles. Nina Allan es, en Maquinas del tiempo, más ambiciosa y mucho más talentosa: el suyo es un libro que parece moverse entre el viaje temporal introspectivo a lo Magdalena de Proust, la distopía clásica y la maquina temporal de Wells: su objetivo, su mirada original, se centra en los personajes y su vida interior, y quien se desplaza en el tiempo y el espacio es el lector.

Pero antes de fijarnos en ellos, centrémonos nosotros en Nina Allan, un misterio que Nevsky nos ayuda a desentrañar con Máquinas del tiempo, su primera obra traducida al español. Nacida en Londres y criada entre las Midlands y West Sussex (el regusto a novela inglesa se nota, y mucho, en esta primera obra suya que nos llega), actualmente vive con Christopher Priest, reputado autor de obras maestras tales como El prestigio o La afirmación. Aún con varios relatos publicados y el premio British Science Fiction Association a la mejor ficción corta en 2014 por la novela corta Spin, es una autora novel cuyo nombre aún no es muy conocido ni siquiera en los círculos de amantes del género.

La editorial Nevsky, que ofrece un catálogo extremadamente cuidado que se mueve entre lo clásico (El Maestro y margarita de Bulgakov) y lo moderno (Una edad difícil de Anna Starobinets) nos descubre ahora una autora que, como Starobinets, dará mucho que hablar.

Maquinas del tiempo se estructura en capítulos autoconclusivos. Cada uno es un relato independiente que comparte con los demás ciertos temas: la pérdida, el paso del tiempo, el amor y distintos desarrollos de unos mismos personajes, Martin Newland y su hermana, sus padres, sus amigos, el misterioso relojero Owen Andrews. Y los relojes.


Nina Allan habla con pasión de los relojes, maquinas del tiempo cotidianas. A mi también me han fascinado siempre, los mecánicos “vintage” de bolsillo en particular. Sostener uno en la mano, darle cuerda y verlo funcionar puntualmente mediante unos engranajes tan precisos me transmite una idea de progreso, de logro, complejidad y al final de satisfacción, que otros aparatos modernos técnicamente más avanzados no me producen en absoluto; es como si estos relojes tuvieran una personalidad de la que sus descendientes carecen. Quizás es el tipo de encanto que favorece el auge del steampunk. En Maquinas del tiempo esta personalidad es tal que hasta cierto punto comparten protagonismo con los personajes: de unos, descubrimos los entresijos sentimentales, emocionales, lo que impulsa sus vidas. De los otros, los engranajes, las complicaciones, las genialidades de las que relojeros como Breguet les dotaron. Ambos se combinan en un gran mecanismo, piezas cumpliendo su función en la maquinaria imposiblemente compleja del tiempo y el espacio que a Nina Allan le sirve para someter a sus criaturas a distintas influencias, experiencias a veces traumáticas y ver como cambian de una versión a otra.

El tema también es la memoria: cómo cambiamos ante sucesos impactantes, ante la muerte o el amor, y como el recuerdo de estos hechos moldea nuestra vida entera. Como puede evolucionar un mismo individuo sometido a experiencias algo distintas; cuanto hay en su vida de “natural”, genético, impreso en su mismo ser, y cuanto de adquirido. Para responder a estas incógnitas, Nina Allan recurre a la idea del multiverso, compuesto por infinitas variaciones de la realidad que conocemos, adelante o atrás, o en paralelo, en la corriente temporal. En este sentido esta novela es un libro costumbrista. El viaje es sutil; el objetivo, explorar la naturaleza humana. Es un viaje del tiempo introspectivo. Aún así, el contenido de ciencia ficción tampoco está ausente: Allan describe la idea del viaje temporal aportando ideas muy interesantes, que desliza a lo largo de toda la narración (y desarrolla en algunos puntos con mayor atención). Usando el recurso que tan bien le funcionara a Lovecraft o a Caitlin McKiernan, Allan mejora la sensación de realismo de su historia haciendo referencia a autores y a obras inexistentes con tal convicción que uno acaba buscando en Google, y y de paso refuerza la inmersión en la historia.

En resumen, Maquinas del tiempo no es una novela de ciencia ficción al uso, es una obra sensible, tranquila, con una narración bien llevada de las que apetece seguir una tarde otoñal. Muy recomendable, y más cuando uno encuentra tan buen equilibrio entre una edición cuidada y estéticamente atractiva y un precio razonable.

Ficha técnica
Fecha de publicación: 26 mayo, 2014. Editor: Nevsky Prospects. Géneros: Ciencia ficción.
Traducción: Carmen Torres y Laura Naranjo. Páginas: 208. Precio: 19 €. Electrónico: Sí. Correlación: Lectura independiente.
Valoración
★★★★★

octubre 05, 2014y

28 de abril de 2014

Anna Starobinets visita el Festival MOT: "Los miedos literarios de los europeos tienen que ver con un mundo antiguo"


El pasado sábado trece de abril la escritora rusa Anna Starobinets visitó la ciudad de Olot con motivo del Festival de literatura Girona y Olot, dedicado en esta primera edición a la literatura fantástica. La escritora rusa dedicó cerca de una hora y media a hablar de su obra y de las características de la literatura de horror rusa contemporánea comparada con los enfoques norteamericanos o europeos. Ya desde el primer momento fue presentada por David Roas, escritor y estudioso de la literatura fantástica y comisario del festival, como una escritora versátil con tratamientos muy diversos de los géneros no realistas, desde el horror –prevalente en su antología Una edad difícil– hasta la ciencia ficción –un elemento destacado en su distopía El Vivo, de la que podéis leer una extensa reseña en estas mismas líneas–. Independientemente de etiquetas, lo que Starobinets evoca está claro: "nos esperan futuros inquietantes", dijo Roas antes de dejarle paso a la autora.

Los miedos rusos
Para Starobinets los miedos literarios de los europeos tienen que ver con un mundo antiguo que regresa para apropiarse del mundo, como los vampiros clásicos que aparecen ante los ojos de una nueva época salidos de su morada entre las leyendas del pasado. Eso es imposible para un escritor ruso, explicó la autora, debido a lo convulso de la historia de su país, a la falta de continuidad histórica y geográfica de las familias rusas. ¿Dónde viviría un vampiro ruso? ¿Dónde podría haberse ocultado durante siglos si las guerras y las catástrofes sociales han obligado a la población a realizar una tras otra mundanza forzosa? El miedo a lo antiguo, propuso Starobinets, no tiene sentido en Rusia.


El temor a los diferentes característico de la literatura de horror norteamericana, por otro lado, ese miedo a los que vivieron antes que ellos en su tierra, a los que perdieron su historia por culpa de los recién llegados, tampoco es algo que pueda afectar con facilidad a un escritor ruso. Los terrores norteamericanos, según Starobinets, son subterráneos, surgen de la espera de la llegada de divinidades o espíritus que esperan su momento de venganza. En este caso el problema, por lo que se desprendió de la explicación de la autora, es más bien de carácter técnico y tiene que ver con la forma de plantear la historia. ¿Cómo podría, un escritor ruso de terror, plantear un escenario verosímil en el que presentar un personaje principal con una vida suficientemente tranquila como para aterrorizarse ante el riesgo de perderla? Para Starobinets, en Rusia el que daría miedo sería el protagonista y no se trataría de una historia de terror sino de una historia realista. La receta de la autora para crear una historia de terror rusa es otra: te fijas en la realidad rusa, espantosa, y la exageras para hacerla grotesca. Esa fue su técnica en Una edad difícil, el que posiblemente sea su relato traducido al español más difícil. En él un niño sufre una lenta transformación en hormiguero ante la mirada incrédulamente aterrorizada de su madre... pero es que el tipo de edificio en el que vive, muy característico de algunos suburbios de Moscú, es verdaderamente cómo un hormiguero en el que las personas pierden su condición de individuo para convertirse en meras funciones sociales.

Las técnicas del terror en la literatura rusa
¿Qué opciones le quedan a un escritor ruso que quiera escribir terror y rechace la técnica de la exageración que Starobinets prefiere? Según ella, existen varias alternativas que pasan por rechazar la realidad rusa:

El traslado a otro planeta. Esta técnica la usaron con maestría los hermanos Strugatski y otros escritores de ciencia ficción.

Recurrir al folclore. La propia Starobinets usó esta técnica en su novela Asilo 3/9. El problema, explicó, es que el folclore ruso ha quedado relegado practicamente por completo a la literatura infantil, por lo que su gran riqueza inicial se ha visto enormemente simplificada y ha perdido su carácter milenario y espantoso, algo a lo que la autora trata de ponerle remedio en su obra.

Uso de un escenario post-apocalíptico. Como hizo Dmitry Glukhovsky en su Metro 2033, la popular novela en la que un grupo de supervivientes del holocausto nuclear tratan de sobrevivir en los túneles del metro de Moscú.

Invento de una sociedad planetaria: Esta fue la técnica utilizada por Anna Starobinets en su distopía El Vivo, en la que propone un mundo global unido por una red social instalada a nivel cerebral con un resultado muy inquietante.

Los viajes por el tiempo y el espacio: Es una de las técnicas que goza de más popularidad entre los lectores, especialmente gracias al resurgir de una ideología patriótica que tiene como leit motiv la recuperación de una Unión Soviética triunfadora. El problema, según Starobinets, es que este tipo de discurso está abandonando la ficción y se está instalando en los medios de comunicación, consiguiendo que la realidad se convierta en algo más absurdo que cualquier cosa que ella pudiera escribir.

La autora dejó claro que ella prefería los enfoques más verosímiles porque habrían la puerta a la posibilidad de crear literatura de terror original si el escritor no se resignaba a ignorar la realidad de su sociedad.


Un debate interesante
A lo largo de la discusión que se desarrolló en la segunda parte de la charla entre Anna Starobinets y el público, gracias en buena medida a la habilidad de Roas como moderador y dinamizador de la audiencia, se fueron tratando cuestiones muy sugerentes. Ante la pregunta de Roas sobre si los escritores de género rusos no mostraban interés por lo "fantástico cotidiano", como sí lo hace la literatura fantástica catalana, española, francesa o canadiense, la autora dio a entender que el concepto de cotidiano es algo problemático en su país, pues no existen unos hábitos tan regulares como en España ("a vosotros os da igual qué polémica se está produciendo en la red: cuando llega la hora de comer os levantáis y coméis, pase lo que pase"). También se habló de la riqueza de la literatura de vampiros y las historias de fantasmas entre los escritores rusos del siglo XIX, como Gogol, pero según Starobinets se trata de una tradición que se ha perdido, desplazada por las nuevas tendencias. En ese sentido destacó el interés del escritor Mikhaïl Bulgàkov como escritor de transición, surgido de un orden antiguo y testigo de numerosos cambios sociales. También se habló de series de televisión y la autora confesó disfrutar mucho con ellas. "La serie es la nueva novela larga", afirmó, aunque la calidad de las series rusas es enormemente baja y no está al nivel de las producciones extranjeras. Finalmente, Starobinets reconoció que era una escritora muy seria que en su obra prescindía casi por completo del humor (aunque como oradora hacía un gran uso de la ironía).


Espero haber sabido transmitiros el gran interés que tuvo la charla. No puedo menos que recomendaros su obra publicada en castellano por la editorial Nevsky Prospects, tanto la novela El Vivo como, muy especialmente, su libro de relatos Una edad difícil. Y os invito a leer en La Biblioteca de Ilium la entrevista que tuve el placer de realizarle durante el Festival MOT.

*Las fotografías ha sido utilizadas con permiso del MOT Festival de Literatura de Girona i Olot.

abril 28, 2014y

9 de diciembre de 2013

Reseña: «El Vivo», de Anna Starobinets

Título original: Живущий.
Edición: 384 págs. Nevsky Prospects, noviembre 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 24 € (rústica con solapas).
Traducción: Raquel Marqués García.
Temática: Ciencia ficción, distopía.
Correlación: Novela independiente.


Podría acabar esta reseña muy rápidamente. En realidad podría decir “leed todo lo que saque Anna Starobinets”, y seguramente sería la síntesis perfecta de la idea de fondo y el mejor consejo que podríais sacar de toda la parrafada que sigue. Pero como sería un poco arrogante por mi parte pretender que aceptéis esta conclusión sin llegar a argumentarla, ahí vamos...

Anna Starobinets (Moscú, 1978) quedó finalista en 2006 en el prestigioso premio Natsionalni Bestseller con su recopilación de relatos Una edad difícil (Nevsky Prospects, 2012), y que tuve el placer de leer el verano pasado. El relato homónimo es de los mejores y más perturbadores que he leído recientemente, y va directo a mi top diez personal de los mejores relatos de terror del siglo XXI. Starobinets, que parece encontrarse muy cómoda en la frontera entre el terror y la ciencia ficción (muchos de los relatos de aquella antología encajaban en ambos géneros) empieza a ser conocida como “La reina rusa del terror”; pese a ello, dos de los siete libros que lleva publicados van destinados al público infantil. Compagina su tiempo entre el trabajo periodístico (ha trabajado en el Gazeta.ru, en Argumenty i Fakty y en Expert; actualmente es reportera en el Russki Reporter) y su carrera como novelista y guionista. Yo la clasifico como uno de estos autores jóvenes a los que poco a poco empezamos a conocer y que sin duda marcarán la pauta en los próximos años, tales como China Miéville o Paolo Bacigalupi.

“La distopía se basa
en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera”

El Vivo, su novela más importante, toma el nombre del conjunto de la sociedad del futuro: tres mil millones de habitantes, ni uno más, ni uno menos. Tres mil millones de seres humanos que viven en el mejor de los tiempos posibles, habiendo logrado la inmortalidad (mediante un sistema simple y encantador; al morir, el sistema transfiere lo que podríamos llamar “el alma” de uno al cuerpo de un nonato), con plena libertad para vivir según les plazca y experimentar con todo lo que deseen en los niveles de consciencia ampliada de los que gozan gracias a la misma tecnología que les garantiza la vida eterna. Todos forman parte de “El Vivo”, son como sus células, partes pequeñas pero importantes de un enorme organismo. El sistema les permite estar en contacto constante, gracias a algo similar a un internet interiorizado: cada uno puede mantenerse ocupado en sus redes sociales simplemente en una segunda (o tercera, o cuarta) capa de consciencia. Este mismo sistema garantiza una educación de calidad (con bajarse un programa educativo directo a una de estas capas basta) y una “memoria” perfecta, puesto que las experiencias vitales se pueden almacenar igual que archivos en un PC y disponer de ellas –o eliminarlas– cuando plazca. Sin duda, algunos sacrificios se han tenido que hacer para llegar a tal situación ideal. En los tiempos previos a "El Vivo" hubo guerras, hambruna y plagas. Infinidad de especies animales perecieron, y las que sobreviven –vacas, perros, cerdos– están extremadamente protegidas en refugios especiales. Rehuyen, sin embargo, la humanidad; la presencia de cualquier humano les aterroriza. En cambio con los insectos parece que no hay problema –los insectos, especialmente los insectos “sociales”, parecen ser un tema recurrente en Starobinets– por lo que se los ha adoptado como mascotas.

Es en este sistema ideal nace Cero, un niño marcado con una peculiaridad única: está fuera del ciclo de reencarnaciones por las cuales cada ser humano es inmortal. Cuando uno muere en "El Vivo", no es más que una desconexión temporal, ya que renace al cabo de poco. Por ello no hay personas nuevas, salvo él. Cero se convierte en el mesías involuntario del cambio, en el profeta de los descontentos, muchos de los cuales ni siquiera eran conscientes de su descontento. Su sola existencia cuestiona el sistema. Pero Cero no tiene interés en destruir ni cambiar nada; Cero quiere encajar, quiere ser uno más. Por su peculiaridad, no se le conectó al nacer con el tejido virtual que conecta a todos los demás. Está solo. No puede compartir lo que los demás. Y las circunstancias le empujan a convertirse en lo que no quiere.

Muy resumido, esto es El Vivo. Pero como las capas de consciencia de sus protagonistas, se trata de una novela con muchas lecturas; la más reciente de una larga tradición de novelas distópicas.
La distopía se basa en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera; la advertencia, mostrando como “si esto sigue así...” las cosas pueden acabar muy mal. Y viendo como la mayoría de las distopías se centran en un protagonista enfrentado al horror de un gobierno totalitario, el totalitarismo debe ser el principal miedo de la sociedad. El totalitarismo significa, en última instancia, la pérdida absoluta de la voluntad individual; la sumisión completa a la voluntad de otros, unos líderes ocultos, que pueden disponer como se quiera de tu vida. Y a partir de aquí, quieras o no, convertirte en cómplice de sus actos y decisiones.

“La empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada”
Los protagonistas de una distopía suelen ser gente trágica, dividida entre la obediencia y el respeto a unas normas, y la disidencia que crece en su interior amenazando con convertirles en mártires. No siempre acaban bien, las distopías. Al fin y al cabo, de algún modo son un cuento de terror; enfrentan la esperanza del protagonista –y del lector– con “la dura realidad”; y es que al final, parece decir la moralina, es muy difícil romper un sistema, o salir de él (ninguna lo ejemplifica mejor que la durísima 1984 de Orwell). Mejor, por lo tanto, no llegar a crearlo. Mejor vigilar muy bien, estar atentos, para no despertarnos algún día en medio de una distopía, si es que no estamos ya en una.

Grandes ejemplos de este subgénero son 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley o Farenheit 451, de Ray Bradbury. Forman la sagrada trinidad de las distopías, y diría que todas ellas, de un modo u otro, forman parte de “El Vivo”. Elementos que trata el libro ya aparecían en aquellas. Hay sin embargo otra obra, mucho menos conocida, y que sería quizás el primer ejemplo auténtico del subgénero, que es la principal referencia de Starobinets; se trata de Nosotros, de Yevgeni Zamiatin. Publicada clandestinamente en 1921 (la primera edición legal Rusa no llegaría hasta 1988) Nosotros ya planteaba los grandes temas distópicos: control absoluto del estado, con represión a los disidentes, e incluso a los disidentes potenciales; destrucción de la intimidad (vigilancia continuada); el “yo” se diluye en el “nosotros”, destrucción completa de la individualidad, asignando incluso números a las personas, en sustitución de sus nombres.

La portada original rusa de la novela es inquietante.

Nosotros es pues la principal influencia de El Vivo, pero yo diría que no la única. La idea de la reencarnación como método para lograr la inmortalidad, de tal modo que cada niño nacido lleva la personalidad de un individuo muerto, el cual a la vez llevaba la de otro y así hasta el inicio del sistema, ya aparece en La ciudad y las estrellas de Arthur C. Clarke, y tratado de un modo bastante similar, con un niño “mesías” que nace sin, al parecer, contener ninguna vida pasada. Y esta es una forma muy hábil de Starobinets de mostrarnos a su humanidad deshumanizada; la que empatiza con los insectos y aterroriza a los mamíferos.

En resumen, El Vivo me ha gustado. Toca todos los temas distópicos clásicos, desde la alienación del protagonista (que me parece muy interesante; en este caso, queda al margen por ser de algún modo primitivo; en otras novelas, como Juan Raro, de Olaf Stapledon, pasa al revés; uno queda marginado por ser superior al resto, un grado más allá en la escala evolutiva) a la existencia de un gobierno totalitario cuyas prácticas quedan al margen de lo que se exige a los demás. Es como una actualización de las ideas de Orwell o Zamiatin, sazonadas con proyecciones a partir de las tecnologías actuales, como internet, de la que cada día somos más dependientes. La gente, por ejemplo, ya no desarrolla la memoria; gracias a sus facultades internas análogas a las de un PC, no la necesita. Y al poder estar conectado las 24 horas con las redes sociales, y ver cuando quiera toda clase de series o películas –que de paso aprovechan para hacer propaganda del sistema– va alejándose de “la primera capa”, la realidad física, perdiéndose en la realidad virtual. Me parece un tema muy interesante y Starobinets lo trata brillantemente. E imprime su sello personal, siniestro, en todas partes; la empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada.

Lo que no me ha gustado tanto es que en el fondo parece que se nota cierto mensaje conservador. Se lamenta el que las familias ya no existan, pero parece como si lo que se buscara es el regreso a la familia tradicional. Uno de los modos a través de los que se expresa el descontento es a través de empezar a negarse a adorar a "El Vivo" como a una deidad, volviendo al dios triple –obviamente, el dios cristiano trinitario–. Es como si Starobinets pensara que la religión es parte natural de las cosas. Lo cierto es que las distopía son un tipo de ciencia ficción muy realista –aunque yo soy de los que, ante una acusación de pesimismo, se defienden alegando ser realistas–, los futuros distópicos me parecen más creíbles que los que sugieren otros autores. Es decir, la ciencia ficción tradicional para mí es más fantasiosa, más ficción que ciencia.

Vivimos en una era de pesimismo plenamente justificado, y creo que nuestra literatura lo refleja perfectamente. En los últimos años, los tres géneros fantásticos se han oscurecido notablemente. En la ciencia ficción triunfa más que nunca la distopía, incluso en su vertiente más juvenil con “Los juegos del hambre”. En el terror, la literatura de zombis parece ser la perfecta metáfora de una sociedad atontada y decadente. En la fantasía, se busca “el realismo”, con la llamada “fantasía oscura”, que prescinde del tono a cuento, a sueño, que venía siendo lo habitual; no ya en Tolkien, incluso en la fantasía de los ochenta y noventa primaba este mismo tipo de mundo medieval romántico. Ahora este sueño se ha roto y en la fantasía hay sangre y muerte por doquier; en el terror, seres descerebrados más hambrientos que nunca, y en la ciencia ficción, el futuro que nos espera es una pesadilla.Vivid la pesadilla de lo que vendrá, leed El Vivo”.

diciembre 09, 2013y


 

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