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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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24 de diciembre de 2015

'Refugio 3/9', terror a base de injusticias sociales

Hay dos buenos motivos para hacerse con la última novela de Anna Starobinets, Refugio 3/9. El primero es que al hacerlo directamente desde la editorial Nevsky Prospects todo el importe de la compra se destina a contribuir al pago del tratamiento del marido de la autora, Sasha Garros, al que se le ha diagnosticado un cáncer que no puede tratarse en Letonia. La carta explicando el caso la difundió la propia Nevsk (la podéis leer en este mismo enlace). Es un gesto altruista el de Nevsky, al que podemos contribuir, y esperamos darle aún más difusión desde La Espada en la Tinta aunque nos pongamos a ello un poco tarde. El segundo motivo es previsible, y es que el Starobinets no defrauda en absoluto. Se consolida libro tras libro, y aunque Una edad dificil no fue un One-hit wonder, creo que Refugio 3/9 es su mejor obra tras aquella que supuso su debut.

En Francia, una fotoperiodista amargada experimenta una transformación a lo Orlando y se convierte en un mendigo; la situación la impulsa a emprender el camino del emigrante hacia su Rusia natal. La moral y los escrúpulos los va perdiendo por el camino. Su viaje no es, sin embargo, una simple huida: se dirige a un concepto, al hogar, al refugio 3/9, sea lo que sea esto. En su viaje se encuentra con referencias a un inminente fin del mundo, que diezmará a la humanidad sin posibilidad de salvación salvo para unos pocos elegidos, aquellos que logren encontrar antes el Refugio. ¿Qué hay de real y qué de paranoia en todo esto?


Paralelamente, se nos revela la historia de un niño que, tras quedar en coma por un accidente en un parque de atracciones, acaba recluido en un sanatorio infantil. Allí, incapaz de interactuar con el mundo de la vigilia, vive en un mundo onírico poblado por personajes inspirados en el folclore ruso y la desbocada imaginación de Starobinets. Para ellos es una especie de mesías, algo que estaban esperando desde hacía miles de años. Su historia se entrelaza con la de María, la fotógrafa, de un modo que habrá que ir descubriendo a medida que avance la historia. Lo mismo sucede con un tercer personaje, introducido hacia la mitad del libro: el padre del chico, clave para colocar las piezas que faltan en el puzle.

Refugio 3/9 se puede leer de varias formas. Podemos entender que se trata de una novela de ciencia ficción con tintes distópicos, y que la parte sobrenatural es fruto de la alucinada mente de un niño, que entrelaza realidad y sueño para crearse algo que pueda entender. O nos la podemos tomar de un modo más literal y considerarla una novela de fantasía urbana. A esta ambigüedad ayuda el que Starobinets entrelace critica social —sobre Rusia y su presidente, sobre Europa, sobre el drama del que vive en la calle y del emigrante—, simbolismo y el humor ácido que la caracteriza.

"Starobinets juega con la idea del que, sin buscarse ninguna clase de problema [...] sufre porque la pura casualidad lo ha puesto en el peor sitio en el peor momento"
Una vez más, el terror está presente, como en otras historias de la autora, pero quizás un poco más sutil. En el relato homónimo de la antología Una edad difícil un inocente sufría un destino horripilante y en su condenación arrastraba a sus allegados: el desencadenante (sin poder revelar nada del argumento) no podía ser más sorprendente. En El vivo el terror era el del individuo encajado a la fuerza en la maquinaria de una sociedad injusta. Starobinets juega con la idea del que, sin buscarse ninguna clase de problema, sin esperarlo, sin tentar al destino, sufre porque la pura casualidad lo ha puesto en el peor sitio en el peor momento. Es así con los protagonistas de Refugio 3/9; es así con la pobre enfermera Írochka, cuyo padecimiento es de lo más crudo del libro. Es así con el padre de Maria, que lleva una vida normal, quizás incluso feliz, hasta que un mendigo que dice ser su hija irrumpe en ella y con una frialdad absoluta rompe su vida en pedazos. Todos, en la obra de Starobinets, sufren por un sinfín de injusticias. Este es el tipo de terror que le gusta evocar, y es uno en el que todo el mundo puede identificarse.

Merece un aparte el personaje de Liusi, de lejos el más memorable de esta historia. La bruja mala, la titiritera, una encarnación particularmente atractiva (y repulsiva a la vez) del caos. El atractivo de una historia épica a menudo depende del carisma de un buen villano —y Refugio 3/9, sea ciencia ficción o fantasía urbana tiene la épica de un cuento de hadas con damisela dormida y héroe predestinado incluidos—. Liusi llena este rol y lo desborda.

Como decía, Refugio 3/9 es uno de los imprescindibles de este final de año, no debéis dejarlo escapar. Y si os es posible, compradlo en la tienda online de la editorial para contribuir a una buena causa.

REFUGIO 3/9 | Nevsky Prospects
Rústica, 360 págs. 23€

diciembre 24, 2015y

28 de abril de 2014

Anna Starobinets visita el Festival MOT: "Los miedos literarios de los europeos tienen que ver con un mundo antiguo"


El pasado sábado trece de abril la escritora rusa Anna Starobinets visitó la ciudad de Olot con motivo del Festival de literatura Girona y Olot, dedicado en esta primera edición a la literatura fantástica. La escritora rusa dedicó cerca de una hora y media a hablar de su obra y de las características de la literatura de horror rusa contemporánea comparada con los enfoques norteamericanos o europeos. Ya desde el primer momento fue presentada por David Roas, escritor y estudioso de la literatura fantástica y comisario del festival, como una escritora versátil con tratamientos muy diversos de los géneros no realistas, desde el horror –prevalente en su antología Una edad difícil– hasta la ciencia ficción –un elemento destacado en su distopía El Vivo, de la que podéis leer una extensa reseña en estas mismas líneas–. Independientemente de etiquetas, lo que Starobinets evoca está claro: "nos esperan futuros inquietantes", dijo Roas antes de dejarle paso a la autora.

Los miedos rusos
Para Starobinets los miedos literarios de los europeos tienen que ver con un mundo antiguo que regresa para apropiarse del mundo, como los vampiros clásicos que aparecen ante los ojos de una nueva época salidos de su morada entre las leyendas del pasado. Eso es imposible para un escritor ruso, explicó la autora, debido a lo convulso de la historia de su país, a la falta de continuidad histórica y geográfica de las familias rusas. ¿Dónde viviría un vampiro ruso? ¿Dónde podría haberse ocultado durante siglos si las guerras y las catástrofes sociales han obligado a la población a realizar una tras otra mundanza forzosa? El miedo a lo antiguo, propuso Starobinets, no tiene sentido en Rusia.


El temor a los diferentes característico de la literatura de horror norteamericana, por otro lado, ese miedo a los que vivieron antes que ellos en su tierra, a los que perdieron su historia por culpa de los recién llegados, tampoco es algo que pueda afectar con facilidad a un escritor ruso. Los terrores norteamericanos, según Starobinets, son subterráneos, surgen de la espera de la llegada de divinidades o espíritus que esperan su momento de venganza. En este caso el problema, por lo que se desprendió de la explicación de la autora, es más bien de carácter técnico y tiene que ver con la forma de plantear la historia. ¿Cómo podría, un escritor ruso de terror, plantear un escenario verosímil en el que presentar un personaje principal con una vida suficientemente tranquila como para aterrorizarse ante el riesgo de perderla? Para Starobinets, en Rusia el que daría miedo sería el protagonista y no se trataría de una historia de terror sino de una historia realista. La receta de la autora para crear una historia de terror rusa es otra: te fijas en la realidad rusa, espantosa, y la exageras para hacerla grotesca. Esa fue su técnica en Una edad difícil, el que posiblemente sea su relato traducido al español más difícil. En él un niño sufre una lenta transformación en hormiguero ante la mirada incrédulamente aterrorizada de su madre... pero es que el tipo de edificio en el que vive, muy característico de algunos suburbios de Moscú, es verdaderamente cómo un hormiguero en el que las personas pierden su condición de individuo para convertirse en meras funciones sociales.

Las técnicas del terror en la literatura rusa
¿Qué opciones le quedan a un escritor ruso que quiera escribir terror y rechace la técnica de la exageración que Starobinets prefiere? Según ella, existen varias alternativas que pasan por rechazar la realidad rusa:

El traslado a otro planeta. Esta técnica la usaron con maestría los hermanos Strugatski y otros escritores de ciencia ficción.

Recurrir al folclore. La propia Starobinets usó esta técnica en su novela Asilo 3/9. El problema, explicó, es que el folclore ruso ha quedado relegado practicamente por completo a la literatura infantil, por lo que su gran riqueza inicial se ha visto enormemente simplificada y ha perdido su carácter milenario y espantoso, algo a lo que la autora trata de ponerle remedio en su obra.

Uso de un escenario post-apocalíptico. Como hizo Dmitry Glukhovsky en su Metro 2033, la popular novela en la que un grupo de supervivientes del holocausto nuclear tratan de sobrevivir en los túneles del metro de Moscú.

Invento de una sociedad planetaria: Esta fue la técnica utilizada por Anna Starobinets en su distopía El Vivo, en la que propone un mundo global unido por una red social instalada a nivel cerebral con un resultado muy inquietante.

Los viajes por el tiempo y el espacio: Es una de las técnicas que goza de más popularidad entre los lectores, especialmente gracias al resurgir de una ideología patriótica que tiene como leit motiv la recuperación de una Unión Soviética triunfadora. El problema, según Starobinets, es que este tipo de discurso está abandonando la ficción y se está instalando en los medios de comunicación, consiguiendo que la realidad se convierta en algo más absurdo que cualquier cosa que ella pudiera escribir.

La autora dejó claro que ella prefería los enfoques más verosímiles porque habrían la puerta a la posibilidad de crear literatura de terror original si el escritor no se resignaba a ignorar la realidad de su sociedad.


Un debate interesante
A lo largo de la discusión que se desarrolló en la segunda parte de la charla entre Anna Starobinets y el público, gracias en buena medida a la habilidad de Roas como moderador y dinamizador de la audiencia, se fueron tratando cuestiones muy sugerentes. Ante la pregunta de Roas sobre si los escritores de género rusos no mostraban interés por lo "fantástico cotidiano", como sí lo hace la literatura fantástica catalana, española, francesa o canadiense, la autora dio a entender que el concepto de cotidiano es algo problemático en su país, pues no existen unos hábitos tan regulares como en España ("a vosotros os da igual qué polémica se está produciendo en la red: cuando llega la hora de comer os levantáis y coméis, pase lo que pase"). También se habló de la riqueza de la literatura de vampiros y las historias de fantasmas entre los escritores rusos del siglo XIX, como Gogol, pero según Starobinets se trata de una tradición que se ha perdido, desplazada por las nuevas tendencias. En ese sentido destacó el interés del escritor Mikhaïl Bulgàkov como escritor de transición, surgido de un orden antiguo y testigo de numerosos cambios sociales. También se habló de series de televisión y la autora confesó disfrutar mucho con ellas. "La serie es la nueva novela larga", afirmó, aunque la calidad de las series rusas es enormemente baja y no está al nivel de las producciones extranjeras. Finalmente, Starobinets reconoció que era una escritora muy seria que en su obra prescindía casi por completo del humor (aunque como oradora hacía un gran uso de la ironía).


Espero haber sabido transmitiros el gran interés que tuvo la charla. No puedo menos que recomendaros su obra publicada en castellano por la editorial Nevsky Prospects, tanto la novela El Vivo como, muy especialmente, su libro de relatos Una edad difícil. Y os invito a leer en La Biblioteca de Ilium la entrevista que tuve el placer de realizarle durante el Festival MOT.

*Las fotografías ha sido utilizadas con permiso del MOT Festival de Literatura de Girona i Olot.

abril 28, 2014y

9 de diciembre de 2013

Reseña: «El Vivo», de Anna Starobinets

Título original: Живущий.
Edición: 384 págs. Nevsky Prospects, noviembre 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 24 € (rústica con solapas).
Traducción: Raquel Marqués García.
Temática: Ciencia ficción, distopía.
Correlación: Novela independiente.


Podría acabar esta reseña muy rápidamente. En realidad podría decir “leed todo lo que saque Anna Starobinets”, y seguramente sería la síntesis perfecta de la idea de fondo y el mejor consejo que podríais sacar de toda la parrafada que sigue. Pero como sería un poco arrogante por mi parte pretender que aceptéis esta conclusión sin llegar a argumentarla, ahí vamos...

Anna Starobinets (Moscú, 1978) quedó finalista en 2006 en el prestigioso premio Natsionalni Bestseller con su recopilación de relatos Una edad difícil (Nevsky Prospects, 2012), y que tuve el placer de leer el verano pasado. El relato homónimo es de los mejores y más perturbadores que he leído recientemente, y va directo a mi top diez personal de los mejores relatos de terror del siglo XXI. Starobinets, que parece encontrarse muy cómoda en la frontera entre el terror y la ciencia ficción (muchos de los relatos de aquella antología encajaban en ambos géneros) empieza a ser conocida como “La reina rusa del terror”; pese a ello, dos de los siete libros que lleva publicados van destinados al público infantil. Compagina su tiempo entre el trabajo periodístico (ha trabajado en el Gazeta.ru, en Argumenty i Fakty y en Expert; actualmente es reportera en el Russki Reporter) y su carrera como novelista y guionista. Yo la clasifico como uno de estos autores jóvenes a los que poco a poco empezamos a conocer y que sin duda marcarán la pauta en los próximos años, tales como China Miéville o Paolo Bacigalupi.

“La distopía se basa
en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera”

El Vivo, su novela más importante, toma el nombre del conjunto de la sociedad del futuro: tres mil millones de habitantes, ni uno más, ni uno menos. Tres mil millones de seres humanos que viven en el mejor de los tiempos posibles, habiendo logrado la inmortalidad (mediante un sistema simple y encantador; al morir, el sistema transfiere lo que podríamos llamar “el alma” de uno al cuerpo de un nonato), con plena libertad para vivir según les plazca y experimentar con todo lo que deseen en los niveles de consciencia ampliada de los que gozan gracias a la misma tecnología que les garantiza la vida eterna. Todos forman parte de “El Vivo”, son como sus células, partes pequeñas pero importantes de un enorme organismo. El sistema les permite estar en contacto constante, gracias a algo similar a un internet interiorizado: cada uno puede mantenerse ocupado en sus redes sociales simplemente en una segunda (o tercera, o cuarta) capa de consciencia. Este mismo sistema garantiza una educación de calidad (con bajarse un programa educativo directo a una de estas capas basta) y una “memoria” perfecta, puesto que las experiencias vitales se pueden almacenar igual que archivos en un PC y disponer de ellas –o eliminarlas– cuando plazca. Sin duda, algunos sacrificios se han tenido que hacer para llegar a tal situación ideal. En los tiempos previos a "El Vivo" hubo guerras, hambruna y plagas. Infinidad de especies animales perecieron, y las que sobreviven –vacas, perros, cerdos– están extremadamente protegidas en refugios especiales. Rehuyen, sin embargo, la humanidad; la presencia de cualquier humano les aterroriza. En cambio con los insectos parece que no hay problema –los insectos, especialmente los insectos “sociales”, parecen ser un tema recurrente en Starobinets– por lo que se los ha adoptado como mascotas.

Es en este sistema ideal nace Cero, un niño marcado con una peculiaridad única: está fuera del ciclo de reencarnaciones por las cuales cada ser humano es inmortal. Cuando uno muere en "El Vivo", no es más que una desconexión temporal, ya que renace al cabo de poco. Por ello no hay personas nuevas, salvo él. Cero se convierte en el mesías involuntario del cambio, en el profeta de los descontentos, muchos de los cuales ni siquiera eran conscientes de su descontento. Su sola existencia cuestiona el sistema. Pero Cero no tiene interés en destruir ni cambiar nada; Cero quiere encajar, quiere ser uno más. Por su peculiaridad, no se le conectó al nacer con el tejido virtual que conecta a todos los demás. Está solo. No puede compartir lo que los demás. Y las circunstancias le empujan a convertirse en lo que no quiere.

Muy resumido, esto es El Vivo. Pero como las capas de consciencia de sus protagonistas, se trata de una novela con muchas lecturas; la más reciente de una larga tradición de novelas distópicas.
La distopía se basa en el miedo y en la advertencia. El miedo no de un individuo, sino de una sociedad entera; la advertencia, mostrando como “si esto sigue así...” las cosas pueden acabar muy mal. Y viendo como la mayoría de las distopías se centran en un protagonista enfrentado al horror de un gobierno totalitario, el totalitarismo debe ser el principal miedo de la sociedad. El totalitarismo significa, en última instancia, la pérdida absoluta de la voluntad individual; la sumisión completa a la voluntad de otros, unos líderes ocultos, que pueden disponer como se quiera de tu vida. Y a partir de aquí, quieras o no, convertirte en cómplice de sus actos y decisiones.

“La empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada”
Los protagonistas de una distopía suelen ser gente trágica, dividida entre la obediencia y el respeto a unas normas, y la disidencia que crece en su interior amenazando con convertirles en mártires. No siempre acaban bien, las distopías. Al fin y al cabo, de algún modo son un cuento de terror; enfrentan la esperanza del protagonista –y del lector– con “la dura realidad”; y es que al final, parece decir la moralina, es muy difícil romper un sistema, o salir de él (ninguna lo ejemplifica mejor que la durísima 1984 de Orwell). Mejor, por lo tanto, no llegar a crearlo. Mejor vigilar muy bien, estar atentos, para no despertarnos algún día en medio de una distopía, si es que no estamos ya en una.

Grandes ejemplos de este subgénero son 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley o Farenheit 451, de Ray Bradbury. Forman la sagrada trinidad de las distopías, y diría que todas ellas, de un modo u otro, forman parte de “El Vivo”. Elementos que trata el libro ya aparecían en aquellas. Hay sin embargo otra obra, mucho menos conocida, y que sería quizás el primer ejemplo auténtico del subgénero, que es la principal referencia de Starobinets; se trata de Nosotros, de Yevgeni Zamiatin. Publicada clandestinamente en 1921 (la primera edición legal Rusa no llegaría hasta 1988) Nosotros ya planteaba los grandes temas distópicos: control absoluto del estado, con represión a los disidentes, e incluso a los disidentes potenciales; destrucción de la intimidad (vigilancia continuada); el “yo” se diluye en el “nosotros”, destrucción completa de la individualidad, asignando incluso números a las personas, en sustitución de sus nombres.

La portada original rusa de la novela es inquietante.

Nosotros es pues la principal influencia de El Vivo, pero yo diría que no la única. La idea de la reencarnación como método para lograr la inmortalidad, de tal modo que cada niño nacido lleva la personalidad de un individuo muerto, el cual a la vez llevaba la de otro y así hasta el inicio del sistema, ya aparece en La ciudad y las estrellas de Arthur C. Clarke, y tratado de un modo bastante similar, con un niño “mesías” que nace sin, al parecer, contener ninguna vida pasada. Y esta es una forma muy hábil de Starobinets de mostrarnos a su humanidad deshumanizada; la que empatiza con los insectos y aterroriza a los mamíferos.

En resumen, El Vivo me ha gustado. Toca todos los temas distópicos clásicos, desde la alienación del protagonista (que me parece muy interesante; en este caso, queda al margen por ser de algún modo primitivo; en otras novelas, como Juan Raro, de Olaf Stapledon, pasa al revés; uno queda marginado por ser superior al resto, un grado más allá en la escala evolutiva) a la existencia de un gobierno totalitario cuyas prácticas quedan al margen de lo que se exige a los demás. Es como una actualización de las ideas de Orwell o Zamiatin, sazonadas con proyecciones a partir de las tecnologías actuales, como internet, de la que cada día somos más dependientes. La gente, por ejemplo, ya no desarrolla la memoria; gracias a sus facultades internas análogas a las de un PC, no la necesita. Y al poder estar conectado las 24 horas con las redes sociales, y ver cuando quiera toda clase de series o películas –que de paso aprovechan para hacer propaganda del sistema– va alejándose de “la primera capa”, la realidad física, perdiéndose en la realidad virtual. Me parece un tema muy interesante y Starobinets lo trata brillantemente. E imprime su sello personal, siniestro, en todas partes; la empatía con los insectos es una gran idea para mostrar la sociedad colectivizada.

Lo que no me ha gustado tanto es que en el fondo parece que se nota cierto mensaje conservador. Se lamenta el que las familias ya no existan, pero parece como si lo que se buscara es el regreso a la familia tradicional. Uno de los modos a través de los que se expresa el descontento es a través de empezar a negarse a adorar a "El Vivo" como a una deidad, volviendo al dios triple –obviamente, el dios cristiano trinitario–. Es como si Starobinets pensara que la religión es parte natural de las cosas. Lo cierto es que las distopía son un tipo de ciencia ficción muy realista –aunque yo soy de los que, ante una acusación de pesimismo, se defienden alegando ser realistas–, los futuros distópicos me parecen más creíbles que los que sugieren otros autores. Es decir, la ciencia ficción tradicional para mí es más fantasiosa, más ficción que ciencia.

Vivimos en una era de pesimismo plenamente justificado, y creo que nuestra literatura lo refleja perfectamente. En los últimos años, los tres géneros fantásticos se han oscurecido notablemente. En la ciencia ficción triunfa más que nunca la distopía, incluso en su vertiente más juvenil con “Los juegos del hambre”. En el terror, la literatura de zombis parece ser la perfecta metáfora de una sociedad atontada y decadente. En la fantasía, se busca “el realismo”, con la llamada “fantasía oscura”, que prescinde del tono a cuento, a sueño, que venía siendo lo habitual; no ya en Tolkien, incluso en la fantasía de los ochenta y noventa primaba este mismo tipo de mundo medieval romántico. Ahora este sueño se ha roto y en la fantasía hay sangre y muerte por doquier; en el terror, seres descerebrados más hambrientos que nunca, y en la ciencia ficción, el futuro que nos espera es una pesadilla.Vivid la pesadilla de lo que vendrá, leed El Vivo”.

diciembre 09, 2013y


 

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