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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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9 de enero de 2018

‘Art of War’, una antología benéfica donde cuarenta autores de fantasía hablan de la guerra


La guerra es uno de los elementos que siempre asociamos con la fantasía épica. Lo bélico en los entornos medievales clásicos del género está presente de muy diversas formas, aunque lo más tradicional es mostrar a grandes ejércitos dándose de espadazos, quizá acompañados por bolas de fuego, rayos, nubes venenosas, catapultas, cañones y demás, entre grandes grupos de tropas mientras suenan trompetas y tambores apremiantes. Así que para celebrar tan tradicional tema de la fantasía épica, el blog Booknest ha creado una antología titulada Art of War que incluye nada menos que cuarenta relatos centrados en el tema de la guerra. “La guerra, amigo mío, es algo bello.”

La cuestión es que se trata de una antología benéfica, para la que Petros Triantafyllou (responsable del mencionado blog) ha recaudado los fondos necesarios para llevarla a cabo. Los autores que firman los relatos lo han hecho totalmente gratis y los beneficios íntegros están destinados a Médicos Sin Fronteras (Doctors Without Borders en inglés), asociación que lucha en todo el mundo contra los efectos de la guerra, la enfermedad y la pobreza.


Esta es la lista completa de autores que participan en Art of War, algunos de ellos viejos conocidos, otros no tanto: Mark Lawrence —quien presenta una historia inédita ambientada en el contexto de su trilogía “The Red Queen's War”—, Ed Greenwood, Brian Scott Staveley, Miles Cameron, John Gwynne, Sebastien De Castell, Mitchell Hogan, Stan Nicholls, Rob Hayes, Charles Phipps, Mazarkis Williams, Ben Galley, Graham Austin-King, Michael R. Fletcher, Nicholas Eames, Anna Smith Spark, Anna Stephens, Ed McDonald, R. J. Barker, Sue Tingey, Benedict Patrick, Michael R. Miller, Dyrk Ashton, Laura M Hughes, Steven Poore, Timandra Whitecastle, Steven Kelliher, J. P. Ashman, Brandon Draga, David T. Palmer, Anne Nicholls, Dominick M. Murray, RB Watkinson, M. L. Spencer, Charles F. Bond, Andrew Rowe, Ulff Lehmann, Tom Gaskin, Zachary Barnes y Nathan Boyce.

Esto es lo que ha dicho Mark Lawrence, quien encabeza la lista de autores, ha dicho de la antología que podemos esperar “matanzas, gore, patetismo, introspección, pasión y risas. Quizá incluso un wombat. Quién sabe.”

Para la antología Petros T. ha contado con el arte y diseño de interiores de John Anthony Di Giovanni & Shawn King, un prefacio de Brian D. Anderson y además con la colaboración editorial del autor de fantasía urbana Tim Marquitz (Excalibur, Demon Squad). Art of War se pondrá a la venta en digital a través de Amazon el 13 de febrero de 2018 por poco más de siete dólares, aunque también habrá versión impresa bajo demanda con 40 ilustraciones en blanco y negro.

enero 09, 2018y

8 de septiembre de 2017

La antología ‘Rogues’ se publicará en España

Llibres de l'Encobert editará finalmente la popular antología de fantasía centrada en pícaros y bribones coordinada por Gardner Dozois y George R. R. Martin.


Parece que alguien ha hecho caso a las plegarias a los Siete y los bardos de los Cuatro Rincones han jugado un papel crucial a la hora de difundir los méritos de la antología Rogues, porque dentro de unos meses terminará saliendo en castellano, y también en valenciano. La editorial valenciana Llibres de l'Encobert será la que finalmente publique esta antología de 2014 editada por Gardner Dozois y George R. R. Martin que se centra en personajes que tienen algo (o mucho) de pícaro, bribón y bellaco (o todo a la vez). Por lo visto, primero se publicará la edición en valenciano, en torno a las fiestas navideñas, mientras que la edición en castellano saldrá algún tiempo después. Para ser lector aventajado de la primera historia cronológica de los Targaryen será necesario saber catalán, una forma de reivindicar la lengua, según cuenta el editor en La Vanguardia.

¿A qué se debe la importancia de Rogues? El hecho de cuente con un tema común la hace interesante —la anterior antología de Dozois y Martin hacen lo propio en Dangerous Women, con otro tema—, pero es la elección de autores y relatos lo que hace de ella un peso pesado en el mundo de las antologías de fantasía. Sin ir más lejos, es en Rogues donde se incluye la afamada novela corta inédita The Rogue Prince, or the King's Brother de George R. R. Martin —ambientada en el universo de “Canción de hielo y fuego” y que será recopilada en una futura antología que publicará Martin centrada en su saga de fantasía— y “The Lightning Tree” de Patrick Rothfuss —perteneciente a El nombre del viento y ambientado un mes antes del comienzo de la novela—, sin desmerecer otras piezas como “Tough Times All Over” de Joe Abercrombie —del mundo de “La primera ley”, recopilada posteriormente en la antología Filos mortales—, “How the Marquis Got His Coat Back” de Neil Gaiman —del mundo de Neverwhere— y otros relatos de Daniel Abraham y Lisa Tuttle.

La antología incluye un total de 21 relatos, a saber:

  • “Everybody Loves a Rogue” (Introducción) por George R. R. Martin
  • “Tough Times All Over” de Joe Abercrombie
  • “What Do You Do?” de Gillian Flynn
  • “The Inn of the Seven Blessings” de Matt Hughes
  • “Bent Twig” de Joe R. Lansdale
  • “Tawny Petticoats” de Michael Swanwick
  • “Provenance” de David W. Ball
  • “The Roaring Twenties” de Carrie Vaughn
  • “A Year and a Day in Old Theradane” de Scott Lynch
  • “Bad Brass” de Bradley Denton
  • “Heavy Metal” de Cherie Priest
  • “The Meaning of Love” de Daniel Abraham
  • “A Better Way to Die” de Paul Cornell
  • “Ill Seen in Tyre” de Steven Saylor
  • “A Cargo of Ivories ”de Garth Nix
  • “Diamonds From Tequila” de Walter Jon Williams
  • “The Caravan to Nowhere” de Phyllis Eisenstein
  • “The Curious Affair of the Dead Wives” de Lisa Tuttle
  • “How the Marquis Got His Coat Back” de Neil Gaiman
  • “Now Showing” de Connie Willis
  • “The Lightning Tree” de Patrick Rothfuss
  • “The Rogue Prince, or The King’s Brother” de George R. R. Martin

Todavía no sabemos si Llibres de l'Encobert publicará la antología con la cubierta original, si recurrirá a la ilustración del veterano Ken Laager en la edición limitada de Subterranean Press (como la que encabeza esta noticia) o de cualquier ilustrador, incluso si la publicará con el título original Rogues o escogerá cualquier otro.

Por otra parte, no es la primera vez que se publican textos pertenecientes a “Canción de hielo y fuego” fuera de su editorial “oficial” —por decirlo de alguna manera, a la vista está que relatos y novelas van por caminos distintos—, ya que la extinta La Factoría de Ideas publicó en su momento las dos primeras entregas de las aventuras de Dunk y Egg en Leyendas negras. Sin embargo, sí es la primera vez que se publica un texto fuera de la editorial responsable de las novelas de Patrick Rothfuss, esto es, El nombre del viento, El temor de un hombre sabio y La música del silencio, lo que indica, a modo de curiosidad, el triste destino que sufren las antologías de este tipo en la lengua de Cervantes.

septiembre 08, 2017y

24 de enero de 2017

Los malos de la fantasía urbana protagonizan una antología

Gallery Books publicará una colección relatos protagonizada por los villanos de series superventas escritas por Jim Butcher, Kevin Hearne, Carrie Vaughn, Seanan McGuire y Jonathan Maberry, entre otros.



Como lo oís, Urban Enemies es una antología de relatos centrada en los malos de la fantasía urbana. Y la razón de editar una colección así es muy sencilla: los villanos son, en la mayoría de las ocasiones, más interesantes que los propios héroes, así que no es de extrañar que de vez en cuando se tomen un capricho en forma de relatos. Para ser más exactos, y en palabras de la editorial, Urban Enemies nos lleva hasta el lado oscuro, porque “por cada héroe que intenta salvar el mundo, hay un villano intentando romperlo todo.” El libro saldrá publicado por Gallery Books el 1 de agosto de 2017 en formato rústica, con 448 páginas por 16 dólares —también edición digital—.

Urban Enemies recoge entre sus páginas un total de dieciséis historias protagonizadas por los odiados villanos de series de fantasía urbana escritas por autores superventas como Jim Butcher, Kevin Hearne, Kelley Armstron, Seanan McGuire y Jonathan Maberry, entre otros.

La selección de relatos corre a cargo de Joseph Nassise (“The Templar Chronicles”), y están contados desde el “fresco y único” punto de vista de los malos, mentes maestras, brujas retorcidas y personalidades demoníacas que acechan en las páginas de las series más populares como “The Dresden Files”, “The Ustari Cycle” o “The Iron Druid Chronicles”, entre otras.

La lista completa de autores ha quedado así: Jim Butcher (Dresden Files), Kelley Armstrong (Cainsville y Otherworld), Seanan McGuire (October Daye), Kevin Hearne (The Iron Druid Chronicles), Jonathan Maberry (Joe Ledger), Lilith Saintcrow (Jill Kismet), Carrie Vaughn (Kitty Norville), Joseph Nassise (Templar Chronicles), C. E. Murphy (Walker Papers), Steven Savile (Glasstown), Caitlin Kittredge (Hellhound Chronicles y Black London), Jeffrey Somers (The Ustari Cycle), Sam Witt (Pitchfork County), Craig Schaefer (Daniel Faust), Jon F. Merz (Lawson Vampire), y Diana Pharaoh Francis (Horngate Witches).

enero 24, 2017y

18 de enero de 2017

Ragnarok Publications prepara ‘Hath No Fury’, una antología sobre mujeres guerreras

Incluirá unos veinte relatos protagonizados por mujeres que son más que las acompañantes de los héroes de turno. En el libro participan autores como Elaine Cunningham, Gail Z. Martin y Erin M. Evans.

Ragnarok Publications, la misma editorial que recientemente ha publicado una antología sobre mechas, tiene varios proyectos al frente, como por ejemplo una potente antología de fantasía protagonizada por aguerridas mujeres. "Madre. Guerrera. Cuidadora. Esposa. Amante. Superviviente. Timadora. Heroína. Líder", comienza la sinopsis de Hath No Fury, que es como finalmente se titulará el libro. La antología se publica el 1 de agosto de 2017 —aunque los mecenas de Kickstarter la recibirán en febrero—, y la edición será en rústica con un total de 550 páginas.

Hath No Fury incluirá aproximadamente unos veinte relatos que "desafían los estereotipos [...] Aquí no es el héroe el que hace todo el trabajo mientras la heroína sonríe y agita sus pestañas". Por lo que cuenta Ragnarok, en Hath No Fury las mujeres son campeonas, no princesas en apuros.

Para más señas, Hath No Fury se financió el pasado verano a través de Kickstarter, con un total de más de treinta mil dólares de los más de catorce mil necesarios para alcanzar el mínimo.

Decir que los relatos de la antología no son sólo de fantasía épica, sino que también hay historias de ciencia ficción y fantasía urbana, todas inspiradas por mujeres de la literatura, la historia y el cine, al estilo de Ellen Ripley, Lara Croft, Juana de Arco, Viuda Negra, Nikita, Katniss, Hermione Granger e Imperator Furiosa de Mad Max: Fury Road.

La antología está editada por J. M. Martin —fundador y director creativo de Ragnarok— y Melanie R. Meadors —autora de ficción especulativa—, y cuenta con una introducción de Margaret Weis. En cuanto a los autores, Hath No Fury incluirá relatos nuevos de laureados autores del fantástico, a saber: Seanan McGuire, Carol Berg, Lian Hearn, Elaine Cunningham, Gail Z. Martin, Nisi Shawl, William C. Dietz, Bradley P. Beaulieu, Elizabeth Vaughan, Dana Cameron, Nisi Shawl, Django Wexler, Delilah S. Dawson, Anton Strout, M. L. Brennan, Michael R. Underwood, Erin M. Evans, Eloise J. Knapp, Marc Turner, S. R. Cambridge, Philippa Ballantine y Lucy A. Snyder.

Por otra parte, y gracias a que se superaron las metas de la campaña de financiación, Hath No Fury también incluirá ensayos cortos escritos por Robin Hobb, Sarah Kuhn, Diana Pho, Monica Valentinelli, K. Tempest Bradford y Shanna Germai.

No es de extrañar que en la antología participen hombres ya que, según Ragnarok, estos se han elegido específicamente debido a que sus trabajos incluyen personajes femeninos realistas e inspiradores.

enero 18, 2017y

12 de enero de 2017

Valdemar publica una antología de relatos sobre sabios locos

El libro incluye relatos de Ambrose Bierce, H. P. Lovecraft, Clark Ashton Smith y E. T. A. Hoffmann.



El sello editorial madrileño del macho cabrío acaba de incorporar a su catálogo una de sus tradicionales antologías temáticas que recopilan relatos clásicos de autores indispensables de la literatura de terror y ciencia ficción. En esta ocasión la temática escogida es la de los sabios locos, un arquetipo de personaje que junto al fantasma, el hombre lobo, el asesino en serie o el vampiro ha fascinado a los escritores durante generaciones, desde Robert Louis Stevenson y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta H. G. Wells y La isla del Dr. Moreau. 

El libro se titula El gabinete de los delirios: Antología de relatos sobre Sabios Locos y acaba de llegar a las librerías en tapa dura dentro de la colección El Club Diógenes, con 528 páginas y un precio de 15 doblones. "El «sabio loco» acaba degenerando en un villano megalómano y convirtiéndose en un peligro para la humanidad", señala la editorial.

El gabinete de los delirios hace un recorrido de un siglo en torno al tema del científico loco, con autores emblemáticos como E. T. A. Hoffmann, Ambrose Bierce, Edgar Allan Poe, Clark Ashton Smith o Arthur Machen, entre otros.

Entre sus páginas vamos a encontrar hasta un total de diecisiete piezas, a saber: El magnetizador de E. T. A. Hoffmann, La marca de nacimiento de Nathaniel Hawthorne, Los hechos en el caso del señor Valdemar de Edgar Allan Poe, Las tres almas de Erckmann-Chatrian, El secreto del cadalso de Villiers de L'Isle Adam, El gran experimento de Keinplatz de Arthur Conan Doyle, El maestro de Moxon de Ambrose Bierce, La novela del Sello Negro de Arthur Machen, El fabricante de monstruos de William Chambers Morrow, El nuevo acelerador de H. G. Wells, El testamento de Magdalen Blair de Aleister Crowley, Eloi, Eloi, Lama Sabachthani de William Hope Hodgson, La ventana abierta de Cinvent Starrett, Herbert West, reanimador de H. p. Lovecraft, El retorno del brujo de Clark Ashton Smith, Huesos de Donald A. Wollheim y La mosca de George Langelaan.

enero 12, 2017y

13 de septiembre de 2015

'Grimscribe. Vidas y obras' de Thomas Ligotti

Thomas Ligotti, autor de culto extremadamente prolífico con una base de adoradores internacional, creciente a medida que su trabajo va dándose a conocer en España, donde era repetidamente ignorado por el mundo editorial. Esto último ha cambiado en gran parte gracias a Valdemar, que editaba no hace mucho una antología suya, Noctuario —con una gran acogida— y que ahora nos sorprende con Grimscribe. Vidas y obras.

Ligotti es un autor inclasificable: su obra labra un camino propio que a veces se acerca a la de Lovecraft, pero más a menudo a la filosofía existencialista y al nihilismo más decadente. La prosa de Ligotti es refinada, densa e intelectual, rica en referentes cultos, recursos literarios y experimentos narrativos. Con algunos de sus relatos se impone la relectura, ya que no es extraño perderse entre sus metáforas y juegos estéticos. No hay —probablemente— autor en el panorama del género de terror actual que esté a su altura en sofisticación. Pasemos a ver por qué analizando un poco los relatos que contiene esta antología.

En primer lugar, encontramos aquellos relatos que por su temática y estilo resultan algo más convencionales y sin duda más asequibles, aunque no por ello menos interesantes. Tenemos por ejemplo "La última fiesta de Arlequín", relato que abre la antología. En él Ligotti nos describe la investigación de un antropólogo en la ciudad de Mirocaw. Mirocaw, que se alza sobre las colinas en un estado del medio oeste, ofrece desde la distancia un efecto óptico entre la parte alta y el suburbio. La primera, a mayor altura, parece superponerse sobre la segunda como si de una máscara se tratara. ¿Cual es la verdadera cara de Mirocaw? Dado que cerca del solsticio de invierno la ciudad celebra un inusual festival que implica la presencia de payasos (precisamente el campo de estudio y pasión personal del antropólogo) éste decide quedarse e investigarlo, y con más interés aún cuando descubre los vínculos de la celebración con antiguos rituales del paganismo europeo y cierta secta siria. Al llegar encuentra la ciudad sumida en el verdor. En el frío del invierno una primavera artificial se ha instalado en las calles con la obsesiva dedicación de la ciudadanía a llenarlo todo de guirnaldas, plantas artificiales, banderines y luces todas verdes: parece como si quisieran inundarlo todo con este recordatorio de la vida ante el memento mori que supone el cambio estacional, o como si se intentara sobrecompensar un trasfondo mórbido. "La última fiesta de Arlequín" está dedicado a Lovecraft y junto con "Nethescurial" es el más cercano a las ideas del ermitaño de Providence.

En cuanto a "Nethescurial", se trata de una joya de las más destacables en este volumen. Arranca con un alarde de metaliteratura. El narrador nos resume a los lectores el relato que él mismo acaba de leer tras encontrarlo en un fajo de antiguas cartas: una historia de terror sobre una secta panteísta adoradora de una entidad pavorosa cuyo culto se centra en un ídolo de piedra oscura. Cuando el culto se escinde, los rebeldes destrozan el ídolo y reparten sus fragmentos en una miríada de islas alrededor del mundo. El hallazgo de uno de estos fragmentos —en una isla llamada Nethescurial— es el punto de donde arranca este relato dentro del relato. El narrador se nos muestra escéptico ante lo que acaba de leer, y sigue escéptico hasta que el poder, la verdad oculta tras su lectura, le alcanza y le empieza a mostrar, de un modo ineludible, lo que se oculta tras todas las cosas, el horror subyacente a la realidad al que adoraban los sectarios. Este horror pasa de un relato al narrador, y de éste a nosotros.


La metáfora es un modo por el cual el observador da forma a la realidad de acuerdo a sus pensamientos e impresiones subjetivos
Otro relato bebe, en menor medida, de las fuentes lovecraftianas. Se trata de "Los sueños de Nortown", donde otro joven estudiante de antropología es testigo de la degradación psicológica a la que va sumiéndose su compañero de piso, también estudiante, a medida que se adentra en los arcanos de una escuela mística secreta. Sus experimentos le llevan a soñar con cosas ajenas a nuestra percepción, y a la vez, le exponen a los sueños de las entidades que puedan residir en estas dimensiones. Poco a poco, el clima psíquico del piso que comparten se va enrareciendo y el joven antropólogo empieza a compartir los mismos sueños. Espoleado por el deseo de atestiguar la resolución del proyecto de su amigo, le sigue una noche en sus correrías nocturnas. El contactar con otras realidades mediante el sueño, el atraer con ello una atención indeseada es uno de los temas lovecraftianos, pero a la vez este relato sirve de puente para el gran tema de esta antología: la naturaleza de la realidad, la forma como la percibimos, qué efectos, dimensiones o engaños puede ocultarnos la percepción tal y como la tenemos programada y como puede distorsionarse la realidad cambiando esta programación.

En este sentido la metáfora, este recurso literario del que Ligotti a veces parece que abuse, cobra un nuevo significado. Podríamos decir que la metáfora es un modo por el cual el observador da forma a la realidad de acuerdo a sus pensamientos e impresiones subjetivos, por ejemplo «estas butacas son unas lápidas», «la luz morada con la tonalidad de un corazón abierto». Y Ligotti, quien en la mayor parte de estos relatos discute la cualidad física e imperturbable de la realidad sometiéndola a la percepción, usa de un modo extremadamente hábil, y muy recurrente, la metáfora, siempre relativa a imágenes mórbidas, para construir un subtexto que refuerza de forma subliminal el mensaje del relato: la verdad está en el ojo del observador.

Y así nos lo presenta en relatos como "Los anteojos de la caja", "Los místicos de Muelenburg" o "A la sombra de otro mundo". En "Los anteojos de la caja" un cínico coleccionista de rarezas, aburrido del proceso por lo cual lo extraño y misterioso de cada nuevo descubrimiento acaba volviéndose mundano una vez el misterio se desentraña, engaña a un sugestionable amigo, hastiado de su entusiasmo soñador. Aprovechando una de sus visitas, le obsequia con unos sencillos anteojos que, dice —mediante un ampuloso e hipnótico discurso—, son un maravilloso artilugio capaz de mostrar otras realidades al portador. En "Los místicos de Muelenburg" tenemos un escenario similar —que se sigue repitiendo en muchos de los relatos— en el que un pupilo aparece ante un maestro, un místico, y le escucha pontificar sobre la naturaleza de las cosas. Klaus Klingman, que aquí juega el papel del maestro, explica que las cosas no son lo que parecen ser, y que optamos por ignorar esta verdad para salvaguardar nuestra cordura. La realidad es la percepción, luego, ¿qué existe más allá de nuestros sentidos? ¿Pueden esos sentidos ser entrenados para ver más allá? Klingman logra dominar la técnica y gracias a ello vive en un estado superior. Ve sin restricciones, ninguna, ni las que impone la muerte: así puede contactar con aquellos que ya llevan tiempo muertos y a través de ellos saber del curioso caso de Muelenburg. De cuando sus habitantes, en la oscuridad del siglo XIV, se perdieron un día sin razón aparente al margen de la realidad, atrapados en un crepúsculo permanente donde todo cambia de forma según las expectativas de su observador.


En "A la sombra de otro mundo" el tema es similar: realidad y percepción. Percepción, una vez más, de otros mundos superpuestos al nuestro, o de los que el nuestro es una proyección defectuosa. La casa que visita el protagonista perteneció a otro de estos místicos que exploran el velo de la realidad; la equipó con unos cristales especiales (obra de una ciencia perdida o de la magia) en todas las ventanas —especialmente en las del alto torreón octogonal que corona el edificio— que, cual lentes de unos anteojos, permiten al mirar a través ver  otros mundos que los sentidos nos ocultan; el problema es que a través de una ventana tanto se puede observar como ser observado.
Estos relatos forman el núcleo temático puro de Grimscribe. Si bien todos, algunos más que otros, tratan estos temas, estos tres lo hacen de forma más específica y casi obsesiva.

Cuando, mucho después de su muerte, se escriba sobre la historia del terror en algún medio del siglo XXII, se nombrará a Ligotti entre los más grandes
El resto de relatos los agrupo en un tercer conjunto sin etiquetar. En "Las flores del abismo" el narrador, profesor de un pueblo pequeño, se lamenta de la suerte que ha corrido al aceptar el encargo de la población e ir a investigar las intenciones de un ermitaño que se ha instalado en la casa donde no hace mucho murió la familia Van Livenn. El asceta le recibe cordialmente y le expone su proyecto vital; es un estudioso de la locura de las cosas. A menudo ha mirado en el abismo y ha vuelto, y allí, en aquella casa, está un objeto que resulta digno de su estudio. En "Los capullos" un doctor despierta a un paciente a medianoche para pedirle que le acompañe a ver a otro paciente al que dejó de tratar hace un tiempo. El psiquiatra parece convencido que del encuentro entre ambos pacientes surgirá algo positivo para las patologías de ambos. "El Glamour" es la historia de un amante de los paseos nocturnos que se aventura por primera vez en un barrio desconocido. Allí se siente poderosamente atraído por sus calles iluminadas y sus escaparates, por el reflejo de las luces y la vibración especial de la vida nocturna, y se siente embargado de una gran felicidad. Como llevado por una inspiración descubre una entrada lateral a un cine abandonado y entra a ver la proyección; telarañas finas como cabellos cubren todo, butacas y espectadores incluidos. Recordemos que "Glamour" es la magia de atracción y encantamiento que atrapa la mente y distorsiona la realidad, propia según el folclore de hadas y elfos. Si es que un ser mágico de este tipo puede existir en un relato de Ligotti, podemos estar seguros de que sus métodos e intenciones distan de los inocentes juegos de los seres de los cuentos infantiles.

En "La escuela nocturna" acompañamos a un alumno con una crisis existencial a la clase que imparte por las noches un excéntrico profesor portugués en un edificio abandonado, sucio y enfermo, en medio de un parque de árboles esqueléticos. Al recorrer la escuela a oscuras, preguntándose acerca del profesor y de la nueva tarea que pueda haberles preparado, el chico encuentra a otros alumnos — vagabundos y alucinados harapientos la mayoría— que le guían a la nueva aula donde se impartirá la clase y él podrá ver resuelto su dilema vital. En este relato, igual que en "La biblioteca de Bizancio" —que narra el extraño encuentro entre un niño poseedor de capacidades clarividentes y un interés artístico por el horror y un sacerdote devoto a la contemplación del sufrimiento como forma de alcanzar la iluminación— se percibe un toque de humor negro muy refrescante en un tomo con relatos tan densos.

Cierran Grimscribe. Vidas y obras dos relatos inclasificables: "La señorita Plarr" sigue la extraña relación entre un niño y la nueva ama de llaves que se ocupará del hogar durante la ausencia del padre y la enfermedad materna. en "La sombra en el fondo del mundo" una antigua fuerza despierta en una localidad rural con el fin del verano. Su poder subterráneo impone una estación antinatural de extraña calidez a la región e inspira sueños de putrefacción y oscuridad a los habitantes del pueblo. Como un antiguo dios pagano, lo que ha despertado escoge su sacerdote. Y como con una de aquellas deidades, puede necesitarse sangre para aplacarlo.

Es innegable que Ligotti no es autor para todos los gustos: no es un autor de masas y nunca lo será. Su estatus es el de autor de culto, ignorado por la mayoría, riéndose desde las tinieblas de los que se autoproclaman reyes del terror. Cuando, mucho después de su muerte, se escriba sobre la historia del terror en algún medio del siglo XXII, se nombrará a Ligotti entre los más grandes. Lo único que podemos hacer nosotros ahora es participar de las visiones que quiera seguir compartiendo y esperar que Valdemar nos las siga facilitando a buen ritmo.

Valdemar, 27 mayo 2015
Tapa dura, 256 págs. 21 €
Traducción de Marta Lila Murillo

septiembre 13, 2015y

4 de septiembre de 2015

Prime Books revela el contenido de su antología sobre mujeres guerreras


Prime Books, editorial especializada en fantasía, ciencia ficción y antologías de géneros mixtos que ha sido premiada en varias ocasiones, anunció la semana pasada la portada y los contenidos de Warrior Women, una de sus próximas antologías que verá la luz en diciembre.

Warrior Women es una antología "sobre leyendas fantásticas y futuros ficticios y científicos que están por llegar", centrada en personajes femeninos que "luchan porque deben, por lo que creen, por aquellos que aman, para sobrevivir, o para ganar gloria en la batalla. Fieras o terribles, todas tienen coraje y son honrables, a veces no tienen escrúpulos o son corruptas, pero todas ellas son guerreras merecedoras de tal nombre."

La portada no muestra a una guerrera tipo Red Sonja, sino a una guerrera espacial, lo que significa que las mujeres guerreras que vamos a encontrar en la selección no se ciñen a un solo tipo, dando de esa forma una mayor variedad al arquetipo:


A continuación está la lista de autores y los relatos con los que participan en la antología, todos ellos publicados en anteriores antologías o en publicaciones online, como por ejemplo "Wonder Maul Doll" de Kameron Hurley, "The Sea Troll's Daughter" o "Las canciones solitarias de Laren Dorr" de George R. R. Martin.

"They Tell Me There Will be No Pain" de Rachel Acks
"Love Among the Talus" de Elizabeth Bear
"The Days of the War, as Red as Blood, as Dark as Bile" de Aliette de Bodard
"Anukazi’s Daughter" de Mary Gentle
"England Under the White Witch" de Theodora Goss
"Soul Case" de Nalo Hopkinson
"Not That Kind of War" de Tanya Huff
"Wonder Maul Doll" de Kameron Hurley
"Joenna’s Ax" de Elaine Isaak
"The Sea Troll’s Daughter" de Caitlín R. Kiernan
"Eaters" de Nancy Kress
"Northern Chess" de Tanith Lee
"The Knight of Chains, The Deuce of Stars" de Yoon Ha Lee
"In the Loop" de Ken Liu
"Dying With Her Cheer Pants On" de Seanan McGuire
"The Lonely Songs of Laren Dorr" de George R. R. Martin
"Naratha’s Shadow" de Sharon Lee & Steve Miller
"Hand to Hand" de Elizabeth Moon
"And Wash Out by Tides of War" de An Owomoyela
"Prayer" de Robert Reed
"The Application of Hope" de Kristine Kathryn Rusch
"Boy Twelve" de Jessica Reisman
"The Girls From Avenger" de Carrie Vaughn
"Become a Warrior" de Jane Yolen

La antología está editada por Paula Guran, editora de Prime Books y responsable de otras antologías como The Year’s Best Dark Fantasy & Horror, Zombies: More Recent Dead o Witches: Wicked, Wild & Wonderful (aquí hay una lista de todos sus trabajos).

septiembre 04, 2015y

12 de junio de 2015

'Kwaidan y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón' de Lafcadio Hearn

Kwaidan y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón es la mejor antología disponible sobre las obras del autor que explora el Japón sobrenatural.


Ante todo hay que decir que Lafcadio Hearn fue uno de los pioneros de la fascinación occidental por Japón y todo lo japonés, una realidad que en España se manifiesta sobre todo a través de los otakus (seguidores de manga y anime). A partir de esta afición surge en nuestro país un interés inmenso por el país asiático, sus costumbres, sus paisajes, su historia y cultura. El viajar allí acaba convirtiéndose en una meca, un camino que Hearn recorrió hace más de un siglo.

La cultura nipona es ahora bastante conocida: nos llegan constantes referencias en forma de manga, cine y videojuegos, forma parte de una cultura global. ¿Pero cuánto sabemos en realidad de Japón? No de su realidad mainstream, sino de su alma, por decirlo de algún modo. De la forma de ser, de su folclore. De cómo piensa su gente y porqué. Japón es un caso de estudio extraordinario para los amantes de la historia y del estudio del choque cultural: hasta mediados del siglo XIX era un país prácticamente feudal, con una economía y tecnología militar a grandes rasgos equiparables a las del medievo europeo. En unas pocas décadas, y tras la intervención del Comodoro Perry y el tratado de comercio que impuso a la fuerza obligando al país a abrirse a occidente, el país cambió radicalmente. Fue el fin del Shogunato y el inicio de la era Meiji, que empezó a modernizar (u occidentalizar) Japón a tal velocidad que a mediados del siglo XX ya se había convertido en una potencia mundial. En este choque entre la occidentalización y los tradicionalistas se han ambientado miles de manga, novelas, películas y juegos. Como fenómeno antropológico no tiene igual.

Pues bien, fue a este Japón convulso donde llegó Lafcadio Hearn, dejando atrás una vida aún más convulsa de matrimonios interraciales en el contexto de los estados segregados de América, una familia disfuncional dividida entre anglosajones y mediterráneos, y dividida una vez más entre católicos, protestantes y ortodoxos. No es de extrañar que de todo este caos emergiera un hombre profundamente ateo, escéptico para con todo lo sobrenatural. Dedicado intelectual y laureado periodista, Hearn al autoexiliarse al lejano Oriente buscaría quizás un paraíso perdido donde, como suele decirse, encontrarse a sí mismo lejos del hastío de la sociedad occidental masificada, materialista y cargada de perjuicios.


Y contra todo pronóstico, Hearn se integró perfectamente en Japón —basta con mirar la foto de arriba—, aunque no a efectos prácticos, porque como nos cuenta Jesús Palacios en su extensísimo prólogo, nunca llegó a dominar el japonés. Tanto para hablar con sus nuevos compatriotas como con su mujer, descendiente de una familia de samuráis venida a menos, necesitaba intérprete. Su condición de extranjero era a la vez un reclamo y una carga: aún algo exótico —y útil para un gobierno que quería entablar relaciones con occidente —y a la vez extraño en sus costumbres para la mayor parte de la población. No, Hearn se integró a un nivel distinto: sintonizó con esta alma que comentábamos, este espíritu de lo japonés del que quedó completamente prendado y al que dedicaría los últimos años de su vida. 

A esta dedicación debemos mucho: sigue siendo —hoy en día, cuanto tanto se ha escrito sobre el tema— una de las principales fuentes para quienes estamos interesados en la cultura nipona. Fue de los primeros en divulgarla en un mundo anglosajón que desconocía todo al respecto. Y para hacerlo escogió el género victoriano por excelencia: el relato de fantasmas. A través del relato, mostró al público occidental una forma de pensar distinta, una realidad cultural fascinante, y la registró para la posteridad.

Entre el relato victoriano, anglosajón, y el japonés, hay una perspectiva muy diferente. En "Un karma pasional", por ejemplo, el narrador y un amigo discuten acerca del protagonista del cuento de fantasmas que nos acaban de relatar, y ambos están de acuerdo en que es un cobarde. Esta discusión me parece muy interesante. En parte de la literatura europea de fantasmas al amante muerto que vuelve de la tumba se le recibe con los brazos abiertos: es otra oportunidad de disfrutar de su compañía. La muerte es algo menor ante el amor, el que se comparta con un espectro es un detalle poco importante, pero en los relatos de Kwaidan no es así. En este terror japonés se respeta y se teme a la muerte como en cualquier parte, pero aunque el amor no muera con la muerte del amado, el retorno de éste de entre las tumbas se recibe con rechazo. El vivo puede amar a su consorte difunto, pero no por ello se mostrará dispuesto a morir en sus brazos cadavéricos. Esto le parece criticable a Hearn, como narrador: desde su punto de vista occidental le parece reprochable que el joven superviviente de algún modo traicione a su amada que ha vuelto de la tumba para estar con él.


Seguramente esta diferencia filosófica se deba a las creencias budistas de los protagonistas: morir en esta vida para, llevados por el karma, reencontrarse en una vida futura, de nuevo vivos los dos. Luego, en la vida presente, parece lógico rechazar al amante si se trata de un cadáver animado o una emanación ectoplásmica. En la tradición de las religiones abrahámicas solo hay una vida terrenal y la promesa de una existencia eterna en el paraíso. Condicionada, eso sí, a haber seguido fielmente los dogmas de la iglesia. Entre el amante vivo y su pareja muerta había solo una posibilidad de disfrutar del amor en la tierra: la muerte la ha estropeado. Puesto que el reencontrarse en la vida celestial no es siquiera seguro (existe la posibilidad de verse condenado al infierno), ¿cómo no abrazar la posibilidad del reencuentro aunque implique abrazar a un no muerto?

En algo sí comparten mucho el relato japonés y el victoriano: en ambos encontramos a personajes tan extremadamente sensibles que mueren (uno tras de otro) a la más mínima perturbación emocional. ¿Que sienten un amor no correspondido? Mueren de pena. ¿Que su amo acaba de morir? El criado muere acto seguido, tan fiel era que no puede seguir viviendo. En muchos de estos relatos el terror, más que en lo psicológico (intelectual) o físico (gore) se basa en lo puramente emocional: en lo que siente alguien ante una situación, más que en como trata de racionalizarla. Es frecuente en estos relatos que ante un problema de índole sobrenatural el protagonista no se plantee para nada la naturaleza de lo que está viviendo ni decida afrontarlo solo, sino que de inmediato acepta que se encuentra ante algo sobrenatural y consulta con un especialista (un sacerdote, un teólogo de algún tipo) para que le diga lo que hacer. Otra gran diferencia con el terror occidental, donde el protagonista suele enfrentarse a lo que ve, negándose a aceptarlo a menudo con consecuencias trágicas.

Muchos de los relatos de Kwaidan ponen el foco en el amor y la fascinación por la belleza. En "La compasión de Benten" el protagonista se enamora perdidamente de alguien bello que ha visto brevemente. En este estilo fijado tan japonés en la predestinación el chico es correspondido de inmediato: ambos sienten que están hechos para amarse. Su fijación es tal que lo sobrenatural surge de esta fuerza de atracción y acaba por juntarles, sea lo que sea lo que les separe. Este tipo de relatos son completamente opuestos a los que, como comentaba más arriba, aceptan que la relación acaba tras la muerte. Quizás sea porque en el primer caso se trata de relaciones que por pasionales que fueran en su momento, tuvieron ya su apogeo y se marchitaron; y en el segundo se trata de amores que acaban de nacer y es en este momento que las barreras no importan. Es una visión muy realista de las cosas.


El destino y el karma son otro gran tema: aparecen sabios maestros que pueden saber con exactitud lo que les depara el porvenir, basándose en el karma de existencias pasadas. Se trata de figuras casi mitológicas, con atribuciones superiores a las del simple humano, y por ello comparables a criaturas del folclore. De éstas encontraremos también en las páginas de Kwaidan. En "La gratitud del Samebito" o "Historia de un Tengu" la estructura es la clásica del cuento japonés. Los protagonistas, humanos compasivos, salvan de la muerte a una criatura que resulta ser un poderoso ente sobrenatural, quien luego les recompensa. La criatura que se nos presenta en "Jikininki" es de una naturaleza completamente distinta.

En "La doncella del cuadro" tenemos un pigmalión oriental. El joven se enamora de la chica representada en un cuadro, pintada con maestría. Quizás porque al pintarla el autor atrapó algo del alma del modelo o porque la devoción del chico es tan fuerte como para dotarla de existencia, la chica pintada cobra vida para él.

Lo grotesco y mórbido también tienen cabida. De hecho es una de las grandes especialidades del terror japonés como puede constatar cualquier fan actual, y parece ser que ya viene de antiguo; montar a la esposa muerta cual caballo para librarse de su venganza sobrenatural o, precisamente, vengarse de la inocente amante de un marido fundiendo, como último acto antes de morir, sus manos cadavéricas en sus pechos es una muestra de lo que podemos encontrar por aquí en sendos relatos.

Para terminar, decir que la de Valdemar es la mejor edición disponible de las obras de Lafcadio Hearn que exploran el Japón sobrenatural. Y aparte de lo exquisito de los relatos y de la narración, que a menudo recurre a herramientas periodísticas, es un documento de valor antropológico: pocas veces encontraréis tantas anotaciones a pie de página de mano del propio autor clarificando o añadiendo información, hasta el punto que incluso los más devotos japonófilos se sorprenderán de cuanto les queda aún por descubrir. En lo que a mi respeta, lo más interesante ha sido el explorar el budismo japonés a través de sus mitos y cuentos populares: un tema que me era completamente desconocido, acostumbrado como estoy —y creo que no soy el único— en pensar en "sintoísmo" al asociar Japón y religión.
KWAIDAN Y OTRAS LEYENDAS Y CUENTOS FANTÁSTICOS DE JAPÓN
Fecha de lanzamiento — 10 de abril de 2015.
Editor — Valdemar.

Edición — Tapa dura, 368 págs.
Precio — 25,50 €.
Traducción — Marian Bango Amorín.
Serie — Independiente.

Este volumen reúne por vez primera en nuestro país el grueso de los relatos japoneses de fantasía y terror de Lafcadio Hearn, escogidos cuidadosamente de entre sus principales obras del periodo japonés: En el Japón fantasmal (1899), Sombras (1900), Miscelánea japonesa (1901), Kotto (1902) y Kwaidan (1903). El lector encontrará en esta amplia antología desde relatos clásicos del kabuki más terrorífico, como Un karma pasional, hasta pesadillas macabras como El jinete de cadáveres; venganzas sobrenaturales implacables como De una promesa rota, digresiones oníricas como El devorador de sueños, apuntes de genuino horror cósmico como el alucinante Fragmento, o La historia de Mimi Naishi Hoichi, una de sus más famosas narraciones espectrales.

junio 12, 2015y

6 de junio de 2015

Reseña: 'Retrofuturismos, antología steampunk', ciencia ficción contada con engranajes


El título lo dice todo. El steampunk como subgénero literario ha conseguido en los últimos años montones de adeptos que lo ven como (y aquí me permito citar textualmente a Marian Womack, editora), "un progreso científico alternativo, una revolución industrial en la que la máquina impulsada a vapor se convierte en la reina absoluta", pero además (sigue Womack), "se trata de algo más que un movimiento estético, literario y artístico." Y eso es solo lo ultrabásico del steampunk, porque no hay ninguna duda de que estamos ante un género con derecho propio que cada vez más se expande hacia otros horizontes (aunque en alguno de ellos lleva años establecido con notables ejemplos) como el cómic, la música o los videojuegos (a ver cuando da el salto de verdad al cine).

Bajo esta premisa no podemos más que quitarnos el sombrero ante lo original y atrevido de las propuestas que encontramos entre las tapas de Retrofuturismos: Antología steampunk. Prefiero no comentar cada uno de los relatos porque entonces no dejaríamos de sacarles punta y esta reseña sería interminable, pero lo de "atrevido" y "original" no son términos gratuitos para adornar el comentario de un libro, sino que de verdad los autores que han participado en esta nueva antología tras aquella buena muestra del género que fue Steampunk: Antología retrofuturista en 2012 (dirigida por Félix J. Palma) lo han dado todo y vamos a encontrar alguna que otra historia que reivindica la cultura del libro y la palabra escrita en una sociedad (y mundo) que se ha ido al garete ("La cicloteca de BubbleLon" de Sofía Rhei, en mi opinión uno de los relatos más redondos del volumen), o la historia sobre viajes en el tiempo de Guillermo Zapata Romero, relato que entra muy bien sobre todo después de ver el último capítulo de El Ministerio del Tiempo (y que también habla de Luis Buñuel y de García Lorca), porque el ejercicio televisivo de los hermanos Olivares parece inspirado en él.

Pero no solo hay relatos (o novelas cortas en algunos casos) que critican el terreno cultural relacionado con la poesía, la literatura o el cine en un marco histórico más bien distópico, sino que también vamos a encontrar lecturas con un mayor alivio cómico como la de Laura Fernández, e incluso un homenaje de Alfredo Álamo ("El óxido del sombrerero") a los libros de Alicia de Lewis Carroll (¿qué sería del steampunk sin leer de vez en cuando una historia de gatos, locos, meriendas y liebres de marzo?), pasando por historias más dramáticas como la de Jesús Cañadas en "Tiros a la barriga" o el relato aventurero de Félix J. Palma "La princesa del centro de la Tierra", especialmente dirigido a los lectores de su Trilogía Victoriana, aunque lo puede disfrutar cualquiera.

Lo que queda más claro que el agua tras zambullirse en los primeros relatos de la antología, y continuar avanzando por ella con esa sensación de maravilla que solo consiguen determinados géneros literarios, es que Retrofuturismos hace especial hincapié en la historia alternativa, en la ciencia ficción contada desde el punto de vista de los pistones, los engranajes y las gafas de aviador. Lo aderezamos con parques de atracciones rocambolescos, autómatas, autobuses voladores, un escenario español en algunos casos, indeterminado en otros, y tenemos una receta que sabe mezclar a la perfección todos sus ingredientes para dar como resultado uno de los mejores brebajes de autores españoles que podemos encontrar en las librerías. Podemos o no quedar del todo satisfechos con el final de ciertos relatos, aún cuando su transcurso nos ha parecido superior, pero eso ocurre hasta en las mejores antologías de ciencia ficción, fantasía o noir, y aún así el conjunto sigue siendo sobresaliente.

En cuanto a la edición, nada que objetar en el terreno físico (excelente papel, buena encuadernación y fuente escogida para el texto), salvo que en determinados relatos hay una generosa cantidad de erratas (por lo menos en la primera edición), que aún sin dificultar del todo la lectura del texto, está claro que hubiera sido preferible su erradicación de lo que podría haber sido un libro redondo al cien por cien (más teniendo en cuenta que la edición ha contado con un corrector externo). Pero no vayamos a exagerar con el tema de las erratas: las hay en determinados puntos y son en realidad una excepción, pero como digo, se olvidan rápidamente en cuanto los relatos conectan con nuestro cerebro.

La antología, editada por Nevsky en su sello Fábulas de Albión, forma junto a Steampunk: Antología retrofuturista, una duología perfecta y con una más que generosa selección (la primera de Palma y editada en colaboración con Luis García Prado, la segunda de la propia Womack, editora de Nevsky, y con mayor cantidad de páginas), con dos portadas de Colucci que juntas forman un cuadro fácilmente reconocible en cualquier librería donde las veamos (y si no es de cara que sea gracias al lomo de la tetera de Fábulas de Albión), sino porque, y es lo más importante, ambas selecciones de relatos, aún sin repetir ningún autor, se complementan totalmente por la variedad de situaciones y temas que tocan, y al final nos queda la sensación de que son como una bilogía que coexisten pacíficamente y en armonía en el hueco de nuestras estanterías.
RETROFUTURISMOS: ANTOLOGÍA STEAMPUNK
Fecha de lanzamiento — Octubre 13, 2014
Editor — Nevsky Prospects, Fábulas de Albión

Edición — Rústica con solapas, 420 págs
Precio — 22 €
Serie — Lectura independiente



El steampunk español se ha hecho mayor. Sin dejar de rendir homenaje a las postales victorianas y a los maestros del proto-steampunk en los que se inspiraron sus paisajes de bielas, engranajes y turbinas a vapor, los escritores españoles del género han interiorizado la estética y la ideología del steampunk para narrarnos momentos claves de nuestra historia moderna, el auge de nuevos movimientos sociales, o denunciar la injusticia social. El steampunk está aquí para quedarse. Y su fórmula de nostalgia por un pasado “inventado” junto a su inclinación por la rebelión, por la revolución (el “punk” que acompaña al “steam”) quizá sea la forma más sincera de hacernos pensar de dónde venimos y de hacernos reflexionar hacia donde vamos.
del postfacio de Marian Womack

junio 06, 2015y

13 de abril de 2015

Reseña: 'Una temporada en Carcosa', una antología de Joseph S. Pulver sobre el Rey de amarillo

Cuando hablamos de primigenios, últimamente suena más el nombre del Rey de amarillo que el del propio Cthulhu. Lo debemos en gran parte a la memorable True Detective que la temporada pasada asombró a telespectadores de todo el mundo. Allí se hacía referencia a la olvidada ciudad de Carcosa y al Rey de Amarillo, despertando el interés en aquellos temas arcanos.

Aunque se le incluyera en los mitos posteriormente, el Rey precede a la obra de Lovecraft: se remonta a 1895 con la colección de relatos de Robert Chambers El rey de amarillo. Éste, a su vez, había usado elementos de la obra de Ambrose Bierce de 1881 Un habitante de Carcosa para enriquecer el mito.

Después de Chambers, Lovecraft mencionó al Rey en su ciclo de Cthulhu —asociándolo a Hastur—, y autores posteriores siguieron en esta línea. En la actualidad el canon de los mitos, derivado de sus apariciones en varias obras o en el juego de rol La llamada de Cthulhu el Rey es un avatar del primigenio Hastur, un ser por tanto de una naturaleza similar a la de Cthulhu, Nyarlathotep o Yog-Sothoth.

Sin embargo, todo esto es una construcción posterior: la evolución de un mito a partir de muchos referentes. Es mitología tomando forma ante nuestros ojos. Algo similar debió ocurrir cuando se configuraron —hace miles de años— los mitos griegos, aunando personajes y sucesos históricos con creencias religiosas de otros pueblos y la imaginación de los escritores. En su origen el Rey de Amarillo y Carcosa eran algo muy distinto. Del mismo modo que la máscara de la muerte roja llevaba un sangriento fin al baile, el Rey de Amarillo trae la locura y su mascarada era más sutil y siniestra. Los relatos de Chambers están cargados de simbolismo y a veces es difícil seguirles el ritmo, y en esta antología que nos trae Valdemar, Una temporada en Carcosa, experimentaremos una sensación similar.

Estamos ante una muy buena antología y ante una de esas raras ocasiones en las que sí se puede juzgar el libro por su portada, gracias a la alucinante ilustración de Samuel Araya. El amarillo es el color de la enfermedad, de la demencia, de las personas y de los lugares cuando estos pierden su objetivo original y agotados por el paso del tiempo presentan una misma cara descolorida e ictérica —haciendo uso de uno de los adjetivos más repetidos en los relatos que nos ocupan—. En Una temporada en Carcosa la mayoría de los relatos giran en torno a estos conceptos. En el mismo ambiente que se respiraba en El diablo a todas horas de Donald Ray Pollock o en la propia True Detective: decadencia y desesperación, agotamiento. Suciedad en las costuras de la sociedad, entre los marginados.

Como la mayoría de antologías, esta tiene una virtud y un defecto. La virtud de ser una embajada de autores desconocidos para el lector. El defecto es ser irregular. Algunos relatos me han parecido excelentes, auténticas joyas. Otros han pasado sin pena ni gloria.  Unos pocos me han parecido si no malos, por lo menos no de mi gusto. Es algo inevitable, en gran medida subjetivo, y para cada lector será una experiencia distinta.

A mi por ejemplo uno de los primeros relatos, “Más allá de las orillas del Sena” de Simon Strantzas, me ha dejado frío. Nos presenta la historia de un músico fallido, harto del fracaso, que se embarca en la realización de un último proyecto que, espera, supondrá su éxito definitivo. El narrador es su amigo, un virtuoso megalómano que parece sentir la necesidad de ridiculizarle constantemente e interpretarlo como amistad. El tema de fondo no es otro que la muy manida historia de pacto fáustico donde el violinista —aquí compositor— pacta con el diablo a cambio de un talento inhumano. Cambiemos Paganini por Henri y Satán por el Rey de Amarillo y tendremos “Más allá de las orillas del Sena”, un relato que además tampoco destaca por la caracterización de los personajes ni por ningún gran momento de horror o inquietud.


Algo mejor es el que abre el libro, “Mi voz está muerta” de Joel Lane, donde un hipócrita católico se agarra al clavo ardiente de una secta inspirada en Carcosa como último recurso ante el cáncer terminal que le devora. Creo que es una buena elección para empezar la antología; más que marcar un hito de terror deja una sensación de ambiente malsano entre lo que explica y lo que deja a la imaginación que pone al lector en el humor adecuado para enfrentar el resto de la lectura.

“Noche de cine en casa de Phil” de Don Webb me llama inmediatamente la atención: el argumento es muy similar al de uno de los mejores episodios de la serie Masters of Horror. En “Cigarette Burns” de John Carpenter, octavo episodio de la serie, un cinéfilo encarga la búsqueda de una película maldita que tras una sola reproducción en el festival de cine de Sitges fue retirada de circulación. Todos los espectadores enloquecieron y se produjo al final un festival de automutilación. El concepto de película maldita lo toma Don Webb y como hiciera Carpenter lo adereza con referentes de verdad; atribuye a Roger Corman la autoría de una película en su ciclo de E. A. Poe llamada El Rey de amarillo, con Vincent Price entre el elenco. Ni Corman rodó tal película en su célebre ciclo ni Price formó parte de nada similar, ni por supuesto Poe tiene nada que ver con el Rey de Amarillo (aunque haya cierto parecido entre éste y “La máscara de la muerte roja”), pero suena verosímil. Phil, padre de familia cinéfilo, compra en ebay una copia de esta película para reproducirla en casa, en un paso más para estrechar lazos con su hijo. El resultado es interesante.  

En “Mensaje encontrado en una habitación de hotel de chicago” de Daniel Mills las mezclas entre personas reales y ficticias vuelven a usarse libremente, y en “Me ve cuando no estoy mirando”, “Gran final, segundo acto” o “El teatro y su doble” se intenta una técnica similar a la de Lovecraft hablando del Necronomicón. La del Rey de Amarillo es una obra literaria real, independiente de Chambers, que lleva a la locura y a la desviación a quien la lea. Este tema se repite continuamente, hasta el punto en que valoro más los relatos que aún bebiendo de la misma fuente que el resto, buscan la forma de presentar algo más original. “El teatro y su doble” por ejemplo es un texto largo, mareante, un devaneo del artista bohemio con la mente deteriorada por la droga que se aproxima al monólogo interno, el equivalente literario a un lienzo surrealista: lo mismo pasa con “No hay suficiente esperanza” de Joseph S. Pulver. Es como un intento infructuoso de ser Burroughs y es la obra que más me ha costado terminar de las aquí incluidas.


En “Brillantes huesos negros y tenues estrellas negras” Gemma Files ofrece esta visión moderna del mito que está de moda desde que Richard Matheson escribió La casa infernal: añade algo de ciencia a la magia a la que estamos acostumbrados. La protagonista es una antropóloga forense que viaja a una Carcosa real, una isla cerca de Indonesia donde se ha descubierto una práctica aberrante por la cual desde hace siglos se ofrecen sacrificios humanos por quien sabe qué motivo. Los habitantes de la isla son a Hastur lo que los de Insmouth a Cthulhu y Dagon: parecen criaturas híbridas entre humano y esta especie de Slenderman que es el Rey de Amarillo.

Con “Aquellos cuyos corazones son de oro puro” de Kristin Prevallet superamos ya el punto de no retorno; de momento nada nos ha impresionado especialmente y hemos leído mas o menos la mitad del libro —salvamos sobre todo el relato de Don Webb y “El himno de las híades”, una historia muy bien llevada de Richard Gavin sobre un niño que descubre muy a su pesar lo que pasa cuando recoge de las aguas del río helado cerca de us casa una de estas estrellas negras que a estas alturas ya nos son tan familiares—. Es ahora o nunca cuando tiene que llegar este relato que nos marque: y aquí lo tenemos. Kristin Prevallet nos introduce de lleno en la mente de una chica enterrada en vida bajo las obsesiones de su madre. Nunca ha salido, no ha conocido a gente, no ha vivido: es como una Carrie espantada del mundo y acostumbrada a seguir las instrucciones de su tiránica progenitora. Cuando la madre parte de viaje y la deja al cargo de la casa, las cosas empezarán a cambiar. Como inocente acto de rebeldía o de reclamación de una libertad hasta ahora desconocida la chica empieza a actuar de modo completamente aleatorio; nada más que pequeñas acciones ilógicas que, a partir del momento en que encuentra una vieja joya de ónice negro con un símbolo amarillo grabado empiezan a escalar hacia lo sociopático. Su mente desconecta de la realidad: su mundo es solo un campo para experimentar nuevas emociones, pura voluntad sin freno moral ni sentido de autoconservación.


Y si con Kristin Prevallet encontramos una auténtica joya de relato, la buena racha sigue y a partir de aquí la antología no solo se recupera sino que mantiene un ritmo excelente. En “El amanecer de abril” de Richard A. Lupoff se produce otra de estas afortunadas combinaciones entre un ingénuo inocente (John O'leary) empleado como asistente por un astuto investigador (Abraham ben Zaccheus) —en este caso investigador de lo oculto— que tras encontrarse con el propio Robert Chambers asisten a una representación en vivo de la adaptación a la ópera de El Rey de amarillo. Otra vez el teatro: pero tan bien escrito, con un sentido del humor fino y unos personajes tan atractivos que me hacen olvidar completamente las reticencias que mencionaba anteriormente y maldecir este horrible momento en que uno se da cuenta de lo mucho que le gusta un escritor y de lo poco que se ha traducido al castellano de su extensa bibliografía. “Rey Wolf” y “Sweetums” son de estos relatos que aguantan tantas relecturas como uno quiera darle, y “D T” del gran Laird Barron es la introducción perfecta para los que aún dudábais si comprar su novela El rito que Valdemar publicó bajo en el sello “Insomnia”.

Y dejo para el final el que para mi es el mejor relato de todos: “El pozo de los deseos” de Cody Goodfellow. Adoro la idea de la serie juvenil ambientada en una clase donde todos los niños tienen que llevar una máscara y reciben enseñanzas a veces absurdas, a veces crueles. Uno de estos niños, años después, intenta recuperarse de la experiencia que supuso participar de aquel proyecto; la adicción a toda clase de alucinógenos, al tabaco, el paso por decenas de consultas psiquiátricas no le ha servido para rehacer su vida. Ellos aún le persiguen. ¿Y quienes son Ellos? ¿Los otros niños, la siniestra profesora Iris, Cassilda o los otros visitantes que ocasionalmente aparecían en el show? ¿O los productores de la serie? ¿Hay una secta detrás de todo o solo la imaginación desbocada de una mente deteriorada? Esta vida arruinada encontrará sus respuestas en su isla de paz particular, en un pequeño bosque rodeado por la autopista. Este relato me recuerda un poco una película que he disfrutado mucho recientemente y que también aprovecho para recomendar: Starry Eyes.

Para los amantes de la literatura experimental, para los que prefieren los relatos clásicos o el revisitar temas clásicos bajo óptica moderna: hay para todos en este libro. Una temporada en Carcosa es una lectura ideal tras haber terminado El Rey de amarillo de Chambers, también publicado por Valdemar. Leed el original, leed luego este, un homenaje a su legado: entre ambos hay un siglo de distancia pero El Rey de amarillo está más de actualidad que nunca.

Valdemar. Tapa dura, 416 páginas, 27,50 €.

abril 13, 2015y

25 de agosto de 2014

Reseña: «La araña y otros cuentos macabros y siniestros», de Hanns Heinz Ewers

La editorial Valdemar, antes de irse de vacaciones, nos dejó bien provistos con una serie de novedades entre las que destaca la antología La araña y otros cuentos macabros y siniestros de Hans Heinz Ewers, publicada en su colección “Gótica”. El libro me llegó hace unas semanas y aunque me costó un poco empezar, tras coger el ritmo lo he devorado en pocos días.

Lejos ya de la era de esplendor para la novela gótica, antes del triunfo del terror pulp, Ewers abanderó el horror europeo, aunque también formó parte del histórico. Miembro del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) desde sus inicios y admirador de Hitler, fue un devoto de la idea de la supremacía de la raza germánica. Antes del surgimiento del partido y durante los primeros años del siglo XX, Ewers, gran viajero, evolucionó desde un intelectual cínico y desarraigado, defensor de la liberación sexual (fue de los primeros en defender la homosexualidad como algo natural e innato, lejos de la desviación moral) influenciado por Nietzche y Stirner (cuya obra principal, El único y su propiedad, puede encontrarse también en el catálogo de Valdemar), a un amargado nacionalsocialista hitleriano; como tantos otros en la Alemania de su tiempo, la derrota de su país tras la Primera Guerra Mundial y el estado del mismo le llevó a ver en Hitler la respuesta y el alma de la nación alemana.

Afiliado al partido, Ewers procuró difundir su ideología mediante novelas propagandísticas, por lo que durante un tiempo estuvo bajo la protección de los jerarcas nazis; desde el principio, sin embargo, su adherencia a la causa provocó malestar entre parte de la cúpula del partido al considerar que, siendo un provocador, un “pervertido” y un corruptor de masas, podía dar mala fama al movimiento (¡!). Fue esta reticencia y el hecho de que se alineara con el ala menos antisemita (conservando amigos judíos, aunque nadie lo diría con relatos como “El judío muerto”) lo que eventualmente provocaría su caída en desgracia, el repudio de Goebbels y la prohibición de sus obras en Alemania. Los últimos años de su vida Ewers los pasó siendo ya un paria, y tras su muerte, cayó en el olvido como autor marcado. De no ser por ello, sus creaciones habrían figurado sin duda en todas las antologías del mejor terror contemporáneo en lugar de quedar arrinconadas, al alcance solo de los lectores más dedicados.


A nivel personal, Ewers fue el típico escritor decadentista dado a la bebida, asiduo a los prostíbulos, continuamente al borde de la ruina tanto física como económica. Se mantuvo al margen de la sociedad y criticó desde allí su hipocresía y artificio, algo que se refleja claramente en los relatos que tenemos entre manos. Rastros de la ideología de Ewers se pueden encontrar en ellos por doquier: a grandes rasgos, su temática de fondo es la oscuridad o la complejidad del alma humana, y quizás en particular del alma femenina, reflejo de la actitud cínica del autor. Estudió derecho a desgana –y con malos resultados académicos– y pese a ello (o gracias a ello) mantuvo una visión muy crítica del sistema judicial, deplorando como, según él, partía de una base errónea: la igualdad de los individuos bajo la ley. Muy afectado por el caso del juicio y condena a Oscar Wilde, autor a quien admiraba, Ewers consideraba que genios como él, o simplemente personas educadas y de clase media-alta, tenían una sensibilidad especial que debería asegurarles un trato acorde en un juicio. Para un banquero –comenta en uno de sus relatos, “Los juristas”– cuatro años de prisión son un tormento y una muerte lenta, pero para un obrero son como estar en la pensión, luego la pena es la misma para ambos cuando debería ser proporcional al sufrimiento que provoca. Era un elitista lleno de contradicciones, defendiendo la libertad individual y relativizando la legalidad a la vez que despreciando el conjunto de la sociedad... y al mismo tiempo, adhiriéndose a un partido fascista.

En definitiva, de Ewers y sus elecciones personales se pueden decir muchas cosas, la mayoría muy poco agradables. Uno sabe que, si quiere evitarse disgustos, es mejor no indagar demasiado en la vida personal de los autores que ha disfrutado: a veces es mejor no saber. Con H. H. Ewers, gracias a la introducción de Valdemar que precede a los relatos, ya sabemos todo antes de empezarlos, y una ves comienza a leerlos, uno avanza con cierta suspicacia.

Pero por muy notorio que sea en este aspecto, Ewers no es un caso único. Prefiero no pensar demasiado en que Lovecraft, y Howard en menor medida, eran profundamente racistas. Que Orson Scott Card es de los peores fanáticos homófobos militantes, que C. S. Lewis fue un católico proselitista bastante molesto (y su obra se veía afectada por ello) o Frank Miller un violento ultraderechista. Y si seguimos encontraríamos muchos otros ejemplos, ya que cualquier autor anterior al siglo XX probablemente tenía un ideario que bajo la luz actual sería horrendo. Con eso no pretendo comparar los casos que cito con el de Ewers ni relativizar su importancia; solo recordar que al final lo que queda es la obra. Es esta la que tiene que ser juzgada por si misma, simpatizar o no con el escritor; condenarle o amarle, es un accesorio.


Dejemos pues de lado a Ewers y vayamos al fin a sus relatos. En ellos se potencia la figura del individuo que se mueve entre sus semejantes con picaresca, tomando lo que quiere cuando quiere, manipulando, mintiendo o delinquiendo, ignorando las reglas morales o legales (y cuestionando si lo legal siempre es moral). Casi todos los protagonistas de estos relatos son antihéroes. “La voluntad” es otro gran tema: y aquí nos remitimos otra vez a Nietzche. Por un lado, la voluntad es lo único que impulsa a muchos de sus personajes: sus deseos se convierten en acciones prescindiendo de las limitaciones de la moral tradicional o de la legalidad. Por otro lado, se repite la figura de la mujer –normalmente presentada en estos relatos como un ser inescrutable y temible, depredador– que, ya sea por ser una auténtica hechicera o criatura sobrenatural o simplemente por poseer una voluntad férrea y cualidades de mesmerismo, usa y descarta a sus amantes, a quienes destruye en el proceso. Este es el trasfondo de relatos como el que abre la antología, “La araña” o “El diario de un naranjo”. En ellos el joven confiado cae en las redes de una mujer pérfida cuyos encantos acaban destruyéndole. El primero es un relato realmente sobresaliente, muy inquietante, con detalles –la imitación a través de la ventana– muy perturbadores. Quizás me sobra, en su desarrollo, la insistencia en reforzar la naturaleza de la relación entre la víctima y la depredadora con constantes comparaciones con las arañas y sus costumbres. “El diario de un naranjo” tiene una naturaleza más poética y acaba retratando un final cargado de belleza, aunque igualmente trágico.

Casi todos los cuentos tienen que ver con relaciones, con amores condenados. “La última voluntad de Stanislava d'Asp” es para mi de los mejores, y en su refinada crueldad, y el modo natural y directo con que está escrito y sus personajes caracterizados, encuentro una historia de las que se recuerdan por mucho tiempo que pase. “Eileen Carter” sigue con el tema de la mujer poderosa y un tanto cruel, que usa su belleza y aparente inocencia para lograr sus objetivos. Aún con el tema relaciones y mezclado esta vez con necrofilia tenemos “La peor traición”, otra pieza muy, muy bella, muy evocativa; aquí Ewers se muestra como un auténtico maestro de la ambientación, tomando el manido tema del amor de ultratumba que tantos han tocado –desde Poe con “Ligieia” y “Berenice” a Clark Ashton Smith con “La muerte de Ilalotha” en su ciclo de Zothique)– y dándole una original vuelta de tuerca con un final inmejorablemente resuelto.

Uno de los relatos más macabros sería quizás “La mamaloi”, otro interesante retrato del submundo del vudú en Haití, donde el protagonista, un alemán racista y pedófilo cuya empresa ha prosperado enormemente en la isla gracias a saber aprovecharse de la corrupción económica, se enamora de una sacerdotisa local. Ésta le introduce como testimonio a aberrantes rituales salpicados de veracidad histórica que, a la larga, causarán la perdición de ambos. En el mismo contexto Haitiano “El reino de las hadas” es una breve historia escrita en un tono inocente, el del narrador, que sobresalta por la brutalidad de la realidad que el lector percibe; humor terriblemente negro. En la misma línea de humor negro, la original y siniestra “La esposa de Tophar”, adaptada al cine en 1920, supone otro éxito inolvidable, particularmente su final. “La caja de juegos” es otra historia que destaca por su frescura y exotismo, ambientada en el Vietnam Francés de Tonkin; allí la “civilizada vida” del colono europeo choca con las atroces costumbres del indígena, que no por atroces carecen de refinamiento y peso intelectual. Es una historia muy atractiva, quizás de las dos o tres mejores en la antología.


Completan la antología dos relatos ambientados en España, “El carnaval de Cádiz” (muy colorista pero poco conseguido) y “Salsa de tomate”, que gira en torno a una supuesta tradición andaluza a la que un cura adicto a la visión de la sangre es aficionado; “Los señores juristas”, que sirve a Ewers para exponer sus ideas acerca de la justicia (la ley) y el individuo, y una serie de relatos cortos, que buscan quizás más el impacto visual inmediato de determinadas escenas que el relatar historias complejas. Finalmente, “La joven blanca”, “El cadáver de un ahogado” y “Las manos más bellas del mundo”, con una visión muy irónica de lo absurdo de la vida y la ambición humana.

En retrospectiva, me ha parecido una antología muy satisfactoria. Es revelador como el elemento sobrenatural está casi ausente; En sus tramas le basta y le sobra con exponer aquello de lo que el ser humano es capaz, evocando la inquietud, la repulsión y el horror. Es muy atractivo la forma en que Ewers toma lo grotesco y decadente y lo convierte casi en algo bello y exótico. Y me gusta, en la literatura de terror, lo exótico; debe ser una etapa que tarde o temprano terminará, pero ahora mismo estoy cansado de autores que recurren a los viejos mitos del género para sus tramas. Los escenarios lúgubres y las sensibles almas atormentadas de la literatura gótica, las criaturas de Stoker y LeFanu y sus legiones de imitadores (Guillermo del toro uno de los más recientes), las andanzas de los muertos que invaden nuestras pantallas, cómics y libros en un desfilar zombie sin fin me motivan ya muy poco.
Incluso en Lovecraft –y bajo su sombra– encuentro últimamente poco estímulo: sus historias son magníficas y su imaginación desbordante, pero muy contenida en ciertos aspectos. Lovecraft podía imaginar seres atemporales y extradimensionales como nadie, pero sus personajes eran planos: versiones literarias de él mismo, lánguidos artistas y pensadores de mente frágil.

Así pues, ahora mismo busco exotismo. Cuando se vuelva mundano, regresaré a los viejos temas del terror clásico y volveré a disfrutarlos en un ciclo interminable. Mientras siga siendo excitante, nada me satisface más que releer las historias de Clark Ashton Smith, muchas con un tono oriental, todas labradas con una originalidad y un decadente colorido que las hacen únicas; me gusta reencontrarme con Howard y sus héroes atemporale y hoscos, para acompañarles en sus descubrimientos de tierras extrañas. Y a partir de ahora añadiré a Ewers y sus creaciones retorcidas, su devoción por lo grotesco, sus personajes canallas e irreverentes, sus mujeres vengativas y distantes, y los coloridos escenarios inspirados por sus viajes.

Ficha técnica
Fecha de publicación: 28 mayo, 2014. Editor: Valdemar. Géneros: Horror.
Traducción: José Rafael Hernández Arias. Páginas: 432. Precio: 27,50 €. Electrónico: No.
Valoración
★★★★☆

agosto 25, 2014y


 

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