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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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22 de marzo de 2015

Reseña: 'Nemo: Corazón de hielo' de Alan Moore y Kevin O'Neill

El grupo original —del primer cómic, se entiende— de los Caballeros Extraordinarios hace tiempo que no está —casi todos sus miembros han muerto de viejos o desaparecido en diversas circunstancias—, pero las aventuras de los nuevos personajes de esta historia cargada de elementos ucrónicos de Alan Moore y Kevin O'Neill sigue leyéndose con el mismo gusto que desde el principio, o por lo menos en mi caso. Es cierto que la serie ha ido perdiendo parte de su frescura original —el clímax lo alcanzó la segunda de las aventuras de los Gentlemen—, y Century no consiguió precisamente elevar el listón por lo enrevesado y caótico de su propuesta. Pero después de Black Dossier —recomendable libro que no se ha editado en español hasta hace unos meses por problemas de derechos—, la premisa que venía caracterizando la serie parecía agotada, hasta que comienzan a publicarse una serie de especiales que, mira por donde, han conseguido recobrar de una manera más directa y con argumentos más sencillos la propuesta original del cómic.

En lugar de presentar los arcos argumentales en una especie de trilogía o serie de doce números, en su lugar Moore da un salto en el tiempo y nos hace seguir las aventuras de la hija del temible capitán Nemo —quien combatió al lado de Mina Harker y Allan Quatermain, entre otros—, muchos años después de su muerte y habiendo transcurrido algunas décadas tras Century: 1910. Es en ese cómic donde el personaje fue presentado por primera vez y moldeado a raíz de las cosas que le ocurren en la sucia y atestada ciudad del Londres post-victoriano.


Janni Dakkar es uno de los personajes más fuertes y con mayor personalidad que hemos encontrado en todas las series publicadas de TLoEG—con excepción de Mina Harker—, pero se debe sobre todo a la cantidad de atención que le dedica Moore, desarrollándola hasta el punto de protagonizar una serie de especiales como este que tenemos entre manos. 

Nemo: Corazón de hielo sitúa la acción unos 15 años después de Century: 1910. Pese a que Janni Dakkar puso todo su empeño por distanciarse del legado de su padre, ha conseguido justo lo contrario: ella es el nuevo Nemo, en cuyo lote se incluyen cachivaches extraordinarios y portentosos avances científicos, además de, por supuesto, el mando de un nuevo Nautilus de color negro.

Este primer especial de Nemo—que se completa con Nemo: Rosas de Berlín y Nemo: River of Ghosts —de reciente publicación en inglés— es todo un homenaje a un clásico de la literatura de ciencia ficción y terror: En las montañas de la locura del señor Howard Phillips Lovecraft. De acuerdo, toda la serie es un continuo homenaje al universo de la ficción y el mundo de la literatura, incluida la propia hija del capitán Nemo —algo que no habría sido posible sin la novela de Julio Verne Veinte mil leguas de viaje submarino—, pero desde el segundo volumen de The League of Extraordinary Gentlemen (TLoEG) —posiblemente la mejor referencia a las obras de H. G. Wells que podamos leer en un cómic—, Moore no había tomado de manera tan directa un clásico del género y lo había adaptado a su manera pero respetando en todo la obra de Lovecraft.

Nemo: Corazón de hielo reúne todas las cualidades del texto de Lovecraft y lo convierte al propio universo de TLoEG, dotándolo de un ritmo aventurero en el que no falta la parte de descubrimiento y reflexión que tiene la novela, sin descontar los avanzados cacharros que usan los personajes de este universo, alguna que otra paradoja temporal y un par de alusiones secundarias al imaginario lovecraftiano.

Nemo: Corazón de hielo puede dar la sensación de estar dirigido exclusivamente a los fans de Lovecraft, pero nada más lejos de la realidad: Moore lo ha escrito como continuación de los anteriores volúmenes de la serie, centrándose en la nueva reina pirata, y es muy superior a la trilogía Century en cuanto a ritmo y recursos narrativos se refiere. Está perfectamente integrado en el universo de TLoEG y al final del volumen Moore nos obsequia con una historia en prosa como ya nos tiene acostumbrados desde los primeros The League of Extraordinary Gentlemen. El libro es corto y deja con ganas de seguir leyendo —otra versión de Lovecraft, por ejemplo—, pero dicen por ahí que si breve dos veces bueno, y este es el caso. Poco que añadir del peculiar apartado artístico de O'Neill: si te gustan los anteriores, este también te va a parecer muy bueno. Eso sí, es aconsejable haber leído previamente Century: 1910 para conocer al personaje principal, de otra manera nos perderemos parte de su encanto.

Planeta Cómic. Tapa dura, 56 páginas, 8,95 € (disponible en electrónico).

marzo 22, 2015y

20 de abril de 2013

Reseña: «The League of Extraordinary Gentlemen, Century: 2009», de Alan Moore y Kevin O'Neill

Título original: The League of Extraordinary Gentlemen Century 2009 TPB USA.
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Kevin O'Neill.
Color: Ben Dimagmaliw.
Edición: 80 págs, color. Planeta DeAgostini, enero 2013.
Precio: 4,95 €.
Traducción: Diego de los Santos.
Temática: Fantasía, cómic.
Correlación: Tercera entrega de la trilogía "The League of Extraordinary Gentlemen: Century".


Las aventuras de los gentlemen ideados por Alan Moore tocan a su fin con el tercer volumen de la trilogía, aunque debemos decir que las aventuras del ahora reducido grupo con connotaciones literarias y heroicas han terminado siendo algo diferente a lo que apuntaban las dos primeras entregas del arco argumental, como pudimos leer en Century: 1900 y Century: 1969. La primera de ellas nos catapultó, tras los dos primeros volúmenes que todo aficionado al cómic debería leer, a los albores del siglo XX, siguiendo la estela del retoño de uno de los personajes del grupo principal en el primer The League of Extraordinary Gentlemen. El segundo tomo de Century avanzó mucho más en el tiempo hasta situarse en los años sesenta, donde las drogas y lo hippie estaban a la orden del día en una Inglaterra con grandes visos de cambio. Llegados a la tercera entrega, Century: 2009, la primera década del siglo XXI sirve de escenario para poner la conclusión a las aventuras iniciadas en el siglo pasado con algunos detalles característicos del mismo con el que los personajes, todos ellos verdaderas reliquias de otros tiempos, tienen que lidiar.

Lo primero que uno le viene a la cabeza al terminar esta nueva entrega es en qué se le habrá pasado por la cabeza a Alan Moore para poder desarrollar una trama tan rocambolesca como la que tenemos entre manos. Es decir, todas las claves que han definido el cómic desde el principio siguen ahí, pero en cierta manera distorsionadas quizá debido al paso del tiempo y la capacidad de adaptación de los personajes a éste, pero el autor pone un precipitado punto y final a una trama que apuntaba hacia otra cosa, con cierto deus ex machina que deja un sabor algo agridulce que cierra todo de un plumazo, como si Moore estuviera cansado de las referencias, de las posibilidades de interacción con la historia de un grupo que ha nacido de las páginas de la literatura, de la cultura pop y de cualquier otra oscura referencia que en muchas de las ocasiones tan sólo el autor conoce –el lector seguro que pilla un buen puñado, pero otras tantas me temo que se quedan en el limbo–, si es que son referencias en sí, aunque sólo por eso ya merecería la pena el cómic.


En absoluto afirmo que The League of Extraordinary Gentlemen, Century: 2009 sea un mal cómic, tan sólo que es una obra que lee con agrado, tiene una cuantas teorías interesantes –como la brutal, aunque forzada eso sí, alusión al mundo de J. K. Rowling–, además de continuar las aventuras de un concepto de grupo de personajes que a mi particularmente me resulta tremendamente llamativo por sus características en sí y porque todo lo que sea referencial, literariamente hablando, a la fuerza me termina llamando. Pero le falta chispa, le falta garra a esta tercera conclusión de los gentlemen, ha perdido fuelle desde el segundo volumen –que sin duda fue todo un señor cómic con las múltiples alusiones a H. G. Wells, además de otras cosas que sin duda no hace falta que comente si los lectores de esta reseña lo han leído, que espero que sí–, y echando la vista atrás a la calidad del conjunto de este tríptico es de un nivel inferior al de las dos primeras entregas, más si tenemos en cuenta que por el camino se ha perdido en la edición española la publicación del Black Dossier, lo que da al lector la sensación de que si no ha degustado éste, se pierde algunas referencias que sirven para comprender mejor el cómic que ahora nos ocupa, aunque tampoco pasa nada si no lo tenemos a mano pues de por sí funciona perfectamente bien como un cómic de aventuras en el que los personajes vienen y van por los escenarios propuestos por el autor sin mayores quebraderos de cabeza.

La calidad del apartado artístico se mantiene exactamente en el mismo baremo, con Kevin O'Neill a los lápices poniendo cara a cada uno de los personajes que desfilan por las páginas del cómic de Moore, desde  una consumida Mina Murray hasta un Orlando que cambia de sexo cada dos por tres, con su estilo personal e intransferible que no será del agrado de todos por sus formas algo cuadriculadas, pero debemos reconocer que goza de un punto grotesco que le sienta bastante bien. Porque grotesco es la palabra que andamos buscando par definir este Century: 2009, con muchas escenas de corte surrealista –aunque no más que en Century: 1969, por razones obvias–, donde la fantasía, lo irreal, lo paranormal y la magia se dan la mano para ofrecer un argumento de aventuras con muchos elementos que podrían haber dado bastante más de sí, pero que donde el autor parece falto de ideas o no quisiera desarrollarlas para ofrecer un final a la altura de los dos primeros volúmenes. Los hombres extraordinarios merecían un final de saga mejor, más complejo, con mayor carga épica, quizá un menor punto de decadencia –porque tres aventuras completas se nos antojan pocas para que el grupo termine únicamente con dos miembros–. Por el contrario, aunque el cómic se deja leer con atención sólo por ver qué nos depara el autor a la vuelta de la página, la edición española a cargo de Planeta DeAgostini no puede tener un precio mejor. Es cierto que cada una de las entregas de este tercer volumen no llega a las cien páginas, pero por sólo cinco euros nos llevamos cada una de ellas a casa, lo que supone un aliciente para poder acercarse una vez más a los gentlemen. Pero aún así estoy convencido de que cuando salga la próxima aventura del grupo seré de los primeros en la tienda de cómics.

abril 20, 2013y

15 de mayo de 2010

The League of Extraordinary Gentlemen, Century: 1910 – Alan Moore y Kevin O'Neill

Título original: The League of Extraordinary Gentlemen Century 1910 TPB USA.
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Kevin O'Neill.
Color: Ben Dimagmaliw.
Edición: 80 págs, color. Planeta DeAgostini, julio 2010.
Precio: 4,95 €.
Traducción: Guillermo Ruiz.
Temática: Superhéroes, cómic.
Correlación: Primera entrega de The League of Extraordinary Gentlemen, Century.


Una nueva entrega de las aventuras de los héroes decimonónicos de Alan Moore, una de sus mejores creaciones frente a su lista de obras maestras como Watchmen, V de Vendetta o From Hell, entre otras. Esta tanda de superhéroes victorianos, así los podríamos llamar perfectamente, se dan un garbeo por la historia de un Londres cuajado de ficciones –reales, en ocasiones–, demostrando sus muchas capacidades al servicio de la corona y del gobierno inglés. Alan Moore recurre a un ligero toque steampunk y a numerosos referentes literarios para dotar de vida a esta banda de personajes, en nombre de las figuras más influyentes del pulp o clásicos de la literatura. Así por ejemplo, tenemos a un Allan Quatermain –surgido de la pluma de H. Rider Haggard–, al Hombre Invisible de H.G. Wells, a la Mina Harker de Bram Stoker o al Capitán Nemo de Julio Verne; multitud de referencias que hacen de estos cómics un compendio de erudición que tan bien se le da a Moore, buen conocedor de la historia y de la literatura.

Si bien en los anteriores trabajos hallábamos geniales alusiones a La Guerra de los Mundos, Lawrence de Arabia o Sherlock Holmes, Century: 1910 no se queda atrás en algunos aspectos y toma como fuente de inspiración no a los referentes citados anteriormente, sino otros nuevos como puede ser el inmortal Orlando o el hijo de Quatermain, la hija de Nemo, e investigadores ficticios tales como Carnacki –creado por William Hope Hodgson– o el John Silence de Algernon Blackwood. Las referencias son menores, más subliminales. Se deja de lado los anteriores "superhéroes" para formar un nuevo grupo que hasta el momento no está a la altura del anterior salvo en un par de cualidades. Century: 1910 es un nuevo comienzo para el grupo, y no deja de ser curiosa esa pequeña atmósfera de melancolía que impregna la entrega. Tan sólo prevalece la tal Mina, dada su condición eterna. El anterior grupo era mucho más capaz si no contábamos al desmitificado Quatermain –y que en la película se exaltaba en una figura totalmente alejada del cómic–, una nueva banda de personajes que no destacan prácticamente en nada, con una Mina que constantemente tiene que estar aleccionando sobre las acciones a tomar y suspirando de exasperación ante la ineptitud que muestra el grupo.


Al mismo tiempo, Moore nos retrata un Londres de principios de siglo XX sucio, criminal y decadente, una época que echa en falta a la reina Victoria y el recuerdo de Jack el Destripador permanece fresco. Los muelles rebosan de prostitutas y violadores, de criminales que rajan a la gente a la mínima oportunidad para robar su dinero; todo un sinfín de condicionantes que modifican la atmósfera del cómic. Los primeros volúmenes de la serie eran un poco más luminosos a ese respecto –sin pasarse–, aunque la atmósfera era muy similar. Con esta tercera entrega, el futuro es poco halagüeño, algo más realista, pero no dejan de existir las sociedades y los pubs secretos que el ser humano de a pie desconoce.

Posiblemente falte un hueco a rellenar con The Black Dossier, todavía no publicado en España por problemas de derechos, pero este Century: 1910 tiene un par de detalles que deberían gustar a los habituales de los Caballeros Extraordinarios, pero en conjunto es un cómic flojo, falto de sorpresas –alguna que otra hay–, en parte debido a su extensión y su condición de ser la primera entrega de tres. Es un número de ochenta páginas, en contraposición a los dos anteriores libros en tapa dura con mucho más paginaje, que va concluyendo mejor que empieza y que nos deja con ganas de más.

Alusiones literarias e históricas que sólo Alan Moore conoce las hay a montones, tantas que se nos escaparán la mitad –al menos a mi, de eso estoy seguro–, salvo las que ya he citado. El dibujo de Kevin O'Neill sigue en la misma línea, y es un dibujo que a mi personalmente no me desagrada en absoluto. ¿Merece la pena el cómic? Por cinco chelines, desde luego que sí. Si estuviéramos hablando de una entrega que costara sus buenos diez doblones, tendríamos dudas, pero por el precio al que lo han sacado a la venta y teniendo en cuenta que su calidad seguro que irá en aumento con las posteriores entregas, es recomendable al menos echarle un vistazo. Pero ojo, que los dos anteriores volúmenes tienen calidad de sobra como para que este Century: 1910 no le llegue a la altura. El volumen se completa con los típicos anuncios de época y los relatos complementarios en prosa. No hubiera estado de más que la editorial avisara de ser el primer número, ya que puede llevar a confusión al no ser un volumen totalmente autoconclusivo.

mayo 15, 2010y


 

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