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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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15 de noviembre de 2018

‘American Gods’ llega a las librerías en la edición ilustrada por Dave McKean


American Gods, una de las obras cumbre de Neil Gaiman —con permiso de The Sandman— ha llegado de nuevo a las librerías, pero esta vez bajo la forma de un libro ilustrado por Dave McKean, artista británico que ha colaborado habitualmente con Gaiman en trabajos como Casos violentos, The Sandman y la edición americana de El libro del cementerio, entre otras. Esta nueva edición se publica bajo el sello de Roca —quien ha publicado las anteriores ediciones de la novela tras la primera edición de Norma Editorial en 2002— y el formato es tapa dura, tiene 560 páginas y un precio de 26,90 €. La traducción viene siendo la misma de Mónica Faerna.

La diferencia de esta edición respecto a las anteriores es significativa. Para empezar se edita en tapa dura y con una nueva portada, y para seguir, es muy parecida a la edición que publicó The Folio Society el año pasado —y decimos muy parecida por aquella cuesta 75 libras debido a que emplea papel de lujo, viene en estuche y otras cosas—, la primera de este tipo que se hace de American Gods.


Por lo demás, entre las tapas de la edición de Roca podemos encontrar las 11 ilustraciones inéditas en color y las tres a doble página de McKean, más un nuevo prefacio de Gaiman y, por  supuesto, las cubiertas que también cuentan como obra original.

Esto es lo que nos cuenta la sinopsis (¡cuidado con los posibles spoilers!):

Dioses antiguos, héroes mitológicos y figuras legendarias se dan cita en la obra narrativa más importante del extraordinario Neil Gaiman.

Días antes de salir de prisión, la mujer de Sombra, Laura, muere en un misterioso accidente de coche. Aturdido por el dolor, emprende el regreso a casa. En el avión, se encontrará con el enigmático señor Miércoles, que dice ser un refugiado de una guerra antigua, un dios y también el rey de América.
Juntos se embarcan en un viaje extraño a través de los Estados Unidos, mientras una tormenta de dimensiones épicas amenaza con desencadenarse. Poco a poco descubriremos que Miércoles es una encarnación de Odín y que está reclutando viejos dioses, cuyos poderes han disminuido por el tiempo y la falta de creyentes, para participar en una guerra contra los nuevos dioses: aquellos que conforman la tecnología moderna.

Por si hay alguien en la sala que no conozca la novela, decir que American Gods está protagonizada por Sombra, quien tras salir de la cárcel por cometer un robo, termina trabajando como guardaespaldas de un tal señor Wednesday. El resto es auténtica mitología, y no en sentido figurado, ya que Gaiman emplea cientos de referencias a diferentes mitologías del mundo para construir la trama de su novela. American Gods se publicó en 2001, es la cuarta novela de Gaiman —tras Buenos presagios, Neverwhere y Stardust—, y durante los dos años siguientes cosechó numerosos premios literarios como el Bram Stoker, el Locus, el Hugo y el Nebula.

La cadena televisiva Starz ha desarrollado una serie de televisión basada en la novela —con Ricky Whittle en el papel de Sombra e Ian McShane en el del Wednesday—, cuya segunda temporada tiene previsto estrenarse en 2019.

Hay además una adaptación al cómic escrita por Gaiman y dibujada por Neil Gaiman, P. Craig Russell, Scott Hampton y Glenn Fabry.

noviembre 15, 2018y

17 de enero de 2018

Roca reeditará ‘El Terror’, el viaje al Ártico de Dan Simmons


No hay muchas novelas que relaten un hecho verídico, aderezado además con ingredientes ficticios, con la maestría con la que lo hace Dan Simmons. En este caso se trata de El Terror, una novela histórica con componentes ficticios que cuenta la expedición del HMS Erebus y el HMS Terror al Ártico en verano 1847, viaje que terminó con sendos barcos estancados en el hielo y con la tripulación atrapada y tratando de sobrevivir en condiciones extremas, con el agravante de la aparición de una criatura monstruosa. La novela, publicada originalmente en 2007 —fue nominada al British Fantasy Award de 2008—, será reeditada por Roca Editorial el 2 de abril.

Esto es lo que cuenta la sinopsis de la novela:

“En 1847, dos barcos de la Armada británica, el HMS Erebus y el HMS Terror, que navegaban bajo el mando de sir John Franklin, están atrapados en el hielo del Ártico. En su anhelada busca del paso del Noroeste, parecen haber fracasado. Sin poder hacer nada por continuar su marcha y completar su expedición, rodeados del frío polar y de inminentes peligros, sólo pueden esperar a que llegue el deshielo que les permita escapar. Poco a poco, los días van pasando y las condiciones de supervivencia se vuelven más extremas; temperaturas que superan los cincuenta grados bajo cero, provisiones de comida escasas, el deterioro de los barcos o la llegada de enfermedades van mellando la esperanza de la tripulación. Por si fuera poco, la extraña presencia de una criatura bestial y misteriosa hace que los hombres crean que se enfrentan no sólo a las condiciones naturales más adversas, sino también a fuerzas sobrenaturales que superan, por momentos, sus creencias y su razón. Con el tiempo y la llegada de las primeras muertes, fantasmas como el de la rebelión, el motín o el canibalismo hacen su entrada en escena, en un panorama desolador. Basada en hechos reales, El Terror es una magnífica novela en la que Dan Simmons consigue que el lector se sienta aterido, uno más de los tripulantes extraviados en el Polo.”

El motivo de la reedición no es otro, aparte de recuperar una interesante novela del autor de Hyperion que se encontraba descatalogada en papel, es aprovechar el tirón de la serie que AMC estrena el 26 de marzo.

La serie tendrá diez episodios y estará protagonizada por Jared Harris (The Expanse), Ciarán Hinds (Juego de tronos) y Tobias Menzies (Outlander). Escrita por David Kajganich y producida por Ridley Scott, la sinopsis de la serie parece apuntar directamente a la criatura que acecha a los tripulantes: “la tripulación de una expedición de la Real Armada en busca del traicionero Paso del Noroeste descubre en lugar un depredador monstruoso.”

enero 17, 2018y

6 de septiembre de 2017

‘La materia oscura’ de Philip Pullman vuelve a las librerías

Esta trilogía de fantasía cuenta con millones de lectores y es una de las lecturas más completas e interesantes que se pueden encontrar en la literatura para jóvenes.



Con la BBC tras la adaptación a la televisión de la trilogía “La materia oscura” del británico Philip Pullman —y que, esperemos, no tendrá nada que ver con la película de New Line Cinema—, parece un buen momento como cualquier otro para que llegue otra vez en las librerías, esta vez de la mano de Roca Editorial —recordemos que la anterior edición de Ediciones B estaba descatalogada, aunque ambos sellos los distribuye ahora Penguin Random House—.

La trilogía está formada por La brújula dorada —título rebautizado que antes se conocía como Luces del norte—, La daga y El catalejo lacado. Esta nueva edición se presenta en tapa dura con nuevas portadas como las de la reciente edición en bolsillo de Scholastic —más abajo las podéis ver con mayor detalle—, tiene 384, 288 y 448 páginas respectivamente y a un precio de 16,95 € el volumen. La trilogía completa estará en las librerías a partir del 5 de octubre.

Esto es lo que nos cuenta la sinopsis de La brújula dorada:

“Lyra ha crecido en el Jordan College, y sus correrías de niña son el escándalo de los doctos científicos de Oxford. Aunque de apariencia ingenua y despistada, la chiquilla muy pronto descubre uno de los secretos mejor guardados en los sótanos de la impresionante mansión y se lanza a la aventura para salvar la vida de Lord Astriel, un enigmático caballero cuya fama de gran explorador y hombre de ciencia ha cruzado ya las fronteras de su país. Armada de valor y con la ayuda de un extraño artilugio que le permite conocer las intenciones del enemigo, Lyra emprende un viaje que la llevará a los hielos árticos y al descubrimiento de una ciudad mágica suspendida en el aire, entre las luces de la aurora boreal. Allí sabrá por fin quiénes son sus padres y cuál será el destino final de sus aventuras.”

“La materia oscura” es un best seller de la literatura fantástica que cuenta con millones de lectores, y además es una de las obras para jóvenes adultos más complejas y completas hasta la fecha, comparada con La historia interminable, Alicia en el País de las Maravillas o El señor de los anillos, por no hablar de que la trama incorpora bastantes elementos steampunk. Está protagonizada por Lyra Belacqua y se ambienta en un universo paralelo al nuestro, en el que existe un Oxford alternativo. Pullman también ha ampliado el universo de la trilogía con varias obras cortas, a saber: El Oxford de Lyra, Once Upon a Time in the North y The Book of Dust.

La primera parte de la trilogía, Luces del norte —o como se conoce ahora, La brújula dorada, a raíz de la fallida película de New Line Cinema—, fue publicada por Scholastic en 1995, y ese mismo año obtuvo la Medalla Carnegie, el mayor galardón en lengua inglesa que se concede cada año a una obra juvenil. El autor también ha obtenido el premio sueco Memorial Astrid Lindgren, así como el Guardian Children's Fiction Prize.

“La materia oscura” ha sido descrita por el autor como “su trabajo más titánico”, lo cual da una idea de entrada de la calidad de la obra.



septiembre 06, 2017y

10 de noviembre de 2015

'Neverwhere', el clásico de la fantasía urbana recuperado

La sola idea de que un autor retoque una obra ya publicada (emitida o proyectada) —aunque sea una práctica habitual desde los inicios de la literatura— me pone los pelos de punta. Hay que confiar, me digo, en su buen criterio. Hay que entender que se trata de su trabajo, que es lógico que lo quiera cuanto más depurado mejor para la posteridad. Pero luego recuerdo cuan peor fue para Star Wars que George Lucas metiera la mano otra vez y reescribiera la historia para intentar hacernos creer que Han Solo no disparó primero. O como T. H. White empobreció sus aventuras de Arturo cortando en ediciones posteriores la parte de Madame Mim, memorable villano que Disney sí tendría en cuenta para su película. 

Retocar, cuando ha pasado el tiempo, puede implicar sustituir la inspirada frescura de un pasaje original que quizás no cuadraba del todo por una versión reflexionada y menos natural. El retoque puede venir a veces acompañado de la mano del censor, que considera que ya no es correcto que el servicio secreto persiga a los niños empuñando pistolas, o del nostálgico de alguna escena que quedó fuera en la primera versión y de pronto parece que puede recuperarse. La intención puede ser buena, el resultado es otra cosa. ¿Quien sabe como sería El Señor de los Anillos si J. R. R. Tolkien, perfeccionista como era, hubiera podido retocarlo en ediciones posteriores? Apocalipsis, una de las mejores y más extensas obras de Stephen King (cuando aún podía escribir una buena novela) es la versión extendida de algo que se publicó originalmente como The Stand; ¿la reedición era o no era necesaria? ¿Mejoró el producto? Sea como sea, reescribir algo ya editado y celebrado por el público es una labor arriesgada.

Así que me preocupa cuando leo que esta edición de Neverwhere de Neil Gaiman que tengo entre mis manos es una nueva edición revisada y actualizada. Pero es Neil Gaiman, así que tiene crédito de sobra. Pero Neverwhere es su primera novela en solitario (se publicó en 1996), tras colaborar con Terry Pratchett en Buenos presagios en 1990, y uno de sus mayores éxitos. Escrita a la par que el guión para la serie de la BBC, Gaiman aprovechó para incluir en la novela todo aquello que los ejecutivos de la cadena británica le rechazaban para la versión televisiva, y allí donde la miniserie pasó sin pena ni gloria, la novela triunfó tanto en Inglaterra como en Estados Unidos.


Antes de sumergirme en ella, este es el estado en que me encuentro: ¿qué habrá corregido Gaiman? ¿qué le habrá parecido superfluo, qué necesitado de una mayor extensión? ¿Cual es, en definitiva, la naturaleza de esta revisión?

Las primeras páginas del volumen lo aclaran y quedo bastante más tranquilo. En una carta a los lectores españoles Gaiman nos relata un poco más de la naturaleza de las primeras ediciones de Neverwhere. La primera, editada por la misma BBC, Gaiman la califica más de "borrador" que de obra terminada; la segunda, la edición norteamericana, una reescritura del original británico, sufrió cortes —citando textualmente— en "los pasajes cómicos". Un nacimiento e infancia muy accidentados para este clásico moderno de la fantasía, pionero de la fantasía urbana... y una justificación, esta vez sí, más que sobrada para una edición definitiva.

En la misma carta a los lectores españoles Gaiman comenta que en las convenciones en países de habla hispana se le preguntaba insistentemente acerca de una reedición traducida. La única disponible era la de Norma Editorial publicada en 1999), ya descatalogada y casi imposible de encontrar. Así, lo que nos ofrece ahora Roca Editorial no es solo la versión definitiva de Neverwhere, sino que es la primera edición de Neverwhere a la que pueden acceder los lectores españoles en muchos años y para muchos, espero, será el descubrimiento de uno de esos libros de cabecera a los que una vez terminados seguimos acudiendo de vez en cuando. Contando conque, además, incluye el relato corto "De cómo el Marqués recuperó su abrigo" la compra es ineludible.

Vayamos al tajo. Gaiman comenta, en la introducción, que la intención inicial era crear algo que supusiera para sus lectores adultos algo como lo que para él había sido de niño la serie de Narnia, Alicia al país de las maravillas o El mago de Oz: un cuento que atrapara la imaginación. Y Neverwhere es, desde el principio, un cuento, uno muy crudo. Como en un cuento clásico, Richard, nuestro protagonista, encuentra al inicio de su viaje a una anciana mendiga, y le regala a la pobre mujer un paraguas para guarecerse del temporal. Pero la mendiga no le obsequia nada a cambio, ningún sabio consejo, ningún objeto aparentemente anodino que más adelante se revele crucial para resolver la trama. Cuando Richard marcha hacia Londres lo hace desarmado, solo ante la perspectiva de vivir por primera vez por su cuenta, de su trabajo, en una ciudad extraña.


Cuando nos reencontramos con Richard en el capítulo siguiente es algo distinto de aquel joven escocés que se iba a la gran ciudad. Han pasado pocos años pero ya es un individuo gris, desprovisto de voluntad e iniciativa. Actúa como se espera que actúe: trabaja en una oficina, tiene un piso alquilado, sus amigos son los compañeros de trabajo y su novia, una pedante arpía que solo le ve como un proyecto de marido perfecto al que aún hay que pulir mucho para que encaje. El futuro de Richard nos lo podemos imaginar perfectamente a partir de este retrato: se casará, seguirá trabajando en persecución de un ascenso, su personalidad se irá diluyendo y algún día, muchos años más tarde, rodeado de críos en una casa en los suburbios, morirá preguntándose qué ha sido de su vida.

Algo se interpone para modificar ese destino: una chica con el interesante poder de encontrar y abrir cualquier puerta —incluso cuando no la hay—, que huye de dos matones que quieren asesinarla como han asesinado a su familia. Usa su poder para cruzar un dintel que la lleve a algún lugar, cualquiera, donde sea —en su desesperación no puede pensar en nada más que en su necesidad de apoyo— que puedan ayudarla.

Y la puerta la lleva a los pies de Richard. Y aquí empieza la aventura. Para ambos. La chica, Lady Puerta, necesita apoyo: pero quien más lo necesita es el propio Richard. Porque cuando ella cae a sus pies, ensangrentada, vestida con harapos, cuando Richard decide ayudarla pese a la desaprobación de su novia, una piedra se introduce en el perfectamente engrasado engranaje de la rutina. Y ya nada podrá volver a ser igual.


En el momento en que Richard elige no apartar los ojos —y aquí Gaiman introduce la crítica social— inicia algo que le llevará a descubrir un submundo que los habitantes del Londres diurno rechazan ver. Es el mundo del mendigo, del vagabundo que existe fuera de la sociedad, entre la suciedad, viviendo a partir de los desperdicios y pidiendo en la calle. A partir de aquí, Gaiman desarrolla este submundo, y lo provee de un aura mágica, épica. Detrás del mendigo hay algo más: bajo Londres, otro Londres, otra sociedad, otra realidad. Como el mismo autor reconoce, tratar este tema de este modo, bajo la metáfora, es peligroso: es demasiado serio como para arriesgarse a caer en la frivolidad. Y aquí es donde radica parte del mérito de Neverwhere. Gaiman consigue navegar entre dos aguas. Por un lado, crear y hacer creíble un mundo de ficción, de fantasía, sumamente atractivo. Por el otro, mostrar en todo momento la otra cara de esta fantasía: la trágica, la reivindicativa. El submundo donde se mueven el Marqués y Lady Puerta es atractivo, mágico y colorido, pero en todo momento es también triste, desesperado y cruel.

En el submundo, Richard se embarca junto a Lady Puerta y el misterioso Marqués de Carabás en uno de estos clásicos viajes en busca de sorpresas. Se les une Cazadora, para servir de guardaespaldas de Lady Puerta frente a los matones —Croup y Vandemar— que la quieren para algún oscuro propósito. La búsqueda les llevará a recorrer los entresijos del Londres de Abajo, una realidad entretejida con alcantarillas, estaciones de metro y pozos olvidados bajo las calles de la ciudad, poblada por tribus diversas y medio enfrentadas entre sí, con peligros innombrables aguardando en cada esquina. El relato de este viaje es cien por cien Gaiman: colorista, entretenido, lleno de humor (¡cuidado con el espacio entre el tren y el andén!) y sátira al estilo de Terry Pratchett, llena de sabiduría vital. Y es un relato bien construido: si la estructura tiene ese aire clásico del héroe que viaja en busca de algo junto a sus amigos, perseguido por siniestros villanos, el detalle le da originalidad. Richard no es un héroe: su esperanza, acompañando a Lady Puerta, es encontrar el modo de volver a su antigua vida gris. Es cobarde e indeciso durante la mayor parte del libro, y cuando encuentra el coraje, se vuelve arrogante y problemático. ¿Lady Puerta? Es una niña en proceso de convertirse en adulta: impulsiva, a veces frágil, a veces dura como el diamante. Ella es quizás el personaje más neutro. El Marqués, un pícaro marchante de favores adicto a las tretas y al engaño: y la Cazadora, otra adicta, al asesinato de cuanta bestia extraordinaria se le pone por delante. Este grupo difícilmente cualifica como "tópico" dentro del género. Richard genera mucha empatía, la Cazadora, a mi personalmente, rechazo. Siempre me ha parecido que liquidar criaturas únicas, aunque sean terribles y antropófagas, es un aspecto triste de las novelas fantásticas. Con cada Smaug que muere el mundo —su mundo fantástico— se vuelve un poco más vulgar.


¿Y los secundarios? Croup y Vandemar son villanos también cien por cien Gaiman. Es decir, son implacables, casi invencibles, crueles, brutales y sin ningún rasgo redentor. Y a la vez encantadores, de un modo oscuro. Gaiman los pinta tan carismáticos como pintó al Corintio de Sandman. Son psicópatas, pero psicópatas que pueden caer bien. La población del submundo es igualmente carismática: el Viejo Bailey, el Conde, Anestesia, Lamia... Y las localizaciones, magníficas. Los emplazamientos del mercado (ese tipo de mercado que tanto le gusta a Gaiman, que aparece también en Stardust o Sandman: abigarrado, ruidoso, vendiendo prodigios al lado de porquerías. El legendario mercado de las hadas, el laberinto, la casa del Ángel Islington o, sobre todo, el Puente de la Noche: momento en que a uno se le ponen los pelos de punta por más veces que lo lea.

El final de Neverwhere llega de un modo un poco súbito, y se resuelve con más rapidez de lo que uno esperaba. Pasa lo mismo en muchas otras obras del autor. En El libro del cementerio (obra que me recuerda bastante a Neverwhere, por cierto) el final es igualmente abrupto: quizás para subrayar que, como suele decirse, lo que importa es el trayecto.

Y qué trayecto. Como en La historia interminable acabamos llenos de interrogantes que, quizás, sean historias para ser contadas en otra ocasión: ¿quienes son las Siete Hermanas, y por qué son tan temibles? ¿Qué pasa con los pastores de Shepherd's Bush? ¿Qué son y de dónde vienen las doradas? Si hay, como se sugiere, una subciudad similar bajo cada gran capital del mundo... ¿cómo son? A algunas preguntas Gaiman ya les ha dado respuesta: el Marqués recupera su abrigo en la historia que complementa la presente edición. A otras, dice que quizás les de respuesta pronto. En la introducción comenta que tiene ganas de darle una continuación a Neverwhere, y que podría girar precisamente en torno a las Siete Hermanas. Y que esta continuación, gran noticia, podría llegar pronto. De ser así, me lanzaré a por ella sin pensarlo un segundo. Así como otros universos de Gaiman me parecen más cerrados, muy satisfactorios pero autocontenidos en la novela que los presenta (Stardust, American Gods, El libro del cementerio) de Neverwhere y Sandman sí ansío saber más: sí deseo continuaciones, sagas enteras de ellas. Ojalá el próximo libro de Gaiman que reseñe se titule precisamente Las Siete Hermanas.


Mientras tanto, el valor de Neverwhere es indiscutible; y su influencia se deja notar en multitud de medios. Como decía, seguramente se la pueda considerar una de las obras pioneras de la hoy en día muy popular fantasía urbana. La inspiración quizás esté detrás de la celebrada serie de cómic de Straczynski, "Midnight Nation", la cual desarrolla una premisa muy similar, literal en algunos aspectos (la invisibilidad del marginal frente al ciudadano normal). Sin movernos del noveno arte, recomendar la adaptación de Neverwhere al cómic dentro de la línea Vertigo a cargo de Mike Carey (responsable, también dentro de Vertigo, de Lucifer) y Glenn Fabry (su diseño de personajes es algo discutible a veces, no me convence su Lady Puerta o su versión del ángel Islington; su Marqués de Carabás, por lo contrario, es excelente), pero la adaptación es bastante literal y merece la pena leerse. En literatura, Neverwhere parece la base sobre la que China Miéville ha escrito muchos de sus libros, desde Un Lun Dun y La estación de la calle Perdido a Kraken. Y es que han pasado muchos años desde Sandman y Neverwhere, pero Gaiman sigue demostrando dos cosas: que a diferencia de tantos otros, sabe seguir siendo relevante y que su obra sobrevive perfectamente al paso del tiempo.

Detalles de la edición
Roca Editorial, octubre de 2015
Tapa dura con sobrecubierta, 384 páginas. 19,90 € (disponible en electrónico)
Traducción de Mónica Faerna

noviembre 10, 2015y

9 de abril de 2015

Reseña: 'El libro del cementerio, vol. 2', de Neil Gaiman, P. Craig Russell y otros

Hace unos meses Roca Editorial nos traía el primer volumen de la adaptación al cómic de la exitosa novela de Neil Gaiman El libro del cementerio (que también había publicado antes). Dirigida por P. Craig Russell, archiconocido dibujante especialmente valorado por sus adaptaciones de Elric y de otras obras de Gaiman, la adaptación resultó ser un éxito que combino el talento de sus artistas con un guión sólido.

El primer volumen recogió la parte del libro en que el niño protagonista, Nadie, crecía. Es el lapso entre la infancia y la adolescencia temprana en que un héroe en potencia vive pequeñas aventuras iniciáticas que le enseñan algo sobre el mundo y forman su personalidad. En el cómic este período toma la forma de pequeños episodios autoconclusivos, sensación acentuada al encargar cada uno a un dibujante diferente.

En esta segunda –y última– entrega Nadie ya ha llegado a la etapa en que se considera más adulto que niño, un adolescente como suelen ser los de Gaiman: independiente, maduro para su edad, leal, imaginativo, curioso y con un fuerte sentido de la moralidad. Empieza a preguntarse acerca de su pasado y a plantearse su futuro. La historia de como llegó al cementerio y del hombre que asesinó a su familia, que hasta ahora era un hecho casi ajeno, la personaliza decidido a no dejar que se olvide, a investigar qué pasó exactamente y, sobre todo, por qué. Mientras tanto, como todo personaje que ha llevado una vida extraordinaria y particularmente llena de magia y emoción, Nadie ambiciona ser un chico normal y se inscribe en un instituto: sus encuentros con los matones locales son la otra línea argumental del segundo libro.


En una de estas resonancias marcadas por el destino, a la vez que Nadie se interesa por su pasado los actores que tomaron parte de aquella tragedia vuelven a entrar en la historia: el misterioso Señor J ronda el cementerio otra vez, y Nadie se reencuentra con viejos amigos de su infancia. Sus sobrenaturales tutores no estarán presentes para ayudarle, embarcados en una misión secreta cuya finalidad solo se revelará en las últimas páginas del cómic. A partir de este punto, el reencuentro entre dos amigos, las cosas se precipitan: Nadie y J estarán finalmente cara a cara para saldar las cuentas pendientes, y con la resolución final sabremos la respuesta a (casi) todas las preguntas.

Sobre este final, comentar un par de cosas (cuidado con algún spoiler): En primer lugar, no me acaba de convencer. Se suele decir que lo importante es el camino, y suelo estar de acuerdo. Pero la historia del Señor J me sabe a poco, y la explicación de la organización que tiene detrás y sus razones para querer a Nadie y a su familia muertos es un poco trillada. Me esperaba algo más cuando hablamos de un escritor de tanta solvencia como Gaiman, que si algún defecto tiene, sin duda no es la falta de imaginación u originalidad. En segundo, cuando los hechos se precipitan hacia el final, lo hacen hacia una resolución previsible: no hay demasiada sorpresa, ninguna revelación particularmente chocante. No hay que olvidar al fin y al cabo que El libro del cementerio es una novela de fantasía juvenil, y esto que a mi me parecen defectos, leídos por el público a quien va dirigida pueden ser virtudes.


Tanto el cómic como la novela, fantasía juvenil o no, me parecen obras muy disfrutables. El cómic es una lectura muy placentera, con un elenco de dibujantes perfecto, cuyo estilo casa perfectamente con el del guión. El lector adulto seguramente se fijará más en el contexto que en la historia: es un planteamiento muy atractivo el del cementerio arcaico donde se cría un niño cuyos tutores son fantasmas y vampiros, y donde no faltan las referencias a temas más oscuros.

Roca Editorial. Tapa dura con sobrecubierta, 176 páginas en color, 16,90 €.

abril 09, 2015y

5 de noviembre de 2014

Reseña: 'El libro del cementerio, vol. 1', de Neil Gaiman, P. Craig Russell y otros

La premiada novela de Neil Gaiman cobra vida en viñetas.

El libro del cementerio (The Graveyard Book) fue un éxito de ventas para Roca Editorial cuando lo publicó en 2009, nada sorprendente cuando lo firma alguien como Gaiman. Es del tipo de autores que aunque copiara un viejo listín telefónico lo vendería sin problemas. Lo que vende en estos casos es el nombre, el prestigio que lo acompaña. Pero cuando hablamos de Gaiman podemos estar tranquilos – uno de los poquísimos autores de lo fantástico que tienen esta consideración–: la calidad acompaña también.

En El libro del cementerio nos encontramos con otra de estas obras que tan bien se le dan al autor que se instaló para siempre en el panteón friki con Sandman. Últimamente ha escrito una recula de libros juveniles, muchos de los cuales publicados por Roca Editorial en España, pero a diferencia de otros libros dirigidos a este público, los de Gaiman son de los que uno disfruta tanto si los lee de niño como de adulto. Suelen enmarcarse en una versión peculiar del realismo fantástico donde los hechos fantasiosos conviven con la realidad sin colisionar: lo maravilloso encaja en lo corriente como, simplemente, otra cara de una misma moneda. Y es una ficción culta la que resulta de esta combinación, una que bebe de la infinidad de referentes que para cualquier lector que, desde pequeño, ha amado el género, son inevitables. Mitología clásica, mitos nórdicos, ciclo de Bretaña, leyendas urbanas, el cine de la Hammer, la literatura anglosajona de William Shakespeare a Michael Moorcock y J. R. R. Tolkien. Era de prever que una obra así, y viniendo de un autor tan vinculado al noveno arte, acabara adaptada al cómic, y quien mejor para ocuparse de ello que P. Craig Russell, quien ya había colaborado con Gaiman en Sandman o en la reciente adaptación de Coraline. Russell destaca por un dibujo claro y elaborado, con un estilo exuberante que lo hace especialmente adecuado para la fantasía –su trabajo con Elric: Portadora de Tormentas es impresionante, de lo mejor que se ha hecho con este personaje–. En la adaptación de El libro del cementerio comparte con otros artistas el ilustrado de cada capítulo, y pese a los diferentes estilos, logran un todo coherente y muy atractivo.


“P. Craig Russell es el ilustrador ideal para Gaiman”
La adaptación de la novela es literal y divide en historias autoconclusivas –ilustradas, como decía, por distintos artistas– el contenido de aproximadamente la mitad de la novela. Novela que es cien por cien Gaiman de cabo a rabo: empieza como un Harry Potter macabro cuando un siniestro desconocido invade un domicilio familiar, y tras asesinar (por razones que desconocemos) a padres y hermana, va a por el último miembro de la familia, un bebé que apenas ha aprendido a andar. Por suerte, el niño ya no está en la cuna: una fuerza le ha guiado fuera de la casa hasta un cercano cementerio abandonado. Allí sus fantasmales habitantes le acogen como a uno de los suyos, y Silas, un alto y oscuro personaje que también habita el camposanto, ahuyenta al asesino. El niño crecerá entre las tumbas de un cementerio idílico y antiquísimo, una arcadia británica atemporal donde él es, salvo algún visitante ocasional, el único mortal. Aprenderá a leer con las inscripciones de las lápidas, jugará dentro de los panteones y alrededor de los árboles que crecen en los osarios: ajeno al destino que, se intuye, le aguarda fuera de los muros de su microcosmos: ¿quién era el asesino de su familia original y qué motivó su crimen? ¿qué papel puede jugar él en el esquema que el criminal tuviera en mente? Entretanto, dejémonos llevar por el encanto de cuento clásico modernizado que tan bien se le da a Gaiman.

Este primer tomo es una delicia: y termina justo donde debe para dejarnos con ganas del segundo. Es imposible que pueda decepcionar a los que, como yo, disfrutaron de la novela; P. Craig Russell es el ilustrador ideal para Gaiman, encaja perfectamente el arte de uno con las tramas imaginativas y con tintes oscuros del otro. Dicho lo cual, he de admitir que normalmente solía pensar que las adaptaciones al cómic de libros (o viceversa) eran ejercicios innecesarios; una obra literaria, El libro del cementerio en el caso que nos ocupa, es una obra artística completa. Unas ilustraciones, una edición bonita la pueden hacer más agradable, o más atractiva, pero no la convertirán en una obra mejor ni más completa; del mismo modo, trasladarla a otro medio, en este caso al del cómic, me parecía un ejercicio innecesario por cuanto es la misma solo que presentada con otro envoltorio, pero era una visión muy simplista y una falta de respeto por mi parte al mundo del cómic.


El cine –que cuenta con una larga tradición de adaptaciones– no me parecía tan mal: todo el mundo disfruta al ver a sus personajes más queridos en la gran pantalla. Luego es fácil que la película en cuestión sea un bodrio, y uno puede incluso disfrutarlo más poniéndola a parir en foros y en charlas entre amigos, en infinitas discusiones acerca de en qué puntos es mejor el libro.

Con el cómic pasa un poco lo mismo; solo que allí donde en el cine intervienen demasiadas voces (director, actores, producción, presiones del estudio) y se hacen concesiones al gran público que al final distorsionan el producto y lo pueden pervertir, en un cómic se dispone de un poco más de libertad y el dibujante y/o el guionista pueden expresarse como crean adecuado. Y es aquí donde una adaptación al cómic aporta algo al que ha leído la novela: es la visión de otro fan que la ha amado, que la ha disfrutado tanto como uno mismo y te la presenta tal y como él la ve. Y por mucho que sea una adaptación literal, como es el caso, siempre se descubren aspectos que te habían pasado por alto, o escenas que en la versión novelada quedaban en segundo plano, en la ilustrada se presentan con mayor esplendor: el ojo del artista, del dibujante, los enriquece y nos ayuda a ver otras perspectivas.

En resumen, me ha gustado mucho este primer volumen de El libro del cementerio, y espero que Roca Editorial nos traiga pronto el segundo y último, y que en un futuro siga apostando por Gaiman.

EL LIBRO DEL CEMENTERIO
PRIMER VOLUMEN
Neil Gaiman / P. Craig Russell
Roca Editorial
192 págs. 16,90 €

noviembre 05, 2014y

29 de mayo de 2014

Reseña: «El océano al final del camino», de Neil Gaiman

El anhelo de la juventud perdida, los años dorados de la niñez, el mundo oculto paralelo al nuestro... Neil Gaiman deja su característica impronta en El océano al final del camino al sugerirnos desde una óptica nostálgica –aunque notablemente asombrada, como si lo que le ocurrió al protagonista siendo niño no fuese totalmente real– en una historia donde la magia existe, aunque está oculta a los ojos de las personas corrientes. ¿Significa eso que el protagonista ya adulto no es una personal normal cuando acude al estanque que hay cerca de donde vivió una vez? Esa y otras tantas dudas nos deja el escritor británico en su última novela: los recuerdos de la niñez a menudo son confusos, y el tiempo no da un momento de respiro.

No cabe duda de que El oceáno al final del camino es, como muchas otras del escritor, una novela de sensaciones. ¿Cómo sería una novela que no nos dejara algún tipo de sentimiento? Por un lado, tenemos la trama que toda narración debe tener, aquella en la que de algún modo da pie a un viaje iniciático (como le ocurre al protagonista de esta historia), cierto tipo de descubrimiento (el saber que el trío de extrañas personas, una mujer de mediana edad, una niña y una anciana, que vive en la casa del final del camino tiene un origen sobrenatural) y el desenlace en el que el cambio que sufre el protagonista a lo largo de su recorrido se haga palpable, de lo contrario estaríamos ante un personaje plano y sin sustancia alguna.

“La nostalgia como factor fundamental y el contraste entre el mundo de los niños y los adultos...”
Pero ese personaje de siete años y nombre indeterminado podría ser alguno de nosotros (o todos), ya que Gaiman juega a que los recuerdos vividos por el anónimo protagonista puedan ser los nuestros. De acuerdo, puede que de pequeños nunca hayamos tenido ninguna experiencia mágica o sobrenatural, pero sí alguna especialmente llamativa. Y ahí está la gracia de la novela, el hacernos recordar algún tipo de recuerdo, por ínfimo o lejano que sea, para provocarnos una sensación, una chispa en el cerebro que haga sincronizar nuestra mente con la del protagonista, pero también con el autor, ya que su intención última es la de ofrecer al lector algún tipo de conexión con su pasado, aunque El oceáno al final del camino retrate una experiencia concreta y que difícilmente será la de la mayoría. En el caso de no consiga conectar con el lector, podemos decir que la intención de la novela habrá fracasado al no encontrar resquicios por los que colarse dentro de cada uno de nosotros.


Gaiman sabe que provocando el recuerdo, la nostalgia y el sentimiento de que esos días no volverán –aunque seguramente sería algo deseable–, tendrá éxito en cualquier trabajo que se proponga. El autor es un experto a la hora de salir adelante con ese tipo de recursos literarios: lo hizo con El libro del cementerio y lo ha hecho también con innumerables relatos, aunque esto es sólo un ejemplo. El océano al final del camino posiblemente no sea su mejor novela porque tiene elementos tomados de aquí y de allá, como un poco de Coraline, un tanto de Stardust y otro tanto de aquel relato que el lector seguramente habrá leído tiempo atrás. En conjunto, El océano al final del camino es el desenlace de una carrera literaria que comenzó hace décadas, y que deja un sabor mucho más que aceptable en el lector. Es una novela enfocada desde un punto de vista juvenil pero sin perder la identidad de novela para adultos, quienes realmente disfrutarán más de ella. La nostalgia como factor fundamental y el contraste entre el mundo de los niños y los adultos, la manera en que cada uno ve las cosas de distinta manera: los primeros quizá sin traba alguna en su visión, y los segundos de una manera más realista y seguramente más subjetiva sin elementos añadidos. Ese contraste entre niños y adultos, mundo mágico y mundo real, es lo que caracteriza las creaciones de Neil Gaiman desde novelas como Neverwhere, Coraline o Interworld. ¿Todo lo que relata el protagonista ocurrió alguna vez? ¿O por el contrario fue todo fruto de su infantil imaginación? La respuesta está en el estanque, el que está al final del camino.


Información adicional
Editado por Roca Editorial en octubre de 2013.
Rústica con solapas, 240 págs, 17,90 €. Disponible en ebook
Traducido por Mónica Faerna.
Lectura independiente.
Nuestra valoración: 

mayo 29, 2014y

7 de mayo de 2014

'El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre', diversión asegurada

Las estrafalarias aventuras de un padre que parte en busca de una botella de leche para sus hijos es la excusa perfecta para una historia divertida, cargada de sorpresas y con un aspecto visual sorprendente.


El escritor británico no deja de sorprendernos con cada historia surgida de su pluma. Neil Gaiman es capaz de transportarnos desde el submundo poblado de una urbe hasta el mundo de los sueños, todo ello sin despeinarse, pero también es capaz de deleitarnos con historias que en un principio parecen no tener especial transcendencia, aunque más tarde caigamos en la cuenta de que el gusto por el entretenimiento puro y duro es lo que hace funcionar dichos cuentos. Ese es el caso de El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre, o como se titula en inglés: Fortunately, the Milk ("Afortunadamente, la leche").

El galáctico, pirático y alienígena es una historia sencilla donde las haya, sin demasiadas lecturas más allá del gusto de la lectura per se —como decía más arriba—, pero gracias a que proviene de un autor como Gaiman es de esperar que posea elementos rocambolescos y giros argumentales inesperados —aún tratándose de una historia tan corta, muy ilustrada ycon pocas letras por página—. Si a eso le añadimos las geniales ilustraciones de Skottie Young, artista al que sigo la pista tras su maravillosa aportación al mundo de Oz para la adaptación en cómic de Eric Shanower, obtenemos un recomendable título para todos los públicos que además es una auténtica "cucada" por aquello de su pequeño tamaño, lo deliciosas que resultan las divertidas y estrambóticas ilustraciones de Young, y la forma en que estas se amoldan al texto creando una simbiosis tremendamente atractiva. Ese apartado artístico es el alma de la fiesta del libro, y sin ellas no habría historia, porque Gaiman lo ha escrito pensando en que tuviera muchos dibujos, así de sencillo.

Roca Editorial ha hecho bien publicando la edición americana de Fortunately, the Milk porque, sinceramente, la versión inglesa con las ilustraciones de Chris Riddell —aunque me gusta mucho en El libro del cementerio y en la nueva edición de Coraline, todavía inédita en español—, no me parece tan refrescante y dinámico como Skottie Young a la hora de plasmar los personajes y situaciones de El galáctico, pirático y alienígena. Por poner un ejemplo, el estegosaurio de Young me parece, con diferencia, visualmente más gracioso que el de Ridell.


Nadie duda de que El galáctico, pirático y alienígena tenga una historia tan simple como el mecanismo de un botijo, pero por culpa de su premisa, el precio del libro, la maquetación y el diseño hacen que sea una compra indispensable para todo gaimaníaco que se precie de serlo. Lo curioso de todo es que además hay dos tipos de público que verán el libro con diferentes ojos, dependiendo de la franja de edad.

El libro para mentes jóvenes

Es el público objetivo al que se dirige el libro. Es innegable que Neil Gaiman sabe describir situaciones de horror y fantasía por igual, aunque también brilla en los relatos infantiles, y como muestra está El galáctico, pirático y alienígena. No es sólo una historia que se adapta perfectamente bien a las exigencias lectoras de los más pequeños de la casa, sino que además estos se asombrarán especialmente con los giros que da la trama gracias a los extravagantes personajes e inverosímiles situaciones que trufan todo el relato. Basta con ver las primeras páginas para caer rendidos a sus pies. El cuento perfecto para irse a la cama.


El libro según los adultos

¿Quién dijo aquello de que las películas de dibujos o los libros para niños son solo disfrutables por los más pequeños? O no tuvo infancia o vive en una perpetua amargura. El galáctico, pirático y alienígena no tiene por qué enfocarse únicamente a determinada franja de edad, sino que los más mayores también pueden disfrutarlo. Que levante la mano cuántos de vosotros tenéis en vuestra casa libros infantiles o juveniles que habéis adquirido porque os han llamado poderosamente la atención en la librería. El caso de este libro es exactamente el mismo, porque si te gusta el arte de Skottie Young no sé que haces que no sales corriendo a comprar el libro de Gaiman.


La mezcla entre texto e imagen y las sorpresas visuales con cada giro de página, lo convierten en uno de esos libros que no querrás esconder cuando viajes leer en el tren o el autobús porque llame la atención como un golosina a la puerta de una guardería. Si además te pirran los cómics, aquí también hay un pequeño reducto a tener en cuenta, tanto por escritor como por ilustrador, ya que ambos vienen de ese mundo. Por último, decir que lo más importante de El galáctico, pirático y alienígena es que no insulta a la inteligencia del lector en ninguna franja de edad.


Esta novela fue publicada por Roca Editorial en marzo de 2014 y traducida por Mónica Faerna. Está editada en tapa dura con sobrecubierta, tiene 160 páginas y un precio de 10,90 doblones (no disponible en digital). Es de lectura independiente.

mayo 07, 2014y

4 de diciembre de 2010

Reseña: «El cementerio sin lápidas y otras historias negras», de Neil Gaiman

El cementerio sin lápidas y otras historias negras es un conjunto de relatos que ya han sido publicados previamente en las antologías Objetos frágiles (Roca Editorial, 2008) y en Humo y espejos (Norma Editorial, 1999), por lo que para todos aquellos que ya hayan leído dichas antologías, poco van a encontrar de nuevo en este último libro. Salvo tres de las piezas incluidas, que son “Cómo vender el puente de Ponti”, “El caso de los veinticuatro mirlos”, y “La lápida de la bruja”, además de un fragmento de la novela El libro del cementerio (podéis leer aquí una reseña) que sirve aquí como relato corto de forma independiente, quizá para darnos apetito para leer la obra al completo o simplemente como curiosidad.

Si ya leíste las antologías anteriormente citadas, El cementerio sin lápidas y otras historias negras posiblemente sea una adición muy pobre a tu biblioteca gaimainiana (a no ser que seas un completista), pero si no has leído ninguna de ellas, se trata de un libro altamente recomendable, de prosa exquisita y muy imaginativo. Neil Gaiman es un maestro que domina muy bien la narración corta, demostrándolo en este pequeño libro.

¿Qué más se puede decir del libro –gracias a esa portada que recuerda mucho al póster de una película de Tim Burton– que no se sepa a primera vista? El contenido del libro es netamente fantástico, Gaiman se desenvuelve perfectamente en todos estos relatos incluidos, puras golosinas que nos darán algo en lo que pensar durante unos cuantos días y a los que querremos regresar en alguna que otra futura ocasión. Los géneros son diversos, desde una historia de detectives en “El caso de los veinticuatro mirlos”, donde se hace un repaso a montones de fábulas y personajes de los cuentos (aunque en conjunto resulta algo forzado), pasando por el terror como en “El precio” (cuyo protagonista es un felino) o “El puente del trol”, aunque en este último, más que horror es una reflexión sobre los sentimientos y la madurez del ser humano. Tampoco deja de lado los cuentos de hadas de fantasía como en “Caballería”, donde el caballero Galahad trata de recuperar el Santo Grial de manos de una anciana que acaba de comprarlo en un rastrillo, o “El pájaro del sol”, donde un selecto grupo de degustadores culinarios, el Club Epicúreo, ya aburridos de haber probado todo en este mundo, se lanzarán a un reto tal como probar un plato verdaderamente peculiar.

De toda la muestra de relatos, sería difícil elegir los que más me han gustado, pero entre ellos estarían “El puente del trol”, “El pájaro del sol”, “Caballería” y “La presidencia de Octubre”. Los motivos son diversos, uno de ellos es el de la innovación y la sorpresa en cada una de las narraciones, dan ganas de volverlos a leer, aunque cada lector tendrá sus favoritos. Como digo, es un libro que merece mucho la pena si los relatos no los hemos leído ya previamente en otras antologías, pero el aficionado sabrá si desea invertir su dinero en una nueva antología de Neil Gaiman por tan sólo dos relatos no publicados previamente de los once en total que vienen en el libro. Una lectura rápida, ágil, que dan ganas de pasar páginas sin parar, hasta llegar a la resolución del relato, que suele ser sorprendente y fresca.

El título de la antología en su versión original, M Is for Magic, es un homenaje directo a dos de las antologías de Ray Bradbury: R Is for Rocket, y S Is for Space. Tal es el homenaje, que hasta uno de los relatos está dedicado al autor; descubrid cuál antes de conocer la dedicatoria final. Si habéis leído cierta novela de Bradbury lo sabréis en cuanto lleguéis a las páginas finales del relato. La portada original del gato mirando a la luna en cuarto menguante se ha sustituido por un niño en la cima de una colina, donde hay un árbol de sombras algo perturbadoras que da paso a la verja de un cementerio. Decisión editorial que en este caso me parece acertada, y que llamará la atención a más de uno. Sobre la publicación como libro juvenil ya es otra cuestión, porque aunque es cierto que los relatos son para todos los públicos, no tienen porqué estar dirigidos a uno exclusivamente joven, yo diría más bien tirando hacia lo adulto, pero quizá de esta manera llegue a más gente.

Información adicional

Fantasía Literatura Antología

El cementerio sin lápidas y otras historias negras.
(M Is for Magic).
Traducción de Mónica Faerna.
Roca Editorial, septiembre de 2010.
214 páginas.
Disponible en ebook.
16 € (tapa dura con sobrecubierta), 4,49 € (electrónico).
Lectura independiente.

diciembre 04, 2010y

16 de diciembre de 2009

Reseña: 'El libro del cementerio' de Neil Gaiman

Estamos ante la última novela del prestigioso escritor inglés Neil Gaiman, ganador de un montón de premios, renombrado sobre todo por el mundo del cómic, por el que se conoce como el creador de series como "Sandman" o "Los libros de la magia" (uno de los muchos precedentes de Harry Potter, sin ir más lejos); pero Gaiman también es prosista, y ha escrito ya unas cuantas novelas y libros de relatos que están a medio camino entre lo terrorífico, lo onírico y lo sobrenatural.

Es uno de esos autores cuyo género es muy a menudo inclasificable (salvo casos evidentes como Stardust), una mezcla de todo, dando como resultado un encanto especial que atrapa y te engulle con cada una de sus lecturas. El libro del cementerio no es una excepción. La novela ha sido premiada con un Hugo este año, además de concederle a Gaiman una Medalla Newbery, el más prestigioso galardón de la literatura juvenil estadounidense. Personalmente, la novela bien lo merece, dando un paseo por muchos elementos del imaginario del género de terror, entre lo fantástico y lo terrorífico, tal es el ambiente que se respira entre sus páginas y las vívidas descripciones.

Si juntáramos El libro de la selva con las historias de fantasmas saldría El libro del cementerio. Como homenaje a la obra de Rudyard Kipling que es, encontramos muchas similitudes con el clásico en conceptos de personajes y de situaciones tales como la adopción y la convivencia en un entorno totalmente ajeno a la naturaleza humana, aunque ambas obras sean sustancialmente distintas. Esta historia nos cuenta la vida de Nadie Owens (Nobody Owens en el original), llamado así por sus progenitores, un niño criado desde bebé en el antiguo cementerio de una ciudad inglesa. La familia del niño fue asesinada hace muchos años cuando él aún dormía en la cuna, por un hombre llamado Jack y del que apenas tenemos información. En la fátidica noche en que ocurrió esto, el bebé fue a parar al viejo cementerio por su propio pie, donde una pareja de fantasmas victorianos (los Owens), se hicieron cargo de él, engañando junto a Silas (el guardián del cementerio) al hombre de negro que asesinó a la familia de Nadie. Pero el tiempo transcurre y los hombres malos no olvidan. Esta es la premisa inicial, y en un principio choca que un libro juvenil tenga un comienzo tan brutal e impactante, dándonos ya un ejemplo del tono de la novela, de muerte y melancolía, incluso macabro, no por nada todo está ambientado en un cementerio poblado por fantasmas y gente fallecida hace tanto tiempo.

Ghouls... nada bueno pueden tramar, y Nadie lo sabe.

Es interesante la cantidad de cosas que pueden suceder en un cementerio. En él, Nadie Owens es educado por sus fantasmales progenitores en todo tipo de tareas que puedan serle de utilidad en un futuro o durante su estancia allí. Nadie aprende matemáticas, a leer tomando como ejemplo los epitafios de las tumbas, cosas mundanas que cualquier chico de su edad podría aprender en un colegio, pero al mismo tiempo se le enseña habilidades propias de los fantasmas, como desvanecerse en las sombras, ver en la penumbra, atravesar paredes y varias cosas más, capacidades que no son propias de los seres humanos, teniendo mayor o menor éxito. Pero es que Nadie vive en un cementerio, sus padres adoptivos son fantasmas victorianos y hace tiempo se le concedió la Libertad del Cementerio, título que le confiere el poder de ir al lugar que le plazca dentro del antiguo recinto, además de ver y comunicarse con todos los espíritus que ahí moran. Y debido a esto, una de las bases de la novela son las aventuras que vive Nadie en el cementerio, donde se relaciona con sus diferentes habitantes, esperpénticos muchos de ellos, todos conocidos suyos, algunos datando de eras pretéritas, incluso anteriores a la fundación de Inglaterra. Como digo, estas aventuras divididas por capítulos en la estructura del libro, son una de las bases del libro, donde además tienen lugar sucesos y encuentros de índole extraña (incluso se visita otra dimensión), en el que aparecen seres que no pertenecen a este mundo, como ghouls, licántropos o el misterioso guardián de la cripta. Incluso tenemos objetos supuestamente mágicos. Ni que decir tiene que todos estos elementos tendrán una función determinada en la historia principal.

¿Cuáles serán las siniestras y ocultas intenciones de los hombres de negro, los Jack?

La ambientación sin duda es lo mejor de la novela. En mi opinión, los mundos creados por Gaiman han hecho que muchas veces los relacione inmediatamente con el imaginario fantástico establecido por el director de cine Tim Burton en muchas de sus películas (la que más, La novia cadáver), por lo que bien podrían darse la mano. El punto macabro, trágico, gótico y melancólico, sobrenatural y de muerte que rodea a El libro del cementerio es una constante que tendremos presente de principio a fin. Nadie vive en un mundo en el que todo el mundo dejó atrás su vida pasada, un mundo en el que la relación con los vivos es ínfima, ya que entre otras cosas, el cementerio, convertido en una especie de reserva natural, fue cayendo poco a poco en desuso y muy pocas personas suben ya la colina que lleva hasta él para pasar allí la mañana o simplemente sentarse en un banco a leer un libro. Esa aura de tristeza está muy conseguida, y el contraste entre el mundo de los vivos y de los muertos es todo lo contrario a lo que cabría esperar. El cementerio transmite seguridad, ya que es donde vive Nadie desde bebé, el lugar que le protege del asesino de su familia, que de seguro sigue buscándole. Una comunidad de fantasmas donde todos se ayudan entre sí en un acto de camaradería pues es lo único que les queda. Por el contrario, el exterior, donde viven los demás mundanos, se nos presenta como un lugar peligroso y frío, donde nadie es de fiar y la amenaza acecha en cualquier esquina. Sin ir más lejos, se tiene la sospecha de que Nadie sigue en la lista del asesino de su familia, por eso es tan peligroso el mundanal exterior. Y así, las pocas veces en que Nadie abandona el cementerio, ocurrirá algo inesperado y generalmente dañino, pero la suerte y sus habilidades fantasmales le salvarán en más de una ocasión. Sólo en una de ellas asistimos a una plena comunión entre el ser humano y los fantasmas, una en la que todos bailan y al parecer es una tradición que se remonta a tiempos muy lejanos pero que nadie recuerda, sólo los muertos porque su memoria es imperecedera.

Perfectamente construida, la novela es una delicia para los sentidos en todos los aspectos posibles, con buenas enseñanzas que darán ejemplo a los más jóvenes y harán pensar a su vez a los mayores. A Gaiman se le ve a menudo como un ejemplificador de la estructura establecida por Josephh Campbell en el ensayo conocido como El héroe de las mil caras, pero más que escribir para ser analizado por este patrón, Gaiman simplemente escribe y lo otro vendrá sólo si no hay más remedio. Es la historia y la tradición humana de contar historias lo que importa. El libro del cementerio se nos presenta como una novela con pleno derecho de haber ganado los premios que ha recibido y es un caldo de cultivo perfecto para una inminente adaptación cinematográfica (como ocurre con Coraline, también del mismo autor y que recomiendo a su vez), una película que ya está en proyecto. Como novela me ha atrapado y me ha hecho soltar una lágrima al final, hecho que desencadena esa tristeza melancólica que rodea toda la atmósfera de la obra, del cementerio, de sus insustanciales habitantes, aunque no falte el humor, pero en menores dosis. Personajes entrañables y que no se olvidan, como la familia adoptiva de Nadie, la bruja que vive en la parte pobre y sin consagrar del cementerio, o Silas, encargado de la seguridad y alimentación del niño, a medio camino entre los vivos y los muertos. Pero Nadie es pequeño, curioso y humano, y algún día crecerá, algo que nadie podrá remediar de ninguna de las maneras...

La primera edición de la novela está ilustrada por Chris Riddell, quien ha proporcionado una imagen a cada inicio de capítulo. La primera edición española se corresponde con la edición inglesa, más juvenil. La americana posee dibujos de Dave McKean, de corte un tanto más siniestros, la cual también ha sido reeditada en castellano tanto en formato rústica con solapas como en bolsillo.

Información adicional

Fantasía Literatura juvenil Novela

El libro del cementerio
(The Graveyard Book).
Traducción de Mónica Faerna.
Roca Editorial, octubre de 2009 (primera edición).
304 páginas (tapa dura con sobrecubierta), 256 páginas (bolsillo, rústica con solapas).
No disponible en ebook.
17 € (tapa dura con sobrecubierta y rústica con solapas), 7,95 € (bolsillo).
Lectura independiente.

diciembre 16, 2009y


 

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