El final de la trilogía El Hobbit está aquí y decepciona por su propuesta demasiado ruidosa y algo vacía de contenido.
¿Por dónde empiezo? El estreno de
El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos no me deparaba un entretenimiento seguro después del agridulce sabor que me dejó
La desolación de Smaug, pero todo era probar suerte una vez más. La lista de cosas negativas que podría decir del final de la trilogía de Peter Jackson sobre
El Hobbit es enorme, pero por razones de espacio no puedo decirlas todas. Lo que sí quiero hacer antes que nada es dejar clara una cosa: la Tierra Media es uno de mis mundos de fantasía predilectos, y en ningún momento trato de comparar la obra de Tolkien con la adaptación que ha hecho Peter Jackson, es decir, trato de separar libro y película como entes independientes, aunque la comparativa se tiene que hacer en algún momento. Por eso con esta única línea me sirve:
como adaptación La Batalla de los Cinco Ejércitos es la peor película de las seis que se han hecho sobre la Tierra Media. Pero es que como película independiente ajena al universo de Tolkien es un fiasco: carente de ritmo y lógica interna.
La Batalla de los Cinco Ejércitos empieza francamente bien, justo donde lo dejó
La desolación de Smaug, con un dragón terriblemente enfurecido que se dirige a la Ciudad del Lago para terminar con ella mediante el fuego, y tras el espectacular momento lleno de terror, comienza un declive constante que termina a las dos horas y media.
La épica y espectacularidad que Peter Jackson debería haber insuflado a la cinta no hace sino destacar por su ausencia, como si el director estuviera demasiado cansado tras un tremendo recorrido por la Tierra Media. Estamos, pues, ante una épica de principiante, para nada al mismo nivel que las que sí se mostraron en la trilogía de
El Señor de los Anillos, gracias sobre todo a que la banda sonora de Howard Shore estaba mucho más inspirada por aquel entonces.
No es un secreto el que muchos aficionados a la obra de Tolkien opinen que las películas deberían haberse reducido a dos, ahorrándonos de esa forma una gran cantidad de escenas que en nada contribuyen al desarrollo general de la trama, sino todo lo contrario: la entorpecen. La parte disfrutable, la de verdad, que ofrece
La Batalla de los Cinco Ejércitos, no es sino un pequeño conjunto que con un poco de tijera en la sala de montaje se podría haber pegado directamente en
La desolación de Smaug y aquí no habría pasado nada.
Lo positivo de la cinta
Está claro que algo debe tener la película para que guste entre el público, y por supuesto les doy la razón a la hora de alabar aspectos como los efectos especiales –no todos, como veremos en el apartado de las cualidades negativas–, la construcción de escenarios, el vestuario, el sonido o la interpretación de actores como Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage, Lee Pace o Ken Stott. Por supuesto,
estamos ante el final de una trilogía, y si queremos saber como acaba –en caso de no haber leído la novela– es de obligado visionado. La película gustará más que a nadie a los que disfrutaron con las dos primeras entregas y busquen más de lo mismo.
Hacia donde sí tengo que romper una lanza a favor de
La Batalla de los Cinco Ejércitos es para el aspecto interpretativo y los momentos que realmente valen la pena: son unos cuantos, y aunque no consiguen subir la calidad de la cinta, por separado brillan con luz propia, en especial los protagonizados por Thorin Escudo de Roble y su maldición familiar, el dragón Smaug o Bilbo Bolsón, por no decir las aventuras de Gandalf en solitario en Dol Guldur, y que aquí me parecen escasas y con demasiados personajes que únicamente aparecen por mero lucimiento para que el espectador poco atento los relacione con las películas originales –oh, ya hablamos de
El Señor de los Anillos como la trilogía clásica de
Star Wars–.
Queda muy bien reflejada, a su vez, la condición del héroe improbable y el cambio paulatino que sufre frente a un objeto mágico de gran poder cuyas implicaciones desconoce, tema que lleva dándose en la saga desde
La comunidad del anillo. y que encontramos en la figura de Bilbo Bolsón, ese pequeño saqueador que no quería abandonar la Comarca y que termina viajando hacia la Montaña Solitaria.
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Lo no tan positivo: demasiado para contarlo
La Batalla de los Cinco Ejércitos tiene una excesiva cantidad de puntos negativos para mi gusto, tantos que he tenido que reducir considerablemente la lista.
Esta amalgama de disparates no hacen sino evidenciar la poca lógica interna de los creadores de la cinta respecto a la Tierra Media de Tolkien, el cual es un universo de magia, criaturas, villanos y héroes no exento de leyes físicas y de ciertas limitaciones (sobre todo en lo que se refiere a lo que los personajes pueden o no hacer).
Dudoso respeto hacia la obra de Tolkien. Esta no es una declaración de un hincha del profesor de Oxford ni mucho menos –por suerte, nunca he sido hincha de nada–, sino simplemente una obviedad. En el caso de que Peter Jackson y el resto del equipo fuesen admiradores de la obra de Tolkien habrían mantenido incólumes determinados elementos propios de la novela sin añadir otros por el camino. Es cierto,
la batalla tal cual la narra Tolkien debe precisar algunas modificaciones para ser adaptada a la gran pantalla, pero Jackson y cía han excedido la dosis y
lo añadido de su propia cosecha es pobre en argumentos y en espectacularidad, con una fórmula gastada que ni funciona ni sorprende ya. ¿Dónde está la interpretación inteligente de una obra? Aquí no, desde luego.
El director consigue diluir la esencia de la novela. Hemos de reconocer que diluir la esencia de algo es una tarea bastante difícil: es como tratar de sacar un 0 en un examen escribiendo acertadamente. Pero Peter Jackson lo consigue y
no solo rebaja la aparición de personajes concretos en los momentos álgidos, sino que hace que otros que ni siquiera deberían tener su momento terminan teniéndolo de todas formas. Es más, la carencia de toda lógica es aún más evidente cuando vemos a magos ancianos y medianos carentes de habilidad guerrera en mitad de una batalla cuando su muerte puede significar el cambio total en la historia que viene a continuación.
El final no es tan emotivo como pensábamos. Es una pena, pero el final de
El Hobbit no tiene tanto sentimiento como pudiéramos creer en un primer momento,
de hecho es bastante flojo. No sé la razón exacta, pero la historia de Bilbo Bolsón debería estar cargada de tristeza por los momentos vividos que ya no volverán, de un anhelo por los compañeros que quizá jamás vuelvas a ver. Esos sentimientos quedaron mejor reflejados cuando la compañía de enanos se marcha sin Bilbo en
Un viaje inesperado que en el final de
La Batalla de los Cinco Ejércitos. ¡Debería ser justo lo contrario! La única explicación posible es que esos sentimientos se han desvanecido como por arte de magia porque a alguien se le ocurrió enganchar el final de la cinta directamente con
La comunidad del anillo, una continuidad totalmente innecesaria, barata y artificiosa.
Una trama aburrida. Ya lo he dicho más arriba, los únicos momentos verdaderamente interesantes son los protagonizados por Smaug, Thorin, Bilbo y Gandalf, el resto es mera distracción de lo que verdaderamente importa:
ni los hijos de Bardo, ni las tonterías de Alfrid ni los problemas familiares de Legolas deberían interesarle al espectador. Es tratar de darle una importancia que no la tiene a detalles nimios que no sirven al propósito de la historia y evidencian su propósito de rellenar metraje. ¿Es que no hemos ido a ver una batalla de dos horas?
Peter Jackson no es un buen narrador de batallas. Es un hecho, la habilidad de Peter Jackson para contarnos el devenir de una batalla es totalmente nula. Lo demostró en
Las dos torres, cortando las secuencias bélicas cada dos por tres, y casi da al traste con la batalla de Minas Tirith en
El retorno del rey, aunque fue un derroche de épica desde principio a fin (nada que ver con
La Batalla de los Cinco Ejércitos).
Esta batalla debería haber sido como un chasquido de dedos: un conflicto rápido, directo y sin interrupciones, que cree tensión en el espectador y no le aburra en mitad del conflicto intercalándolo con venganzas y rencillas personales de los personajes. Lamentablemente, no lo ha sido.
El canon sigue ahí, pero no es lo mismo. El canon de la obra de Tolkien se tiene que respetar sí o sí, pero parece que a Peter Jackson y cía eso no les basta y tienen que liar las cosas un poco más cada vez, inventando situaciones sacadas de la chistera que no funcionan y chocan con lo que escribió Tolkien. Lo que sí está claro es que el resultado de la novela tiene que ser el mismo (X muerto, Y con la mano amputada, Z en las tierras misteriosas del norte, etcétera), aunque los medios para llegar a él se distancien demasiado de la obra original. Por ejemplo Azog y su hijo Bolgo: ¿adivináis quién muere a manos de quién?.
No hay huargos en la batalla, pero sí trolls. El ejército compuesto por trasgos y huargos fue uno de los que pelearon a los pies de Erebor contra Humanos, Enanos y Elfos, pero por razones que solo el destino conoce han desaparecido los lobos gigantes y ahora solo hay trasgos, orcos, trolls y hasta «monturas cabra» (parecen sacadas directamente del videojuego
World of Warcraft). ¿Por qué no usar fieras monturas en la batalla cuando está claro que otorgan una gran ventaja militar? Y más teniendo en cuenta que no han dejado de aparecen huargos en las otras cinco películas de la saga.
¿Y la Piedra del Arca?. El objeto por el que hay una batalla y que hace perder la cabeza a Thorin termina olvidándose completamente. ¿Ya estamos guardando escenas para la versión extendida en DVD y Blu-ray, señor Jackson?
El momento Dune. ¿Desde cuándo hay gusanos gigantes come-tierra en la Tierra Media? Quizá los hay en algún lugar ultrarecóndito del mundo, pero no hacía falta mostrarlos. Con este tipo de recursos lo único que se consigue es que nos hagamos preguntas sobre lo que pasaría si, por ejemplo, esos gusanos fuesen usados para otros fines, como penetrar en la fortaleza de los enanos, por ejemplo, o acabar con los ejércitos enemigos devorándolos desde abajo.
El orco delfín. Sabréis a qué me refiero si habéis visto la película: propulsarse desde el hielo a esa velocidad y desde una posición horizontal contraviene todas las leyes de la física.
Los momentos deus ex machina. Este tipo de situaciones chocan demasiado con la lógica impuesta por la conciencia del espectador y aunque en algunas ocasiones no llega a conseguir sacarle de la acción, sí le deja un regusto «extraño», como si supiera que algo falla.
Se nota demasiado el ordenador. Es sorprendente, pero podemos esperar una perfección absoluta de una película que ha costado tantos millones de dólares, o por lo menos algo que se le acerque.
No deja de sorprender que haya momentos hechos por ordenador absolutamente ridículos y que parecen trabajos por un aficionado a la animación CGI. Momentos donde se nota una barbaridad que no se trata de actores reales, o donde incluso se aprecian fallos técnicos dignos de cualquier amateur que acaba de hacer sus pinitos en el mundo del cine digital.
La falsa épica o la épica de segunda mano
Creo que todos nos podemos hacer una idea de lo mucho que gusta en el cine comercial de la última década la aparición de escenas que dicen ser épicas, pero son tan artificiales que no consiguen llegarte al corazón y producen un efecto totalmente contrario: rechazo hasta el punto de la vergüenza ajena. En el caso de
La Batalla de los Cinco Ejércitos no dejan de sucederse una tras otra situaciones que los que amamos la fantasía por encima de otros géneros nos resultan chirriantes y hasta ridículas. Situaciones que dicen resaltar valores propios de los héroes y las gestas míticas, pero no es así.
Es el caso de las ya tradicionales escenas de acción diseñadas específicamente para personajes como Legolas. El elfo hijo del rey de los elfos silvanos asombró a todo el mundo cuando él solo podía terminar con un olifante y toda su dotación en
El retorno del rey, se deslizaba por una escalera a bordo de un escudo mientras disparaba flechas en
Las dos torres –el escudo terminaba clavado en el pecho de un fornido uruk-hai, por cierto–, o le vacilaba a un troll en Moria subiendo encima de su cabeza –reconozco que eso hasta queda bien–. Proezas que han ido en aumento gracias a su total carencia de lógica interna.
La Batalla de los Cinco Ejércitos no está exenta de ellas, ¿o es que alguien pensaba que el bueno de Legolas no tendría momentos de lucimiento? Pues aquí los hay y en una cantidad exageradamente grande y que rompen la verosimilitud del argumento y el ritmo narrativo.
¿Y qué es eso de la falsa épica o la épica de segunda mano? Es, ni más ni menos, que
destruir los supuestos lucimientos que podrían llegar a tener determinados personajes en momentos concretos de la historia, pero que debido a una falta de habilidad de los creadores de la película esos momentos no llegando jamás y terminan siendo escenas de pelea extrema, con cuanto más ruido y efectos especiales mejor, para aturdir al espectador. Los ejemplos más evidentes en
La Batalla de los Cinco Ejércitos se dan cuando aparecen personajes que salvan la escena y que Tolkien nos los describe en la novela como los portadores de esperanza, pero que sin embargo Peter Jackson y compañía han destruido –para más información, leer el artículo
El Hobbit: Quién es quién en la Batalla de los Cinco Ejércitos–.
En el caso de esta película, parece que faltaba tiempo y que los productores, guionistas y directores no podían encajar bien determinados personajes, tanto espacio de reloj se han comido otros totalmente innecesarios como Alfrid, el lacayo del gobernador de Ciudad del Lago. ¿De verdad a alguien le importa lo más mínimo ese personaje? Querían una réplica del Grima de
Las dos torres y les ha salido rana. Lo mismo puede decirse de otras situaciones, cuyo paralelismo con la trilogía original de películas –dios, otra vez– es demasiado obvio, como si el espectador fuese tonto y no supiera enganchar la trama de la siguiente sin tantos puntos de conexión. De acuerdo, Peter Jackson quería en su currículum dos trilogías de películas relacionadas entre sí.
AVISO DE SPOILER. Beorn es otro de los personajes más maltratados de la novela: es cierto que solo aparece en momentos puntuales, pero su participación en la batalla debería haber sido todo lo grandiosa que merece, no un mero parche que te diga «eh, este tío salía en la peli anterior y tenía muy mala leche; seguro que mata orcos a montones».
Resumiendo: Mucho ruido y pocas nueces, demasiado artificio, demasiada demostración de habilidad con la espada –ni Thranduil se salva–, demasiados saltos acrobáticos y demasiada exhibición de talentos.
Conclusión: El viaje por la Tierra Media ha terminado
El estreno de la
El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos era uno de los más esperados del año, pero las críticas de la cinta se reparten entre los habituales de las películas de Peter Jackson y los que sí lo son pero buscaban algo más en relación a la obra de Tolkien. En mi opinión,
como adaptación es un fracaso, y aunque no estamos ante una de las peores películas del año, poco le falta. Tiene momentos muy buenos, pero posee el mismo problema de desequilibrio que cintas como
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: las buenas escenas no salvan la cinta y se quedan como islas diminutas en un mar enorme. Lejos quedaron las excelsas adaptaciones de los libros de Harry Potter, otra de las sagas literarias de fantasía de la pasada década.
Un viaje inesperado es sin duda la mejor de la trilogía con diferencia, y pese a determinadas licencias, como adaptación y película supera con mucho a las dos siguientes –aunque sigue estando muy por debajo de
La comunidad del anillo–. En cualquier caso,
una vez vistas las dos primeras entregas no podíamos esperar nada diferente de la conclusión de la trilogía.
Siento lástima porque deseaba con todas mis fuerzas que esta película me hiciese ser parte de la Tierra Media, pero Peter Jackson y su equipo no lo han conseguido. Quería una buena película, que Tolkien se hiciese notar en cada fotograma, pero en ningún momento he logrado conectar con la oferta que me han hecho y me he sentido demasiado alejado de ella. Lo que ahora mismo me ronda por la cabeza es que a lo mejor estas películas no están hechas para mí.
Lo mejor de El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es su espectacular comienzo y "The Last Goodbye", la canción de Billy Boyd para los créditos finales que sí consigue transmitir el sentimiento de pérdida y añoranza que le falta al final de la película propiamente dicha. Por lo demás, parece que esta ha sido la última película de Peter Jackson sobre la Tierra Media, aunque se rumorea que amenaza con volver a ella.