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Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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10 de marzo de 2018

‘Paper Girls, vol. 1’ de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang, ‘Stranger Things’ se encuentra con ‘Paper Boy’


Los ochenta se han puesto de moda. Esos nostálgicos años han impregnado ciertos sectores de la cultura de consumo diario, es decir, el cine, la televisión, los videojuegos, el cómic y la literatura. No ha sido una suplantación total ni mucho menos —no como la del agente Smith en Matrix— sino que se ha ido dejando ver poco a poco y ciertas obras han destacado más que el resto llamando poderosamente la atención del espectador o el lector con sus numerosas referencias y alusiones. Es el caso de la novela Ready Player One — algunas series de animación como Hora de aventuras —en muchas ocasiones un canto a los RPGs clásicos de consola y a D&D— e Historias corrientes, películas como las dos entregas de Guardianes de la galaxia —sobre todo desde el punto de vista musical— y Kung Fury —sin palabras—, series de imagen real como ese producto de obligado visionado creado por los hermanos Duffer llamado Stranger Things, por no hablar de todo un grupo de videojuegos —desde Owlboy hasta Hyper Light Drifter, pasando por Enter the Gungeon— que recurren al pixel art como forma de presentar un videojuego clásico adaptado a los tiempos modernos—.

Ya en el cómic hay varios ejemplos, siendo uno de los más recientes es Paper Girls, una de las últimas series escritas por Brian K. Vaughan que lleva desde 2015 repartiendo misterio y ciencia ficción y que parece el resultado de mezclar Stranger Things y Paper Boy, el clásico videojuego de Atari, aunque la comparativa se queda corta.


La premisa de Paper Girls parece algo demasiado simple pero sin perder su llamativo y curioso toque envuelto en portadas chillonas que avisa que aquí hay algo más: un grupo de chicas de instituto trata de ganarse el pan repartiendo periódicos por el típico pueblo americano de la era Reagan. Hasta ahí la cosa, pero el cómic, dirigido claramente a un público juvenil —y no precisamente porque no muestre impúdicas escenas de sexo o violencia gratuita—, esconde un mensaje subyacente que es común en la obra de Vaughan.

El tema es que el caso de Paper Girls parece distinto a todos esos ejemplos mencionados en la introducción: que no es necesariamente un canto a los ochenta —aunque alusiones hay por un tubo— como lo que presenta Ernest Cline en Ready Player One, donde la trama gira necesariamente en torno a las constantes referencias cinematográficas y videojueguiles de antaño. No, Paper Girls tiene bastantes más paralelismos con Stranger Things, y no solo porque comparte un grupo de personajes similar —que a su vez se parece a ese clásico de las películas de aventuras de los domingos que es Los Goonies—, sino que la serie de los hermanos Duffer utiliza la ambientación ochentera para presentar un misterio al que los protagonistas deben enfrentarse.


Paper Girls hace más o menos lo mismo —bicis como medio de transporte principal incluidas—, solo que la ambientación no es tan relevante como en Stranger Things —sin duda con un impacto visual mucho mayor— y va más allá, hasta el terreno de la crítica sobre la adolescencia perdida o desperdiciada —aquí Vaughan parece hablar en realidad de los millennials, pero situándose en los ochenta ya que la época no importa un ápice mientras haya cacharros electrónicos— y, hasta donde se sabe con esta primera entrega que recoge los cinco primeros números de la serie regular, el impacto de las nuevas tecnologías en los jóvenes —hay en realidad más minicríticas muy bien insertadas en la trama—. Eso por no hablar de que los protagonistas no son niños, sino chicas adolescentes, por lo que las situaciones y diálogos que se suceden en Paper Girls son muy diferentes.


Paper Girls, vol. 1

Paper Girls, Volume 1, 2016. Brian K. Vaughan y Cliff Chiang. Traducción de Diego de los Santos. Planeta Cómic, 2018, col. “Independientes USA”, 160 págs. Tapa dura, 16,95 €.
Pero Paper Girls parece más, mucho más. Es una aventura tipo Los Goonies o Stranger Things —la cual, por cierto, se estrenó poco menos de un año después del primer número de Paper Girls—, y mientras que el misterio de la primera es más mundano, y la segunda, más terrorífico y de otra dimensión, Vaughan enfoca su mirada incluso en la ciencia ficción más retro, con curiosos resultados.

El guionista de Saga ha pensado en todo y ha hecho de Paper Girls una de esas series que enganchan y que te hace estar pendiente del siguiente número que llegará a la tienda de cómics. Estoy seguro de que dentro de unos años esta serie será algo así como un icono. Pero lo mismo que Saga no sería igual sin Fiona Staples, Paper Girls le debe tanto al dibujo de Cliff Chiang como a las palabras puestas por el escritor, ya que Chiang hace que la experiencia visual de Paper Girls parezca desenfadada e inofensiva —lo que parece, dicho bruto y mal, “un tebeo para chicas” que puede echar para atrás a más de uno si no viniese del autor de Y, el último hombre y del sello independiente Image—, tornándose en un misterio de calibres mayores muy divertido que destaca por su aspecto gráfico, y no solo por Chiang y sus portadas, sino también por el color de Matt Wilson que le da cohesión a todo el conjunto. En definitiva, tras esta primera entrega, Vaughan promete liarla, y mucho.

marzo 10, 2018y

1 de octubre de 2017

‘Saga: Capítulo siete’, perdidos en el cometa

La familia de Saga ha hecho una parada de emergencia en el cometa Phang, sobre cuya superficie los luneros y los alados siguen dándose de tiros como de costumbre.



Son muchas las cosas que han ocurrido desde aquel primer número de Saga. Para empezar, la cantidad de premios que ha cosechado desde que comenzara a publicarse en 2012, entre ellos el Eisner y el Hugo. Y para seguir, los muchos acontecimientos que han hecho que la frágil pero imbatible familia que protagoniza Saga crezca con el tiempo y se convierta, como si de un solo personaje se tratase, en uno de los protagonistas más carismáticos del cómic de las últimas décadas. A estas alturas de la película, tras más de cuatro decenas de números publicados, poca presentación necesita una de las colecciones de ciencia ficción y fantasía más populares y adictivas de los últimos años.

Saga trata, a grandes rasgos, de Alana y Marko, dos seres que a pesar de sus diferencias raciales —los mundos a los que pertenecen llevan combatiendo durante siglos—, se enamoraron y tienen una hija en común, Hazel. Por supuesto, tal blasfemia —en opinión de sus respectivos semejantes, alados y luneros— no les ha granjeado precisamente las simpatías de la gente, y desde el primer momento deambulan por la galaxia huyendo de un conflicto del que no quieren formar parte.


Al respecto de este séptimo capítulo de Saga —el cual incluye los números 37 a 42 de la serie original de Image—, poco podemos decir que no se haya dicho ya. Si bien la historia continúa exactamente donde lo dejó la sexta entrega, en los cinco números que dura el capítulo vamos a conocer a algún que otro personaje nuevo y ver los derroteros por los que Brian K. Vaughan lleva a la familia durante su estancia en el cometa Phang, pues es ahí donde los protagonistas han hecho una pausa para inyectar combustible en su arbórea nave espacial. Qué duda cabe que Phang no lo van a pasar especialmente bien, o de lo contrario no estaríamos ante de una de las series de cómic que más alabanzas ha despertado en la crítica y que no puede dejar indiferente. Sin embargo, en Saga: Capítulo siete se aprecia un ligero cambio de ritmo y lo que nos cuentan en Phang no es tan llamativo como en volúmenes anteriores.

En el capítulo anterior...
Hazel en la guardería de una prisión, Alana y Marko tratando de rescatarla... El capítulo seis de Saga no fue precisamente un paseo por el parque. Es, de hecho, uno de los más intensos de la saga, con La Voluntad y Dulce de Leche por un lado, el rescate por el otro, y la presentación de Piotr, quien, esperemos, permanezca en la familia durante unos cuantos números más.
Pero independientemente de las cosas que ocurran en Phang, Saga sigue siendo un símbolo de la diversidad —sexual, racial, mental y cultural— y es quizá por eso por lo que uno siempre está deseando llegar a la tienda de cómics para saber si ya ha salido el siguiente número. Esa diversidad que Hazel apuntala comentando que “todos somos forasteros para alguien” hace de Saga un ejercicio narrativo a seguir, no solo por lo dinámico del guión y porque todo fluye con una naturalidad pasmosa que ya quisieran otras series de cómic, sino porque el propio Vaughan cree que “si realmente deseas explorar el mundo real, esta obra debería parecerse al mundo real”, según le dijo la artista una vez. Y así ha sido: Saga es un reflejo del mundo actual, con sus innumerables problemas y gente que pone impedimentas a todo, pero adaptada a un entorno de space opera.


Es muy interesante el comentario de Vaughan sobre tema, el de la diversidad racial, en una entrevista de The Verge —según cuenta el prologuista del volumen—, ya que según él, cuando piensa en la fantasía, “yo mismo me culpo por la tendencia que tenemos a hacer de los blancos un estándar para este tipo de personajes. Luego, añadimos cuernos, y alas, y protuberancias para hacerlos más diversos, y eso es una locura.”

El apartado artístico de Fiona Staples sigue tan en forma como siempre, con una caracterización de personajes impregnados de realismo —a pesar de tener cuernos, alas o una tele por cabeza— que, junto a unos escenarios minimalistas, le dan el aspecto propio de Saga. No hay que olvidar, sin embargo, que pese a tratarse de una serie de ciencia ficción y fantasía no está indicada para los más pequeños de la casa, ya que cuenta con bastantes referencias de índole sexual y lenguaje no apto para menores en muchas ocasiones, lo que no quiere decir que dichos elementos estén puestos ahí de forma gratuita, sino que reflejan una realidad, nuestra realidad.


SAGA: CAPÍTULO SIETE
Brian K. Vaughan (guión) y Fiona Staples (dibujo)
Trad. de Diego de los Santos
Planeta Cómic, septiembre de 2017
Tapa dura, color, 152 págs.
16.95 €

octubre 01, 2017y

31 de agosto de 2016

'Saga' de Brian K. Vaughan y Fiona Staples alcanza el séptimo capítulo

El número 37 de la serie ganadora de los premios Eisner se presenta con un nuevo arco argumental que será un evento que traerá cambios reales para los protagonistas.



El primer número del esperadísimo séptimo capítulo de Saga, la alabada ópera espacial en forma de cómic escrita por Brian K. Vaughan y dibujada por Fiona Staples, llega de la mano de Image a las tiendas americanas y allá donde tengan grapas en inglés listos para deglutir en cinco minutos. Se trata de la primera parte de un nuevo arco argumental titulado The War for Phang que promete épica a raudales. No se trata de destripar aquí el argumento de los anteriores números de la serie ya que Saga es un cómic de sorpresas y los spoilers no le hacen ningún bien, pero la editorial afirma que se trata de un evento propio que lleva fraguándose desde el primer número de la colección.

"Ahora mismo hay un raudal de números uno, pero con este evento independiente de Saga, Fiona y yo esperamos contar el tipo de épica profunda y emocional que solo puede verse en una serie en marcha a la edad de 37", ha dicho Vaughan. "Las apuestas por The War for Phang son enormes, y provocará cambios permanentes y reales en Hazel y su familia."

Estas son las portadas de los números 38 y 38 de Saga, programados para ponerse a la venta en septiembre y octubre respectivamente:



The War of Phang se inaugura con el primer número, pero también es el número 37 en el cómputo global de la serie, así que ni qué duda cabe que para leerlo es necesario haberse empapado de los números anteriores. El cómic, de periodicidad mensual, se pone a la venta este mismo 31 de agosto por un precio de 2,99 dólares en papel o digital.

agosto 31, 2016y

14 de mayo de 2015

Reseña: 'Los leones de Bagdad' de Brian K. Vaughan y Niko Henrichon


Los leones de Bagdad (nueva edición)
Género: Aventuras; Editor: ECC Ediciones; Edición: Rústica, 168 páginas, 15,50 €; Traducción: Sara Bueno Carrero

Los leones de Bagdad es una de las obras más redondas de Brian K. Vaughan y digna de figurar entre los premios de cómic más prestigiosos del género. El hecho de que esté basada en una historia real no hace sino recalcar lo potente que resulta esta fábula protagonizada por animales, sobre todo en el terreno emocional, y que sería digna de figurar en la filmografía de ciertos cineastas como Clint Eastwood.


El autor de la multipremiada Saga y Ex Machina toma como punto de partida la fuga de una manada de leones del zoo de Bagdad en 2003 durante el nefasto bombardeo de Irak, y gracias a eso construye un relato de aventuras propio de Rudyard Kipling donde los asustados y perplejos animales hacen un recorrido por el destrozado paisaje de una ciudad que hasta ahora era el límite de su mundo, uno más pequeño: el zoo y sus cuidadores.

Los leones van a la ciudad

El descubrimiento de ese nuevo mundo que ha hecho la mano del hombre hace que los animales, cada uno con una función concreta dentro del relato, tengan que adaptarse a las condiciones de su nueva vida, lo que implica caza y tener encontronazos con otras bestias que, como ellos, ya no viven en el zoo.

La propia voz de los animales le sirve a Vaughan para reflexionar sobre la condición de los animales salvajes (o que han nacido en cautividad) que viven recluidos en un entorno reducido, y de paso analiza de qué manera influye el ser humano en todos ellos.


Estamos ante un relato muy emotivo, no demasiado alegre, y con uno de esos asombrosos finales por los que merece la pena pagar cualquier cómic que se precie de serlo. Si a eso le sumamos el estilo de Henrichon, el cual representa gráficamente y de manera sencilla pero muy competente cada uno de los animales que protagoniza el relato, tenemos en Los leones de Bagdad una lectura muy recomendable que sirve para ejemplificar el gran vehículo que es el cómic como medio reivindicativo y como continente de grandes historias.

ECC Ediciones ha recuperado, y con gran acierto, la obra en una nueva edición (tras pasar por Planeta en 2007) del cómic publicado por Vertigo y ganador de un premio Harvey a la Mejor Novela Gráfica Original. Porque es impensable que un título como este no esté disponible en librerías.

mayo 14, 2015y

17 de octubre de 2013

Reseña: «Y, el último hombre, núm. 1: Sin hombres», de Brian K. Vaughan y Pia Guerra

Título original: Y, The Last Man, Vol. 1: Unmanned.
Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Pia Guerra.
Color: Pamela Rambo.
Edición: 160 págs, color. ECC Ediciones, abril 2013.
Precio: 14,95 € (rústica).
Traducción: Guillermo Ruiz Carreras.
Temática: Ciencia-ficción, distopía.
Correlación: Primera entrega recopilatoria de "Y, el último hombre".


El género masculino como tal ha dejado de existir en todo el planeta en el mismo minuto, en el mismo instante. Y no hablamos sólo del ser humano, sino de todas las especies animales y vegetales habidas en la Tierra. ¿Qué ha podido causar este hecho? ¿Estamos ante una treta argumental similar a la de la película de M. Night Shyamalan El incidente? Es lo que tenemos que averiguar en una de las últimas series del sello Vertigo, donde el más que solicitado guionista Brian K. Vaughan y la dibujante Pia Guerra han creado una historia donde el género de la distopía corre libremente para llevar al lector de la mano por los caminos que han marcado estos dos creadores y que comienza en Sin hombres, primer tomo recopilatorio de la serie que recoge los números 1 a 6 de la serie original. Es de sobra conocido que el cliffhanger final en todas las series de Vertigo no lo quita nadie, por tanto, ¿qué mejor manera que hacer del lector un potencial comprador del segundo tomo de la colección?

La distopía que encierra “Y, el último hombre” es sencillamente espectacular, una de las más complejas e intrigantes de cuantas se han publicado en la última década, y que no deja de tener un componente de aventuras. Como lectores, somos capaces de deducir detalles que el argumento no toca directamente pero que están ahí, como por ejemplo la cantidad de cosas que se habrán perdido por culpa de la desaparición del género masculino, no sólo grupos musicales como U2, Guns N’ Roses o los Rolling Stones (esto sí es una de las cosas que comenta uno de los personajes), sino también escritores, diseñadores de videojuegos, dibujantes de cómic, transportistas, cargos del gobierno, y un largo etcétera, por no hablar del daño emocional sufrido por sus parejas, familiares o amigos. Es tan amplio el alcance de esta catástrofe ocurrida a las primeras páginas del inicio de la serie, que la magnitud de los acontecimientos queda apenas perfilada en unas pocas viñetas debido a la gran repercusión de la misma. Pero lo más importante de todo, independientemente de las pérdidas humanas, es lo siguiente: ¿qué ocurrirá cuando las mujeres del planeta comiencen a morir por causas naturales? ¿Qué hay de la reproducción?


Es difícil conseguir transmitir la relevancia de los hechos narrados en “Y, el último hombre”,  y tanto Vaughan como Guerra lo consiguen en cierta forma, aunque la historia goza por ahora de un grado de ligereza que no parece llegar a ese nivel autoimpuesto de dramatización de los hechos. Quizá, como le ocurre a Yorick y su mono Ampersand, los únicos seres masculinos del planeta, todo esto les llega de sopetón (especialmente al primero, dado que el segundo a estas alturas poco o nada le importará), lo que puede significar que no se han dado cuenta todavía de la importancia del lío en el que se han visto envueltos por causas involuntarias. A nosotros como lectores nos ocurre lo mismo, todavía no podemos asimilar la debacle en toda su extensión en unas pocas páginas, aunque nuestras neuronas siempre vayan más allá del guión para atar cabos, imaginar situaciones probables y mil cosas más que se nos pase por la cabeza.

En esta primera toma de contacto con “Y, el último hombre” asistimos a un buen comienzo de lo que promete ser una de las mejores series actuales del cómic de Vertigo, aunque en mi opinión, tiene algunos puntos mejorables. En primer lugar, el dibujo de Pia Guerra (y también el color de Pamela Rambo) no me termina de llenar, creo que es inferior a la calidad del guión de Vaughan aunque está claro que el apartado artístico es un estándar en las series regulares del sello Vertigo y el dibujo de la dibujante no es absoluto malo, tan sólo cumplidor. En segundo y último lugar, Yorick es un personaje demasiado inconsciente sobre el entorno que le está tocando vivir, excesivamente descuidado con sus acciones, como si éstas no pudieran tener ninguna trascendencia y todo pudiera salir bien tan sólo por ser el único hombre vivo del planeta. Pero en “Y, el último hombre” hay mujeres peligrosas organizadas en bandas (como las Amazonas), que tienen armas y están ávidas de carne de hombre (en el sentido de que quieren acabar con todos ellos a toda costa, no penséis mal, aunque las alusiones sexuales en toda la serie son más que evidentes). Yorick sigue un patrón similar al del personaje de Robert Carlyle en 28 semanas después, es decir, no es capaz de asimilar las posibles consecuencias negativas que podrían tener sus acciones por muchos sentimientos que haya en juego. No me imaginaría a los personajes de La carretera corriendo riesgos innecesarios ni arriesgándose en balde, aunque está claro que el ser humano es una criatura que se mueve por impulsos y que puede cometer equivocaciones. Errores, sí, pero el peligro para Yorick es muy real, más teniendo en cuenta que el devenir de la raza humana depende por ahora de él mismo, por muy extravagante que suene decirlo.

Quitando este último párrafo, que bien puede tratarse de una apreciación personal pero que de seguro comparten algunos de los lectores de esta reseña, “Y, el último hombre” es una serie recomendable que tiene visos de convertirse en una de las grandes del sello Vertigo en un futuro próximo, porque apunta maneras.


octubre 17, 2013y

11 de diciembre de 2012

Reseña: 'Saga: Capítulo uno', de Brian K. Vaughan y Fiona Staples

La historia de una familia, eso es lo que representa Saga, la última creación de Brian K. Vaughan, talentoso guionista ganador de diversos premios por Y, el último hombre, Los leones de Bagdad o Runaways, y que nos propone un viaje a las estrellas junto a la peculiar pareja protagonista de Saga, cada uno un ejemplo de dos de las facciones enfrentadas en una lucha galáctica que está durando más de lo deseado: los Guirnalda contra los Terrada. El objetivo de cada raza es el erradicar al otro hasta que no quede ni rastro, así de sencillo. Ella un hada, él un fauno, son miembros representativos de sus respectivas especies, aunque no comparten en absoluto ese afán por la guerra que sus parientes poseen. Tanto es así que han llegado a tener una hija en común que tratarán de mantener apartada –mientras que por el camino aprenden a ser unos buenos padres– de este absurdo conflicto, para que no llegue a conocer los horrores de una guerra por la que no están dispuestos a dejar su vida; su objetivo es el tenerse el uno al otro y el formar una familia que permanezca unida para poder tener una vida normal y decente.

Con esta enraizada tradición shakesperiana, donde sustituimos a los Montesco y los Capuleto por los Guirnalda y los Terrada, ya tenemos un cómic de aventuras con diversos toques de fantasía, pero con un sabor único a space opera que es sin duda uno de los mayores atractivos del conjunto. Vaughan ha creado aquí una obra que se lee con prisas por conocer lo que depara a Alana y Marko a la vuelta de la página, pero también los posos de un universo rico en diversos matices que deja mucho a la imaginación pues es tan sólo la punta del iceberg, al estilo de que La Guerra de las Galaxias hizo allá por 1977 pero con diversos toques de violencia y erotismo explícitos que le dan ese carácter adulto que reza la contraportada del libro. ¿Porque acaso Alana no nos recuerda a una feérica Princesa Leia, o el mercenario llamado La Voluntad no tiene ciertos aires a lo Han Solo?


Pero Brian K. Vaughan no está solo en este primer volumen que recopila los seis primeros números de Saga, ya que Fiona Staples aporta sus inspiraciones artísticas gracias, por ejemplo, a libros de fantasía como los que componen la saga juvenil de Redwall (novelas escritas por Brian Jacques y protagonizadas por ratones medievales), Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, o La princesa y el goblin, de George MacDonald –la artista también ha trabajado en algún número suelto de Northlanders–. Tanto las líneas del dibujo como el color que la artista imprime en Saga le dan un aspecto visual impactante, con tonos suaves que cambian con la tonalidad del escenario en función del momento. Además, el aparentemente sencillo diseño de personajes, así como el escenario por el que se mueven los protagonistas, es otro de los puntos fuertes de Saga, ya que nos permitirá no sólo echar un vistazo a la personalidad de cada uno de los actores de esta space opera, sino también recordar a los personajes una vez cerradas las tapas del libro, algo importante en cualquier obra que se precie ya que estamos hablando de lo que puede perdurar una obra en la mente colectiva de los aficionados. Con todos estos elementos, Saga es una obra de fantasía espacial que gustará en especial a los seguidores del pulp más frenético, con curiosos diseños de personajes, inventiva y que nos dejará con ganas de más, pues el viaje de Alana, Marko y su hija no ha hecho más que comenzar. Como podemos deducir de la voz en off, propietaria sin duda alguna de la hija del dúo protagonista, la tradición familiar de Saga todavía perdurará durante unos cuantos números más, es lo menos que se puede hacer tras dejarnos con la miel en los labios.

Información adicional
Editado por Planeta DeAgostini Cómics en octubre de 2012.
Tapa dura, 168 págs, 16,95 €. Disponible en ebook.
Traducido por Diego de los Santos.
Primera entrega de 'Saga'.
Nuestra valoración: 

diciembre 11, 2012y


 

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