} -->

Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

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9 de septiembre de 2017

Alamut publicará las continuaciones de ‘Sólo el acero’ de Richard Morgan

Aunque Sólo el acero podía considerarse más o menos autoconclusiva, lógicamente tenía unas continuaciones que había que leer para enterarse de toda la historia.


Aquellos que se quedaron con las ganas de saber lo que pasaba con Ringil “Ojos de Ángel” Eskiath, Egar el Matadragones y Archeth Indamaninarmal tras Sólo el acero —aunque era relativamente autoconclusiva, daba pie a más—, podrán hacerlo ahora, porque Alamut tiene previsto publicar en castellano las dos entregas que faltan de la trilogía “Tierra de héroes”: El gélido mando y La impía oscuridad. Los que conocen la novela saben que Sólo el acero le daba un hachazo a los tópicos, como decía Joe Abercrombie, y planteaba la siguiente pregunta: ¿qué hacen los héroes cuando ya ha sido derrotado el jefe final? Pero Sólo el acero, como bien explica Luis G. Prado, el editor de Alamut, no tuvo las ventas esperadas.

“Publicar una serie nunca es rentable salvo que la primera entrega se haya vendido muchísimo, o al menos se siga vendiendo continuamente, ya que las continuaciones se venderán menos en porcentajes casi previsibles. Bien lo sabemos, ya que hemos completado media docena de series a pérdida por puro pundonor: Juego de enigmas de Patricia A. McKillip, La edad de oro de John C. Wright, Viriconium de M. John Harrison, Maestro Li de Barry Hughart, La Ribera, de Ellen Kushner, La Guerra de las Rosas de Sharon Kay Penman.” En todos esos casos, explica, las primeras partes tuvieron beneficios moderados, pero las continuaciones generaron pérdidas, aunque estas se compensaron gracias a las ventas de las novelas de Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski.


En el caso de Sólo el acero, las continuaciones son bastante más largas que su primera parte, y por tanto suponen un coste mayor para el editor. Por eso, y en vista de que sirvió para completar otras series como la de “Las monarquías de dios” de Paul Kearney, “Shadowmarch” de Tad Williams y “Los Macht”, también de Paul Kearney —aunque en algunos casos la editorial tuvo igualmente pérdidas cuando dichos libros llegaron a las librerías—, Alamut ha decidido recurrir al sistema de suscripción para continuar “Tierra de héroes”.

Según sigue explicando el editor, las ventas de Sólo el acero fueron aceptables, aunque no lo suficientes para publicar las continuaciones. Pero después de todos estos años —recordemos que Sólo el acero salió en 2012—, las ventas, aunque no se han disparado, han sido aumentando, claro inequívoco de que, sumado a las recomendaciones del mismo, el libro interesa a los lectores de fantasía.

En cuanto a las continuaciones, El gélido mando y La impía oscuridad, tienen previsto publicarse en octubre de 2017 y enero de 2018, respectivamente. Mientras que El gélido mando tendrá 600 páginas y un precio final de 21,95 €, La impía oscuridad tendrá 800 páginas y costará 29,95 € —los suscriptores podrán conseguirlos más baratos—. Al mismo tiempo, y también en octubre, saldrá una segunda edición de Sólo el acero al precio de 21 €. La traducción de Sólo el acero corre a cargo de Manuel de los Reyes, mientras que de las siguientes se encarga Núria Gres.

Los libros se venderán a través de la librería virtual Cyberdark. Para poder suscribirse es necesario hacer la preventa en la librería y, como no podía ser de otra forma, los precios incluyen una rebaja considerable respecto al precio final. No es necesario comprar la trilogía entera para poder suscribirse (como ha pasado en otras ocasiones), sino que los lectores pueden adquirir el libro que quiera por separado, o bien los tres juntos en un mismo paquete. El envío a los suscriptores se hará conforme los libros se vayan publicando. Para cualquier duda que tengan los lectores, el editor está dispuesto a responderlas.

P. S. Por si alguien no lo sabía, en 2016 salió un juego de rol para iOS y Android —también disponible en Steam— basado en la trilogía “Tierra de héroes” que desarrolló Liber Primus Games. Está protagonizado por los tres personajes de las novelas y se basa en los libros. Ni que decir tiene que spoilea de las novelas.

septiembre 09, 2017y

25 de enero de 2016

Netflix prepara una adaptación televisiva de 'Carbono alterado' de Richard Morgan



El escritor británico Richard Morgan es otro de esos autores de ciencia ficción que próximamente verá en televisión una de sus novelas, porque Netflix ha pedido una adaptación de Carbono alterado, uno de sus trabajos más conocidos publicado originalmente en 2002 y que nos habla de un futuro con fuertes elementos cyberpunk.

Según informa Deadline, Carbono alterado estará producida por Logoeta Kalogridis (quien también estuvo en el ajo de Avatar, Shutter Island y Terminator Génesis) y saldrá adelante como una serie de diez episodios a manos de Skydance Television.

Por lo visto, hace cuatro años que Kalogridis quería hacerse con los derechos de Carbono alterado así como las otras dos novelas protagonizadas por Takeshi Kovacs, Broken Angels y Woken Furies.

Carbono alterado nos transporta hasta el siglo XXVI, cuando la mente humana está totalmente digitalizada y el alma puede transferirse de un cuerpo a otro. Takeshi Kovacs, un antiguo guerrero de la élite interestelar que ha permanecido en prisión durante quinientos años, ha sido descargado en el futuro que él intentaba detener. Ahora tiene que resolver un asesinato en un mundo donde la tecnología ha hecho que la muerte sea poco menos que algo obsoleto.

Kalogridis ya tenía redactado desde hace algún tiempo el guión del primer episodio, el cual escribió en colaboración con David H. Goodman, aunque este último no trabajará en la serie.

"Carbono alterado es una de las piezas más seminales de la ciencia ficción dura con elementos cyberpunk que hay ahí fuera, una historia oscura y compleja de género negro que reta a nuestra mente a que piense en lo que significa ser humano cuando toda la información llega codificada, incluyendo la mente humana", añade Kalogridis.


Pero aún hay más, ya que Gigamesh ha anunciado estos días que tiene intención de recuperar Carbono alterado y además publicar Broken Angels y Woken Furies, las cuales permanecían hasta ahora inéditas en español. Hace diez años que Carbono alterado llegó por primera vez a España de la mano de Minotauro, pero hasta estaba descatalogada.

ACTUALIZADO: Gigamesh publicará Carbono alterado coincidiendo con la visita de Richard Morgan a la Eurocon 2016 del 4 al 6 de noviembre en Barcelona.

Carbono alterado, Leyes de mercado y Sólo el acero son por ahora las únicas novelas publicadas en la lengua cervantina del autor inglés, de las ocho que tiene en su bibliografía.

Todavía nos queda por ver si la serie que se emitirá en Netflix será fiel al cien por cien al libro de Morgan, pero lo que está claro es que será un reclamo enorme para todos los aficionados a la ciencia ficción que llevamos dentro.

Imágenes: Takeshi Kovacs por Chris McGrath

enero 25, 2016y

28 de junio de 2015

LGBT en la literatura fantástica

La homosexualidad en la literatura de fantasía es uno de los recursos habituales, y la prueba está en que hay muchos ejemplos notorios dentro del género.


La palabra “normalidad” es a veces una palabra disonante y nunca nos ha gustado demasiado en el colectivo LGBT (siglas para designar a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Parece implicar “homogeneización” y el hecho de que haya gente a la que podríamos considerar normal y gente que no encaja en tal definición pero aspira, o debería aspirar, a encajar. Es una idea triste, y tristemente más extendida de lo que parece: a su alrededor giran muchas de las críticas al Pride —que ahora celebramos— tanto desde dentro como desde fuera. A menudo vienen a decir que uno puede ser lo que quiera y expresarse como quiera siempre que no se note demasiado, en la intimidad del hogar. Las críticas a una carroza de Drags —“dar mala imagen del colectivo”,  “fomentar estereotipos”— raramente las encontraremos aplicadas a otras actividades tales como las que siguen a la victoria de un equipo de fútbol o las que llenan las calles en Semana Santa, y menos desde sus propios participantes. Debe ser que las orquestan colectivos menos acomplejados que el nuestro.

Es aquí donde entra el Orgullo: para quitarse los complejos se recomienda dejarse ver en un despliegue vitalista que afirme la existencia de otras formas de vivir y amar que escapan de la visión tradicional. Visibilidad y reivindicación son, han sido y deberían ser, los dos puntales del evento, que a veces flaquea decantándose por lo comercial y olvida su espíritu original.

Es esa palabra y en este contexto, “visibilidad”, la que prefiero a “normalidad”. El Pride es un ejercicio de visibilidad: es un "aquí estamos, formamos parte de la sociedad". Y del mismo modo, uno aspira a que un ejercicio similar se extienda al arte y a la cultura, que son reflejo de la sociedad. Cuando lo hace es la muestra de un cambio en la forma de pensar que atestigua el resultado de la lucha reivindicativa. Y lo hace, lenta y trabajosamente, a menudo de forma errónea, casi paródica, o con el único objetivo de cumplir un cupo de diversidad o generar un choque, una sorpresa. Pero a veces —en series como Cucumber, Transparent o Sense8— el enfoque es el correcto, el resultado esperanzador y con algo aparentemente tan trivial (el arte es el reflejo de la sociedad, la sociedad es el reflejo del arte), el objetivo que perseguimos desde el 28 de junio de 1969 y por el que salimos a las calles en estas fechas parece más cercano.


De literatura LGBT, centrada en esta temática y dirigida a un público LGBT hay mucha, de muy variada calidad (normalmente no muy alta) y se puede encontrar con facilidad en librerías especializadas (enlazaré alguna al final del artículo). Puesto que va dirigida a este público realmente no cumple con la búsqueda de visibilidad que comentaba, aunque sí cumpla otros objetivos.

Lo interesante es encontrar personajes LGBT o temáticas LGBT en la literatura general, la dirigida a otros públicos. Como en La Espada en la Tinta nos ocupamos del género fantástico, nos ha parecido una buena iniciativa proponer algunas obras que cumplan estas condiciones. No aquellas que como  “Canción de hielo y fuego” introducen algún personaje homosexual o bisexual de forma anecdótica, por muy interesantes que sean (y Oberyn lo es mucho) sino obras donde gocen de un papel protagónico. Al fin y al cabo, en la fantasía épica la heroína puede suspirar por la princesa.

Homosexualidad en la literatura fantástica

El personaje homosexual aún es una rareza, y desde luego no es ninguna sorpresa que en los clásicos fundacionales no haya ninguno. Tolkien, devoto cristiano y medievalista, sentó en las bases de la fantasía épica el amor casto entre Arwen y Aragorn, o Faramir y Eowyn. En la fantasía heroica o aventurera la cosa no era muy distinta: menos castidad, pero siempre en un marco heterosexual. En la ciencia ficción los autores estaban más interesados en desarrollar la tecnología que la sociología, y cuando se fijaban en ella solía ser en relación a temas políticos-económicos. En la actualidad las cosas deberían ser distintas, y sorprende que no sea así. El gay o la lesbiana aún son la excepción, no ya como protagonistas, sino incluso como secundarios. Ahí van un par de estas excepciones:


“El mensajero de la oscuridad” de Lynn Flewelling

Fantasía heroica con viaje iniciático y coming of age. Alec es un chico huérfano encerrado en la mazmorra de un señor norteño sin perspectiva alguna de sobrevivir hasta que un compañero prisionero resulta ser más de lo que parecía y escapan juntos. De mano de su mentor, aprende a desenvolverse como ladrón y espía, habilidades que les resultarán útiles cuando se vean mezclados, en tanto que agentes de la ciudad de Rhíminee, en un conflicto contra los practicantes de una magia antigua y mortal.

"El mensajero de la oscuridad" es una aventura de fantasía contemporánea, bien escrita, sin pretensiones de romper el género ni ser trascendente, una lectura agradable que recuerda a clásicos modernos como “Añoranzas y pesares” de Tad Williams o la “Saga de la Fractura” de Raymond E. Feist, cuando la fantasía podía recurrir a magos, pícaros, no muertos y elfos sin tener que disculparse por "falta de originalidad". En España se han editado los tres primeros tomos de una serie de siete. Los dos primeros constituyen un arco argumental completo y por tanto son autoconclusivos. Es una lástima que no se tradujera el resto de la saga, quizás debido a que pasaron bastante desapercibidos. Lynn Flewelling es una activista feminista y LGBT estadounidense, y su intención al escribir esta serie era simplemente la de ofrecer al lector una aventura fantástica tradicional donde, simplemente, los protagonistas pudieran ser homosexuales.


Sólo el acero de Richard Morgan

Richard Morgan jugó en esta novela con los elementos típicos de la fantasía heroica (también un poco con los de la ciencia ficción) para presentar un personaje homosexual que es sin duda uno de los puntos fuertes del relato. Ringil, apodado "Ojos de Ángel", malvive en un pueblucho de mala muerte matando monstruos, hasta que es llamado para resolver un misterio en la ciudad donde antes vivía con su adinerada familia.

Sólo el acero, aunque forma parte de una trilogía (las dos siguientes entregas no han salido en español) se puede leer de forma independientente. En esta novela Morgan añade altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexo, pero eso no es lo más destacable: es la homosexualidad de su protagonista, llevada con una naturalidad sobresaliente, lo que sin duda nos hace recordar que estamos ante un personaje bien construido, cuyas experiencias están condicionadas por su orientación sexual (esa misma preferencia sexual bastante peso en el relato), pero que sin embargo no alteran en modo alguno la actitud de un guerrero (espada mágica incluida) de su talla: alguien que participó en una importante batalla del pasado que vivió para contarlo, aunque las consecuencias no hayan sido menos épicas de lo esperado.

Literatura fantástica con personajes bisexuales

La bisexualidad sufre un grave problema de incomprensión; para muchos —incluso dentro del colectivo LGBT— no es más que un estado transitorio entre la heterosexualidad y la homosexualidad. El bisexual —dicen— es aquel que bascula entre hombres y mujeres a voluntad o por capricho, en una fase vital de indecisión hasta que tarde o temprano se decida por unos u otros. Esta es una visión muy simplista y fundamentalmente errónea que la ficción podría ayudar a corregir. O no, dado que si bien aún podemos encontrar ejemplos de con personajes homosexuales, es difícil encontrar bisexualidad en la literatura fantástica, como por ejemplo:


“La saga de la Ribera” de Ellen Kushner

La de la Ribera es una saga de fantasía cuyo contenido fantástico está bajo mínimos. Solo en su tercer tomo hace su aparición algo de magia. Por lo demás, sus únicos elementos fantásticos son el que se sitúe en un mundo ficticio, en una sociedad dieciochesca de nobles y truhanes embarcados en intrincadas conspiraciones que a menudo requieren del servicio de duelistas y asesinos. Es una lectura sofisticada, más centrada en los diálogos y el ingenio que en la acción (pese a que los títulos sugieran constante cruce de espadas). 

Los tres volúmenes publicados en español (A punta de espada, El privilegio de la espada y La caída de los reyes) son autoconclusivos e independientes: comparten el mismo emplazamiento y algunos personajes del elenco, pero se pueden leer de forma individual sin problemas. En todos —sobre todo el primero y el tercero— hay relaciones homosexuales y bisexuales, que se viven con mucha más normalidad de la que correspondería si se situaran en la misma época y en nuestro mundo. Es una de esas sagas que dividen radicalmente al lector_ se la ama o se la odia. En gran parte debido a los personajes —Richard, Alec, la duquesa de Tremontaine—, todos de moral ambigua (Richard es un asesino, Alec un vividor amante del conflicto y Diana de Tremontaine una conspiradora) y muy humanos en sus deseos, odios y chiquilladas. Para muchos resultarán un elenco insoportable, otros los disfrutaremos.


“Las crónicas vampíricas” de Anne Rice

He tenido dudas de si incluir aquí esta saga, aunque para muchos sea de los primeros ejemplos de literatura LGBT que les viene a la cabeza. Es cierto que los vampiros que pueblan estas páginas son todos bisexuales, del primero al último: pero se podría debatir acerca de si se pueden considerar como tales cuando sus apetitos sexuales ya no son humanos y ya no giran entorno al sexo en sí. El deseo por individuos del mismo sexo o del contrario indistintamente basándose sobre todo en su belleza sugiere que para estos vampiros la frontera entre sexos ya no existe y lo único que importa es el aspecto. Sea bisexualidad o no, es innegable que por lo menos se le parece. Tan innegable como a la larga —cuanto más avanza la saga— aburrido: la idea de Rice del amor, del deseo y del romanticismo es bastante trasnochada y el desfile de vampiros emos perdidos en eternas crisis existenciales, suspirando por chicos y chicas delgados, delicados y artísticos, se hace pesado.

Aún así, la incluyo entre mis recomendaciones: leer los tres primeros volúmenes de las “Crónicas vampíricas” es buena idea, escritos como están en unos tiempos en los que Rice aún no había tenido ocasión de perderse en su propio laberinto de rancio romanticismo gótico.

Literatura fantástica con personajes transexuales

Lamento lo indecible que no haya más literatura de género fantástico con personajes transexuales, especialmente cuando hablamos de la necesidad de la visibilidad y que la transexualidad es la más incomprendida e injustamente tratada del LGBT.

En todo lo que he leído de ciencia ficción, terror y fantasía he encontrado poquísimos ejemplos que valgan. ¿Realmente no hay libros de género con personajes transexuales? El problema es que sí los hay, pero tratan el tema bajo unas condiciones que me plantean muchas dudas.


Tenemos la saga de la Cultura por ejemplo, del recientemente fallecido Iain Banks: ciencia ficción de primera calidad, sumamente recomendable. Cada libro es una gozada y cada uno es de lectura independiente. El trasfondo que todos comparten es el de la Cultura, una sociedad humana hiperavanzada que ha alcanzado la útopia perfecta —la mejor y más apetecible sobre la que he leído—, conviviendo con inteligencias artificiales y razas alienígenas en un futuro donde no hay dinero ni necesidad de trabajar ni problemas de superpoblación (se dispone de espacio infinito gracias a una tecnología que permite colonizar cualquier planeta o crear esferas/anillos Dyson). Todo lo que cualquier ciudadano quiera está a su alcance, incluyendo un cambio de sexo totalmente funcional. Dado que la enfermedad y la vejez también se han erradicado, cualquiera puede vivir tanto tiempo como quiera, y en tanto tiempo el aburrimiento lleva a muchos a cambiar de sexo simplemente como un modo de experimentar nuevas sensaciones. ¿Se puede considerar esta gente como transexuales? Seguramente no, pero la sociedad de la Cultura es una en que el género ya no tiene ninguna importancia y quizás el mismo término transexual ya no tiene sentido.


En otros ejemplos, como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin o Mundo anillo de Larry Niven vemos razas alienígenas que o bien cuentan con tres géneros, o con género intermedio que a veces puede inclinarse hacia lo masculino o hacia lo femenino indistintamente. Esta es la tónica más frecuent: mas que fijarse en la disforia de género y en como se plantearía en una sociedad avanzada, se especula sobre la existencia de un tercer género, o del género neutro a veces para explorar sus posibilidades, otras simplemente como un modo de mostrar lo exótico de razas alienígenas. La obra de Le Guin es muy recomendable si se tiene en cuenta que mas que transexualidad lo que explora es la disolución de las fronteras entre géneros.

Por ello el único libro que recomendaré directamente es uno donde es un personaje secundario el transexual, no el principal .Es lo más cerca que he encontrado a una novela de género fantástico con esta temática.


La joven ahogada de Caitlín R. Kiernan

Una de mis mejores lecturas del año pasado. Literatura de terror de primerísima fila, evocadora, poética, brutal cuando conviene. Muy experimental, la autora juega con la realidad y la percepción, mezclándolas hasta hacerlas indistinguibles. La protagonista, India Morgan Phelps, esquizofrénica, afirma con cinismo que es consciente de su propia demencia; quizás por ello a los fantasmas que empiezan a perseguirla tras un encuentro una noche oscura los ve más como una nueva experiencia que como una maldición. La relación que empieza con Abalyn, una chica transexual, se convertirá en su única ancla con la realidad. 

Esta novela destaca por muchísimas cosas: maravillosamente escrita, unos personajes profundos y entrañables, y una historia si bien confusa al principio —narrada a partir del diario de la protagonista, muy onírica— y adictiva como pocas. Ayuda el uso del método lovecraftiano de espolvorear hechos y mitos reales con otros inventados por la autora. El efecto, como H. P. Lovecraft sabía muy bien, es el de dar mayor sensación de verosimilitud a la historia. La relación entre India y Abalyn es creíble e inspiradora, y así como en otros temas la novela divaga un poco, es diáfana y realista cuando se trata de lo que surge entre ambas.

Conclusión

Espero que estas recomendaciones os resulten útiles; os interese o no el tema LGBT, se trata en todos los casos de obras muy buenas, meritorias, y no tan conocidas como para que resulte superfluo comentarlas. En inglés hay aún algunos ejemplos más, como la saga de “The Last Herald” de Mercedes Lackey, donde el protagonista es un joven mago homosexual que se enfrenta a la constante desaprobación de su padre, o The Archivist de Gill Alderman, obra de ciencia ficción que explora una sociedad matriarcal desde el punto de vista de un huérfano bisexual (en España se tradujo como La ciudad de Mahun pero está actualmente descatalogada. Y lo mismo con Dhalgren de Samuel Delany, obra de ciencia ficción de culto que explora infinidad de temas y experimenta con la sexualidad (bisexualidad, homosexualidad), el género, la psique o la percepción. Se trata de una novela muy compleja que en España publicó Ultramar dividida en tres tomos, hoy en día difíciles de encontrar.

¿Qué otros ejemplos de LGBT aplicado a la literatura fantástica se os ocurren?


Enlaces de interés

Enrenou (https://www.facebook.com/ActivismeEnrenou) / Activismo bisexual y otras identidades plurisexuales.
Arcopoli (http://www.arcopoli.org/) / Asociación de Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales + Heterosexuales de las universidades Complutense y Politécnica de Madrid.
FELGT (http://www.felgtb.org/) / Federación estatal de Lesbianas, gais, transexuales y Bisexuales.
Cultura Trans (http://culturatrans.org/) / Asociación por la visibilidad transexual, transgénero e interesexual.
Asociació universitaria Sinvergüenza (http://www.sinver.org/) / Asociación universitaria de activismo LGBT.
Lesbicat (https://lesbianesacatalunya.wordpress.com/tag/lesbicat/) / Comunidad de mujeres Lesbianas, bisexuales y pansexuales de Catalunya.
Antinous (http://antinouslibros.com/catalog/) / Librería LGBT barcelonesa con tienda online.
Cómplices (https://www.libreriacomplices.com/) / Librería LGBT barcelonesa con tienda online.

junio 28, 2015y

24 de mayo de 2012

Sólo el Acero, fantasía épica aderezada con grandes dosis de cruda realidad

Título original: The Steel Remains.
Edición: 416 págs. Alamut, abril 2012.
Disponible en ebook: No.
Precio: 21,95 €.
Traducción: Manuel de los Reyes.
Temática: Fantasía épica.
Correlación: Primera entrega de la trilogía A Land Fit for Heroes. Lectura independiente.

Portada española para Sólo el Acero. La ilustración original de Larry Rostant representa la espada Críacuervos.

Toda novela de fantasía épica está dotada de impresionantes batallas, sucesos heroicos que de una forma u otra marcan a los protagonistas, material del que se nutren las leyendas y las historias de los bardos en las tabernas. Bien, este es el caso de Sólo el Acero, novela de Richard Morgan que nos habla de una pretérita gran batalla –la de Quebrada del Patíbulo– en la que muchos hombres perdieron la vida, pero donde sólo un puñado de héroes sobrevivieron a ella; tres de esos afortunados héroes son los protagonistas de Sólo el Acero. Pero tampoco es menos cierto que, tras una batalla de semejante envergadura en la que el destino del mundo conocido se jugaba a cara o cruz, los héroes fueron olvidados por el tiempo y por las gentes a las que una vez salvaron. Reliquias de museo que una vez brillaron con luz propia, pero que ahora no son más que un eco pasado fruto de otros tiempos. ¿Qué es de los héroes cuando no hay batallas que ganar, guerras en las que templar el acero con sangre, cuando no hay un enemigo común al que socavar, ganando de paso gloria y honor?

Sólo el Acero da respuesta a todas esas preguntas en la peculiar novela de Richard Morgan, quien además de ser el encargado del guión para el magistral videojuego de acción y ciencia-ficción Crysis 2, es también guionista del cómic basado en el videojuego –con dibujo de Peter Bergting–, así como el autor de las novelas Leyes de Mercado (Gigamesh, 2006) y Carbono Alterado (Minotauro, 2005), siendo esta última el trabajo con el que ganó el Premio Philip K. Dick en 2003. Escritor británico de ciencia-ficción en su mayoría, Richard Morgan ha probado fortuna con esta su primera novela de fantasía épica, en la que sin duda demuestra sus dones para el género.


"¿Qué es de los héroes cuando no hay batallas que ganar, guerras en las que templar el acero con sangre, cuando no hay un enemigo común al que socavar, ganando de paso gloria y honor?"
El mundo que el autor nos presenta en Sólo el Acero es, por así decirlo, un tipo de fantasía épica que podemos definir tranquilamente como fantasía crepuscular. Lejos de los habituales estereotipos de la fantasía, de grandes héroes que son protagonistas de las leyendas que escuchan los niños en la cama antes de dormir, lo que Morgan quiere hacernos ver es que todo puede tener también su lado perverso, el aspecto más "degenerado" de los conceptos preestablecidos dentro del género desde hace décadas. No quiero decir que los héroes de Sólo el Acero sean ni mucho menos unos villanos de tomo y lomo, sino todo lo contrario. Son héroes que han conocido tiempos mejores –por más que dos de ellos rebasen en un par años la treintena–, fueron partícipes de un gran conflicto anterior al que a menudo se alude como una época memorable pero plagada de malos recuerdos, e incluso sueñan con ella en sus peores –o mejores pesadillas. Tanto Egan el Matadragones, Ringil "Ojos de Ángel" Eskiath, o Archeth Indamaninarmal, esta última mitad humana, mitad kiriath –raza cuasi inmortal de piel oscura con conocimientos de tecnología avanzada, desaparecidos años atrás–, son los protagonistas de esta fantasía crepuscular que habla de tiempos pasados que fueron mejores que los presentes, aunque dichos tiempos simbolizan lo que llegó a convertirse en un espeluznante baño de sangre que el mundo trata de olvidar, pero no desde luego los héroes de Sólo el Acero.


En una época en la que el género de la fantasía épica parece ir regido más por el realismo que por el sentido de la maravilla, sin que ello signifique que esto último se deje en absoluto de lado, Richard Morgan juega con las concepciones de una década que parece protagonizada por los grandes best sellers del momento, tales como George R. R. Martin, Joe Abercrombie, Patrick Rothfuss, Andrzej Sapkowski o Brandon Sanderson –eso sin contar con los otros muchos autores que me dejo, pero comprended que la lista sería interminable–, para ofrecernos un revoltijo de clichés que al mismo tiempo resultan refrescantes, mientras que con sus dotes narrativas se pone a la altura de los autores citados anteriormente.

Con unas escenas de acción hábilmente resueltas, brutales y viscerales –en las que no falta ni la casquería ni los baños de sangre de un modo sutil e ingenioso–, debemos además añadir el hecho de que los protagonistas saben en todo momento su posición dentro de la historia –personajes que toman drogas y practican sexo sin tapujos–, quienes en muchas de las ocasiones emplean un lenguaje soez acorde a la rudeza del momento, con unos diálogos interesantes y fluidos. Sólo el Acero es un buen ejemplo de fantasía aderezada con grandes dosis de cruda realidad dirigida hacia los héroes de antaño, mientras que por otro lado abre una interesante propuesta alternativa dentro del mismo argumento de la novela: la posibilidad de la magia con el regreso de los aldraínos, la existencia de los antiguos dioses, del conocimiento ancestral desempolvado.
 
Portada original de la novela, The Steel Remains, 
publicada por Del Rey.

No conviene indagar demasiado en el argumento de Sólo el Acero, pues ese privilegio queda reservado a los futuros lectores de la novela. En su lugar, sí diremos que junto a los interesantes toques de ciencia-ficción que destacan entre lo puramente fantástico, más propio de la espada y brujería con menciones del propio autor a grandes clásicos como Michael Moorcock –Corum Jhaelen Irsei, Dorian Hawkmoon, Elric de Melniboné– o Poul Anderson –La Espada Rota– en las notas finales de la novela, Sólo el Acero puede leerse de manera independiente –con algún gancho, pero muy leve, al final– aunque se trate de la primera parte de una trilogía.

Cansados estamos muchos lectores de tener que seguir el ritmo de las grandes sagas –pese a que corramos a la librería más cercana a por nuestra dosis–, por lo que una novela de lectura independiente es más que bien recibida. Sólo el Acero es la primera entrega de "A Land Fit for Heroes", a la que sigue The Cold Commands –su ilustración de cubierta está protagonizada por el colmillo de dragón de Ringil–, que esperemos Alamut, editora de Sólo el Acero, tenga a bien publicar si las ventas de la novela acompañan.

Nos queda únicamente comentar que el autor ha dotado de un mayor enfoque a la estrella protagonista de la novela, que no es otro que el mencionado Ringil "Ojos de Ángel", héroe homosexual que recoge rechazos allá por donde pisa, hijo de una familia pudiente, poseedor de la temida espada de origen kiriath, la Críacuervos, cuya hoja es capaz de rebanar a un hombre como si fuese mantequilla, a la que la edición española de Sólo el Acero –idéntica al paperback de Gollancz– rinde homenaje haciéndola protagonista íntegra de la portada. Una espada que quedará sin lugar a dudas en el recuerdo, al lado de otras campeonas del género de la fantasía épica como Tormentosa o Tyrfing. Tan sólo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, esperemos que en The Cold Commands de mucho juego, pues la mencionada espada es uno de los temas principales de esta más que recomendable novela que devuelve el favor a los incondicionales de la fantasía épica con una lectura apasionante y bien construida.

mayo 24, 2012y


 

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