La homosexualidad en la literatura de fantasía es uno de los recursos habituales, y la prueba está en que hay muchos ejemplos notorios dentro del género.
Es aquí donde entra el Orgullo: para quitarse los complejos se recomienda dejarse ver en un despliegue vitalista que afirme la existencia de otras formas de vivir y amar que escapan de la visión tradicional. Visibilidad y reivindicación son, han sido y deberían ser, los dos puntales del evento, que a veces flaquea decantándose por lo comercial y olvida su espíritu original.
Es esa palabra y en este contexto, “visibilidad”, la que prefiero a “normalidad”. El Pride es un ejercicio de visibilidad: es un "aquí estamos, formamos parte de la sociedad". Y del mismo modo, uno aspira a que un ejercicio similar se extienda al arte y a la cultura, que son reflejo de la sociedad. Cuando lo hace es la muestra de un cambio en la forma de pensar que atestigua el resultado de la lucha reivindicativa. Y lo hace, lenta y trabajosamente, a menudo de forma errónea, casi paródica, o con el único objetivo de cumplir un cupo de diversidad o generar un choque, una sorpresa. Pero a veces —en series como Cucumber, Transparent o Sense8— el enfoque es el correcto, el resultado esperanzador y con algo aparentemente tan trivial (el arte es el reflejo de la sociedad, la sociedad es el reflejo del arte), el objetivo que perseguimos desde el 28 de junio de 1969 y por el que salimos a las calles en estas fechas parece más cercano.
Lo interesante es encontrar personajes LGBT o temáticas LGBT en la literatura general, la dirigida a otros públicos. Como en La Espada en la Tinta nos ocupamos del género fantástico, nos ha parecido una buena iniciativa proponer algunas obras que cumplan estas condiciones. No aquellas que como “Canción de hielo y fuego” introducen algún personaje homosexual o bisexual de forma anecdótica, por muy interesantes que sean (y Oberyn lo es mucho) sino obras donde gocen de un papel protagónico. Al fin y al cabo, en la fantasía épica la heroína puede suspirar por la princesa.
Homosexualidad en la literatura fantástica
El personaje homosexual aún es una rareza, y desde luego no es ninguna sorpresa que en los clásicos fundacionales no haya ninguno. Tolkien, devoto cristiano y medievalista, sentó en las bases de la fantasía épica el amor casto entre Arwen y Aragorn, o Faramir y Eowyn. En la fantasía heroica o aventurera la cosa no era muy distinta: menos castidad, pero siempre en un marco heterosexual. En la ciencia ficción los autores estaban más interesados en desarrollar la tecnología que la sociología, y cuando se fijaban en ella solía ser en relación a temas políticos-económicos. En la actualidad las cosas deberían ser distintas, y sorprende que no sea así. El gay o la lesbiana aún son la excepción, no ya como protagonistas, sino incluso como secundarios. Ahí van un par de estas excepciones:“El mensajero de la oscuridad” de Lynn Flewelling
"El mensajero de la oscuridad" es una aventura de fantasía contemporánea, bien escrita, sin pretensiones de romper el género ni ser trascendente, una lectura agradable que recuerda a clásicos modernos como “Añoranzas y pesares” de Tad Williams o la “Saga de la Fractura” de Raymond E. Feist, cuando la fantasía podía recurrir a magos, pícaros, no muertos y elfos sin tener que disculparse por "falta de originalidad". En España se han editado los tres primeros tomos de una serie de siete. Los dos primeros constituyen un arco argumental completo y por tanto son autoconclusivos. Es una lástima que no se tradujera el resto de la saga, quizás debido a que pasaron bastante desapercibidos. Lynn Flewelling es una activista feminista y LGBT estadounidense, y su intención al escribir esta serie era simplemente la de ofrecer al lector una aventura fantástica tradicional donde, simplemente, los protagonistas pudieran ser homosexuales.
Sólo el acero de Richard Morgan
Richard Morgan jugó en esta novela con los elementos típicos de la fantasía heroica (también un poco con los de la ciencia ficción) para presentar un personaje homosexual que es sin duda uno de los puntos fuertes del relato. Ringil, apodado "Ojos de Ángel", malvive en un pueblucho de mala muerte matando monstruos, hasta que es llamado para resolver un misterio en la ciudad donde antes vivía con su adinerada familia.Sólo el acero, aunque forma parte de una trilogía (las dos siguientes entregas no han salido en español) se puede leer de forma independientente. En esta novela Morgan añade altas dosis de violencia, lenguaje explícito y sexo, pero eso no es lo más destacable: es la homosexualidad de su protagonista, llevada con una naturalidad sobresaliente, lo que sin duda nos hace recordar que estamos ante un personaje bien construido, cuyas experiencias están condicionadas por su orientación sexual (esa misma preferencia sexual bastante peso en el relato), pero que sin embargo no alteran en modo alguno la actitud de un guerrero (espada mágica incluida) de su talla: alguien que participó en una importante batalla del pasado que vivió para contarlo, aunque las consecuencias no hayan sido menos épicas de lo esperado.
Literatura fantástica con personajes bisexuales
La bisexualidad sufre un grave problema de incomprensión; para muchos —incluso dentro del colectivo LGBT— no es más que un estado transitorio entre la heterosexualidad y la homosexualidad. El bisexual —dicen— es aquel que bascula entre hombres y mujeres a voluntad o por capricho, en una fase vital de indecisión hasta que tarde o temprano se decida por unos u otros. Esta es una visión muy simplista y fundamentalmente errónea que la ficción podría ayudar a corregir. O no, dado que si bien aún podemos encontrar ejemplos de con personajes homosexuales, es difícil encontrar bisexualidad en la literatura fantástica, como por ejemplo:Los tres volúmenes publicados en español (A punta de espada, El privilegio de la espada y La caída de los reyes) son autoconclusivos e independientes: comparten el mismo emplazamiento y algunos personajes del elenco, pero se pueden leer de forma individual sin problemas. En todos —sobre todo el primero y el tercero— hay relaciones homosexuales y bisexuales, que se viven con mucha más normalidad de la que correspondería si se situaran en la misma época y en nuestro mundo. Es una de esas sagas que dividen radicalmente al lector_ se la ama o se la odia. En gran parte debido a los personajes —Richard, Alec, la duquesa de Tremontaine—, todos de moral ambigua (Richard es un asesino, Alec un vividor amante del conflicto y Diana de Tremontaine una conspiradora) y muy humanos en sus deseos, odios y chiquilladas. Para muchos resultarán un elenco insoportable, otros los disfrutaremos.
“Las crónicas vampíricas” de Anne Rice
Aún así, la incluyo entre mis recomendaciones: leer los tres primeros volúmenes de las “Crónicas vampíricas” es buena idea, escritos como están en unos tiempos en los que Rice aún no había tenido ocasión de perderse en su propio laberinto de rancio romanticismo gótico.
Literatura fantástica con personajes transexuales
Lamento lo indecible que no haya más literatura de género fantástico con personajes transexuales, especialmente cuando hablamos de la necesidad de la visibilidad y que la transexualidad es la más incomprendida e injustamente tratada del LGBT.En todo lo que he leído de ciencia ficción, terror y fantasía he encontrado poquísimos ejemplos que valgan. ¿Realmente no hay libros de género con personajes transexuales? El problema es que sí los hay, pero tratan el tema bajo unas condiciones que me plantean muchas dudas.
La joven ahogada de Caitlín R. Kiernan
Esta novela destaca por muchísimas cosas: maravillosamente escrita, unos personajes profundos y entrañables, y una historia si bien confusa al principio —narrada a partir del diario de la protagonista, muy onírica— y adictiva como pocas. Ayuda el uso del método lovecraftiano de espolvorear hechos y mitos reales con otros inventados por la autora. El efecto, como H. P. Lovecraft sabía muy bien, es el de dar mayor sensación de verosimilitud a la historia. La relación entre India y Abalyn es creíble e inspiradora, y así como en otros temas la novela divaga un poco, es diáfana y realista cuando se trata de lo que surge entre ambas.
Conclusión
Espero que estas recomendaciones os resulten útiles; os interese o no el tema LGBT, se trata en todos los casos de obras muy buenas, meritorias, y no tan conocidas como para que resulte superfluo comentarlas. En inglés hay aún algunos ejemplos más, como la saga de “The Last Herald” de Mercedes Lackey, donde el protagonista es un joven mago homosexual que se enfrenta a la constante desaprobación de su padre, o The Archivist de Gill Alderman, obra de ciencia ficción que explora una sociedad matriarcal desde el punto de vista de un huérfano bisexual (en España se tradujo como La ciudad de Mahun pero está actualmente descatalogada. Y lo mismo con Dhalgren de Samuel Delany, obra de ciencia ficción de culto que explora infinidad de temas y experimenta con la sexualidad (bisexualidad, homosexualidad), el género, la psique o la percepción. Se trata de una novela muy compleja que en España publicó Ultramar dividida en tres tomos, hoy en día difíciles de encontrar.¿Qué otros ejemplos de LGBT aplicado a la literatura fantástica se os ocurren?
Enlaces de interés
Enrenou (https://www.facebook.com/ActivismeEnrenou) / Activismo bisexual y otras identidades plurisexuales.Arcopoli (http://www.arcopoli.org/) / Asociación de Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales + Heterosexuales de las universidades Complutense y Politécnica de Madrid.
FELGT (http://www.felgtb.org/) / Federación estatal de Lesbianas, gais, transexuales y Bisexuales.
Cultura Trans (http://culturatrans.org/) / Asociación por la visibilidad transexual, transgénero e interesexual.
Asociació universitaria Sinvergüenza (http://www.sinver.org/) / Asociación universitaria de activismo LGBT.
Lesbicat (https://lesbianesacatalunya.wordpress.com/tag/lesbicat/) / Comunidad de mujeres Lesbianas, bisexuales y pansexuales de Catalunya.
Antinous (http://antinouslibros.com/catalog/) / Librería LGBT barcelonesa con tienda online.
Cómplices (https://www.libreriacomplices.com/) / Librería LGBT barcelonesa con tienda online.











































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