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Mi espada, mi conjuro.
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La mazmorra. Un troll.
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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
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21 de junio de 2014

Reseña: «Batman. Serenata nocturna», de David Hernando

1938, Action Comics número 1, primera aparición de Superman. Con el Hombre de Acero ha nacido el cómic de superhéroes. Poco después, de su sombra surge un personaje opuesto en prácticamente todo: Batman, el cruzado enmascarado. Y con este dúo tan dispar empieza una edad de oro que reinará aproximadamente hasta el final de la segunda guerra mundial.

Muchos otros personajes nacieron durante esa edad de oro, gran parte de los cuales aún siguen en activo, y en mayor o menor medida, todos bebieron de Superman y Batman. Tanto éste como el Kryptoniano eran mucho más que un «justiciero con capa», detrás de sus acciones había un código, sus aventuras seguían una coherencia interna, eran personajes bien construidos, con trasfondo, meticulosamente diseñados tanto conceptual como estéticamente: no es de extrañar que triunfaran y dejaran una estela que marcara el camino para que los que vinieron después. Tras el personaje había lógicamente unos autores, las mentes maestras detrás del éxito; con el tiempo, llegaron a ser muchos los guionistas y dibujantes que dejarían su huella –más o menos positiva–, pero incluso los más transgresores siguieron el esquema marcado por los creadores.

Creadores, como Siegel y Schuster, padres de Superman. No guionistas que cogieran un trabajo por encargo y desarrollaran las ideas de otro, no se subieron a un tren que estuviera ya en marcha. Hablamos de gente, a finales de la década de los treinta, que supieron sublimar las inquietudes de la población con infinidad de referencias culturales y sintetizarlo todo en unos personajes que les sobrevivirían: Stan Lee, décadas después, logró el boom de la era Marvel y aportó infinidad de personajes icónicos al mundo superheroico, pero su mérito fue, al fin y al cabo, modernizar conceptos ya existentes y readaptarlos al paso del tiempo. Y fue un mérito enorme, que hoy en día le encumbra como un dios viviente del mundillo. Siegel y Schuster crearon prácticamente de la nada, y a diferencia de Stan Lee, murieron casi en el anonimato, como nos relataba David Hernando en su ensayo Superman, la creación de un superhéroe.

Bob Kane, el usurpador.

Aunque maltratados por la misma editorial a la que ellos encumbraron, Siegel y Schuster lograron sino un reconocimiento suficiente en vida, sí el ser aclamados póstumamente, y hoy en día sus nombres se asocian al último hijo de Krypton como algo natural, como creadores de Superman. Batman, héroe solitario, en cambio, fue creado igualmente en solitario por otro gran autor; Bob Kane. O así nos lo habían contado.

〈〈 ¿Cuál fue el gran mérito de Kane, el que le permitiera figurar como creador único, o creador siquiera? 〉〉
Lo cierto es que, como si de un Bruce Wayne tramposo se tratara, Bob Kane había afirmado ser Batman durante décadas, atribuyéndose todo el mérito de su creación y disfrutando de la gran vida que la fama le confería; en las sombras, el auténtico cruzado enmascarado, Bill Finger, pasaba desapercibido, su trabajo publicado bajo el nombre de otro.

Ha pasado mucho tiempo desde que Batman iniciara su cruzada; mucho, incluso, desde que murieran tanto Kane como Finger. Pero es ahora, tanto tiempo después, cuando por fin empiezan a concretarse y confluir las voces que denunciaban aquella injusticia y clamaban por una rectificación ahora ya tardía. En este segundo ensayo de David Hernando que reseño se procura poner las cosas bajo una perspectiva histórica. En este sentido, el caso de Bill Finger resulta particularmente interesante: fue un guionista de enorme talento, asocial como suelen serlo muchos escritores. Y la enormidad del agravio al que se le sometió es tal que no se me ocurre paralelismo alguno.

Si con Siegel y Schuster teníamos a dos jóvenes con ilusión y talento, estafados por una gran empresa, aquí Hernando nos destapa a Bob Kane, «El gran copiador», como un artista de la picaresca que supo aprovecharse de ideas y trabajo ajenos. Para certificar el grado del escándalo que supone, basta con descubrir que en realidad Kane, que prácticamente no sabía ni dibujar, ni siquiera diseñó el uniforme del Batman que todos conocemos perfectamente. Hernando aporta una reproducción de como habría sido Batman si se hubiera seguido el concepto propuesto por Kane... y sobran las palabras; mejor verlo en el libro.

Bill Finger según el ilustrador Ty Templeton.

Si todo, desde el diseño hasta el guión, fue obra de Finger como guionista y de una serie de dibujantes a la sombra, ¿cuál fue el gran mérito de Kane, el que le permitiera figurar como creador único, o creador siquiera? Saber reconocer el talento ajeno y succionarlo en beneficio propio. Y atar tal relación parasitaria con un buen contrato que la eternizaría e impediría romperla incluso cuando a finales de su carrera ya todo el mundo editorial la conocía.

El de Finger es un caso triste: murió antes de verse reconocido. Kane, de algún modo, también es un personaje triste. Hernando nos muestra un individuo convencido de su propia genialidad, en esta extraña combinación del que sabe que no es capaz de triunfar solo y pese a apropiarse del triunfo ajeno, de algún modo logra convencerse de su propia genialidad. Casi todo el ensayo está construido siguiendo prácticamente el esquema de una novela, tras los pasos de Finger, lo cual la hace más próxima; si esta es su virtud, también es el mayor defecto que le encuentro. Aunque no se pueda decir gran cosa positiva de Kane, quizás en algún punto me ha parecido demasiado insistente en ridiculizarle. Resulta muy evidente que el autor le detesta, cosa muy lógica, pero quizás hubiera preferido algo más de distanciamiento emocional: los hechos, al fin y al cabo, hablan por si solos.

En fin, como amante del cómic, he disfrutado Batman. Serenata nocturna, aunque conocía muy por encima los hechos, como seguramente todo el mundo que disfrute de los cómics de Batman, es en los detalles donde uno encuentra material para el asombro, y en este libro hay más que de sobras. Desde la carta que Kane le manda a un fanzine, en relación a su autoría incontestable de Batman a la extensión del engaño que perpetró, expoliando no solo a Finger sino también a varios dibujantes a quien usaba en secreto, uno puede indignarse con el villano y empatizar con el héroe. Y sobre todo, salir bien informado, que es lo que uno busca al fin y al cabo.

Información adicional
Editado por Timun Mas en mayo de 2014.
Tapa dura, 176 págs, 14,90 €. Disponible en ebook.
Escrito originalmente en español.
Lectura independiente.
Nuestra valoración: 

junio 21, 2014y

18 de diciembre de 2013

Entrevistamos a David Hernando: "Superman fue lo que fue gracias a sus autores"


David Hernando es director editorial de Planeta DeAgostini Cómics y también el autor de varios ensayos que tienen que ver con el mundo del cómic como Batman: El resto es silencio (Dolmen) o En primera persona: George Pérez (Dolmen). Su último libro publicado ha sido Superman, la creación de un superhéroe, por lo que es precisamente en su nueva obra donde nos vamos a centrar en esta entrevista que gustosamente nos ha concedido el autor, un ensayo sobre el origen y todo lo que rodea a la figura del célebre superhéroe creado por el escritor Jerry Siegel y el artista Joe Shuster. La reseña del libro ha sido publicada recientemente en esta misma página –podéis leerla en el enlace–, así que una vez hechos los deberes, aquí está la entrevista completa.

N: Bueno, antes que nada déjame darte las gracias por darnos la posibilidad de realizar esta entrevista, siempre es un placer poder hablar directamente con un autor; aprovecharé también para decir que el libro me ha encantado, últimamente estoy precisamente interesado en la... “teoría”, la historia tras el cómic, y no es fácil encontrar ensayos de referencia.

D: ¡Gracias a vosotros! Y gracias también por vuestras palabras sobre el libro. Me alegro que os haya gustado.

N: Comentas en el prólogo de Superman, la creación de un superhéroe que éste era un proyecto que tenías en marcha desde hacía casi una década; parece evidente que se trata de un proyecto muy personal, y creo que se nota por el modo como tratas el personaje y las circunstancias que rodean su evolución. Mucho más pasional que otros ensayos que uno presiente como más mercenarios. ¿Cómo fue tu primer contacto con Superman?

D: El acercamiento pasional era necesario para que el lector sintiera la historia del personaje y de sus creadores como propia. De esa manera, el libro obtenía una voz propia.

Mi primer contacto, que recuerde, fue con el volumen I de Ediciones Zinco, seguramente motivado por verlo anunciado en algún cómic de Batman de la época. Recuerdo como primeras lecturas los números de Gil Kane con Brainiac. Luego me metí a fondo con el volumen II ¡y hasta nuestros días!

Aparte, mi primer acercamiento al personaje fuera de los cómics fue con la primera entrega de Christopher Reeve. ¡Eso marca!

N: Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la epopeya que tuvieron que vivir Siegel y Shuster en relación a los derechos por su creación. Conocía vagamente el caso –Morrison lo trata un poco por encima en Supergods– que por desgracia es bastante frecuente, pero no con tanto detalle. ¿Crees que al final se les ha hecho justicia?

D: En cierto sentido, sí. Es decir, pese a todas las penurias que pasaron, como las narradas entre el final del capítulo uno y todo el capítulo dos, al final su nombre aparece en todas partes donde se menciona su creación. Además, durante los diez primeros años de publicación (entre 1938 y 1948) vivieron una acreditación y éxito como pocos autores en su momento. Una vez pasados los años oscuros (que para ellos podríamos enmarcar entre 1948 y 1978), ambos pudieron ver con sus propios ojos cómo ese reconocimiento volvía a estar presente. Más allá de las peleas judiciales que han seguido ocurriendo hasta la actualidad, creo que se les ha hecho mucha justicia. Por ejemplo, han corrido mucha mejor suerte que otro autor contemporáneo como fue Bill Finger, que jamás vio su reconocimiento en vida (e incluso hoy su nombre sigue sin aparecer acreditado como debería).


N: Relatas cómo Siegel intentó proseguir con su carrera como guionista creando otros personajes; entre ellos, “El espectro”, que después lograría cierto peso en el universo DC, pero que en general fueron un fracaso. Superman fue una creación muy personal, como un alter ego; conseguir con él un éxito tal, tan pronto en su carrera, y a la vez tener que batallar tanto por recuperarlo, ¿pudo quemar a Siegel?

D: Sí, por descontado. A lo largo de la narración se puede observar cómo Siegel va perdiendo fuerzas para hacer frente a las adversidades que encuentra. Por otro lado, Superman fue su obra más personal y eso pesa. Sus historias para el personaje son de lo mejor que uno puede encontrarse en el género superheroico, pues describió un sinfín de situaciones que se han ido repitiendo continuamente a lo largo de más de setenta años a lo largo y ancho del género.

Si uno mira sus guiones entre 1938 y 1948, tanto de cómics como de tiras de prensa, encontrará referencias metatextuales, adaptaciones, metalenguaje… un montón de conceptos presentes antes de ser definidos como lo son hoy. Autores como Alan Moore o Grant Morrison está claro que se empaparon de estas historias, porque el eco de Siegel se puede escuchar en las páginas de esos autores sin problema, en obras como Supreme o Animal Man.

N: Otro aspecto que en tu libro queda muy claro es la frecuente y perniciosa actitud de las editoriales, del burócrata, que se interpone en el camino de lo creativo primando las ventas. Este parece ser un mal endémico del mundo del cómic superheroico. La sensación es que el cómic llega a buen puerto pese, no gracias, a la editorial. ¿Es una utopía desear lo contrario?

D: En realidad el cómic llega a buen puerto gracias a ambos: los autores y la editorial. Superman fue lo que fue gracias a sus autores y a la idea inicial de Siegel y Shuster, pero quien ha estado alimentando al personaje durante todos estos años, invirtiendo y apostando por él, ha sido la editorial. Sin ese apoyo mediático y económico detrás, habría sido difícil que el personaje llegara a tantísimos millones de personas. La editorial, tanto por sus tiradas como por sus acuerdos de adaptaciones, consiguió acercar el personaje a multitud de medios. Eso sí, sin la idea de Siegel y Shuster, la editorial no habría tenido nada con lo que empezar. Así que el mérito del éxito hay que saber medirlo en su justa medida, equilibrando la balanza.

El problema que tuvieron Siegel y Shuster fue encontrarse con problemas legales por el acuerdo que alcanzaron, un acuerdo que incluso a la editorial en su momento le quedaba grande. Con esto quiero decir que DC jamás pensó que Superman se convertiría en lo que acabó siendo. Por ello, acordaron lo habitual para la época con ambos autores. La burocracia se interpuso después, con editores que querían controlar más al personaje que sus propios creadores o por distintos intereses.

N: El tema del Comic Code Authority y Wertham lo tocas un poco por encima en tu libro. A Superman le afectó menos que a otros, ¿pero el Superman de la etapa post-Comic Code es deliberadamente menos social, menos comprometido, deliberadamente menos profundo para ahorrarse problemas, o es realmente solo por cómo Weisinger ve que tienen que ir las cosas?

D: Ambas cosas. Weisinger impuso su criterio editorial, pues estaba en su derecho dado que tenía esa responsabilidad, y al mismo tiempo el propio Comics Code imponía según qué modelos de historias, así que fue una mezcla de ambas influencias.


N: Mi sensación es que el máximo enemigo de Superman es su propio sentido de lo correcto; de no tenerlo, ningún problema ni enemigo podría con él. Su única limitación parece ser la que él mismo se impone. ¿Estás de acuerdo?

D: Sí, estoy de acuerdo en lo que dices que su única limitación es la que él mismo se impone, pero lo veo como algo positivo. ¡Menos mal que lo hace! Si no, tendríamos a un villano en potencia. Que Superman tenga ese sentido de lo correcto y no permita que nadie, ni dentro ni fuera de sus páginas, modifique su actitud es muy positivo. Necesitamos personajes así, incluso hoy día.

N: Parece que el género superheroico, o en cualquier caso, el llamado “mundo friki”, está de moda; gracias en gran parte a magníficas adaptaciones cinematográficas como las de Nolan o Whedon, y a series como The Big Bang Theory. ¿Vivimos un momento de apogeo o por el contrario crees que esta moda banalizará el género? ¿Cómo ves el panorama actual?

D: El panorama actual no puede ser más interesante. Que haya multitud de referencias y adaptaciones es positivo. Todo suma, en ningún caso banalizará un género que permanece constante desde hace más de setenta años. Además, el género superheroico ha sabido absorber sin problema todo lo que décadas previas le han ofrecido en cuanto a adaptaciones o influencias, sacando lo mejor posible para seguir adelante. Si ahora el público está más receptivo a este tipo de historias y eso permite una mayor exposición del género, saldremos ganando seguro. 

N: ¿A qué crees que se debe, en última instancia, el éxito de Superman? ¿Llegó en un momento providencial? ¿Podría nacer y calar un personaje así actualmente, en un mundo mucho más cínico?

D: Como decíamos antes, necesitamos personajes así y, precisamente por eso, nos costaría muchísimo aceptar uno como tal hoy día. Solo hace falta ver la interpretación contemporánea que hacen de Superman, tanto en New 52 como en Man of Steel, para ver que el personaje está dejándose influir demasiado por el contexto de cinismo, violencia y oscuridad en el que se rodea. 

El éxito que tuvo Superman en su momento se debió a multitud de factores: desde la época en que apareció, o cómo eran y pensaban sus creadores, hasta el desarrollo posterior en la historia con la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de héroes que imperó en Estados Unidos. Podríamos trazar multitud de paralelismos con el auge que han tenido los superhéroes en medios generales desde la década pasada, después del 11-S, hasta hoy ¡pero nos podríamos estar días! 

Baste decir que el personaje llegó cuando era realmente necesario y como tenía que aparecer (no como un villano, como lo crearon en un principio, sino como un salvador) y que hoy día crear algo sería harto complicado. No somos tan inocentes como hace 75 años, aunque seguimos teniendo la necesidad, más que nunca, de creer en personajes así.

N: Superman trasciende el género. Es el superhéroe de superhéroes; no solo por su éxito, sino también por haber marcado el inicio de la era del cómic. Esta es una duda que me ha quedado tras leer tu ensayo: ¿El código moral de Superman es lo que marca el camino para todos los que siguen? Siendo el primer superhéroe, ¿marca los límites e idiosincrasias de los que seguirán?

D: Por completo. El personaje absorbe todas las influencias de lo que leyeron en su momento Siegel y Shuster para crear algo distinto. Pero a su vez, impactaron el mercado de tal manera que todos los personajes del mismo estilo y género que vinieron detrás ya venían marcados y cortados por el patrón de Superman. Era algo imposible de evitar. No solo por la necesidad editorial de más personajes similares para obtener más ventas, sino porque los lectores de entonces, que acabaron siendo los autores de mañana, no podían evitar deshacerse de esa influencia. 

Superman creó el arquetipo del superhéroe y todos se definen como igual o diferente en base a él. Ya sea la identidad secreta, el origen, los valores, el atuendo, los secundarios, los villanos… todo gira en torno a lo que marcó Superman, de una manera u otra.

N: A lo largo de Superman, la creación de un superhéroe vemos cómo ha protagonizado un puñado de colecciones/series, a veces tres títulos paralelamente; tantas series… ¿son necesarias y/o útiles? ¿A qué fin sirven? ¿Ayudan o despistan?

D: Sólo son necesarias según lo útiles que sean. En un momento en concreto, sirven un fin para contar una historia que de otra forma daría para muchísimos meses si saliera solo en una colección (tipo “La muerte de Superman”), pero otras veces sólo están para exprimir más al personaje editorial y comercialmente hablando, sin ningún objetivo claro más allá de producir y producir páginas sin parar. Ahí radica lo agudos e inteligentes que sean los editores y autores detrás de cada época. 

N: "La muerte de Superman", a cargo de Jurgens, es otro tema sorprendente. Yo soy de la generación “curtida” en cuanto a muertes de personajes se refiere; he visto morir y regresar a muchos otros tanto en Marvel como en DC. La expectación y atención social que describes cuando lo de Jurgens me parece fantástica. ¿Crees que hoy en día sería posible lograr una atención así? No ya por la muerte de un personaje, sino con cualquier giro argumental.

Tanto como en su momento, creo que es imposible. Como decíamos, la creación del personaje en los años 30 fue motivada por multitud de factores, y el impacto que tuvo su muerte en 1992 también lo fue. Hoy, más cínicos como somos, una noticia así ha impactado lo justo, como la muerte del Capitán América hace unos años, pero no pasa de acaparar algunos titulares en medios generales y desaparecer como cualquier otra noticia del día. No lleva a formar colas, no lleva a vender millones. Pero también el mercado tampoco es lo que era, en parte por esa explotación inconsciente en la que se metió la industria (y no me gusta llamarla “industria” pero es la palabra que mejor define lo que hicieron todas las editoriales en un momento). 

Es posible que un giro similar en Batman, Superman o Spiderman, por ser los más famosos, podría generar un impacto mediático similar, pero ni por asomo lo que ocurrió en aquella época.


N: Es impresionante lo preciso que llegas a ser en muchos aspectos. Aparte de la bibliografía y de tus propias experiencias lectoras, ¿cómo te has documentado?

D: ¡Gracias! A base de, como dices, leer mucho, cotejar y preguntar. La idea básica radicaba no solo en leer, sino también en contrastar y asegurarte de los argumentos que daban unos y otros. Ha sido arduo pero también muy motivador.

N: Futuros proyectos. ¿Algún otro ensayo comiquero?

Sí, un par ¡pero de momento mejor seguir disfrutando de Superman: La creación de un superhéroe! Supongo que a principios de 2014 podremos hablar mejor de los dos proyectos en ciernes, una vez se anuncien.

N: El libro termina con el anuncio del reboot que supuso los New 52. Ahora ya ha pasado algún tiempo desde entonces. ¿Has leído alguno de sus números, en las nuevas cabeceras de Superman? ¿Crees que, como otras veces ha pasado –y como pasó con "Marvel Heroes Reborn"– el reboot tarde o temprano retomará la continuidad pre-52, o ya está “perdida” para siempre?

D: El libro lo enfoqué como una unidad narrativa cerrada, pese a lo complicado que resulta al tratar un personaje eterno como Superman, que sigue en constante publicación. Aun así, cerrarlo en 2011 funciona a la perfección, porque permite darle un cierre a la historia con una buena referencia al origen de Siegel y Shuster, para dar la sensación de que no es un libro que necesite actualizaciones. Queda ahí, cerrado, con su inicio, nudo y desenlace. Hablar de New 52 o incluso de Man of Steel habría dejado el libro demasiado abierto y desvirtuado todo el concepto y la intención narrativa que había detrás.

Sobre New 52, espero que algún día vuelvan al universo antiguo, al menos en base a lo leído hasta ahora. O eso o que empiecen a narrar mejores historias con lo que están construyendo. La propia DC lo está haciendo, solo hay que mirar los “digital first”, en Adventures of Superman cuentan historias excelentes sin tanto fuego de artificio como New 52.

N: Finalmente, Superman ha vivido muchos grandes momentos, y muchos momentos bajos. ¿Con qué gran momento te quedarías? ¿Qué episodio absurdo, o incomprensible, borrarías si pudieras?

D: Imposible quedarme sólo con uno. Como grandes momentos diría desde el origen de Siegel y Shuster hasta All Star Superman, pasando por la primera película de Christopher Reeve. En cuanto a episodios absurdos, desde que Mike Carlin dejó de ser editor jefe de las colecciones, el personaje cayó en una especie de vorágine falta de creatividad, como el Superman eléctrico. En otros medios, el mayor bochorno lo consiguen Superman III y IV ¡a cada cual peor!

N: Esto ha sido todo. Muchas gracias de nuevo por haberte tomado tu tiempo en contestar a nuestras preguntas. ¡Hasta la próxima!

¡Gracias a vosotros!

diciembre 18, 2013y

17 de diciembre de 2013

Reseña: «Superman, la creación de un superhéroe», de David Hernando

Título original: Superman, la creación de un superhéroe.
Edición: 296 págs. Timun Mas, junio 2013.
Disponible en ebook: Sí.
Precio: 15 € (rústica con solapas) / 9,99 € (electrónico).
Traducción: Obra original en castellano.
Temática: Ensayo sobre cómic, superhéroes.
Correlación: Lectura independiente basada en el personaje de Jerry Siegel y Joe Shuster.


Junio de 1938, nace Superman. 28 de enero de 1996, muere el último de su tándem de creadores, Jerry Siegel. ¿Qué ha pasado entre ambas fechas? La respuesta la encontraremos en Superman. La creación de un superhéroe, y no es una respuesta fácil; porque este personaje, este mito, el Hércules de nuestra era, ha vivido –de acuerdo con su condición heroica– las vicisitudes más surrealistas; tanto en la ficción como en la realidad, saltando de villano en villano en aquella, y de editor incompetente a director manazas en ésta. Y ha triunfado en ambas, a veces contra todo pronóstico; 75 años mayor, pero tan acerado como cuando nació.

Superman, con su primera aparición en Action Comics nº 1, marcó el inicio de la "Golden Age" y de la era del cómic superheroico. Sobrevivió a la debacle del mismo diez años más tarde, con el nacimiento del "Comic Code Authority". Pasó por una edad de plata que lo catapultó a las cimas de lo surrealista, mientras su fortaleza de la soledad se iba llenando con cada vez más miembros de la superfamilia, y capeó las últimas décadas del siglo protagonizando una película inolvidable y una muerte, en el cómic, que causó un impacto nunca antes visto en la sociedad lectora.


“He descubierto que el kryptoniano es mucho más de lo que parecía”
De la mano de David Hernando, sabremos todo acerca de sus mejores y peores momentos; intercalando con anécdotas sorprendentes –una película de Superman dirigida por Tim Burton, protagonizada por un Nicolas Cage con peluca, vestido de negro y acompañado por un elenco sorprendente; Hulk Hogan, Sandra Bullock y Jim Carrey entre otros–, seguiremos toda su evolución hasta el reboot que supuso los New 52. Esta es la historia de Superman, pero aquí descubriremos que éste tiene otro alter ego además de Clark Kent: Jerry Siegel, su co-creador –junto al artista Joe Schuster– y primer guionista. Siegel construyó un personaje basándolo en gran parte en sus propios miedos e incertidumbres, sus esperanzas, sus ideales y sus experiencias vitales. Superman, el personaje, es de algún modo una proyección de la vida de Siegel, y por ello es imposible entender la creación de Superman sin entender a Jerry Siegel. Este libro también es su historia, y es una historia triste, porque mientras Superman se elevaba hacia un éxito aparentemente ilimitado, DC estafaba a Siegel (y a Schuster). Mientras la editorial se hacía de oro, los creadores pasaban de cobrar una miseria a no cobrar nada, y de no cobrar a desaparecer incluso de los créditos. Ni Siegel ni Schuster lo aceptaron con resignación; lucharon, y perdieron una batalla legal tras otra. La historia es tan injusta, de hecho, que cuando en algunos momentos repunta, parece la narración de este momento, tras una batalla heroica, cuando el héroe ha llevado a cabo su misión, sacrificando mucho en el proceso, para conseguir lo que parece tan poco después de tanta lucha... Hernando incluso me arranca alguna lágrima emotiva en momentos como estos. Este asumir que por más guionistas y dibujantes que los hayan seguido, por más que haya pasado por manos indignas una vez tras otra, al final son las historias de Siegel y Schuster y sus esquemas, sus ideas, las que se siguen utilizando y modernizando. Es emocionante y para mí el mejor enfoque del libro.

Superman no era un personaje que siguiera con especial interés. Había disfrutado mucho del All-Star Superman o del Superman: Hijo rojo, pero me parecía que era un héroe demasiado poderoso y perfecto como para que se le pudieran plantear retos creíbles, sobre todo sabiendo que los que encajarían mejor –autocuestionamientos morales– posiblemente quedarían fuera al no vender tanto como una buena y clásica batalla contra el villano de turno. Tras leer Superman. La creación de un superhéroe lo veo de otro modo. Mis mismas dudas se las han planteado muchos grandes guionistas, y sus soluciones a veces me han sorprendido por lo originales. He descubierto que el kryptoniano es mucho más de lo que parecía.

Fans de Superman: leedlo. Disfrutaréis con las anécdotas y os emocionaréis con la vida de la criatura y sus creadores. Amantes del cómic que no disfrutáis de Superman: leedlo. Os ayudará, como a mi, a verlo de otra manera. Y si no, como mínimo os dará un trasfondo histórico necesario, porque sean cuales sean vuestros favoritos, si son superhéroes, existen gracias a Superman, el Hombre de Acero, el primero.


diciembre 17, 2013y


 

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