Cuando uno acude a su cine favorito a contemplar el último prodigio tecnológico surgido de la mente de
Michael Bay ya sabe a lo que va, y más tratándose de una saga como la de "Transformers". Es decir, de poco podemos quejarnos si no nos termina gustando cuando lo que hemos hecho antes de casa es decir «¿vamos a ver la última de los Transformers?», o una vez ante las taquillas electrónicas –o en las que hay humanos– dice un «dame X para la de los Transformers a las cinco y si puede ser en tal fila».
Exacto, eres de los que ha visto las tres películas anteriores –en mi opinión cada una es peor que la anterior–, pero sin embargo no puedes resistirte a echar un último vistazo –siempre será el último, dicen los aficionados al cine de acción– y por lo menos comprobar de primera mano si la cosa mejora respecto a ese despropósito totalmente desaprovechado que fue
El lado oscuro de la luna, hace ya tres años.
Pero oye, resulta que después de todo estas películas siguen siendo un reclamo total para los cines en verano, tienen su público y seguramente tú estés entre él. Por lo menos yo lo he estado, porque un servidor quería ver cómo era la vuelta de los robots transformables con
Mark Wahlberg y
Stanley Tucci como principales reclamos del reparto –porque la actriz que hace de damisela en apuros siempre me ha importado un comino–, y también para darle una nueva oportunidad a ese palomitero director que es Bay –caeré también con las Tortugas Ninja, aviso–, quien además tiene a
Steven Spielberg como director ejecutivo para toda la saga.
Transformers: La era de la extinción repite punto por punto el mismo esquema que ya presentaron en su día las tres primeras entregas de la saga, aunque quizá el enfoque de los protagonistas es ligeramente distinto pero igualmente manido: padre cachas, inventor y con problemas de dinero, chica adolescente incomprendida y con novio de buen ver y habilidades de conducción, y amigo soplagaitas que es una auténtica carga para los protagonistas por sus nulas capacidades tanto intelectuales como físicas salvo para fastidiar los momentos. La premisa de que determinados humanos que nunca han tenido contacto con robots alienígenas se encuentren de pronto en mitad de una guerra por la supervivencia y se hagan inmediatamente amigos de las susodichas criaturas transformables es también marca de la casa.
Por tanto,
tenemos la misma fórmula que ya ha hecho funcionar a los Transformers anteriormente –económicamente hablando–, pero quizá aderezada con unas gotas de lubricante que le da cierta fluidez en comparación con las anteriores: con
El lado oscuro de la luna casi me duermo en el cine (no por la acción sino porque la cinta era larga y aburrida de narices), con la segunda casi me muero de vergüenza ajena por lo ridículo de las situaciones (vale, con la batalla de la tercera también), y con la primera pensé: «de acuerdo, una peli de robots con efectos especiales bastante chulos».
En cambio, con
La era de la extinción no me ha ocurrido nada de esto: no he sentido vergüenza ajena –salvo por las escenas de la fémina de turno y eso es fácilmente ignorable porque no es tanto como con las dos anteriores protagonistas–, no he tenido casi sueño, e incluso se me ha hecho menos larga que otras veces –sí, pese a sus más de dos horas y media de duración–, porque la veo más equilibrada en cuanto a escenas de acción (las mejores ocurren en Tokio y en el interior de la nave del malo), situaciones de diálogo y demás, por no decir que Stanley Tucci siempre tiene presencia en la pantalla –no así «cara de palo» Wahlberg, aunque le prefiero a él como héroe de acción que no a Shia LaBeouf– y aquí Tucci tiene un papel de pseudo-villano desconocedor de la historia de los Transformers.
Quienes acudan al cine, al videoclub, o se compren la película pensando que van a encontrar algo distinto a lo acostumbrado, que vayan quitándose esa idea de la cabeza: estamos ante más de lo mismo, pero con mejores efectos especiales. «¿Pero qué pasa con los Dinobots?», pensarán algunos. No me olvido de ellos, pero considero que es un
macguffin de los gordos, porque
el protagonismo de los dinosaurios robot en la cinta es meramente anecdótico e incluso paradójico, teniendo en cuenta la manera en que los encuentra Optimus Prime: es prácticamente un
deus ex machina y poco aprovechado teniendo en cuenta sus muchas posibilidades. Eso sí, lo que se dice molar, molan mucho.
No esperaba otra cosa de
Transformers: La era de la extinción, ni tampoco esperaba menos: me ha entretenido y punto, no se me ha hecho tediosa como la anterior, y de paso he saciado mis ganas de explosiones, puñetazos metálicos y disparos. A nivel de salvajismo está tan cerca de
Pacific Rim como para rivalizar con ella, pero a nivel narrativo se aleja bastante, en especial porque tanto
El lado oscuro de la luna como
La era de la extinción tienen una introducción al más puro estilo historia alternativa que deja con ganas de ver una película desarrollada únicamente a partir de ahí. Pero ya sabemos que lo que uno desea y lo que hacen en Hollywood con estas películas es casi siempre lo opuesto, y
La era de la extinción tenía muchas posibilidades con ese inicio donde los dinosaurios fueron exterminados por los pre-Transformers que dejaron su semilla hace millones de años y crearon robots a imagen y semejanza de los reptiles que una vez caminaron sobre la Tierra.
Quedan películas de Transformers para rato, y la quinta está programada para 2016. Lo que sí espero, aunque seguramente no se cumpla, es que le den otro enfoque a la saga porque después de cuatro películas está más que quemada, ofreciendo siempre el mismo planteamiento y los mismos recursos tanto narrativos como cinematográficos. Una
space opera estaría bien, para empezar, con aventuras, pocos o ningún humano, especies alienígenas, templos perdidos, objetos míticos... Por soñar que no quede.
Ficha técnica
Estreno en España: 8 agosto, 2014. Productora: Paramount Pictures, Hasbro, Di Bonaventura Pictures. Dirección: Michael Bay. Guión: Ehren Kruger. Géneros: Ciencia ficción, Acción. Duración: 165 minutos.
Valoración
★★☆☆☆