} -->

Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra, un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía en todas sus formas.

Publicación independiente de fantasía, por y
para lectores de espadas y conjuros. La
fantasía es la poción mágica de la literatura.

Cultura fantástica
La fantasía es
la poción mágica
de la literatura.
Has descubierto un camino
lateral y entrado en un sitio
de La Espada en la Tinta. Pulsa
aquí para volver al principio
#Aquí hay fantasía

Publihechizo

17 de diciembre de 2015

'Sense8', la propuesta multicultural y sensitiva de Straczynski y los Wachowski


La nueva obra de los hermanos Wachowski y J. Michael Straczynski está dando mucho de que hablar, tanto para lo bueno como para la malo, desde que se estrenara en junio de este año. Sense8 consta de doce episodios, que gracias a Netflix y la nueva moda del binge watching (disponer de una temporada entera y verla de una sentada) he podido devorar.

Fieles a su estilo grandilocuente, los Wachowski han grabado en nada menos que ocho localizaciones diferentes, correspondientes a los ocho personajes principales; Reino Unido, Kenya, Corea del sur, Méjico, India, Islandia, y dos en EUA, San Francisco y Nueva York. El nivel de producción es impresionante igual que el reparto, con cameo de Daryl Hannah —a quien adoro desde su interpretación de Elle Driver en Kill Bill— y un Terrence Mann que consigue interpretar un villano, Mr. Whispers, que resulta temible sin hacer apenas nada.

"El mensaje multicultural es evidente"
La premisa es cuanto menos original. Sin tener aparentemente nada en común, las ocho personas protagonistas están vinculadas por una conexión invisible telepática-empática que les permite compartir experiencias y emociones en tiempo real, sea cual sea la distancia que les separa. El mensaje multicultural es evidente: todos, con sus diferencias, tienen mucho que aportar los unos a los otros. Y todos plantean alguna clase de debate de actualidad.

Tenemos aquí a un alemán hijo y sobrino de criminales que introduce la discusión de naturaleza contra educación. ¿Él mismo es un criminal por naturaleza, habiendo heredado una tendencia hacia el crimen y la violencia? ¿Lo es por educación, por las experiencias que ha vivido y que le han moldeado? O pese a la una y la otra él es más que un simple mafioso, capaz de escapar de este mundo?

Un mejicano, famoso actor de culebrones, auténtica celebridad nacional gracias a interpretar personajes fríos y duros de estos que supuestamente inspiran envidia y respeto a los hombres y deseo en las mujeres, oculta con auténtico pavor su condición de homosexual; la inseguridad y el deseo de proyectar una imagen determinada le convierten en un prisionero dentro del armario.


Un joven policía de Nueva York, hijo de policía, presencia impotente en su día a día el conflicto entre bandas y la segregación racial sin ser capaz de marcar la diferencia, hasta que en contra de lo que todo el mundo a su alrededor le exige, ve la oportunidad de romper con esa dinámica nociva.

Una mujer transexual de san Francisco, bloguera y hacker, que lucha al lado de su novia para vivir una vida normal pese a los prejuicios de su familia, que la rechaza, e incluso de ciertos sectores de las comunidades LGBT y feminista (no os perdáis nuestro artículo sobre LGBT en la literatura fantástica).

Un joven nigeriano, que viviendo en la pobreza e tratando de tirar adelante un negocio precario, solo tiene un objetivo en mente: conseguir dinero para ayudar a su madre, enferma de SIDA, aunque implique tratar con las mafias que trafican con los escasos medicamentos que llegan.


Una chica surcoreana, que aún siendo una valiosa ejecutiva en la multinacional familiar, se ve ninguneada por su padre, quien dedica toda su atención y favor a un hermano derrochador e inútil y la relega a ella a papeles secundarios. Atrapada en esa vida, solo puede desfogarse de noche en peleas de kickboxing hasta convertirse en una campeona de este submundo.

Una chica india que, por convención e inercia, y llevada en parte por el temor a destrozar las expectativas de otros, ha quedado atrapada en el proyecto de una boda con un hombre al que no ama.

Una DJ islandesa residente en Londres que arrastra un profundo trauma del pasado que la ha dejado tullida emocionalmente; va a la deriva, sin arraigar en ninguna parte, desaprovechando su vida y talento en un rumbo directo a la autodestrucción.


Ocho personajes jóvenes, conectados entre sí por su especial condición de sensates, repartidos por todo el mundo, todos con sus peculiaridades y con los mismos problemas de encaje en la sociedad y la necesidad de encontrar un camino propio, una identidad y una reafirmación. Al mismo tiempo, Sense8 es un experimento a lo homo gestalt —término propuesto por Theodore Sturgeon en su genial novela Más que humano— de proponer un posible nuevo paso evolutivo —o quizás la sugerencia de una especie a parte coexistente con la nuestra— que actúa como metáfora de un mundo globalizado, infinitamente diverso y necesitado de contacto.

"La mayor virtud de la serie es la forma en que atiende a debates sociales alrededor del globo"
El mayor punto fuerte de Sense8 es lo bien tratadas que están las tramas individuales, quizás con la excepción de la del policía, que pierde entidad al dedicarse a investigar el misterio que rodea el despertar del grupo. La mayor virtud de la serie es la forma en que atiende a debates sociales alrededor del globo, pero también es su mayor defecto porque el realismo se resiente. Todos los personajes están implicados en algún debate relevante, cada uno de sus historias podría formar parte de una antología sobre los grandes temas del siglo XXI:  machismo, pobreza y acceso a recursos básicos, LGBTQ, crimen organizado, crimen de bandas, tradición contra el individuo, etcétera. Podemos suponer que, en pro del realismo, alguno de los sensate podría haber sido solo un oficinista aburrido en una vida gris, o un individuo con poco atractivo físico en lugar de las bellezas de cuerpo esculpido que son todos y cada uno de ellos. Los Wachowski quieren tocar muchos temas y dado el número limitado de episodios de que disponen para hacerlo el resultado es sorprendentemente bueno. En la buena resolución de las distintas líneas argumentales se nota la mano de J. Michael Straczynski, guionista de culto en el mundillo gracias sobre todo por ser el padre de Babylon 5.

El final de la serie es abierto, pero se prevé una segunda temporada —aunque no está confirmada—. Pero visto como termina la primera tendrá por fuerza un tono diferente, alejado del optimismo predominante. Como Lost o Heroes, es una de estas series cuyo argumento, bien llevado, puede convertirla en un éxito memorable. Pero, como en ambos casos, es extremadamente susceptible de fracasar si los productores caen en la tentación de alargarla artificialmente y cosechar odio allí donde ahora solo recibe alabanzas. La seguiremos atentamente.

Todas las imágenes son propiedad de Netflix.

diciembre 17, 2015y

20 de febrero de 2015

Críticas de cine: 'El destino de Júpiter' de los Wachowski, romance en las estrellas

La space opera está dando en los últimos años películas interesantes que por su trasfondo o su aspecto visual nos invita a verlas por una segunda vez o bien recomendarlas a nuestros amigos y familiares. El destino de Júpiter parecía querer sumarse al carro de la moda, que es la de ofrecer una cinta de aventuras espaciales sin pretensiones, pero que sin embargo deje algo en la mente del espectador que le haga pensar en ella en algún momento venidero.

Lamentablemente, y aunque El destino de Júpiter prometía bastante en su premisa inicial, se ha quedado tan sólo en un despliegue de efectos especiales y la trama se ha visto relegada a un tercer plano. La culpa por supuesto la tienen los hermanos Wachowski, ya que su intención de hacer un guión totalmente original y no basado en una novela o cómic, no le ha hecho darse cuenta de que para que una película de estas características funcione no pueden poner en ON el botón de la pirotecnia digital y que la peli se conduzca sola. No, lo que le falla a El destino de Júpiter es todo: no conseguimos conectar con los personajes pese a que actores como Channing Tatum, Mila Kunis o Sean Bean estén correctos, la trama es inexistente y el meollo del asunto no nos parece nada especialmente nuevo e incluso nos los imaginamos desde antes de que no lo revelen durante la película.

El principal problema de El destino de Júpiter es que ha jugado con una gran cantidad de elementos y no termina por afinar ninguno de ellos. Tenemos a una protagonista que parece sacada del cuento de la Cenicienta –solo que el príncipe azul es un antiguo pirata medio humano y medio lobo–, cuyo destino parece ser algo más que el de limpiadora de inodoros, un personaje con un pasado algo turbio –el del pirata mestizo–, y cuando la protagonista viaja al espacio –y por tanto, también nosotros como espectadores– se da cuenta de que la Tierra es solo una parte ínfima de algo mucho mayor.


Hasta ahí bien, podría haber profundizado mucho más en todos sus elementos, pero la cinta tan solo trabaja un poco cada palo de la baraja y la mayoría de ellos o bien quedan olvidados o simplemente a los directores no les ha importado darles más profundidad. De nada sirve que el padre de la protagonista le pirrara la astronomía si esto no tiene relevancia, o que Júpiter sea algo más que una camarera de pisos, ya que al fin y al cabo no tendrá repercusión ni relación alguna entre sus partes.

A todo esto hay que sumarle el hecho de que en realidad El destino de Júpiter no es una película de aventuras como tal, ya que no se exploran lugares, ni los protagonistas emplean sus habilidades en busca de algún objeto que sirva a mantener unida la galaxia, por mencionar lo más básico del género. Es simplemente una historia romántica situada en el espacio, y ESE sí es su principal problema, que abusa del romanticismo pese a que tenía todas las papeletas ganadoras para ser otra cosa.


El ejemplo más reciente de una película que sí juega bien con sus elementos ha sido Guardianes de la galaxia, una cinta de aventuras espaciales donde los protagonistas corren peligros y visitan otros lugares, interactúan entre ellos y luchan contra un mal común. Todo eso se da con mayor o menor grado de éxito en El destino de Júpiter, pero con una ejecución tan pobre –me refiero al abuso de la pirotecnia y el bajón del argumento, no al desembolso de dólares–, que una vez vista la cinta indudablemente nos queda la sensación de que lo único que recordamos es amor y demasiadas secuencias de acción, que aunque bien ejecutadas y espectaculares –yo quiero unos patines como los del protagonista–, también se abusa de ellas. La imaginación que se demuestra es desbordante, y es innegable que hay un gran equipo de producción detrás a la hora de describir visualmente culturas, planetas y naves, pero toda receta que se precie necesita que sus ingredientes estén en armonía, o al menos casi todos ellos. En relación a este apartado he de admitir, además, que su imaginaría visual me ha parecido un tanto barroca, sensación –buscada, por otra parte– similar a la que me produjo por primera vez el planeta Naboo en Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma o los diseños de Las crónicas de Riddick.

Es una lástima que algo que prometía bastante se quede finalmente en una pobre cinta de acción espacial a la que le falla casi todo: su argumento, el desarrollo de los protagonistas y los villanos –que no son más que caricaturas– y la conexión entre cada una de sus secuencias. El destino de Júpiter está muy por debajo de otras películas escritas y dirigidas por los hermanos Wachowski como El atlas de las nubes, V de Vendetta o Matrix, sobre todo esta última. El ritmo de la cinta está muy logrado y, como digo más arriba, pone de manifiesto mucha imaginación, dos de las cosas buenas que sí tiene la película.


Si lo que pretendían los hermanos Wachowski era una ópera espacial con tintes amorosos y mucha acción, lo han conseguido. Pero si querían hacer una película que rivalizara con la space opera del momento del estilo de Guardianes de la galaxia o Interstellar, han fallado estrepitosamente. Le falta chispa, le falta algo de mala leche y de humor, y le falta ser una película de aventuras.

Como lo mejor de la cinta, eso sí, y aparte de la banda sonora que ha compuesto Michael Giacchino para la ocasión, destaco la magnífica representación que han hecho de los draconianos de Dragonlance. En una película de imagen real de las novelas de Margaret Weis y Tracy Hickman así es como deberían ser.

Actualización: Y añado que no me gusta en absoluto el final de El destino de Júpiter, por lo demás absurdo y que choca con toda la idea del sentido de la maravilla y las ganas de aventura espacial.

febrero 20, 2015y


 

© 2009-2016 La Espada en la Tinta. Todos los textos y arte son propiedad de sus respectivos autores.
La web

La Espada en la Tinta lleva desde 2009 acercando la literatura fantástica a
los lectores de habla hispana apasiona-
dos por el género.
Síguenos

No dejes de visitarnos en nuestras
redes sociales.

Nosotros


Editor/Redactor
jefe
Loren Sparrow

Más


Qué es
La redacción
Contacto
Política de
comentarios

En breve
activamos
esta sección
Gracias por aceptar las cookies. Cierra este mensaje o lee más sobre el tema. Más información · Las cookies


Top

Contáctanos

Menú

Lee más:

‘La canción de Cazarrabo’ en Grim Oak Press

Literatura

Cómics

Contacto

Grimorio

Libros & literatura

Cómics

Cine & TV

Juegos

Lecturas

Noticias

Arte

SW

Literatura

Cómics

CineTV

Juegos

Lecturas

Noticias

Arte

Contáctanos

Libros Cómics CineTV Juegos