TRANSCURRIDO MÁS DE un año tras la publicación de
Iron Man: La 2ª Guerra de las Armaduras en el coleccionable
Marvel Héroes que publica Panini en kioscos y tiendas especializadas (a tan sólo un número de terminar, en el momento de esta reseña), durante el pasado mes de diciembre llegó
Iron Man: La Semilla del Dragón, su continuación. En esta ocasión, solucionados algunos problemas que podemos ver en el volumen precedente, tales como descubrir quién fue el responsable del control de su sistema nervioso, o la ausencia de clímax en los planes de
El Mandarín para con su China natal, ahora comunista, y que echábamos en falta conocer debido al final abierto del libro, abordamos el final de esta saga cuyo final me ha parecido bastante satisfactorio, sorpresivo incluso, aún a riesgo de que muchos de los lectores encuentren la explicación a todo este tinglado manida en sus conceptos.
Iron Man: La Semilla del Dragón recoge los números USA 267 a 275 de la colección Iron Man, guionizados por un Paul Byrne que ha decidió unir en los ochenta el destino del archienemigo de
Iron Man, El Mandarín, junto al de
Fin Fang Foom (sin calzones esta vez) la poderosa criatura dragón que apareció por vez primera en el número 69 de la revista
Strange Tales (1961). El dibujo de John Romita Jr. se ve sustituido aquí por el de
Paul Ryan, quien con trazo firme nos ofrece unas espectaculares viñetas durante las escenas de acción, así como otras secuencias excelentemente dibujadas que confieren un dinamismo notable al conjunto de la historia.