En lugar de recomendar la típica lista de novedades, pensada para atraer a un público que está pendiente de las modas y de lo último que ha salido al mercado, me he permitido el lujo de recurrir a obras ya publicadas más allá de los últimos meses, y espero de verdad que os satisfagan tanto como a mi.
LITERATURA
El libro del cementerio – Neil Gaiman
La primera de las recomendaciones parece muy evidente, pero nunca me cansaré de insinuar –o decir directamente a la cara– a cualquiera que le guste la literatura, que lea El libro del cementerio. Es en mi opinión lectora una de las novelas más redondas que ha salido de la pluma de Neil Gaiman, y tiene montones de poderosas escenas que pasado un tiempo regresarán a la mente del que las lea y será muy difícil olvidarse de ellas. Sentimientos en estado puro, y como la temática se centra en cementerios, espíritus y la convivencia entre humanos y fantasmas, la convierten en la novela ideal para leer durante estas fechas.
De paso aprovecho para comunicar que uno de los capítulos de esta novela está recogido en la antología El cementerio sin lápidas y otras historias negras: puede leerse de manera independiente sin problema –aunque ni mucho menos se disfruta igual–, pero mi recomendación es que se lea directamente El libro del cementerio, y dejarse de zarandajas. ¿Has leído Coraline? ¿El océano al final del camino? El libro del cementerio es obligatorio si te gustan ambas o una sola.
Las palomas del infierno – Robert E. Howard
Esto ya son palabras mayores, no es una novela dirigida a todos los públicos –young adult, se podría decir– como El libro del cementerio, sino un relato de terror puro y duro para adultos. Estamos ante uno de los relatos más terroríficos que ha dado la literatura pulp y con el que más nos ha estremecido Robert E. Howard en toda su bibliografía –en mi ranking personal «La piedra negra» vendría después–. Escrita a finales de 1934 y publicada por en la revista Weird Tales en 1938, nos cuenta las vivencias de dos viajeros que hacen noche en la casona de una plantación abandonada, pero como todos imaginaréis, la casa alberga más secretos de los que aparenta. Un relato perturbador, sumamente atmosférico y que requiere buenas dosis de silencio y concentración para no perderse ninguna de las imágenes que consigue provocar Howard en el lector. «Las palomas del infierno» se encuentra publicado en la antología Los gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenatural (todavía se puede encontrar rebuscando bien, pero Valdemar la reeditará en breve).
Híbridos y engendros – George R. R. Martin
La segunda de las antologías de cuentos de George R. R. Martin –publicada por Ediciones Gigamesh en nuestro país– tiene mucho de terrorífico y de «hallowinesco». La portada ya nos advierte de que lo que vamos a encontrar en su interior no será especialmente agradable. Relatos como «El hombre de la casa de carne», «Recuerdos de Melody» o «Los reyes de la arena» –casualmente, los tres que abren la antología– son historias que uno debe leer si le gusta esa semilla que los buenos autores plantan en el interior de todos nosotros, la de lo incómodo y el «mal rollo» que produce estar ante una historia de tintes sin duda macabros –«El hombre de la casa de la carne», por ejemplo, tiene como eje central cadáveres animados que sirven como objeto sexual–, o bien si quiere conocer la otra faceta del autor de los libros en que se basa la serie de HBO Juego de tronos, pero dejando de lado la fantasía en pos de lo sobrenatural.
Los cuentos de William Hope Hodgson
Una sonrisa roja como la sangre – Adam Gidwitz
Este libro de cuentos de Adam Gidwitz –editado por La Galera– resulta perfecto para leerlo en estas fechas, no solo por la vertiente macabra de los mismos que ha querido mostrarnos el autor –sí, esas versiones de los hermanos Grimm que ya no es estilan hoy en día gracias al filtro de la poderosa industria del entretenimiento– sino porque está escrito de una manera sumamente divertida que a los jóvenes encantará y a los adultos divertirá sin igual. Por si fuera poco tiene todo un aire tan irónico, y se lee de una manera tan amena, con el autor dirigiéndose directamente al lector, que será difícil leer una única página más antes de dejar el libro sobre la mesa, solo por ver qué nuevas desgracias les ocurre a los hermanos protagonistas.
JUEGOS
Fantasmas asesinos, librojuego poco convencional
Esta es la recomendación excepcional, la rara, la poco común: un librojuego que no se juega como los que todos conocemos, los de leer, tirar dados y recorrer secciones. No, aquí el objetivo del juego es pasarlo mal –oh, espera, como en Fighting Fantasy–, pero con dos jugadores. Lo ha editado conBarba, se vende en una pequeña caja de cartón –indivisiblemente con un juego de rol de piratas llamado Envenenados, jugadlo también si podéis– y la mecánica es muy sencilla: en primer lugar, cada jugador decide si desempeña el papel de director de juego o de jugador, y dependiendo de eso cada uno coge el libreto apropiado que le corresponda –vienen dos en la caja, y aparte hace falta una baraja de cartas francesa–. El objetivo es hacérselo pasar mal al otro bajo la premisa de que un explorador urbano decide echar un vistazo a los subterráneos de una fábrica abandonada –ubicada en un lugar y espacio temporal indeterminados, pero yo doy a entender que algo malo ha ocurrido en el planeta–. Y ahora viene la gracia del juego: el que hace de director de juego debe inventarse la historia sobre la marcha, improvisadamente y creando una atmósfera de terror que sólo a él le corresponde mantener –con la colaboración del jugador, claro–. No es un juego de risas, sino de crear la máxima sensación de miedo posible, y creedme que pueden salir cosas muy interesantes de este pequeño juego que tiene muchísimas posibilidades –ya me gustaría que su autor escribiese cosas parecidas en otros entornos–. Si te gustan los librojuegos, el terror, o simplemente los juegos creativos de comunicar de tú a tú, este es tu juego. No os arrepentiréis
CINE
Sleepy Hollow – Tim Burton
En una tanda de recomendaciones como esta no podía faltar El libro del cementerio de Neil Gaiman, pero tampoco puedo dejar de recomendar la que me parece la mejor película dirigida por Tim Burton, y que no es otra que la inspirada en el relato de Washington Irving. Sleepy Hollow, Pesadilla antes de navidad y La novia cadáver forman el triunvirato de las películas que hay que ver en Halloween, y Sleepy Hollow contiene todos los elementos que me gustan en una película de estas características: fantasía, brujería, un poco de terror y un alma que no descansa y que por eso asesina sin piedad –de todas formas, las víctimas se lo merecían–. Los efectos especiales son espectaculares y la atmósfera es realmente sobrecogedora, ¿para qué pedir más? Sí, que Tim Burton vuelva algún día a hacer películas como esta –Sweeney Todd puede ser esa peli que buscamos, pero queremos más–.
VIDEOJUEGOS
Anna: Extended Edition
Pocos juegos de terror me han hecho removerme en la silla del PC (ni Dead Space ni Alan Wake, aunque Singularity, BioShock y Metro 2033 sí me han hecho saltar más de una vez), pero sí que hay uno que ha hecho que no quiera seguir jugando, y ese es la edición extendida de Anna. Seguramente será porque el juego de Dreampainters no tiene tantos artificios y explosiones como los juegos de las grandes desarrolladoras, y porque comienzas explorando una casa abandonada en el campo –mi mente dice que lo está– sin ningún tipo de introducción y sin saber donde te encuentras; o a lo mejor es porque de vez en cuando encuentras elementos del escenario que antes no estaban ahí, o que no dejas de escuchar ruidos raros tras una puerta que por narices debes intentar abrir para proseguir con la aventura. Sea lo que sea, no quiero saberlo, Anna: Extended Edition es uno de los juegos de la industria del videojuego que más miedo llega a dar, y no hay más que hablar. Si no sientes nada jugándolo –en las condiciones adecuadas, como siempre–, a lo mejor es que tienes un serio problema alojado en esa parte del cerebro que administra las emociones.
CÓMIC
Hellboy: El hombre retorcido
Esta miniserie de tres números escrita por Mike Mignola y dibujada por Richard Corben es una de las más conseguidas, a nivel de atmósfera de terror, de cuantas se han publicado del demonio rojo. No soy especialmente propenso al cómic de terror, pero de vez en cuando sí me gusta experimentar con otras formas narrativas afines, y cuando en su momento me topé con este relato todavía le daba vueltas en la cabeza a los efectivos puntos de vista utilizados para cada viñeta –creando una muy lograda sensación de espacio reducido– y, como no, a la América profunda que impregna las páginas de El hombre retorcido: locos, paletos y brujas de pueblo son la fauna con la que el demonio rojo de AIDP tiene que tratar en esta historia, incluso con una entidad superior que no estaba prevista. El dibujo grotesco de Corben es un indispensable en su trayectoria, y en El hombre retorcido es indispensable el apartado artístico, por no decir los efectos narrativos de Mignola, que también es un maestro a la hora de crear un buen ambiente de terror.
El hombre retorcido puede encontrarse en tres formatos diferentes: en edición individual en rústica, recopilado en tapa dura en El hombre retorcido y otras historias, o en el segundo volumen integral de Hellboy.










































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