7 de noviembre de 2016

El Enterprise a medio gas: 'Star Trek: Más allá'

El USS Enterprise parece haber tocado fondo y su tripulación ha naufragado en un planeta desconocido donde no faltan enemigos. ¿Conseguirá salir adelante? Próximamente en tu canal favorito.



Puede que el espíritu del tercero de los nuevos largometrajes de Star Trek tenga más paralelismos con la serie televisiva de finales de los sesenta, pero está claro que algo ha cambiado en el reinicio de la saga planteada por J. J. Abrams en las dos primeras entregas. La modesta recaudación en cines de todo el mundo —poco menos que la mitad de su presupuesto de 185 millones de dólares— no ha hecho rica a Paramount, eso es cierto, pero lo recaudado se ha visto ampliado considerablemente con la llegada de la película al formato doméstico físico y digital.

Pero Star Trek: Más allá, aunque venga con el pan de la buena intención bajo la solapa del uniforme galáctico, no es el mismo tipo de película que esperábamos ver tras la interesante Star Trek: En la oscuridad, aunque no se han olvidado de que por lo menos tenga un par de similitudes con las anteriores: que sigue siendo un ejercicio palomitero bastante decente.

No ha sido ni mucho menos la elección de Justin Lin —el artífice de la saga A todo gas— la razón del "anodinamiento" —si se me permite la expresión— del filme, ya que el uso de un director u otro en este caso es más bien irrelevante, sino la forma en que han conjugado los elementos que han puesto sobre la mesa, lleno de clichés mil veces vistos, que no sorprenden y de tan mascados y asimilados que están no pueden provocar en el espectador más que un "vale, otra entrega más de Star Trek, ¿qué dan ahora?".


Que quede claro, no es una mala película, pero podría haber aspirado a más, no ser la segundona tras la entrega donde desfilan muy acertadamente el careto y vozarrón de Cumberbatch, quien de forma seguro que premeditada ha dejado el listón más arriba de lo esperado. Eso sí, nos queda grabado a fuego en la consciencia de que las películas de Abrams en realidad han sido una rareza en cuanto al Star Trek de toda la vida.

Estamos de acuerdo en que el objetivo de una película de estas características no es otro que el de entretener, pero cuando se trata de diversión siempre hay que apuntar hacia lo más alto. Recursos tales como el USS Enterprise machacado hasta el colapso y la infinita destrucción era innecesario —salvo como excusa para construir un nuevo y mejorado modelo que lo prepare para la cuarta entrega—, como tampoco es especialmente relevante el tema de la guerrera atrapada en un planeta alienígena y que más tarde o más temprano interactúa con la disgregada tripulación del Enterprise, bien aportando músculo o conocimiento —y que da la casualidad de que tiene alguna rencilla pendiente con los malos de turno—, o, sin ir más lejos, el soldado desilusionado con la Federación de Planetas Unidos que aunque sea un clásico en la mitología de Star Trek es la misma relación temporal, o al menos una muy parecida, que vimos en Star Trek y en Star Trek: En la oscuridad. ¿Es que no había más cosas en la carpeta de Simon Pegg?


Quiero recalcar, sobre todo, que la destrucción del USS Enterprise es muy desalentadora, un recurso al que se le ve el plumero y demuestra lo bien que se le da a Hollywood la tarea —en ocasiones da la impresión de ser un chiste interno—, por aquello de que parece que cuanto mayor es el maltrato a una nave emblemática del mundo del cine, mayor será el asombro y la congoja del espectador. Pero no es cierto, como tampoco es acertado decir que disfrutamos con la visión del Halcón Milenario siendo sometido a tortura, aunque tampoco hay una norma que diga que las fortalezas o baluartes de los protagonistas no se tocan. Es de esas cosas que te hacen chirriar los dientes tanto o más que ver al leoncio Scar afilándose las uñas a pelo en una pared.

El tema aventurero, aunque bien dosificado, no presenta especial relevancia puesto que la tripulación del Enterprise no trabaja demasiado con la ambientación que presenta el planeta donde termina estrellándose la nave protagonista. Sí es cierto que hay buenas secuencias de acción, algunas de ellas muy "a lo A todo gas" —la secuencia de la moto—, pero en general Star Trek: Más allá, pese a contar con un reparto a la altura y unos personajes fieles a lo que veníamos viendo hasta ahora —pero le falta "chispa", sobre todo en lo que al humor se refiere— e independientemente de que sea para muchos una obra maestra devolviendo a la saga a sus orígenes no ha conseguido hacer florecer en mí esa emoción a la que una buena historia de ciencia ficción y aventuras debe aspirar. Es muy probable, que Star Trek: Más allá termine cayendo tarde o temprano en el olvido aunque sepa enlazar su final con un bienvenido "¿seguimos?".

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