Título original: Return of the Crimson Guard: A Novel of the Malazan Empire.
Edición: 672 págs. La Factoría de Ideas, junio 2013.
Disponible en ebook: Sí.
Precio: 29,95 € (rústica con solapas) / 15,19 € (electrónico).
Traducción: Marta García Martínez.
Temática: Fantasía épica.
Correlación: Segundo libro de la serie "Malaz: El Imperio".
El regreso de la
Guardia Carmesí es el segundo libro de Ian C. Esslemont en su
saga “Malaz: El Imperio”, que corre paralela a la saga central “Malaz: El libro de los caídos”, de Steven Erikson. En la primera
novela de Esslemont (La noche de los cuchillos) asistíamos a ciertos hechos previos a Los
jardines de la luna (primer volumen de “Malaz: El libro de los caídos”) que
podían considerarse complementarios e interesantes para quienes
disfruten del universo de Malaz, pero que no era imprescindible leer
para seguir el hilo general de la saga madre. Constituían más un
añadido, una historia atractiva pero que en esencia no suponía
demasiada novedad. El regreso de la Guardia Carmesí es todo lo
contrario, aquí ambas sagas se entrelazan. Hay que leerlo, y hay que
hacerlo con atención, porque revela toda clase de puntos importantes
que afectan, y mucho, a la saga madre.
En El regreso de la Guardia Carmesí, Esslemont da un paso adelante más arriesgado y
comprometido, tomando para sí la responsabilidad de relatarnos el
regreso de este grupo mercenario del que poco habíamos visto en la
saga madre. La Guardia Carmesí vuelve de su exilio para reclamar sus
antiguas tierras y enfrentarse al Imperio, al que pretenden derrocar
y así cumplir el juramento que décadas atrás los apartó del común
de los mortales. Parece ser, sin duda, el
momento adecuado para atacar; el Imperio se desmorona cuando por
doquier se alzan los pueblos que subyugó, dirigidos a menudo por
miembros de la vieja guardia, ahora enfrentada entre sí, la misma
generación legendaria a la que pertenecen Kellanved o Danzante.
Aquel era un grupo no tan diferente a los que podemos encontrar en la
fantasía clásica, desde la Comunidad del Anillo a los Compañeros
de la Dragonlance; una serie de talentos, hábiles en la magia o en
el combate, que emprenden una gran misión que cambia sus vidas.
Malaz le da un giro a este arquetipo; aquí el objetivo no era tanto
ayudar al prójimo como satisfacer unas ambiciones personales. Si uno
es un mago poderoso, un Gandalf o un Kellanved, si uno maneja la
espada como nadie, ¿por qué limitarse al heroísmo? Es la clase de
planteamiento al que se ha empezado a someter al género
recientemente, una visión menos ingenua de las cosas; en el cómic,
fue en el Authority de Warren Ellis, donde los superhéroes se
preguntaron por qué arreglar el mundo luchando contra villanos
grandes y pequeños cuando es el orden mundial el que hay que
combatir, y tomaron el poder para sí; en Malaz, este grupo que salió
de la ciudad homónima usó sus habilidades para fundar un imperio y
luego lo dirigió con mano de hierro.
"Este segundo libro de Esslemont es en resumen muy, muy distinto del primero; más extenso, mucho más complejo, mucho más complicado"
El conflicto, pues, tiene
múltiples frentes, y a diferencia de libros anteriores, aquí
transmite una sensación de agotamiento, de desgaste; hay menos magos
(muchos han muerto en tantas décadas de guerra), menos destrucción
a gran escala y más soldados cansados, más recursos agotados, más
sueños rotos. El Imperio de Malaz aquí ya no es el agresor, el
conquistador, sino un poder acorralado, que empieza a parecer vacío.
Tampoco es un poder unificado. En su seno, hay espacio para todo tipo
de mentalidades, desde el infinitamente ambicioso Korbolo Dom, que se
propone exterminar la guardia carmesí para augmentar su prestigio al
teniente Rillish, que decide seguir su conciencia y ponerse de parte
de los débiles cuando las luchas intestinas, que mantienen la
atención del trono en otra parte, dejan aparentemente desemparados a
los Wickanos, aún diezmados tras la trágica cadena de perros
(acontecimiento que podíamos seguir en el segundo tomo de la saga de
Erikson, Las puertas de la casa de la muerte).
Entre ambos extremos,
muchos otros personajes, como el capitán Storo, que se encuentra en
una posición nada envidiable cuando tiene que elegir entre antiguas
lealtades y su actual posición como oficial Malazano destacado a la
sitiada ciudad de Li Heng: él y sus hombres tomarán decisiones que
les perseguirán el resto de la vida. O Kyle, soldado reclutado por
la Guardia Carmesí para luchar en un conflicto que no es el suyo, y
que se ve implicado con poderes demasiado enormes para comprenderlos
siquiera, y mucho menos qué papel se le ha asignado en sus juegos. Y, en un segundo plano,
no nos olvidemos de Mallik Rel, quienes los lectores de la saga
central recordarán bien, y sus maniobras y traiciones para
aposentarse en el núcleo mismo del poder imperial, ni de este
clásico de los libros de Malaz, el arquetipo de la pareja de
viajeros que resultan ser mucho más de lo que aparentan; en esta
ocasión, encarnados por Ereko y Viajero. Y aún podría hablar de la
serenidad de Laseen, o del mago supremo Tayschrenn, tan taciturno en
este libro, o de Despellejador y Trémula, o de K'azz, líder de la
guardia (que personalmente me ha parecido algo soso), pero no
acabaríamos nunca; en cada libro de esta saga hay decenas de
personajes y todos tienen importancia.
En El regreso de la Guardia Carmesí nos podemos preguntar acerca de cuales pueden ser
los objetivos imperiales (o en cualquier caso, los de la Emperatriz
Laseen; los de su predecesor ya los conocemos), si busca perpetuarse
a través de la guerra y la expansión continuadas, encontrando así
una salida a la tensión interna, o si persigue un objetivo concreto.
Si Laseen quiere ser un Alejandro o un Octavio Augusto; un
conquistador o un constructor. Para mi, es en este libro, más que en
los otros de la saga, donde mejor se plantea esta pregunta; donde
mejor se ven las complicaciones y turbulencias de la política
Imperial, y es que aquí vemos el Imperio como un ente más humano y
menos omnipotente, y eso nos permite juzgarlo mejor. Encontraremos también
multitud de escenas, situaciones y personajes memorables; algunas de
ellas épicas. Personalmente, me ha gustado mucho la idea del
juramento de la Guardia Carmesí, y el modo como puede llegar a ser
una carga; me ha recordado el caso de la Escolta de Sangre de la saga
“Thomas de Covenant, el incrédulo” de S. R. Donaldson, que
sufría de un problema similar. Los magos en la mina de Otataralita
me parecen otro acierto, así como el desembarco de Kyle, Viajero y
Ereko a la costa de Jackuruku y el recibimiento que les da esa
extraña cultura de magos y sus siniestros guerreros silenciosos, y
los misteriosos Dolmans de Tien. En escenarios exóticos e
inspiradores Malaz nunca se queda corta. Ni en su punto fuerte, la
épica, que brilla con intensidad en el asalto a Li Heng, en la idea
de la muralla de Korelri contra los jinetes de Tormentas o en el
duelo que libra Tayschrenn cuando al fin decide hacer acto de
presencia.
Este segundo libro de
Esslemont es en resumen muy, muy distinto del primero; más extenso,
mucho más complejo, mucho más complicado. Adopta directamente el
estilo de Erikson; lo imita al detalle, desde los toques de humor
absurdo que a veces se aprecian y a veces parecen fuera de lugar a
los saltos de escenario súbitos con una miríada de personajes. En
parte, la finalidad de este método es facilitar la exposición de
distintos puntos de vista; Malaz no es nada maniquea. Es difícil
establecer qué bandos son los “buenos” y cuales los “malos”,
por lo menos entre los que forman los mortales. Los inmortales son
otro tema, pero incluso entre ellos, incluso entre los más
deleznables, se puede encontrar una chispa de justificación que
ayuda a comprender sus motivos.
Hay algunas cosas que no
me terminan de convencer, como algunos viajes o decisiones divinas
que parecen estériles, o el hecho de que tanto Erikson como Esslemont
parecen usar el Dios Tullido como deus ex machina; o simplemente el
hecho de que por más que imite, Esslemont no llega al nivel de su
compañero. Es un poco difícil entrar en la historia, pasa bastante
antes no te acostumbras, pero este ya es un problema común de toda
la saga.
Otro punto que hay que
aclarar es que es aconsejable leer este libro después del sexto de
la saga madre, “Bonehunters” (Los cazahuesos, aún inédito en
español; está previsto para otoño), ya que cronológicamente narra
unos hechos posteriores; también es cierto que Malaz usa tan a
menudo saltos cronológicos y formas narrativas poco convencionales
que no supone un gran problema leerlo ahora, no es algo a lo que un
lector de Malaz no esté acostumbrado.
Para ir acabando, decir
que El regreso de la Guardia Carmesí me ha parecido apasionante,
aunque casi había olvidado esa sensación de fatiga que a veces te
embarga cuando abres un libro de Malaz y te encuentras con tal
avalancha de personajes, datos históricos, hechos aparentemente
disconexos y cambios bruscos de escenario. Cuando logras sobreponerte
a ella, empieza un disfrute que pocas series pueden igualar.



La verdad es que a mi los spin-off me suelen gustar bastante, porque dan un poco de vista sobre la historia global distinto que de otra forma nunca se hubiera mostrado. Además de que permite explorar otros temas, organizaciones, lugares, etc.
ResponderEliminarTodavía no me he puesto en serio con la saga madre de Malaz (leí el primero y poco más), pero en cuanto me ponga con ella tendré en cuenta los de "Malaz, el Imperio", faltaría más.
Tiene muy buena pinta el mundo creado por Erikson y Esslemont.
Es imposible cogeros chicos, me faltan horas para leer todo lo que me gustaría. Estupenda reseña
ResponderEliminarBueno, este libro es el siguiente en mi pila, y esta reseña me pareció genial. Ya estoy preparado para afrontarlo con cautela y disfrutarlo de cabo a rabo.
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