Comunicarse con el más allá mediante
una salchicha Bratwurst parece más fácil que reseñar John muere
al final. En su primer capítulo ambos protagonistas se enfrentan
a una criatura demoníaca espontáneamente compuesta por piezas de
carne congeladas pertenecientes a varios animales, y eso ya podríamos usarlo
como metáfora para describir a su autor, David Wong.
Wong es como un monstruo hecho con partes de Terry Pratchett potenciado con el gamberrismo de Mark Millar, con trozos de Lovecraft y Clive Barker aquí y allá, la cabeza de Kevin Smith y una buena pátina del surrealismo de Grant Morrison. Al igual que el monstruo al que se enfrentan Dave y John, Wong choca al principio, pero una vez te has aclimatado y aceptas la atmósfera pesadillesca –en su sentido más literal John muere al final sigue la lógica de los sueños, es decir, ninguna, y salta de un tema a otro con su misma facilidad– te das cuenta de que estás en el libro más disfrutable de lo que llevamos de Valdemar Insomnia.
Wong es como un monstruo hecho con partes de Terry Pratchett potenciado con el gamberrismo de Mark Millar, con trozos de Lovecraft y Clive Barker aquí y allá, la cabeza de Kevin Smith y una buena pátina del surrealismo de Grant Morrison. Al igual que el monstruo al que se enfrentan Dave y John, Wong choca al principio, pero una vez te has aclimatado y aceptas la atmósfera pesadillesca –en su sentido más literal John muere al final sigue la lógica de los sueños, es decir, ninguna, y salta de un tema a otro con su misma facilidad– te das cuenta de que estás en el libro más disfrutable de lo que llevamos de Valdemar Insomnia.
Reconozco que en prácticamente cada
reseña que hago de Insomnia vengo a decir lo mismo: pero es que es
cierto que siguen subiendo y subiendo el listón. ¿Hasta cuando,
Valdemar? ¿Hasta cuando abusarás de nuestros bolsillos,
obligándonos a comprar y comprar todo lo que edites? Ya he dejado de
lado toda pretensión de objetividad: estoy encantado. Gótica es una
colección sumamente interesante y solvente, pero con Insomnia nos
has rematado: es justo lo que el escenario fantástico español
necesitaba, alguien que trajera obras actuales y de calidad. Hay
mucho aquí del que otras editoriales podrían aprender en cuanto a
seleccionar obras adecuadas, editarlas con un formato de calidad y
seguir con ello sin bajar el ritmo.
Pasada esta primera reflexión
generalista a la que me sentía obligado por pura gratitud, vamos a
intentar analizar un poco esta excentricidad que tenemos entre manos.
John muere al final es al parecer la primera novela de David Wong, guionista y editor de webs
humorísticas, y bien podría haber sido la última porque varios
editores rechazaron publicarla. La historia de como llegó a ver la
luz merece la pena por sí misma; la edición de Valdemar la incluye
en forma de dos prólogos a cargo del propio autor y del director de
culto Don Coscarelli, quien tras leer el libro inmediatamente lo
llevó al cine. Este rechazo inicial no sorprende, se trata de un
material muy personal, más perturbado que perturbador; más chocante
que reflexivo, más divertido que terrorífico, y sin embargo,
terrorífico, perturbador y reflexivo. Inclasificable, y por tanto,
primera obra de su propio género. Podríamos decir que Wong es al
terror lo que Pratchett a la fantasía y Adams a la ciencia ficción,
pero sería una injusticia para con los tres porque en lo único en
que coinciden es en la sensación de «no sé lo que acabo de
leer, pero quiero más» que despierta en el lector.
La historia en sí es retorcida: no sigue una estructura lineal ni se enfoca a un hecho concreto como suele pasar con las novelas de terror. Está narrada en retrospectiva por uno de los protagonistas –el propio David– y cubre varios años de su vida. Este tipo de retrospectiva permite multitud de pseudo-cliffhangers del tipo «si entonces hubiera sabido lo que pasaría después, habría hecho tal cosa y tal otra», que quizás llegan a ser un poco excesivos, problema que siempre padecen las narraciones de este tipo. A grandes rasgos, se nos cuenta como a partir de que Dave y John consuman una droga sumamente peculiar llamada “Salsa de Soja” después de un concierto, sus mentes se abren a un nivel de percepción inhumano que les sumerge en la locura de un multiverso poblado de seres grotescos esperando traspasar la membrana que les separa de nuestra realidad. Hasta aquí nada inusual, todos sabemos que es una membrana finísima y que al otro lado acechan toda clase de seres que no tienen nada mejor que hacer que esperar a que se rompa.
Lo verdaderamente extraño empieza cuando en lugar de volverse inmediatamente locos como les pasaría si los hubiera descrito Lovecraft, empiezan a volver loco al lector arrastrándole a una sucesión de hechos entre absurdos y geniales: por algún motivo hay que ir a Las Vegas, y para ello las criaturas de otra dimensión secuestran a los consumidores de Salsa de Soja, acompañados por una perra que no se sabe de donde sale ni a donde va. Por el camino se cruzan con un mentalista experto en lo oculto, estalla gente y huyen de criaturas crustáceas con peluca.
Don Coscarelli ha llevado John muere al final al cine, mira el tráiler abajo:
Lo que los protagonistas hacen en Las Vegas pone punto final a la primera parte del libro, que aún tiene mucho, mucho más que ofrecernos: ni lo que acecha en el espacio interdimensional ha acabado con los protagonistas ni David Wong con nosotros. Digamos que esta primera parte de la aventura establece el tono general de lo que seguirá y sirve de experiencia iniciática para Dave y John, quienes a partir de este momento pasan a convertirse en algo similar a cómo sería John Constantine si lo que fumara no fuera tabaco.
Y así, con esta pareja de "Constantines" torturados, John muere al final va escalando hacia un final que
no podemos prever; es asombroso como hasta en los últimos capítulos
encontramos escena tras escena que nos descolocan completamente.
Cuando creíamos haber captado la naturaleza del enemigo, Wong se ríe
de nuestra arrogancia y le da un vuelco, y cuando pensamos que todas
las piezas se van a configurar del modo debido para ofrecernos una
clausura clásica donde todo es otra vez si no normal, por lo menos
confortable, error otra vez. Y cerramos el libro con una ancha
sonrisa con solo un poco –casi imperceptible– tick nervioso.
Para acabar, que no se me entienda mal:
aquí hay diversión, surrealismo y humor absurdo, a raudales. Pero
también hay gore y terror. Hay escenas y conceptos que analizados
fuera del contexto extravagante en el que se nos presentan ponen los
pelos de punta, desde las criaturas que se pueden percibir solo a
medias y su lenta pero segura invasión de nuestra realidad, a los
seres de sombra que pueden trastear con el espacio-tiempo. Las
muertes de algunos personajes son brutales, y solo de imaginarme como
Coscarelli las ha podido plasmar en la pantalla grande ya me muero de
ganas de ver su película. Hay puntos que bordean la ciencia ficción distópica, y
muchos, muchos momentos que parecen homenajear la multitud de
referentes subculturales de los que Wong bebe tan ávidamente como
nosotros.
Sin embargo y pese a todos sus muchos
puntos fuertes, el que prefiero destacar por encima de todos es el
que podría parecer más trivial: la extrema humanidad de Dave, John
y el resto de personajes. Son creíbles, son reales, son personas
rotas –las que me resultan interesantes–, y sus reacciones y
decisiones, en medio de este caos, son completamente comprensibles. Y
habría sido muy fácil que no lo fueran: en esta novela todo es tan
extremo, tan extraño, que bien podría Wong haberse dejado llevar
por todo ello y parir unos protagonistas títere, meros complementos
usados para tirar adelante con la historia, y más siendo un autor
novel. Y no lo ha hecho, por lo que cuando juntamos ambas cosas, una aventura
delirante que se convierte en una vida delirante porque la vive un
personaje real, el resultado es fantástico. Tanto que espero que
cualquier día Valdemar no nos sorprenda en absoluto anunciando que
va a editar This Book is Full of Spiders, su continuación, que
deseo con tantas ansias como espero las de Malaz o con tanto temor
como deseo poder leer el final de "Canción de hielo y fuego" antes de mi
jubilación.
Como última advertencia, id con cuidado al enfrentaros a este libro: solo es apropiado para quienes puedan dejarse llevar por sus páginas sin ninguna clase de arraigo a lo cotidiano o a lo establecido por tantas otras obras del fantástico.
Como última advertencia, id con cuidado al enfrentaros a este libro: solo es apropiado para quienes puedan dejarse llevar por sus páginas sin ninguna clase de arraigo a lo cotidiano o a lo establecido por tantas otras obras del fantástico.





No es mi género predilecto, pero el título me ha llamado la atención y el contenido... Bueno, decir que me ha llamado la atención también igual no es lo más adecuado, pero desde luego que me ha dejado con mucha curiosidad :O Sí, desde luego que suena más perturbado que perturbador :P
ResponderEliminar¿Un libro excéntrico? No suelen abundar muchos, y casi todos suelen ser como esas obras de arte "raras" que si te pasas un tiempo observándolas, aunque conscientemente no las entiendas, acabas dándote cuenta "...y si no la entiendo, ¿por qué me gusta y me he tirado 2 h mirándola fijamente?"
ResponderEliminarObjetos extraños y bizarros que a veces el que sean buenos o malos libros dependen más de quién, y cómo, se los mire.
Listo, otro que me apunto. Tengo que conseguirlo (lo de "criaturas crustáceas con peluca" ha ayudado)
Tengo muchas ganas de hacerme con él, la peli me flipó =)
ResponderEliminarBesotes