23 de septiembre de 2013

Reseña: «Pigeons from hell», de Joe R. Lansdale y Nathan Fox

Título original: Pigeons from Hell.
Guión: Joe R. Lansdale.
Dibujo: Nathan Fox.
Color: Dave Stewart.
Edición: 120 págs, color. Dibbuks, julio 2013.
Precio: 12,95 € (rústica).
Traducción: Juan Torres García.
Temática: Terror.
Correlación: Independiente, basado en el relato homónimo de Robert E. Howard.


Siempre lamento que el género de terror –uno de mis favoritos– no tenga más peso en el mundo del cómic. Puede que sea por el estigma sobre los cómics de EC y la estúpida polémica que terminó con la Comics Code Authority (y que ahora se repite, parece, con los videojuegos). O por las características del medio en sí; a mitad de camino entre la literatura y el cine, ni deja tanto a la imaginación como el primero ni es tan visualmente impactante como el segundo. Quizás este es el problema, y quizás en el terror este problema se magnifique al ser un género que a diferencia de otros busca la reacción visceral constante; es posible que hacer buen cómic de terror requiera más talento que el necesario para triunfar en otros campos.

Pese a esta escasez, hay obras muy buenas que merece la pena conocer (tanto entre el cómic americano como entre el europeo o el japonés), sobre todo cuanto más retrocedemos en el tiempo. Los muertos vivientes (The Walking Dead), de Robert Kirkman, From Hell, de Alan Moore, Uzumaki, de Junji Ito, las selecciones de cómics de “Creepy” y “Eerie”, o las recientes antologías de “Flinch”. Pigeons from hell forma parte de una nueva ola de terror que adapta clásicos literarios de los maestros del pulp o de Edgar Allan Poe, con lo que ya de entrada dispone de una base de éxito asegurada; su edición original americana corre a cargo de Dark Horse, una de las editoriales “alternativas” más interesantes (entre otras, destaca su “Hellboy”, que también suele usar temas de los Mitos de Cthulhu) y la que ahora nos ocupa, la edición española, es obra de Dibbuks, editorial con una línea de publicaciones cada vez más interesante. La edición, por cierto, me parece muy cuidada, sin problemas en la traducción, y con una sección de notas y esbozos al final que siempre resulta interesante.


Pigeons from hell, de Joe R. Lansdale, Nathan Fox y Dave Stewart se basa en el relato homónimo de Robert E. Howard (conocido sobre todo por ser el padre de Conan), considerado bastante unánimemente como una de sus mejores obras; si a alguno le interesa, puede leerse en la estupenda antología Malos sueños de la editorial Valdemar (que no debería faltar en ninguna biblioteca), o en Los gusanos de la tierra, en su la colección “Gótica”.

En esta adaptación, los guionistas han escogido algunas partes del original y las han adaptado a lo que se suele pedir actualmente del género; más gore y más espectáculo, potenciando el componente zombi que aún sigue de moda (gracias sobre todo a Los muertos vivientes), todo ello ambientado en una ruinosa mansión sureña afectada por una maldición vudú. El resultado contiene muchos de los tópicos del género: empieza con un grupo de estudiantes (siempre en grupo, así al ir muriendo se pueden mostrar escenas variadas de descuartizamiento) que visitan un sitio claramente poco acogedor y, antes que se den cuenta, se ven enredados en una pesadilla de la que, como espectadores, ya podemos imaginar el final. La formula es simple, pero si se usa tantas veces es porque es efectiva y si se utiliza bien, puede dar historias muy entretenidas. Hay mil formas de sazonarla, y el guionista procura usarlas; los personajes no son del todo planos, hay diálogos ocurrentes y giros sorpresa, y se logra establecer un trasfondo tan interesante como la historia misma mediante breves flashbacks.

El dibujo acompaña; crudo, desgarbado, dinámico y sugerente; le hace justicia a los sombríos paisajes de la plantación. Algunas escenas –el árbol del anciano vigilante, la casa vista a lo lejos– son realmente impactantes; otras, quizás un poco anti-climáticas–, los espíritus  escondiéndose (cuyo diseño, por cierto, parece inspirado en el manga-anime), pero no se puede tener todo. Como adaptación, no me parece del todo buena, pero es que soy un purista: siempre las preferiría literales, y rara vez se puede transferir una historia concebida para un medio a otro sin estropearla o cambiarla. En este caso han logrado lo segundo, y me alegro.


1 comentario:

  1. El relato original de Robert E. Howard es uno de mis relatos de terror favoritos, y es además uno de los que más ponen los pelos de punta (con una buen entorno, da miedo del bueno).

    A mí me parece bien que en lugar de hacer un cómic que traspase a viñetas de forma literal lo que hay en el relato, se haya decidido hacer una cosa diferente, aunque con una premisa similar. De esta manera tenemos dos versiones distintas y la segunda es como un ejercicio de entretenimiento mejor. Si hubiera sido literal... no aportaría nada en realidad al conjunto, tan sólo dibujos y un sentimiento de terror que no conseguiría porque convertir la prosa de Howard en viñetas tal cual es el relato debe ser una tarea realmente difícil. :D

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