18 de julio de 2013

Reseña: «El fantasma de Canterville», de Oscar Wilde


Dicen que los grandes genios de la literatura llegan a ese estatus porque han tenido vidas plagadas de anécdotas, peligros y aventuras. Es en este aburrido siglo XXI cuando en realidad los nuevos escritores tienen vidas de lo más simples, que en ocasiones pasan en familia, y cuyo resto del tiempo utilizan para intentar sobrevivir compaginando sus ganas de escribir con algún que otro trabajo en el que no se sienten demasiado cómodos. Evidentemente no estoy hablando de autores bestsellers que se pueden permitir el lujo de dedicar la totalidad de su tiempo a la escritura y la lectura, que poseen alguna casita de madera a orillas de un lago inmenso y que pueden disfrutar de viajes a lugares exóticos para poder empaparse de ideas de carácter romántico para así adornar elocuentemente sus novelas.

En este caso, Oscar Wilde (nacido en la ciudad de Dublín cuando antes era considerada una ciudad inglesa), es uno de esos personajes que tuvieron una vida bastante interesante, o al menos plagada de anécdotas, aderezadas aquí y allá con alguna que otra demanda por sodomita por parte del padre de su amante, y de giras por norteamérica donde se le consideró "extravagante pero no lo suficiente" –gracias a su pelo largo y sus bermudas– como para poder hacer carrera con sus obras. Este escritor será el padre de obras tan importantes dentro del mundo de la literatura como pueden ser El retrato de Dorian Gray, Salomé o La importancia de llamarse Ernesto, formando parte del movimiento artístico del Esteticismo –cuyo creador fue Kant, en el que se consideraba que la belleza debía de estar por encima de la moral, el placer o la mera utilidad y por lo tanto debía de ser exaltada en todas sus facetas– y el Decadentismo –la cual criticaba la falsa moral de la sociedad haciendo hincapié en la necesidad de evadirse de la rutina del día a día, defendiendo la existencia del heroísmo individual, algo que parece haber resurgido en nuestros días con más fuerza si cabe–.


No obstante, su experiencia al pasar por la cárcel realizando trabajos forzados durante dos años, le llevaron a abandonar Londres para refugiarse entre los bohemios de la ciudad de París. Encontrándose arruinado tanto emocional como materialmente daría a luz La balada de la cárcel de Reading y De Profundis, haciendo de estas dos obras, las más oscuras de su repertorio. Sin embargo, como de dramas no vive el hombre, la reseña de la que os voy a hablar hoy estará más cargada de una crítica ácida hacia la personalidad de los habitantes de dos lugares tan distantes y a la vez tan cercanos entre sí como son Gran Bretaña y Norteamérica, utilizando en todo momento las aventuras y desgracias de Sir Simon de Canterville.

Lo más interesante de este cuento es ver cómo un fantasma de más de trescientos años puede perder la paciencia e incluso deprimirse ante la constante presencia de ciertos invitados indeseables. Estos son ni más ni menos que la familia del embajador estadounidense en las tierras de la Pérfida Albión, los cuales, pese a las advertencias del último Lord Canterville de que un terrorífico fantasma recorre las estancias de la mansión, consideran esto un aliciente a la hora de quedarse con la casa.


En todo momento veremos los distintos esfuerzos del fantasma por intentar echar a la familia de allí, pero pese a crear una mancha de sangre –pasando del color rojo, al azul y luego al verde chillón– en el salón frente a la chimenea donde matase a su esposa hace ya tanto tiempo, ponerse las armaduras de la casa para sorprender con ella a los ocupantes de la mansión y pese a ulular cada noche haciendo ruido con sus cadenas, únicamente consigue llevarse una reprimenda por parte del Sr. Otis por hacer ese escándalo a tales horas de la madrugada y el consejo de engrasar sus cadenas para evitarse futuras molestias. Deprimido y totalmente desolado, descubre entre los miembros de la familia a la única persona que parece tener algún interés por su devenir, Virginia, la hija mayor del hacendado estadounidense.

Evidentemente no quiero revelaros como acaba este cuento, considero que es mucho más divertido leerlo y comprobarlo por vosotros mismos. Lo que sí puedo comentar es lo que me ha parecido la edición del libro de la editorial Libros del Zorro Rojo. En tapa dura, con un ancho especial y con las ilustraciones realizadas de mano de Oscar Esteban Conti "Oski" (1914-1979, Buenos Aires), únicamente podréis pasar un buen rato, además dedicado a todo tipo de edades, desde 0 a 99 años. La traducción, llevada de la mano por Esther Tusquets, ha sido también otro gran punto que sumar a este libro, el cual tendré para siempre en mi estante de los clásicos, siendo uno de los más divertidos que he leído por el momento.

EL FANTASMA DE CANTERVILLE
Oscar Wilde, Oski (ilustraciones).
Libros del Zorro Rojo, noviembre de 2012.
Esther Tusquets, por la traducción.
108 páginas, 15,90 €.

Libros del Zorro Rojo rescata las memorables ilustraciones que el gran artista argentino Oscar Conti (Oski) realizara en los años setenta para la editorial Lumen de Barcelona. Esta edición cuenta con la traducción de Esther Tusquets. «El fantasma se sintió muy débil y cansado. Tenía completamente alterados los nervios y el más leve ruido le sobresaltaba. Permaneció en su cuarto renunciando incluso a mantener la mancha de sangre en el suelo de la biblioteca. Si la familia Otis no la quería, era evidente que no se la merecía. Aquella era, sin duda, una gente muy vulgar y materialista, incapaz de apreciar el valor simbólico de ese tipo de fenómenos.» El fantasma de Canterville, uno de los cuentos más conocidos y celebrados de Oscar Wilde. Divertido y sarcástico, el relato cuenta las desdichas de un pobre fantasma anacrónico que no sólo no logra asustar a sus nuevos inquilinos norteamericanos, sino que acaba siendo víctima de dos mellizos terribles. Sólo la compasión de una joven podrá redimir su alma en pena.

3 comentarios:

  1. Es uno de mis clásicos favoritos. ¡Pobre Sir Simón! Las ilustraciones son encantadoras... Ains, que cucada de edición. La que tengo en casa es más normalita, la verdad.

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  2. Pues a mí es uno de los clásicos de Wilde que me falta por leer. Tenía una edición infantil en casa, pero me deshice de ella. Algún día quiero comprarme alguna edición de esas bonitas, porque creo que ese relato se lo merece. Ésta publicada por Libros del Zorro Rojo parece una buena opción (aunque a mí estas ilustraciones no me llaman mucho la atención).

    La vida y la obra de Oscar Wilde, como bien dices, es de lo más interesante. Me gustaría indagar más en ella.

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  3. Yo debo reconocer que hasta que no me puse a leer la biografía de Wilde para hacer la reseña, no sabía mucho de el, salvo lo más básico y que casi todos sabemos. Me pareció un hombre bastante extrovertido para su época y quizás el ejemplo perfecto a la hora de demostrar el que hay personas que han nacido antes de tiempo.

    Aunque claro está, quizás si Wilde no hubiese nacido por aquel entonces la historia de la literatura sería muy diferente. Estaría interesante hacer un "y si..." pero en la actualidad. Quizás sus excentricidades no serían vistas como tales. xD

    Sobre las ilustraciones... bueno, yo creo que estas le pegan mucho al relato, ya que al fin y al cabo está destinado a un público más joven (a ver si así se animan cada vez más a leer), pero no negaré que me gustaría también que hubiese otra "versión" con dibujos más clásicos.

    Por cierto, si al final le podéis echar un ojo al libro por ahí y os gusta el interior, del mismo dibujante también tienen en Libros del Zorro Rojo Salomé. ^^ Por si os animáis con otro más.

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