Título original: The League of Extraordinary Gentlemen Century 1910 TPB USA.
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Kevin O'Neill.
Color: Ben Dimagmaliw.
Edición: 80 págs, color. Planeta DeAgostini, julio 2010.
Precio: 4,95 €.
Traducción: Guillermo Ruiz.
Temática: Superhéroes, cómic.
Correlación: Primera entrega de
The League of Extraordinary Gentlemen, Century.
Una nueva entrega de las aventuras de los héroes decimonónicos de
Alan Moore, una de sus mejores creaciones frente a su lista de obras maestras como
Watchmen,
V de Vendetta o
From Hell, entre otras.
Esta tanda de superhéroes victorianos, así los podríamos llamar perfectamente, se dan un garbeo por la historia de un Londres cuajado de ficciones –reales, en ocasiones–, demostrando sus muchas capacidades al servicio de la corona y del gobierno inglés. Alan Moore recurre a un ligero toque
steampunk y a numerosos referentes literarios para dotar de vida a esta banda de personajes, en nombre de las figuras más influyentes del
pulp o clásicos de la literatura. Así por ejemplo, tenemos a un
Allan Quatermain –surgido de la pluma de H. Rider Haggard–, al
Hombre Invisible de H.G. Wells, a la
Mina Harker de Bram Stoker o al
Capitán Nemo de Julio Verne; multitud de referencias que hacen de estos cómics un compendio de erudición que tan bien se le da a Moore, buen conocedor de la historia y de la literatura.
Si bien en los anteriores trabajos hallábamos geniales alusiones a La Guerra de los Mundos, Lawrence de Arabia o Sherlock Holmes, Century: 1910 no se queda atrás en algunos aspectos y toma como fuente de inspiración no a los referentes citados anteriormente, sino otros nuevos como puede ser el inmortal Orlando o el hijo de Quatermain, la hija de Nemo, e investigadores ficticios tales como Carnacki –creado por William Hope Hodgson– o el John Silence de Algernon Blackwood. Las referencias son menores, más subliminales. Se deja de lado los anteriores "superhéroes" para formar un nuevo grupo que hasta el momento no está a la altura del anterior salvo en un par de cualidades. Century: 1910 es un nuevo comienzo para el grupo, y no deja de ser curiosa esa pequeña atmósfera de melancolía que impregna la entrega. Tan sólo prevalece la tal Mina, dada su condición eterna. El anterior grupo era mucho más capaz si no contábamos al desmitificado Quatermain –y que en la película se exaltaba en una figura totalmente alejada del cómic–, una nueva banda de personajes que no destacan prácticamente en nada, con una Mina que constantemente tiene que estar aleccionando sobre las acciones a tomar y suspirando de exasperación ante la ineptitud que muestra el grupo.

Al mismo tiempo, Moore nos retrata un Londres de principios de siglo XX sucio, criminal y decadente, una época que echa en falta a la reina Victoria y el recuerdo de Jack el Destripador permanece fresco. Los muelles rebosan de prostitutas y violadores, de criminales que rajan a la gente a la mínima oportunidad para robar su dinero; todo un sinfín de condicionantes que modifican la atmósfera del cómic. Los primeros volúmenes de la serie eran un poco más luminosos a ese respecto –sin pasarse–, aunque la atmósfera era muy similar. Con esta tercera entrega, el futuro es poco halagüeño, algo más realista, pero no dejan de existir las sociedades y los pubs secretos que el ser humano de a pie desconoce.
Posiblemente falte un hueco a rellenar con The Black Dossier, todavía no publicado en España por problemas de derechos, pero este Century: 1910 tiene un par de detalles que deberían gustar a los habituales de los Caballeros Extraordinarios, pero en conjunto es un cómic flojo, falto de sorpresas –alguna que otra hay–, en parte debido a su extensión y su condición de ser la primera entrega de tres. Es un número de ochenta páginas, en contraposición a los dos anteriores libros en tapa dura con mucho más paginaje, que va concluyendo mejor que empieza y que nos deja con ganas de más.
Alusiones literarias e históricas que sólo Alan Moore conoce las hay a montones, tantas que se nos escaparán la mitad –al menos a mi, de eso estoy seguro–, salvo las que ya he citado. El dibujo de Kevin O'Neill sigue en la misma línea, y es un dibujo que a mi personalmente no me desagrada en absoluto. ¿Merece la pena el cómic? Por cinco chelines, desde luego que sí. Si estuviéramos hablando de una entrega que costara sus buenos diez doblones, tendríamos dudas, pero por el precio al que lo han sacado a la venta y teniendo en cuenta que su calidad seguro que irá en aumento con las posteriores entregas, es recomendable al menos echarle un vistazo. Pero ojo, que los dos anteriores volúmenes tienen calidad de sobra como para que este Century: 1910 no le llegue a la altura. El volumen se completa con los típicos anuncios de época y los relatos complementarios en prosa. No hubiera estado de más que la editorial avisara de ser el primer número, ya que puede llevar a confusión al no ser un volumen totalmente autoconclusivo.