Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


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da a mano
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ta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Encontrar la biblioteca del nigromante y aprender sus antiguos y preciados conjuros escritos en lengua dracónica.
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30 dic. 2016

5 sencillas ideas para mejorar el aspecto de nuestra biblioteca

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Todo sea para que los libros se sientan bien en el que posiblemente sea el rincón más privilegiado de la casa.



En nuestro hogar probablemente habrá una habitación dedicada en exclusiva a contener esos recipientes de saber arcano que conocemos como libros. Seguramente sea nuestro refugio más preciado en la casa —o uno de ellos—, y como tal nos preocupamos por su apariencia, no solo por las visitas —causar una buena impresión nunca está de más—, sino por nosotros mismos, porque nos gusta tener los libros a gusto en un entorno agradable que nos de ganas de pasar horas y horas en la biblioteca leyendo, escuchando música, jugando a juegos de mesa, o simplemente compartiendo una tertulia sobre temas interesantes.

El look de esa habitación dedicada a nuestros libros es muy importante, ya que no solo incita a la lectura (y por tanto a una mayor adquisición de conocimiento), sino que también estimula nuestra creatividad en muchos puntos.

Al igual que en el trabajo, la optimización del entorno influye en muchos aspectos positivos de nuestro día a día, porque un lugar feo y poco vistoso nos quitará las ganas de todo, o directamente nos llevará a hacer otra cosa totalmente distinta, en ocasiones opuesta. Está comprobado, por lo que no vayáis a pensar que esto es un briconsejo a lo Paulo Coelho.

Existen muchas maneras distintas de darle ese toque que nos faltaba a nuestra biblioteca (aparte de los propios libros en sí), como por ejemplo renovar el mobiliario y ventanas (si es que no lo hemos hecho ya), colocar adecuadamente los libros (básico), añadir un taburete o una miniescalera de dos o tres escalones (donde también se pueden poner libros), tener una buena iluminación (si no es luz natural que entra por una ventana, que sean buenas bombillas además de un pie de lectura que favorezca a nuestros frágiles ojos) y un lugar cómodo donde estar y pasar las horas, lo cual puede ir de una silla con un cojín, hasta un sofá con orejas o el mismo suelo si previamente lo hemos nutrido de un buen surtido de cojines y/o si tenemos una moqueta. Y la limpieza, porque nunca está de más pasar el cepillo, el plumero o la aspiradora. El polvo es muy malo para los libros, se sabe.

Allá va una lista con cinco sencillas ideas que podéis aplicar de una forma inmediata, no requieren complicación alguna y además tampoco necesitan de una gran inversión para llevarlas a cabo, sino todo lo contrario (dependiendo de la cantidad que queráis aplicar, claro). Incluso si el espacio es limitado seguro que la mayoría de ellas las podéis hacer igualmente efectivas, hasta parece que funcionan mejor en sitios más pequeños.

Ah, vinilos

Los vinilos llevan de moda desde hace bastante tiempo, y con razón. Son ideales para decorar desde estanterías hasta paredes y techos, y hay una cantidad tremenda a elegir para que se adecue a nuestras necesidades de colores y formas, como por ejemplo los vinilos personalizados que se pueden encontrar en algunas tiendas online, en general el tipo de comercio que mayor variedad tiene al respecto.

Este tipo de complemento que a lo mejor termina adornando nuestra biblioteca requiere algo más de espacio (tampoco demasiado, todo sea dicho), quizá un trozo de pared que no esté cubierto por estanterías, o puede que lo queramos pegar directamente en el techo o en el lateral de una estantería, pero que quede bien a la vista porque si no el efecto se pierde como lágrimas en la lluvia.

En cualquier caso, existen muchas opciones para dar uso a los vinilos personalizados, ya que pueden ser de música, cómics, cine y hasta de videojuegos. En cuanto a los vinilos literarios, también existen, no hay más que echar mano del pasaje de un libro que nos guste especialmente o de la cita de un autor que nos parezca especialmente inspiradora, acompañado todo ello de una imagen o con una fuente llamativa a la vista (o bien una combinación de las dos), y que nos lo hagan a medida. Las posibilidades son infinitas y el único límite es nuestra imaginación.

Lo que la naturaleza da

Vale que a la mayoría nos gustaría tener un wallenwood presidiendo nuestra biblioteca (si no sabéis qué tipo de árbol es, leed El retorno de los dragones de Margaret Weis y Tracy Hickman), pero hay veces que no se puede por muchas razones diversas. En ese caso solo nos queda dar una pataleta y conformarnos, a lo mejor con un árbol que sí exista en este plano. Pero todavía hay formas de aprovechar la naturaleza en nuestro favor con tal de dar ese toque le faltaba a nuestra biblioteca.

Hablo de sacar partido a lo que los bosques, las playas o los campos han desechado porque ya no lo necesitan, véanse ramas, conchas, piedras o cualquier otro elemento que veamos por ahí y que creemos que puede darle "ese toque" a nuestra colección de libros . Menos bichos, frutas u hongos, eso no por favor, nada extremadamente perecedero porque no queremos que nuestra biblioteca parezca un bodegón macabro. Y ojo, sólo lo que la naturaleza ya no quiere, nada de ponerse a hacer el berserker con los pobres árboles.

Una rama de buen tamaño bien colocada en la biblioteca, un centro de mesa a base de piñas y hojas, bellotas, unas piedras de tamaños diversos, e incluso plantas (a las que hay que cuidar como parte del ritual) pueden ser buenas opciones para que la biblioteca mole mucho. A esos elementos se les puede añadir complementos, como por ejemplo hilos que pendan de una rama y de los que cuelguen fotografías de autores o cualquier otra cosa que se nos ocurra y que le de ese toque rústico que nos gustaría.

Qué haríamos sin las cajas

Las cajas, sean de madera, plástico, mithril o adamantium, forman parte de nuestras vidas desde tiempos inmemoriales. A este tipo de recipientes se les puede sacar un provecho bestial, además de tener un toque casual, porque pueden servirnos para crear nuevos estantes donde guardar libros, por temáticas o simplemente aquellos que ya no caben en el estante por tamaño (a ver donde metes Little Nemo) u otras cuestiones.

Lo bueno de las cajas es que pueden situarse en lo alto de una mesa, en una estantería o directamente en el suelo —¿quién ha dicho que el suelo no es aprovechable cuando se tiene falta de espacio? Está por todas partes, aunque a muchos les parecerá que da aspecto de desastrado comparándolo con el de las bibliotecas clásicas, y hay que tener más cuidado con los pies para no dar patadas a todo—, ya que los libros estarán protegidos aunque no nos libraremos de que en el interior se forme algo de polvo que habrá que quitar.

Las fabricadas en madera son las que sin duda mejor quedarán en nuestra biblioteca, pero las de plástico a muchas personas a lo mejor les parece más prácticas, al poderse usar para transportar libros o protegerlos de la erosión del aire.

Afortunadamente hay muchos tipos de cajas en el mercado (con tapa, sin tapa, con cajones, con remaches, con labrados, con forma de bául, con asas, sin asas) unas más elaboradas que otras y de diferentes calidades. Asimismo, también se le puede sacar provecho a todo tipo de cajas (de vino, de fruta, etcétera) para guardar desde libros y guías de lectura, hasta revistas o cualquier otra cosa como fanzines o avances editoriales. De igual forma, las podemos hacer nosotros mismos, con el tamaño que nos de la gana, y hasta si las compramos podemos personalizarlas (desgastados, colores, letras, etcétera).

Y quien dice cajas dice maletas, es muy elegante ver una silla con una maleta antigua encima que contenga montones de libros, como si éstos estuvieran de paso y en algún momento pudieran irse de viaje.

Trae aquí ese cuadro

Esta idea significa un desembolso económico algo más elevado (dependiendo de lo que elijamos), pero los resultados son espectaculares. Las novelas, los relatos, los cómics o las películas contienen ciertas escenas que en algún momento nos han influido de cierta manera. Y todo se puede convertir en piezas de arte, o bien nos buscamos otras que no plasman pasajes concretos pero que igualmente interesa que decoren nuestra biblioteca.

Hablo de piezas de arte originales que artistas como Michael WhelanTomás Hijo o Marc Simonetti (suya es la imagen de la derecha), por poner un par de ejemplos de los muchos que hay, venden en sus respectivos sitios web (no todos, es verdad). También valen postales o pósters de películas.

De acuerdo en que no es una opción barata, pero si no se quiere (o se quiere y no puede, como el wallenwood), existen otras muchas formas de hacerse el apaño, como por ejemplo recortables que podemos colgar de esa rama que hemos visto más arriba, o colocarlos en sitios estratégicos del susodicho espacio.

Otra opción es recurrir a los artistas que venden en la calle o en las ferias de artesanía, donde podemos encontrar auténticas virguerías, originales o reproducciones, y que en nuestra biblioteca quedarían de espanto, desde láminas a color o en blanco y negro. De esa forma contribuimos a la economía artística y nos llevamos un gusto. En caso de que se vendan sin marco (que será lo más normal), podemos comprar uno de metacrilato, una forma barata y sin complicarnos la vida de enmarcar un dibujo, sobre todo si queremos colocar varios en nuestra biblioteca y que no nos cueste un riñón en marcos elaborados de madera u otros materiales.

El lugar para poner estos metacrilatos (de pared o de mesa con soporte trasero) queda a elección de cada uno, pero entre las opciones está colgarlos en una pared o apoyados en el suelo, dando la misma sensación de decoración casual y desenfadada que las cajas, pero con la imagen añadida de parecer un acaparador de arte a lo gabinete de curiosidades. El lector no solo se alimenta de palabras, también de imágenes.

Oh, esculturas con libros

Por último, aunque no menos importante, está la cuestión de las esculturas con libros. Esto ya son palabras mayores porque o sabes hacerlas (bien por haber participado en un taller donde te enseñen a hacerlas, o te sale de forma natural porque, eh, tienes un talento), o las compras directamente a alguien al que se le bien crear estas virguerías.

Se trata de esculturas hechas con libros. Hay una gran variedad de elaboración de las mismas, desde las más sencillas (relativamente) que toman un libro, lo abren y hacen unos recortables en su interior para dar la sensación de que el libro es un ente vivo (o más vivo aún, más allá de lo que nos cuentan), hasta aquellas con varios volúmenes que en un alarde de inspiración (o de locura divina) se ha tallado una escultura propiamente dicha con las herramientas adecuadas, para muestra un botón (o echad mano de internet y alucinad). La de la derecha es obra del artista neoyorquino Brian Dettmer (mandadnos una foto si hacéis algo parecido).

En caso de hacerlas vosotros mismos, a la hora de entrar en faena es imperativo no destrozar de manera gratuita uno de tus retoños sino que, aunque parezca cruel, utiliza un libro que no quieras (repetido, o estropeado), o que hayas encontrado en un mercadillo de segunda mano.

Esta opción decorativa es la más compleja de todas, la que más tiempo requiere y también la más cara si optamos por comprarla por encargo (¿y lo entretenido que resulta hacerla uno mismo?), pero en el sitio adecuado las visitas y tú mismo quedaréis embobados cada vez que entréis en la biblioteca. Personalmente, lo he visto en vivo y quiero una, o dos.

Hasta aquí hemos llegado con las ideas de decoración para bibliotecas personales. Todavía hay muchas más, así que el tema es descubrirlas y dejar paso a la imaginación y el buen gusto. ¿Cómo tenéis vosotros decoradas vuestras bibliotecas? (Recordad que en el hilo de comentarios de Disqus se pueden colgar imágenes).

IMÁGENES: La ilustración destacada es obra de Wayne Reynolds; la ilustración del árbol pertenece a Tom Brown para la antología Neverland's Library.

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