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"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

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¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba? ¿Dónde están el yelmo y la coraza, y los luminosos cabellos flotantes? ¿Dónde están la mano en las cuerdas del arpa y el fuego rojo encendido? ¿Dónde están la primavera y la cosecha y la espiga alta que crece? Han pasado como lluvia en la montaña, como un viento en el prado; los días han descendido en el oeste en la sombra de detrás de las colinas. ¿Quién recogerá el humo de la ardiente madera muerta, o verá los años fugitivos que vuelven del mar?

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13 de noviembre de 2014

«American Horror Story: Freak Show», rumbo directo hacia la locura y el escándalo

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La cuarta temporada de American Horror Story recupera el tono de sus inicios.

Imaginemos a un Ed Wood modern; en parte, un visionario: una idea dispar tras otra, amontonadas hasta crear proyectos surrealistas que esperan ser obras maestras. Un fan: amante del cine, lleno de referentes contraculturales, tan apasionado por lo que ha visto y leído que empapa su trabajo de todas estas referencias. A diferencia de Ed Wood, este sucesor moderno tiene talento, y sobre todo el dinero, la influencia y el respeto de la industria por sus éxitos previos –Nip Tuck y Glee (sigh)–, de modo que ahora tiene el aval para hacer lo que quiera, como quiera y con quien quiera. Y lo quiere es un plantel de actores envidiable en el que destacan Jessica Lange, Kathy Bates, Zachary Quinto, Frances Conroy, Joseph Fiennes, Ian McShane y Evan Peters entre muchos otros. Éste Ed Wood moderno es Ryan Murphy y su criatura American Horror Story: cuatro temporadas –la cuarta acaba de empezar y ya se ha confirmado una quinta– de un éxito contundente.


Sin ninguna duda American Horror Story es una de las series del momento, un fenómeno televisivo de los que pueden convertirse en objeto de culto. Lejos del éxito masivo de Breaking Bad, True Detective o House of Cards, la criatura de Ryan Murphy se mantiene con un núcleo abundante aunque no tan atronador de seguidores muy fieles. A diferencia de aquellas, American Horror Story (AHS en adelante) es una flor rara, no para todo el mundo. Y donde aquellas seguían un desarrollo ordenado y bien planificado que tras el duro trabajo de sus actores y guionistas lograba un producto soberbio, AHS es puro caos. Y eso es magnífico.

Bajo el formato de antología, cada temporada es una historia autoconclusiva que gira en torno a alguno de los grandes referentes del terror: una casa encantada (AHS: Murder House), un asilo para enfermos mentales (AHS: Asylum), una escuela de brujas (AHS: Coven) o un circo de monstruos y curiosidades (AHS: Freak Show); el casting es casi el mismo, y todas son hijas directas de Ryan Murphy, pero se pueden ver perfectamente por separado y en el orden que se quiera.


La serie es una extravagancia de arriba a abajo. No se debe esperar coherencia interna, ni necesariamente una evolución sostenida de los personajes; todo es teatral, todo es pose, efecto, luces de colores, humo y espejos. En los aspectos técnicos, combina flashbacks y flashforwards rodados al modo habitual o presentados a modo de película dentro de la propia película; recrea momentos que parecen de videoclip, injerta el musical cuando le apetece, usa la pantalla partida e innumerables trucos visuales para enfatizar la historia o señalar las contradicciones internas de sus personajes; lo ata todo con bandas sonoras espectaculares y remata con festivales de gore, sexo y fetichismo que le dan el punto decadente necesario.

Argumentalmente, es un excéntrico aún mayor. En la segunda temporada –Asylum–, se mezclaba a una monja sádica encargada de un sanatorio con médicos ex-nazis, extraterrestres, mutantes, posesiones infernales, ángeles de la muerte, asesinos en serie, fetichismo, justicia y venganza; fue una temporada maravillosa sin sentido alguno que nos dejó momentos antológicos (The name game, la seducción del monseñor, la visita del ángel o el Papá Noel, el sótano del asesino), sin duda mi favorita. La primera palidece a su lado, ya que seguía un desarrollo mucho más lineal, y se limitaba a apariciones fantasmales y a los inevitables psicópatas, pero aún así sigue siendo una historia muy digna y sumamente entretenida. Pero la tercera fue una decepción –para mi, aunque no para muchos otros que la encumbran como su favorita–, cuando el tono oscuro y malsano de las temporadas que la habían precedido perdió fuerza en favor del embrollo teenager entre las aprendizas de bruja que bien podrían haber sido mutantes en casa de Charles Xavier por cómo sus habilidades «hechiceriles» se limitaban a cierto poder que cada una esgrimía cual superhéroe, y que terminó con un final lamentable.


En estos momentos se emite la cuarta temporada, Freak Show. Resulta evidente la inspiración (en algunas escenas literal: el cáliz y el One of us) con la fantástica Freaks de Tod Browning (1932), película que en su momento escandalizó hasta tal punto que acabó con la carrera de su director y estuvo prohibida en cines de medio mundo durante décadas –siendo cine de culto hoy en día–. Ryan Murphy la homenajea a su manera, e incluye entre el elenco a Jyoti Amge –quien ostenta el récord de mujer más pequeña del mundo– ideando para el resto del casting habitual deformaciones varias y las adereza con una deformación cronológica que le permite usar en 1952 canciones de David Bowie (Life on Mars es omnipresente incluso en el nombre del personaje de Jessica Lange, Elsa Mars) o Lana del Rey, con un efecto memorable.

¿Qué podemos esperar de esta cuarta temporada? De entrada ha recuperado el tono de las dos primeras: rumbo directo hacia la locura y el escándalo, y quizás ha aprendido de la tercera el toque de glamour necesario para llegar a un público mayor. Al contrario que su inmediata predecesora, aquí Murphy no salta de una línea argumental a otra dejándolas todas inconclusas o mal acabadas sino que parece haberse centrado en mantener un solo arco. No sé qué nos aguardará la cuarta temporada, porque aún le queda recorrido: pero de momento, con la emisión de un magnífico quinto capítulo realmente impresionante –hasta ahora el mejor de la temporada–, que llega justo cuando aún estábamos babeando con el maravilloso doble episodio de Halloween y la aparición de Edward Mordrake, las expectativas son altísimas.

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