Mi espada, mi conjuro.
La puerta. Magia.
La mazmorra. Un troll.
Nos gusta la fantasía

"Sabe, oh príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las resplandecientes ciudades [...] hubo una edad no sonada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto azul entre las estrellas."

LA

en la tinta

Mi espada, mi conjuro. La puerta, magia, Igni. La mazmorra,
un troll. El mundo. Nos gusta la fantasía.


- La fantasía es la poción mágica de la literatura -

Nuestra
definiciónde
Fantasía

Dícese de tener la espada a mano y el conjuro aprendido, abrir la puerta a ganzúa, recorrer las mazmorras, enfrentarse al troll, al gnoll y al conjurador de la torre. Explorar un universo imaginario... o no.

La ilustración de arriba
es obra de Russ Nicholson.

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enero 05, 2014

Reseña: «Slugs», de Shaun Hutson

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Título original: Slugs.
Edición: 248 págs. Tyrannosaurus Books, septiembre 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 14,95 € (rústica con solapas).
Traducción: Javier Martos Angulo.
Temática: Terror, gore.
Correlación: Lectura independiente.


"Una babosa hembra puede poner un millón y medio los huevos un año, un hecho que tiene consecuencias terribles para la población de Merton". Salí al balcón hace un par de días, ya en pleno diciembre, y encontré en el tiesto de una hortensia, bajo un trozo de plástico, una gran babosa viva. Viscosa, reluciente entre las gotas de condensación, contrastando fuertemente con su negro grisáceo contra el plástico blanco, parecía completamente inofensiva. A la planta no le quedaban, de todos modos, hojas; decidí dejarla tranquila dando por hecho que el frío de estos días acabaría con ella. De vuelta en mi estudio, me acordé del libro que tenía pendiente de reseñar: Slugs (babosas), de Shaun Hutson, editorial Tyrannosaurus Books. Parecía un buen momento para empezarlo.

Shaun Hutson es uno de los principales autores dentro del subgénero gore del terror; mucho más conocido por su vertiente cinematográfica que por la literaria, el gore se recrea en escenas de gran violencia, en un tono grotesco y grandilocuente que les resta credibilidad y les añade diversión. Grandes exponentes del mismo son, por ejemplo, las películas Cabin Fever (Eli Roth, 2002) o Haute tension (Alexandre Aja, 2005); o en un tono aún más exagerado, buscando el efecto cómico (dando lugar al sub-subgénero splatstick) la genial Braindead (1992) de Peter Jackson o la saga “The Evil Dead”, de Sam Raimi. En el terror literario, hay dos nombres que enseguida te vienen en la cabeza cuando se trata del gore; Richard Laymon y Shaun Hutson. Sobre ambos planea el aura de autor de culto; del primero he leído bastante, y en solo un par de casos he disfrutado de su trabajo: es enfermizo en el mal sentido del término (si, hay un buen sentido; aquel que te perturba agradablemente) e insiste en cargarlo de tal exceso sexual que uno se harta enseguida. A Shaun Hutson, por otra parte, le conocía menos; una de sus obras, La crueldad de la bestia reposa desde hace años en mis estanterías, mas por su pertinencia a una colección legendaria (Martínez Roca, "Gran Super Terror") que por tener de ella alguna buena referencia. Quizás ahora le haya llegado el momento, porque tras leer Slugs Hutson me ha dejado una buena impresión.

“En el terror buscamos recurrir a un miedo atávico, el del ser humano como presa”
En esta novela (una de sus primeras obras), Huston enfrenta a una pequeña localidad británica al terror de las babosas antropófagas; sus ataques, que en un principio parecen accidentes aislados, empiezan a formar un patrón que solo el inspector de sanidad de la ciudad es capaz de ver. Y es que representan un peligro real: quizás la mayoría de ellas no mida más que unos pocos centímetros, pero las hay a miles, y cada una provista de una buena colección de dientes afilados como una hoz. Encontrarte con una horda de semejantes criaturas, en proporción de cien a uno, es más que suficiente para acabar con cualquiera. Cuando descubra la realidad, ¿será demasiado tarde para salvar a sus conciudadanos? Tanto si es demasiado tarde como si no, mientras tanto las simpáticas babosas seguirán arrastrándose por las cañerías del alcantarillado, matando por doquier en su inocente afán por alimentarse, reproducirse, y seguir alimentándose.


Siendo sinceros, no es un libro profundo, ni especialmente original, sigue punto por punto cierto esquema muy familiar que los amantes de este tipo de narraciones reconocerán enseguida. No contiene personajes memorables ni un argumento desarrollado. Pero ¿acaso lo necesita? Es gore. El gore es un espectáculo visceral; requiere sangre y vísceras, muertes desagradables y absurdas, una suspensión total de la lógica para dejarse llevar por la diversión. En este sentido, Slugs cumple. De todas las excusas para recurrir a escenas gore, la de unas babosas asesinas tiene un gran encanto: de este modo, el subgénero gore entronca con otro respetado subgénero del terror: el de los animales asesinos. A la búsqueda por lo espectacularmente grotesco del primero se suma la irracionalidad del segundo; tras los actos de un animal antropófago raramente podemos encontrar más que un natural instinto de alimentación, por lo que al representarlo en el terror buscamos recurrir a un miedo atávico, el del ser humano como presa, como un eslabón más de la cadena alimenticia. Así pues, por temática (aunque no por valor; la calidad de unas y otras obras es muy distinta) podemos situar Slugs al lado de novelas como Tiburón (tanto la película como el libro de Benchley) o Cujo, Stephen King. La habilidad de Hutson, su gracia, consiste en coger unas criaturas tan inofensivas (por lo menos, al lado de un gran san bernardo o de un tiburón blanco) y dotarlas de un aura de maldad notable. En esto parece alinearse con tantos otros autores que han encontrado en el gusano, o la babosa, una fuente de inagotable inspiración para sus creaciones; desde los enormes gusanos del desierto de Dune (Frank Herbert) o la película Tremors (Ron Underwood, 1990) a las criaturas vermiformes de Lovecraft (como los Cthonians, sin ir más lejos) y Robert E. Howard. Algo, en estos seres blandos, gelatinosos, parece fascinarnos de algún modo.

En resumen, recomiendo Slugs. A un precio más que asequible, asegura unas horas de entretenimiento sano, ligero y honesto. Babosas antropófagas. Nada más y nada menos. 

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