
La novela toma como trasfondo el conflicto conocido como la
Guerra de los Cien Años, de origen sucesorio y feudal, en la que los reyes de Francia e Inglaterra pugnaban por ver quien sucedería a una serie de familias, entre las que se encuentran la principal rama de los Capeto, los Valois o los Plantagenet, además de decidirse quién controlaría las enormes posesiones que los monarcas ingleses tenían en Francia, provocado por el ascenso al trono de Enrique Plantagenet, casado con Leonor de Aquitania. Además, tuvo implicaciones por parte de Castilla, pero todo terminó con la victoria de los franceses, quedando únicamente Calais en manos de los ingleses. Esta rivalidad entre franceses e ingleses ya venía desde la Batalla de Hastings, acontecida en 1066.
Por tanto, la novela tiene lugar en este marco histórico, y así se atestigua, dándonos datos históricos no muy profundos para no abrumar, así como una importante cantidad de nombres pertenecientes a familias o linajes, parentescos o rivalidades. Aunque el conflicto de dicha época está patente a lo largo de la novela, hasta el final, lo que tenemos aquí es una novela de aventuras encuadrada en una época histórica determinada, plagada de escenas de humor y situaciones dramáticas cuando corresponden (aunque son las menos). Como novela histórica funciona bien, pero mejor aún como novela de aventuras, e incluso como novela de caballerías si queremos puntualizar aún más. A lo largo de todo el relato se suceden los encuentros con bandoleros, granujas, estafadores, posaderos, caballeros andantes, compañías de mercenarios, piratas… dejando al lector con ganas de saber lo que sucederá a la vuelta del camino.
Hordle Juan, armado con pedestal, dispuesto a partirlo en las cabezotas de los monjes de Beaulieu como se les ocurra tocarle un pelo. Como eje fundamental tenemos a un selecto grupo de personajes. Por un lado tenemos a un enorme y musculoso monje de la abadía de Beaulieu, Juan de Hordle (o Hordle Juan), que por diversos motivos, es expulsado de la orden. Por otro lado tenemos al joven Alleyne Edricson, todo un ejemplo a seguir en la misma abadía. Debido a una promesa hecha a su padre antes de morir, parte hacia Minstead para hablar con su hermano, el socman de aquel lugar (una especie de cacique). Y ya por otro lado conoceremos a Samkin Aylward, un arquero, veterano de muchas batallas, que regresa de combatir en Francia, cargado de botín. Por diversas circunstancias, estos tres personajes se conocen en una posada y juntos entablan una especie de amistad, no sin antes tener algún que otro altercado. Es así como los dos monjes oyen hablar de boca del arquero acerca de una prometedora compañía, llamada La Compañía Blanca, una tropa compuesta por los mejores, los más veteranos, y las más prometedoras promesas, que combate actualmente en Francia y tiene indicios de ser la más reputada compañía y de mayor futuro de cuantas existen. Así, los tres amigos parten para unirse a dicha compañía (salvo Samkin, y pasando por varios interludios), y ya a partir de ahí se sucederán las aventuras y la camaradería, especialmente de esto último, ya que la novela nos pretende transmitir precisamente esos aires de camaradería y compañerismo que puede surgir en una compañía de este tipo, tan populares en la época, valores que permanecerán al final y que nos dejará con una sonrisa en el rostro.
De izquierda a derecha: Juan de Hordle, Samkin Aylward y Alleyne Edricson. Samkin entona una canción mientras los tres amigos caminan por la campiña inglesa en busca de su prometedor futuro, imagen de la amistad y el compañerismo.La novela es de estilo dinámico y ágil. Pese al inconveniente que pueda suponerle a la gente que no está acostumbrada a leer novelas de hace dos siglos, y que les aburren sobremanera por ese arcaísmo que sí parece haber en ciertas obras, esta novela en concreto se lee muy fácilmente, y además nos hace pasar las páginas relativamente rápido. Es un muy buen divertimento, además de una novela muy bien hecha. Principalmente se debe al carisma que despiertan los protagonistas, así como el interés que suscitan las diversas aventuras en las que se ven envueltos, todas divertidas y de buen interés. Además, por si fuera poco, los diálogos se prestan a la atención y a la risa en más de una ocasión, ya que por si no lo he dicho antes, la novela destila mucho humor, irónico en ocasiones, y franco en la mayoría, uno de los grandes aciertos de la novela.
Sir Nigel (a la derecha) saluda a Lord Chandos, el caballero de más renombre de cuantos existen en el reino. Además, es la mano derecha del príncipe, por lo que todo pasa por delante suya. Sir Nigel se cubre el ojo con un parche, en su honor. A la izquierda, Sir Oliver Buttesthorn, famoso por sus insaciables ganas de comer.Poco me queda por comentar de la novela para no destripar demasiado y quitarle un interés importante a los futuros lectores, tan sólo un par de cosas más. La principal es sobre el personaje que creo mejor se define en esta historia, y no es otro que el gran Sir Nigel Loring. Reputado caballero y regente del Castillo de Twynham, no muy versado en letras, defensor del honor y las causas injustas, encargado de llevar a buen puerto a La Compañía Blanca, de la que todos los hombres están orgullosos debido a su mandato. Sir Nigel es un hombre más bien corto de estatura, calvo en la coronilla, y casado con una esposa que no es precisamente el culmen de la belleza, ni siquiera en proporciones físicas (es más alta que él), pero está orgulloso de ella, y aquel que diga lo contrario, lo lamentará. Sir Nigel me recuerda mucho a Don Quijote, ya que al principio le vemos partir en busca de aventuras en el camino como si de un caballero andante se tratase, poniendo incluso parte de su imaginación en el empeño, aunque la empresa no sea todo lo clara que debiera. Es por eso que me resulta curioso, ya que me ha parecido el personaje más divertido y carismático de cuantos aparecen en la novela, conformando el cuarteto protagonista junto a los tres mencionados anteriormente. Sir Nigel es el caballero por excelencia, que no duda un momento en poner el honor en juego cruzando unas lanzas, arriesgarse en situaciones que proporcionen algo de esto último, y cuyo final es incierto debido a su vitalidad y ganas de aventura. Y como digo, esos alardes de caballería y honor están presentes a lo largo de toda la novela, ya que tiene mucho de novela caballeresca, especialmente cuando visitamos al príncipe de Inglaterra en tierras francesas, donde se desarrollan torneos y se planifican empresas que proporcionen fama y renombre.
Como último apunte, comentar que La Compañía Blanca, compañía libre de arqueros, está basada en una compañía real de mercenarios italianos que existió durante el siglo XIII, dirigida por John Hawkwood. Esta novela transcurre durante 1366 y 1367, en los territorios de Inglaterra, Francia y España, con leves menciones a las Cruzadas, en una campaña que devolvería a Pedro de Castilla el trono que le corresponde.
La nueva hornada de la compañía, con el pendón del león rojo sobre el pecho y arcos de tejo en la mano, lista para partir hacia tierras francesas.
Entonces, para concluir, tenemos una novela adictiva, de aventuras, con bastante humor (la gula de Sir Oliver o la salida de Juan de Hordle del monasterio lo atestiguan), amores, trasfondo histórico, y algo de misticismo. Poco hay para el aburrimiento, ya que si no es un diálogo interesante, es un encuentro emocionante, siempre pasa algo entre sus páginas. Según el propio Doyle, esta novela era su favorita entre sus novelas históricas, más que las del propio Sherlock Holmes, por las que es enormemente conocido hoy en día. Curiosamente,
La Compañía Blanca no es muy conocida actualmente, pero según he visto por ahí, durante la Segunda Guerra Mundial adquirió cierta fama. Posteriormente, Doyle escribió una precuela, tomando como base a Sir Nigel Loring, titulada precisamente
Sir Nigel (también en la editorial Valdemar), donde asistimos a hechos pasados del reputado caballero. Todavía no reposa en los anaqueles de mi biblioteca, pero no la descarto ni mucho menos para una futura adquisición. La Compañía Blanca me ha parecido de las mejores lecturas en lo que va de año.
¡Vive Dios!
P.S.
Todas las ilustraciones son obra de N.C. Wyeth, pupilo en su momento de Howard Pyle, y convertido en uno de los artistas americanos más importantes.